UN BREVE INSTANTE

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¡Oye! No interrumpas ¿Querías que te contara la historia no? … ¿Larga? Pues si mal no recuerdo nunca dije que fuera corta…es una historia ¿recuerdas? Cuándo has visto que una historia sea demasiado corta… son largas por un motivo…. ¡Pues claro! Por qué tienen que enseñar algo .. .¿A ti? ¡Ja! Pues no lo hago para que tú aprendas algo.. ¿Entonces? ¡Pues entonces nada! Te lo cuento porque me lo pediste y estabas aburrido ¿no? …por eso aun estás aquí conmigo en esta historia… yo ni siquiera quería hablar.

¡YA! No te enojes, también quiero que sepas lo que él aprendió…. ¿Cómo? ¡Pues claro que él aprendió….! Ja ...por la mala, pero aprendió.

Sí, sí, lo sé, pero si dejo cualquier detalle en el aire pierde de sentido… emoción .. ¿No te gusta la intriga, los engaños, el drama que estos seres les encanta vivir día a día? Ha de ser excitante sus vidas – ja ja – sin mencionar que.. ¿Qué dices? ..sí, voy a contarla en un momento… pero como te decía…. Los detalles… ¡¿Qué?!... No, claro que no… ¿Qué cuanto falta? ¡No lo sé!

¡¿Quieres que la cuente?! .. ¿Sí? ..

Pues entonces tendrás que esperar sentado ahí por un poco más de tiempo.

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Maldición – dijo frotando sus brazos por quinta vez esa noche. Y por quita vez, también maldijo el momento en que acepto salir. Sólo a él se le podía ocurrir la magnífica idea de acompañar en sus locuras a aquel vejete. ¿Por qué siempre terminaba enredado y hasta el cuello de problemas? ..¡Ah! sí… ¿Cómo podía pasarlo por alto?...ahora que lo pensaba mejor, era porque si no lo hacía terminaría con más problemas de los que ya tenía en un principio. Si sólo se dedicara a decir, sí o no desde su asiento todo estaría bien, pero ¡no! Él tenía que meter sus narices, así era y no podría cambiarlo, llevaba intentándolo hace mucho, y también hace mucho había desistido en su cometido. Refunfuño fuerte.

Si tan sólo se dedicara hacer lo que le corresponde no estarían ahí. Todo eso era muy molesto.

¿Qué ocurre? ¿Acaso no eres capaz de soportar un poco la brisa nocturna mi querido amigo?

¿Brisa? – soltó con cierto fastidio e ironía mientras miraba las copas de los arboles ser agitados violentamente por la "brisa"

No cabe duda que estás hecho un viejo – sonrió con mucha seguridad, y es que realmente los años no pasaban en vano para ambos. Ya habían dejado de ser aquellos jóvenes que ni el viento molestaba.

Si no fuera por tu loca idea, ahora no estaría sintiendo está ...- refunfuñó – pequeña "brisa"

Vamos, vamos, en un momento pasará.

Este maldito viento está endemoniado – afirmó y miró como revolvía todo a su paso – no lo había visto así.

El anciano asintió poniendo cierta atención a lo que decía su amigo con respecto a lo que se quejaba. Sin duda el viento estaba más alterado de lo normal. Templar tenia brisas muy agradables durante todo el año pero esto era la señal de una tormenta aproximándose.

Sólo está un poco agitado – dijo simplemente aquel de pelo blanco.

¿Un poco? ¿Estás demente?

El otro rió disimuladamente.

Ya pronto terminaremos, no te quejes. Sabes que no podía estar tranquilo sentado en esa fría roca, tú más que nadie sabe que me gusta actuar más que esperar.

Sebastián sonrió. Pues claro que lo sabía, lo conocía bastante bien como para saber que él mismo encontraría a los que faltaban.

Señor – interrumpieron

¿Sí?

Son todos los que encontramos- señaló al fondo, donde yacían diez personas siendo custodiadas por soldados Templarios.

Bien, regresemos a casa

Sí, señor.

¿Quieres que nos desplacemos o prefieres ir caminando? – preguntaron a sus espaldas.

No, ya es muy tarde como para ir caminando, y el viento está demasiado agitado, será mejor que lleguemos lo más rápido posible – miró por donde se había ido el soldado – además aquella gente no tiene fuerzas para dar otro paso más.

Ja, pensé que te gustaba está "brisa" nocturna – se burló el de cabello negro

Y me gusta… – miró el cielo y las nubes pasar veloces sobre sus cabezas -.. pero, creo que se aproxima una tormenta..

Una que ya ha demorado ¿no lo crees? – también dijo mirando el cielo

El anciano medito aquellas palabras, sí, tenía razón, una que estaba demorando, pero que seguramente llegaría.

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Mi señor – llamaron en la puerta - Traigo noticias.

Adelante ¿qué ha pasado?

Mi señor Dimitri, los hombres provenientes del poblado de Fayre acaban de desplazarse.

Dimitri parpadeó mientras soltaba una exhalación.

¿Ya le han informado al maestro Sebastián o al maestro Zico?

No, los sabios aún no han vuelto – informó el soldado – su regreso no se me ha confirmado

Dimitri que antes le daba la espalda, dio media vuelta.

Dígame, los hombres que viene de Fayre, ¿hay algún soldado entre ellos?

No mi señor, son mujeres, niños, jóvenes y hombres no mayores, todos ellos en mal estado.

¿Cuántos son?

Alrededor de veinticinco, y tres cuerpos confirmados muertos, mi señor.

Dimitri meditó. Muchas personas, sin contar con las otras que venían en camino.

Todos ellos están ahora en la torre principal – mencionó sacándolo de sus cavilaciones. – usted es el único, que se encuentra en este momento en el castillo. El sabio de Neotopia ha desaparecido del castillo y me pareció apropiado avisarle a usted primero mi señor.

Has hecho bien – confirmó – manden un mensaje de urgencia al maestro Zico, necesito que este aquí lo antes posible.

Entendido señor – inclinó y salió de aquel cuarto.

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¡Maldita sea! ¡Puedo escuchar! - llevó su mano a un costado, comenzaba a dolerle - ¡Habla de una buena vez! - esperó unos segundos y se hizo una vaga idea, podría ser – ¿Micky?... ¿eres tú?

Una risita

Pero que sorpresa…

Zed frunció el ceño y movió sus ojos de lado a lado como si con esa simple acción revelaran al dueño de aquella voz.

¿Micky?...

Otra risita

¡Pero que sorpresa…!

El joven en la cama esperaba inmóvil, tratando de identificar, esperando que algo delatara a aquella presencia.

Así que estás aquí…

¿Quién..? - frunció el ceño

Nunca pensé volver a verte muchacho o que tuvieras el valor para regresar después de lo que hiciste– dijo aquella voz cantarina – y menos ciego… y casi muerto. ¡Pero que sorpresa tan agradable!

Zed seguía sin identificar aquella voz, ¿Quién diablos era? Escuchó como otros pasos entraban veloces al cuarto.

Llévenselo.

Pero antes que pudiera protestar, sintió como era tomado por los brazos y jalado fuera de la cama sin tomar en cuenta si lo lastimaban más de lo que ya estaba. Soltó un quejido ahogado cuando una de sus heridas volvía a abrirse.

¿¡Quién diablos eres!?... ¡contesta, maldita sea!

¿Hay otros? –preguntó

¡Maldito! – rugió con dolor, aunque no sabía si por la impotencia o por el mismo dolor.

¿Dónde?

¡¿Quién eres?! – insistió Zed. Aquel con voz molesta se aproximó tomándolo por el cuello, tirando con tanta fuerza que escucho que la tela se rasgaba.

¿Ahora? … tu peor pesadilla…- siseó, empujándolo nuevamente – llévenselo.

¿Quién era? – se preguntaba, tratando de recordar donde había escuchado aquella molesta voz, pero nada, no venía a su mente la imagen asociada a la voz.

Un dolor fuerte y punzante volvía hacer mella en él, comenzaba a aturdirlo. Sólo el frio que golpeó su cuerpo semi-cubierto le hizo volver a la realidad y no caer desmayado.

Pasaremos un rato muy agradable tú y yo – escuchó una satisfacción en lo que decía, seguro que sonreía en ese momento, pensó Zed – no debiste regresar chico. Súbanlo.

Fue levantado y arrojado sin mucha delicadeza.

¡Ah! ¡Maldita sea! – se quejó al chocar con la madera. El dolor estaba taladrándole los huesos. –mal..dito – se hizo un ovillo. Quería vomitar, lo iba hacer. Abrió la boca desesperado tratando de jalar aire.

Vamos, espero que no te moleste este trato – sonrió – a comparación con lo que te espera al llegar. ¿Sabes? es una suerte que tu compañera este casi moribunda.

¡A ella…. – dijo con dificultad – ..a ella.. no la toques! – le gritó.

Colocó una mano firme sobre la madera y trato de incorporarse, pero cuando estaba logrando su cometido, una patada en su costado volvió a ponerlo donde minutos antes estaba.

¡Ahí es donde debes estar! – estalló aquel hombre. Su pie estaba aplastando su hombro y no pensaba quitarlo. Empujó con fuerza una vez más. – con respecto a la mujer, deberías rezar para que no despierte si es que le quieres ahorrar un poco más de sufrimiento.

Bastardo..- tosió

Deberías guardar toda esa energía muchacho – advirtió con una leve, pero satisfactoria sonrisita – la necesitaras.

Zed estaba perdiendo el conocimiento. ¿Acaso eran enemigos? ¿Cómo es que los habían encontrado? ¿Cómo es que habían entrado a Templar sin ser detectados? Ahora que había vuelto a casa volvían a llevárselo. Estaba indefenso, se maldijo, él no poder ver, era lo mismo a estar muerto.

Mantenía sus ojos verdes fuego expectantes. Escuchaba los cascos de caballos, dos seguramente, no, tres. Las ruedas chocar con las piedras del camino, moviéndolos con violencia, lastimándolo aún más.

Tranquilo chico, pronto llegaremos – le aseguró con tranquilidad.

¿Es..enemigo? – se atrevió a preguntar

¡ja! Pero que tonterías dices …- su risa era una burla para los oídos del peli-blanco, la simple pregunta le había causado chiste, aunque para él no sabía que era eso que le resultaba tan gracioso - el único enemigo aquí.. – le susurró - … eres tú.. siempre has sido solo tú.

Zed seguía con ojos atentos pero muertos a cualquier momento, sus oídos estaban más que agudizados, expectantes a cambio a su alrededor, ahora su única arma era sus oídos, su única manera de defensa, tenía que estar atento, no sabía dónde lo llevaban ni que tramaba aquella persona con él. Pensó en Yuria y maldijo, ¿Qué habría pasado con ella? ¿Estaría en la misma carreta que él? ¿Le habrían hecho algo peor? No podía moverse para comprobarlo, pues sabía que aquel maldito se encontraba muy cerca y no dejaría que hiciera algún movimiento. Sintió algo húmedo correr por .. bueno, ya había perdido la cuenta, pero seguro que lo que estaba corriendo por su cuerpo era su propia sangre.

Bajó su cabeza apoyando su frente contra la madera que brincaba y que le propiciaba uno que otro golpe cuando pasaba los baches, aunque eso al principio le molestó, pronto hizo que olvidara lo mareado que comenzaba a sentirse.

Maldición.

Maldijo en su mente, estaba comenzando a cerrar los ojos, estaba agotado. ¡No podía, no debía cerrarlos! Debía mantenerse atento. Comenzaba a flaquear. Sentía que parpadeaba más lento a cada minuto.

Te ves cansado chico… ¿te sientes mal?..- preguntó con fingida preocupación, que no pasó desapercibida por el peli-blanco. – realmente te ves fatal..

Calla..te idio-ta – dijo arrastrando las pocas palabras que su mente le daban . Sentía su lengua hecha bola dentro de su boca. Jaló aire para que su mente estuviera muchos más lucida y relajada, algo que claro, no consiguió.

¿Cómo dices? …no logro comprender lo que hablas….- esbozó una sonrisa. Jamás había estado tan feliz como en esos momentos - creo que pronto caerás en un profundo sueño.

Zed levanto como pudo y con un esfuerzo sobre humano el rostro, dejándolo caer; para asombro de su captor, con violencia contra la madera.

N-no..n

¿Insistes en hacerte daño? – le preguntó – vaya , deberías de guardar esas agallas para después, ¿te lo dije, no?

Otro golpe se escuchó

N-n..o

Tsk – tronó sus labios exasperado. Ese chiquillo lo sacaba de sus casillas – maldito mocos

Un golpe más.

¡Basta!

Otro más

¡Dije que basta! – gritó exasperado levantando el pie con violencia, propinándole un fuerte golpe al chico que callo inconsciente sobre la madera.

Así está mejor..

..

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¡Por favor!

Lloriqueos, ruegos eran lo que se escuchaba en la entrada a la torre principal. Dimitri Khan percibía; temor, sufrimiento, angustia, incertidumbre.

¡Se lo ruego mi señor! – dijo una mujer que había saltado a sus pies abrazándole, sus ojos detrás de esas lagrimas reflejaban mucho miedo por algo que aún Dimitri desconocía. – ¡Se lo ruego!

¡Mami!.. ¡Mami!

Los niños lloraban angustiados, por hambre, cansancio … era todo un caos ahí dentro.

Señora…- habló finalmente. Su voz era como siempre, suave y tranquilizadora, reconfortaba al más desesperado y en ese momento dio gracias a los espíritus por ello. Levanto una vez más el rostro y miró a su alrededor, mujeres, hombres y niños, sin duda ninguna facha de soldados, eran más que simples campesinos huyendo de algo que les causaba terror si quiera pensar en volver a vivir. Agacho la mirada topándose con la de aquella mujer que seguía abrazada a sus pies con los ojos hinchados por las lágrimas - … debe tranquilizarse, no le haré daño – rectificó alzando la voz para que fuera escuchado hasta en las esquinas – a nadie dentro de esta sala se le hará daño alguno.

Por un momento todo aquel llanto y murmullos se detuvieron al escuchar aquellas palabras que habían tranquilizado un poco su alma.

¡No nos regrese! - pidieron todos al unisonó lanzándose contra el gobernante - ¡No nos regrese!

Aquel alboroto hizo que soldados Templarios entraran apresurados a cuidar al Señor de sus tierras, provocando que el temor volviera.

Mi señor Dimitri, será mejor que deje que los sabios decidan que hacer, usted no debe estar aquí, es peligroso.

No hay peligro, sólo son civiles – afirmó al cuerpo de seguridad que lo había puesto en una zona mucho más segura.

Aquel soldado no estaba del todo satisfecho, era capitán de su guardia, si algo le pasaba a su Señoría los Sabios podrían pedir su cabeza.

Si me disculpa, los Sabios me han puesto a su cuidado y debo cumplir con mi trabajo Señor. Ellos piden que usted no se involucre tanto cuando ellos no están cubriendo su espalda. Se ha puesto en un punto vulnerable rodeado por gente que desconocemos su procedencia y no sabemos sus intenciones en nuestro País – habló firme y con decisión.

Comprendo su punto – afirmó con tranquilidad.

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Estamos listos.

Bien, ya quiero descansar por el día de hoy – se quejaba Sebastián – no quiero saber más de este asunto.

Vamos, vamos, es como los viejos tiempos mi amigo ¿lo recuerdas?

¡Lo único que recuerdo era que teníamos cuarenta años menos viejo!

El maestro de barba blanca soltó una carcajada.

Pequeñeces.

Desplacémonos – dijo el peli negro y una luz los envolvió desapareciéndolos.

...

...

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Era cálido, muy cálido y tranquilo, que bien se sentía en ese lugar. Aquel susurrante sonido del viento rosar su oído hacia que el dolor se desprendiera de su cuerpo. Sentía alivio. No podía abrir sus ojos, más bien, no quería abrirlos. Sólo quería sentir sobre su piel el roce que hacían las hierbas, el arrullo del agua correr a la lejanía y el viento que le acariciaba el rostro. ¿Hace cuánto que no tenía un sueño tan agradable como ese? ¿Hace cuánto que un sueño no lo torturaba hasta causarle al día siguiente un dolor en su cuerpo? Desde que había llegado a casa, no, ya había tenido sensaciones desagradables en aquellas tierras secas, sólo aquí le causaban temor al dormir. Noche tras noche era siempre lo mismo, despertaba agitado y lleno de sudor. Sus demonios internos lo estaban torturando y acabando.

El sonido de su elemento le cantaba en el oído palabras hermosas y suaves invitándolo a seguir deleitándose con aquella embriagadora sensación. ¿Cuánto tiempo había pasado?…Lo había olvidado…. O quizá, meditó, se dio el tiempo para hacerlo a conciencia. Su subconsciente lo sabía, sólo era cuestión de tiempo para que esa respuesta se formara más clara en su mente. Tanta tranquilidad, paz, sólo significaba una cosa.. había muerto. ..Si, era probable, aunque no supo cómo, ni donde, mucho menos por qué. Sólo recordaba sentirse cansado muy cansado. Cerro sus ojos y despertó aquí, donde se encontraba bien.

No se movía, así estaba más que cómodo, ¿para qué hacerlo? Si de todos modos no tenía a donde ir.

Vamos

Escuchó sin abrir los ojos. Alguien estaba junto a él.

¿Seguirás ahí?

Frunció el ceño. ¿Seguiría ahí? Se preguntó. Claro que seguiría.

Despierta

Fue un doloroso golpe que hizo que saliera de su ensoñación y entrara a una fría, húmeda y oscura celda.

Qué bueno que el agua te hizo reaccionar, perdiste el conocimiento hace diez minutos, en medio de nuestra conversación.

Ya lo recordaba. Sus brazos y muñecas comenzaban a dolerle por el peso de su cuerpo, sin mencionar que los grilletes que rodeaban sus muñecas le quemaban.

¿Do-dónde estoy?

Otra vez la misma pregunta – refunfuñó aquella persona – bien, te lo diré, encuentras en Templar, más preciso dentro del castillo.

Zed frunció el ceño ¿el castillo? Era Templario aquella persona.

¿Quién es usted…? - preguntó confundido del trato que estaba recibiendo. Ningún Templario, al menos los de rango superior que conocía no llegarían a esos extremos.

Responde ¿a qué has regresado? ¿Y por qué has traído a tanta gente peligrosa contigo?

Este es mi hogar..

No, lo dejo de ser cuando por tu ineptitud casi nos cuesta la paz – respondió con enojo y desprecio – tú no perteneces a estas tierras, no deberías decir que aquí está tu hogar, cuando ahora ni siquiera puedes afirmar que aun la conservas. .. Ahora responde ¿Quiénes son aquellas personas?

¡Son sólo personas inofensivas! – gritó enardecido - ¿Qué mal podrían tener? ¡Sólo son mujeres, niños lastimados y asustados!

¡Limítate a contestar! – propinó un golpe en un costado de su cuerpo – ¡Una vez más chico! Desde el primer día que te vi supe que siempre tendríamos problemas contigo. Yo estuve en desacuerdo en darte asilo en estas tierras. Supe que tu presencia aquí nos traería tarde o temprano problemas y YO nunca me equivoco – Zed podía escuchar como caminaba de lado a lado de aquel cuarto donde lo tenía – Confieso que me sorprendió verte postrado en esa cama, ni en mis pensamientos más desquiciados creí volver a verte por aquí, y para ser sincero tampoco me sorprende que todo este alboroto sea obra tuya , solo tú podías causar que nuestro sistema colapse de un momento a otro y sólo por que querías ver una vez más a tus amigos – rio – tu sola presencia no es buena. Ahora una vez más. ¿De dónde vienen?

Zed movió la cabeza para despejar sus pensamientos. Tenía mucha sed, su boca estaba seca, su lengua se pegaba al paladar.

¡RESPONDE! – otro golpe en el rostro

T sk …. – tronó sus labios

¿Qué..? - se acercó con el rostro contraído, tomando con su dura mano el rostro del pálido chico con mucha fuerza - habla más fuerte chico.

Im..be..cil…

El anciano abrió sus pequeños ojos negros y fríos, aventando contra los ladrillos el rostro del joven. Las cadenas hicieron un extraño ruido al tambalearse junto con el cuerpo que lo sostenía.

¿Intentamos una vez más? – sonrió complacido.

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..

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Dimitri – dijo el anciano recién llegado.

Maestro – saludó acercándose a él mientras observaba a los recién llegados – hace apenas un par de horas han llegado los últimos del pueblo de Kery, con ellos – señaló a los ciudadanos custodiados por soldados – son los ultimo.

Bien, ¿has bajado a verlos verdad? - preguntó el anciano con una sonrisa ya característica de él.

Tenía que verificar si solo eran civiles – admitió Khan.

Ya sabes que eso no te está permitido Dimitri – señaló Sebastián que se aproximaba con calma – eres la persona que está a la cabeza de este país.

Y bien ¿Qué viste? – interrumpió el anciano. Khan solo movió la cabeza de lado a lado – entonces comencemos. Lleven a esas personas con las demás. Iremos enseguida. Los soldados asintieron.

¿No quieres al menos comer algo? – le preguntó Sebastián cansado – no hemos probado en horas.

Será mejor que terminemos hoy con esto ¿no lo crees? – le sonrió – al mal paso darle prisa.

Caminaron por los amplios pasillos del castillo Templario. Su destino la torre principal, donde se encontraban aquellos refugiados, ahora lo difícil venia, tenían que tomar muchas decisiones en poco tiempo por el bien de su país. Afuera una gran tormenta comenzaba a tomar forma sobre la ciudad pintoresca, se podía escuchar caer las primeras gotas pesadas de lluvia y uno que otro relámpago silencioso cruzando los cielos, iluminado con su trayecto todo alrededor.

El anciano miró por la ventana aquellas nubes tan oscuras como nunca las había visto, sin duda el cielo se caería esa noche. Curiosamente el ambiente se había vuelto mucho más pesado, extraño y misterioso, sin mencionar el frío que se había desatado. El viento estaba muy agitado. ¿Un mal presentimiento? No pudo evitar formular esa pequeña, pero significativa pregunta sin querer en su cabeza. Frunció el ceño. Estaba comenzando a pensar de más.

Sin darse cuenta había llegado a su destino. Levanto una mano y abrió la reja frente a él. Sin duda las celdas eran muy amplias. Se detuvo un momento para observar, sin lugar a duda como había comentado Drimitri, niños, mujeres, hombres …sólo civiles… o era eso, o actuaban demasiado bien. Treinta y cinco o un poco más.

¿Comenzamos? – preguntó Sebastián a su espalda. El anciano asintió – Son demasiados – el otro volvió a darle la razón.

Al cerrar la reja hizo un chirrido evidente que todos voltearon. Miedo, eso era lo que vio en sus ojos, incertidumbre, temor.

Bien – golpeó con su bastón de dragón el piso debajo de él. Murmullos se escucharon en aquel cuarto. Uno que otro lloriqueo se oía al fondo. – nosotros no queremos hacerles daño – les aseguró con un cálida sonrisa salir de sus labios – y por lo que veo, ustedes a nosotros tampoco, así que ¿Por qué no nos ayudan a ayudarles?

Aun podía ver desconfianza en sus ojos.

¿De qué lugar se han desplazado? – intervino Sebastián - ¿ Y por qué motivo han llegado a Templar?

Otros murmullos se escucharon.

Les prometemos que no les haremos nada, pero necesitamos que nos digan del lugar de procedencia- hizo una pausa para mirarlos con detenimiento - Como ustedes comprenderán el desplazarse sin autorización tanto del país de origen como el visitado provoca ciertos problemas políticos y de intereses poco agradables para ambos lugares – dijo el anciano pero una vez más nadie contesto. Soltó un suspiro cansado – comprendo, tendremos que investigar y preguntar a cada aliado de este país. No queremos problemas y..

¡NO!

¡No haga que regresemos!

Se escuchó un estallido de voces. Todos hablaban a la vez sin poder comprender lo que querían decir, mientras un mar de gente se aproximaba veloz al dueño del dragón de fuego.

Un momento, un momento – tranquilizó - uno por uno, así no llegaremos a nada señores.

¡Task!

¿Qué? – volteó a su derecha donde había salido la voz de un joven amoratado del rostro.

¡Venimos de Task, señor! – fue otro mucho mayor que el primero.

¡Task! – se alarmó Sebastián – no puede ser … ¿otra vez..? – esto último lo dijo más para sí. - ¿a qué han venido a Templar?

¡Huimos ….! … ¡No regresaremos! … ¡ese infierno! … ¡jamás volveremos!

¡No queremos regresar, por favor! ¡Ellos nos mataran! ¡Nos mataran! – gritaba y lloraba una mujer abrazada a su hijo que dormía en brazos.

Tanto Zico como su buen amigo movían de lado a lado la cabeza cuando las voces surgían de todos los rincones de ese lugar. Era un caos.

¡Nos dijeron que Templar era diferente! ¡No haga que regresemos!

¡NO! … ¡Ellos también nos querrán matar!

¡Templar no es diferente nos mataran! - todos miraban con temor.

Los dos amigos se vieron.

Tranquilos, silencio. Así no podremos ayudarlos. ..Y nosotros no haríamos eso. ¿Alguien podría explicarme que ocurre?

Nosotros somos los que Task ha desterrado a tierras muertas.

¿Tierras muertas? – se preguntó Sebastián - ¿Qué quiere decir?.

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Task …- meditó ¿Qué diablos hacia más gente de aquellas horribles tierras de nuevo en Templar? Con las que habían llegado hace tiempo tenían más que suficiente, sin mencionar los problemas que ocasionaron el sólo hecho de mantenerlos ahí. Giró su alargado y huesudo rostro y examinó al chico. Bueno, ya le había sacado información y ciertamente también había sacado una cuarta parte de su frustrada vida. Realmente se encontraba peor de lo que estaba hace unas cuantas horas, pero de eso se trataba un interrogatorio. Ahora lo que seguía. Sonrió

¿Cuántos han venido a Templar a invadirlo?

¿In-invadirlo…? …habló confundido y muy cansado – ello no han invadido nada…. –resopló despacio, le costaba hilar palabras muy largas – son solo personas asustadas que no le han hecho mal a nadie…

El simple hecho de que estén aquí provoca un mal, un conflicto entre naciones es muy delicado chico y más cuando esa nación es la más hostil que ha tratado Templar….y por la cual, si mal no recuerdo tuvimos serios problemas por tu causa. Dos veces.

Zed, escuchaba como caminaba de lado a lado, haciendo chocar el calzado con las piedras frías.

Si tan sólo aquel viejo verde me hubiera dejado hacer las cosas como se deben, desde un principio jamás hubiera pasado todo aquello – bufó molesto – en Neotopia …

¡Ah! Pensó el peliblanco, Neotopia. Ahora comprendía quien era, sin lugar a duda aquel hombre que una vez torturó a Robes Redondo, aquel sabio sádico que disfruta de hacer su ley.

…jamás ocurrirían estos atropellos. Si hubiera sido por mí, jamás hubieras permanecido en estas tierras ¡Jamás!

Gra..cias – sonrió sínico. Si quería romperle todos y cada uno de sus huesos, que lo hiciera, no doblegaría su espíritu libre y fuerte, hizo lo que hizo por falta de apoyo. Y no se arrepentía de ello, eso era él, la injusticia no le gustaba y si de él dependía movería cielo y tierra por logra hacer su voluntad aunque a ellos no les gustara. El silencio se apodero del recinto un par de segundos interminables.

No debiste haber regresado.. chico – dijo, su tono había cambiado, más bajo, más penetrante, molesto… - aquí nadie te esperaba - …. muy seguro.

Eso le molesto, realmente lo hizo.

Ahora, ¿Cuántos son?

No lo sé.

¿No lo sabes? Pero si tú los trajiste.

¡No los sé! Eso que importa ¡ellos están bien!

No por mucho tiempo – le aseguró aquel viejo.

¿A qué se refiere? ..¿Qué piensa hacerles demente?

Lo que debieron hacer contigo desde un principio, regresarles a donde perteneces y de donde nunca debieron salir.

Zed se atemorizó. No podían hacer eso, aquella gente no sobreviviría ni dos días, las estarían esperando y..las matarían.

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El nacer en ese país ya es un castigo – gritaba uno - muchos han muerto por las leyes que imponen nuestros regentes, van de pueblo en pueblo para reclutar a niños y jóvenes. Nos los arrebatan sin piedad alguna. A las mujeres las torturaban o quemaban si se oponían a ello frente a los ojos de los más jóvenes y mayores. No importaba cuanto suplicaran pidiendo piedad…terminaban matándolas.. – bajó un poco la voz temblorosa - Nosotros no queremos invadir su país, sólo queremos vivir en paz. Sólo eso, por favor.

¿Cuántos han venido?

Aquel que hablaba miró a su alrededor no muy seguro.

Éramos muchos más..- parpadeó cansado. Sebastián podía casi jurar que en cualquier momento caería desmayado del cansancio que se notaba en su pálido rostro. Ese hombre no era mayor que él, pero realmente se encontraba acabado - ..pero antes de venir aquí, murieron muchos.

De los que lograron desplazarse .. ¿Todos están aquí? - formuló el anciano. Aquel hombre movió la cabeza.

Creo que faltan…aunque, no lo sé con seguridad, estoy muy cansado.

¿Son todos ciudadanos o entre ustedes hay soldados? - preguntó Sebastián.

No señor, ningún soldado. Todos los que estamos aquí los conozco y no son soldados.

Aun así no está seguro que las personas que dice que faltan lo sean – insistió

El hombre movió la cabeza.

No, tampoco lo sé, había mucha gente, algunos se notaban más experimentados en la guerra que nosotros.

El anciano y su amigo se volvieron a mirar. Así que aún había algunos desaparecidos. El silencio se hizo presente. El hombre como guardando reservas para continuar hablando y los ancianos meditando la mejor manera se salir de ese problema.

Había un joven - dijo de repente el visitante de aquellas hostiles tierras, atrayendo la atención de los presentes –él no pertenece a nosotros, no sé de dónde venía, ni siquiera se veía que fuera de Task. Sólo un día llego y se unió a la rebelión.

¿Ese hombre se encuentra aquí?

No, desapareció en cuanto tocamos sus tierras. Huyo, no lo sé. Pero iba acompañado.

¿Por cuantos?

No, solo eran dos. No sé el rumbo, todos nos separamos al momento de vernos en una tierra diferente, creímos que así nadie nos encontraría si nos buscaba algún soldado rojo.

¿Soldado rojo?

Así se llaman señor – contestó con voz apagada. Miró al hombre de pelo negro y al de blanco -….. ¿Señor? Le pedimos que no sean crueles con nosotros. No tenemos otra cosa de valor que nuestras propias vidas. No haga que volvamos a aquel infierno – aquel hombre agachó la mirada perdida y apretó sus manos - el terror que sentimos al pensar que regresaremos es mayor a lo que posiblemente nos podría ocurrir aquí. Hemos vivido ese infierno por mucho, mucho tiempo. No podríamos soportarlo más…- su voz angustiada, sonaba sofocada.

Los dos hombres observaban las convulsiones de aquel cuerpo. Sin duda estaba llorando. Aquel ambiente había cambiado a uno de tristeza. Los gritos que hace unos minutos se habían escuchado dieron paso a sollozos ahogados. Si lugar a duda se encontraban en una situación demasiado difícil.

Era momento de decidir, cuál sería su destino.

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Solo son civiles más asustados por regresar de donde vinieron, de lo que podríamos hacer con ellos – recordó un poco aquel niño pidiendo no regresar , lo asustado de su rostro y lo delgados que estaban .

Llevaban más de media noche discutiendo los pros y contras, aun sin llegar a una decisión.

Pero dígame maestro Zico, ¿alguien ya ha reclamado el desplazamiento de aquellas personas? – se oía a la única mujer del concejo hablar- porque siendo un número tan grande de personas, es increíble que aún no supiéramos nada de ellos.

En eso tienes razón – meditó el anciano.

Si mal no recuerdan la última vez que pasó eso, tuvimos que engañar con tal de proteger a esas personas.

Muy cierto – asintieron todos en la sala ante las ciertas palabras de su compañera.

Casi nos cuesta la estabilidad – pronunció en moreno a un lado de ella.

¿Qué debemos hacer? - formuló el moreno medio calvo -¿esperar? - miró a todos y cada uno de los presentes buscando alguna respuesta - ¿eso sería correcto?

Ciertamente no lo sabemos, esto es muy delicado. Tenemos que tomar la mejor decisión para con nuestros ciudadanos y para con ellos. – suspiró cansado el anciano Zico. Cerró sus ojos como buscando la solución más adecuado para aquello – si los regresamos, estaríamos asesinándolos …pero sino …

Estaríamos cavando nuestra propia tumba ..otra vez – había entrado a la sala aquel que faltaba, el enviando de Neotopia - ¿en qué piensas? ¿Pretenden quedarse con ellos?

Oh, pensé que no te encontrabas en el castillo – habló Zico.

Me encontraba en el lado opuesto…- sonrió – haciendo un pequeño interrogatorio.

Todos fruncieron el ceño.

¿Has encontrado a más personas?

Sólo a una. La otra está casi muerta.

¿Y por qué no la llevaste a la torre principal? -preguntó el moreno.

Si lo hubiera hecho, es muy probable que no me permitieran sacar a mí manera información. Sin mencionar que el prisionero se tomaría ciertas atribuciones y se sentiría protegido. Pero bueno, eso no importa. Ahora, que por lo visto ustedes también saben de su procedencia no sé qué diablos están discutiendo. ¿Acaso una invitación de guerra por parte de Task?

Son sólo civiles – aclaró Sebastián

Eso es irrelevante, no pertenecen aquí y su desplazamiento fue ilegal – les aclaró – sin olvidar que posiblemente sea una invasión.

Eso no es posible.

Nadie nos lo asegura – les miró desafiante a cada uno de ellos. Realmente no lo sabían a ciencia cierta - Mi prisionero me demuestra lo contrario, al parecer habían comenzado una guerra que no pudieron sostener y prefirieron huir que verse inmiscuidos, los muy cobardes. Inician algo sin terminarlo.

¿Y ese prisionero es soldado? – preguntó intrigada la mujer - ¿Dónde lo has encontrado?

El hombre delgado estiro sus labios de lado a lado, formándose una sonrisa misteriosa.

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Dimitri Khan, como los presentes; en especial dos pares de ojos, no daban crédito a lo que miraban ahí dentro, sin lugar a duda era algo que no esperaban encontrar en esos momentos. Al menos no otra vez. No entraron a la celda, se encontraban tan ensimismados en sus pensamientos viendo pasar un millón de imágenes de lo que fue y posiblemente sería a partir de ese preciso momento, que ninguno pronuncio palabra alguna en todo ese tiempo. Con aquello que se les revelaba, muchas decisiones que antes no tenían sentido, comenzaban a tener un rumbo específico sin retorno alguno.

Sus ojos examinadores sólo observaban todo desde el otro lado de la reja.

Aquel que estaba encadenado a la pared, con el rostro oculto tras aquella mata de cabello de un color poco conocido, la piel tostada y lacerada por golpes , cuarteada; como si la arena hubiera golpeado día a día aquel joven y fornido cuerpo, haciéndolo lucir con más edad de la que aparentaba. Las ropas roídas; casi deshechas ¿Cómo era posible que siguieran en su lugar, sin que cayeran a pedazos? Sus muñecas estaban lastimadas, no, todo él estaba lastimado; amoratado, sin mencionar que la sangre que escurría de entre sus ropas no era un engaño visual, ni mucho menos era para poner dramatismo a la escena. Todo era irreal en ese momento.

A simple vista se veía inconsciente, aunque nadie se los aseguraba, también podría simplemente estar muerto.

Era todo extrañamente conocido, de todas las personas que hubieran pensado encontrar allí, jamás imaginaron que aquella persona fuera sin lugar a duda él.

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Todo eso pasaba mientras la tormenta azotaba y amansaba con inundar esa noche la ciudad.

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Sí, lo sé. No tengo perdón de Dios.

Siempre pediré su perdón por la tardanza. Pero también debo recordarles, como en innumerables ocasiones he dicho, no lo dejare, así me tarde siglos.

A las personas nuevas y no tan nuevas que inician esta lectura muchas gracias. Ya saben esta historia la cree en mi loca cabeza un día sin esperar que alguien la leyera (ja) pues la página de Kiba , claro, era poco conocida, pero grande fue mi sorpresa cuando empezaron a mandarme Review (me llenó de alegría) y hasta la fecha lo hacen. MIL GRACIAS.

Espero que haya sido de su agrado esté nuevo capítulo.

¿Qué les pareció?

Etterna Fanel