Bueno aquí estoy con otra historia, mi inspiración está imparable ^^. Esta historia contiene escenas fuertes, aviso a las personas sensibles.

Los personajes no me pertenecen, son de la magnífica Stephenie Meyer, yo solo me adjudico la historia.


Capítulo 1: Mi pequeña Elizabeth

Hola, me llamo Edward Cullen, tengo 28 años, soy de una buena familia a la que adoro: mis hermanos Alice y Emmett y sus respectivas parejas, y mis padres Esme y Carlisle. Llevo 5 años con mi novia Lauren a la que amo con todo mi corazón.

Después de un año de salir le pedí que viviéramos juntos y poco después matrimonio. Fue una boda por todo lo alto. Éramos muy felices. Al año siguiente de casarnos a mí me entraron las prisas y decidí que quería tener un hijo, así que una noche mientras nos poníamos cariñosos decidí empezar a sugerirlo.

-Lauren, llevamos ya un año casados, y se me estaba ocurriendo que podíamos avanzar un paso más.-le comenté subiendo mi mano por su muslo hasta encontrar su tanga.

-Mejor me lo explicas luego.-me pidió ella cortando la conversación.

Comenzó a besarme mientras me quitaba la camiseta de dormir, yo hice lo mismo con su camisón, ella quedó con su finísimo tanga de encaje y yo con mis boxers. Se subió sobre mí y comenzó lamer mi cuello mientras yo acariciaba sus pechos, pequeños gemidos se le escapaban con mi roce.

-No aguanto más.-jadeó.

Se quitó el tanga y luego se deshizo de mis boxers. Acarició mi erección y después se deslizó sobre ella, ambos gemimos con el contacto. Yo coloqué mis manos en sus caderas y ella se empujaba en mi pecho dejando algunos arañazos. Subía y bajaba deliciosamente.

-Edward, Edward.-jadeaba Lauren.-Más rápido.

Aumenté la velocidad de las embestidas, ella gritaba fuertemente, debían estar escuchándola todos los vecinos. Sentí como ella se encogía a mi alrededor llegando al orgasmo, yo la seguí poco después. Lauren se dejó caer sobre mí aún jadeante.

Poco después levantó la cabeza de mi pecho y me miró enfurecida.

-¿Por qué no te has puesto condón?-me preguntó.

-Eso es de lo que quería hablarte. ¿Por qué no tenemos un hijo?-le pregunté.

-¿Estás loco?¿Un hijo?¿Ahora?-me gritó.-Tienes suerte de que esté tomando la píldora.

-No sabía que lo hicieras.-dije.

-Es solo para casos de urgencia, no quiero sustos. No es momento para tener hijos.-se negó.

-Pero Lauren ahora somos jóvenes, podemos disfrutar de nuestros hijos.-le recordé. Ella se paró a pensarlo.-¿No te ves en una tienda arrasando con toda la ropita de bebé?

-Pero Edward, ¿tú crees que este cuerpo se mantiene tan sexy fácilmente?-todo hay que decirlo la modestia no es una de las cualidades de mi esposa.-El embarazo lo destrozaría.

-Sabes que eso acaba cambiando, volverás a tener tu cuerpo.-le aseguré.

-¿Y las estrías? No no no, te ofrezco dos opciones, o una madre de alquiler, con lo cual yo me ahorro engordar y parir, o adoptar. Tú eliges.-me ofreció.

No me emocionaba la idea, pero no parecía que ella fuera a ceder, así que como siempre me tocaba a mí.

-No quiero madres de alquiler, tendríamos que buscar una persona adecuada y encima mantenerla y cuidarla y nadie nos asegura que no se encariñe y se largue con nuestro hijo. Adoptaremos.-acepté.

Fue rápido porque estábamos en una buena situación, jóvenes, con dinero, empleo estable, yo soy médico y Lauren tiene una tienda de cosméticos. Nos dieron a una pequeña de apenas unas semanas. Era preciosa, como una princesita, tenía unos labios gorditos y redondos, una naricita respingona, su pelo era castaño con ricitos y sus ojos de un marrón chocolate adorable. Con tan solo una mirada caí enamorado de esa niña. La asistente social nos informó que la habían dado en adopción con muy poco tiempo de vida, pero que la persona que la dejó ya la había inscrito en el registro con el nombre de Elizabeth Anne Swan.

Lauren estaba encaprichada en cambiarle el nombre, pero esta vez no cedí a sus exigencias y decidí matenerle el nombre a la pequeña, me gustaba su nombre, era tan hermoso como ella.

Un día que Lauren fue a su sesión semanal en el spa llevé a la niña a la casa de mis padres para que la conocieran. Mi familia y Lauren no se llevaban bien, ellos me repetían que ella se aprovechaba de mí y me manejaba pero a mí no me importaba.

Llegué a la mansión de mis padres, tenía llave pero después de tanto tiempo sin ir no me pareció correcto usarla, así que decidí llamar al timbre. Salió mi madre, Esme, a abrirme. Me miró emocionada y después se fijó en el bultito que llevaba en mis brazos. Una sonrisa enorme se formó en su rostro.

-Edward, ¿es ella?-me preguntó llorando, yo asentí con una sonrisa y se la pasé cuidadosamente.-Es preciosa.-murmuró mientras la mecía.

-¿Quién es, mamá?-preguntó la voz de mi hermana la duendecilla al otro lado de la puerta. Cuando me vio saltó hacia mí.-¡Edward, estás en casa!-gritó.

-SHHHH.-le chistamos mi madre y yo para que no despertara a la pequeña.

-Pero, ¿qué...?-no entendía nuestra reacción hasta que vio el bebé que nuestra madre llevaba en brazos.-¡Oh!

Se acercó despacio y retiró un poco la mantita que abrigaba a la niña. Sus ojos se humedecieron.

-Es un ángel.-susurró al verla.

Pasamos al salón donde estaban el resto de la familia. Les hicimos una señal a todos de que guardaran silencio para no despertar al bebé que ahora Alice cargaba. Rosalie, la esposa de Emmett, se levantó a echarle un vistazo a la pequeña, y mi hermano la acompañó.

-Felicidades Edward, tienes una hija preciosa.-me dijo Rose.

-Gracias, lo sé.-contesté.

-Antes estaba aterrorizado, pero ahora tengo cada vez más ganas de que nazca el nuestro.-le dijo Emmett a Rose poniendo la mano en su abultado vientre de 7 meses.

-¿Cómo se llama?-me preguntó mi padre rozando la mejilla de mi hija.

-Elizabeth.-contesté.

-Como la abuela.-apuntó Alice.

-Sí, ella ya estaba inscrita con ese nombre y decidí no cambiárselo, solo haré algunos retoques para que pase a ser Cullen en vez de Swan.-respondí.

-Y, ¿por qué no le dejas el Swan detrás?-sugirió Jasper.

-Elizabeth Anne Cullen Swan.-murmuré.-Me gusta, pero Lauren se pondrá como una histérica. Después de todo ni siquiera la dejé ponerle el nombre que ella quería.

-Oh, sí.-se rió Alice.-Salomé Priscilla Cullen Mallory. La niña se suicidará antes de cumplir 3 años.-bromeó.

-Hijo, lo siento, pero el nombre que eligió tu esposa era horrible.-me dijo mi madre.

-Lo sé, pero es el nombre de sus dos abuelas.-repuse.

-Ya, pero por suerte nuestra abuela tenía un nombre bastante más bonito.-contraatacó Emmett.

Seguimos bromeando hasta que Elizabeth comenzó a despertarse, era su hora de comer. Fue gracisosímo ver a cuatro personas adultas peleándose por alimentar a un bebé, pero después empeoró.

-Yo soy su abuela, debo tener esos privilegios.-apuntó Esme.

-Pero yo voy a ser madre dentro de poco y necesito acostumbrarme.-repuso Rose.

-Y yo seré padre y casi no he tocado un niño en mi vida.-ese era mi hermano.

-Con más razón, vosotros vais a tener un bebé y podréis cuidarlo, y Esme tendrá dos nietos a los que mimar, yo no tengo nada, solo el placer de poder sentirme tía.-se entristeció Alice.

-Ey cariño.-se acercó Jasper a ella, pero mi hermana le rehuyó. Subió las escaleras y se encerró en su habitación. Mi cuñado corrió tras ella.

En el salón todos nos quedamos en silencio. Yo sostenía de nuevo a mi hija mientras todos nos mirábamos. Jasper bajó con mala cara.

-No me abre la puerta. No quiere hablar conmigo.-nos informó.

-Pues hablará con su sobrina.-repuse yo.

Subí las escaleras con Elizabeth y entré en la habitación de Alice sin llamar.

-Edward, márchate.-me pidió.

-Yo me iría, pero ella no quiere.-dije señalando a mi niña.-Quiere que su tía favorita le dé de comer.

Ella me miró con los ojos rojos y una expresión triste. Le tendí al bebé y ella lo cogió dulcemente. La miró a su cara sonrosada y una sonrisa empezó a nacer en su cara. Le pasé el biberóna Alice, ella se lo puso a Elizabeth que comenzó a succionar fuertemente. Me senté junto a mi hermana y pasé mi brazo por sus hombros.

-Alice, ¿a qué ha venido esto?-le pregunté.

-Vosotros no podéis entenderlo. Tú ya tienes la familia que tanto querías, aunque sea con Lauren.-rodé los ojos.-Y Emmett va a tenerla pronto. Yo no tengo nada.

-Eso no es cierto, tienes a Jazz.-la corregí.

-Él y yo llevamos saliendo diez años, Edward, y nuestra relación no avanza. He estado mucho tiempo esperando que dé un nuevo paso, pero nada. Tiene miedo a comprometerse, y yo no puedo más. Si lo que él quiere es seguir viviendo con sus amigos de la universidad y salir conmigo los viernes para ir al cine, se tendrá que buscar a otra, porque yo quiero algo más.-me explicó.

Ahora sí veía la posición de mi hermana, después de todo, ella comenzó a salir con Jasper cuando tenía 16 años, soñaba con casarse y tener cinco hijos con él, hasta había decidido nombres. Y aquí estaba ella diez años después, y ni siquiera le había pedido que fueran a vivir juntos.

-Ya conoces a Jazz, es muy inseguro. Dale tiempo.-le rogué.

-¿Más?-me preguntó incrédula.-No, Edward, sé que es tu amigo, pero no puedo. Si él no quiere que sea la madre de sus hijos yo encontraré a otro padre. Tengo 26 años y me he hartado de esperarle, no es la única persona que puede quererme y quizás encuentre a alguien que sepa valorarme.

-Esto será difícil, después de todo, es amigo de Emmett y mío, y el hermano de Rose. Le verás muy a menudo.-le recordé.

-No, no lo haré.-la miré confundido.-Edward la firma de ropa Vittorio y Lucchino me ha ofrecido un trabajo en la pasarela de Madrid, no lo había aceptado antes por él, pero ahora creo que voy a hacerlo.

-Pero eso está muy lejos.-repuse.-No puedes abandonarnos.

-Os llamaré y vendré a veros en las fiestas. Además solo será hasta que me haga un nombre, después volveré a EEUU. Lo prometo.-contestó.

-Está bien.-acepté.-Si es lo que quieres.

-Es lo que quiero. Aunque echaré de menos a esta princesita.-le sonrió a la niña que se había quedado dormida en sus brazos.

-Ella te estará esperando aquí con su padre.-le aseguré.

-Gracias, Edward.

A los pocos días de aquello Alice dejó a Jasper, tomó un avión a Nueva York, y después otro desde ahí hasta Madrid. La íbamos a echar mucho de menos.

Aunque yo tenía una alegría en casa que no permitió apenarme. Tener a Elizabeth en casa era un sueño, por lo menos para mí. Lauren se mostraba reacia a estar con ella, casi parecía que le asqueara cogerla. Yo intenté que pareciera que no me importaba, pero no era así, me dolía cada mal gesto que ella le hacía a nuestra hija.

Pocas semanas después Emmett me avisó de que Rose estaba de parto. Lauren, Elizabeth y yo fuimos al hospital a verlos. Habían tenido un niño, le pusieron Robert Jason Cullen. Ver a mi cuñada y a mi hermano con el bebé era como las imágenes de los anuncios, parecía que ahora todo era como debía ser. Pero noté a mi esposa muy seria durante la visita.

Cuando volvíamos a casa ella estuvo todo el camino callada. No quise decirle nada, parecía enfadada.

Llegamos a casa, dejé a la niña en su cuna y fui a hablar con Lauren.

-¿Qué ocurre?-le pregunté.

-Edward, quiero que devuelvas a la niña.-me dijo y yo me quedé muerto.

-Pero, ¿por qué? Es adorable y no hemos tenido ningún problema.-repuse.

-Tú no has tenido ningún problema. Yo sí. Y el problema es que ella no es mi hija.

-¿A qué te refieres?-inquirí.

-Pues que no la quiero, no siento afecto por ella. ¿Has visto a Rosalie con su bebé? Ese es el rostro de una madre con su hijo, yo quiero mirar a alguien con tanto amor, y esa persona no es Elizabeth.-contestó.

-Fuiste tú quien se negó a estar embarazada.-apunté.

-Pero ahora sí quiero, así que habla con el asistente social y devuélvela.-me exigió.

-Podemos tener más hijos sin tener que deshacernos de ella.-le recordé.

-No quiero, mis hijos no se criarán con ella, mándala de vuelta.-me ordenó.

-¿Qué te crees que es? ¿Una de tus malditas blusas del centro comercial? Es una persona pequeña e indefensa que nosotros aceptamos cuidar.

-No me hables así, Edward Cullen. Te lo voy a dejar muy claro, la niña o yo.-me dio a elegir.

-Si lo pones así.-fingí meditarlo.-Entonces vete, ¿te mando yo los papeles del divorcio, o lo haces tú?

Ella gruñó, cogió sus cosas, las metió a lo loco en una maleta y salió dando un fuerte portazo que despertó a la pequeña. Escuché a mi hija llorar en su habitación. Fui a por ella, la tomé en mis brazos y la arrullé.

-Traquila, pequeña, papá está aquí.-le susurré.-Yo no voy a dejarte nunca, cariño, nunca.-le prometí, y pensaba cumplirlo.


Bueno espero que os haya gustado el primer capítulo, no sé que os parecerá la historia. Ese ha sido mi primer lemmon, no sé cómo habrá quedado.

Por favor dejad vuestras opiniones, necesito reviews please ^^