Resumen: No es ningún secreto que los hermanos Kaulitz no son como cualquier otro par. Lo que no es tan conocido, por otra parte, es hasta qué punto salen del molde.

Advertencias: shounen-ai, incesto técnico.

Nota: Como pasa con mi fic de los Jonas Brothers, la serie de fic aquí es pura entretención. No pretendo que tengan un orden cronológico y no sé cuándo o con qué voy a actualizar, de modo que no insistan con que lo haga rápido. Esta pareja no es tan inusual como en las que suelo enfocarme, pero qué diablos, yo les veo posibilidades.



Demasiado silencio

Estoy hecho de cenizas y vanidad. Rumores en la puerta que suenan demasiado lejos. Todavía ansío sentir tu palma elevarme a lo alto, donde tú sonríes siempre y siempre es divertido golpearte. Sólo un juego de niños.

¿Por qué el silencio es tan profundo? ¿Por qué no escucho tus ronquidos? Son gemidos, roncos, femeninos y tuyos, que me persiguen a la cama y bailan la zamba sobre mis oídos. Dos, tres pasos nos separan y no estoy para ti.

Miénteme de nuevo que eres mi hermano y yo te patearé en el escenario cuando mires a otro lado. Ya no te siento como mi hermano, eres todo lo que nunca quise. La musa de rastas que me atormenta de noche y por el día me ignora.

Escucha mis notas doloridas, ¿ves a quién se las dedico? Enmudece a tu novia una vez más, y cobra conciencia de lo que me estás haciendo. A ella la llevas a la luna y su sangre no te pertenece. Facciones de un reflejo, rotas por el silencio. Grietas, pedazos grandes y chicos, me rompen los pies cada vez que camino. Pero mamá no vendrá a levantarl…

—¿Qué haces despierto?

La inesperada voz arrancó un respingo de Bill, sentado en un sofá ante el televisor apagado de la sala. Con el corazón bombeándole como demente, el adolescente gótico giró presto hacia la entrada de la cocina, de dónde había salido la interrupción. Antes de saber quién era, ya había guardado el cuaderno y el lápiz debajo de sus piernas.

Tom, claro ¿quién más? Somnoliento y con un vaso de gaseosa en mano. La enorme camiseta blanca le rozaba las rodillas y bajo la tela del pantalón los pies descalzos casi desaparecían. Bill se recompuso de inmediato, agitado en su interior, esbozando una sonrisa que no le costó poco.

—¿Con esas pintas te despides de tus novias?

Le estaba tomando el pelo, como siempre. Una de las pocas cosas que aún hacían como si nunca hubieran empezado la secundaria y como si a Tom nunca le hubieran empezado a gustar las chicas. Ni a traerlas a casa para despedirlas pasada la medianoche. La diferencia estaba en que a cada Bill quería patearlas, pero de eso no tenía que enterarse más que su conciencia, encargada principal de reprochárselo.

—¿Qué novia? —dijo Tom apoyándose en el marco de la puerta, dando la impresión de que el cansancio sólo era físico y su boca contaba con su propia reserva de energía. Con los ojos semi-cerrados habría podido parecer ligeramente borracho—. Sally no es más que una amiga.

Lo dijo con una media sonrisa, tonta y divertida.

—No me puedo creer eso.

Bill fingió asombrarse. No sabía de qué otro modo reaccionar. La idea de que "una amiga más" se quedara a las tres de la madrugada en el cuarto de su hermano quizá había desactivado la parte de su cerebro dedicada a las respuestas ingeniosas. Un ligero rubor se apoderó de sus mejillas.

Tom asintió frunciendo los labios, en ademán de mucha seriedad. En muchos sentidos eran un par de niños todavía, y uno de ellos era que, cuando algo les daba curiosidad, por más ligera que fuera, aplacar ese sentimiento se convertía en de vital importancia. Tal pasó cuando Tom vio un video de un grupo de rock y se interesó por los movimientos del guitarrista sobre las cuerdas. Por esa misma razón volvió al ataque.

—¿Y tú qué hacías?

Pero los niños tenían secretos también. Secretos que ocultaban, por los cuales mentían, porque sabían que nada bueno traería revelarlos.

—Una nueva canción sobre por qué Tommy no se viste con una carpa de una vez por todas.

Tom tomó un sorbo de su bebida, tomándose la broma con aprendida indiferencia.

—Esa es una gran pregunta a resolver, ya lo creo.

Ahora a Bill le tocaba ser un poco sincero. Como si estuviera escrito en un guión, lo sabía. De otro modo no se libraría de su hermano.

—Sólo no podía dormir y quise venir a escribir unas cuantas ideas.

Bill casi esperaba que le preguntara qué clase de ideas. A ver si Tom todavía sentía curiosidad por él, por lo que hacía. Pero el de rastas debía estar de verdad cansado, porque se limitó a encogerse de hombros.

—Vale.

Redujo un poco más la cantidad de líquido en su vaso y desapareció en la cocina. Bill quiso gritarle que era un imbécil, sintiendo unas repentinas ganas de romper algo contra su cabeza rubia y llorar de rabia al mismo tiempo. Todo esto lo reconoció antes de que se volviera un pensamiento y hundió la cabeza en un cojín del sofá, avergonzado por sus impulsos.

En la sala el silencio había vuelto a pasos agigantados, dejando huellas demasiado profundas para su gusto. Demasiado reales para su conciencia.


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