Disclaimer: Ningún personaje (exceptuando los que han salido de nuestra imaginación), pueblo, ciudad, etc... Es nuestro. Se lo hemos pedido prestado a Meyer, y nos los ha dejado amablemente porque sabe que haremos buen uso de ellos.

Antes de empezar, agradecer a los que se pasen por aquí para leer este fanfic. Somos tres chicas (Vero, Jessi y Sheila) que hemos escrito esta historia sacada de nuestros mejores momentos de inspiración porque nos encanta esta saga y ya era hora de dedicarle unas (cuantas) palabras. Esperamos que os guste (¡y que nos lo comuniqueis enseguida con un review, por supuesto!)


Best in me: Prólogo

Primero nos mudamos a Sequim, pero había vecinas muy chismosas y yo les parecía una niña increíblemente mona, víctima merecedora de ser el centro de todos sus cotilleos. Y digamos que mi peculiar velocidad de crecimiento era un tema demasiado jugoso para quedarnos mucho tiempo allí.

Pasamos por Port Townsend, donde lo más bonito que te podías encontrar era la playa, pero no tenía nada que hacer con La Push así que, como no nos sentimos atraídos por el lugar y descubrimos que el sol se dejaba ver más de lo que queríamos, prácticamente pasamos de largo ese pueblo. Tío Emmett se puso pesado con ir a Maple Valley y a Bonney. La razón la supimos nada más llegar, cuando nos encontramos con miles de carteles haciendo publicidad al Mt. Rainer National Park. Osos, el pasatiempo favorito de tío Emmett. Tuvimos tiempo de estar en las dos ciudades, un año y medio en una y dos en la otra. El clima que hacía en esa zona era ideal para que los vampiros pasasen desapercibidos, pero de nuevo mi crecimiento no permitía quedarse durante mucho tiempo en el mismo lugar. De todos modos, nos apuntamos mentalmente nuestro lugar favorito de allí y Carlisle señaló la zona en un mapa, para volver en un futuro nuevamente, cuando volviésemos a empezar desde el principio, es decir, en Forks. Y, después de haber hecho ese recorrido rodeando siempre la ciudad de Seattle como obligación explicita de tía Alice, la cual si no tenía un centro comercial decente en un radio de 200km enloquecía, volvimos a acercarnos a Forks y nos dirigimos a Shelton, pasando de largo Olympia, con demasiada gente para nuestro gusto. Decididamente nos gustaban los pueblos alejados de la mano de Dios, con poca gente y muchos días nublados.

Después de Shelton, seguimos acercándonos a lo que era nuestro verdadero hogar. Estuvimos tentados de quedarnos en Elma, cerca de un pueblo que se llamaba Rochester y que me llamó la atención sin saber exactamente por qué mientras estaba cotilleando el mapa de Carlisle, pero Rosalie encontró a un chico que le recordaba demasiado a un viejo conocido suyo de cuando todavía era humana y tras comunicarles su hallazgo, notándose en cada una de sus palabras que no quería quedarse allí, todos decidieron seguir el camino hacía el próximo pueblo. No recuerdo un viaje de un pueblo a otro más silencioso como fue ese. Supuse que tendría algo que ver con tía Rosalie, pero, antes de que pudiese preguntarle a alguien de mi familia qué pasaba exactamente, Jacob se encargó de distraerme todo el viaje, al parecer también se encontraba un tanto incómodo entre ese silencio repentino que les había entrado a todos. Nos detuvimos en Aberdeen y nos quedamos unos días allí para tantear el terreno y ver si nos gustaba a todos. Nadie hizo ninguna queja, aunque todos miraban a Rosalie de vez en cuando sin que ella se enterase, preocupados por cómo estaba, ya que desde la visita a Elma había permanecido más callada de lo habitual y eso que cuando estaba conmigo hablaba por los codos. Yo seguía sin enterarme de nada y decidí que algún día tendría que preguntar qué demonios pasaba con tía Rosalie porque, más allá de la curiosidad por la extraña actitud que había adoptado, también estaba preocupada. Mientras debatíamos si quedarnos allí o seguir el camino hacia el próximo pueblo, el abuelo Carlisle miró a tía Rosalie y después a mi padre. Con ese peculiar modo que tenían de entenderse con miradas, mi padre le dio la respuesta que quería a mi abuelo y, después de ese breve intercambio de miradas, Carlisle concluyó el debate con la resolución de que nos teníamos que ir de allí. Enseguida las miradas de todos se posaron en Carlisle confundidos por el repentino cambio de opinión pero, demostrando su velocidad vampírica hasta para pensar, todos miraron sutilmente y durante una simple fracción de segundo a Rosalie, en señal de que habían comprendido el motivo por el que nos íbamos de ese pueblo. Yo, aunque no me enteraba del problema, por lo menos sabía apreciar esos intercambios de pensamientos entre mi familia, como cualquier niño que se detuviese un momento a observar su alrededor, y así por lo menos entendía un poco por donde iban la cosas cuando a mí no me explicaban nada de lo que ocurría.

Finalmente llegamos a Hoquiam, y todo parecía indicar que ese sería el lugar definitivo. El lugar donde pasaría mi adolescencia, donde empezaría el instituto y en el que nos quedaríamos hasta que me graduase.


Aquí teneis nada más que el principio de una laaaaarga historia. Si os ha gustado, seguid pendientes del próximo capítulo. De todos modos, nos gustaría saber vuestras opiniones desde ya mismo así que: los reviews salen gratis ^^

VJS