Disclaimer: Ni Twilight ni sus personajes me pertenecen.

¡Hola! Pues aquí traigo otra de mis alocadas ideas (claro, viniendo de mi cabeza xD) que se me acaba de ocurrir,y no les miento cuando digo que tuve que salir corriendo a la computadora para poder empezar a escribirlo. Esto prácticamente se escribió por sí solo. Realmente espero que les guste, aunque sea un poco fantasioso.

Por cierto, esta historia es rating M, por lo que habrán lemons (escenas de sexo). Todavía no sé si habrán muchos o pocos, pero tengan por seguro que habrán :)

Summary completo: Bella Swan, una tímida chica sin vida amorosa y con cero experiencia en relaciones, siempre había sido una chica discreta que nunca había llamado la atención de la población masculina. Pero luego de un extraño sueño, eso está por cambiar. Bella muy pronto se dará cuenta de que ahora tiene la extraña habilidad de encantar a los hombres… de tenerlos a sus pies. Y eso mismo es lo que hará con Edward Cullen, el chico que la ignoró durante años. // ExB

Allí está el summary... así que, ¡denle una oportunidad y échenle un vistazo a este capítulo de diez páginas de word! :)

Ladrona de Corazones

«El peligro y la belleza radica en la sirena, que te hechiza con sus penetrantes ojos marrones.»

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Capítulo 1: Un poder muy peculiar

Desperté ofuscada con la memoria de mi reciente sueño todavía fresca.

Podía recordar cada palabra que ella dijo, y cada palabra que yo dije.

Y lo más extraño es que no había visto nada. Fue un sueño sin imágenes, simplemente sonidos colándose en mi mente, una conversación.

¿Por qué me estás ofreciendo esto?

Porque eres Bella Swan.

Esa no es exactamente una razón muy comprensible.

El destino te ha elegido a ti, Bella. De todas formas, la razón verdaderamente comprensible la conocerás, muy pronto.

Sacudí mi cabeza, saliendo de mi enfrascamiento en el momento en que escuché a mi madre llamarme desde escaleras abajo.

Me levanté de la cama lentamente, y pude darme cuenta que mis manos estaban temblando. Estaba segura que no era del frío, a mitad de la noche me había removido el ancho suéter en el que me había abrigado.

Cómo… ¿cómo funciona esto?

Cuando encuentres lo que deseas lo sabrás. Va a estar en tu naturaleza, va a ser parte de ti como el respirar o comer.

—Pero todavía no lo comprendo… ¿acaso simplemente lo pienso y ya? ¿Y quién eres tú, por cierto? ¿Dios, acaso?

Una fantasmagórica risa de la misma voz femenina llegó a mis oídos.

—No soy quien se puede decir dios, pero… el destino depende de mí. O mejor dicho, yo soy el destino.

—Realmente no sé si creerme todo esto. Seguro estoy imaginándolo…

—Sí Bella, esto lo está produciendo tu mente, pero mis palabras son reales. Lo comprobarás en su momento.

—Bella Swan, será mejor que te levantes de una buena vez. Tu vuelo partirá en dos horas. —Mi madre dijo con una mano en la manilla de la puerta.— ¿Estás bien?

No, mamá. Acabo de tener una conversación con el destino a través de mis sueños que me dice que ahora tengo superpoderes. Y lo peor es que algo me dice que todo es completamente cierto.

—Sí. Sólo… tuve un sueño muy extraño. Simplemente lo estaba recordando. —sacudí una mano, tratando de restarle importancia y sonreí ligeramente. Mi mamá sonrió y me urgió que me vistiera para luego cerrar la puerta de mi habitación.

Suspiré, observando las maletas aglomeradas en la esquina de mi habitación para luego recorrer con la mirada todo mi cuarto con cierta añoranza.

El día de hoy partía a la universidad de Nueva York. Y estaba hecha un manojo de nervios.

Me levanté de la cama e inmediatamente olvidé mi estúpido sueño. Empecé a reír levemente mientras me dirigía a mi baño de mi habitación. ¿Una conversación con el destino? Negué con la cabeza ante mi estupidez y empecé a darme una buena ducha, aclarando mi aturdida cabeza que en una esquina muy lejana me gritaba lo real que había sido esa conversación y no solo inventos de mi inconsciente mente.

Finalmente salí del baño con una toalla envolviendo mi cuerpo. Tomé el único conjunto restante en mi armario que había dejado para la ida, colocándome la camiseta que mi mamá me había regalado y que nunca me la había puesto por obvias razones, pero ahora que me daba cuenta que era el último día que la vería durante meses, sería bueno utilizarla para nuestra despedida.

La camisa era ancha y larga y de un intenso rojo mientras que sus mangas llegaban hasta los codos. El cuello tenía forma de V y en el medio llevaba un extraño lazo del mismo color de la tela. La camiseta estaba diseñada con flores y hojas que surgían del borde y llegaban hasta la parte debajo de mis pechos.

No era tan terrible, pero definitivamente no iba con mis gustos, que consistían en camisas conservadoras y discretas. Ciertamente las camisas rojas floreadas no estaban en mi lista.

Junté la larga camisa con unos largos pantalones negros de tela ajustados de esos que mi madre me compró para entusiasmarme a hacer ejercicio junto a ella los fines de semanas, cosa que no funcionó. Pero debido a que iba a realizar numerosos vuelos aéreos, decidí colocármelo debido a su comodidad y flexibilidad. Terminé por hacerme una coleta alta y con aquello ya estaba lista.

Di un profundo suspiro al observarme en el espejo. No era una chica que llamaba la atención y no me consideraba para nada atractiva, y el… extraño look que había adoptado con mi ropa no ayudaba nada. Mi cabello y mis ojos eran de un aburrido y oscuro color marrón, mientras que mi clara piel parecía la de un vampiro. Sólo faltaban las oscuras ojeras para que me confundieran con uno.

Con una mueca hacia mi reflejo, partí fuera del baño y recogí mi bolso que se encontraba colgando de la manilla de la puerta. Empecé a revisar mi habitación para asegurarme de que nada faltaba cuando tocaron mi puerta.

—¿Bella? ¿Puedo pasar?

Respondí con un asentimiento y mi padre apareció a través de la puerta, dándome una sonrisa.

—Buenos días, cariño. Ya es hora de que vaya recogiendo las maletas. —dijo observando mi escaso equipaje. No era una chica adicta a las compras, en realidad ni siquiera me gustaban, por lo que mi ropa no era muy abundante y apenas ocupaban dos maletas.

—Adelante. —exclamé y mi padre salió de mi habitación cargando una maleta en cada mano. Le eché una última mirada a mi vacía habitación, y frunciendo los labios cerré mi puerta.

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—Oh, para, mamá. —murmuré contra su hombro mientras la sentía sacudirse ligeramente. Si seguía así estaba segura que terminaría derramando un par de lágrimas yo también.

Mi madre se separó de mí, aunque todavía dejando sus manos sobre mis hombros. Sus ojos estaban hinchados y enrojecidos.

—Lo siento Bella, no puedo evitarlo.

En ese momento por los parlantes solicitaron la presencia de los pasajeros de mi vuelo.

—Dame un momento a mí también, Renée. Yo también tengo derecho a despedirme. —dijo Charlie en broma pero podía ver en sus ojos la misma tristeza con la que cargaba mi madre. Charlie me atrajo en un abrazo y me murmuró que si algún chico trataba de hacerme algo llamara a la policía. Yo rodé los ojos pero igualmente me sentí agradecida ante su tono paternal.

—Ya debo irme. Nos vemos pronto. —sonreí y ellos sacudieron sus manos, mi madre alzando una y la otra presionada contra su pecho. Les eché una última mirada y con ello me dirigí a la fila de pasajeros.

Luego de tres vuelos consecutivos, finalmente arribé a mi destino.

Nueva York.

Respiré la esencia de la ajetreada ciudad en el momento en que salí al aire libre. Sonreí. Sólo había venido una vez a Nueva York, hace aproximadamente cinco años, y desde ese momento supe que debía de vivir en esta ciudad. Finalmente estaba aquí, y eso le producía júbilo a mi corazón.

Me acerqué a un taxi libre aparcado en la calzada y luego de haber empacado mi equipaje me subí al automóvil y empecé a dirigirme a NYU, a mi nueva vida.

Finalmente arribé, observando con asombro la gran arquitectura que se alzaba al frente de mí mientras cerraba la puerta. El taxista sacó el par de maletas del maletero y luego de pagarle el viaje las tomé y empecé a dirigirme hacia la gran edificación. Era un día bastante soleado y se podían ver a las personas disfrutando del sol en las áreas de grama. Algunas personas estaban sentadas en banquillos con libros en sus regazos y un grupo de gente se encontraba sentada en las redondas mesas de la cafetería que se encontraba en el exterior. Una gran sonrisa estaba plasmada en mi rostro. Desde pequeña siempre había deseado que ya llegara el momento de ser una universitaria, y ahora que ya lo era estaba inundada del entusiasmo que se había resguardado en mí desde hace años; a pesar de todavía estar nerviosa.

Fui a la secretaría y me dieron mi número de habitación junto a mi llave. Cuando arribé al número correspondiente, abrí la puerta y observé mis alrededores.

No era una habitación tan pequeña, pero tampoco era muy grande. Dos camas individuales se encontraban contra la pared del frente, cada una con su mesita de noche de madera a un lado. En la pared a mi izquierda, había una puerta de madera que supuse que era el baño, y en la pared contraria se encontraba el armario. Como mis padres me habían dicho, junto a una de las camas – la derecha – encontré varias cajas amontonadas llenas de mis cosas personales, las cuales habían enviado el día de ayer.

Dejé las maletas de mi ropa junto a las cajas y empecé a desempacar. Mi compañera de cuarto todavía no había aparecido para el momento en que terminé de desempacar todo y de arreglar mi ropa en el armario, juntándola en una esquina de éste. Vi el espacio que ocupaba mi ropa y sentí alivio al darme cuenta de que mi compañera no tendría ningún problema de espacio. Para nada.

Suspiré y cerré los ojos. Desde que había despertado, había tratado de mantener mis pensamientos apartados del maldito sueño que me estaba carcomiendo por dentro aunque tratara de ignorarlo. ¿Por qué seguía pensando que era real? ¡Era imposible!

—¡Hola!

Me sobresalté en mi lugar y me volteé para ver de dónde provenía la cantarina voz.

Una chica menuda se encontraba allí parada, sonriendo ampliamente. Su piel al igual que la mía era pálida, y sus ojos verdes brillaban con extrema emoción.

Su corto cabello negro y alborotado era difícil de no reconocer.

Alice Cullen.

Mis ojos se abrieron como platos de la sorpresa.

—¡Bella! ¡No sabía que venías a esta universidad! ¡Y eres mi compañera! —y en menos de un segundo sentí sus menudos brazos envolverme al igual que la confusión. ¿Por qué Alice Cullen estaba abrazándome? Alice Cullen, por el amor de dios.

—Um, hola, Alice, —saludé aturdida. Ella rió ligeramente mientras se apartaba de mí.

—¿Por qué… hiciste eso? —sacudí la mano entre las dos. Sabía que no estaba siendo muy educada, pero la sorpresa hizo que soltara la frase.

Ella frunció el ceño.

—¿Hacer qué? ¿Saludarte? —esta vez alzó una ceja. Yo ladeé la cabeza.

—No… si no que, ¿por qué de esa forma? Digo, uh, —me encogí de hombros, y me empecé a dar cuenta de que estaba haciendo el ridículo completamente. Sentí el sonrojo empezar a surgir. — nunca… me habías dirigido la palabra.

Y eso era cierto. Alice Cullen y su grupo eran los más populares de la secundaria de Forks de la que acababa de graduarme. La gente prácticamente les besaba los pies y los veneraba como si fueran dioses griegos. Aunque lo último era cierto. Sobre todo el hermano de Alice. La boca se me hacía agua de tan solo pensar en él. Pedazo de hombre que era.

Pero yo nunca les dirigí la palabra. La forma en que las personas se dirigían a ellos y cómo los trataban me enfermaba tanto que empecé a odiarlos sin razón alguna. Ellos no tenían la culpa de ser tan inhumanamente hermosos y agradables, pero me asqueaba la forma en que las personas los trataban, como si fueran de la mayor clase social y no estuvieran a nuestro nivel. Era notable que todos eran simplemente unos interesados, tratando de buscar popularidad.

Por lo que los ignoré. A los Cullen y a los Hale. Al igual que ellos hicieron conmigo. En ningún momento le dirigí la palabra a alguno de ellos. Bueno, excepto a Alice, aunque en realidad fue ella quien me lo hizo a mí, mi primer día en el instituto de Forks. Recuerdo que sus únicas palabras hacia mí fueron '¡Hola, soy Alice Cullen, espero que nos llevemos bien!'

Esperen. Rebobiné mis pensamientos. El hermano de Alice.

Mi cuerpo inmediatamente se tensó.

Si Alice estaba aquí… entonces… ¿él tal vez…?

—¡Oh! —la pequeña Cullen interrumpió mis pensamientos cuando sentí que me volvía a apretar en otro abrazo.— Lamento mucho si te ignoré. ¡De verdad! —tenía una expresión triste y compungida en su rostro cuando se apartó y yo le sonreí de forma tranquilizadora.

—Oye, no te preocupes, no pasa nada. Creo que yo tampoco fui muy social contigo, ¿no crees? —seguí sonriendo y ella rió mientras asentía con la cabeza.

—Sí. Bueno, prométeme que eso cambiará de ahora en adelante. Sobre todo que ahora somos compañeras de habitación. —me dio una mirada que decía que estaba diciéndolo enserio, y yo asentí con la cabeza, un poco sorprendida por su repentina seriedad.

Sonrió ampliamente.

—Genial. Bueno, voy a desempacar. Voy a tardar bastante, si quieres puedes salir a dar una vuelta por la universidad. No quiero aburrirte. —sugirió mientras se acercaba a una de sus numerosas maletas. Mis ojos se abrieron como platos cuando vi que tenía al menos unas siete maletas, todas seguramente llenas de ropa.

—Um… ya lo creo que tardarás. —reí ligeramente. —Creo que iré a inspeccionar los alrededores. Vuelvo al rato. —luego de que ella dijera su despedida, atravesé mi habitación y salí al pasillo lleno de habitaciones. Habían bastantes personas allí, algunas adentrándose a sus habitaciones y otras recostadas contra las paredes conversando.

Empecé a caminar por una dirección sin saber en realidad a dónde me dirigía, y terminé por llegar a la cafetería. Como era mediodía, ya habían algunas personas tomando su almuerzo. Hice una nota mental de ir a decirle a Alice para acercarnos aquí y comer juntas.

Empecé a voltearme para salir de la cafetería cuando me tropecé con alguien y terminé por caer hacia atrás. Caí sobre mi trasero, y escuché a alguien hablar delante de mí.

—Fíjate por donde vas, niña. —dijo el chico contra el que me había tropezado bruscamente y con eso caminó por mi lado. Fruncí el ceño y sentí la ira surgir mientras me levantaba. Pero qué chico tan rudo, ¿acaso no aprendió modales?

Me volteé y vi que una de las mesas habían dos chicas y dos chicos, todos mirándome y sonriendo burlonamente. Uno de los chicos era el que me había tumbado, era un rubio de cabello largo amarrado en una coleta y de arrogantes ojos azules. Vi que las chicas ojeaban repetidamente mi atuendo, y rodé los ojos cuando me di cuenta de que seguramente estaban insultando mi camiseta. Aunque no las culpo.

Una extraña determinación se apoderó de mí. Ahora era universitaria, ya no era una niña de secundaria. Tenía que poner la frente en alto y no salir huyendo, debía de poner a ese chico en su lugar.

Pisoteé hacia el chico quien me miraba con una sonrisa socarrona, y me detuve al estar al frente de él.

—Más te vale que te disculpes.

Lo dije con una fuerza que nunca había sentido en mí, y se escuchó claramente en mis palabras. Miré al chico intensamente, como retándolo a que se atreviera a insultarme.

Y en ese momento, recordé fugazmente la conversación que no me dejaba en paz. El extraño sueño que seguía presentándose en mis pensamientos.

Algo dentro de mí me estaba forzando a que lo intentara, a que intentara lo que aquella mujer me había dicho, que me había 'concedido'. Y por alguna insensata razón, lo hice. Lo intenté. Sabía que era algo estúpido e ilógico, pero si trataba y me aseguraba de una vez por todas que no funcionaba, entonces aquél sueño finalmente me dejaría en paz.

En el momento en que decidí que lo intentaría con el petulante rubio, fue como si el tiempo se detuviera. Nada más podía verlo a él, a sus ojos que ahora brillaban extrañamente sobre todos los demás colores que ahora veía completamente opacos. Todo había perdido su intenso color menos los ojos del chico.

Seguí observando sus esferas azules y tuve la extraña sensación de que me había apoderado de ellos. Un grito ahogado empezó a formarse en mi pecho cuando vi que el celeste se iba transformando de otro color. De un color carmín.

No tenía idea de lo que estaba haciendo, pero era como si lo hubiera practicado de por vida y ya supiera como realizarlo. Como… hechizarlo.

Cuando encuentres lo que deseas lo sabrás. Va a estar en tu naturaleza, va a ser parte de ti como el respirar o comer.

Sus ojos ya habían terminado de apoderarse del color rojizo, ya no había rastro del celeste.

Y tan pronto como los destellos azulados se acabaron, todo volvió a la normalidad de golpe. Todo lo demás tomó su color natural, todo volvió a tomar vida.

Mi corazón latía erráticamente y me sobresalté en mi lugar. Mis ojos se abrieron como platos al darme cuenta de que nadie se había percatado del extraño intercambio entre el rubio y yo. Las chicas seguían mirándome burlonamente al igual que el compañero masculino del chico. Lo volví a mirar y cuál fue mi sorpresa al volver a ver su mirada celeste.

Definitivamente, yo estaba completa y totalmente loca.

Acababa de tener una extraña visión en la que le cambiaba el color de los ojos al chico.

¡¿Qué rayos fue eso?! Ese maldito sueño me había revuelto el cerebro.

Llena de decepción, volví a ver al chico. Parecía haber pasado años, pero recordaba vagamente haberle dicho que se disculpara.

Extrañamente, el chico me estaba mirando con una expresión muy diferente a una burlona. Sus ojos estaban abiertos y sus labios entreabiertos. Parecía observarme con… ¿adoración?

Deja de alucinar. No funcionó.

—¿Y bien? —repliqué, levemente deprimida sin poder evitarlo.

El chico seguía mirándome con ese raro semblante.

—Yo… yo… —tartamudeó, todavía viéndome. — Perdóname. De verdad. Fui un inútil. No quise tratarte así. Perdóname, por favor… —di un paso atrás cuando lo vi levantarse de su silla y acercarse a mí, mirándome con súplica y ruego. Parecía estar apunto de llorar. ¿¡Pero qué…!?

No me molesté en mirar a sus compañeros, quien podía asegurar que miraban la escena con asombro y extrañeza.

Yo miré al chico escépticamente. Estaba segura que sólo estaba bromeando conmigo. El idiota.

—¿A qué juegas? —inquirí con voz temblorosa, dando un paso atrás con cada paso hacia delante que él daba.

Tomó una de mis manos entre las suyas y traté de apartarla, pero él no me dejó. Siguió mirándome con esa expresión arrepentida, y casi sentí lástima por él. Se veía… tan destrozado.

Sí que actuaba bien. No caigas en su juego.

—A nada. Todo lo que te digo es cierto. Por favor, acepta mis disculpas. No sé cómo pude tratar así a una... una diosa como tú. Haré lo que quieras que haga. Por favor.

Y mi mandíbula se desencajó cuando vi un par de lágrimas caer de sus ojos celestes.

Sus ojos… mostraban tantas emociones melancólicas y tristes, que en ese momento me di cuenta de que era imposible que estuviera actuando.

Este chico que antes se había reído de mí y me había dejado caer al suelo, ahora estaba rogándome que aceptara sus disculpas.

Estaba llorando por mí.

Esto es… irreal.

—¿Me perdonas?

Lo miré con los ojos abiertos como platos.

—S-si. —tartamudeé y él sonrió como si hubiera ganado la lotería.

—¿Puedo besarte, preciosa? —cuestionó sonriendo afectuosamente mientras acariciaba mi mejilla.

Yo fruncí el ceño y me aparté bruscamente. ¿¡Qué diablos le ocurría!?

Y en eso finalmente realicé qué había pasado.

No había alucinado.

Era cierto. Todo había sido verdad.

La encantación… había ocurrido realmente.

Oh dios mío… —susurré atónita mientras veía cómo me observaba expectante.

El pánico me envolvió repentinamente. Definitivamente en esos mismos momentos no podía soportar esta… habilidad.

Tenía que pensarlo todo con cuidado… pero primero tenía que deshacerme del chico.

¿Acaso puedo… revertirlo?

Lo miré con toda la intensidad que pude, deseando con todas mis fuerzas poder hacer que vuelva a ser el mismo chico ignorante y que me dejara en paz. Necesitaba soledad, necesitaba procesar todo lo que había ocurrido en los últimos minutos.

Todo volvió a detenerse abruptamente. Los sonidos, los movimientos, los colores. Sólo podía ver los brillantes ojos del chico.

Pero no eran celestes. Eran rojos.

Por favor… desencántate… o lo que sea… pero sólo déjame en paz…

Pude ver que el color carmín empezaba a descender como si lo estuviera drenando o vaciando, la línea descendiendo hasta el fondo, dejando que el color azul claro volviera a tomar su lugar.

Y al igual que la primera vez, cuando el color carmín estuvo completamente ausente, todo volvió a la normalidad.

Observé cómo la expresión del chico se volvía confundida.

Y en eso se volvió llena de disgusto.

—¿Pero en qué diablos pensaba? Aléjate de mí, niña torpe.

Volví a escuchar las risas de la mesa, y a pesar de que se estuvieran burlando de mí, me sentí completamente aliviada. Suspiré profundamente, y con eso, me volteé sobre mis talones y salí por las puertas de la cafetería.

Busqué las puertas que daban con la zona exterior y finalmente encontré unas que dirigían hacia la parte de afuera del campus. Encontré un área llena de árboles y pasto, y me senté contra uno de los gruesos troncos, mi vista fija en el ambiente universitario que me rodeaba.

Y en eso empecé a reproducir en mi mente lo que acababa de pasar.

Había sido demasiado real. Por lo que sí había ocurrido, y no había estado alucinando.

La conversación no fue un sueño… bueno, sí que fue un sueño, pero fue una conversación real.

Como la mujer, o 'el destino', me había dicho, ahora tenía un poder, una habilidad. Podía hechizar a los hombres.

Podía conseguir su adoración, que hicieran lo que yo quisiera. Cualquier cosa que yo quisiera. Podía poner a cualquier hombre a mis pies.

A pesar de que fuera un poco aterrador - y ridículo -, sentí una sonrisa pícara extenderse en mi rostro. La verdad es que nunca fui una chica que se interesara mucho en las relaciones amorosas; en realidad, nunca les presté atención.

Pero ahora, por alguna razón, que según la conversación sabría pronto, se me había concedido este poder. No sabía exactamente cómo funcionaba, pero acababa de tener una demostración, y efectivamente pude ver cómo el chico prácticamente me veneraba. Y debo admitir que se sintió bien. Se sintió bien tener a alguien a quien le importaras tanto, a pesar de ser sólo a través un hechizo.

Y si podía revertir el encanto… entonces… no tenía nada de malo jugar un poco… ¿verdad?

Unas retumbantes risas me sacaron de mi epifanía, y subí la mirada para ver a dos familiares chicos sentados en una banca a unos metros de mí.

Emmett y Edward Cullen.

Observé al último, al único que me importaba. No me sorprendí mucho de verlo aquí, me lo había supuesto cuando me encontré a su hermana. Se veía igual de hermoso que cuando lo vi en nuestra graduación. Su rostro era simplemente perfecto. Sus facciones eran bastante masculinas, pero había algo tierno en ellas. Algo dulce. Su piel era suave y pálida, y tenía un cuerpo digno de observar. Era un tanto musculoso, pero tampoco tan fornido como su gigantesco hermano Emmett. Aún así, me parecía que tenía el cuerpo perfecto.

En fin, el chico parecía haber sido diseñado por dioses griegos.

Y desde hace dos años que andaba completamente loca por él.

Nunca me atreví a dirigirle la palabra… aunque de vez en cuando intercambiábamos miradas en el comedor o en clase de biología. Pero eso siempre fue todo. Nunca hablamos excepto las comunes presentaciones iniciales.

Nunca me habían interesado las relaciones amorosas o sexuales hasta el momento en que lo conocí a él. Tan sólo una mirada de sus profundos ojos verdes y me podía derretir en un instante. Oh, y aunque no fuera su intención, ese chico me hacía tomar miles de duchas frías, lo que era un poco vergonzoso.

Pero sabía que este año todo iba a cambiar. Todo sería diferente. Entre él y yo.

Mi sonrisa se amplió mucho más, sabiendo exactamente cómo me encargaría de ello.

Prepárate, Edward Cullen. Muy pronto serás encantado por Bella Swan.


¿Qué les pareció? ¿Malo? ¿Bueno? ¿Genial?

Espero que les haya gustado, me gustaría saber sus opiniones :D

No creo que continúe muy pronto, pero trataré de hacerlo si la aceptación del fic es buena :)

¡Muchas gracias por haber leído!

-Mariale