Título: Sentimientos.

Fandom: Death Note.

Personajes: Mello & L.

Género: General.

Rating: T

Advertencias: Posible Occ, y mención del apellido de Mello.

Para: Retos a la Carta. Tabla: Principios de la Psicología. Principio: 4. Controlar.

Resumen: Porque había algo más que Mello no podía controlar: su admiración y devoción hacia L.

Disclaimer: Death Note no me pertenece. Pertenece a los grandes y talentosos, Tsugumi Ohba y Takeshi Obata, a los cuales les agradezco infinitamente por traer a mi mundo tan bella, respetable y shipeable obra de arte.

08/07/09.

Capitulo 1- Sentimientos.

Si había algo que Mello no podía controlar además de sus emociones y sentimientos, como muchos sabían, era la desbordante admiración y devoción que sentía hacia el mejor detective del mundo, L.

Para el joven e impaciente rubio, éste era y siempre sería su máximo ideal a alcanzar. Lo más importante y lo más sublime de su mundo.

Desde pequeño, había crecido con las historias y relatos que se contaban en los pasillos o aulas sobre las heroicas hazañas y casos que el joven detective iba resolviendo a lo largo de su carrera. Siendo él, el único que los escuchaba con tanto fervor y fascinación, que cada vez se deslumbraba y convencía más de lo maravilloso y excelso que era el detective.

¡Y por supuesto que quería ser como él!

Deseaba también ser una gran leyenda. Uno de los mejores detectives del mundo. Pero sobre todo, y mejor aún, convertirse en su único y legítimo sucesor. No por nada se encontraba en la Wammy's House, y con una alta posibilidad de convertirse en uno de los candidatos a su sucesión.

Para él, "M" o Mello, como era mejor conocido por todos en el orfanato, el puesto de L no debía ser compartido con nadie más. ¡Nunca!

Consideraba que su ídolo, L, no sólo era una letra tras una computadora. Sino más bien, una persona. Un detective (el mejor) que arriesgaba su vida con cada caso que aceptaba para hacer que la Justicia prevaleciera.

Porque él era la Justicia, su representante. Un ser humano que había perdido su identidad y nombre, para poder llevar sobre sus hombros la carga y responsabilidad de resolver los casos que ni la CIA ni el FBI podían concluir. Pasaba a ser su deber y obligación presentar ante la Justicia a los criminales que merecían recibir su castigo por sus graves faltas hacia la sociedad y sus individuos.

Para eso, existía L.

Para hacer que esta divina ley entre los hombres, que era ciega y justa, se cumpliera.

Y si un hombre mortal, con un gran coeficiente intelectual podía solo con todo ese peso. ¿Entonces por qué alguien que lo sustituyera debería delegar su nombre e insignia en dos o más individuos?

No era justo ni para el verdadero L, como para la Justicia que él representaba.

Razón por la cual, Mello se opondría siempre a compartir con alguien ese titulo tan importante, prefiriendo mil veces renunciar a él, que ensuciarlo e insultarlo de esa forma.

Para el rubio siempre había sido, era y sería hasta la eternidad, L.

Así de grande e infinita resultaba ser su devoción, admiración y respeto que le tenía.

Y sabía que estaba ahí, en alguna parte del mundo, encerrado en una habitación tras una montaña de papeles, una laptop, y degustando una gran variedad de dulces y postres, que como hacía hace poco, se había enterado que prefería.

Que su ídolo fuera así, no le sorprendía.

De hecho, hasta podía imaginárselo con una pose o manía muy particular, basándose en su experiencia de que todos los residentes de la casa Wammy's tenían una. Se podría decir, que ese también era uno de los requisitos básicos para poder ingresar en la institución.

Y con respecto a eso, sabía que hace algunos años atrás el mismísimo L había habitado en el orfanato, por lo que no era extraño que precisamente comer cosas dulces fuera su manía, como era en su caso, comer tablillas de chocolate. Y es que éste, el chocolate, lo ayudaba a pensar mejor o al menos, eso era lo que el rubio decía.

Pero retomando el punto de la estancia de L en la Wammy's House... había veces en las que Mello se ponía a pensar en cómo es que hubiera sido su vida si le hubiera tocado convivir con el detective, desarrollando toda una gama de posibles escenarios y respuestas, siendo su favorita, aquella dónde ambos compartían la habitación.

Sin duda, todo un honor y un gran placer para él. No habría pedido más en la vida.

También, se había planteado ya en varias ocasiones que si en ese tiempo L no fuera el detective que hoy en día era, aún así lo seguiría aclamando como hasta ahora. Esto, pues en otro tiempo o época, L seguiría siendo su L.

Quizá podría no ser un detective, pero su intelecto y capacidades deductivas no desaparecían ni disminuirían; así que él lo encontraría y lo volvería a apreciar y admirar como hacía en esta época y tiempo.

Su devoción por él, nunca cambiaría. De eso estaba más que seguro.

Pero como estas sólo era tentativas alternativas de un momento de descanso y divagación y no la realidad y situación en turno, sólo se quedaba con su deseo incesante de dos cosas: una, conocerle en persona; y dos, convertirse en su sucesor.

Así que imprimía cada segundo a tratar de ser el mejor y sobresalir. L podría saber de su existencia si Roger le hablaba de él en aquellas ocasiones en que tenían contacto vía telefónica, y entonces, avanzar en su camino hacia los puestos de candidatos. Y una vez ahí, se encargaría de dar su máximo empeño, para quedar en el primer puesto a su sucesión.

Y tanta energía, deseo, y esfuerzo, parece que dieron resultados, pues algunos meses después, se enteró de que oficialmente y para el detective, había ya tres candidatos a sucederlo.

A pesar de que les dijeron que no había lugares de preferencia, y que los tres eran candidatos por igual. Mello, no lo creyó.

¿Cómo era posible que el lugar de su máximo fuera ocupado por tres personas?

No. Sabía que tenía que haber una preferencia, una línea a la sucesión. Tenía que haberla.

Por lo que esta vez, imprimía el doble de energía para quedarse con el primer sitio. Pero la competencia se hacía cada vez más reñida al tener como rivales a su amigo Matt, y a Near. Ambos, tan buenos como él; los tres mejores de Wammy's House, se decía. Así que no podía, ni debía quedarse sin hacer nada a diferencia de los otros dos, que no mostraban mucho interés en ser candidatos.

Mello los superaría, sobresaldría y se ganaría el primer puesto a la sucesión. L se sentiría tan orgulloso de él, que estaba casi seguro que su nombramiento oficial se lo daría en persona. Y como eso deseaba, tenía que esforzarse aún más. No podía rendirse.

Por su parte, para todos los habitantes de la casa Wammy's este deseo exuberante y desbordante del rubio era más que conocido. Y algunos como Roger, se sentían tan orgullosos de ver tanta inspiración y determinación hacia un objetivo tan noble como lo era el sucesor de L, que no podía sino más que impulsar al de ojos azules en su camino.

Otros, como Matt o Near, pasaban por alto la lucha tan intensa a la que Mello los había incluido en su mente, frustrándose éste al no obtener ningún tipo de respuesta cuando los superaba en alguna actividad o prueba.

Y así, es como era la vida del joven Keehl en su búsqueda de alcanzar a su ídolo y héroe.

Nadie le reprendía por ello, ni le reprochaban. Después de todo, su veneración y adoración hacia L era normal, sana y hasta justificada, no le hacía daño a nadie...

... excepto claro, cuando mandaba a alguien a la enfermería por atreverse únicamente a preguntar, que "¿en qué caso estaría trabajando ahora el detective?".

Recordando entonces sus habitantes, y sobre todo un molesto Roger, que lo que les causaba problemas del rubio no era su fascinación hacia L, sino más bien, la falta de autocontrol que este tenía con sus propias emociones e impulsos.

Y no hacía falta mencionar que este tipo de situaciones sí que le eran comunicadas a L. Por lo que el pelinegro sólo atinaba a sonreír infantilmente mientras continuaba comiendo alguna rebanada de pastel o algunos dulces, cambiándole el tema a Watari al preguntarle qué era lo que iban a hacer con Mello.

Pero Ryuuzaki, como también se hacía llamar el detective, únicamente se repetía a sí mismo que era un niño muy alegre y travieso, retomando después los papeles del caso en turno y bebiendo distraídamente su té.

Porque aunque él quisiera, no podía hacer nada para que el rubio controlara mejor sus impulsos. Aunque... quizá y se lo pidiera, éste lo haría tan gustoso y con aquella sonrisa que tanto le llamaba la atención y le gustaba ver, que todo el problema de "Mello-actitud-e-impulsos" se solucionaría. Pero entonces, ya no sería tan divertido y fascinante el rubio.

No, mejor se lo pensaría. Además, de que él hacía algo parecido cuando tenía su edad y por eso lo entendía muy bien.

Eso y... ¿Quién era entonces él para privarle o prohibirle ser como él era? ¿Para quitarle su forma de ser y su interesante personalidad?

Nadie, la verdad. Agregando el hecho, de que Mello así estaba muy bien.

Y sin poder evitarlo, esbozó una pequeña sonrisa traviesa al pensar en ello y lo que su joven sucesor debería estar haciendo en esos momentos mientras él tomaba tranquilamente el té.

Fin.


Y ahí está nxn

¡Dios! Me disculpo por el Occ que pueda contener. Ciertamente es la primera vez que trabajo con Mello y con L, y ya desde hace tiempo había caído en cuenta de que me fui muy grande con los personajes al pedir mi tabla n.n?

Obviamente me aventuré a tratar con situaciones sacadas desde mi punto de vista, y a distorsionar algunas verdades. Y bueno, espero que al menos les haya gustado un poquito.

Así que... a iniciar con los demás fic's de ésta colección, y seguir con el Quine :D