Disclaimer: Todos los personajes de este fic, pertenecen a CLAMP.

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Extremadamente opuestos

Capítulo 1: Introducción

Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y golpeaba con frecuencia la alfombrilla del coche, aún sabiendo que no hacía ruido y no podía molestar a nadie con ese gesto nervioso. Miraba por la ventanilla del coche pensando en como dejaba atrás aquella hermosa ciudad, en la cual había residido sus quince años casi dieciséis, los edificios y las personas pasaban a cámara rápida por delante de sus ojos, hasta que, como si el tiempo se detuviera y el coche redujera la velocidad, vio pasar la escuela donde conoció a todos sus amigos y ahora, los dejaba atrás. No es que le entusiasmara el instituto, sino el hecho de haber conocido a todas aquellas personas que ahora eran sus amigos.

Se le empañaron los ojos de lágrimas, y se inclinó más hacia la ventana, en un intento desesperado de ahuyentarlas. Le temblaba el labio inferior, y es que no solo dejaba atrás la cuidad, el instituto, sus amigos, y a su hermano, sino que abandonaba su vida; ella siempre había visto su futuro entre aquellas calles repletas de gente, sabía a que universidad quería ir, y en el barrio donde deseaba vivir. Sin embargo, ahora, se alejaba dirigiéndose a una desconocida y nueva ciudad, Tomoeda.

- Sakura – la voz de su padre, Fujitaka, inundó el silencio del vehículo, no obstante, la chica de cabellos castaños no se giró para mirarlo –, sé que no estás contenta con el cambio, pero...

- Sí, papá, lo sé – cuestionó su hija –, Touya tiene toda una vida echa aquí, y no puedes obligarle a ir contigo, por el echo de que es mayor de edad, pero, ¿Sabes? Yo también tengo una vida aquí, me gusta y lo único que deseo es poder quedarme... – murmuró pegada al cristal, mirando los árboles que se encontraban a los lados de la carretera. Ya habían salido de la ciudad.

- Hija, no es que no confíe en ti... – intentó entablar otra conversación, pero fue nuevamente cortado.

- Lo he entendido – afirmó con voz más grave de lo que se esperaba –. Que voy a ir a Tomoeda tanto si quiero como si no, ¿Verdad?

- Si – suspiró derrotado.

En un principio, Fjitaka, Touya y ella, iban a mudarse a Tomoeda, todos juntos, como una familia que se traslada a otro sitio, sin embargo, su hermano se negó al haber cumplido la mayoría de edad hacía dos años, y por eso, iba a quedarse en casa de un amigo hasta encontrar algún pequeño piso que poder pagar. Fujitaka aceptó a regañadientes, sin embargo, no se doblegó igual que cuando Sakura le hizo la misma petición. Para él, ella era su pequeña Sakura que no dejaría sola en una ciudad –aún cuando su hermano la vigilase–, ni aunque cumpliese la mayoría de edad, y eso, la castaña, lo sabía.

- Sé que te gustará Tomoeda – la muchacha ignoró el comentario de su padre, y siguió mirando el exterior –. Te he apuntado ya al instituto, mañana comienzas las clases, seguro que harás muchos amigos. Siempre se te ha dado bien.

Sakura, por fin, despegó la mirada de la ventana para fijarla en su padre, tenía sus finas cejas fruncidas, y sus ojos denotaban furia que en su voz no se identificó.

- Sí – afirmó –, pero no estando a mediados de curso, ahora todos tendrán un grupo de amigos, y nadie querrá a la 'nueva' molestando – apretó los dientes con fuerza, intentando acallar todos esos insultos que en su mente se le reproducían en contra de su padre.

Nunca se había llevado mal con él, es más le tenía muchísima estima, como un modelo a seguir; amable, respetuoso, cariñoso, atento... Era el mejor padre que jamás podría existir, sin embargo, ahora estaba furiosa con él, ¿Cómo podía apartarla de golpe de todo lo que quería?

Fujitaka guardó silencio en todo lo que quedaba de camino; lo único que podía hacer, en esos momentos por su hija, era esperar a que se le pasase el resentimiento y el enfado que tenía contra suya.

No sabía en qué momento del trayecto se había quedado dormida, sin embargo, cuando despertó fue por las palabras y empujones suaves de su padre. Bajó del coche, y aunque lo único que quisiese fuera sentarse en la cera y ver como su padre cargaba con todo, lo ayudó con las maletas, bolsas y cajas.

Cuando entraron en el piso –era un quinto–, Sakura abrió ligeramente la boca, dejando las maletas en la puerta, y fue a investigar el piso. Nada más entrar, se encontraba la cocina a mano derecha que estaba conectaba al amplio salón, al final de éste tenía un pasillo al que llevaba a dos habitaciones y un lavabo. Frunció el ceño, el piso era amplio, tanto habitaciones como cocina y salón, sin embargo, el cambio había sido extremo, comparó en la vivienda que iban a vivir ahora con la grande –no en excesó– casa que tenían en la otra ciudad.

- ¿Te gusta el piso, Sakura? – preguntó Fujitaka, tras haber dejado varias cajas en el suelo.

- Esta bien, pero no comprendo el cambio – su padre le lanzó una mirada confusa y ella prosiguió –, antes vivíamos en una casa bastante grande y solo éramos tres personas, ahora dos, pero – frunció el ceño –, lo encuentro un poco pequeño...

Su padre suspiró, queriendo retrasar el momento en que le diera aquella noticia que provocaría que Sakura le tuviera más resentimiento del que ya le tenía.

- Cariño, ven – comentó con pesadumbre y algo de temor. Se sentaron en el sofá, y Fujitaka la miró severo –. El motivo de nuestra mudanza ha sido por negocios, lo sabes, y el por qué de que nuestro piso sea un poco pequeño es porque yo no, prácticamente no viviré en él, tengo muchas investigaciones qué hacer y pasaré bastante tiempo fuera, así que el piso será, técnicamente, tuyo...

Sakura tenía una preocupante expresión de sorpresa y rabia que dio a entender a Fujitaka que debía esperar su reacción, sin tener por qué presionarla.

- ¿Cómo? – soltó con voz sosegada su hija –. ¡Podría haberme quedado perfectamente en casa si tú no estarás aquí! ¡Es lo mismo! – casi gritó la castaña.

- Se que lo ves de esa forma, sin embargo, si tú estuvieras en casa con Touya yo no podría verte hasta vacaciones de verano, ya que mi puesto de trabajo me requiere disponible las veinticuatro horas del día, y tengo que vivir en Tomoeda. Y, a parte, aquí podré, al menos, tenerte un poco más vigilada, ¿Lo entiendes?

Sakura fue dejando escapar, poco a poco, el aire que había estado aguantando dentro de sus pulmones, y se masajeó la sien con sus pálidos dedos. Vale, esta bien, lo entiendo, pensó amargamente. A veces, el problema de ser una persona madura –como era su caso–, era que aunque cerraras los ojos a lo evidente, a una explicación específica y lógica; lo entendías a la primera.

- Sí, tienes razón – una cosa era estar enfadada con su padre, y guardarle resentimiento, la otra era no verle nada más que una vez al año, dos miserables semanas –. ¿Cuándo te vas? – preguntó con algo de temor.

- Mañana por la noche, pero no te preocupes, tú irás al instituto y yo me encargaré de todo, te iré transmitiendo dinero en la cartilla, y tendrás un poco de reserva aquí en el piso, sé que repartirás bien el dinero, y actuarás cómo una persona madura.

Sakura asintió, restregándose los ojos; pronto debería irse a dormir, y esperar a que despertara el día siguiente y ver que solo ha sido una pesadilla, una larga y terrorífica pesadilla. Aún albergaba esperanzas de que su padre se riera y le dijera que todo eso era una broma; sin embargo, era demasiado imposible que eso pasara como que ella encajara bien en un instituto desconocido con todos aquellos alumnos que lo único que quieren es meterse con la nueva.

- Debes estar cansada. Preparo la cena y nos vamos a dormir – Sakura asintió, mientras llevaba todas sus cosas a la habitación más grande, total, el piso era suyo, técnicamente.

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Apagó de un manotazo el reloj que sonaba escandalosamente, inundando el silencio y la quietud de la habitación, y se dio la vuelta para seguir durmiendo.

- Sakura ¡Llegarás tarde como no te apures! – gritó Fujitaka desde la puerta de la calle.

La castaña se levantó, enrollándose graciosamente con las sábanas de su cama, después de una lucha incansable en la que salió victoriosa, se levantó corriendo, despojándose de su ropa, mientras se ponía el uniforme que consistía en una falda tableada negra y azul, una blusa blanca y una fina sudadera azul con el logotipo del instituto. Se arregló el cabello, se cepilló los dientes, y cogió algo del desayuno que su padre, con cariño, había preparado y que no tenía el lujo de comer porque llegaba tarde.

Salió del piso apurada, para chocar contra un cuerpo masculino. Lo que me faltaba, pensó con un deje de fastidio. Solían haber obstáculos cuando llegaba tarde a los sitios.

- Deberías ir con más cuidado – le gruñó una voz gruesa, con ferocidad.

- Lo siento mucho – murmuró a la vez que inclinaba la cabeza.

El sujeto soltó un bufido de exasperación.

- Lo que me faltaba una niña como vecina – Sakura lo miró con el ceño fruncido, para ver una sonrisa de suficiencia, que en seguida supo que le traería más de un problema.

- ¡No soy una niña! – apuntó intensificando más su fruncido ceño.

- Cualquiera lo diría – dijo con sorna, antes de adoptar una pose burlesca –. Ya nos veremos – y se marchó con una sonrisa malévola dibujada en la comisura de sus labios.

Sakura se quedó mirando por donde aquel guapo extraño se había ido, no se había fijado antes, pero, ahora recordaba con bastante nitidez los ojos ámbar de aquel sujeto que parecían leer todo pensamiento suyo, que eran adornados por mechones de cabellos color chocolate que le caían encima de sus pobladas cejas, y como la simetría y rectitud de su nariz hacía contrante contra su rostro malévolo y divertido. Y lo que más le extrañó, fue aquel pelo que lucía desordenado y de que una manera u otra maravillaba más su belleza.

Negó con la cabeza por pensar en estupideces, tenía que correr sino quería llegar tarde.

Cerró la puerta con llave, y salió corriendo.

No puedo hacer tarde el primer día de clases, se dijo para sus adentros con una mueca de preocupación. Nunca le había importado hacer tarde, siempre se las apañaba para llegar antes que el profesor, sin embargo, algo le decía que en aquel instituto las cosas iban a ser muy diferentes. Sin saber que su vida iba ha hacer un drástico cambio.


Como podréis imaginaros, éste es el primer fic que escribo sobre ésta serie, ya tenía ganas de escribir alguno, y como estoy de vacaciones, pues se me ocurrió que podría hacer alguno.

Bueno, ¿Qué tal esta el primer capítulo? Ésto es solo una breve introducción de lo que vendrá a continuación, por eso me gustaría saber qué os ha parecido y demás opiniones que seguro se os habrá formado mientras leiais. Es un poco corto, por ser el principio, así que intentaré –no prometo, por si acaso– que los siguientes capítulos sean más largos. Y esperaré e intentaré actualizar cada semana.

Espero sus opiniones :)

Cuidense..!

Marinilla14