Nota: Muchas gracias por sus reviews, ¡realmente me encanta que a la gente le guste tanto la historia! :D

Espero que este capítulo les guste, estoy segura que recompensará la larga espera.

*A partir de este capítulo comienzan los lemons. Esta será la única vez que lo advertiré, debido a que habrán varios a partir de ahora.


Capítulo 3: Primera vez

Mi vista empezó a hacerse borrosa, y en ese momento me di cuenta de que había estado aguantando la respiración.

Su penetrante mirada seguía puesta en mí, observándome detenidamente. Se encontraba completamente quieto, como si estuviera analizándome.

Maldición, ¡di algo! Realmente no sabía si me refería a él o a mí. Pero este silencio ya me estaba mortificando.

Repentinamente, sentí algo cálido y suave cubrir mi mejilla izquierda. La mano de Edward.

Yo tragué fuertemente, sintiéndome completamente cohibida ante su lento escrutinio. ¿Acaso algo en el proceso no ocurrió como debía y terminé estropeando a Edward mentalmente?

El miedo y la duda empezó a envolverme, pero aquello se desvaneció rápidamente en el momento en que los sedosos labios de Edward se presionaron contra los míos bruscamente.

Mi mente quedó completamente en blanco, y no fue hasta el momento en que empezó a mover sus labios contra los míos que me di cuenta que me estaba besando. No tardé en corresponderle a pesar de encontrarme totalmente aturdida.

Edward tomó mi labio inferior entre los suyos y solté un pequeño jadeo cuando empezó a succionar suavemente. Mis manos se alzaron por sí solas y comenzaron a recorrer la anchura de sus hombros hasta llegar a la nuca y subirlas entrelazándolas entre sus sedosas hebras. Edward me acercó a él, envolviendo mi cintura con sus brazos y apretando mi pecho contra el suyo. Podía sentir sus erráticos latidos, y la sensación de sentirlo tan cerca era completamente maravillosa.

Un pequeño gemido salió involuntariamente de mi garganta cuando sentí su lengua pedir permiso. Miles de cosquilleos y estremecimientos me recorrieron de pies a cabeza cuando su cálida lengua encontró la mía, dirigiendo el frenético baile en el que nos habíamos sumido.

Seguimos con nuestros labios unidos por lo que me pareció una eternidad. Lo único que se escuchaba era el sonido de nuestros besos y nuestros esporádicos gemidos, y mis sentidos estaban completamente embriagados, llenos de pasión y ardor. Nos habíamos encerrado en una burbuja de gozo única, y nunca quería salir de ella.

Al parecer Edward opinaba igual, debido a que los dos nos dedicamos a respirar por la nariz, no queriendo separar nuestras bocas.

—¡Maldición! Estos dos sí que supieron aprovechar el tiempo. —una escandalosa voz seguida de unas risitas llegaron a mis oídos, efectivamente logrando interrumpir el momento.

Me separé de Edward rápidamente, mi respiración desacompasada al igual que la de él. Me encontraba completamente atontada. No era la primera vez que me habían besado, recordaba vagamente que la primera fue hace unos cinco años con un niño asqueroso jugando a la botella; aunque nunca más ocurrió debido a mi inexistente lista de relaciones amorosas. Pero éste, éste que había sido un beso de verdad.

Al frente de nosotros, se encontraban Emmett, Alice y Jasper, los tres con amplias sonrisas socarronas en sus rostros. Mis mejillas no necesitaron calentarse, ya se encontraban en llamas y seguramente parecía un tomate.

—Maldita sea Emmett, ¿acaso te gustaría que yo te interrumpiera así? —inquirió Edward con un filo de furia en su voz, atrayendo mi atención.

Casi babeé cuando noté el estado en el que se encontraba. Su cabello se encontraba más desordenado de lo normal, sus mechones apuntando en todas direcciones como si hubiera estado tirando de él; sus labios estaban completamente hinchados y de su boca todavía salían jadeos, dándole esa apariencia post-beso-acalorado que seguramente yo también tenía. Mis mejillas ardieron incluso más debido a mi seguramente desastroso aspecto.

Risas llenaron el ambiente y noté que Emmett seguía observándonos con una sonrisa burlona. Afortunadamente, Alice tomó de la mano a Jasper y al primero y empezó a llevarlos de vuelta a la fiesta. Le agradecí internamente, ya había pasado vergüenza suficiente.

Justo en el momento en que la puerta se cerró detrás de ellos, sentí unos labios presionarse suavemente contra mi cuello. Una mano empezó a acariciar la piel de mi estómago cubierta por la camisa, y tuve que esforzarme para no dejar caer mi cabeza hacia atrás.

—Edward… —traté de llamarlo, pero sonó más que todo como un gemido.

—Mmm… Bella… no sabes lo sexy que te ves ahora mismo… —murmuró contra mi cuello, su aliento cosquilleando mi piel. Siguió repartiendo besos, y no pude evitar soltar un jadeo cuando su cálida lengua recorrió la longitud de mi cuello.

Y tan pronto como las placenteras sensaciones llegaron, se fueron. Mis ojos –los cuales se habían cerrado involuntariamente- se abrieron de golpe para verlo de pie con una mano extendida hacia mí. Una media sonrisa estaba plasmada en su rostro mientras sus ojos me observaban y esperaban mi siguiente movimiento.

No sabiendo qué hacer, tomé su mano escuetamente y él me levantó con agilidad. Inmediatamente puso su mano en la parte baja de mi espalda y apretó mi cuerpo contra el de él. La rapidez del movimiento hizo que jadeara ligeramente.

Edward subió su mano y acarició mi mejilla, mirándome con sus ojos oscurecidos por la lujuria.

—¿Quieres… quieres ir a mi habitación? —cuestionó con voz ronca, viajando su mirada de mis ojos a mis labios repetidamente, y yo tragué fuertemente mientras mis ojos se abrían más de la cuenta cuando me di cuenta del sentido de sus palabras. ¿Quién diría que encantándolo conseguiría a un Edward… bastante atrevido? A pesar de no conocerlo mucho, me había dado cuenta de lo reservado que era. Ciertamente conseguí cambiar aquello.

—Uh… —comencé, con voz temblorosa—. Es que yo…um…nunca he…hecho eso…

El rostro de Edward decayó levemente.

—Si no quieres ahora, podemos esperar. Tú decides. ¿O es que… no quieres nada conmigo? —en lo último se reflejó el miedo en su tono.

—¡No! —me apresuré a asegurarle—. Yo, um, sí quiero, pero… —¿por qué rayos estaba balbuceando? ¡Por dios! ¿Acaso no era esto lo que yo quería? Aquí estaba Edward, prácticamente dejándome hacer lo que quiera con él, y yo estaba tartamudeando como una retrasada mental.

Supuse que la rapidez de la situación me había dejado bastante aturdida. Pero aparte de ese repentino acobardamiento…yo realmente deseaba esto. Demasiado. Tanto que hasta daba miedo. Nunca había deseado algo tanto en mi vida.

—¿Sí? —Edward me sacó de mi breve ensimismamiento, acercando sus labios a mi oído y dándole leves mordiscos al lóbulo de mi oreja. Mis ojos se rodaron hacia arriba sin que yo pudiera evitarlo. Este chico me estaba volviendo completamente loca. Y estaba disfrutando cada momento de ello.

—Sí —contesté sin aliento—. Sí quiero hacerlo.

Mi corazón golpeteaba fuerte e incesantemente en mis oídos mientras caminábamos a través del pasillo. Edward me estaba guiando con su mano unida con la mía, nuestros dedos entrelazados. De vez en cuando se voltearía y me daría una de esas sonrisas que hacían que mis rodillas temblaran. Me encontraba ligeramente nerviosa, pero más que todo ansiosa y exaltada.

El camino que se me había hecho eterno llegó a su final y Edward abrió la puerta de su cuarto. No pasé por alto la impaciencia que fui capaz de captar en sus movimientos.

Un agudo y pequeño chillido salió de mi garganta involuntariamente cuando Edward tiró de mi mano, haciéndome entrar a su habitación rápidamente para luego presionarme contra la puerta, todo ocurriendo en tan sólo un par de segundos. Yo lo miré con los ojos completamente abiertos, sorprendida por sus reacciones. Él todavía me estaba manteniendo contra la puerta, mi cuerpo entre ésta y el suyo, el cual también se había apretado contra mí. Tragué fuertemente cuando pude sentir cada parte de su cuerpo sobre mi cubierta piel, sobretodo una parte bastante dura difícil de ignorar.

Sus verdosos ojos estaban ahondando los míos, y mi respiración se cortó por la profundidad de su mirada. Sus esmeraldas parecían estar viendo a través de mi alma, produciéndome sensaciones que nunca antes había sentido.

Finalmente percibí algo de movimiento luego de haber parecido como si el tiempo se hubiera detenido. Sentí sus dedos empezar a recorrer mis costados de arriba abajo lentamente, y sus acciones hicieron que un estremecimiento tambaleara mi débil cuerpo.

Sus dientes mordieron su labio inferior, sus ojos todavía enterrados en los míos. Lentamente empezó a inclinar su rostro al mío, dejando que su nariz acariciara mi mentón. Sus ojos desaparecieron de mi vista en el momento en que sus párpados los cubrieron, y pareció meditabundo por unos segundos.

—Es… increíble —susurró, dejando besos ligeros en el mismo lugar donde la punta de su nariz estuvo—… lo mucho que te deseo…

Ya lo creo. Sus movimientos, sus palabras, su mirada, todo lo de él me estaba volviendo completamente loca, como si tuviera el poder de hipnotizarme con sólo un destello de sus ojos. Irónico, pensé.

Primera vez que sentía deseos tan lujuriosos y primitivos como los que tenía en esos instantes, las ansias de enterrarme dentro de él, de simplemente dejar que me hiciera suya. Todo su ser me llamaba, y era imposible no sucumbir ante él.

Sus manos, finalmente, dejaron el lugar que habían memorizado. Las dos se deslizaron simultáneamente hacia mi estómago, empezando a subir hasta llegar al abultamiento de mis pechos. Un pequeño gemido casi inaudible salió de mis labios entreabiertos cuando cubrió cada uno y empezó a masajearlos, con ágiles y suaves movimientos. Sus labios se habían posado en mi cuello y habían empezado a morder con ligereza. Sus suaves y lentos toques me estaban llevando a la locura, y decidí que ya estaba siendo hora de llevar las cosas a otro nivel.

En un movimiento rápido mis manos se deslizaron por sus cabellos y les dieron un tirón hacia arriba, efectivamente logrando acercar su boca a la mía. Se unieron en un beso sediento y desaforado, lleno de fiereza mientras nuestras lenguas batallaban con rudeza. Ya los movimientos sutiles y tranquilos habían desaparecido; la pasión era demasiada y fue imposible contenerla, desatándonos sin control.

Sus manos tomaron los bordes de mi camiseta y tuvimos que separar el beso para que Edward pudiera removerla, todo el tiempo mirándonos a los ojos mientras lo hacía. Sus oscurecidas esmeraldas eran salvajes, incontinentes.

Cuando me libré de la prenda, Edward sólo tuvo que observarme por un par de segundos.

—Esto debe de irse también. —murmuró con voz ronca sonriendo de lado mientras sus manos viajaban rápidamente hacia mi espalda y encontrando el broche de mi sujetador. Yo traté de echar a un lado la repentina ola de pena que apareció cuando realicé que me iba a ver desnuda, pero ni siquiera tuve tiempo para aquello ya que en un parpadeo estaba completamente expuesta de las caderas hacia arriba.

—Tan hermosa, —exclamó volviendo a absorber su labio inferior con sus dientes mientras sus ojos viajaban por mi pecho. Mis mejillas se encontraban en llamas y resistí el impulso de cubrirme con mis brazos. Aparentemente Edward notó mi vergüenza ya que alzó su mano y acarició mi mejilla con su pulgar mientras me sonreía.

—No tienes nada por lo qué avergonzarte. Eres absolutamente preciosa, créeme.

Sonreí ligeramente ante sus palabras. Sólo Edward era capaz de hacerme sentir hermosa, de hacerme sentir deseada.

Pero la sonrisa se desprendió en el momento en que sus manos cubrieron mis expuestos pechos.

Un fuerte gemido – bastante vergonzoso, cabe añadir – salió de mi boca cuando hizo el primer contacto, pasando sus pulgares por el sensitivo centro de cada uno de mis senos. Sus labios se acercaron a los míos rápidamente en medio de su actividad, mordisqueando mi labio inferior. Luego de adueñarse de mi boca por unos segundos, empezó a bajar sus besos de mis labios hacia mi cuello y mi clavícula, hasta finalmente llegar al lugar donde sus manos jugaban.

Besó y succionó con gentileza cada uno de mis pezones, arrebatándome suspiros de placer. Maldición, si ya estaba llevándome al límite, no quería imaginarme cuando estuviéramos—

—¡Oh! —solté involuntariamente cuando sentí una de sus manos subir por mi muslo debajo de la falda y palmar mi centro cubierto por la tela. Me sonrojé cuando realicé que obviamente se había dado cuenta de lo húmeda que estaba.

Edward envió su mirada hacia arriba y le sonrió torcidamente a mi ruborizado rostro, y mis mejillas respondieron calentándose más.

Sus movimientos me estaban torturando a tal grado que decidí que ahora le tocaba a él.

—Edward… ¿no crees que tienes mucha ropa puesta? —inquirí casi en un susurro, dándole una pequeña sonrisa. Mi voz era prácticamente irreconocible.

Él, sonriendo torcidamente, se irguió y empezó a remover botón por botón, revelando la suave piel de su pecho.

—Déjame ayudarte. —murmuré mientras una de mis manos se posaba sobre la de él rápidamente. Con dedos temblorosos, empecé a removerle la camisa, y cuando estuvo completamente abierta Edward la apartó de sus hombros y la dejó caer al suelo en un abrir y cerrar de ojos.

Mis manos automáticamente empezaron a acariciar la nueva piel revelada, sintiendo lo pétreo y sedoso que era su torso y sus abdominales. Mis labios se acercaron por primera vez a su cuello y empezaron a repartir besos, a lo que Edward respondió con un casi inaudible gemido, vibrando contra mi boca. Solté uno mío propio cuando sus caderas se empujaron contra las mías en un brusco movimiento, haciéndome sentir el gran bulto que se presionaba contra sus pantalones.

Mis dedos, todavía posados en su pecho, empezaron a deslizarse hacia abajo, llegando hacia la delineada V que estaba formada en sus caderas. Mis dedos desprendieron el botón de sus jeans y se ocuparon con el cierre de su pantalón. El sonido del broche y nuestras irregulares respiraciones se mezclaron en el ambiente, resonando en nuestros oídos.

Edward se removió la prenda de jean con rapidez cuando bajé el cierre, pateándola con su pie. Llevaba puestos unos bóxers negros que se adherían a su piel, el protuberante bulto de su entrepierna tratando de salir, y la increíble vista me golpeó dejándome sin aliento.

No me di cuenta que Edward me había removido la falda de un tirón hacia abajo mientras yo estaba comiéndomelo con los ojos, la tela de jean rodeando mis tobillos. Al igual que él, la removí de una patada. Cuando apretó mi cuerpo contra el mío bruscamente una chispa me estremeció el cuerpo de la cabeza a los pies, la increíble intensidad que se había estado arremolinando desde hace minutos repentinamente creciendo con rapidez a nuestro alrededor, y era prácticamente palpable en el ambiente. Podía sentirla cosquilleando mi piel, podía sentirla dentro de mí cada vez que respiraba.

Edward volvió a unir nuestros labios con urgencia, y mis ojos no pudieron cerrarse cuando me encontré con los suyos taladrando los míos durante el beso. Las sensaciones eran tantas que Edward tuvo que reforzar su agarre debido a que mis rodillas terminaron por rendirse. Nuestros sofocados gemidos se mezclaron mientras nuestras lenguas jugaban por lo que parecía una eternidad.

Una de las manos que me mantenían sostenida empezó a descender, cubriendo una de mis nalgas y dándole un apretón, haciéndome dar un pequeño salto. Sus dedos empezaron a recorrer el borde de las panties, arrastrándolos hacia delante y haciéndome temblar cuando tentativamente se deslizaron por dentro de la tela.

Sostuve una bocanada de aire, mis manos sosteniéndose indefensamente de sus hombros. Uno de los dedos de Edward llegó a mi intimidad, deslizándolo lentamente de arriba a abajo. Él hizo un murmullo de satisfacción a tono con mi leve gemido.

Continuó con sus suministraciones en un torturante ritmo. Mi rostro cayó sobre su cuello, inhalando su esencia y soltando mis involuntarios sonidos en su oreja cuando finalmente introdujo un par de dedos en mi centro, empezando a moverlos lentamente. Una de mis manos empezó a bajar por su pecho y sentí los músculos de sus abdominales contraerse para mi satisfacción. Decidí olvidarme de que las acciones de Edward sólo se debían a un simple encanto, y simplemente me dejé llevar por las sensaciones.

Edward soltó un gruñido cuando mi mano cubrió su erección por encima de la tela, y estaba segura que no se percató de que temblaba. Nunca antes había hecho esto, pero estaba decidida a hacer lo mejor que podía. Empecé a acariciar su cubierto y largo miembro, y dejó caer su cabeza en mi cuello mientras de sus labios salían sonidos que me excitaban más.

Seguimos acariciándonos y tocándonos por quién sabe cuánto tiempo, ya éste no tenía sentido para mí. Un fuerte ardor era prominente en la parte baja de mi estómago, y solté un quejido cuando Edward removió sus dedos y sacó su mano de dentro de la tela. Yo hice lo mismo, y él volvió a soltar un gruñido casi inaudible.

—Te necesito. —susurró contra mis labios mientras sus manos se deslizaban por mis costados hacia abajo.

—Espera… —solté cuando sus dedos agarraron cada lado de mi única prenda restante. Había algo de lo que había estado dudando desde hace varios minutos, y antes de hacer esto realmente quería saberlo.

Edward detuvo sus movimientos, congelando sus manos posadas en mis caderas.

—¿Sí? —su tono era relajado, pero había incertidumbre en él.

—Tú… ¿has hecho esto antes? —cuestioné tentativamente.

—La verdad es que… sí. Una vez —respondió con el ceño fruncido—. Pero no recuerdo nada de ello. Así que esta prácticamente es mi primera vez. —una de las comisuras de sus labios se levantó mientras me daba un casto beso en los labios y a pesar de que su respuesta no hubiera sido la ideal, no me importaba. El punto era que iba a estar con Edward, y al menos esta noche, el pasado no importaba, ni para él ni para mí.

—¿Estás bien?

La aterciopelada voz de Edward me regresó a la realidad, y me percaté de que su mirada estaba llena de preocupación. Para tranquilizarlo, posé mi mano en su mejilla y le sonreí suavemente.

—Sí. No te preocupes. Todo está bien.

Él me devolvió la sonrisa y presionó sus labios contra mi palma. Seguido, sus manos me alzaron mientras se presionaban en mi trasero y yo rodeé sus caderas con mis piernas instintivamente, mis brazos acorralando su cuello. Empecé a dejar besos húmedos en su cuello, y a pesar de tener mis ojos cerrados sentí cómo caminaba con pasos rápidos y frenéticos. Solté un breve grito cuando me soltó sobre la mullida cama, mi cuerpo rebotando ligeramente. Inmediatamente extrañé su cálida piel, pero aquello no duró mucho ya que rápidamente se colocó sobre mí para dejar un breve pero fuerte beso en mis labios.

Sus manos tomaron mis muñecas y alzaron mis brazos, colocándolos sobre mi cabeza. Continuando desde donde había parado, sus manos volvieron a mi ropa interior y con sus dedos, empezó a deslizar la pequeña prenda por mis muslos suavemente, yo alzando las caderas ligeramente para ayudarle. Finalmente logró apartarla de mis pies y lanzarla fuera de la cama, y tragué fuertemente cuando su mirada me recorrió de pies a cabeza.

Edward me tomó por sorpresa en un repentino beso, mostrándome toda la pasión que sentía. La intensidad era tanta que casi me desmayé.

Gimoteé cuando se apartó y mi respiración se cortó cuando lo vi empezar a removerse sus bóxers. La verdad es que nunca antes había visto a un chico desnudo antes, ni menos tan cerca de mí.

Cuando finalmente se liberó del pedazo de tela, sentí mis mejillas prenderse fuego ante la dirección que mis pensamientos tomaron cuando lo vi completamente libre de ropa. No sabía mucho de ello, pero supuse que estaba... bien dotado.

Subí la mirada de nuevo a sus ojos y una sonrisa un tanto arrogante estaba jugando en sus labios, seguramente ante mi detenida observación. Edward volvió a acercarse a mí, cerniéndose sobre mi cuerpo pero sin tocarlo. Sus manos empezaron a deslizarse hacia arriba desde mis caderas hasta mis codos hasta finalmente llegar a mis manos, donde entrelazó nuestros dedos. Sus labios se acercaron para un beso que me dijo que ya era hora.

Edward se separó brevemente, y vi cómo su mano buscó algo rápidamente en la mesita de noche de al lado. Me ruboricé cuando vi el pequeño paquete plateado, y a la vez una vocecilla me gritó dentro de mi cabeza. Prácticamente me había olvidado de la protección. Pero qué responsable eres, querida Bella.

Él me sonrió todo el tiempo en el que mi mente batalló conmigo misma mientras rompía el envoltorio y se lo colocaba. Volvió a acercarse a mí y dejó un dulce beso en la punta de mi nariz, lo que me dejó un poco sorprendida.

—¿Estás lista? —inquirió roncamente cuando se separó, su rostro a centímetros del mío, sus intensas esmeraldas mirando directamente a mis ojos. Yo asentí con la cabeza mudamente, y con una tranquilizadora sonrisa, empezó a unir su cuerpo al mío.

Un jadeo salió de mis labios cuando sentí la punta de su erección en la entrada de mi intimidad, y Edward empezó a dejar breves besos en mi cuello. Fui sintiendo cómo entraba poco a poco, con una lentitud que era torturante y me ponía extremadamente ansiosa. Edward soltó un largo y ronco gemido en mi cuello cuando una pequeña parte de él estuvo dentro de mí. Hasta el momento, yo no sentía dolor, si no puro placer.

Edward se quedó quieto un par de segundos, y en un repentino movimiento, se empujó dentro de mí, y allí fue cuando lo sentí. Me había roto.

Un pequeño quejido salió de mis labios. La sensación no era tan dolorosa, pero sí extraña. E incómoda. Muy incómoda.

—¿Te duele?

Yo asentí ante la pregunta que Edward hizo en mi oído.

—Ya pasará, quédate conmigo.

Una sensación de calidez me embargó ante las palabras de Edward, y así como él dijo, la incómoda sensación se fue desvaneciendo en tan sólo cuestión de segundos.

—No… aguanto… —susurró él con voz ahogada, y yo gemí. Ahora el placer había tomado el lugar del impacto que sentí brevemente, y la misma impaciencia de antes también había regresado.

—Ugh… ya está bien… por favor… —rogué, subiendo mis caderas en un rápido movimiento, juntándolas con las de él. Los dos gemimos ante la sensación. Pude sentir cómo se adentraba más en mí, cómo me estrechaba más. Y lo mejor era que sentía de todo menos dolor.

Su cuerpo, antes tenso y paralizado, finalmente fue relajándose y moviéndose en un lento compás. Adentro, afuera. Adentro y afuera. Yo realmente traté de reprimir los sonidos que salían de mi boca, pero era una misión imposible. Eran sensaciones tan nuevas, tan intensas y tan distintas a todo lo que había experimentado antes, el sentir cómo su longitud me llenaba completamente y simplemente se sentía... perfecto.

—Joder, —Edward soltó un quejido en mi oído, mientras sus caderas seguían moviéndose pausadamente contra las mías. Solté un gruñido. Se sentía increíble, pero no era suficiente.

Más, por favor... —susurré, levantando mis caderas del colchón en un brusco movimiento y Edward me devolvió el gruñido, sólo que el de él era más profundo y bestial, el erótico sonido sólo logrando aumentar mi excitación.

Casi me dio un ataque asmático cuando reaccionó. Repentinamente apartó sus caderas hasta dejar sólo la punta de su erección tocándome, haciendo que me asustara brevemente ante la idea de que se fuera a ir y me dejaría así, pero un sorprendido grito salió de mi boca cuando volvió a adentrarse de una, con una rapidez y profundidad que me dejó sin aliento.

Edward no esperó. Su ritmo aumentó considerablemente, sus caderas moviéndose ágil y rápidamente. Yo apreté mis piernas alrededor de él, uniendo mis pies en su espalda a lo que él soltó otro gruñido. Ya podía sentir las llamas arremolinandose en la parte baja de mi estómago, amenazando con explotar. Él también estaba cerca, podía decirlo por sus frenéticos movimientos que ya no tenían patrón y el aumento de sus gemidos, llamando mi nombre repetidamente.

—¡Edward! —gemí audiblemente cuando no aguanté más y me dejé llevar por el placer, cayendo en el abismo del éxtasis. Todos mis sentidos fueron nublados, incapaz de formar un pensamiento coherente. Ni siquiera podía pensar, sólo podía sentir.

Un fuerte gruñido tembló contra mi pecho, y con una última fuerte embestida, Edward se dejó caer sobre mí, su cuerpo lánguido y extenuado. Una sensación de completa armonía me recorrió de pies a cabeza, y me pregunté brevemente si acaso me había estado drogando. Una tonta sonrisa estaba extendida por mis labios mientras mis manos acariciaban distraídamente el cabello de Edward, su cabeza recostada en mi pecho. Su peso era completamente cómodo sobre mí, tenerlo tan cerca era increíblemente placentero.

Un quejido salió de mi garganta cuando Edward se removió y se rodó para recostarse a mi lado en la pequeña cama individual, trayéndome consigo y apretándome contra él, a lo que yo recosté mi cabeza en su pecho.

—Me gustaba cómo estábamos antes. —murmuré cansinamente, mis palabras casi inentendibles.

Su pecho vibró contra mi mejilla, indicándome que se reía silenciosamente.

—¿Acaso esta no es la posición normal? Además, de la otra forma me sentía como una chica.

Yo le di un juguetón manotazo en el pecho, sólo consiguiendo que volviera a reírse.

—Hombres. —murmuré, negando con la cabeza suavemente.

—Lo siento, pero nosotros tenemos que proteger nuestra masculinidad.

Yo reí, sintiendo cómo su mano acariciaba mi cabello apaciblemente.

—Duerme, Bella. Debes de estar cansada. Que tengas dulces sueños.

Yo sonreí. Sólo serán dulces si tu apareces en ellos.


¿Qué les pareció el capítulo? No sé que me pasa, pero siempre tiendo en alargarme con los lemons. Sólo planeaba hacerlo de dos páginas, me salieron como nueve -.-

En fin xD espero que dejen sus queridos reviews :) ¡Gracias por leer!

-Mariale