Mi primer fanfic publicado aquí

Aquí va…

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Diez años. Hace Diez años que me separé de Edward Cullen.

No me malentiendan, era el amor de mi vida y, a pesar de ser una época bastante dura, hubiese seguido con el sin dudarlo... a pesar de las adversidades… a pesar de todo, ¿verdad?

Estudié biología celular para mi sorpresa, ya que a pesar de haber descuidado mis estudios por arreglar una boda que jamás sucedió, aceptaron mis solicitudes en la Universidad de Washington, sin antes haberme asegurado haber entrado a la universidad por mis propios medios.

-Bella… Bella, amor – Jacob me estaba llamando desde el baño – llegarás tarde al trabajo.

-¡Oh! Por supuesto – desde aquel fatídico día siempre me quedaba ensimismada en la cama, pensando que todo era una pesadilla. Por suerte que Jake tomaba ese ensimismamiento como algo normal, después de todo, con cuantos hombres había estado después de Edward que conocieran quien me había hecho entrar en ese estado? Ni Jake lo sabía a ciencia cierta.

Cenaré donde mi padre otra vez, si no te molesta, ya que siempre llegas tarde a casa – nuevamente Jake me había sacado de ese estado en el que ni siquiera era conciente de entrar.

-Por supuesto tontito, además, trabajas ahí, no es que pudieses estar en otro lugar ni menos soportando la compañía de otras personas-

Jake me sonrió, siempre era tan amable conmigo. Por supuesto, a nadie le sorprendía que termináramos juntos después de tantos años de volver y terminar… y volver de nuevo. Siempre fue mi mejor amigo, mi apoyo en los peores momentos… mi sol. Nunca me dejó sola después de la marcha de Edward y de todos los Cullen sin ninguna explicación y tenía una extraña tendencia a no querer dejarme sola en ningún momento, cosa que agradecía, ya que no estaba segura de las locuras que hubiese cometido en ese momento por lo ocurrido, a pesar de que me parecía más raro aún nunca desear la compañía de nadie.

El tiempo pasó, superé lo que debía superar y aprendí a amar a Jacob. No es que no lo hubiese amado antes, sino que lo aprendí a amar como amante y a dejar de compararlo con mi antiguo amor. Y eso fue lo más grande que aprendí sin la compañía de Edward.

Tomé un baño con agua muy caliente, me puse mi falda, unas pantys, unos tacos que me hubiesen matado hace algunos años atrás, una blusa y mi abrigo en mano y bajé a tomar desayuno.

Forks no había cambiado en nada, seguía tan lluvioso como siempre. Claro, no hubiese sido jamás mi primera opción para vivir pero me ofrecía el lugar ideal para ejercer mi profesión y tener a Jake a gusto a mi lado – aunque el estaría a gusto en cualquier lado conmigo a su lado sin pretender ser una egocéntrica- y por otra parte, se me hacía cómodo estar cerca de Charlie que, a pesar de estar casado, seguía siendo tan introvertido como siempre. ¿Rene? Ella estaba feliz con Phill y mi nueva hermanita en Jacksonville, a pesar de que sigue llamándome diariamente. Sufrió mucho cuando Edward me dejó y aún está preocupada de que viva con Jake, ya que nunca le gustó mucho pero el instinto de madre jamás se le pasará.

Inconcientemente como cada mañana tomaba las llaves de mi camioneta y llegaba al trabajo sin siquiera prender la radio, pues ni siquiera me gustaba escuchar radio en el auto. Me bajé y caminé hacia la salmonera. Trabajaba en la empresa más grande de salmoneras de Port Angeles, por lo que agradecía constantemente de quedar a una hora de casa. Era una investigadora exitosa en mi empresa y a pesar de ganar bien a Jake nunca le gustó mucho que viviera lejos del pueblo, por su trabajo de licántropo y en realidad no me importaba mucho donde vivir, si hacia frió o calor o si era peligroso. Nada importaba ya.

Toc toc – sonó mi puerta.

-Isabella, tienes que ir a la bienvenida de los inversionistas que se incorporan a tu investigación- mi jefe, a pesar de ser muy estricto siempre respetaba mucho mi presencia y privacidad.

-Ah, claro – ordené mis papeles y salí de la oficina con el. No se porqué pero presentía de que hubiese sido bueno haberme quedado en la cama el día de hoy, desde que no me había traicionado mi torpeza en todo el día.

Llegué a la sala de recepción, estaba abarrotada de gente, por supuesto, todos querían saber quienes habían sido los inversionistas que habían aportado tal cantidad de dinero a la empresa, el nuevo jefe de finanzas y su hermano, un alumno en practica, que estaría bajo mi cargo en los laboratorios.

Tomé una copa de champagne, no estaba de ánimos para nada y tampoco había escrito mi discurso, debía de ocurrírseme algo luego, aunque sea con un poco de alcohol en el cuerpo.

El jefe dio la bienvenida, cosa que por supuesto no escuché, mi copa se llevaba toda mi atención, ¡Oh, maldición! Tenía tantas cosas más importantes que hacer que estar en un estúpido banquete de bienvenida de unos niños mimados millonarios que querían hacerse importantes solo por manejar una empresa.

-Isabella Swan… ¿Isabella?- mi jefe me llamaba como por tercera vez y ni siquiera lo había escuchado! – Por favor, no se pongan incómodos –les decía él a los nuevos integrantes, que a penas de veían por las luces que me enfocaban a mi y a mi jefe- es una excelente científica y jefa-

Subí a la tarima con copa en mano sin darme cuenta pero si me devolvía sería más vergonzoso de lo que ya era así que seguí con el paso más firme que mis tacones me permitían hasta el micrófono.

-Primero que todo, bienvenidos a Maradentro, una empresa que he visto crecer y de la que hace cuatro años que soy parte- mi voz parecía bastante convincente ahora- pero antes de seguir me gustaría que me acompañaran aquí, en el escenario para mostrarles quien hace posible todo el trabajo, nuestros trabajadores – tomé un trago más, nunca fui muy buena con las palabras y se me escapaban deprisa.

En ese instante las luces enfocaron la mesa de nuestros nuevos inversionistas y tuve que hacer un gran esfuerzo para no botar la bebida que tenía en mi boca. Mis manos empezaron a sudar y estaba más pálida de lo que normalmente era.

Ahí, sentados estaban Jasper y Edward, tan helados como yo, dudando si subir o no a la tarima.

Mi jefe los animaba a subir pero lo único que yo quería es que se quedaran sentados allí o desaparecer en ese mismo segundo e irme muy muy lejos de Port Angeles.

Cuando subieron, las palabras aún no me salían así que Jasper agarró el micrófono y me hizo sentir mucho más cómoda como por arte de magia. No sabía si agradecerle o no ese gesto ya que de todas formas no quería permanecer en la misma habitación que ellos por más tiempo.

-Disculpen- fue lo único que logré sacar de mi aturdida boca, dejé la copa en la mesa más cercana y salí de la habitación.

Me dirigí al baño lo más rápido posible pensando en todas las noches que deseé que fuera una pesadilla de que se hubieran marchado pero de la gran equivocación que fue haberlo deseado.

Abrí el grifo lo más fuerte posible, saqué mucha toalla de papel, sumergí mi rostro en el agua e inmediatamente lo presioné contra el papel deseando gritar lo más fuerte posible.

¿Por qué regresaron? ¿Dejarme con un agujero en el alma no fue suficiente? ¿Incluso iba a quebrar su última palabra –en realidad escrita en un mugroso papel- de que no me volvería nunca más, de que no me amaba- solo para verme desmoronar frente a su presencia una vez más? ¿Tanto me odiaba Edward Cullen? Me miré al espejo y traté de convencerme de que esas gotas que caían por mis mejillas fueran solo el agua en el que había sumergido mi rostro.

Tanto tiempo imaginando que volvería, lo que diría, como actuaría, como lo miraría, para que todo se fuera a la basura por su simple presencia. Era la peor, él era el peor, Jake era el peor por dejarme sola en ese momento – no es que pudiese acompañarme al trabajo- y todos los Cullen eran lo peor que me hubiese ocurrido en mi vida, mi perdición, y yo era la peor por maldecir lo mejor… lo mejor que me pasó en mi corta vida.

Me miré al espejo, me arreglé el cabello y me sequé bien la cara, me puse un poco de gloss y salí del baño decidida a encarar esta situación de la manera más profesionales que me permitiese mis sentimientos.

Entré en la recepción deseando que el tiempo pasara lo más rápido posible pero, inexplicablemente fueron las horas más largas de mi vida.

Edward había desaparecido y Jasper me evitaba, pero calmando mi nerviosismo mezclado con ira. Quería llamar a Jacob pero sería peor avisarle de esta situación, se volvería loco y estaría aquí en cinco minutos armando un disturbio que ni sabría como explicar a mi jefe después. Esto lo tendría que afrontar sola.

Terminó la maldita bienvenida y me fui corriendo a mi oficina, lo único que quería era tomar mis cosas e irme y ver a Jake, aunque pensándolo mejor, ni siquiera quería regresar a Forks, ese pueblito al que equivocadamente accedí a vivir a pesar de lo que me hacían sufrir los recuerdos al mirar las calles, los bosques, el colegio…

Decidida. Haría un viaje sorpresa a Jacksonville, llamaría a Jacob en el camino y pasaría unos días con mi hermanita de 9 años que no veía muy seguido. Mi madre estaría feliz y nos acordaríamos de anécdotas agradables y olvidaría… trataría de olvidad lo que pasó nuevamente, todo lo que pasó.

Abrí la puerta y me dirigí al escritorio, agarré mi cartera y oí el sonido de la puerta al cerrarse. Levanté la vista y estaba ahí, parado junto a la puerta. Edward Cullen, ¿Qué quieres de mi ahora? Pensé para mis adentros.

Ojala que les haya gustado ¡

Espero con gusto sus comentarios ^^

Jazz