Y ahora viene la parte dedicada a Kiba.

Por si alguien no lo sabe "Tanabata" es una fiesta japonesa que, entre otras cosas, se escriben deseos en papelitos y se cuelgan en árboles de bambú. Está relacionada con las estrellas y una bonita historia pero me enrollaría demasiado y supongo que la mayoría la conocerá.

Espero que os guste.

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TRES MOMENTOS PARA KIBA

El cuarto fue por necesidad

A Kiba le gustaba Neji. De eso no había duda y desde luego no iba a molestarse en negarlo. Pero es que a Kiba le gustaban muchas cosas.

El era muy simple, le gustaban todas las cosas que le hacían sentirse feliz. Por eso le gustaba Neji, porque a pesar de lo serio que era olía muy bien y eso a Kiba le gustaba. También le gustaba mirarle porque sus ojos le recordaban las noches en las que veía la luna tumbado en el campo al lado de su gran amigo: su perro Akamaru, al que echaba tanto de menos.

Pero lo que más le gustaba de Neji era desconcertarle, le encantaba esa cara de confusión que ponía, tan seria, tan rígida, Kiba pensaba que podría llegar a rompérsela de como tensaba sus músculos.

No... no era lo que más le gustaba. Lo que le gustaba de verdad era estar a su lado, mirarle, oír sus silencios y ¿por qué no? También sus quejas. Le gustaba acercarse a él y sentirle muy cerca... era una atracción extraña que parecía apoderarse de él.

Estaba haciendo un trabajo cuando, consultando un diccionario, se topó con la palabra "necesidad" y una de sus definiciones le llamó la atención "Impulso irresistible que hace que las cosas obren infaliblemente en cierto sentido". Kiba se quedó pensando, la verdad no lo comprendía demasiado bien.

Aquella definición se quedó dando vueltas por su mente. Entró, como siempre, alegre y sonriente en la habitación que compartía con Neji.

- ¡Ya estoy en casa! - exclamó

- Bienvenido – respondió Neji sentado frente a su escritorio, sin mucho entusiasmo.

- ¿Te has dado cuenta de que parecemos un matrimonio?

- ¡No digas estupideces!

- ¿Cómo te ha ido el día, cariño? - y mientras hablaba se puso a su espalda y le pasó los brazos por delante del pecho apretándole contra él y acercando su nariz a su cuello.

- ¿Qué te he dicho de estas cosas? - Neji estaba realmente molesto, muy molesto, tanta tontería ya estaba empezando a cansarle.

- Tú que eres tan listo ¿sabrías decirme una cosa? - se separó de él, Neji le miró intrigado - ¿Sabes lo que es un impulso irresistible que hace que las cosas obren infaliblemente en cierto sentido?

- ¿Cómo?

- Es que no logro enterarme del todo.

- ¿Puedes repetirlo?

- Impulso irresistible que hace que las cosas obren infaliblemente en cierto sentido.

Neji pensó durante unos segundos mientras Kiba le miraba sonriendo. Desde luego es que Neji le gustaba cada vez más.

- Supongo – habló lentamente – que se refiere a cuando no puedes evitar que las cosas sucedan de cierta manera, cuando algo te atrae tanto que terminas haciéndolo ¿no?

Kiba se puso en cuclillas delante de él.

- ¿Sabes? Ahora lo entiendo. Eso es la necesidad – dijo cogiendo un mechón de su pelo y llevándolo a su nariz – y es lo que siento yo cuando estoy a tu lado.

Neji se quedó mirándole sin saber que hacer, ese maldito chico siempre conseguía descuadrar su ordenada mente. Levantó tímidamente una mano, si era sincero consigo mismo también sentía una "necesidad" que no sabía discernir. Antes de que pudiera hacer nada, Kiba cogió su mano suavemente y la acercó a su mejilla, manteniéndola allí unos segundos sintiendo su calidez, hasta que Neji, bastante azorado la retiró bruscamente.

- ¡Cada vez eres más payaso! - gruñó tratando de resultar enfadado y apresurándose a continuar con lo que estaba haciendo, rogando porque Kiba no se diera cuenta de su turbación.

El quinto fue una despedida

Cuando Neji entró en su cuarto encontró a Kiba haciendo sus maletas.

- Hola – saludó como siempre educado Neji

- Hola – contestó Kiba sin mucho entusiasmo.

- ¿Qué haces?

- Puedes estar contento, hoy es un gran día para ti, ya te vas a librar de mí.

- ¿Qué quieres decir? ¿Te vas ya de vacaciones?

- No, es mejor, ya me han encontrado otra habitación.

Neji no esperaba oír eso y se quedó paralizado mirando a Kiba continuar recogiendo sus cosas.

- Pero…

- Por lo visto hay alguien que ha encontrado otro sitio mejor.

Se suponía que era lo que estaba deseando, que ese molesto chico fuera cambiado de habitación, estaba harto de sus continuos descaros, de aguantar como se pegaba a él a olerle, de sus frases burlonas, siempre intentando sacarle de quicio… Se acabó, no más verle andar por la habitación solo vestido con una toalla, se acabó sentir más su aliento acariciándole suave, lenta y tortuosamente el cuello poniéndole la carne de gallina… se acabó… por fin.

No… no quería.

De pronto sintió un gran vacío dentro de él ¿Por qué? Todo aquello era ilógico, irracional, absurdo.

- Te voy a echar mucho de menos, Neji – comentó sin mirarle.

- Yo… también.

¿Había dicho eso? No podía ser… no, aquellas palabras no las había pronunciado él.

Al oírle Kiba levantó la vista y le miró tristemente.

- Me gusta que sean tan educado y tan correcto pero ¿sabes? No hace falta que finjas.

Kiba le dio la espalda y continuó con sus cosas.

- Bueno – dijo esta vez con un tono bastante más alegre – Supongo que como estamos predestinados el uno al otro, no encontraremos a menú…

Dejándose llevar por un "impulso irresistible", por una "necesidad" Neji hizo caso a lo que su cuerpo deseaba y se acercó casi pegándose a Kiba.

- No quiero que te vayas – susurró con un hilo de voz, muy débil, pero lo suficientemente alto para que Kiba lo escuchase.

Kiba se quedó petrificado, tan descarado como era y aquello tan extraño y espontáneo en Neji le pilló de sorpresa dejándole por primera vez desconcertado a él.

Comenzó a girarse para mirarle. Cuando estuvo cara a cara frente a él le observó, Neji estaba allí, quieto, con la cabeza inclinada hacia abajo, como si se mirase los pies.

Kiba puso sus manos en ambas mejillas de Neji y con un movimiento suave le obligó a levantar la mirada. El rostro pálido de Neji estaba ahora teñido con un leve tono rosado y sus ojos seguían sin querer mirarle.

A Kiba aquello le parecía lo más encantador del mundo.

- Neji…

- No pienses mal – dijo apartándose rápidamente de él – Solo es que… creo que me he acostumbrado a ti y no quiero que pienses que soy un borde y…

- Me gustas mucho Neji.

- No digas idioteces, solo quería ser amable, anda, si quieres te ayudo a recoger.

- Me gustas Neji y no me importa decírtelo, aunque pienses que estoy loco, aunque pienses que soy un enfermo… me gustas, tenía que decírtelo…

- ¡Deja ya de burlarte! Me pones nervioso con tus tonterías, por suerte ya no tendré que oírtelas más.

Esto último lo dijo sin parecer muy convencido, sin su habitual enfado, tratando de no cruzar sus ojos con los de Kiba. Esta vez fue Kiba el que se acercó a él y le cogió de la barbilla.

- Mírame, mírame y dime otra vez lo pesado que soy… me encanta como lo dices, será nuestra despedida.

- Yo… tú… eres un pesado, insoportable… insufrible…

Kiba iba acercándose cada vez más a su rostro, sus labios casi se rozaban y Neji cerró los ojos esperando sentir de nuevo aquel roce ardiente.

Unos golpes en la puerta les hicieron dar un pequeño respingo y separarse bruscamente, Neji intentó disimular que no había estado a punto de pasar algo.

- ¡Kiba! – Se oyó gritar a Naruto – He venido a ayudarte ¡abre de una vez!

El sexto fue porque quisieron

Era el cumpleaños de Kiba.

Neji se levantó muy temprano. Era verano y ya no tenían clases, la mayoría de los alumnos que llenaban esa residencia ya se habían marchado a sus casas. Pero todavía quedaban bastantes, algunos por trabajo, como Kiba, otros, como Neji porque se habían apuntado a cursos de verano, tenía que aprovechar todos los conocimientos que pudiera adquirir.

Pero ese día no iba a ir a clase. Tenía otros planes.

Había pasado la primera noche sin Kiba y, la verdad, por un lado se alegraba de no tener que oírle por las noches, Kiba no paraba quieto ni cuando dormía, y por otra parte había echado de menos su habitual "buenas noches Neji-kun".

Salió a hacer unas compras. Cuando regresó envolvió cuidadosamente una cesta llena de frascos y una cajita alargada con papel de regado. Al terminar la colocó en la cama que había pertenecido a Kiba. Bajó a desayunar y al finalizar subió de nuevo, pero no a su habitación, si no a la que ahora ocupaba su antiguo compañero.

Tocó la puerta con los nudillos.

- Si – oyó a Kiba decir al otro lado de la puerta – Seas quien seas, pasa.

- Desde luego, siempre tan desastre – dijo entrando – Dejas entrar a cualquiera.

- ¡Neji-kun! – Contestó muy alegre al verle - ¡Buenos días! ¿Has dormido bien?

- Sin ti, perfectamente ¿Estás listo?

- ¿Para qué?

- Me dijiste que hoy no tenías nada que hacer ¿Sigue siendo así?

- Pues si, tengo el día libre.

- Pues en ese caso, vas a pasar el día conmigo.

- ¿Contigo?

- Si, venga, vístete.

Kiba le miraba asombrado, realmente Neji parecía muy seguro de sí mismo.

- ¿Esto es una cita?

- Si – contestó rotundo – Vamos, tenemos muchos sitios dónde ir.

- ¿Me estás pidiendo una cita?

- No, te la estoy exigiendo, después de los quebraderos de cabeza que me has dado me la debes. Vamos.

Lleno de asombro y felicidad Kiba se vistió y en pocos minutos estaba listo para salir. Miró a Neji con aquella miraba traviesa que había conseguido atravesar la frialdad de su corazón.

- Estoy listo ¿Dónde me vas a llevar?

- Ya lo verás.

Pasaron un día muy agradable. Vieron un museo, comieron en un restaurante, dieron un paseo hablando de ellos mismos, de sus familias, de sus sueños, sus proyectos de futuro… Así Neji descubrió que Kiba quería ser veterinario, como su hermana o si acaso, poner un criadero de perros y Kiba descubrió que Neji deseaba ser abogado. También hablaron de sus gustos, sus aficiones… escuchaban atentamente lo que el otro contaba, todo era fascinante y nuevo para ellos, era como descubrir secretos maravillosos.

Por la noche vieron las estrellas, por algo era el día del Tanabata y eso es lo que había que hacer. Ya era bastante tarde cuando regresaron a la residencia y Neji insistió en que Kiba pasase por su habitación, que quería darle algo.

- No sé, no sé – decía burlonamente Kiba – A ver si vas a querer algo de mí, te advierto que yo soy muy decente.

- No seas plasta… Anda, toma ¡Feliz cumpleaños Kiba! – le ofreció el paquete que había dejado encima de la cama.

- ¡Te has acordado de mi cumpleaños! Eres increíble.

- Lo apuntaste en mi agenda, desastre.

- Aún así, eres increíble – comenzó a desenvolverlo nervioso y excitado. Miró con cara de asombro aquellos frascos, eran frascos de gel, champú, y otros productos de baño - ¿Me estás llamando sucio?

- Son los que yo uso, es para… que te acuerdes de mí.

- Así crees que no te extrañaré tanto ¿Eh? Me dejas tu olor para que no te añore, como a los perrillos.

- Y esto – sacó la cajita – Es para que no llegues tarde a tus clases.

La abrió, era un reloj de pulsera.

- Pero Neji… esto… es demasiado.

- ¿No te gusta?

- Mucho… Neji ¿Has pedido tu deseo? Hoy es el día de escribir tu deseo y colgarlo ¿Lo has hecho?

Neji se acercó a él y le sujetó de la cintura.

- Pues si… he pedido que cierto insolente no se aleje de mi vida ¿Y tú?

- El mío ya se ha cumplido – susurró poniendo una mano en su nuca y atrayéndole hacia él.

Y sin decir ni una palabra más juntó sus labios con los de Neji en un beso intenso y apasionado al que Neji respondió con la misma pasión.

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Y esta ha sido mi gran ida de olla.

Espero que os haya resultado original, la he hecho con cariño para ese par de bomboncitos.

Gracias por leer y por los comentarios que habéis hecho animándome.