Bleach no me pertenece. Es propiedad de Kubo Tite, historia original escrita por mí.

Importante: este compilado de historias, son de grado M a Ma. Por el contenido maduro de cada narración. Leer con discreción.

Plus: Lime, ligero bondage.

Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.


Φ

Φ

Berry Strawberry

Por Ireth I. Nainieum

Φ

Φ

Tema I

"Si te veo en mis sueños"

Φ

Grado: M

Genero: romance / humor

Sinopsis: "A veces, el mejor sueño es aquel del que no despiertas"

Φ

Φ

"Haz lo necesario para logra tu más ardiente deseo, y acabarás lográndolo"

-Ludwig van Beethoven-

Φ

Φ


Días antes.

La inusual nevada a mediados de abril, tomó por sorpresa no solo a la ciudad, sino a los incautos estudiantes ese día. La mañana había amanecido justo como cualquier otro día, de esa primavera —con la excepción clara del cielo grisáceo pintado por sobre sus cabezas a medio día—. Sin embargo, jamás nadie pudo prever como el clima cambiaría tan drásticamente en cuestión de un par de horas. Justo cuando se encontraban en una clase al aire libre, algunos copos de nieve comenzaron a caer desordenadamente por los alrededores del instituto. A la alegría de varios por ese inusual clima, pero generó más pesar en el resto dado el mes en que se encontraban, muy pocos realmente estaban preparados para sobrellevar la situación entera.

Pero, algunos si lo estaban…

De cualquier forma, Rukia no era como cualquiera de ellos. Sin contar con que era un dios de la muerte que fingía ser una estudiante de preparatoria, para cualquier otro que la viera sería una más del montón. En enero, justamente el día de su cumpleaños el señor Kurosaki le había dado «el mejor regalo del mundo» —a propias palabras de la chica—. Se trataba de una sombrilla, y no como se esperaría en alguien que medianamente aparente la supuesta edad de la mujer. Ese paraguas, era de color blanco, tenía un par de orejas graciosas iguales a las de un conejo y rematándolo, el característico hocico y cola del animal.

Llegó a las puertas, junto a los casilleros y abrió orgullosa su obsequio. Varios de los que pasaron junto a ella le sonrieron llenos de burla. Ichigo pudo soltar arisco eso que hacía era ridículo, pero luego del golpe en su entrepierna en enero y la amenaza hecha contra su hombría, consideró que lo mejor era guardar silencio.

—Vamos —Rukia lo miró atento mientras esperaba que tomase la sombrilla.

—¡Estás loca —susurró pasando a su lado—, si piensas que voy a tomar eso! —chilló con la mejillas rojas.

—No digas que no te lo advirtió, Ichigo —Sado le advirtió al momento de tomar el mango de la sombrilla de Rukia.

La sombrilla era lo suficientemente amplia como para proteger al trío —Rukia, Sado e Ichigo—, más este último ni siquiera lo consideró como una opción. Inoue e Ishida, tenían una reunión en su club, por lo cual debían de quedarse y cumplir con sus horas extras en el instituto ya que: «el clima en ese momento no ameritaba la suspensión», les había aclarado Uryū ajustándose sus anteojos. Además, ninguno dudaba que el Quincy tuviese guardad una pequeña sombrilla en su casillero.

—¿Ichigo? —Ahora fue el moreno quien lo llamó y le pido que se cubriese.

—¡Ya les dije, no voy a ponerme bajo esa cosa! —la señaló asqueado por solo mirarla—. ¿No puedo creer que lo hagas tú, Chad?

—Simplemente no quiero enfermarme —Le respondió.

Cansada por la actitud infantil del sustito, Rukia se complació al tomar el brazo de Sado y caminar elegante a su lado. Ambos estuvieron conversando animadamente todo el trayecto sobre los grupos favoritos del moreno —ignorando completamente a Ichigo—, mientras el tercero en cuestión mantenía una considerable distancia en su andar detrás de ellos. Para ese momento él ya estaba completamente empapado de su blanca y ligera camisa. Después de media hora de marcha, el trío llegó a la casa de «Chad», como solía llamarlo el sustituto. Finalmente, Rukia lo encaró.

—¡Dejas, ya esa rabieta tuya! —se colocó a su lado y lo cubrió—. Estás mojado y seguramente tienes frío.

—¡Ya te lo dije —abandonó el resguardo de la sombrilla—, no caminaré bajo esa cosa!

Para cuando llegaron a la casa, Ichigo tenía un bonito color rojo en sus mejillas y se abrazaba en un vano intento por entrar en calor. Hecho inútil, hay que aclarar, ya que sus brazos también estaban húmedos. Durante la cena familiar fue más que obvio cual sería el pronto resultado de su propio capricho personal. Ichigo y se había puesto una muda nueva de ropa, más no hizo caso de la sugerencia de Yuzu; de darse un buen baño caliente para entrar en calor. Refutó esto, alegando que sería una pérdida de tiempo, tenía más hambre que ganas de darse un baño. Y además, no se enfermaría por semejante tontería. Y ese fue su error… Hacia casi las diez de la noche, un fuerte golpe brusco en la habitación contigua alertó a las mujeres de que algo andaba mal. Rukia fue la primera en ingresar, seguida de las mellizas. Derribado en el suelo se encontraba Ichigo. Apresuradas y con evidente esfuerzo de todas, lo giraron para que pudiese respirar como se debía —ya que había aterrizado boca abajo—. La respiración del chico era entrecortada, sus mejillas ahora no con un ligero, sino evidente rubor, y su rostro sudoroso eran la confirmación más clara de su enfermedad. Tenía fiebre y quien sabe que más. A escasos segundo, Isshin ingresó urgido a la habitación de su vástago, al escuchar tanto ajetreó. Palmo su húmeda frente y se enfado con él, y por su necedad.

—Karin, trae mi maletín. Yuzu, acomoda la cama de tu hermano. Rukia-chan… —la miró y luego le sonrió al ver con compungido rostro de la chica, que ansiosa esperaba ser de ayuda— no te preocupes por este tonto hijo mío —acarició tiernamente su cabellera.

.

.

Esa era la razón por la cual regresaba sin su compañía ese día, después de clases. La nieve en el suelo ya se había derretido, para cuando salieron del instituto esa tarde —más el frío persistió durante la mañana—, por lo que la noche también sería baja en temperatura. Ese hecho, había obligado al campus a usar su uniforme invernal.

—Que malo que Kurosaki-kun este enfermo —se lamentó y soltó un largo suspiro—. ¿Segura que no podemos visitarlo? —comentó esperanzada de la mínima oportunidad de verle.

—Isshin-san, me dijo que podía ser más que un simple resfrío —le comentó firmemente y fue evidente la desilusión en el rostro de su acompañante, al final solo exhaló lenta y pesadamente—. Temo que si lo visitas justo ahora te enfermes, tal y como él y no hay quien te cuide si te pones tan grave como Ichigo. Y no creo que quieras pasar un par de noches en la clínica o en el hospital de Ishida.

Orihime negó fervientemente con su cabeza— ¿Tu, estás bien? —preguntó algo cohibida.

Rukia le sonrió— Por mí no te preocupes, este es un cuerpo falso —señaló el giga—, no hay manera en que me enferme.

—Mmm… —expresó no muy convencida al verla dudar un poco— Si tú lo dices, Kuchiki-san. Entonces envíale mis saludos a Kurosaki-kun —le dijo en la esquina donde siempre se despedían, se alejaba de ella con su mano meciéndola suavemente en el aire.

Honestamente Rukia no quería preocupar a nadie en el instituto, más de lo que ella misma estaba. Isshin había pasado gran parte de la noche en vela, debido a la alta fiebre de Ichigo. Ese cariño tan paternal de su parte, la enterneció notablemente ante el hombre que le había permitido vivir en su hogar. Tenazmente el médico había ordenado a las chicas el ir a dormir, y no preocuparse más. Sin embargo, en toda la noche apenas y pudo pegar un ojo y reposar como él les había indicado. A través de la penumbra y silencio de la noche, pudo escuchar los delirios incoherentes del chico enfermo. Cogió el aire fresco una vez más, en ese momento vio pasar al menos siete ambulancias, cosa inusual. Al cabo de algunos minutos más, llegó finalmente a casa. Antes de poder entrar, Isshin abrió estrepitosamente la puerta principal con un claro alivio en su rostro al verla.

—¡Que bueno que ya estás aquí, Rukia-chan! —se mostró sumamente aliviado de verla—. ¡Me han llamado del hospital de la ciudad, al parecer hubo una terrible carambola en la carretera y hay demasiados heridos! —se apresuraba al informarle, revisando nuevamente con prisa su maletín asegurándose que no había dejado nada atrás—. Necesitan de mi ayuda —le susurró y la sujeto de sus hombros—. Solo esperaba que llegaras para poder irme, ¿puedes cuidar del estúpido de mi hjo?

—Cla… claro —Apenas pudo responder. Pero se extrañaba, se suponía que a esa hora ya deberían de estar en casa las mellizas.

—No te preocupes, Rukia-chan —exhaló incómodo rascándose la nuca y aclarándose la garganta—. Yuzu y Karin, están en una fiesta de cumpleaños sorpresa y por la noche tendrán una pijamada. Y regresan mañana a medio día —le sonrió hasta cierto punto nervioso—. Solo una cosa —advirtió demasiado serio, con un mote que para nada le quedaba al médico—, por ningún motivo quiero que entres en su habitación. ¿Entiendes?, por ningún motivo —repitió para que sus palabras fuesen más que claras—. Aún si lo escuchas delirar y otras cosas, no quiero que entres en su recámara.

« Otras cosas…» «¿Cómo ayudaría eso a su amigo, si este la necesitaba?» Pensaba —¿Pe… —balbuceó— pero?

—Mira, Rukia chan, ha estado delirando gran parte de la mañana y tarde —comenzó a explicar cómo si aquello no fuese para nada importante—. Está diciendo cosas tontas y no quiero que te diga nada hiriente en su inconsciencia, y luego terminen odiándose.

Había algo de verdad, pero también sabía que mentía —. ¿Seguro?

—Claro, ya le he medicado. Y no necesitara otra dosis hasta mañana —le mostró orgulloso su pulgar— tiene tanta medicina en su torrente sanguíneo como para tirar a un caballo —le sonrió jovialmente—, solo tienes que hacer lo que te he pedido —iba pasando un taxi, y de manera desesperada Isshin lo paró

Rukia soltó un lastimero suspiro e ingresó a la casa —¿Kon? —Gritó un par de veces para que el peluche saliese, al no recibir respuesta supo que no estaba. Seguramente, Yuzu se lo había encontrado y se lo habría llevado consigo—. Vaya suerte que tiene

Por lo menos agradecía que la casa fuera suya esa noche. Más aún que fuese una invitada y no una polizona como en antaño. Ahora, tenía plena libertad de andar por donde quisiera en la casa. Sin la constante preocupación de que fuese pillada o los quejidos molestos de Ichigo en su afán de mantenerla oculta. Gracias a eso, podría bañarse con soltura, y eso iba hacer más el gruñido de su estómago le indicó que mejor primero debía comer y luego se daría su baño. En la cocina se encontró con el estofado favorito de Ichigo, recién hecho. Ciertamente, Yuzu esperaba que se hermano despertase pronto y que estuviese muy hambriento. Sin siquiera notarlo, una tierna y sincera sonrisa se enmarcó en su rostro. Adoraba a esa peculiar y única familia. Fueron tres veces las que se sirvió el estofado. Se sorprendió por lo pronto que se acostumbró a las comidas en conjunto, el silencio y la soledad de la mesa la incomodaron. Al final tuvo que comer frente al televisor.

—«Mejor así que sola» —se dijo. Lavó lo que ensució y tomó su mochila para ir a su habitación. Cuando pasó frente a la habitación de Ichigo se detuvo.

—«Por ningún motivo quiero que entres en su habitación» —Las palabras de Isshin resonaron en su cabeza.

—Bueno, si él lo dijo fue por algo. ¿Cierto? —Expresó no muy convencida mordiéndose el labio inferior.

La noche comenzaba a caer para cuando entró en la habitación que compartía con las mellizas. Depositó su mochila sobre su cama, se retiró el suéter y moño y poco después desabotonó los tres primeros botones de su blusa —no antes claro esta de desfajarse la camisa—. Cuando los quejidos lastimeros y casi suplicantes del chico la interrumpieron de su reciente labor. Guardo silencio y espero… una vez más él gimoteó. Con toda y prohibición, ella iría a verlo. Existía la posibilidad de que empeorase, así que hacer un chequeo rápido no lastimaría a nadie ¿no es verdad? Cuan equivocada estaba. La puerta no estaba bloqueada y eso lo agradecía. Ichigo aún estaba recostado, agitaba violentamente sus manos en el aire mientras vociferaba, como si intentase apartar algo que lo asfixiase. Lentamente se le acercó, quien fuese su enemigo invisible la estaba asustando a ella también. Si esto no se detenía tendría que llamar a Isshin, luego se encargaría de pedir disculpas. Intentó despertarlo, al llamarlo varias veces por su nombre. Pero, él seguía manoteando salvajemente con sus brazos. Y para cuando ella intentó controlarlo en su delirio, la única sábana que lo cubría cayó al suelo y no le dio importancia por el momento.

—¿Ichigo? —Lo sujeto de sus muñecas.

Él, al sentir que finalmente su enemigo se le acercó, bufo furioso un par de sonoras maldiciones. A ella le resultaba increíble que pese a estar casi «convaleciente», tuviese tanta fuerza aún. Fue entonces cuando ella lo percibió…

«Por ningún motivo quiero que entres en su habitación»

—«¡Esta desnudo, desnudo!» —Gritó prácticamente su mente horrorizada—. ¿Isshin-san?, ¡en qué demonios estabas pensando! —Murmuró en voz baja y su corazón comenzó a latir más rápido. El carmín de sus mejillas comenzaba a sofocarla, rápidamente encontró un punto ciego en la pared blanca de la cabecera del chico. « ¡Desnudo...!» —Exclamaba aún en su mente— Muy bien, primero lo primero, ¡Lo suelto y me largo de aquí! —Pero ya no pudo hacerlo. Deseoso de ganar su combate mental, haló del brazo a su enemigo y lo forzó a quedar bajo él. Rukia estaba asustada, alarmada y…. No podía respirar justo ahora. Ichigo la había tomado por una absoluta y total sorpresa, cuando estaba por soltarlo él la aprisionó y no precisamente de una buena forma. Le sujetaba el cuello entre sus manos, con la clara intención de asfixiarla —«¿Realmente no sabe lo que hacer?» —se dijo, mientras intentaba quitárselo de encima, hecho que le estaba resultando sumamente inútil. Ichigo era más fuerte que ella. Técnica básica de supervivencia, recogió su rodilla derecha y le propinó un fuerte golpe en la boca de su estómago. Lo que la había salvado por el momento. Desafortunadamente su rápido y no tan ingenioso escape, tuvo una severa consecuencia que ahora mismo sentía. Su gran cuerpo desnudo, yacía sobre el suyo.

—… —Ichigo murmuró una incoherencia.

Y ahora, Rukia tampoco podía respirar, pero era a causa de otra circunstancia. El peso muerto de Ichigo le dificultaba el ventilarse apropiadamente. Sumado a eso, estaba la desesperación que la invadía por abandonar lo más pronto posible esa alcoba. El rostro de Ichigo aterrizó muy cerca de su cuello y oreja derecha, podía sentir que su respiración le provocaba un cosquilleo nervioso; las manos de él habían aterrizado sobre su negra cabellera. Sin embargo, lo que realmente la inquietaba era que por el golpe dado y la postura de hacia instantes sus piernas estaban completamente abiertas con cuerpo del chico inconsciente sobre el suyo.

—Si mi hermano nos viese ahora, seguro que mata a Ichigo —intentó meditar fríamente, realizando más faenas para quitárselo de encima—. ¡No! —refutó—. ¡Nos mata, mejor dicho…! —Llenó de aire sus pulmones, por lo menos sus manos estaban libres. Así que desesperada comenzó a moverse como una lombriz, para intentar moverlo y poder salir de ahí. Tarea que la estaba cansando rápidamente—. ¡Claro que no puedo, pesa casi treinta kilos más! —se quejó del enorme sobre peso—. Si no soy capaz de cargar una sandía de cinco kilos —jadeó—. «¿Podré quitármelo de encima?» —por un momento lo pensó. No era una opción a su problema, era de hecho su más reciente necesidad.

.

«Ichigo»

Él podía sentir algo muy cálido y suave debajo de él, junto a un aroma realmente maravilloso que inundaba su nariz en cada respirar. La dulce esencia de la vainilla. Y ni que decir del sensual epicúreo, para rematar su excitación estaban esas delicadas manos que acariciaban su espalda. Y sonrió gustoso para sí… de su más reciente sueño erótico con otra de sus diosas… Desde hacia un buen tiempo que algunas noches solía tener los famosos «sueños húmedos», que tanto le avergonzaban pero que al mismo tiempo le hacían implorar por el sueño. Siempre y en todos, existía una mujer maravillosa a sus pies, una «diosa» —así las había bautizado—. Mujeres expertas en brindarle un placer más allá de lo imaginado. Curiosamente, todas tenían puntos en común. Sus cuerpos eran menudos, pequeños y delicados. Así, como el tamaño de sus senos, los cuales siempre cabían perfectamente en sus manos. Se preguntó, si los de esta divinidad serían igual al resto.

«Rukia»

Por su forcejeo constante, Rukia no percibió cuando la mano izquierda de él se movió. Para atrapar su seno más próximo a su alcance. Ella abrió sus ojos con estupor, y se detuvo en seco. Pero, no por su mano tocándola en su seno. Sino, a la creciente dureza que estaba por sobre su falda del instituto.

—¡Mierda! —susurró aterrada. Sin saberlo, al moverse de esa manera bajo él lo había excitado y al parecer bastante. Volvió a tragar saliva, y esta vez le costó más trabajo. Porque el maldito amasaba muy suavemente su seno izquierdo que no fue capaz de contener el gemido que se escapó por sus labios, cuando él comenzó a depositar cándidos y delicados besos en su cuello.

«Ichigo»

Se detuvo un poco, eso si que era nuevo. Por primera vez, uno de sus sueños tenía la adición del efecto sonoro. Antes de esa noche siempre todos los encuentros habían transcurrido en un aburrido y tedioso silencio. Y se preguntó… —«¿Qué más podría hacer para continuar escuchando esa erótica vocalización?» «Sus labios» —repitió avivado—. En sus sueños, ninguna de sus diosas poseía un rostro que admirar. Siempre un extraño velo negro cubría de alguna manera su pudor, aunque después de lo que hacían le causaba risa. ¿Podría ser… esa la excepción a su desagradable regla nocturna? Y probar por primera vez la tersura de esos labios que tanto se le habían prohibido.

«Rukia»

Para cuando abandonó su cuello, ella era ahora la que sudaba y jadeaba por el aire desesperada. Creyó que luego de que se le escapara ese gemido, lo había despertado. Sin embargo, cuando abrió sus ojos y encaró su rostro se dio cuenta una vez más de su error. Él permanecía con sus ojos entre abiertos. Ahora, no sabía si él aún continuaba en su delirio por la enfermedad, o ya estaba despierto vengándose de ella. Ni siquiera pudo hablar e intentar indagar, cuando los labios de él demandaron los suyos posesivamente.

«Ichigo»

No quería despertar, de ese sueño tan perfecto. Ya que cada vez que lo hacía, regresaba a la lastimera realidad. Encontrándose una vez más solo en su cama, junto con se maldito dolor en su parte baja. Así, que esa ocasión en que pudo robar un beso a la primera de sus diosas fue casi un delirio a sus sentidos. Cuanto deseaba mirar y admirar a su más reciente diva, más se negó rotundamente en su cabeza; prefería mil veces el continuar disfrutando de esta manera aunque fuese una irrealidad, que retornar a su alcoba por haberse atrevido a observarla. Regresar de su fantasía erótica, no le era una muy buena opción. Comenzó a molestarse cuando su deidad, le ponía resistencia en su beso. Normalmente todas eran bastante sumisas, pero esta no; era casi una pequeña fierecilla. Además, había un nuevo detalle sensual, al cual hasta ese instante no le había presado demasiada atención. Ella aún estaba vestida, lo percibía perfectamente un duro contraste con su cuerpo desnudo. Un cambio inusual, esas bellas mujeres solían desnudarlo y ahora él por primera vez se daría el excepcional encanto por despojar a una de sus ropas. Esa mujer, no cedía terreno. Hastiado de eso uso sus manos para controlarla, con la izquierda sujeto su cabeza y la derecha la llevo hacia abajo, para acariciar esos muslos cremosos muy cerca de la zona del mayor pináculo de placer para un hombre y una mujer.

«Rukia»

Ese último detalle la mortificó demasiado, quiso gritar al sentir la intrusa mano masculina el acariciar su línea más pudiente —y casta hasta el momento—. Y al abrir la boca, permitió que la lengua de Ichigo la invadiese por completo. El beso, lejos de ser suave y delicado era completamente posesivo y afanoso; indicándole que ella le pertenecía enteramente. Al cabo de lo que le pareció una eternidad, él la dejo respirar y retiro sus manos de su cuerpo. Ya que al parecer, él también necesitaba aire. Jadeaba y gemía ahora, ya que el varón comenzó a recorrer lujuriosamente la comisura de sus labios y con la misma trazó un camino a lo largo de su barbilla, cuello y se detuvo al llegar a su clavícula expuesta. Se había olvidado que su blusa blanca, estaba más abierta de lo usual. Lo cogió de sus mechones naranjas con fuerza para alejarlo.

«Ichigo»

Y su diosa, una vez más se oponía. Así, que la tomó sus muñecas y las colocó sobre su cabeza, cuando volvió a reclamar esos labios para sí. Al tiempo que le restregaba su dureza entre sus piernas.

«Rukia»

Solo cerró sus ojos mientras disfrutaba —no queriendo realmente— de las sensaciones encontradas en su cuerpo, que él le producía. El beso ahora era sensual, pero el despiadado arrumaco de sus intimidades le cegaba el raciocinio en su mente. Si, se sentía tan bien con sus prendas aún puestas «¿cómo sería cuando él se las quitase?» Una vocecita dijo al final de su mente. Alarmada ante esto, abrió sus ojos, solo para encontrarse con los orbes delirantes del chico por lo que una vez más comenzó a forcejear para quitárselo de encima y salir cuanto antes de la habitación.

«Ichigo»

Y ese roce, ahora incentivado por ella lo estimuló mucho más. Al parecer su diosa comenzaba lentamente a ceder una vez más a sus deseos. Uno, dos, tres y quien sabe cuantos besos compartieron con sus labios ya hinchados. Apenas la dejaba respirar, para cuando ya comenzaba otro largo contacto. En ocasiones ella consentía y participaba, en otros más intentaba alejarlo. Por lo que el final, no tuvo más remedio que contenerla al imposibilitarle cualquier plausible salida.

«Rukia»

Luego del último beso, ella estaba extenuada. Y ni que decir de lo cansada que se sentía. «Si no has hecho nada» —le recriminó ásperamente su mente—. Tontamente intuyó que él finalmente se había dormido, un nuevo error de esa noche. Él abandono sus labios, solo para dirigirlos hacia su seno derecho. Lejos de quitarle la blusa y el mismo sostén que aún portaba, se contento con hurgar por sobre las dos prendas blancas. «Nota mental, comprar ropa interior con esponja que le imposibiliten el llegar a excitarla tan fácilmente» —se dijo en un breve lapso de cordura que poco le duro—. En ese momento, le era increíble lo sencillo que le había resultado al chico el hacerla desear que eso realmente sucediese. Estaba a un paso muy sencillo de entregar su virginidad.

«Ichigo»

Su diminuta diosa, comenzó a suspirar sonoramente y sin tapujo alguno cuando él comenzó a mordisquear esas finas avellanas. Cuanto deseaba contemplar ese rostro lleno de placer por su culpa. ¡Pero el maldito sueño era demasiado bueno como para arriesgar a despertarse! Así, que continuo agasajando sobre las prendas al par de gemelas; mientras disfrutaba de esos irresistibles gemidos que se escapaban de sus labios, al tiempo que de vez en cuando los reclamaba una vez más para su propio y placentero disfrute. Libero sus muñecas y se alegró al comprobar que ahora ella ya no intentaba alejarlo. Lo que hizo ahora, fue subir la blusa lo suficiente como para poder hurgar mejor en ese templo que ya se le ofrecía.

«Rukia»

Su camisa escolar fue a dar por debajo de sus axilas, ahora tanto su vientre como sus senos estaban más que expuestos ante lo que el chico desease hacerle. En ese instante, si que se asustó. Una cosa es que la besase y tocase aún con sus prendas en su lugar, y una muy distinta a que la despojase de estas. No pudo alejarse ni un poco ya que él la cogió de su cintura y la obligó a quedarse quieta. Tanteó en busca de la copa de su sostén izquierdo y la bajo rápidamente, engullendo en su boca a su. Si lo había sentido antes fue sensual —con su vestimenta en su sitió— no había comparación alguna cuando él comenzó a succionar esa parte tan delicada de su ser. Vio las estrellas.

«Ichigo»

Sintió bajo su peso, como ella se arqueó de placer puro cuando devoró uno de sus senos. Y esa reciente vocalización, no tuvo cotejo alguno; así como esos candentes movimientos del cuerpo femenino. Saboreo el sudor en esa piel perfecta, cuando se hubo saciado del seno izquierdo, hizo lo propio con el lado derecho. Los suspiros de placer de su diosa, se elevaban a cada segundo que pasaba. En este momento, quería mucho más y estaba dispuesto a tenerlo todo.

«Rukia»

Aunado al hecho de que el ¡muy maldito se había tragado casi a sus senos!, debía sumarle las tiernas caricias con las cuales compaginó sus encantos en su vientre. Jamás se imaginó que fuese tan sensible en dichas zonas, mucho menos cuando él casi enterró sus uñas en su pequeña espalda. Eso la hizo gritar, pero no por el dolor, sino más bien por el placer mismo. Afuera hacia frío, sin embargo ella se moría de calor. Y una vez más el la besó imperiosamente.

«Ichigo»

Liberó sus labios, mientras la escuchó jadear por aire. Se relamió sus belfos, disfrutando el sabor salado del sudor mezclado. Ella no se movía, y una idea malvada le llegó a la cabeza. Sabía que en el fondo, ella se lo agradecería.

«Rukia»

Ella colocó su antebrazo izquierdo por sobre sus ojos. Estaba tan cansada, como si hubiese entrenado por horas y no creyó el haber estado en esa habitación más de una hora. Y se hubiese dormido ahí mismo, de no haber sabido de las probables consecuencias. Y justo, ahora las conocería.

«Ichigo»

No le dio tiempo alguno para reaccionar, o impedirle sus acciones. Metió sus manos bajo la falda, le quito con rapidez y de un solo movimiento su braga. La cual arrojó por los aires, y aterrizó a un costado de su cama, cayendo en el suelo poco después. En menos de un segundo, recargó una vez más por completo su peso, sobre su diosa.

«Rukia»

Muy bien, si había un plan de escape real… era el momento idóneo para llevarlo acabo. Pero tan solo un lastimero gemido suave se escapó de sus labios, cuando él acarició entre esa delicada espesura azabache que ningún hombre jamás se había atrevido a tocar. Se llevó sus manos a sus labios para callarse, pero le fue casi imposible. Necesitaba gritar.

«Ichigo»

Recorrió lentamente esa piel, deleitándose ante los gritos salvajes que ahora su fierecilla profería de forma tan vocalizada. Y eso, que solo la rozaba superficialmente con sus dedos. Que pasaría si…

«Rukia»

Un quejido suave de desaprobación, salió de sus labios cuando él retiro su mano. Lenta, pero sensualmente él fue bajando de sus labios, mientras depositaba besos a flor de piel por todo su cuerpo. Recorrió el cuello, el vientre y se entretuvo un buen rato en su ombligo. «¿Por qué no te lo quitas de encima?» —Se repitió una y otra vez—. Fue un breve momento, solo un instante cuando el cuerpo de él le dio un verdadero respiro. Solo para arrebatárselo de la forma más cruel posible. Le sujetó sus muslos con algo de fuerza, y entonces colocó su cabeza entre sus piernas.

«Ichigo»

Tenía que ser precavido, así que por eso la había sujetado. No quería que en medio del juego su diosa lo detuviese. De inmediato, comenzó a hurgar en sus labios bajos, con más lujuria de la que alguna vez uso en cualquiera de sus sueños previos. En el primer instante en que introdujo su lengua y probó ese líquido salado… supo que había ganado. Ella ya no se resistiría. «¿Se podría pedir algo más acaso...?» —Se preguntó— «¿Quizás ver a esta diosa?» Iba a pecar contra sí mismo. Fue subiendo un poco, y atrapo en ese diminuto lugar mágico, el botón tan deseado.

«Rukia»

Entonces, ella formo una "A" con sus labios y no reprimió nada más. Le había llegado el primer orgasmo de la noche, y lo único que él tuvo que hacer fue tocar esa parte tan sensible y dulce. «¿Realmente, así se sentía cuando alguien tocaba ahí?» Admitiéndolo en ese momento y a pesar de haber vivido cuando menos diez veces más, lo cierto que el tema de intimidad carnal, esa era su primera verdadera experiencia. E inclusive esos besos previos, eran la mejor rutina que había experimentado. Quiso que él, siguiese moviendo su lengua mucho más, así que lo tomó de su cabellera y lo incitó a continuar.

«Ichigo»

Él sintió como su diosa acariciaba su cuero cabelludo, por lo visto finalmente estaba a su entera merced. Continúo lamiendo, y dando suaves mordiscos de tiempo en tiempo, hasta que la sintió venirse una vez más. Deseaba verla, esto ya no era una opción, ¡sino una necesidad! No importaba si despertaba, así que se hincó sobre la cama.

«Rukia»

Todavía sentía el palpitar en su zona femenina inferior. El sudor de su cuerpo la atosigaba, se recargó en sus antebrazos libre al fin y lo miró. Esa postura le indicaba algo «¡Oh, no lo pensará. ¿Cierto?» —se atrevió a preguntarse—. A primera vista, por lo que ella vio fue que él se preparaba para reclamarla enteramente. No observó su rostro, solo esa parte de su anatomía que… ¡ni loca permitiría que se la metiera, era grande y bastante gruesa! Kurosaki estaba completamente listo para embestirla.

.

.

Muy lentamente Ichigo fue abriendo sus ojos, su cuerpo le pesaba tanto y realmente no creyó ver bien.

—¿Ru… Rukia…? —Habló con una voz entre dormido e irrealidad pura.

Nerviosa, hizo lo primero que se le ocurrió. Con uno de sus pies libres, le dio un golpe bajo su barbilla con la suficiente fuerza que lo mando directamente al mundo de Morfeo. Y antes de que volviese a caer sobre ella, Rukia rodó por sobre la cama y aterrizó fuertemente en el suelo frío de la habitación, al tiempo que él lo hacía en su cama. Le asusto cuando la llamó. Sabía bien que había despertado, por ello su completa estupefacción. No tenía palabras para explicarle la situación entera. Se levantó tambaleante —sus piernas aún no le respondían apropiadamente—. Al cabo de un tiempo más y con mayor confianza en su cuerpo cogió la sábana y lo cubrió una vez más. Esperaba que para cuando despertase, pensará que solo había sido un sueño; rogaba para que fuese lo suficientemente estúpido como para hacerlo. Muy remisamente salió de la habitación, y se fue a encerrar en la suya.

—«Por ningún motivo quiero que entres en su habitación»

Berry Strawberry

A las siete de la mañana, Isshin regresó casi muerto a su hogar. Se daría un buen baño, antes de ponerse a dormir por toda su faena nocturna. Sin embargo, les daría una checada a los niños en la casa. Tocó primero en la habitación de Rukia.

—Adelante —habló con demasiada pereza, e Isshin ingresó lentamente.

El hombre sonrió cuando la miro hecha un desastre—. Buenos días, Rukia chan —le dirigió la palabra desde la puerta—, ¿todo tranquilo?

Parpadeo perpleja un par de veces. Podría ironizar y decirle que por poco la ultraja su hijo enfermo, y semidormido. No obstante, rechazó la moción —. Claro —forzó una sonrisa—, todo bien ella respondió.

—¿Cómo estuvo Ichigo? —rascó su barbilla.

—«Si se lo dijera» —pensó—. No hizo ruido en toda la noche

Isshin le afirmo con su cabeza—. Me alegro. Le di una fuerte dosis de medicamentos, con la potencia necesaria como para levantar aun caballo al día siguiente. Aunque… tiene algunas reacciones secundarias —aclaró entonces bastante incómodo de lo que iba a preguntar—. ¿Entonces… hiciste lo que te pedí?

—¿De… no ir a su habitación?... —tartamudeó al indagar— ¡Por supuesto! —Temía que la descubriese— ¿Cómo que reacciones secundarias? —preguntó bruscamente al recapitular.

—Verás… —no estaba muy seguro si debía de decirle, ya que estaba seguro que se enfadaría—. Digamos que el lado feo es que, la persona medicada no es capaz de diferenciar entre un sueño y algo real. En otras palabras, su lado oscuro aflora —dijo como si nada—. Ya que no está Yuzu —entró de lleno en la alcoba—, ¿te importaría hacer el desayuno?

Rukia pudo haber saltado de la cama y asesinarlo… ¡Él era el culpable de todo!

.

Isshin escudriño la habitación donde su hijo dormía. Lo encontró boca abajo en una postura realmente incómoda, sin embargo no percibió nada fuera de lo uaual. Se le acercó y lo giro, para checarle la temperatura. Fue en ese momento, que muy lentamente Ichigo entreabrió sus ojos. Al ver a su padre frente a él se asusto, mientras recordaba los famosos "buenos días". Así que de un solo movimiento, lo alejó de él mientras se ponía de pie. Pero al hacerlo, se mareó instantáneamente. Gracias a que su padre lo detuvo, no aterrizó una vez más en el suelo de su habitación.

—¡Ese es mi hijo! —Exclamó orgulloso al ver su erección.

—¡¿Qué demonios?! —Sonorizó, cuando reacciono ante su desnudez frente a su progenitor. Era su peor vergüenza jamás vivida, tomó su almohada y se cubrió.

—Has estado enfermo, y tu papá —se señaló— te ha estado cuidando así que…

No termino de hablar, debido al golpe en su barbilla que lo mando directo contra el armario—. ¡Para eso debías desnudarme, papa! —le espetó—. ¿Por qué no me mandaste al hospital?

—¡Pero, si aquí hay una clínica! —Se levantó adolorido del suelo.

—¡No! —Chilló mientras su ira iba rápidamente en aumento—. ¡Un padre normal, no desnuda a su hijo cuando está convaleciente! —estaba más rojo que una cereza, esa vergüenza y desmedida humillación jamás se la quitaría—. ¡Largo! —le gritó a todo pulmón señalando la puerta de su habitación.

Creyendo que no era una buena idea continuar con la conversación, Isshin abandonó el cuarto de su hijo. Pero, cuando le dio la espalda, Ichigo le propinó un fuerte puntapié en su trasero y le cerró la puerta cuando este se estrelló contra la pared del frente.

—¡Eso no se le hace a papá! —arremetió como un niño Isshin tras la puerta.

—¡Joder! —Rechistó—. ¿Por qué no puedo tener un padre normal?

El malestar volvió, aún no estaba recuperado por completo. Regresó a su cama y se dejo caer boca abajo, al pie de su cama mientras su mejilla tocaba la fría pared. En ese momento recordó su sueño durante su convalecía, y se sintió muy bien cuando esas memorias llegaron a su mente. Sonrió para sí, esa fantasía había sido la mejor que había tenido. Escuchó la puerta principal abrirse, se alzó un poco y la vio mientras salía de la casa.

—¿Rukia...? —Susurró.

Su diosa de ayer por primera vez había tenido un rostro, sus mejillas se tornaron rojas. Había tenido un sueño erótico, con nada menos que Rukia. «¿Y qué sueño?» —se dijo mentalmente—. Contando este con efectos sonoros, sabor y dolor…

—¿Dolor...?

Y se puso a pensar varios minutos. Su quijada le dolía demasiado, así como su estómago. El segundo lo comprendía seguramente era de hambre, pero la barbilla, ¿por qué le lastimaba tanto? Cuando pasó su lengua sobre sus belfos, para quitar la sensación de los labios partidos fue cuando percibió… la impresión salada en su interior. ¿Sería propio de su enfermedad...? Bajo la vista, y ahí se encontró con algo que no formaba parte de la decoración de su habitación. Estiró su mano y sujetó esa tela. A primera vista no le vio forma a las líneas azules y amarillas, se puso boca arriba y alzó lo que creyó un trapo en lo alto. Al estirarla le vio por completo su verdadera forma. Era una diminuta braga, no tan infantil como para pertenecer a sus hermanas; ni tan madura como para que su dueña sea una señora. Tenía un bonito corte francés, que Keigo tanto se había esforzado en que lo aprendiera. Una vez más la reja de la entrada se abrió, se sentó para ver a Rukia ingresar con una canastilla llena de huevos. Ella alzó la vista, Ichigo se decidió a saludarla con su mano desde el interior de su habitación, pero ella bajo la cara, estaba completamente roja. Miro una vez más la prenda. «¿Sería posible… que no hubiese estado soñando…?» Palpó su estómago y barbilla una vez más, y luego contempló la ropa interior fémina detenidamente. Tuvo la clara intención de oler el aroma de esa prenda, y se detuvo en seco.

—¡Dios, soy un pervertido igual a Kon!


Φ

Tema II

Y el ratón, le comió la lengua al gato

Φ


Notas de la autora:

+ Reeditando y volviendo a colocar los capítulos.


Φ

Nos vemos

Φ