Disclaimer: Soy una persona —con deditos que escriben— y no un loro. Punto.

Claim: Jane/Gianna. Creadora de nueva femslash!pairing, gracias a la petición de Anna, graciasdenada

Advertencias: Femslash, posible lime. Bah, nada raro xD

Notas: Va dedicado a Cafesitodeldia. Mujer, perdóname por la tardanza. Espero que te guste lo suficiente como para que no quieras matarme.

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Curious


Jane la mira, todo el tiempo. En cada momento en el que no está cazando, mientras su hermano está ocupado en otros asuntos, o cuando su amo no la llama, ella ve a Gianna hacer lo que sea que un humano hace.

La ve llegar en la mañana, aún con esa nube de sueño en su cabeza, bostezando cada cinco minutos. La ve hablar con Félix, con voz pastosa debido al cansancio.

También la ve sentada, escribiendo, leyendo, tipeando y quién sabe qué más cosas en su escritorio.

La ve sonreírle a Heidi cuando llega con toda una horda de seres humanos como futuros bocadillos. Una sonrisa que esconde cierto miedo, un atisbo de preocupación por no querer ser parte de la cena.

Jane ve cómo el pecho de la humana sube y baja, respirando, buscando ese oxígeno que necesita. Algo tan necesario y vital para los humanos como la sangre lo es para los vampiros.

Y aunque no lo ve, Jane puede oír el tamborileo del corazón de Gianna, impulsando la sangre a tavés de las venas por todo su cuerpo. Tentándola permanentemente.

Jane la observa, siempre la observa. Curiosa, como es.

Se sabe de memoria cada parte visible del cuerpo de ella. Su rostro, sus manos, sus largas piernas, su cabello.

Y Jane maquina miles de planes, uno más descabellado que el anterior, para atraer a la humana. Porque ya no quiere sólo observar, también quiere sentir, tocar y explorar. Siente curiosidad, sana curiosidad.

Y lo hace, porque no hay nada que a Jane le haga quedarse con la duda. Se le acerca, sonriendo como lo hace, con aquella sonrisa de querubín.

— Gianna.

Ella le miró, con esos ojos verdes que contrastan con su tez, relampagueantes de curiosidad.

— Dígame, señorita Jane.

Se acerca a ella, transformando su sonrisa inocente en una con transfondo travieso. Pícaro. La toma por la muñeca y la pega a su cuerpo —la humana le lleva un par de cabezas pero a ella todo le importa un rábano—. Puede sentir que los labios de Gianna son suaves, cálidos y carnosos cuando la besa con lujuria. Tal y como ella los veía.

Gianna es técnicamente mayor que ella, pero qué interesa. No puede refrenar su curiosidad. Ya no quiere ser más una espectadora, quiere sentir lo que con los ojos no puede.

Y Gianna no se opone. ¿Para qué? Sería de locos llevarle la contraria a un ser inmortal que supera con creces su fuerza.

Pero tampoco quería apartarle. Claro que no. Hay algo en sus labios que le resulta delicioso, adictivo.

Las manos curiosas de Jane también le son placenteras. Una vez que comienza a sentirlas bajo su blusa, trazando caminos helados, ya no quiere que se detenga. Manos traviesas, que a pesar de pertenecer a una vampiro congelada en los catorce años, saben muy bien lo que hacen, y logran arrancarle gemidos a la humana en puntos estratégicos.

Gianna reacciona. No se queda atrás. Sus dedos torpes acarician el vientre pálido y frío de la vampiro por debajo de las ropas, y se estremece al sentir el aliento pálido y frío de Jane, acompañado del camino húmedo de besos que bajan hasta el inicio de sus hombros. El rostro de la humana se cubre de carmín, y su corazón desbocado hace que la inmortal se desespere aún más.

Las manos van y vienen, y los besos continúan, al igual que lo gemidos reprimidos, los gruñidos y los suspiros.

La curiosidad de Jane nunca terminará de saciarse, por lo que no va a ser la última vez que ella explore el cálido cuerpo de Gianna.