Disclaimer: Todos los personajes de este fic, pertenecen a CLAMP.

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Extremadamente opuestos

Capítulo 4: Rumores

Mientras caminaba de regreso a casa, con las manos en los bolsillos del pantalón, Shaoran, tenía la mente puesta en la castaña de rasgos aniñados. Era una pena que aquel día no le pudiese hacer ninguna 'travesura', puesto que la chica era demasiado escurridiza; parecía que oliera el peligro, y huyera hasta casi al final del patio. Le hacía gracia ver a alguien tan miedica, ni si quiera se atrevía a estar a cinco metros de él, aún cuando estaban en clases y el profesor se iba de ella, Sakura, se las maquinaba para estar en la otra punta del aula.

Parecía como si supiera que él no le haría nada, estando bajo el ojo del profesor. ¿Alguien le estaría diciendo cosas, para autoprotegerse? Desechó esa idea, rápidamente. Era imposible. Todo el mundo se alejaba de Shaoran, y nadie se atrevía a llevarle la contraria; en ese colegio, hasta el más tonto hacía relojes. Nadie le estaría ayudando, a no ser que quisiesen tentar a la suerte.

Aunque...

...¿Como había logrado salir del ascensor? El portero del edificio, ese día informó a los propietarios, que se ausentaría hasta el día siguiente, entonces, ¿Cómo logró salir en menos de una hora? No había conseguido ninguna pista sobre el/la 'amiguito/a' de su querida vecina, y él lo sabía todo.

Por las vecinas cotillas supo que alguien se había quedado encerrado en el ascensor, la chica nueva del quinto piso o eso le había dicho la mujer mayor del primer piso, y, casualmente, la nota no estaba por ningún sitio del ascensor. Se auto convenció de que quien la ayudó, fue algún vecino caritativo aunque no las tenía todas consigo.

A lo lejos, vio a la castaña entrar al edificio con rapidez. Sonrió siniestramente; ni en su propia casa debería sentirse segura, le daba un poco de pena, pero nadie le aconsejó mancharle la ropa con su comida y gritarle cuatro impropios. Shaoran, subió por el ascensor, mientras sentía las pisadas suaves de su vecina pisar los peldaños de las escaleras.

Sakura se encontraba parada delante de la puerta de su apartamento mientras buscaba la llave por el bolsillos delantero de la mochila, con el ceño fruncido puesto que no la encontraba. La dejó en el suelo, y la buscó por todos sitios posibles, hasta que la halló metida entre los libros, la sacó no sin un poco de esfuerzo y la miró como si fuera de otro planeta, ¿Cómo había ido a parar, justamente, allí? Que ella recordase no la había sacado del bolsillo delantero. Shaoran caminaba tranquilamente por el pasillo sin que su presencia fuera notada por la castaña. Frunció los labios, aguantándose la risa que le quemaba el pecho; le estaba comenzando a dar pena, todo el día alejándose de él para que se encontraran a las puertas de su casa, de una seguridad que no tenía.

- Hola, Sakura – saludó, colocándose a su espalda. La chica se estremeció, el vello se le puso de punta, y el corazón comenzó a retumbarle en los oídos; no podía estarle pasando eso a ella.

Shaoran, se acercó un paso a la castaña.

- ¿No me vas a saludar? Es de mala educación, lo sabes, ¿No? – preguntó con una sonrisa ladina.

- ¿Qué quieres? – se giró, apegándose a la puerta, marcando las distancias.

- ¿Con esa frialdad tratas a tu vecino y compañero de clase? – las muecas de Sakura, las estaban comenzando a resultar graciosas, casi cómicas.

- Te trato como te mereces – alzó la barbilla, retándolo.

Era una chica con agallas, la pena es que iba a durar poco.

- No, no y no. ¿Tú no aprendes en la escuela? – alzó las cejas, aparentemente divertido –, ¿No entiendes, aún, por qué todos me evitan? Deberías hacer lo mismo, aunque, claro, tú metiste la pata el primer día, así que... vas a lamentarlo igual... Te alejes o no.

- ¿Crees que me impresionas? – se cruzó de brazos, y lo miró aburridamente.

- ¿Crees que no me doy cuenta de que todo esto es una máscara? – la imitó, y sonrió con autosuficiencia.

- Piensa lo que quieras, Li – contestó, abriendo la puerta, sin quitar la mirada de aquel sujeto.

Cerró de un fuerte portazo, y Shaoran suspiró dramáticamente, ¿Es que esta chica no aprendía?

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Se dejó caer de rodillas, y suspiró. Se llevó las manos al pecho, como si pudiera regular los latidos de su corazón; había pasado una semana y media desde que la dejó encerrada en el ascensor. Tuvo un rayo de esperanza cuando solo la miraba de lejos, controlando todos sus movimientos, pero, siempre a la distancia. ¿Por qué toda la mala suerte recaía sobre ella? Alzó la vista al techo, y dijo como si hablara con alguien:

- ¿Podrías repartir un poco las desgracias, no? – no es que creyera que hubiese un Dios en el cielo, pero, injustamente, no sabía por qué era la única que sufría los berrinches de su vecino.

Se levantó del suelo, y se dirigió a su habitación; había echo caso, al pie de la letra, lo que le dijo Tomoyo. No dejar ver sus debilidades ante Shaoran, sentirle como un igual, como si no pudiera destruirte la existencia con un chasquido de dedos. Y así lo hizo, se imaginó que quien la pinchaba era Touya y las palabras sonaron con mucha más fluidez, pero, en cuanto estuvo lejos de la vista de cualquiera, se derrumbó como un castillo de naipes.

¿Bastaría para mantener a Li alejado de ella? O, por el contrario, ¿Con más ganas de arruinar su vida tendría? No lo sabía, y esperaba que Tomoyo tuviera razón en tratarlo de la misma manera, puesto que sus fuerzas comenzaban a flaquear. Y encima su familia no estaba allí para ayudarla.

Después de abrir las ventanas, pues ese día era un día sumamente caluroso, se fue a la ducha; sentía las gotas de sudor bajarle por el cabello, y filtrarse por la ropa.

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Miraba la televisión mortalmente aburrido, a esa hora él debería estar por la calle con Eriol, decidiendo a que chica llevarse a la cama, pero, hacía unos días que su mejor amigo se comportaba de forma extraña. Algunos días como hoy, desaparecía sin decir nada, y el móvil estaba desconectado, era como si tuviera algún secreto que no le pudiese contar ¡A él! A su mejor amigo. Y, entonces, comenzó a sentir miedo. Miedo de verdad.

Se incorporó con la mirada asustada. Podría ser que Eriol estuviera cansado de esos juegos de engatusar a cualquier chica, podría ser que se hubiera cansado de su compañía, podrían ser muchas cosas y las únicas que se le ocurrían todas eran malas... Cogió aire, y lo fue soltando poco a poco; Eriol no era de ese tipo de personas, en el fondo, era amable, simpático y fiable. Nunca sería su puñalada trapera... ¿Verdad?

Con ambas manos se desordenó el pelo, todo eso le estaba provocando que pensara, y no le gustaba ni un poco lo que se imaginaba... hasta que sintió el agua de la ducha del piso de al lado, y una dulce voz cantar.

Era una pena que las habitaciones y el lavabo de Sakura, estuvieran pared con pared con el comedor de Shaoran.

Una sonrisa casi siniestra cruzó por su rostro... La mejor manera de distraerse de sus propios problemas, era creando más a otras personas ajenas. Como Sakura, por ejemplo. Se levantó del sofá casi de un salto, y no pudo evitar sentirse como un niño que estuviera a punto de hacer alguna travesura a espaldas de su madre.

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Se encontraba metida en la ducha, sintiendo el placer del agua recorrerle todo el cuerpo. Cantaba una canción que había escuchado de refilón en el colegio; solo se sabía el estribillo, pero no le importaba. Se enjabonó el pelo, y su voz sonó más fuerte, cuando decía la frase que más le gustaba de la estrofa.

Cuando acabó de ducharse, antes de colocarse la toalla alrededor del cuerpo, sonó el timbre. Apresurada, se puso la toalla, se secó los pies, y se dirigió a la puerta. Miró por la mirilla, pues no esperaba visita de nadie, Tomoyo le dijo que esa tarde no podía quedar y le asustaba que fuera su querido vecino con algún plan en mente para hacerla quedar en ridículo, como de costumbre. Se quedó anonada cuando vio que no había nadie, y el corazón le retumbó en el pecho.

¿Habrá sido un fantasma?, ese pensamiento superó todas sus expectativas sobre su vecino gamberro casi prefería eso a tener que enfrentarse con espíritus del más allá. Abrió la puerta lo suficiente para poder ver por una rendija, y encaró una ceja, al ver una caja a dos metros de su puerta.

Salió de su piso, no sin antes cerciorarse de que no había ningún cotilla metiche revoloteando por allí cerca; se agachó para coger la caja, y, después, sintió el peor sonido del mundo.

La puerta se cerró a sus espaldas, y sus ojos se abrieron como platos. En un intento vano, se acercó a ella e intentó abrirla. Pudo sentir sus ojos aguarse y los labios temblar, quería echarse a llorar como una niña pequeña y llamar a su padre para que la sacara de ese piso, de ese colegio y de esa estúpida ciudad, que lo único que encontraba eran problemas avecinarse sobre ella, como una lluvia de meteoritos.

- No puede ser, no puede ser, ¿Cómo puedo tener tanta mala suerte? – se preguntó con la voz quebrada. Probó una vez más para abrir la puerta, pero no; viviría gafe y moriría gafe.

Apoyó la cabeza en su puerta, y comenzó a darse pequeños golpecitos. Lo peor de todo no era el hecho de haberse quedado en la calle, sino, debería ir a la portería en busca del portero y pedirle las llaves. En una situación normal no le hubiese importado, pero estaba en toalla, con gotas de agua resbalándose por todo su cuerpo, estaba descalza y comenzaba a sentir frío.

Ya lo había pasado muy mal la semana en la cual todos los vecinos, sin excepción, le preguntaban cómo se encontraba después de su suspendida en el aire con el ascensor. Pero, claro, no podía decir que había sido el gamberro de Li puesto que nadie la creería, y la juzgarían sin pruebas, dios, que mal lo había pasado esos siete días. Frunció los labios, aguantándose las lágrimas, casi prefería mil veces quedarse dentro del ascensor durante horas que verse en aquella situación. Ahora la tomarían como a una degenerada y lanzada, y escucharía pequeños murmuros que dirían "mira por allí va la que exhibe su cuerpo, por favor, en este edificio somos gente decente y viven niños pequeños".

Suspiró, no le quedaba otra.

Se volvió para dirigirse escaleras abajo, cuando sus ojos verdes chocaron contra los conocidos ámbar. Ese brillo burlesco le hizo desatar su ira. No sabía cómo, pero había sido él, lo sentía en su rostro, aquella mirada, esos labios en una mueca semejante a una sonrisa, los brazos cruzados sobre el pecho, las cejas alzadas... ¡Había sido él! Por su culpa estaba en la calle, en toalla, a punto de ser llamada degenerada y con el tiempo contado para estar en boca de todos los vecinos.

- ¡Se puede saber qué te he hecho! – exclamó, acercándose a él.

- ¿Perdona? ¿Qué te crees? ¿Qué he sido yo quien ha cerrado la puerta? Quien ha abierto las ventanas de tu piso, y por eso la puerta se ha cerrado, ¿De veras lo piensas? – preguntó con una expresión de total inocencia.

Bueno... desde ese punto de vista parecía una total locura, pero, ¿Cómo, justamente él, aparecía para reírse de ella? ¿A caso tenía olfato para las desgracias y tenía que reírse de ella? ¡Estaba comenzando a volverse loca! Definitivamente, acabaría en el manicomio.

- En realidad, me das un poco de pena – dijo pensativo –. Lo que has debido de sufrir con lo del ascensor, y ahora esto – negó con la cabeza y le sonrió –. En fin, me voy, espero que este problemita haya sido arreglado cuando venga. Estoy ansioso por saber qué opinarán las vecinas.

Shaoran esquivó el pequeño cuerpo de Sakura, no sin antes echarle una mirada a esa silueta que día a día se escondía tras ese uniforme el cual lo único que dejaba a la vista eran las piernas pálida de su vecina, realmente la castaña era hermosa para cualquier hombre, que pena que nadie se le acercase por su culpa.

- ¡Espera! – la chica se dio la vuelta para fijar su vista en la nuca de su 'rival' –. Esto es tu culpa, debes ayudarme.

Estupefacto, se dio la vuelta, y al ver el rostro aniñado y desencajado de Sakura, quiso echarse a reír. ¿Por quién lo había tomado? Él era Li Shaoran la persona que hacía las cosas para su propio beneficio, no para ayudar a los demás, sobretodo, ¿Por qué tenía que brindar su precioso tiempo en ayudar a la chica que le hacía la vida imposible? Realmente, no veía la gravedad del problema con verdaderos ojos.

- Si eres torpe, eres torpe – sentenció –. ¿Crees que te voy a ayudar? Deja de ver películas telenovelas en las que el chico malo se vuelve bueno porque esto es la vida real.

Y dicho esto, se alejó sin volver la mirada atrás.

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Acurrucada en su cama se obligaba a pensar en otra cosa. Intentaba olvidar esas miradas sorprendidas, los cotilleos de aquellas mujeres y los rumores que habían comenzado a rondar por el edificio. No, ni harta de vino, se dijo en su mente como un eco en la montaña. Shaoran se las iba a pagar todas juntas, eso lo podía jurar, aún cuando tuviera que ponerse a su nivel, caer tan bajo como él o ser odiada por todos en esa ciudad, no le importaba porque, ya que no podía huir de Tomoeda, al menos viviría con la venganza cumplida.

- Así que esta chica y Shaoran están junto.

- Parecía buena chica y ha ido acabar con el peor de toda la ciudad.

- Ahora entiendo porque va exhibiendo su cuerpo por todo el edificio.

- Pobrecita, se ve que está enamorada.

Se tapó las orejas con ambas manos, y calló todas esas frases que resonaban en su mente como un eco. ¿Cómo podían pensar semejante cosa? No podía entender de dónde había salido ese chisme, aunque podía hacerse una idea. Realmente Shaoran se las iba a pagar todas juntas, aún cuando tuviera que darle dónde más le dolía.

Lamentablemente, no sabía ni cómo ni cuándo ni por qué, pero ese rumor no solo había hecho mella en su edificio...

...sino, también en el instituto.

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Al día siguiente, en cuanto puso un pie en el instituto, Tomoyo la cogió por el brazo y la llevó hasta un pasillo vacío de cursos inferiores, los que seguramente ya estarían en clase, o en su defecto llegarían tarde, un sitio perfecto para que Shaoran no las descubriera.

- ¿Ocurre algo? – preguntó atónita, antes la carrera que se había pegado por culpa de su amiga.

- Sakura – jadeó –. Dime que es mentira.

- ¿El qué?

- Lo tuyo con Shaoran – fue como si se golpeara de pronto con una enorme piedra puesta ingeniosamente en su camino. No podía ser tan desgraciado. ¿Cómo lo había conseguido? Podía aguantarlo en su edificio puesto que no le importaban las habladurías de sus vecinas chismosas, pero, en el instituto era otra cosa. Los alumnos eran de lo peor te avasallaban con sus quisquillosas miradas y lo peor, cuando se creaba un rumor, las mentiras de todos hacían de esa pequeña mentira una gran bola de cosas sin sentido.

- ¡Ese...! – exclamó sin encontrar un insulto apropiado –. Tomoyo, tengo que hacer lo que sea para desmentirlo. No sé cómo lo ha conseguido, pero todo eso no es verdad.

- Sakura, cuéntamelo todo.

La castaña suspiró, y comenzó a explicarle sobre su 'pequeño' problema del día anterior. Tomoyo la escuchó sin interrumpirla, sin embargo cuanto más información llegaba a sus oídos más rabia le entraba; Sakura era una chica que a primera vista parecía como si nada le importase, no obstante, le afectaban las cosas como puñaladas por la espalda, y ella, como amiga que era, se encargaría de ayudarla, aún cuando Shaoran se diera cuenta y comenzara una venganza contra ella.

- Tranquila, te ayudaré.

- No, Tomoyo, si te metes ese Li también creará una conspiración en tu contra – sacudió la cabeza, y le sonrió –. Yo estaré bien, aunque parezca que no, tengo mis ideas, pero necesito saber unas cuantas cosas.

Su amiga sonrió, y después de quedar para esa misma tarde, se dirigieron a clase por caminos separados, sobretodo, Shaoran no debía saber quién era la persona que estaba a favor de Sakura.

Los rumores se fueron extendiendo por toda la escuela y en menos de una hora todo el instituto sabía del romance entre el gamberro de Li y la alumna nueva: Kinomoto. No se dignó a dirigirle ni una mirada a Shaoran, quien se encontraba bastante sonriente en su asiento, pero, aún cuando el profesor estaba explicando pudo sentir con tanta claridad las palabras de su compañero de atrás.

- Cariño, no es bueno que me trates así en público, luego podrías lamentarlo – esas palabras fueron en un susurro dirigidas exclusivamente hacía ella que encontraron con perfección a sus oídos.

Sí, Li Shaoran lo iba a pagar caro.


...Lo sé, hace como dos meses más o menos que no actualizo, pero, entenderme. Estaba de vacaciones, no me apetecía hacer nada, luego me fui dos semanas, no hice absolutamente nada, y me odiais, y lo entiendo: yo también me odiraría.

Dejando de lado los insultos y maldiciones que me queréis decir; ¿Qué les pareció el capítulo? A mí me convence un poco, pero claro, no es a mí a quién le tiene que convencer y gustar xD. Así que espero vuestras opiniones y demás. Con el siguiente intentaré no tardarme tanto, pero... la siguiente semana empiezo bachillerato y mis horas en el ordenador serán recortadas considerablemente, así que si subo algún capítulo será en fin de semana y prometo no tardarme tanto.

¡Nos leemos pronto! :D

Cuidenseee.!