La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer.

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Tío Edward

Capítulo 1: Introducción

- Muy bien, lo primero que haremos es... – siguió explicándome cada fase y fragmento de su plan, escrito en aquella diminuta pizarra, la que utilizábamos cuando éramos pequeñas para conseguir el magnífico tarro de galletas, puesto, ingeniosamente, encima del estante más alto.

Suspiré, y miré de soslayo a mi mejor amiga.

Alice era una persona agradable, simpática, metiche, hiperactiva y buena compañía, hasta cierto punto. Existía una línea divisoria, que me separaba de su mundo sin preocupaciones y el lema de 'vivir-la-vida'. Siempre me mantuve apartada de las fiestas, el alcohol y todo eso que me pudiera perjudicar, pues sabía que si me presentaba en aquellos sitios, estaría sentada, sola, con un cubata en la mano sin probar. Me había espabilado para huir de Alice, en los momentos oportunos, aprendí la lección cuando me llevó de compras la primera vez. Desde bien entrada la mañana hasta casi el anochecer, no volví a casa. Ella, era algo así como una adicta a las compras.

Sin embargo, mi vida, no se basaba pulcramente ha hacer lo que mis padres me regían, aunque la mayor parte del tiempo así era. Hasta que, Alice, cansada de mi silencio, y mis ocultos sentimientos se plantó esa mañana en mi casa, subió las escaleras hasta llegar a mi habitación, y me miró enfurecida.

- ¿Te pasa algo? – pregunté, sin saber muy bien cómo reaccionar.

Me señaló con un dedo, acusante, que provocó un estremecimiento por todo mi cuerpo. Se me erizó el bello de los brazos, y una alerta en mi cabeza me avisó, Peligro, pero, Alice, ya había comenzado con sus preparativos, manteniéndome al margen, aunque fuera yo la protagonista de su historia.

Cuando acabó de sacar un montón de papeles, me miró de arriba a bajo, llevaba puesto unos pantalones cortos y una camiseta vieja de manga corta, no había echo planes, y me encontraba leyendo. Negó con la cabeza, sus brazos se pusieron en jarras, y me indicó con la cabeza que me levantara. Lo hice sin rechistar, pues no quería ver a mi amiga enfadada.

En esos instantes, me sentí como un maniquí al que hay que vestir para ponerlo en el escaparte, con ropa de moda. Y, más o menos, así era.

Alice se sentó en el suelo, y libre de su inspección sorpresa, me senté en mi cama, mirándola con curiosidad.

- ¿Me vas a decir que pasa o te tengo que amenazar?

Mi mejor amiga, me miró de forma misteriosa, y sonrió. Y, entonces, lo supe: mi vida iba a cambiar.

- Bella, eres mi amiga y te quiero, te adoro y todas esas cosas, pero... – me miró con los ojos entornados, y me estremecí –, es hora de cambiar tu atuendo, tu carácter y tu manera de hacer las cosas. Hay que redecorarte – acabó, para levantarse y dirigirse a mi armario.

- Alice – la advertí; no me hizo caso –, ¡No toques mi ropa!

- Isabella Swan – exclamó, con los brazos cruzados –, voy a decirte unas cuantas palabras, ¿Vale? Espero que me dejes terminar.

- Muy bien – me preparé para su explicación –. Comienza.

- ¿Quieres dejar de ser tan madura? – era un principio de explicación, que no me esperaba, aunque, tratándose de Alice, todo es posible – Por Dios, Bella, tienes casi 17 años, no has cometido ninguna locura, nunca te has emborrachado, nunca has probado un cigarro, y jamás has tenido el suficiente valor para decirle a... – la callé, antes de que dijese algo de lo que poder arrepentirse.

- Alice, puedo soportar muchas cosas, pero, por ahí, no paso. Sabes mi respuesta: No – me senté en el borde de mi cama, indignada –, sería una pérdida de tiempo, un intachable período que me seguirá hasta el final de mis días. ¡No, no y no! Es imposible que yo le guste, así que, si eres tan amable, déjame sola.

Enfurruñada, me estiré en mi cama, boca abajo, dándole la espalda a Alice y a todo el mundo. La oí resoplar como un caballo, y su zapato dar contra el suelo.

- ¿Has acabado ya con tu berrinche? – gruñí, antes de mirarla.

Algún día le preguntaría por qué tiene esa fuerza sobre las personas para, aunque no utilice ningún truco, hacer lo que ella quiera.

La observé, malhumorada.

- Bien. Estás enamorada de Edward, ¿Vale? – rodé los ojos, antes de volver a darle la espalda, aún sabiendo que ella seguiría hablando y yo escuchándola.

Bueno, Edward es la persona, como bien a dicho Alice, de quien estoy enamorada. Técnicamente llevo toda mi vida detrás de él, desde que tengo uso de razón. No es mi mejor amigo ni el chico más popular del instituto ni tampoco un profesor.

Él es, tío Edward.

Aunque para mi suerte o desventaja –depende de cómo se mire– ya no estaba casado. Nunca supe, exactamente, por qué se casó con la hermana de mi madre, Tanya, pues sabía por bocas de otros, que Edward estaba enamorado de ella, pero la peliaguda de mi tía lo trataba como un paño sucio, hasta que se dio cuenta de lo famoso que era en el sector femenino, cobraba bien y era guapo. No desperdició la oportunidad, se casaron, y estuvieron dos años juntos. Hasta que Tanya le engañó con otro y Edward lo pilló. Desde entonces, mi tía se fue de Phoenix, divorciada y solo mi madre hablaba con ella.

Ahora, Edward, no esta casado y, por lo que sé, tampoco tiene pareja, aunque, claro, solo tiene que chasquear los dedos para que aparezca una chica, besando el suelo por donde pisa.

- Sí, estoy enamorada de Edward – admití, sonrojada.

- De acuerdo, ahora, sigo: jamás has tenido el suficiente valor para decirle a Edward lo mucho que le quieres. Él no se va a dar cuenta, y aunque tú no lo quieras ni desees, él encontrara a otra si no haces algo rápido, posiblemente, otra Tanya que no aprecia lo que tiene.

Asentí, y agregué:

- ¿A qué viene esto, ahora? Todo eso ya lo sé, no entiendo por qué me lo repites.

Exasperada, Alice, me cogió por los hombros y me zarandeó.

- Porque no soporto que mi mejor amiga, se lama las heridas provocado por un estúpido sin escrúpulos que no se da cuenta de lo que sientes.

Aún cuando su rostro estaba serio, y su voz era firme. Sabía que no pensaba todas esas cosas de Edward, por una parte, porque se llevaban de maravilla, y se trataban como hermanos, y, por la otra, a Alice le era imposible insultarle a la cara, puesto que si algún ser se atreviera a decir algo malo de él, ella sería quien le haría pagar las consecuencias.

- Entonces, ¿Vamos ha hacer el plan o no? ¿Me vas a dejar ayudarte, por una vez por todas, para conquistar a tu tío? – preguntó cada vez más flojo –, por una vez, ¿Vas a dejar que tu seas la ayudada?

Asentí, sin mucho ánimo, pero, algo en mi interior me decía que aceptara, que me dejara ayudar, que abriera la puerta a alguien ajeno a mi mundo.

No sabía qué iba a salir de todo esto, puesto que podría meter la pata, que Edward dejara de dirigirme la palabra y mi padre me encerrara en mi habitación, o que, todo podría ser de color rosa; mi tío sentiría lo mismo que yo, y viviríamos felices y comeríamos perdices. Pero, eso solo eran cuentos de hadas, y al vida real era muy diferente.

- Oye, Bella, ¿Me estás escuchando? – volví al presente, dejando de lado la manera en la que Alice me convenció, y la miré, atontada –, ya veo que no – se dejó caer en el suelo, ocupando media habitación, y me miró –. Si no pones de tu parte, poco haremos.

- Lo siento, Ali – me excusé, con una sonrisita.

- En fin, veamos, te haré un resumen: tu carácter de niña tímida y buena, vas a tenerlo que dejar a un lado cuando él esté presente.

- ¡Oh, claro! – dijo, obvia –, ¿Cómo no me había ocurrido? Mañana mismo iré a la tienda de caracteres para cambiarlo, que éste me ha salido extraviado.

- Bella, las tonterías, en otro momento – me dijo, seria.

- Pero, Alice, llevo casi diecisiete años siendo así; no voy a cambiar de la noche a la mañana.

- Sí, sí que puedes. Con mi ayuda – levanté una ceja, esperando –. El carácter va con la ropa.

Oh, no.

- No te preocupes, no iremos de compras... de momento. Haber que nos desviamos del meollo del asunto – movió las manos frenéticamente, y se concentró –, si llevas una camiseta sin escote, no buscas nada, si llevas un pantalón largo, ocultas tus facetas. Por eso, a partir de ahora, escote a todos sitios y pantalones cortos en todo momento. Cuando llevas algo que atrae la atención de cualquiera, eres capaz de todo, créeme, he hecho experimentos. Bueno, entonces él te mirara hambriento y lujurioso y, justó ahí, le tiras los tejos.

- ¡¿Qué?! – sentí un mi rostro arder –, ¡No sé tirar los tejos! ¡Y seguramente me trabaría, intentaría salirme por la tangente y acabaría en un camino sin salida! – me tranquilicé, masajeándome los ojos –, tiene que ser algo que esté entre mis posibilidades, de no trabarme, caerme, y morirme de vergüenza.

Alice, se encogió de hombros, y dijo, con la voz más seria que jamás había escuchado:

- Cuando te mire, te saldrá solo – fruncí el ceño; no era de buena ayuda –, me refiero que, en cuanto su mirada deseosa se pose en ti, te sentirás reina del mundo y podrás comértelo de un bocado, ¿Entiendes?

- No, me estoy liando. ¿Qué quieres que coma, ahora? – pregunté confusa, me parecía que Alice se estaba auto confundiendo y a su vez, me confundía a mí.

- ¡Joder! No están difícil – suspiró, y se relajó –. Mañana, cuando os encontréis, en el momento en que te mire, verás, que su mirada no es la misma que la de siempre, y, ahí, hasta alguien tan ingenua y torpe como tu, sabré que hacer, ¿Lo has entendido ahora?

- Ah, claro. Es que te complicas mucho – le dijo, como si la culpa fuera suya, aún sabiendo que solo yo la tenía.

- Sí, ahora soy yo... – masculló.

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Esa misma noche, cuando me acosté, pensé en todo lo que me depararía mañana. Tenía la ropa preparada en la silla, puesta cuidadosamente por Alice. El maquillaje justo sobre el escritorio, y algunas frases aprendidas y escritas por cortesía de mi amiga.

Bostecé, antes de cerrar los ojos; no sabía, exactamente, como acabaría todo eso, pero, ya había cruzado esa línea que me separaba del mundo de Alice, bueno, de su mundo y todos los mundos. Y, sabía, que no había vuelta atrás; estaba atrapada. Sin embargo, antes de caer dormida en un profundo sueño, una frase pasó fugazmente por mi cabeza; como un destello.

Por amor, siempre se hacen, grandes locuras... ¿O no?


¡Hola, hola! ¿Hay alguien ahí? Pues espero que sí, la verdad. En cualquier caso, ¿Qué tal están? Sé que dije y prometí que subiría este fic hace mucho, pero, dsaparecí un buen tiempo, no sé cuánto, exactamente, pero desaparecer, desaparecí. Pero, ya me comprenderéis, ¿Verdad? El instituto, es el último curso, me tenía que sacar la ESO (que la tengo :D)... en fin, muchas cosas me han sucedido, y no voy a explicar por qué, sino, pasaréis de leer este fic, que espero, que sea un poco divertido, pues ya veis, se hacen locuras por amor, pero, ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar? No sé, no sé... xD

Bueno, dejando las tonterías de lado, voy a aclarar una cosita: esta idea del fic, la cogí viendo la serie 'los hombres de paco', no es igual a la serie y voy a cambiar bastantes cosas, pero, solo aclaro que la idea la cogí de esa serie. Y, este capítulo es una introducción, así que ya podréis imaginaros cómo van a ir las cosas.

Y creo que ya está, no me voy a extender más por qué no sé que más decir, y me encontraréis repetitiva :)

Espero que os haya gustado, y dejarme vuestra opinión para saber si os gustó :P

¡Nos leemos prontoo!

Cuidensee..!!

Marinilla14