Disclaimer: Obviamente, todos los personajes –excepto unos pocos- pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo echo a volar la imaginación, disfrutando con el universo que ella ha creado.

A/N: Lo sé. Muchas de vosotras habréis renunciado a seguir leyendo esta historia, condenándola al olvido. Lo siento mucho. A veces la musa se esconde y decide dejar de susurrar en tu oído. Lo dije una vez y lo repito, pienso seguir esta historia hasta el final. El tiempo que tarde ya no lo puedo asegurar, y tampoco ninguna frecuencia en las actualizaciones. Espero con muchísima ilusión que sigáis ahí, y mi calurosa bienvenida a las que se incorporan, que sorprendentemente, también las hay.


Capítulo Cincuenta y Uno: "Inesperado Deja Vu"

Pv Bella:

Me sentía volar.

Corría a todo lo que daban mis piernas, siguiendo el aroma de aquel ciervo, y "huyendo" del gruñido salvaje de mi sol personal, que caldeaba mis entrañas y me llenaba de una inmensa sensación de plenitud y libertad.

No tenía ni la más mínima idea de dónde estaba el resto, pero yo contaba con todo lo que necesitaba en ese momento: una presa, sed y un compañero de caza. Llevaba un rato persiguiendo la estela, cuando por fin la intensidad de ésta aumentó hasta hacer arder mi garganta. Claro que de repente, la otra estela, la que me seguía, se desvaneció como el humo y me detuve en seco.

- ¿Edward?- susurré a duras penas.

¡Qué dilema! ¿Mi acuciante sed? ¿O mi otra, sempiterna e insaciable?

- Sé que estás ahí…- susurré levemente al silencio abrumador que me envolvía, turbándome.- Pero ARDO en DESEOS de beber…

Ahí quedaba eso. Sabía que jugaba con fuego, pero no quería que pensara que le ignoraba, después de volver a ponerlo a tono con una nada inocente frasecilla altamente reveladora. Aunque si él tenía la mitad de sed que yo, quizá ni me tuviera en cuenta mi urgencia por dejar a un lado evocadoras imágenes y centrarme en aquel tentador aroma. Si quería jugar al escondite, yo poseía más efectivas armas, pensé agotando mis últimas reservas de escudo, quedándome a escasos metros de mi presa.

Intención nº 1: Hincarle el diente a esos ciervos sin alertarles de mi presencia con mi aroma.

Intención nº 2: Hacerle a Edward salir de su escondite.

- ¿Bella?- me llamó su aterciopelada voz cuando la despreocupada manada pastaba ya casi delante de mí sin apreciar mi mortalmente sigiloso avance.

- No, ahora no…- me lamenté al ver al macho de la manada alzando las orejas tras percibir la llamada de mi guardaespaldas personal.

Apenas se dieron cuenta del peligro, caí sobre el más cercano hundiendo mis dientes en su cuello, y obteniendo la sangre que calmaría el malestar de mi garganta y el anhelo de mi estómago, ¡sí!

Era una sensación extraña, disfrutar oyendo cómo se apagaban sus latidos, era la ausencia total de culpabilidad. Su vida por la del humano al que habría atacado de no haberme alimentado así. Infinitamente menos monstruosa que aquel día en la falsa capilla de S. Marcos. Aquel día que sí desearía olvidar.

Más, necesito más, ansiaba mi cuerpo al desechar la primera gota de sangre muerta. Abrí los ojos entonces para verle ahí, aprisionando a la pobre cierva contra la hojarasca caída de los árboles del bosque que nos rodeaba, ladeando instintivamente su glorioso rostro, ofreciéndome silenciosamente el bocado.

Lamí cuidadosamente la comisura de mis labios y me acerqué, plegando mi escudo, gesto que Edward agradeció inhalando con lentitud mi recuperada esencia y dejando que sus párpados cayeran pesados, ronroneando un provocador arrullo. Ignoré el velado reproche a mi pequeña treta y hundí los dientes en la nerviosa presa, emitiendo un gemido de satisfacción que indicaba a mi compañero que saliera en busca de la suya, ansiando que se atenuaran esas atormentadoras ojeras que aún ensombrecían sus párpados. "Primero tú, después yo", me decían a gritos. Un suspiro exhalado, y un par de segundos más tarde, otro revuelo a varios metros de mí me indicaba que él ya se había puesto manos a la obra.

Agoté el saciante néctar y cerré los ojos satisfecha, dejándome inundar por la creciente calma. Volví a lamer las comisuras de mis ahora tibios labios, deseando tener a mano un espejo en el que comprobar en qué estado se encontraba mi apariencia, sabiendo la destreza que había perdido durante el episodio de la Guardia, y llegó a mis oídos un curioso ruido: líquido vertiéndose en un recipiente de metal.

Cuando llegué al lugar del que venía, hallé a Edward sujetando a otro ciervo, más bien joven, mientras presionaba la vena de su cuello y recogía con cuidado la sangre en un termo.

- ¿Aún no te has alimentado?- inquirí, viendo su rostro impoluto.

Cuando me quise acercar aún más, noté sus pantalones teñidos de rojo a la altura donde sus fuertes muslos presionaban el pescuezo del animal, manteniéndolo sujeto.

- Deja que haga yo eso, cielo.- ofrecí, rodeando el recipiente con una de mis manos.- Tienes que alimentarte tú también.

Edward me cedió la tarea con una caricia en mi mejilla y una mirada de sincero y profundo agradecimiento, para lanzarse en pos de otra presa más, a la que no tardó en alcanzar, si el alboroto que oí minutos después no mentía.

- ¡Hey, Bells!- oí la voz de Emmett a mi espalda cuando ya estaba cerrando el envase.- ¿Dónde dejaste a mi hermanito?

- ¿Tú también llevas uno de estos?- contesté, apuntando al recipiente que sostenía en una de sus manos.

- Variedad.- respondió el grandullón, encogiéndose de hombros.

- Démonos prisa.- urgió Edward cogiendo mi mano.

- Eres rápido.- aprecié dejándome llevar, y observando que sus ojeras ya no eran tan marcadas.

- ¿De verdad, hermanito?- contestó Emmett alzando las cejas.

- No tengo tiempo para esto ahora, Emmett.- reprendió Edward, acelerando la carrera con una sonrisa pícara, mientras yo dejaba escapar una risilla divertida.

Me estaba empezando a acostumbrar al pique entre estos dos, y se me hacía entrañablemente familiar.

Pv Edward:

Cuando llegamos al todoterreno, Garret y Kate aguardaban acomodados en los asientos delanteros, mientras que Jasper y Alice nos esperaban compartiendo los asientos traseros. La cabeza de mi hermana reposaba en el hombro de un infinitamente más calmado Jasper, que entrelazaba los dedos de su mano con los de su esposa.

- Debemos irnos inmediatamente.- apremió Jasper para que Emmett encendiera el motor a no mucho tardar.- Rosalie ha llamado a Alice para intentar localizarme. Dice que el estado de Claudia le preocupa.

De modo que Emmett se puso en camino de vuelta al yate transgrediendo a nuestro paso cuanta limitación de velocidad pudiera existir. No tanto por la salud de Claudia, sino porque lo poco que conocíamos de los efectos de ser drenado hacía que no quisiera dejar sola a Rosalie cerca de ella. Leí en su mente, mientras se concentraba en llevarnos cuanto antes al puerto, que no confiaba en que ni Jacob ni Renesmee pudieran hacer mucho para defenderla de un posible ataque. Emmet sabía a ciencia cierta que Jacob protegería antes a mi hija que a mi cuñada. Y por egoísta que sonara, yo lo esperaba así. Además, mi cuñada era más que capaz de defenderse ella sola, lo había demostrado en numerosas ocasiones. Y más le valdría al buenazo de mi hermano que su esposa no se enterara de sus desconfianzas, si no quería que lo mantuviera una buena temporada en el dique seco.

Cuando empezamos a acercarnos al núcleo de población, los músculos de mi diosa se tensaron notablemente, y todos pudimos oír cómo contenía la respiración.

- Mi amor, tranquila.- arrullé, dejando que uno de mis dedos vagara suavemente por todo centímetro de su cremosa piel que pudiera estar a mi alcance, sin rumbo fijo.- Ahora ya nos hemos alimentado, y el impulso será menor. Sabes que estoy aquí para ayudarte a obviarlo…

- No te preocupes, Bells. Me acercaré al muelle tanto como esté permitido. Alice me dirá por dónde circular.- afirmó Emmett.

No nos duraría mucho la calma. Tan pronto como tuve acceso a las mentes del lugar, detecté alto y claro que nuestra presencia y la escenita que habíamos protagonizado en el exterior del yate no habían pasado desapercibidas, pese a haber amarrado el barco en el extremo más lejano del muelle.

- Jazz, en el mismo momento en que pisemos la cubierta del yate será necesario que pongas el motor en marcha y te dirijas a la isleta a la mayor brevedad posible.- indiqué a mi cuñado con total seriedad. Rosalie y Nessie tendrían que apañarse con la sangre que traíamos- Alice…

- Ya está hecho, Edward.- anunció enseguida la duendecillo.

Emmett siguió las indicaciones que Alice le dio para aparcar el jeep lo suficientemente cerca del yate sin que su visión cambiara, y al llegar al muelle fui tranquilizado por la figura de Irene, asegurándome un viaje a la casa sin más sobresaltos que los previstos.

- Eímai ef̱tychí̱s pou katésti̱ dynató na epaneno̱theí me mas brostá apó to chronodiágramma.- agradecí. (Celebro que os haya sido posible reuniros con nosotros antes de lo programado)

Desconocía el minuto exacto en que Alice había visto mi decisión, pero sabía que nuestra fiel amiga habría tenido que retroceder en su trayecto a la isleta para cumplir mi encargo de última hora.

- Eímai pánta evgnómon pros Carlisle, Edward. Kai tha káo pánta ó, ti mou na sas exasfalísoun mia efcháristi diamoní stin Elláda. (Estoy en deuda eterna con Carlisle, Edward. Y haré siempre todo lo que esté en mi mano para aseguraros una estancia agradable en tierras griegas). Akóma ki an aftó simaínei tin archontiá enochlitikó. Kánete to Vulturi, Edward? Aunque ello implique molestar a la realeza. ¿Los Vulturi, Edward?- me recordó ella, mientras caminaba a mi altura y a la de Bella, acompañándonos.- Metaforón échei prósfata. (El transporte ha sido utilizado recientemente)

Por supuesto. Como aliada de la familia, Irene había estado controlando la presencia Vulturi en la isla. Los Vulturi poseen una extensa red de vehículos de emergencia totalmente listos para ser utilizados en cualquier momento, y la lancha amarrada al comienzo del puerto había desaparecido solo unos segundos después de la huída de Alec. Ella se había encargado de comprobarlo nada más vernos salir con el jeep.

Pese a las inquietas mentes que poblaban el puerto, ninguna parecía representar peligro aparente, ya que antes de abandonar el interior del jeep habíamos sustituido nuestras ropas manchadas por otras limpias, y que nos hicieran pasar algo más desapercibidos entre la gente del lugar. Aunque alguien ya empezaba a echar de menos a una joven pareja que amarraba su velero al lado de la lancha que ahora sabía que había sacado a Alec de allí. Lo sentí, sabiendo que la joven pareja había servido de aperitivo al guardia.

Ni bien abordamos la cubierta, Emmett desapareció hacia el interior, mientras que Jasper subía al puente de mando como una exhalación, Alice e Irene hacían guardia vigilando miradas indiscretas, Kate y Garret llevaban los termos al salón, y Bella y yo soltábamos los amarres del yate a velocidad vampírica.

- ¡Edward! ¡Jasper!- urgió Emmett, claramente asustado, haciendo que tanto Bella como yo nos apresuráramos a la salita, para ver algo que jamás habíamos presenciado.

Jacob mantenía a Nessie pegada contra la pared, alejada del sofá en el que habíamos tumbado a nuestra huésped Vulturi, cuyo cuerpo no cesaba de convulsionar bajo los férreos brazos de Rosalie, que ni siquiera pestañeaba.

- ¿Jazz?- llamé, sujetando a Bella, que había dejado de respirar.

Noté cómo mi cuñado se abrió paso por la barrera que mi asustada reina y yo formábamos frente a la puerta y frenaba a Kate con un simple gesto de su mano, al tiempo que buscaba los termos que Alice sostenía a su alcance, con los ojos como platos, clavados en la sorprendente escena.

- ¿Cuánto tiempo lleva así?- preguntó acercándose rápidamente al cuerpo de Claudia, e indicando silenciosamente a Emmett y a Garret que ayudaran a Rosalie en la tarea de sujetarla.

- Hará una media hora.- aseguró mi cuñada.- Los temblores empezaron siendo leves y pausados. Pero cinco minutos después, se volvieron violentos y continuos.

- Oi Olýmpioi Theoí mas voithísei! (¡Los dioses del Olimpo nos asistan!)- exclamó Irene al entrar al saloncito.

Me giré de inmediato para desviar cuanto antes la atención del cuerpo de la guardia.

- Bella.- llamó Jasper entonces.- Necesito que le sujetes la cabeza… Si no para de temblar no podrá beber.

- Edward Anthony Masen Cullen…- musitaba Irene.- Ti écheis próvlima, agapité mou fíle? (¿En qué lío os habéis metido, mi querido amigo?)

- Irene.- llamé suavemente a nuestra aliada, instándola a mirarme a mí.- Zitó syngnómi. Den écho kanéna dikaíoma na sas zitíso na symmetéchei se aftó. (Te pido disculpas. No tengo derecho a pediros que seáis partícipe en todo esto.)

- Píra órko pístis óti den écho kamía próthesi na spásei. (Hice un juramento de lealtad que no tengo intención de romper.)- aseguró entonces ella.

- Eínai timí. (Es un honor).- agradecí.- Dóste mas líga leptá, Iéreia. (Dadnos solo unos minutos, Sacerdotisa.)

Respiré aliviado por la respuesta de Irene, y porque Jasper parecía haber accedido a las emociones de Claudia, sedándola.

- Nunca antes había presenciado un caso así.- anunció mi cuñado, jadeando por el esfuerzo.- La agonía que sufre no se la deseo a mi peor enemigo…

- Regresa al puente de mando, Jazz. Descansa.- aconsejé.- Yo me ocupo.

Tomé el primer termo bajo la atenta mirada de Bella, que por fin parecía entender nuestros planes, y lo incliné suavemente, dejando que unas pocas gotas de sangre cayeran en la boca de Claudia, y contuve la respiración en espera de la reacción.

En pocos segundos, los efectos del alimento eran visibles en la regeneración lenta pero continua de la piel de los resecos labios de la guardia, y me animé a verter unas pocas gotas más, deseando que abriera aunque fuese mínimamente su boca, para que la lengua paladeara el elixir.

Recordando la estrategia que ella misma había usado contra mi compañera fiel en la eternidad, acerqué lo suficiente el borde del recipiente a sus fosas nasales para tentarla con su olor, y fui recompensado por el movimiento agónico de los brazos de Claudia, que reclamaban sostener el termo entre sus ávidas manos, aferrando a duras penas el metal para comenzar a beber con ansia la sangre que le ofrecíamos.

- ¿Vas a volver con nosotros, Claudia?- pregunté al aire, internándome en su mente.

Desafortunadamente no lo hice con la rapidez que requería la situación, y no pude evitar la "ducha."

- ¡Edward!- exclamó Bella al ver cómo Claudia escupía la sangre que había bebido contra mi rostro, bañándome literalmente.

- ¡Eh!- protestó Emmett.- ¡Ése era un osezno de lo más tierno!

- ¡Será zorr..!

- ¡Rose!- amonesté alzando mi mano, y mirando a Bella con una de mis sonrisas más deslumbrantes.- Hay que darle unos segundos. El sabor es absolutamente distinto a lo que suele tomar como alimento. Aunque reconozco que tú fuiste mucho más dócil la primera vez que bebiste sangre, mi amor.

- ¡Ya lo creo, Bells!- intervino Jacob.- Me dieron unas náuseas que ni te imaginas, casi echo hasta la primera papilla… ¡Pero no derramaste ni una gota! Aunque no era sangre an…

- ¡Jake!- interrumpí inmediatamente la metedura de pata.

- ¿Era sangre humana, Edward? ¿Me disteis a beber...?- preguntó enseguida Bella, tensándose.

- Era plasma sanguíneo procedente del banco de donantes, amor mío. Nadie murió para que tú te alimentaras.- aseguré con prontitud.

- ¡Ed!- gritó Emmett al mismo tiempo que las manos de Claudia se aferraban y tiraban de mi camisa.

- Más, más…- gemía su mente.

- El sabor la repele, pero beberá.- anuncié vertiendo un chorro en la boca entreabierta de Claudia.- Aunque será un proceso lento… Por cierto Jake, creo que el contenido de la bolsa que te ofrece Irene desde hace rato será de tu agrado.

Con algo de recelo, Jacob se acercó a nuestra aliada, aún tomado de la mano de mi hija, haciendo que una mueca de molestia surcara mis labios.

- Eh, Eddy… Dame un respiro, ¿quieres?- se quejó él al oír mi ligero gruñido.- Soy un tierno cachorrito encerrado en una habitación con nueve letales vampiros. Mis fosas nasales no detectarían el más jugoso de los bistec, ni aunque me lo propus… ¡¿Hamburguesas?

- ¡Jake!- exclamé al verle abalanzándose hacia Irene, que temblaba inevitablemente y emitió un gemido de terror ante el brusco movimiento de nuestro amigo.- Zitó syngnómi, Iéreia. (Os pido disculpas, Sacerdotisa). To koutávi den échei kamía prosforá íthi. (El tierno cachorrito carece de modales.)

- Apología apodektí. (Disculpas aceptadas).- expresó Irene levemente tensa, dirigiéndose a Jacob en nuestra lengua.- El encargo decía que la carne debía estar al punt…

- ¡Mmmhmm, colega!- interrumpió Jacob engullendo media de un solo mordisco a pocos pasos de nuestra intimidada amiga.- ¡Sabe coj...!

- ¡JAKE!- gruñí de inmediato, haciendo que se detuviera ante el siguiente bocado, y tragara pesadamente.- Solo te diré que no estás ante una simple vampiro, y que ni siquiera el mismísimo Aro iguala su edad…

Asistí inmediatamente a la suave risilla de Irene, que me miraba con gratitud y semblante apacible, y exhalé un sonoro suspiro.

- Ejem, eeestooo, perdón Sra.- expresó Jacob rascándose la nuca.- Quince años y aún no me acostumbro a alternar con chupas…

- ¡Jake!- amonestó esta vez mi hija, manotazo en el brazo incluido.

- ¡Ouch! ¡Vale, vale! Comer y callar.- accedió Jacob frotándose el punto de impacto y engullendo otro bocado.

Miré a Bella, que enarcaba inquisitivamente una de sus perfectas y expresivas cejas, sin duda alguna esperando que le aclarara quién era Irene. Pero solo ella debía contar su historia.

- Creo que me retiraré a mis aposentos.- anunció ella en nuestro idioma.- Si me perdonáis…

- ópos epithymeíte. (Como deseéis).- acepté resignado.

- ¡Edward!- gritó de repente Alice, teniendo una de sus visiones, y mi mano se cerró de inmediato alrededor del cuello de Claudia, su mano asiendo a Bella en mi mente.

- ¡Bella, no!- advertí, sabiendo que su escudo estaba de inmediato sobre mí.

Cuando Kate ya estaba casi al lado dispuesta a contraatacar, la voz de Claudia en la mente de Bella me dejó sin aliento.

- Isabella Marie Swan Cullen, JAMÁS has matado a un humano para alimentarte.

Detuve a Kate de inmediato, liberando el cuello de la Vulturi, mi gesto perplejo ante la enormidad de lo que acababa de suceder.


¿Mereció la pena la espera? Espero sinceramente que sí.

No sé por qué me meto en camisas de once varas... Irene es un personaje bastante complicado -gracias, traductor de Google, por echarme una mano con el griego, aunque nunca sabré si está bien o no, jijijijiji Sobre todo cuando tengo que borrar algunos caracteres para que no parezca extraterreste al postearlo...-

Por favor, porfaplís, porfi... premiad a mi musa con vuestros comentarios. Besotes.