Summary: Las vidas de seis jóvenes, con capacidades especiales, serán ligadas en un Internado de Rehabilitación. Por que el estar ciego, inválido, mudo y/o sordo no te impide llegar a amar... BxE, AxJ, RxEm… Todos Humanos.

Disclaimer: Los personajes de Twilight no me pertenecen.

Capítulo 1: Presentaciones

Cuando la vida no te otorga todo lo que ésta tiene, de nada sirven las quejas o los lamentos. Muchos no valoramos lo que se nos da, pero si lloramos por lo que no tenemos. De hecho, el ser humano se conoce como una raza inconforme y ambiciosa por naturaleza, y, estos términos, se los tiene bien ganados.

En cuanto más tememos, más queremos… Así de simple.

En contadas ocasiones, volteamos el rostro para ver a nuestro alrededor y percatarnos que, muchas veces, nuestra realidad es menos dolorosa y más justa que el resto de varias más.

Sin embargo, somos ciegos y envidiosos. Convertimos nuestra codicia en una cadena sin inicio ni fin. Llena de clamores innecesarios. El que tiene poco, dice no tener nada, y el que tiene, dice tener poco… Jamás tendremos lo suficiente, lo justo, lo aceptado… Y, desgraciadamente, así suele pasar en todos los aspectos de la vida.

La que está delgada, dice estar gorda. La que tiene el cabello rizado, lo quiere lacio (o viceversa). La que es blanca, desearía ser morena.

¡Qué absurdo!

Tanto hombres como mujeres se la pasan sufriendo por no ser "perfectos", y no cumplir con los parámetros que los medios masivos nos han impuesto.

ESTEREOTIPOS: a eso se reduce la mayor parte de nuestra vida… Pero, ¿Por qué? ¿Por qué caer en esa serie de materialismo? ¿Por qué no, simple y sencillamente, gratificar por lo que se tiene y luchar por lo que no, en lugar de desear la "suerte" de otros?... ¿Por qué no recordar y hacer conciencia de que hay personas, allá afuera, que no mira, que no habla, que no escucha, que no camina, que no tiene sus cuatro extremidades unidas a su cuerpo y que, a pesar de todo ello, luchan… no se dejan caer…?

Son ellos el más vivo ejemplo de fortaleza y valentía. Por que nosotros, los que hemos sido afortunados de nacer sanamente, no hacemos más que revolcarnos por simples tonterías...

Isabella Swan era una muchacha de 18 años que acababa de ser trasladada al Internado de Rehabilitación en Forks. Sus padres habían muerto tenía más de doce años en un accidente automovilístico, y la familia de su madre, Renne, había preferido mandarla a ese desconocido lugar que seguir haciéndose cargo de ella, por lo cual, prácticamente, se podría decir que estaba sola.

Era una chica bonita, de rostro pálido y mejillas que se coloreaban con facilidad. Su castaño cabello era demasiado espeso y cubría, como una frondosa cascada, a toda su espalda y hombros. Su cuerpo era delgado y de aspecto sencillo y su sonrisa tímida y gentil; pero ella no estaba consiente de todo eso, pues su mirada castaña había permanecido apagada desde su nacimiento...

– Con cuidado, hay un escalón aquí – le dijo la amable voz que la llevaba del brazo y le iba indicando qué camino seguir para no tropezar. Bella sonrió, en forma de agradecimiento, aunque por dentro estaba temblando de miedo.

Los lugares nuevos le aterraban, pues, agregándole a su ceguera la exagerada torpeza de sus pies, el adaptarse a un nuevo sitio se le hacía algo sumamente complicado. No quería ni pensar en los numerosos tropezones que se iba a dar en las primeras semanas, hasta lograr memorizar, a la perfección, cada ángulo de su nuevo hogar.

– Te llevaré con tus compañeras de cuarto para que te muestren el resto del internado – continuó hablando la doctora, con voz cariñosa y apenada – lo haría yo; pero tengo una junta con mis colegas.

– No se preocupe – calmó la muchacha – Ya podrá ser otro día.

Esme sonrió de manera amorosa (Y el gesto, a pesar de no poder ser visto, fue sentido). Llegaron a la habitación correspondiente a los pocos minutos. Tocó la puerta un par de veces, hasta que una aguda vocecita le indicó que podía pasar. Dieron otros cinco pasos más, hasta que Bella pudo sentir la cercana presencia de alguien.

– Hola, Alice – dijo la doctora a la pequeña y linda jovencita de cabellos negros, y rostro de duendecillo, que se encontraba sentada en una silla de ruedas – Te presento a Bella

– Mucho gusto, Bella – saludó Alice, estrechando su manita con la de su nueva compañera – Bienvenida

– Gracias – musitó la aludida, sintiéndose apenada. La facilidad para socializar con las personas no era su gracia.

– ¿Dónde está Rose? – inquirió Esme, viajando la mirada por toda la recamara

– En seguida viene, está en el baño – contestó Alice y, al poco tiempo, el sonido de una puerta abrirse y cerrar llegó a los oídos de Bella.

– Hola, Rose – el animoso saludo de la doctora no fue reconocido – Mira, te presento a Bella. Ella será su nueva compañera de habitación. Me gustaría que la acompañaran a dar un paseo para que vaya conociendo mejor el instituto – Otra vez, hubo silencio…

La castaña se sobresaltó al sentir otro gentil estrechón en su mano.

– Rose dice que eres bienvenida – dijo Alice, con voz alegre

Entonces, fue cuando la morena comprendió que aquel silencio no era voluntario y que Esme solamente había hablado, en voz alta, para que ella lo supiera, pues no sería capaz de ver que las manos de la gentil doctora se movían, al mismo tiempo que sus labios, para que la otra muchacha comprendiera lo que le decían.

Rosalie Hale, una chica hermosa, con problemas de habla y audición, a diferencia de Alice, quien tenía 17 años, era de la misma edad que Bella. Junto con Jasper, su hermano gemelo, era hija de una exitosa familia de negocios que tenía más de un año, había optado por internarlos en aquel lugar.

Esme estuvo otro par de minutos junto con ellas. Ayudó a la nueva integrante a acomodar sus pertenencias en sus muebles respectivos y después se despidió.

– Tu nombre es Bella, ¿Verdad? – La castaña asintió – Parece ser que eres muy tímida.

– Si... – afirmó, ocultando el rostro entre sus cabellos. Alice sonrió ante el cohibido gesto y volvió el rostro para ver a Rose, que también se encontraba entretenida por las expresiones que se le presentaban.

– Tienes un cabello muy bonito – señaló la pequeña, tratando de entablar una plática; más su esfuerzo no dio resultado ya que, como respuesta, solo obtuvo una pequeña y cordial sonrisa.

Y no era por que Bella quisiera ser grosera, al contrario, algo en su interior sabía que esas muchachas que se encontraban a su lado eran personas agradables. Lo que en realidad pasaba era que ella no tenía nada que decir al respecto. Había nacido ciega, lo cual significaba que nunca había tenido la oportunidad de contemplar su imagen en el reflejo de un espejo…

– Lo siento… me imagino que quieres estar sola y…

– No – interrumpió, de manera rápida – Discúlpenme… No es eso. Es sólo que… no soy muy buena para entablar conversaciones

– No te preocupes – dijo Alice, volviendo a su estado animoso – Eso tendrá arreglo conforme el tiempo pase. ¿Quieres que vayamos a dar el paseo o prefieres descansar?

– Me gustaría caminar un poco – contestó Bella, poniéndose de pie y siendo apoyada, al instante, por Rose – Muchas gracias – se dirigió hacia la rubia chica.

Alice hizo girar las ruedas de su silla y se adelantó para abrir la puerta y dejar a sus amigas el paso libre. No les tomó mucho tiempo el percatarse que su nueva compañera era alguien predestinada a los accidentes, en los pocos minutos que llevaban de recorrido, Rose tuvo que apretar el agarre de su brazo, siete veces, para que no cayese.

– Lo siento, suele ser muy torpe – se disculpó, arrancando una sonora risita por parte de Alice y otra más, silenciosa, por Rose.

– Es normal. Me imagino que ha de ser difícil para ti el tener que acostumbrarte a un nuevo hogar

– Lo es – asintió

Bella escuchaba, atenta, cada palabra que Alice decía, tratando de imaginar el lugar, al mismo tiempo que a su nariz llegaban los peculiares olores de la madera que conformaba la mayor parte de su estructura. Se esforzó por memorizar en dónde se encontraba el salón que recibiría clases, el comedor, los laboratorios, el centro de actividades físicas… el teatro.

– ¿A dónde vamos? – quiso saber, al encontrarse subiendo unas escaleras, con ayuda de Rose, mientras el sonido de la silla de ruedas de Alice anunciaba que ella iba subiendo a través de una rampa, especial para los chicos como ella.

– Rose cree que sería buena idea que conocieras a su hermano, Jasper.

– ¿Cómo sabes lo que ella quiere?

– Tenemos casi un año de ser amigas y hemos aprendido a comunicarnos de manera muy eficiente. Además, aquí te enseñan el lenguaje signado y yo lo sé manejar muy bien.

– Debe ser difícil

– No cuando lo prácticas – aclaró la sonriente chiquilla – Hemos llegado – anunció, mientras el sonido de unos nudillos contra la madera se alcanzaron a escuchar en el interior.

La puerta se abrió al poco tiempo, mostrando, al instante, a un rubio joven de ojos grises y cabello ligeramente largo y alborotado, que sonrió en cuanto la imagen de Alice se mostró frente a él.

– Hola – saludó la pequeña, quien tuvo como respuesta una cálida sonrisa que le aceleró el corazón.

Jasper, quien, a diferencia de Rose, solamente no podía hablar, indicó, con un gesto en la mano, a que pasaran. Las chicas accedieron

– Se llama Bella – informó Alice, ante la mirada inquisitiva que el chico le dedicaba a la castaña – Acaba de llegar y Rose te la quería presentar.

Ambos jóvenes estrecharon sus manos, en forma de saludo y entre los cuatro iniciaron una plática la cual, en su mayoría, fue coreada por Alice, quien mientras hablaba, movía sus manos para que Rose le entendiera.

– Te ves cansada – señaló Alice, al termino de unas cuantas horas

– Lo estoy – aseguró Bella, tímidamente

– Si quieres, te puedo llevar a la recamara

– No es necesario, puedo irme sola – dijo poniéndose de pie

– Rose dice que puede ser peligroso, que no confía en tu sentido del equilibrio

La morena soltó una risita

– Me hago más torpe cuando sé que alguien me cuida – tanteó el terreno, dando pequeños pasos, hasta que supo llegar a la puerta – No se preocupen, estaré bien – prometió, saliendo de ahí.

– Vete con cuidado. Hay unas escaleras casi a la salida – recordó la duendecito, con voz preocupada.

– Si, lo tengo presente

– Llegamos en un momento

Bella salió de la habitación, reprendiéndose interiormente por haber olvidado su bastón, sin él, todo resultaba mucho más difícil. Buscó la pared y, con su palma pegada a ella, comenzó a caminar.

Las escaleras, no te olvides de las escaleras, se repetía mentalmente mientras daba sus pasos con suma precaución… Sin embargo, de nada sirvió todo eso. Justo cuando pensó que había logrado llegar al primer piso sin ningún percance, sus pies se enrollaron con la gruesa alfombra que reposaba sobre el suelo… Ya podía imaginarse el dolor que aquel impacto prometía dejarle, cuando un par de manos la sostuvieron, evitando que su frente pegara con la lisa y dura superficie que le estaba esperando.

– ¿Te encuentras bien? – preguntó una suave voz masculina, después de que ella soltara un incontenible jadeo.


Si, ya sé lo que seguramente están diciendo: otra vez yo ¬¬…

T_T Lo siento. Como ya lo he dicho antes, no puedo controlar mis instintos T_T… Ojala no se aburran de mí T_T…

En fin, aquí estoy con otra ocurrencia ocasionada por las noches en vela y las tensiones de exámenes departamentales T_T (En lugar de estar estudiando, aquí me tienen, publicando un fanfic más ¬¬)

¿Qué les ha parecido? ¿Aburrido? ¿Monótono? ¿Trivial? ¿Interesante? Me daría mucho gusto saber su opinión ^^ (Explícitamente: ¡Déjenme un review! T_T)

Ok, ok. Ya me voy. Se cuidan y nos leemos pronto. (Espero)

Atte

AnjuDark