Capítulo 21: Verdades, parte II.

..

La lengua que se resbalaba por su cuello le provocaba nauseas. Cerró los ojos e intentó zafarse de la prisión de fuertes manos que sostenían las suyas, pero fue inútil. Demetri continuaba su lasciva peregrinación de chupetones, mientras las lágrimas de Alice no cesaban de gotear.

Jasper… Pensó en él con añoro y recordó la manera tan cuidadosa con la que siempre le trataba, como si fuera una muñequita de porcelana que, con una sola mirada, pudiera ser rota. El saber que no iba a ser del chico que tanto la amaba dolía; y ese dolor podía más contra el miedo y el asco…

Una enérgica patada aventó la puerta violentamente, provocando que Demetri se alejara de un salto para ponerse a la defensiva inmediatamente. Alice dilató su húmeda mirada al divisar al rubio muchacho que irradiaba roja ira y sin pensarlo, se lanzaba hacia el delincuente, estampándole un rodillazo en la ingle, tirándole al suelo y atacándole ferozmente hasta dejarlo casi desvanecido.

—Jazz – musitó, llamando la atención de éste con su quebrada voz.

El rubio la miró, con el color de sus ojos regresando, paulatinamente, a su pasiva normalidad. La abrazó, la abrazó muy fuerte y besó cada parte de su rostro, sus cabellos, pidiéndole disculpas en silencio por haber sido un tonto al haberla dejado y haberla expuesto a un peligro tan grande.

—Jazz – dijo Alice dulcemente, acariciando el ángulo de sus mejillas – Estoy bien – tranquilizó pues el muchacho temblaba – Estoy bien.

Él asintió, dejándose abrigar por la exquisita calma que sólo sus manos le brindaban. Se escucharon pasos aproximarse. Jasper cubrió rápidamente a Alice con su espalda. Seguramente, ya se habían percatado que había logrado escapar del lugar a donde le habían atado…

Se arrojó en cuanto logró divisar la alta sombra que se reflejó en el suelo.

—¡Ey, espera! -frenó Jacob, susurrando – ¡Somos nosotros!

Jasper tardó tres segundos en relajar los brazos y abandonar su postura defensiva y violenta. Tardó tres segundos en reconocer a cada uno de ellos y procesar esa información en su atormentado cerebro.

—Alice – llamó Edward – ¿Estás bien?

—Lo estoy – contestó la pequeña.

Mi hermana – movió Jasper las manos, llamando la atención.

..

..

Los ojos del moreno se dilataron al verla entrar, forcejeando contra las asquerosas manos que le sujetaban y arrastraban hacia el centro de la sala

—¡Suéltenla! – bramó Emmett

Rose alzó instantáneamente la mirada al escucharle. Sus pupilas se encontraron, ambas tan atormentadas, ambas tan temerosas, ambas tan sufridas por las huellas del pasado que parecían desistir en borrarse.

—Pero qué hermosa te has puesto – habló Lucio, acercándose a la rubia que, en cuanto le vio, comenzó a temblar, muerta de miedo, de pánico, de horror. Pareciera como si, fuera de ver a un hombre, estuviera contemplando a un monstruo, al peor de todos.

Y Emmett lo entendió todo claramente, pues ya no cabían dudas para tal reacción. Había sido él, su padre, quien la había violado años atrás. Había sido él, quien le había atormentado tanto tiempo. Y todo tuvo explicación, entonces. El porqué Rose le temía tanto en un principio, el porqué sus preciosos ojos siempre le huían y le miraban con pavor. ¡Era por lo mismo! Porque, desgraciadamente, eran parecidos y ella veía en él a ese diablo que le había marcado la herida más dolorosa.

—¡Maldito! – desgarró su garganta. Su respiración era agitada debido a la furia que le bombeaba la sangre.

Lucio se giró para observarlo. Había desidia en sus pupilas, tan negras como las suyas.

—Qué… interesante – murmuró el hombre. Después, se carcajeó – ¡Qué vueltas da el destino! Mi hijo enamorado de mi más preciosa víctima. Definitivamente, tenemos tanto en común – paseó la punta de sus dedos por la mejilla de la rubia.

—¡No la toques! – bramó

Rose temblaba y apretaba los labios para no llorar. No quería que Emmett la viera en esa condición tan débil. No escuchaba nada, pero podía leer cada uno de sus sentimientos en su rostro. Emmett sufría… igual o incluso más que ella.

Lucio le tomó por la barbilla y la acercó hacia sí. La sangre de la rubia se coaguló en sus venas, más no se permitió flaquear. Se mordió la lengua fuertemente, para reprimir el anhelo-que sabía ella sería inútil-de intentar liberarse y salir corriendo. Los fuertes brazos del moreno la envolvieron, ella cerró los ojos y aguantó la respiración.

—¡Suéltala! – Emmett se liberó de los lazos que le amarraban como si de un salvaje oso se tratase. Y todo fue tan repentino, que nadie pudo hacer nada para evitarlo.

Se lanzó contra Lucio, arrancándolo de ella y propinándole un enérgico puñetazo al instante. El hombre cayó contra el suelo, sangrando de la nariz. Emmett se vio rodeado por el resto de los delincuentes que ahí se encontraban. Cubrió a Rose con su espalda y se acomodó, preparado para recibir cualquier tipo de ataque… preparado para dar su vida con tal de protegerla.

Por un segundo, el moreno creyó perder todas las posibilidades de ganar –que ya de por sí eran pocas-; pero al aparecer Jacob, junto con el resto de sus amigos, un pequeño sentimiento de alivio le invadió. Pequeño pues, no por eso, dejaban de estar en peligro…

—¡Traidor! – bramó Lucio en dirección del que anteriormente había sido uno de sus hombres de más confianza, mientras desempuñaba una pistola y apuntaba en su dirección.

—¡Jake! – El corazón de Reneesme se detuvo instantáneamente cuando el sordo sonido de la bala retumbó dentro de la pequeña habitación. Cerró los ojos de manera instintiva y, para cuando los volvió a abrir, lo hizo lentamente, con temor palpitante…

Jacob estaba de pie, sin daño alguno. Emmett había alcanzado a desviar la bala y ésta se había insertado, por error, en Félix; sin embargo, después de esto, ya no solamente era un revolver el que les apuntaba. Jasper acomodó a Alice sobre el suelo y, al igual que el resto de sus amigos, se cuadró hasta el frente para defender a lo que era la otra mitad de su alma.

Bella se encontraba desesperada. No podía ver nada, pero sí podía escuchar cada movimiento. La tensión le golpeaba en la piel, sabía que Edward le cubría con su cuerpo, exponiéndose, arriesgándose… y aquello le atormentaba. Alice no se encontraba mejor, ¡Cuánto deseaba poder ponerse en pie y así ser ella quien formara un escudo para que nadie pudiera herir al gentil muchacho que tanto amaba! Rose, por su parte, deseaba gritar.

Sabían que, en cuanto los gatillos fueron jalados, todo acabaría...

Bella tentó el aire hasta alcanzar la mano de Edward y, justo cuando la punta de sus dedos se habían tocado, el sonido retumbante de las balas disparadas por las pistolas llegó una y otra vez, incesantemente…

La oscuridad nunca le fue tan terrible como cuando, por un eterno segundo, se creó un tormentoso silencio, en el cual, el contacto con Edward se perdió, erigiendo en el aire un frío lacerante que le heló el alma.

—¿Edward?...

—¡No se muevan! – una voz desconocida contestó a cambio.

Pisadas, varias pisadas entrando en la habitación. Gruñidos, jadeos, maldiciones… Y, entre todo ello, un cálido y reconfortante roce sobre sus mejillas, que le disipó todo espécimen de miedo

—¿Bella? ¿Estás bien? – preguntó su aterciopelada voz, impregnada de desesperación.

—Lo estoy – contestó ella, reencontrándose con el aire al saber que él seguía a su lado.

..

—¡Él también está involucrado en todo esto! – bramó Lucio, señalando a Jacob, mientras, esposado, la policía le arrastraba afuera, junto con el resto de sus hombres.

—No – se interpuso Reneesme, para cuando un oficial se acercó al moreno.

—Nessie – Jacob acomodó su mano sobre su hombro. Ella se giró para mirarlo, sus ojos estaban mojados por las lágrimas contenidas.

—Por favor…

—Es lo que merezco – discutió él, sonriendo tristemente, acariciando su mejilla. La muchacha negó con la cabeza, se lanzó a sus brazos y le besó con fuerza y súplica, hasta que el hombre con uniforme les hizo separarse – Adiós…

—Hasta pronto – corrigió ella y tomó su rostro entre sus manos – Te estaré esperando.

..

Una sombra de tristeza le apañó el rostro mientras recordaba y viajaba su mirada por la extensa habitación. ¿Quién lo diría? Un mes había pasado desde que Lucio y el resto de sus hombres habían sido capturados. Todo había regresado a la normalidad; claro, si se descartaba el hecho de que Jacob había sido condenado a prisión y ella le extrañaba con cada segundo que el reloj marcaba. De poco habían servido las declaraciones a su favor; hubieron muchas pruebas que le habían delatado.

—Reneesme – llamó Esme a la puerta – Tienes visitas.

La muchacha bajó, un tanto confundida, hacia la oficina de la doctora y, al abrir la puerta, sus ojos se iluminaron.

—¡Abuela! – corrió hacia la anciana que extendió sus brazos para recibirla

—Mi niña, cuánto me alegra verte

—No sabía que vendrías. Pensé que… no podíamos estar juntas.

—Cariño - sonrió la señora con dulzura – no es necesario que finjas. Sé lo que ha pasado.

Aquello la sorprendió. —¿Cómo…?

—Capturaron a Aro tiene poco. La policía me explicó todo. Él estaba detrás de todo esto; se escondió en cuanto supo que sus hombres habían sido detenidos; pero le encontraron sin mucha dificultad.

—Eso quiere decir que él… - palideció – Abuela, todo este tiempo estuviste en peligro y yo…

—Estoy bien – le tranquilizaron – más que bien, diría yo, pues sé que finalmente estás a salvo y ya no habrá motivos para que estemos separadas. ¿Qué te parece si hacemos un viaje a Londres o París?

Irse… su cuerpo se tensó sin que pudiera evitarlo

—¿Reneesme? ¿Qué sucede?

—Abuela, yo… - enmudeció al hallarse repentinamente indecisa. No quería dejar a Forks. No quería alejarse de él – Yo…

—¿Se puede saber quién es? –la señora de canos cabellos le sonrió con ternura

—¿Quién es quién? – se confundió ella

—¡Pues quién más! El muchacho que ha logrado enamorar a mi nieta.

Palideció. ¿Tan notorio era? Probablemente sí, probablemente no; Después de todo, había que contar que su abuela era una mujer altamente perceptiva. Inclinó el rostro hacia abajo y jugó nerviosamente con las manos. Sabía que no tenía caso alguno el negarlo…

—Su nombre es Jacob Black – musitó…

—Jacob Black – repitió la señora con sincera emoción – ¿Tendré el gusto de conocerlo? ¿Trabaja aquí?

—Él… está en la cárcel – confesó.

A partir de ahí, explicó a detalle su historia que, si bien era pequeña y muy posiblemente fugaz para los ojos externos; era intensa y fuerte en su corazón.

"Es como una clase de imprimación, supongo. No sé tu nombre, no sé nada de ti, pero, por muy ridículo que se escuche, siento que te conozco… que te necesito."

Un beso sobre su frente fue lo último que su abuela le dio antes de partir. Y Reneesme se quedó ahí, en la clínica de Forks… esperándolo.

..

..

Epilogo: Cristal.

..

Dos años después.

.

El jardín estaba decorado con cortinas de seda que hacían juego con los discretos y aromáticos claveles color perla, que colgaban en elegantes racimos a orillas del breve sendero que conducía hacia un discreto altar, en el cual, él la esperaba.

Alice contuvo la respiración en cuanto el claro de sus ojos miró a su dirección, fijándose en ella con devoción, con ternura.

—Un momento – musitó la pequeña, haciendo que Carlisle frenara las ruedas de su silla.

Todos guardaron silencio, al quedar ella a mitad de pasillo. Le dedicó una pequeña sonrisa al muchacho que le aguardaba a pocos metros, tomó una discreta bocanada de aire y, acomodando bien sus manitas sobre los costados de su silla, se impulsó hacia al frente.

Sus piernas temblaron ante el esfuerzo, pero no flaquearon. Ya de pie, Alice dio un paso hacia el frente y Jasper corrió a su encuentro, alcanzando sus manos y sujetándolas tiernamente, mientras ella se apoyaba en él para dar otro segundo movimiento, seguido de otro más, hasta que, juntos, llegaron hasta el final del pasillo y el rubio optó por cargarla entre sus brazos; escuchando poco las palabras que el sacerdote decía, más concentrado en la penetrante y fulgurosa mirada que se encontraba atada a la suya, atada a su alma, atada a su vida…

—Alice – la elegante dama lucía apenada mientras se le acercaba y le tomaba las manos – Quiero pedirte una disculpa.

—Señora…

—Fui ignorante – le interrumpieron, con sincera dulzura – Yo siempre estuve rodeada de lujos y apariencias. Mi vanidad estropeó todos estos años de relación con unos hijos tan extraordinarios, que no merezco. He sido una mala madre… Pero tú, Alice, tú has salvado a Jasper y no sabes cuán agradecida te estoy. No lo supe entender a tiempo y te herí; discúlpame, por favor. Quizás sea tarde para compensar errores, quizás no tenga derecho de pedirte nada; pero Alice, cuida mucho de mi hijo. Sean felices y sigan amándose de esta misma manera sincera y pura, pues en estos tiempos, ya nadie se enamora del alma, si no del cuerpo.

La pequeña acarició la mejilla de la señora, empapadas en lágrimas, y sonrió. Jasper se acercó entonces. La señora Hale se puso de pie y besó la frente del muchacho; después los dejó solos.

A pocos metros de ellos, la discreta pero armoniosa fiesta continuaba. El rubio se inclinó y besó las manos de la pequeña; después se perdió en su hermosura. Parecía un ángel con su vestido blanco y negros cabellos que habían alcanzado la punta de sus hombros. Se estiró un poco, para que sus labios se acariciaran dulcemente. Ambos suspiraron entre el silencio armonioso, perfecto, único e impenetrable.

Y así sería para siempre. Juntos, formando una sola alma. Amándose siempre, de esa manera tan delicada que estremece. Con esa sinceridad tan pura… que no precisa de palabras.

..

..

Rosalie se encontraba sentada, encandilada con la pequeña criaturita que yacía dormida y calientita entre sus brazos. En silencio, le tarareaba una canción muy dulce, repleta de ese amor incondicional que amenazaba con hacerle explotar el pecho.

Alzó la mirada cuando Emmett se acercó, poniéndose de cuclillas para quedar a su altura. Sonrió, mientras el moreno paseaba, con extrema delicadeza, una de sus manos por la pequeña mejilla de Luz, su hija, y después le acariciaba a ella.

Rose cerró los ojos y disfrutó de la agradable sensación. Tras tanto sufrimiento y años obscurecidos por un lacerante pasado, le resultaba un poco difícil creer que tanta dicha fuera posible.

Abrió los ojos y se encontró con Emmett mirándola fijamente, con devoción fulgurante en las pupilas; traspasándola, penetrando en su alma como solamente él era capaz de hacerlo; conociéndola, diciéndole en silencio cuánto la amaba y cuán agradecido estaba con la vida por haberla encontrado; confesándole miles de sinceros te amos que ella claramente escuchaba. ¿Magia? No. Era fe, amor y confianza unidos en una de esas pocas mezclas que se experimentan hoy en día.

La rubia se inclinó y le besó. Emmett suspiró complacido, aletargado por tanta felicidad. Ni pensar que cuando entró a la clínica creyó tener frente a sus ojos a otra condena más. ¿Quién diría que iba a ser todo lo contrario? Que, tras años de amargura, finalmente iba a hallar a ese ángel que tanto esperó y creyó nunca conocer.

Decir que el pasado había sido olvidado era mentir; pero las heridas habían sanado gracias a sus amigos, gracias a Rose… gracias a su pequeña hija. Era dichoso, no había otra palabra para describirle. ¿Era justo, no? Conocer el consuelo después de años de tormento; poder cerrar los ojos y ya no divisar la terrible imagen de su hermana y madre asesinadas. Era justo poder reconciliarse con su propio yo… Era justo conocer el amor.

..

..

Sentada en una de las mesas y jugueteando distraídamente una servilleta entre los dedos, Reneesme observaba alrededor. Alice y Jasper se encontraban recibiendo abrazos y felicitaciones; Emmett y Rose estaban a su lado, mimando a su hijita de apenas cinco meses; Edward y una ruborizada Bella bailaban lentamente en la pista de baile; otras parejas reían entre pláticas…

Una punzada de remordimiento le invadió; era un día especial, debería de estar sonriendo y festejando por sus amigos; pero… no podía. Estirar los labios para crear aquella mueca de felicidad le era imposible.

Soy una egoísta, se acusó mentalmente, mientras bajaba la mirada y escondía el rostro entre sus ondulados cabellos.

—Señorita, ¿Me permite una pieza? – preguntó una voz desconocida; extraña.

—Muy amable, pero no – contestó sin alzar la vista. No estaba de humor para ello.

Maldijo interiormente. No era el momento para tener esos lapsos depresivos… Sin embargo, ¿Existen las ocasiones adecuadas para extrañar a alguien? Ojala las hubieran. Quizás todo sería más sencillo y la ausencia de Jacob no pesara tanto.

Dos años… Dos años sin verle. Él se había negado a tener visitas. Aún así, ella le esperaba, tal y como había prometido.

Está muy mal si piensa que lo voy a olvidar así tan fácilmente, frunció el ceño, hombre testarudo… —¿Qué hay de malo en que nos miremos? – preguntó en voz alta…

—No lo hubiera soportado – contestaron entonces, haciéndole respingar y palidecer – Mirarte tras rendijas, sin poder tocarte… sin poder besarte; hubiera enloquecido, estoy seguro.

Lentamente, y con miedo perpetuo de descubrir que su imaginación le estaba jugando una mala broma, volvió el rostro hacia atrás. Y ahí lo encontró, de pie… frente a ella.

—Jake – musitó.

El moreno le dedicó una sonrisa torcida que fue prontamente desvanecida pues, en ese momento, no cabían gestos neutros. Sin pensarlo, ella se lanzó hacia sus brazos y él la recibió con entusiasmo.

—Lo siento – susurró – Siento haberte hecho esperar…

—¿Cómo? – Reneesme se alejó un poco, solo lo suficiente para mirarle a los ojos – Yo no sabía que tú estarías aquí…

—¿Crees que aceptaríamos casarnos sin que Jacob estuviera presente? – terció Alice, apareciendo a sus espaldas con una resplandeciente sonrisa de complicidad.

—¿Ustedes lo sabían? –jadeó la muchacha – ¿Y por qué no me dijeron?

—Jacob quería darte una sorpresa – contestó Edward.

El aludido le sonrío con ese gesto despreocupado que tanto le caracterizaba. Ella se acercó y le propinó un manotazo sobre su pecho

—¡Eres un tonto! Aparte de que me tienes como idiota entristecida por ti, vienes y te ríes…

Ya no pudo decir más al ser silenciada por la repentina y deliciosa presión que los labios del moreno ejercieron sobre los suyos.

—Te amo – le confesaron – No sabes cuánto te extrañé; cuánto miedo tuve de regresar y ya no encontrarte. Pero tampoco quería atarte, quería que fueras lo suficientemente libre…

—Calla – ordenó ella, enredando los dedos en sus negros cabellos y acercándolo para que volviera a besarla.

Jacob entendió y obedeció al instante. Sí, ¿Para qué gastarse con tantas explicaciones? Era mejor decir todo aquello con el movimiento de sus labios; Era más delicioso decir las promesas y los te quiero de esta forma… para que así no quedaran flotando en el aire, si no incrustadas en el corazón.

..

..

..

—¿Cómo te sientes? – preguntó Edward, al llegar al umbral de la puerta.

—Un poco cansada – contestó Bella – No estoy acostumbrada a bailar. De hecho, esta es la primera vez que lo hago.

Él soltó una risita —¿Te divertiste? – se quiso asegurar.

—Sí, mucho.

—Me alegro – alzó una mano para acariciar su rostro. La castaña cerró los ojos y suspiró. No importaba cuántas veces sucediera lo mismo, jamás lograría acostumbrarse a aquel tacto tan dulce – No hay nada más que quiera en el mundo que tu felicidad.

—Soy feliz estando a tu lado.

Se inclinó con la intensión de besarla brevemente, pero hubo algo en ese instante que ocasionó un exquisito ardor en su piel que le volvió un tanto exigente a la hora de alcanzar sus labios.

—Creo que ya es hora de que me vaya…

—No… - musitó la castaña, afianzando sus dedos en los cabellos color arena – Quédate conmigo…

—Bella…- Las manos de Edward respondieron por él, apretándose deseosas a la pequeña cintura.

Entraron a la habitación y, entre besos, cayeron sobre la cama. Bella temblaba, tanto de pudor, como placer, mientras las manos y labios de ambos se descubrían lentamente, sin prisas, con delicada lentitud; memorizando, con la yema de sus dedos, cada contorno de sus cuerpos, cada relieve de sus rostros; viéndose; desnudando no solamente la piel… si no también el alma.

—Edward…

Un delicado jadeo fue expulsado por Bella al sentir los cuidadosos movimientos dados dentro de ella, mientras que la punta de sus pechos era humedecida por la frescura de su lengua y sus manos se apretaban a su alrededor, llevándola consigo a un lugar desconocido, en el que únicamente había lugar para los dos…

—Eres mi luz – susurró Edward, mientras descansaba su cabeza sobre el pecho de Bella, escuchando pasivamente el ritmo de sus latidos – Ahora me doy cuenta que siempre estuve ciego y, hasta que te conocí… fue cuando, realmente, pude mirar y apreciar cada detalle de la vida.

Acomodó sus manos en cada lado de las delicadas mejillas y depositó un tierno beso sobre la punta de su nariz

—Perdóname – prosiguió – Durante mucho tiempo intenté alejarme de ti. ¡Qué tonto! ¿Cómo pretendía vivir sin ti? ¿Cómo pretendía vivir sin mis ojos, sin mi piel, sin mi olfato? Eres mi todo, Bella. Quiero que lo tengas siempre presente. Sin ti, no soy nada, absolutamente nada. Quiero vivir contigo para siempre. Quiero reconciliarme con cada nuevo amanecer a tu lado. Quiero miles de noches más como estás, en tus brazos, enrollado a tu calor. Quiero morir diciéndote cuánto te amo…

—Edward… – susurró la castaña, al sentir que algo pequeño, húmedo y cálido había chocado contra su mejilla – ¿Estás llorando?

Los brazos de su novio se enrollaron a su alrededor y la apretaron fuertemente hacia él.

—Antes de conocerte… – confesó ella – jamás había visto los colores. Ahora puedo imaginarme claramente a cada uno de ellos… Ya lo sabes, pero te amo.

—Dilo otra vez – pidió, mientras sus labios comenzaban a recorrer lentamente la piel de su cuello

—Te amo… - obedeció la castaña, cayendo de espaldas sobre la cama, recibiéndolo con candente inocencia, enredándose entra las sabanas mientras Edward volvía a acariciar cada línea de su cuerpo lentamente, sin apremio.

Al fin y al cabo, tenían toda la noche y toda una vida para amarse…

..

..

EDWARD CULLEN

Antes de conocer a Bella, pensaba que la vida era como un Cristal. Que, cuando ésta se rompía, tal vez se podían volver a unir sus fragmentos, pero, aún con eso, siempre quedaban grietas y, en el acto, te sangrabas los dedos.

La vida no es sencilla, para nadie lo es. Todos sufren, de diferente manera, pero lo hacen... Sin embargo, ahora sé que depende de ti, y sólo de ti, cuánto es que quieras lamentarte y cuánto es que quieras sangrar.

Mostrar debilidad nunca es malo; pero mostrar derrota sí lo es. Bella me enseñó que no hay peor miedo que el que tú mismo te impones y que no hay peor forma de vivir que ahogado en dolorosos recuerdos que te niegas a liberar.

Aprendí, también, que un ciego no es quien no puede apreciar los colores, si no quien no puede apreciar la belleza de cada soplo de brisa. Tampoco es mudo quien no puede hablar, si no quien es incapaz de expresar sus sentimientos; pero, lo que es más importante, todos aprendimos que, para amar, no hacen falta poseer los cinco sentidos… Basta con que se puedan fusionar las almas de tal modo que sean éstas quienes vean, quienes oigan, quienes hablen… quienes sientan.

La vida es como Cristal, ahora lo sé bien; pues, cuando ésta se rompe, te da la opción de repararla o dejarla igual de destrozada. La decisión final ya depende ti… Tú elegirás si le tienes miedo a las cortaduras de tus dedos.

..

FIN.

..

Agradecimientos.

Bueno, primero una enorme disculpa por la demora para actualizar. Sé que tardé mucho, pero, como siempre, los finales con los que más me cuestan. Además, agreguémosle que, como muchas de ustedes ya han de saber, no he tenido mucho tiempo la universidad.

Bueno, al fin ya hemos terminado. Muchísimas gracias por seguirme hasta ahora, por su apoyo, por sus comentarios, alertas, favoritos, recomendaciones, etc.

Cristal nació gracias a una "plática" que tuve con una chica hace más de ocho meses y que me hizo ver que, desgraciadamente, mucho de nosotros aún nos las pasamos lamentando por insignificancias y hacemos tormentas en un vaso de agua, sin tomar en cuenta que hay otras personas más que, todo el tiempo, luchan arduamente para no dejarse caer.

Esta historia va dedicada para todas esas personas hermosas que son más valientes que yo y que una silla de ruedas o una mutilación no les obstruye sus metas.

Disculpen el drama que hubo de principio a fin, pero aclaro, para las personas que me dejaron comentarios de "si sigues así, te quedarás sin lectoras", yo no escribo para tener una interminable lista de comentarios. Escribo porque me gusta y tampoco es mi intención hacer historias que sean del gusto para todos, si no que me llenen a mí como persona. Si son repetitivas, aburridas o ridículas para el resto, de verdad que no me importa. Prefiero mil veces tener un solo comentario de alguien que ha sido capaz de captar la esencia de lo que quiero transmitir, a que un sinfín de Reviews que sólo se la pasan idolatrando a un Edward perfecto. Así que, por favor, si no les gusta lo que escribo o si les aburre, hay muchísimas más escritoras y muchas más historias en esta página.

Bueno, ya, aclarado ese punto (y disculpen por las que tuvieron que soportarlo sin tener necesidad de) me voy.

Otra vez, muchas gracias por soportarme. Sé que no es fácil. Un saludo a todas y gracias, gracias, gracias…

Atte. AnjuDark