Bien, empiezo una nueva historia. Últimamente me ha dado por leer fics… eh… como decirlo… subiditos de tono… pero no he encontrado ninguno que termine de gustarme del todo… y me he dicho "bueno, si no te gusta ninguno de los que lees, escribe tú uno a tu gusto" y eso es lo que voy a intentar hacer.

Aviso a todos los lectores de que este fic es de rating M por las escenas, relaciones, situaciones y lenguaje explícito que vendrá en un futuro. Así que si no os gusta este tipo de cosas, simplemente no lo leáis ¿de acuerdo? No quiero ofender a nadie con este tipo de fic, sólo me apetecía escribir algo así desde hacía tiempo, nada más.

Bueno, os dejo a continuación con el prólogo de la nueva historia y espero impaciente vuestros comentarios, ¿de acuerdo?

Como siempre, dependo de vosotros para decidir si debo continuarla o si debo borrarla.

Un besito para todos, y disfrutad de la lectura!!

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Vampiros y humanos conviven en un mismo mundo siendo conscientes los unos de la existencia de los otros. Pero cuando un vampiro se obsesiona con un humano, éste sólo tiene dos salidas: rendirse al vampiro o buscar un protector. Una vez cada doscientos años se produce un hecho insólito y un humano es reclamado para ser el consorte de tres vampiros poderosos. ¿Qué pasa entonces?

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Prólogo

Había olvidado que en Seattle siempre estaba lloviendo. Había querido olvidarlo… como había querido olvidar todo lo relacionado con la época en la que había vivido allí. Había olvidado el clima frío y lluvioso, el olor a verde, los campos frescos y los troncos de los árboles mohosos y suaves en lugar de la habitual áspera corteza. Maldije mientras miraba a través de la ventanilla subida de mi vieja camioneta. La lluvia era ligera y podía ver perfectamente a través de ella el edificio grande que tenía frente a mí. Era un edificio normal, tres pisos, paredes de ladrillo rojo, la mitad inferior cubiertas de azulejos negros, puertas robustas oscuras y una de esas elegantes marquesinas negras que mantenían al portero resguardado de la lluvia, algo muy oportuno en Seattle. Me mordí el labio inferior mientras rebuscaba en mi bolso la tarjeta que me habían dado y suspiré mirando el nombre que estaba escrito con letra deliciosamente arcaica. "La Cueva". Miré la marquesina del local de nuevo por si hubiese cambiado de nombre durante los últimos treinta minutos que llevaba allí aparcada, pero no, allí seguía, bien claro con letras rojas y brillantes. "La Cueva". No había error posible. Era allí. Ángela me había hablado de aquel lugar tres semanas antes cuando la había llamado para preguntarle cómo podía escapar de James de una vez por todas. Ángela había sido clara y concisa al respecto; sólo un vampiro poderoso puede protegerte de otro vampiro tan poderoso y antiguo como James. Luego se había disculpado por no poder protegerme ella misma y me había hecho llegar una tarjeta de aquel club. Había oído hablar de él, quiero decir ¿había alguien que no lo hubiese hecho? Era un club de vampiros, dirigido, regido y regentado por vampiros a pesar de que no todos los que entraban allí eran seres no-vivos. Sí, vampiros.

La primera vez que fui plenamente consciente de su existencia tenía dieciséis años. Acababa de mudarme a Forks, un pueblecito cerca de Seattle, lluvioso y húmedo, mortalmente frío para una chica que había vivido desde los siete años en Arizona. Mis padres estaban divorciados y yo había estado viviendo con mi madre, Renée, hasta que ella había vuelto a casarse con Phil, un buen tipo cuyo único defecto era ser un jugador de béisbol de liga menor que pasaba más tiempo viajando que en casa. Mamá no era feliz sintiéndose dividida ante la elección de viajar con él o quedarse conmigo en casa así que me ofrecí a pasar una temporada con Charlie, mi padre.

Fue allí donde los vi. Charlie me los señaló mientras íbamos a casa y me advirtió que me mantuviera alejada de aquellos. "Vampiros" me dijo cuando le miré en silencio. Forks tenía su propio grupo de vampiros. Nadie sabía de dónde habían salido. Nadie sabía si eran el resultado de una rama de la especie humana más desarrollada o simplemente el resultado de algún experimento genético de los laboratorios ocultos del gobierno… Pero todos conocían su existencia y el mundo entero había llegado a un acuerdo intentando la coexistencia entre ambos mundos. Por lo que sabíamos, habían dos tipos de vampiros, los crueles y sanguinarios que disfrutaban del dolor y del hecho de acabar con las vidas humanas y otra clase de vampiros, un grupo mucho más reducido, que se mantenía vivo bebiendo la sangre de los animales y no la de los humanos… Era una verdadera lástima que no pudiéramos saber quién era quién hasta el momento en que estaban encima de nosotros con los dientes afilados dispuestos a mordernos o con una sonrisa encantadora dispuestos a intentar la coexistencia.

Nunca tuve problemas con los vampiros de Forks. Eran pocos y eran… bueno… vegetarianos, si es que hay que darles algún nombre. Agradables en cierto modo, intimidatorios por su perfección y extremadamente hermosos. Nunca me acerqué demasiado a ellos pero tampoco levanté una barrera a mi alrededor para mantenerlos alejados. Ángela, Bennet, Thomas y Lilian. Habían sido agradables conmigo… para ser vampiros, por supuesto.

Nunca tuve problemas hasta que me topé con ellos en mi vida. Desconocía sus apellidos en aquellos momentos y aún ahora sigo desconociéndolos, pero sus nombres… sus nombres quedarán grabados siempre en mi cabeza como las criaturas más horribles y sanguinarias, crueles y despiadadas que una vez hayan pisado la faz de la tierra: James, Laurent, Victoria. Tres nombres hermosos que no he podido utilizar desde nuestro primer encuentro sin sentir la necesidad de vomitar y sentirme terriblemente vulnerable.

Aparecieron un día en Forks, con sus ojos de color rubí, sus expresiones de falsa dulzura, sus palabras zalameras y sus gestos y actos horribles. Fue demasiado rápido para poder hacer nada. Demasiado rápido para poder evitarlo. Una de las reglas para seguir vivo en Forks era no salir nunca sola a partir del crepúsculo, una estupidez si puedo dar mi opinión ya que James y su aquelarre se acercaron a mí en medio de una multitud a plena luz del día. Apenas tuve tiempo de gritar, de escapar ni de cubrirme… Sólo recuerdo… Recuerdo los ojos de James mirándome fijamente, con rencor, con odio, con ira, con… lujuria… recuerdo que me estremecí de miedo y segundos después, su sonrisa aterradora estaba a menos de veinte centímetros de mi rostro. Me paralicé, me quedé completamente congelada y en una fracción de segundo él estiró su mano con las uñas afiladas y perfiló algo en mi hombro izquierdo, rasgando la blusa y dejando que la sangre fluyese. Luego desaparecieron. Alguien había llamado a la policía, alguien había llamado a Charlie.

Era demasiado tarde. Estaba marcada. Una letra, la letra jota, estaba grabada en mi piel. James me acababa de reclamar como suya y sólo tenía dos opciones. Huir o morir.

He estado corriendo desde entonces, escapando de un lugar a otro, nunca quedándome en el mismo sitio demasiado tiempo por miedo. Creía que había escapado de él, que me había olvidado, que ya no le interesaba… una estupidez… lo sé… Un vampiro nunca abandona una presa… Ahora que tengo veintiún años y James me encontró en Nueva Jersey, lo sé.

Miré de nuevo hacia la puerta del local. Estaba cansada de correr, de huir, de esconderme, de dejar un rastro de muerte de seres queridos a mi paso… Suspiré pesadamente tomando una decisión que seguramente cambiaría el resto de mi vida. Iba a entrar allí, iba a encontrar un protector, iba a pagar lo que fuera necesario para que me mantuvieran con vida. Era mi única opción. Respiré profundamente y salí de mi viejo coche intentando no tropezarme ni caerme de bruces. Atravesé la carretera oscura mirando a ambos lados y me quedé quieta tan pronto alcancé el otro extremo de la acera.

-¿Puedo ayudarla, señorita?

Tenía ante mí a un perfecto espécimen del género masculino. Vampiro o humano no importaba… Pocas veces había visto a alguien tan atractivo como aquel hombre. Debía de medir un metro ochenta más o menos, tenía el cabello lacio, oscuro como la noche y brillante como la luna que caía sobre sus hombros cuadrados. Vestía unos sencillos pantalones negros de tela, zapatos oscuros y una camisa de media manga de color negra que acentuaba los músculos de sus brazos y dejaba adivinar la musculatura de su abdomen. Parpadeé unos instantes para apartarme de su mirada azul. Vampiro. Definitivamente vampiro… Sólo un vampiro podría ser capaz de deslumbrar a alguien de aquel modo.

-Yo… -respiré profundamente, insegura. De repente la idea de estar allí en lugar de en mi vieja y fiel furgoneta huyendo no me parecía tan buena-. No lo sé… eso espero… yo no…

-¿Es la primera vez que vienes a la Cueva? –preguntó sonriendo. Asentí-. Sí, lo suponía –me miró de arriba abajo-. No vienes vestida como las que suelen venir.

Eché un vistazo al vestido azul que me había sacado de apuros en más de una ocasión. No demasiado ceñido, de escote redondo y mangas hasta los codos; largo hasta unos centímetros por encima de las rodillas, cayendo desde la cintura en pliegues y capas. Los zapatos eran negros, como el abrigo que había utilizado para cubrirme en mi carrera desde el coche hasta la puerta, sólo de medio tacón. Gemí internamente.

-¿Tan mal estoy?

-No. Sólo que aquí suelen venir con colores brillantes y llamativos, cuero en lugar de algodón, tacones de aguja en lugar de medio tacón y mucho maquillaje –sentí como me ruborizaba ante su escrutinio-. ¡Ah! Bueno, al menos no tienes que preocuparte por el maquillaje de tus mejillas –me sonrió.

Le sonreí de vuelta. Aquel hombre hacía que me sintiera cómoda.

-Bien, ahora que he conseguido que sonrías, mi nombre es Alexis, ¿en qué puedo ayudarte?

-Yo… una amiga me habló de este lugar. Necesito protección –dije intentando no mostrarme demasiado nerviosa.

Sus ojos se oscurecieron y su ceño se frunció.

-¿Protección? –preguntó-. ¿Por qué?

-Bueno… yo… un vampiro me está persiguiendo y… una vieja amiga de Forks, una vampiresa, Ángela Weber, me habló de este sitio. Me dijo que aquí podía encontrar a alguien que me protegiera de…

-No sé que diablos te habrá dicho tu amiga pero los vampiros protectores no crecen debajo de las piedras. Suelen ser vampiros que quieren ayudar a un amigo, familiar o a descendientes de los que una vez fueron sus amigos, no matan por placer a otros de su especie y definitivamente no cazan a un vampiro sólo porque alguien quiera librarse de él.

Alexis había sido claro. Los protectores no cazaban a los de su propia especie y yo no tenía ningún derecho sobre ninguno de ellos para pedirles arriesgar su existencia.

-Yo… -sacudí la cabeza-… Ha sido una estupidez venir aquí… siento haberte hecho perder el tiempo…

Me giré con la intención de marcharme. Seguramente Alexis tenía razón. Yo debía de haber hecho algo para que James me quisiera cazar… Yo debía tener la culpa y yo tenía que asumir las consecuencias… Ángela se había equivocado, no había esperanza para mí…

-Espera –la mano de Alexis me cogió del brazo haciéndome girar. Antes de darme cuenta, su otra mano se movió rápidamente hacia el hombro de mi vestido bajándolo un poco. Ignorando el grito ahogado de indignación que salió de mi garganta Alexis observó la letra grabada en mi piel-. Estás marcada… -asentí-. ¿Por qué diablos no me lo has dicho antes?

-¿Qué…

-¿Por qué no me has dicho que buscas protección porque alguien te ha marcado? Joder… eso es muy distinto –le miré mientras se pasaba la mano por el cabello de forma brusca-. Creí que habías cabreado a algún vampiro y que querías un protector para que te librara de él –su voz sonaba avergonzada-. Lo siento, no debí de juzgar las cosas sin tener toda la información… Te ruborizaste cuando me hablabas y eso suele ser signo de que se está mintiendo u ocultando algo… pero no es tu caso ¿verdad? –me miró y negué.

-Suelo ruborizarme casi por todo… -mascullé avergonzada por las estúpidas reacciones de mi cuerpo.

-De nuevo lo siento –se disculpó al ver que mis mejillas volvían a estar rosadas.

-No importa…

-Sí, sí importa –sacudió la cabeza y señaló la letra de mi hombro que volvía a estar cubierta-. ¿Quién lo hizo?

-James –dije. Me miró enarcando una ceja-. Viaja con Victoria y Laurent –me encogí de hombros, no podía dar más información porque no sabía nada más.

-Maldita sea… si me hubieras dicho desde un principio que era James ni siquiera me hubiese atrevido a pensar que estabas mintiendo –dijo sacando del bolsillo de su pantalón un brazalete de cuero blanco que ató a mi muñeca derecha-. Esto indica que eres humana y que no deben tocarte, ¿entendido?

-¿Eso quiere decir… -me atraganté-… vas a dejarme… vas a dejarme entrar?

-Preciosa, si James te ha marcado, tienes más derecho a entrar ahí y buscar a alguien que pueda protegerte que el noventa por ciento de los vampiros que están ahí dentro ahora mismo –me dijo.

-Bella –dije automáticamente. Me miró-. No me gusta que me llamen preciosa, soy Bella.

-Muy bien, entonces, Bella, espera aquí un segundo. En cuanto venga Jhon haré que te acompañe dentro.

Fruncí el ceño.

-No voy a perderme.

-Créeme, no querrás entrar ahí sola la primera vez –dijo con una media sonrisa mientras marcaba algo en el busca que llevaba colgado en el cinturón. Luego me miró-. Cuando Jhon te deje cerca de la barra, quédate allí, no mires a nadie a los ojos a no ser que Jhon te lo presente y no vayas sola a ningún lugar –le miré atenta-. Estás a punto de entrar en la cueva del lobo y alguien como tú podría acabar dañado seriamente…

-Gracioso… yo lo he comparado antes con la cueva del león… -aclaré haciendo que él riera entre dientes.

Salté ligeramente cuando la puerta se abrió a mi derecha y un hombre, esta vez vivo, nos miró.

-¡Eh, Jhon! –el aludido me miró durante unos segundos que me parecieron horas hasta que apartó su mirada de mí y la enfocó en el hombre que tenía al lado-. Acompáñala adentro ¿quieres? Y busca a Cullen –añadió.

No sabía quien o qué era Cullen, pero a aquel hombre no le hizo demasiada gracia tener que hablar con ellos, si tenía que juzgar su reacción por su rostro.

-¿Cuál? –preguntó tragando saliva e intentando aparentar indiferencia y fallando estrepitosamente.

-El primero que encuentres –le contestó Alexis-. Me parece que va a necesitar a los tres de todas formas –añadió lanzándole una mirada significativa a Jhon que asintió-. Y quédate con ella hasta que aparezcan, huele demasiado 6odidamente bien para que la dejen tranquila incluso con el brazalete blanco –añadió como si hubiese sido un despiste el informarle de que podrían querer matarme.

Abrí los ojos desmesuradamente y coloqué una mano en mi cuello de forma automática, una estúpida reacción ¡cómo si poniendo mi mano delante fuese a impedir que alguien pudiera morderme si querían hacerlo! Alexis sacudió la cabeza y rió entre dientes mientras que Jhon rodó los ojos.

-Tranquila, estás protegida dentro de la Cueva –me dijo Alexis con una media sonrisa-. Jhon se encargará de ti. Estarás bien…

Asentí de nuevo mientras me dejaba guiar por Jhon hasta las puertas. Miré a Alexis que me devolvió la mirada con tranquilidad y serenidad

-¿Se puede saber quien diablos ha hecho que vengas aquí? –preguntó Jhon mientras abría la puerta.

El ruido de voces, risas, murmullos y conversaciones mezcladas con el ritmo de la melancólica música de blues inundó mis oídos.

-James –dije.

-Joder… -masculló-… será mejor que busque a los tres…

No le presté demasiada atención. Acababa de meterme en la cueva del león yo solita… Alexis me había asegurado que nos veríamos a la salida… Cuando varios de los ojos se volvieron hacia mí y me vi presionándome sin ser consciente de ello contra el cuerpo gigantesco de Jhon, recé en silencio para que Alexis tuviera razón. Realmente quería volver a verle a la salida. A ser posible, cuando saliera y definitivamente, viva.

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Bueno, este es el prólogo de mi nueva historia de "Crepúsculo". Suelo hacer un trato con todas mis historias y es que, por cada página que escribo de word me gusta recibir un review, pero por supuesto, esto lo dejaré para el próximo capítulo.

Esta vez, sólo es eso, un prólogo, así que sólo quiero saber vuestra opinión, queridos lectores, y vuestra decisión acerca de si debo o no continuar esta historia o si por el contrario, será mejor que la borre.

Espero vuestro juicio pronto.

Un besito para todos, sed felices!!!

Nos leemos pronto!!!