Disclaimer: Todo el fabuloso mundo de Harry Potter le pertenece a JK Rowling.

Sumary: Harry y Ginny son dos aurors que deben aceptar una extraña misión. Una misión que involucra vivir toda la pesadilla de Voldemort nuevamente en un mundo paralelo. Un mundo donde los Potter, Sirius, Fred, Remus y Tonks, entre otros, están vivos. Claro, ellos no pueden revelar su identidad.

Bueno, aquí estoy con una nueva historia. Y otra con los padres de Harry. Mmmm creo que estoy obsesionada con la idea de juntarlos, pero bue... aquí va... Espero les guste!


CAPITULO 1: LA MISIÓN



Estaba sentado en su despacho con los pies sobre su escritorio, su mirada estaba perdida entre los retratos que se encontraban sobre las mesas. En una estaba él junto con su novia, los dos sonriendo, él la tomaba por la cintura mientras ella le pasaba los brazos a través del cuello. Cerca había otra en la que un pequeño niño con cabellos azules lo saluda con una mano y seguido otra más en donde estaba él junto a sus dos amigos en la época colegial. Algo por detrás de las otras, había una cuarta donde estaban sus padres, junto con sus dos amigos alrededor de él antes de que cumpliera el año de edad. En la última había una llena de cabezas pelirrojas, entremezclada con una pelinegra y otra castaña; todos sentados bajo un árbol cerca de un lago. Sonrió al verlas todas, cada una de ellas representaban lo más importante en su vida. Las personas que daban razón a su existencia.

Observó con atención las cinco fotografías, algunas personas estaban vivas, mientras que otras habían partido hacía tiempo. Pero todas estaban junto a él. Sonrió nostálgico y contento de pensar en todos los sacrificios que habían hecho, en todo lo que habían vivido para conseguir que los que se habían quedado pudieran disfrutar una vida tranquila y alegre.

Golpearon a la puerta sacándolo de su ensoñación, bufó, seguramente sería su jefe que venía a presentarle a su nuevo compañero, ya que hacía una semana su mejor amigo, hace tiempo devenido en cuñado, había decidido tomarse un año de licencia para ayudar en la tienda de bromas de su hermano.

- Adelante – dijo escuetamente.

Su jefe entró en el despacho. El señor Smith era una persona sumamente agradable, buen jefe y muy buen auror, sobre todo por que no lo trataba como una celebridad sino como un auror más. Para aquel hombre, Harry Potter no era el niño que vivió ni tampoco el salvador del mundo, sino que era uno de sus mejores aurors y así se lo demostraba a cada momento asignándolo a las misiones más delicadas que requerían de personas experimentadas.

- Bueno Harry, ya sabrás para que estoy aquí, traigo a tu nuevo compañero.

El joven de 22 años asintió algo molesto y ofuscado, pero trató de sonreírle a su jefe.

- Acaba de salir de la academia y me pareció que el mejor entrenamiento que podía tener era trabajar junto a uno de mis mejores aurors.

Lo que necesitaba, un inexperto. Se había acostumbrado demasiado a trabajar con Ron, desde mucho antes de que ambos se convirtieran en aurors. Ahora tenía que acostumbrarse a una persona desconocida, a la que tenía que enseñarle.

- Se lo que debes estar pensando, pero debo advertirte que es alguien con quien te gustara trabajar, ya que a pesar de haber salido recién de la academia tiene mucha experiencia en combate.

Su jefe se volteó hasta la entrada de la puerta que no había cerrado e hizo señas para que quien estuviese afuera entrase. Unos segundos después una hermosa joven de cabellos rojizos y gran sonrisa entró en la habitación.

- ¿Ginny? – balbuceó el pelinegro.

Ella asintió. Smith se despidió con un gesto gracioso y cerró la puerta detrás de si.

- ¿Desde cuándo lo sabes? – dijo él acercándose a la muchacha.

- Desde ayer.

- ¿Y no podías habérmelo dicho? – parecía enojado, pero sus ojos demostraban otra cosa.

- Quería ver tu cara de sorpresa, además no se dio la oportunidad – puso cara de inocente.

- ¿Así que no tuviste oportunidad? – dijo el rodeándola por la cintura – haber dime en que momento no tuviste oportunidad – él simuló que estaba pensando – ¿cuándo estábamos cenando en casa? O quizás después ¿cuándo estábamos mirando esa película muggle que Hermione insistió o en que veamos? Tal vez ¿cuándo hacíamos el amor?

Ella rió mientras lo besaba dulcemente.

- Entonces ¿este es mi escritorio? – dijo caminando hasta el que se encontraba enfrente al del muchacho.

- Si, así es... – él se acercó a ella para abrazarla.

- Mmm, señor Potter, creo que estamos aquí para trabajar – dijo ella correspondiendo el abrazo, primero, y apartándolo después.

- Si, creo que tiene razón, auror Weasley – el muchacho le dio la razón, pero al mismo tiempo puso cara de no estar de acuerdo, lo cual provocó la risa de la chica.

El resto del día se la pasaron acomodando las pertenencias de la joven y hablando de cómo serán sus próximas misiones juntos, aunque Harry tenía que reconocer que hacía tiempo que no se encontraba con ningún caso muy significado. Cuando llegó la noche salieron del despacho y caminaron rumbo a las chimeneas de la planta baja.

- Amor – le dijo Harry – antes de ir a casa podríamos pasar unos momentos a la madriguera, así le contamos a tu mamá ¿te parece?

- Si, así tenemos la excusa perfecta para llegar justo a mi fiesta sorpresa.

El muchacho la miró sorprendido ¿cómo se había enterado?

- Ay Harry – dijo riendo del gesto de desconcierto de su novio – mi madre ha hecho una fiesta sorpresa para cada uno de ustedes, solo faltaba yo. Cuando tu y Ron se recibieron de aurors, cuando Hermione terminó su licenciatura en leyes mágicas, hace una semana cuando George y Ron reabrieron la tienda...

- Ya entendí, ya entendí.


El ministro de magia, Kingsley Shacklebolt, estaba en su despacho caminando de un punto a otro, mientras dejaba que su respiración profunda llenara el silencio de la habitación. En la mañana había recibido la visita del director del departamento de misterios, lo que ese hombre le había contado en ese momento lo había dejado fuera de la realidad durante todo el día, había cancelado todas las citas y reuniones y no había hecho otra cosa que leer y releer los informes que el inefable le había dejado. De un momento a otro volvería, pero esta vez acompañado de alguien más, de alguien del otro lado, "el otro lado" pensó irónico. Golpearon la puerta y abrió apresuradamente, el director del departamento de ministerio y el otro hombre entraron, se sorprendió grandemente al ver de quien se trataba. El hombre lo miró fijamente, mientras se retiraba la capa que ocultaba su cabeza, notando que la mirada de ese primer ministro no era otra que de sorpresa.

- Buenas noches señor ministro – dijo el director.

- Buenas noches Johnson.

- Le presento al señor Albus Dumbledore, aunque creo que no necesita presentación alguna.


Harry y Ginny llegaron a la madriguera justo a tiempo para que se apagaran las luces de todas las habitaciones, ella rió bajito y él le hizo señas de que se callara.

- Por lo menos hasta la sorprendida cuando entremos ¿si?

- Por supuesto, yo no sería capaz de arruinarle la fiesta a mi madre.

Llegaron a la puerta, la chica la abrió lentamente y llamó a su madre.

- Mamá, mamá ¿estás aquí? Hay algo que quiero contarte.

- Sorpresa... – gritaron todos los presentes al mismo tiempo que se encendían las luces.

Cada uno de los integrantes de su familia, sus cuñadas, Neville, Luna, Andrómeda y Teddy estaban reunidos en el centro de la cocina. Se le acercaron corriendo y la abrazaron felicitándola por haber terminado su carrera. Caminaron hacia la sala de estar donde se encontraban los bocadillos y las bebidas, en el centro se encontraba colgado un cartel que decía "Felicidades Auror Ginny Weasley". Toda la habitación estaba decorada con imágenes de su rostro sonriendo.

Ella esbozó una sonrisa alegre. Desde el inicio supo que esa fiesta la estaban preparando, pero igualmente se sintió feliz por que la hubieran querido sorprender. Su madre se veía alegre y caminaba entre todos lo invitados verificando que todo estuviera en su lugar. Miró a Harry que se encontraba con Ron y George riendo, seguramente estos les estaban comentando como había sido la primera semana de la nueva Sortilegios Weasley, en ese mismo momento Teddy atravesó corriendo todo el salón y se trepó a los brazos de su padrino que lo recibió con una enorme sonrisa. Sonrió. Luego volteó la vista hacia Hermione que hablaba muy animadamente con Luna y se las imaginó discutiendo por animales fantásticos.

- De cazadora estrella a flamante auror – dijo Neville acercándose.

- Así es.

- ¿Gran cambio eh?

- Bastante, pero no soy la única – le dijo a su amigo - ¿Cómo te está yendo con Hogwarts?

- Muy bien, es agradable ser ayudante de la profesora Sprout.

- Además siempre fuiste su preferido.

Él se sonrojó por el cumplido. Ginny lo miró sonriendo, a pesar de los años, y de todo lo que Neville había vivido, aún a veces se encontraba en el chico tímido que la había llevado al baile de navidad.

- ¿Cómo vas con Hannah?

- Excelente – Neville hizo un gesto, que Ginny reconoció inmediatamente, era el mismo que veía cuando Ron miraba a Hermione o cuando Harry la miraba a ella – este mes que llevamos de casados ha sido maravilloso.

- Me alegro por los dos.

- Ella vendrá más tarde, cuando cierren la taberna.

- ¿Cómo es vivir en Hogsmeade? – preguntó Harry acercándose con Teddy en brazos.

El niño estiró sus manos hacia la pelirroja que lo tomó inmediatamente entre sus brazos.

- Ya estás pesado, Ted, para que tía Ginny te alce.

El niño miró enojado a Ron por decir esas palabras. El pelirrojo esbozó una sonrisa burlona al chico y este le sacó la lengua.

- No te preocupes, Teddy, no pesas tanto – lo cual era mentira ya que con cuatro años el niño ya era bastante grande para poder alzarlo.

Harry le acercó una silla, y ella tomó asiento agradecida por la amabilidad de su novio. Poco a poco fue rodeado por sus amigos.

- ¿Decías Harry?

- Así, Nev – por mirar a su ahijado y a su novia se había olvidado de la pregunta que le había formulado a su amigo. Miró a Ginny sentada con Teddy en brazos, y sonrió pensando en lo que iba a hacer en la mañana siguiente. Volvió su atención a Neville – Si te preguntaba como es vivir en Hogsmeade.

- Muy bueno en realidad, no tener que estar observando si hay muggles para poder sacar la varita – los otros asintieron en comprensión – Además es un buen lugar para combinar mi trabajo con el de Hannah.

- ¿Te gusta tu nuevo trabajo? – preguntó George – Es bastante diferente del anterior.

- Si, este es el que siempre quise... El otro solo fue temporal para ayudar a Kingsley.

- A pesar de que hace meses que ya no trabajas de auror, todavía sigue preguntándome si no te habrás arrepentido – rió Harry – Y encima cuando Ron decidió también abandonar, casi le agarra un ataque...

- Por eso me ofreció lo de la licencia... pero realmente no creo que vuelva – aclaró el pelirrojo abrazando a su novia, que llegaba hasta ellos junto con Luna.

- ¿Qué era eso tan interesante que hablaban ustedes dos? – preguntó Ginny a sus dos amigas.

- Luna me estaba contando sobre su última investigación – Hermione alzó las cejas mirando a Ginny, esta entendió perfectamente el gesto. Habían hablado algo más allá de animales bajo estudio – tiene un nuevo compañero biólogo.

- ¿Así? – preguntó Ginny interesada.

- Rolf Scamander – aclaró Hermione.

- ¿Scamander?... ¿Cómo el escritor de Animales Fantásticos?

- Si, Rolf es el nieto de Newt Scamander – dijo Luna mirando hacia un punto distante.

- ¿Y es lindo, Luna? – preguntó Ginny, mientras Hermione la incitaba a contestar.

Ron y Harry miraron frunciendo el seño a sus respectivas novias, mientras Neville y George se reían de los gestos que los dos amigos hacían.


Kingsley seguía mirando a Dumbledore sin dejar de expresar sorpresa en sus ojos, lo más inquietante para el ministro, era que este Albus Dumbledore también parecía traspasarlo con la mirada.

- Como verá señor – dijo el inefable – es un tema delicado, ellos están pidiendo nuestra colaboración.

- Si comprendo – dijo el moreno – entiendo el porque del pedido.

- Se dará cuenta señor ministro – habló el antiguo director de Hogwarts – para nosotros es muy importante contar con la misma ventaja que tuvieron ustedes.

- Si, entiendo su postura. Espero que pueda entender la nuestra. Esta no es una decisión que pudiera tomarse de un momento a otro. Estamos hablando de algo que nosotros creíamos realmente enterrado y en el pasado.

Dumbledore lo miró con una pequeña sonrisa de comprensión.

- Por supuesto, es perfectamente entendible que necesite tiempo para pensarlo. Creo que si yo no estuviera aquí, haciendo esto. Creería que todo es una locura.

- Gracias por su comprensión – le dijo el ministro de magia.

Albus Dumbledore se levantó de su silla dispuesto a irse. Estiró su mano para despedirse de Kingsley Shacklebolt.

- Bueno será mejor que me retire y vuelva a mi puesto. En un mes volveré por su respuesta.

- Esta bien, en un mes tendré una respuesta preparada. Sea cual sea.


Después de la cena de celebración, la pareja de novios volvió a su casa. Harry se sentó en el sillón, mientras Ginny se iba quitando los zapatos en la sala. Hacía ya un año que vivían juntos, aunque en un principio a los padres de la colorada no les había hecho mucha gracia que su hija menor se fuera a vivir con su novio sin estar casada, pero luego de muchas charlas y ayuda por parte de Ron y Hermione pudieron mudarse, mucha más de Hermione que de Ron.

- ¿Te gustó tu fiesta?

- Si fue muy linda – contesta ella parada enfrente de él.

- La organizamos juntos con tu mamá – le dijo mientras la tomaba por la cintura y la atraía hacia él.

- Entonces tengo que agradecerte – le dijo coqueta mientras se sentaba encima de él con las piernas a los costados.

El muchacho asintió. Ella lo besó suavemente en el cuello de la forma que a él le gustaba, el joven la asió fuerte contra su cuerpo mientras se impregnaba del aroma a flores que despedía su cuerpo, ese aroma que a pesar de estar juntos hace años aún lo volvía loco.

- ¿Cómo piensas agradecerme? – su voz era más baja y sensual.

- Mmm tengo una idea – dijo levantándose y tomándolo de la mano, guiándolo hacia la habitación.

Horas después, Harry tenía los ojos puestos sobre su pelirroja, ella dormía plácidamente abrazada a él con su cabeza sobre su pecho, eso lo hizo sonreír. Verla dormir era uno de los placeres más deliciosos que podía experimentar, verla dormir junto a él y con esa paz en su rostro era su recompensa por todos los años de sufrimiento que tuvo. Ella era su premio por todo el sacrificio que realizó, por todas las perdidas que tuvo. Sabía que había llegado el momento, mañana se lo diría. Pasó sus brazos a través de su cuerpo desnudo para cerrar el abrazo que ella había comenzado, cerró los ojos. Ahora podía dormir tranquilo.

A la mañana siguiente Ginny despertó algo confundida, sentía que algo le hacía cosquillas en la nariz, mientras abría los ojos divisó algo nublado el rostro de su novio que le hacía caricias con algo, cuando pudo enfocar bien se dio cuenta que se trataba de una pluma.

- ¿Qué haces?

- Te estoy despertando – respondió el mostrándole la pluma.

- Pero es sábado Harry, hoy no tenemos que trabajar.

- Lo sé, quería dejarte seguir durmiendo, pero la verdad ya no aguante y te desperté. Mira lo que te traje – dijo señalando un costado de la cama.

Ella miró hacia su derecha y descubrió una bandeja con el desayuno preparado, sonrió, el tenía esos gestos repentinos que a ella le encantaban. Cada día hacía algo para que ella agradeciera a la divinidad que fuera que hizo el milagro de que ese hombre fuera suyo. El tomó la fuente y la puso sobre sus piernas una vez que ella se sentó en la cama, se acomodó a un costado para observarla. Además del café con leche, el jugo de naranja y las medialunas, había una rosa roja más grande de lo normal y sin tallo, solamente la flor. Los ojos de él se iluminaron cuando ella la divisó, esperaba el momento en que ella la tomara entre sus manos; y así lo hizo, ni bien la tocó con los dedos la rosa se elevó suavemente hasta quedar a la altura del rostro de ella. Luego comenzó a girar desprendiendo pequeños brillos que formaban remolinos que subían hasta el techo, unos segundos después los pétalos comenzaron a caer uno a uno hasta que no quedó nada de la flor y en su lugar pudo ver una cajita roja de terciopelo, sus ojos estaban maravillados por el espectáculo pero se abrieron más cuando la tapa de la caja se levantó dejando ver dentro un anillo de oro blanco con una rosa en el centro que contenía un pequeño diamante. Sus ojos se llenaron rápidamente de lágrimas, pero no eran de tristeza sino de emoción, buscó inmediatamente los ojos esmeraldas y cuando los encontró pudo ver en ellos un destello especial, un destello que había visto en ciertas ocasiones, como cuando la había besado por primera vez en la sala común o cuando después del final de la batalla se le acercó para abrazarla.

- ¿Te casarías conmigo? – le susurró al oído.

- Si... si... ¡Si! – dijo ella con la voz entrecortada por la emoción. Juntos rieron por la reacción y por la emoción.

Entonces él tomó el anillo, haciendo que la caja descendiera hasta las sábanas, y lo depositó en su dedo. Ella levantó la mano para observarlo en todo su esplendor y después lo abrazó y lo besó con todo el amor que sentía por aquel hombre, aquel hombre que había conocido a los diez años y que la había enamorado desde ese preciso momento.

La noticia fue recibida con alegría en la familia, Molly enseguida preparó una de sus fiestas sorpresas, que de sorpresivas ya no tenían nada. La gente a su alrededor los felicitaba continuamente y no había lugar donde no se encontraban con un periodista o fotógrafo, ya que la noticia de que el elegido iba a casarse hacía que todas las revistas se agotaran a las pocas horas de haber salido. La señora Weasley comenzó a planificar la boda desde el mismo instante en que se enteró y Harry y Ginny la dejaron hacerlo con gusto, porque sabían que con eso se entretenía y evitaba caer en la depresión por la ausencia de Fred. Pusieron fecha para dentro de seis meses a finales de mayo, el mes les parecía ideal por el clima y porque era el mes en que habían comenzado a salir.

Entre los preparativos y las primeras misiones como pareja de auror, sintieron que el primer mes pasó volando, casi desapercibido, ya estaban a comienzos de diciembre. Por todas las ciudades y pueblos se podían ver los adornos y las decoraciones navideñas. Harry estaba feliz por su futuro próximo, y se lo demostraba a Ginny a cada momento, que no se quedaba atrás en emoción.

Esa mañana llegaron más temprano de lo usual al ministerio ya que su jefe les había enviado un lechuza la noche anterior pidiéndoles que estuvieran dos horas antes de la hora normal de llegada.

- Es muy temprano – se quejó Ginny cuando llegaron a su oficina. Aún estaba algo somnolienta.

- Si – dijo Harry con seriedad – debe ser algo muy importante sino no nos hubieran citado en un horario en que el ministerio está vacío.

Ella lo miró, conocía ese gesto en su rostro, era preocupación. Hacía mucho tiempo que no lo veía en él y eso le pareció mal presagio. El señor Smith entró inmediatamente después de ellos y casi sin hablar les pidió que lo siguieran. Subieron al ascensor que los llevó al piso donde se encontraba el despacho del ministro, una vez dentro del despacho, Kingsley les ofreció asiento. El director de aurors se retiró sin más, dejando a las tres personas solas, para que pudieran hablar tranquilamente.

- En que podemos ayudarlo señor ministro – dijo Harry tomando asiento.

- Kingsley, Harry, llámame Kingsley, te lo he dicho varias veces.

El muchacho asintió sonriendo. Solía llamarlo ministro más por broma que otra cosa.

- Será difícil de explicar – dijo tomando asiento también – de hecho yo aún no puedo creerlo, pero lo que les voy a decir es totalmente cierto. Hay una seria amenaza de que estemos nuevamente en peligro.

Harry se paralizó y Ginny se movió incomoda a su lado.

- ¿De... de quien...? – el pelinegro no supo como formular la pregunta, tenía miedo a la respuesta.

- De Voldemort, Harry.

- ¿Cómo? – preguntó Ginny – Eso no es posible.

- Nosotros acabamos con todos los horrocruxes, usted lo sabe. Vimos su cuerpo muerto.

- Si, Harry, lo sé y gracias a eso fue derrotado para siempre.

El muchacho quedó perplejo ante el último comentario.

- No entiendo, entonces ¿por qué dice que estamos nuevamente amenazados por ese hombre si fue derrotado para siempre?

- Este es un Voldemort diferente – dijo y le sonó tan ridículo que no pudo evitar sonreír de incredulidad – Hace unos dos meses más o menos los agentes del departamento de misterios corroboraron una teoría que hasta el momento era solo eso, una teoría, la de los universos paralelos.

Harry miró al ministro sin entender, en cambio Ginny abrió los ojos de sorpresa, ella sabía de que hablaba esa teoría, la había estudiado. El muchacho recordó de golpe.

- Ginny – la llamó a su novia – esa teoría ¿no es la que utilizaste para hacer tu tesis?

- Si, así es.

- Ya saben entonces de que se trata, universos paralelos dentro de una misma línea tiempo-espacio. Las mismas personas que habitan este universo también lo hacen o lo hicieron en muchos otros. La cuestión es que hace dos meses, como les dije, tuvimos contacto con algunos de ellos a través de un vórtice, gente del ministerio que forma parte de la misma organización que hubo aquí hace mucho tiempo, la Orden del Fénix. El problema es que no solo ellos y nosotros sabemos de la existencia del vórtice sino también...

- Voldemort – comprendió Harry – el Voldemort de esa dimensión.

- Si, así es.

- Estamos en peligro – exclamó Ginny.

- Aún no, si bien sabe sobre el portal, aún no ha localizado su ubicación.

Harry se quedó en silencio, otra vez ese hombre, otra vez el hombre que le destruyó muchos años de su vida.

- Nos pidieron ayuda – dijo Kingsley simplemente.

- ¿Y quiere que yo vaya hacia el otro lado? – lo entendió.

Ginny negó con fuerza, no otra vez, no harían que volvieran a separarse, no harían que volviera a tener noches de desvelo por no saber la suerte que corría el hombre que amaba.

- De hecho, quiero que vayan los dos.

- ¿Cómo? – gritó Harry – Pero ¿Por qué? No, no lo voy a permitir.

Ginny lo miró enojada, otra vez lo mismo, otra vez su nobleza.

- Esta vez no me dejarás afuera – le dijo ella.

Iban a comenzar a discutir, pero Kingsley los detuvo.

- Escuchen, irán los dos, son necesario los dos y les voy a explicar porqué antes de que se maten delante de mí.

Los dos se sonrojaron, habían perdidos los estribos delante el ministro de magia.

- El vórtice no puede cruzarlo cualquiera.

- ¿Por qué?

- Por el simple hecho de que no confío en cualquiera. Para empezar, la persona que vino en representación del otro universo solicitó explícitamente por ti. Él dijo que quería que fueras tú quien los ayudara.

- ¿Pero cómo supo...? – Harry lo miró anonadado. ¿Acaso su fama había llegado hacia otro mundo? Eso era demasiado para él.

- Cuando vino esta persona nosotros le brindamos toda la información con la que contábamos.

El muchacho lo miró con algo de escepticismo en sus ojos.

- No me mires así, Harry. Recuerda que yo fui auror mucho antes que tú.

- Lo siento, Kingsley. Es que me parece una locura entregar información a un desconocido así como así.

- No fue así como así, como tu dices. Fue puesto ante varias pruebas, entre las que se encuentra el veritaserum. Y recién luego de confirmar su confiabilidad le brindamos todo nuestros conocimientos.

- Entiendo – intervino Ginny – Cuando leyó sobre Harry, no pudo evitar pedir por su ayuda. ¿Y yo?

- A ti te elegí yo – le sonrió amablemente – Si Harry iba para allí, no creí que fuera bueno que vaya solo. Y tu tienes los conocimientos necesarios. Además, era obvio que no mandaríamos a cualquiera hacia el otro lado, solo a los que formamos parte de la orden del fénix anteriormente, si bien ustedes no eran una parte formal de ella. Entre los que sobrevivimos, ustedes dos son los únicos auror. Y este hecho da la excusa perfecta para que se ausenten varios meses sin levantar sospechas. Una misión secreta es ideal para explicar su ausencia. Además hay algo más que me pareció conveniente...

Harry frunció el seño interrogante ante ese comentario. Kingsley continuó explicando.

- Sus alter egos. O sea, el Harry Potter y la Ginevra Weasley de ese mundo no van a ser un impedimento para sus acciones... Y eso es de gran ayuda.

- ¿Por qué no van a ser impedimento? – preguntó Ginny.

- Ellos están muertos.

Ninguno de los dos respondieron ante semejante información, era realmente absurdo como todo sonaba, pero obviamente no era una broma.

- Si aceptan, parten en dos días.

- No tenemos alternativa. No quiero que Voldemort vuelva. Fueron muchos años de mi vida regidos por él y no quiero que vuelva a ser así.

Shacklebolt sonrió ante la respuesta. Caminó hacia atrás de su despacho y de un cuadro que se convirtió en caja fuerte, tomó dos archivos y les entregó uno a cada uno.

- Estas son las personas con las que se van a relacionar, con quienes van a trabajar. Ya saben que irán dos de nosotros, pero no saben quien.

Harry abrió con cuidado y comenzó a ver los integrantes de aquella orden del fénix, se estremeció al ver quienes eran, gente que ya no podía ver en esa realidad, Ojocolo, Dumbledore, Lupin, Tonks, Snape, los Longbottom, Sirius y hasta sus padres. También estaban Hermione y los Weasley.

- Fred – susurró Ginny al ver la foto de su hermano.

- Ellos están vivos – dijo Harry refiriéndose a sus padres.

- Así es, en su universo, aquella fatídica noche resultó un tanto diferente – respiró hondo – aquella noche Voldemort cumplió con la profecía, el que murió fue tu alter ego y no tus padres.

- ¿Y yo? Digo ¿mi alter ego como murió?

- En un ataque en King's Cross, tenía diez años, fue un primero de septiembre. Murió mucha gente, muchos inocentes.

Ginny palideció.

- El día que te conocí – le susurró a Harry al oído.

Él sintió un escalofrío recorrer por su cuerpo. Pensó que hubiera pasado, si la que hubiera sufrido el atentado hubiera sido su Ginny. Seguramente no hubiera tenido su principal esperanza para luchar en la batalla.

Siguieron hablando un tiempo más sobre la misión, preparando la partida y trazando los planes que deberían llevar a cabo. Estuvieron todo ese día en el despacho del ministro de magia. Al salir de ministerio decidieron partir rumbo a la madriguera junto con Kingsley, deberían informarles a los señores Weasley sobre la misión. En la cena solo se encontraban los padres de su novia, Ron y Hermione, eran los únicos que sabrían de la misión, ya que no podrían incluir a más gente, debían manejar esa información con sumo cuidado. Al principio Molly Weasley se negó rotundamente a que alguno de los dos fuera hacia el otro lado.

- Nosotros ya sufrimos esa guerra ¿porque ahora mis hijos deben revivirla?

Harry la miró con ternura y preocupación. Sonrió en ella al llamarlo hijo. A pesar del tiempo que había transcurrido, aún le emocionaba que ella lo quisiera así. Después de todo, era la única madre que había conocido.

- Se, Molly, que esto es difícil para ti.

- Kingsley... ¿Por qué? ¿Por qué ellos no pueden arreglarse solos?

- Ellos no tienen a Harry.

Harry lo miró dudoso. A pesar de todo lo que le había explicado el ministro, sentía que había algo que no cuadraba en todo esto.

- Pero...

- Es muy posible que ese Voldemort encuentre el portal...

- Oh Merlín – dijo Hermione escandalizada.

- ¿Nosotros no podemos acompañarlos? – preguntó Ron, refiriéndose a él y a su novia.

- No, creo que es mucha gente. Y si desaparecen los cuatro, los medios no se quedaran tranquilos. Harry y Ginny son aurors, pero con ustedes ¿cómo vamos a cubrir su ausencia.

Los dos asintieron comprendiendo aunque no muy gustosos.

- Es la primera vez que vas a luchar contra Voldemort sin nosotros – le dijo Hermione a Harry..

Ron la miró sonriéndole y le acarició la espalda. Tenía la misma sensación que ella.

- Además sería incómodo trabajar con sus alter egos alrededor de ustedes. Ellos pertenecen a la Orden del Fénix.

- ¿Y Harry y Ginny? A ellos también les va a resultar complicado con sus alter egos, allí – cuestionó Ron tratando de convencer que los dejaran ir.

- No, ellos no van a ser un problemas – dijo Harry simplemente.

- ¿No pertenecen a la Orden? – preguntó Hermione.

- No. Es algo... ellos no están.

- ¿Eso quiere decir que los Harry y Ginny de la otra dimensión están muertos?

- Si, Ron – dijo su hermana.

- Eso no importa – interrumpió la señora Weasley – no voy a permitir que ustedes vayan a arriesgar sus vidas – y luego se dirigió a Kingsley – Harry ya cumplió su misión aquí ¿por qué él tiene que volver a pasar por todo eso? Y mi hija... yo ya perdí a uno en esta guerra, en nuestro mundo. No tengo porque perder dos hijos más, en una guerra que no nos pertenece.

Su marido la abrazó para consolarla, ya que la mujer había comenzado a llorar. Todos la miraron comprendiendo su preocupación. Ninguno de ellos quería volver a pasar por todo lo que alguna vez habían pasado.

Pero, luego de largas discusiones entró en razones, todo era para que ese maldito hombre no apareciera nuevamente en sus vidas. Aún así no estaba conforme, todavía soñaba con el cuerpo sin vida de su hijo, no podría soportar que a alguno de ellos, tal vez a los dos, les sucediera algo, su corazón no lo aguantaría.

Esa noche, Harry y Ginny llegaron tarde a su departamento, había sido un día largo y extraño. El joven se apoyó sobre la puerta una vez cerrada con los ojos apuntando al cielorraso, su novia lo miraba atentamente, ambos habían perdido gente en la guerra, pero él aún más que ella y ahora cuando todo estaba bien, cuando todo llevaba el curso adecuado, tenían que volver a pasar por las mismas situaciones. Caminó hasta él y le tomó las manos, cerró sus ojos ante el contacto, ella era la única que tenía ese poder sobre él, el poder de tranquilizarlo tan solo con su tacto, la abrazó con fuerza. Durante unos momentos todo desapareció, solo importaban ellos dos, no había Voldemort, no había horrocruxes. No había perdidas. Ella lo dirigió hacia el sofá y lo sentó a su lado.

- ¿Cómo voy a hacer para controlarme cuando los vea?

- No lo sé, yo tampoco se como voy a controlarme para no saltar a los brazos de Fred.

Acarició su rostro, ella también estaba sufriendo y él tan insensible solo había pensado en su dolor.

- Lo siento amor, no me di cuenta que esto te afecta igual que a mí.

- Lo se, no te preocupes, vamos a descansar, mañana será otro día largo.

Esa noche ninguno de los dos pudo dormir demasiado. Harry la escuchó moverse sin parar, no encontraba una ubicación adecuada, en cambio él estaba petrificado por el susto. Miraba continuamente el reloj en su mesa de dormir, el tiempo parecía pasar con una rapidez espeluznante. Ginny seguía moviéndose hasta que no aguantó más y se sentó en la cama.

- Es estúpido seguir intentándolo, hoy no voy a poder conciliar el sueño.

- Ninguno de los dos.

Ella se acercó y lo abrazó con fuerza.

- Creo que mañana voy a ir a ver al retrato de Dumbledore – dijo él mientras le devolvía el abrazo.

- ¿Qué deseas preguntarle?

- No estoy seguro, pero necesito hablar con él antes de que partamos. No se, es como...

Ella entendía a que se refería, él necesitaba su consejo, el antiguo director del colegio había sido siempre la voz de la razón de Harry. En vida había velado por su novio y había sido quien lo guió en todos sus momentos difíciles, su más grande protector. Luego de que todo terminara, él se había acostumbrado a ir al despacho de McGonagall para hablar con el retrato, si bien no era muy frecuente que pidiera su consejo para los casos que le asignaban, a veces si los necesitaba, y obviamente esta era una de esas. Ella ni siquiera se molestó en ofrecerse a acompañarlo, tenía muy claro que necesitaba ir solo.

A la mañana siguiente, Ginny se dirigió hacia el ministerio, mientras que Harry se encaminó hacia Hogwarts. Se apareció en Hogsmeade, la gente en la calle lo saludaba efusivamente como era costumbre. Al llegar al límite de los terrenos, fue Hagrid quien lo recibió y los escoltó hasta el despacho de la directora, ella lo dejó entrar inmediatamente comprendiendo con quien quería hablar el pelinegro.

- Harry, ¿cómo están Ginny y los Weasley?

- Muy bien profesora - ella sonrió, a pesar de que ya no le dictaba clases desde hacía cinco años él no dejaba el formalismo de lado. Cosa que a ella parecía agradarle.

- Supongo que quieres hablar con el retrato de Albus.

- Si, así es.

- Bueno, entonces los dejo solos.

- Gracias Minerva – le dijo el retrato mientras la directora se retiraba.

- Buenos días, profesor.

- Hola Harry ¿cuándo comenzaras a llamarme por mi nombre?

- Creo que nunca – sonrió el muchacho.

- Eso me temo – le devolvió la sonrisa.

Comenzaron hablando cosas banales, como iba su trabajo, sobre los Weasley, su convivencia con Ginny, momento en que aprovechó para informarle sobre su boda. Luego de un rato de conversación y sonrisas, Harry fue al asunto que lo preocupaba.

- ¿Sabe sobre la teoría de universos paralelos?

- Si conozco sobre el tema de universos paralelos o dimensiones múltiples – dijo pensativo recorriendo con sus ojos celestes la habitación – ¿esto tiene que ver con alguna misión tuya?

- Si – dijo simplemente.

El anciano del retrato hizo ademanes con su mano para que el ojiverde continuara relatando.

- El departamento de misterios ha confirmado esta teoría, de hecho a encontrado un vórtice a uno de ellos.

Harry le explicó detalladamente todo lo que Kingsley les había dicho el día anterior, a medida que su relato iba llegando a temas más delicados su voz se iba tornando algo más baja y con una notoria congoja. Cuando terminó, el antiguo director soltó un sonoro suspiro.

- El único que sabrá quienes somos realmente será usted.

- Mi alter ego – dijo distraídamente.

Harry se llamó a silencio por algunos momentos, había algo que le rondaba en su cabeza, que ni siquiera a Ginny se lo había expresado.

- En todo esto hay algo que no..., no se exactamente que..., pero me parece extraño.

- ¿Qué?

- No entiendo la necesidad de que yo pase hacia el otro lado – trataba de formular en su cabeza la forma de transmitir su duda claramente – si necesitan información sobre los horrocruxes, podríamos darles mucha, expedientes, archivos, hasta los recuerdos si también los necesitaran, pero parecen insistir en que cruce.

- Entiendo – lo miró con sus ojos claros durante algunos segundos – ¿tu temor es que te necesitan para algo más que para la búsqueda de horrocruxes?

- Exactamente.

- Suena lógico.

Harry se sintió algo aliviado al expresar su inquietud y que al profesor no le pareciera descabellado, eso era lo que le rondaba sus pensamientos desde hacía veinticuatro horas. No había querido trasmitírselo a su novia para no crear mayor pesar en ella, aunque conociéndola sabía que no iba a tardar demasiado en tener las misma inquietudes que él, si ya no las tenía. Ella era una brujita muy inteligente.

- En su debido momento tendrás que hablar con mi alter ego.

- Si, eso creo. Él será el único que sabrá quienes somos.

- O sea que fue mi alter ego quien pidió que vayas.

- Si ¿usted cree que él sepa sobre todo lo que me sucedió? Digo, cosas más allá de lo que Kingsley le informó.

- Es muy posible. Aunque no puedo asegurarlo.

Luego de su visita al colegio, Harry fue rumbo a su trabajo. El resto del día, Ginny y él la pasaron con el ministro de magia planteándose los problemas que podrían surgir, las formas de remediarlos y todo aquello que incumbía a la misión. El ambiente estaba cargado de un humor extraño, no había mucha conversación y solo se limitaban a hablar de lo que sucedería al día siguiente.

La noche llegó pronto y con ella una nueva desvelada de la pareja, ambos seguían igual a la noche anterior, Ginny inquieta y Harry casi petrificado. Se levantaron cuando sonó el despertador sin pronunciar ni una palabra, el desayuno quedó intacto. Ginny escribió en un pergamino y lo mandó con su lechuza a su madre para despedirse. Una vez en el ministerio se dirigieron directamente al despacho del ministro, quien ya los esperaba impaciente, juntos los tres se encaminaron hacia el departamento de misterios. Uno de los inefables les cambio el pelo y los ojos. Harry lucía ahora un cabello lacio castaño claro, algo largo, que caía sobre su rostro intentando ocultarlo, sus ojos eran celestes y llevaba puesto unos lentes de contacto, Ginny tenía un cabello negro y ondulado que caía hasta sus hombros con unos ojos verdes oscuros.

- Ahora tu pelo está manejable – le dijo ella mientras acariciaba su cabeza – quien lo diría. ¿Cómo me sienta este color?

- Hermoso, como todo lo que tu luces, aunque prefiero tu cabello rojo fuego.

El director del departamento los condujo hacia el lugar hacia donde tomarían un transportador rumbo a la ubicación del portal. Caminaron por varios pasillos, Harry divisó la puerta de la sala de profecías y el nudo que tenía en el estómago se incrementó más. Después de caminar durante al menos media hora llegaron hasta el lugar, entraron en la habitación, era un lugar pequeño y vacío. En el solo había un peine desvaído sobre una mesa.

- Irán ustedes solos hasta allí por medio de un transportador. Como seguridad hemos sellado todo el perímetro, y la única forma de ir hasta el lugar es mediante traslador. Se encontrarán con otra habitación vacía, algo más grande que esta – aclaró el inefable – Cuando lleguen allí, verán el portal, éste está abierto todo el tiempo, pero no deben traspasarlo hasta que llegue el contacto del otro lado. Él los hará pasar.

Harry y Ginny asintieron en comprensión, mientras enormes nudos se formaban en sus estómagos.

- Bueno nosotros debemos irnos, se quedarán ustedes solos. Buena suerte muchachos, no sabremos nada de ustedes hasta que vuelvan – se despidió Kingsley.

Ambos los vieron alejarse y cerrar la puerta tras ellos. El peine destelló con una luz azulada y ambos se apresuraron a tocarlo. Sintieron el característico tirón desde el ombligo, para luego encontrarse en una nueva habitación. La recorrieron con la mirada, era bastante más grande de la que habían estado hacía unos momentos. Se notaba que las paredes eran nuevas. Seguramente las habían construido al descubrir el portal. Harry se preguntó que tan lejos del ministerio estaban o si al menos aún seguían dentro de su país.

Pasaban los minutos y nada, ¿habría pasado algo? Después de todo en el otro lado estaban en guerra. Tomaron asiento en el suelo para seguir esperando. Harry miraba su reloj cada cinco minutos, hacía ya media hora que tendrían que haber venido a buscarlos.

- Ya tranquilízate, seguramente se les complica venir hasta aquí.

- Estoy impaciente – dijo él seriamente.

- ¿Quieres que te saque la impaciencia? – le dijo ella acercándose a su boca.

Él la recibió con gusto, un beso dulce y corto que le daba energías para continuar.

- Ejem ejem, siento interrumpir pero no tenemos mucho tiempo.

Ambos se miraron, conocían esa voz, aunque hacía años que no la escuchaban, la reconocieron perfectamente. Voltearon, allí frente a ellos se encontraba Alastor Moody, ojoloco.

- Lo sentimos, hacía media hora que esperábamos y nos aburríamos – dijo Ginny sonriendo.

Harry la miró con una sonrisa, ella podía zanjar tan tranquila los momentos incómodos, aún después de tantos años lo seguía sorprendiendo esa capacidad.

- Es mejor que nos vayamos, mis tres mejores aurors están del otro lado esperándonos.

Se levantaron rápidamente y caminaron hasta el hombre, Ojocolo pasó rápido por el portal y desapareció enseguida, Harry quiso pasar antes que Ginny por si acaso había complicaciones. Cruzó rápidamente y sintió la misma sensación que experimentaba cuando se aparecía, tuvo que cerrar los ojos por unos instantes, una vez que la sensación pasó los abrió y se sorprendió enormemente cuando vio quienes eran los tres aurors que los estaban esperando. Ginny entró enseguida y al ver la situación y la cara de sorpresa de su novio le tomó la mano instintivamente. Allí frente a ellos estaban Kingsley Shacklebolt, Sirius Black y James Potter.


Bueno, hasta acá el primer capitulo. Espero reviews diciendo que piensan... se acepta todo.

Con este fic no voy a poder ser un relojito para actualizar como lo era en "Despertar", no voy a poner un día de actualización pero prometo hacerlo lo más seguido que pueda. Saludos!