EPÍLOGO: SAN VALENTÍN

Era 14 de febrero y a diferencia de años anteriores, esta vez sí tenía ganas de celebrarlo. Después de lo ocurrido con Tanya, estaba convencido que no merecía ser feliz y que estaba condenado a una vida llena de amargura mientras todos a mi alrededor eran felices, excepto yo. Pero ahora… ¡Todo era tan diferente! Y todo se debía a Bella. No pude evitar sonreír como idiota mientras pensaba en todo lo que ella significaba para mí.

- Deberías ver tu cara, Edward- dijo Alice entrando a mi habitación- cada día te pareces más a Emmett, tienes su misma cara de idiota- rió burlonamente, pero hoy no tenía ganas de pelear con ella. Quizás mañana, hoy era un gran día. Le sonreí su hermana, tomé mi chaqueta y salí de la habitación, dejando a Alice sola. Sabía que no había algo que la enojara más que ignorarla. Mientras bajaba las escaleras, saqué mi celular del bolsillo y marqué el número de Bella.

- ¡Edward!- gritó ella emocionada de hablar conmigo. Yo sólo sonreí.

- Hola Bella, ¿cómo dormiste?- pregunté.

- Muy bien, soñé contigo- dijo ella alegremente.

- Yo también- solté antes que me diera cuenta. Si Emmett me oyera… se burlaría de mí por el resto de mi vida. Bella rió y de pronto, no me importaron las burlas de mi hermano. – Pero ese no era el motivo de mi llamada, quería avisarte que estoy saliendo de mi casa para ir a buscarte.

- ¿Ahora ya?- preguntó sorprendida.

- Sí, acabo de tomar las llaves de mi auto- las moví para que sintiera el tintineo- ¿las sentiste?

- Sí…

- Y ahora- dije mientras caminaba hacia la puerta- salí de casa- cerré la puerta- ¿lo sentiste también?

- Sí…

- Y ahora estoy subiéndome a mi auto…

- ¡Basta!- rió nerviosa- entendí la idea. Te espero.

- Por eso te quiero- sonreí, aunque claro ella no podía ver eso- eres tan inteligente…

- Ya, galán- rió- nos vemos en un rato. Te quiero.

- Yo también. Un beso. Adiós.

- Adiós- dijo ella. Tiré el celular sobre el asiento del copiloto, sobre el cual descansaba un ramo de rosas que pensaba entregarle hoy, puse las manos en el volante y soñé despierto unos momentos, antes de volver a la realidad y echar a andar el auto. Estacioné frente a la casa de Bella, me guardé el celular en el bolsillo y tomé el ramo de rosas. Lo oculté detrás de mi espalda y caminé hacia la puerta de entrada, pero antes que pudiera tocar, la puerta se abrió.

- ¡Edward!- exclamó Bella y me dio un efusivo beso.

- Feliz San Valentín- sonreí y le entregué el ramo.

- ¡Oh Edward! Eres tan dulce…- y me besó nuevamente, de repente, se separó de mí y me miró con expresión culpable.

- ¿Qué pasa?- pregunté alarmado.

- No te compré ningún regalo- dijo ella apenada.

- No es necesario que me des un regalo, Bella- le sonreí- ya tengo todo lo que quiero…- y me incliné para besarla nuevamente.

- Eres tan perfecto…- susurró ella.

- Si sigues diciendo eso, empezaré a creer que es verdad- reí entre dientes- pero no vine acá para que nos quedáramos en la puerta, así que Señorita Swan- le tomé la mano y la besé- vamos a mi auto, nos espera un largo día.

- ¿Adónde vamos?- preguntó curiosa mientras yo la guiaba hacia el auto.

- Es una sorpresa- sonreí y le abrí la puerta para que subiera.

- No me gustan las sorpresas- dijo ella cruzándose de brazos.

- Esta te gustará… -le murmuré en su oído y pude sentir cómo ella se estremecía.

- ¿Cómo estás tan seguro?- preguntó ella tercamente.

- Porque me llamo Edward Cullen y soy tu novio- le respondí, ella me miró durante unos instantes, suspiró y subió al auto- así me gusta- dije cerrando su puerta.

- Esto no me gusta- insistió ella mientras yo me subía por el lado del conductor.

- Vamos, Bella, relájate, es San Valentín- le dije alegremente- es la única fecha en que se puede ser romántico sin que se burlen de ti.

- Interesante punto de vista- rió ella.

- Pensaba llevarte al cine e ir a cenar después- le dije despreocupadamente- pero encontré que era tan normal y nunca he sido muy tradicional, así que decidí algo totalmente diferente.

- ¿Qué cosa?- me urgió Bella.

- Ya verás- sonreí mientras conducía por la carretera. Después de conducir por unos instantes, me detuve frente a una parada ya familiar para ambos.

- Sí, es nuestra primera parada- le dije bajándome del auto.

- ¿Primera?- preguntó bajándose también.

- Sí, Bella, significa que habrán más después de esta- me burlé. Ella entrecerró los ojos en un gesto amenazante. Yo reí y le tomé la mano.

- Vamos al prado- dijo segura.

- Exactamente- le confirmé. No dijimos más hasta que llegamos al lugar- Siéntate- le indiqué mientras yo me sentaba sobre el césped- Quise venir acá en primer lugar, porque fue precisamente aquí donde me di cuenta que algo había cambiado dentro de mí. Y donde me di cuenta… que algo sentía por ti…- Bella me miraba atentamente- por eso… -revolví en mis bolsillos hasta encontrar lo que andaba buscando- te compré esto…- saqué una pequeña bolsita de terciopelo.

- Edward, no debiste… -empezó a decir Bella.

- Sí, debí, déjame continuar, no tienes permiso para hablar- bromeé- es sólo un brazalete- le expliqué mientras tomaba su muñeca izquierda para colocárselo- que representa el hecho que me tienes en tus manos, Bella- levanté la vista para mirarla- y elegí el lado izquierdo, porque es el lado del corazón… lo que significa…. –suspiré y la miré intensamente- que me tienes en tus manos y en tu corazón- antes que pudiera decir algo más, Bella se tiró sobre mí y ambos caímos sobre el césped. Después de una larga sesión de besos, me separé de ella- ¿Sabes? Aún no terminaba de darte tu regalo.

- Oh- dijo ella. Me senté nuevamente y hurgué nuevamente en la bolsita de terciopelo.

- Supuse que quizás llevar esto- tomé entre mis dedos su regalo- en tu muñeca izquierda no sería suficiente, así que necesito darte algo más representativo- saqué de la bolsita un dije en forma de corazón, tomé la mano de Bella y le agregué el adorno a su brazalete- ahora sí- sonreí.

- Es hermoso- dijo ella.

- Igual que tú- le respondí.

- Basta ya, Edward, vas a hacer que me sonroje- dijo dándome un pequeño golpe en el pecho.

- Sólo digo la verdad- le sonreí torcidamente- además me tomé mi tiempo al elegirlo, no es fácil encontrar un adorno así de pequeño- señalé el corazón- además tenía que ser transparente.

- ¿Por qué?- preguntó curiosa.

- Porque quería que representara que no existen secretos entre nosotros y que soy totalmente transparente contigo.

- Puede representar también el hecho que eres tan transparente que puedo ver tu alma- me sonrió ella, yo sólo atiné a devolverle la sonrisa- Edward…

- ¿Sí?

- ¿Puedo besarte ahora?

- Por supuesto, amor- ella sonrió y se lanzó nuevamente a mis brazos. Después de besarnos por un largo rato, nuevamente me separé de ella.

- ¿Qué pasa ahora?- bufó- No me digas que todavía no terminas de darme mi regalo- agregó molesta.

- Tienes razón, aún no termino de dártelo. Y como recordarás esta es la parada número 1. Tenemos que ir a otro lugar.

- No quiero ir- dijo ella cruzándose de brazos.

- No te pongas difícil, Bella- rodé los ojos- además… puedo obligarte a ir. Tú eliges por las buenas o por las malas- ella me fulminó con la mirada y se quedó quieta- Está bien, tú lo pediste- me acerqué a ella.

- ¿Qué estás haciendo?

- Llevándote por las malas- la tomé y la cargué sobre mi hombro.

- ¡Bájame!- chilló.

- No, es la única forma de llevarte- dije serio.

- ¡Bájame!- empezó a golpearme la espalda.

- No.

- ¡Prometo ir contigo! ¡Pero bájame!- exclamó.

- De acuerdo- la bajé y la tomé de la mano- me gusta cuando tienes ganas de cooperar- sonreí burlonamente. Ella sólo entrecerró los ojos y emprendimos el viaje de vuelta.

- ¿Adónde vamos ahora?- preguntó Bella después de un rato de silencio.

- Al Centro- respondí sin apartar la vista del camino.

- ¿Al Centro Deportivo?-preguntó nuevamente.

- Sí, ¿conoces otro?- no pude evitar reír. Bella odiaba las sorpresas.

- ¡No!- gruñó.

- Vamos, Bella, no estaremos mucho tiempo ahí, sólo quiero que veas algo.

- ¿Ver qué?- ya estábamos llegando, así que ignoré su pregunta y estacioné el auto. Me bajé de él y me di la vuelta para abrirle su puerta

- Vamos-le dije, la tomé de la mano y la guié hacia la piscina.

- ¿La piscina? ¿Qué hacemos acá? ¿Me vas a mostrar un nuevo salto triple mortal?- preguntó irónicamente.

- Claro que no, siéntate- respondí divertido. Me senté al borde de la piscina y esperé que ella hiciera lo mismo.

- Mm.. curioso… muy curioso- murmuró ella.

- Disculpe… pero ¿qué es curioso?- dije imitando el famoso diálogo de Harry Potter y el Sr. Ollivander. Ella rió.

- Estaba pensando en que primero elegiste el bosque… la tierra, ahora elegiste la piscina… el agua… estaba pensando si pretendes mostrarme los cuatro elementos de la naturaleza. ¡Oh!- recordó de pronto- también me mostraste la falta de aire al besarme de esa forma… así que sólo nos estaría faltando…

- El fuego- me incliné hacia ella- ¿quieres que te muestre el fuego?- ronroneé en su oído. Ella se estremeció.

- No… digo… -empezó a decir nerviosa- sólo dime que… -tomó aire- sólo dime por qué vinimos aquí.

- Como quieras- le respondí sonriendo- vinimos aquí porque…- suspiré hondamente y miré la piscina - cuando era pequeño solía pertenecer al equipo de natación, pero después… -miré de reojo a Bella quien me miraba fijamente- dejé el nado y a pesar que lo extrañaba, no tenía ganas de retomarlo. Nuevamente tú influiste en eso- le sonreí- cuando acepté volver lo hice porque pensé que necesitaba distraerme y serviría para que mis padres dejaran de mirarme con lástima, aunque en ese momento, no me di cuenta, pero también acepté porque inconsciente quería pasar más tiempo contigo- la miré y le tomé la mano, ella sólo me miró sin decir palabra alguna- eso sí es curioso- bromeé.

- Muy curioso- agregó ella siguiéndome el juego.

- Por eso… quiero que tengas presente que fuiste un… factor importante para mi vuelta a la natación- con mi mano libre saqué de mi bolsillo la bolsita de terciopelo.

- ¡No me digas que tienes más cosas ahí!- exclamó Bella con los ojos muy abiertos.

- Es una bolsita llena de sorpresas- dije riendo- pero déjame seguir, me esmeré preparando esto- añadí con tono ofendido.

- Está bien, no más interrupciones- dijo Bella.

- Gracias- le contesté- Y como te decía antes de que me interrumpieras… quiero que tengas presente lo importante que fuiste para mí en mi decisión de volver al nado, aunque en ese minuto no lo haya sabido conscientemente. Por eso…- saqué de la bolsita un pequeño dije dorado y tomé nuevamente la muñeca de Bella- quiero que este adorno, te recuerde eso y además- agregué el dije al brazalete- las medallas que ganamos en el torneo.

- Por eso es dorado… - susurró Bella.

- Sí, aunque también es dorado porque representa el oro. Y tú vales oro para mí- murmuré.

- Edward… -y Bella se abalanzó sobre mí.

- ¡Ouch!- me quejé. El cemento no era tan blando como el césped.

- Lo siento- se disculpó ella rápidamente.

- No hay problema, si sigues abalanzándote sobre mí cada vez que le agregó algo a tu brazalete… - pensé soñadoramente. Ella sonrió y me dio un suave beso en los labios.

- ¿Hay algo más que tengas que mostrarme?

- Sí, pero no está aquí- miré mi reloj- vámonos antes que se nos haga tarde.

- ¿Adónde vamos ahora?- preguntó Bella con cansancio.

- Es nuestra última parada- dije satisfecho mientras me ponía de pie y le extendía la mano a Bella para que la tomara.

- ¡Por fin!- exclamó mientras se levantaba.

- ¿Qué pasa?- pregunté confundido- ¿No te has divertido? Pensé que… - Bella puso un dedo sobre mi boca.

- Este ha sido el mejor día de mi vida- sonrió ampliamente- es sólo que es algo… -titubeó- molesto, ir de un lugar a otro sin saber el destino.

- En ese caso…- reflexioné un instante- está bien- sonreí y nos encaminamos al auto. Mientras conducía no podía sentirme el hombre más afortunado del mundo, giré mi cabeza para mirar a Bella quien me miraba con la misma expresión de fascinación que tenía yo cada vez que la miraba.

- Pon atención al camino- me advirtió- no quiero morirme sin saber cuál es la tercera parada- yo simplemente reí y fijé mi vista en la carretera- ¿Vamos a tu casa?- preguntó cuando giré en una curva y tomé la ruta acostumbrada hacia mi casa.

- Sí, lo que quiero mostrarte está justo ahí.

- Pero…- empezó a decir.

- Tranquila, mis padres salieron a cenar a Port Angeles. Emmett salió con Rose, para tener una velada romántica- recalqué la última palabra- aunque conociéndolo, es más probable que resulte en un desastre, pero qué más da- respondí encogiéndome de hombros- no es mi problema.

- ¿Y Alice?- preguntó con tono tenso. Estacioné el auto antes de responder.

- No tengo idea, pero sé que Jasper la llevará a cenar fuera, me lo dijo ayer, así que… Como la casa iba a estar vacía… algo que no ocurre todos los días… decidí que sería un buen lugar para que estuviéramos solos- le sonreí y me bajé del auto para abrirle la puerta a Bella.

- Gracias- dijo ella tomando mi mano cuando bajó. Una vez adentro de la casa, vi la cara de confusión de Bella.

- ¿Qué esperabas? – pregunté burlonamente- ¿Una cena romántica y pétalos de rosa en el suelo?- rodé los ojos- te dije Bella, que no iba a hacer algo tradicional.

- No es eso- respondió ofendida.

- ¿Entonces qué es?

- Es sólo que es tan extraño ver tu casa… tranquila, sin las risotadas de Emmett, los chillidos de Alice…

- Es una oportunidad única en la vida- le aseguré.

- Pero me gusta- me sonrió.

- Me alegro- contesté- Por este camino, señorita- la guié hacia el salón donde estaba mi piano.

- Oh, ¿vas a tocar para mí?- preguntó emocionada.

- Así es, Edward Cullen en un concierto exclusivo para ti- dije solemnemente.

- ¡Qué afortunada soy!- exclamó siguiéndome la corriente mientras me sentaba en el banquillo

- Ven, siéntate conmigo.- Bella se acercó a mí y se sentó a mi lado- Ahí no, siéntate acá- le señalé mi regazo.

- Pero no podrás tocar bien así…

- Bella, por favor- rodé los ojos- tocar piano es mi segunda naturaleza.

- ¿Cuál es la primera?- preguntó mientras se acomodaba en mi regazo.

- Besarte- sonreí y comencé a besarla. Suspiré luego de un rato- pero puedo besarte más tarde, ahora quiero mostrarte la tercera parte de tu regalo. Esta melodía la compuse para ti durante la semana, mientras tú pasabas las tardes divirtiéndote con Alice y Rose, yo pensaba en ti- dije algo avergonzado- y te compuse otra melodía- coloqué mis dedos sobre las teclas y empecé a tocar. A pesar que había ensayado obsesivamente la canción una y otra vez durante toda la semana, y que me sabía cada nota y cada acorde de memoria, me costaba concentrarme. Bella me daba ligeros besos en el cuello y en las mejillas, acariciaba mi cabello mientras yo me esforzaba por no sucumbir a sus encantos y en terminar la melodía de una vez.

- Eres una tramposa, Bella Swan…- susurré cuando empezaba a tocar el último acorde.

- ¿Por qué?- susurró ella en mi oído. Suspiré hondamente para recuperar el aire y terminar la melodía. Cuando, por fin, la terminé, rodeé a Bella con mis brazos y le dije:

- Por torturarme de esa forma, no te imaginas todo lo que costó concentrarme.

- ¿Y qué esperabas que hiciera teniendo a mi novio así de cerca?- ronroneó en mi oído.

- Simplemente escuchar la melodía que tu novio compuso para ti- le dije ofendido- ¡Ni siquiera le pusiste atención!- me quejé.

- Eso no es verdad… - murmuró- estaba poniéndole atención, es sólo que no pude resistir besarte, cada nota gritaba tus sentimientos por mí, era tan intensa…- pasó un dedo por mi pecho y yo contuve la respiración- que no me pude resistir… ¿me perdonas?- me miró con una expresión que aunque me dijera que me fuera al mismo infierno por ella, iría feliz.

- Por supuesto- sonreí- ahora… - bajé una de mis manos para buscar en mis bolsillos, pero Bella fue más rápida.

- ¿Buscabas esto?- preguntó burlona mientras sujetaba la bolsita de terciopelo frente a mis ojos.

- Sí, dámela- le exigí.

- ¿Sabes? – dijo ella ignorándome y jugando con las bolsita- Me está gustando esta bolsita, estoy empezando a tomarle cariño… además es verde… igual que tus ojos- me guiñó un ojo pícaramente y me entregó la bolsita.

- Gracias- le respondí y saqué de ella una pequeña letra E.

- E de Edward, qué original- dijo ella irónicamente mientras le añadía el último dije.

- Sí, pero eso fue sólo una coincidencia- reí divertido.

- ¿La E significa otra cosa?- preguntó confundida.

- Sí, verás Bella… la primera melodía que compuse para ti, parte con el acorde Mi… -suspiré- esto es algo rebuscado- dije avergonzado- pero la nota Mi en clave americana se representa por una letra E. Por eso elegí esta letra, si la melodía hubiese partido con el acorde Si… la letra habría sido una B, y no habría sido por Bella- reí- así que…- añadí en tono burlón- te equivocaste, mi pequeña Sherlock- le sonreí, pero ella me miraba en estado de shock.

- ¡Edward!- chilló haciendo que me sobresaltara.

- ¿Qué?- pregunté preocupado.

- Eres tan perfecto- y me empezó a dar muchos besos- no sé que hice para merecerte- decía entre sollozos.

- Sólo existir, Bella, eso es todo lo que hiciste- le respondí dulcemente mientras acariciaba su cabello.

- Edward… yo también te tengo un regalo- dijo ella después de un momento.

- Pero dijiste que no… - murmuré confundido.

- Dije que no te había comprado un regalo, eso es verdad, pero te tengo uno. Y te lo daré aquí.

- ¿Aquí?- mi mente se imaginó mil formas diferentes de tipos de regalo…

- Sí- dijo acomodándose frente al piano, aun sobre mis piernas- pasé la semana con Rose y Alice porque…-agachó la cabeza- tocas tan bien piano que quise aprender un poco y uhm… Rose sabía algo y me enseñó… las chicas me ayudaron mucho y compuse una canción para ti… No es muy buena, pero…

- Sólo tócala- la animé.

- Está bien- suspiró y empezó a tocar una lenta melodía, los acordes eran simples, pero sonaban bien. Los dedos de Bella se movía nerviosos entre las teclas, se notaba que estaba demasiado tensa, pero a pesar de todo, su canción salió perfecta- ¿Y bien?- preguntó ella algo avergonzada- Sé que no toco bien…

- Bella… -levanté su barbilla- fue perfecto- le sonreí.

- Pero tú tocas tan bien… -empezó Bella.

- Después de años de práctica- le dije- el piano no es uno de los instrumentos más fáciles para aprender, pero realmente aprecio el esfuerzo que pusiste en esto… - la besé- aunque podrías mejorar sustancialmente si tuvieras un buen profesor- le guiñé un ojo.

- ¿En serio?- preguntó con falsa inocencia- pero… un buen profesor debe cobrar demasiado caro por unas clases particulares… no- negó con la cabeza- está fuera de mi alcance.

- Creo que estás equivocada- le refuté.

- ¿Por qué? ¿Conoces a un buen profesor?- preguntó con fingida inocencia nuevamente.

- No, pero conozco a un buen chico que estaría encantado de darte las clases- le sonreí pícaramente.

- ¿Y crees que sea muy caro?

- Creo que puedes llegar a un muy buen acuerdo con él, ¿qué te parece esto?- me incliné y empecé a besarle el cuello.

- Mmm… sí, es un buen acuerdo- rió. Levanté mi vista y me acerqué a ella para darle un profundo beso en los labios.

- Te amo, Bella Swan- le dije cuando me separé de ella.

- Tanto como yo te amo a ti, Edward Cullen- y se acercó para besarme nuevamente. No podía estar más feliz, había conocido a una chica maravillosa que me amaba, tenía una nueva razón para vivir y mi familia estaba contenta porque ahora toda mis ojos reflejaban la felicidad que sentía, dejando atrás esa mirada vacía que tuve durante tanto tiempo.


Hola!!

Finalmente esta historia ha terminado, muchas gracias por seguirla :) aprecio el tiempo q han invertido en leerla.

Estuve dudosa acerca del punto de vista del Epílogo, pero después de meditarlo, decidí que sería mejor q fuera desde el punto de vista de Edward, después de todo, él es quien da el título a la historia, así q me pareció lo mejor.

Ojalá q les haya gustado el epílogo (en realidad, el FF completo xD). Y espero sus reviews para conocer su opinión.

Nuevamente gracias (;