Disclaimer: Los personajes de Soul Eater no me pertenecen, si no a Atsushi Okubo. La trama tampoco es mía, pertenece a Janelle Mindfreak, quien me ah dado permiso para adaptar su historia, ¡muchísimas gracias! :D

Si, ya se lo que me dirán, ¡¿otra historia cuando ni siquiera has terminado las otras que tienes?! ¡Pero es que no podía evitarlo! Esto lo tenia en mi cabeza hace semanas (meses, quizá) y apenas acabo de conseguir el permiso de la autora (la cual le agradezco con todo mi corazón, ¡gracias Janelle!) para adaptar su fic a los personajes de Soul Eater (para los que tengan dudas, el fic original es de Crepúsculo), en fin, sin mas que decir, ¡aquí les dejo el primer capitulo! ¡Disfruten la lectura!


Sí, amo

Uno:

Inicios de una esclava.

Vale, saca los grilletes… ¡soy tu prisionera!

Finales de agosto, 2007. Death City

&.

Presentía que iba a ser un día de esos.

El despertador no había sonado y muy tarde me di cuenta que ya había pasado mi hora de levantarme, a pesar de que aquella noche no pude dormir del todo bien. Las cobijas de mi cama no me abrigaron del frío extraño de la recién llegada primavera, y el viento provoco que las maderas de la casa rechinaran estrepitosamente – otro factor que interrumpió en mis sueños, aparte de los estruendosos ronquidos de Spirit –; pero, el más importante de todos era que hoy seria el "gran día", como lo había llamado mi compañera de clase, Kim Diehl, y los nervios me comían por dentro. No sé qué le veía ella a lo que se había planeado ayer, y tampoco comprendía su optimismo. Ojala y se me pegara un poco de eso.

Una parte de mí de arrepentía de haber cerrado el trato. La otra se regocijaba en la opción de salir victoriosa.

Intenté borrar ese recuerdo de mi mente y me levanté rápidamente, un poco desorientada y con el sueño impregnado en mis parpados, que gritaban por cerrarse, algo me decía que la noche en vela me cobraría facturas demasiado caras. Logré no golpearme con la puerta entreabierta del baño, y meterme a la ducha sin resbalarme con el agua caliente.

En cuanto terminé me dirigí a mi habitación a vestirme con lo primero que encontrara. Unos jeans y una camisa de mangas cortas verde pistacho, suficiente. Tomé mi mochila y me dispuse a desayunar con rapidez una comida carente de alimentos – un pedazo de pan y medio vaso de leche –.

Salí casi a la carrera cuando Spirit me grito que me solo me quedaban diez minutos para llegar a la Academia. Fue uno de aquellos momentos en los que deseé tener un coche mejor que mi pobre Chevy – un regalo de mi padre cuando me hube mudado a Death City, abandonando mi querido Japón –. Suspiré cuando entré en al cabina y encendí el motor. Rugió desafinadamente y cerré un ojo con fuerza, como si doliera cualquier parte del cuerpo. Pisé el acelerador casi a fondo y, de algún modo, supe que Spirit me mandaría una reprimenda cuando regresara a casa, el arranque del motor sonó a los 100 km/hrs. Exactos. Creo que escuché al jefe de policía Albarn gritar mi nombre, intenté ignorarlo y echarle la culpa a la imaginación.

Cuando llegue al estacionamiento aun quedaban dos minutos para que tocaran la entrada a clases. Cerré los ojos y agradecí a Kami-sama cuando me estacione en un lugar un poco apartado del resto, consecuencia de mi retraso. Tomé mis cosas y salí a la carrera para la entrada. Pude divisar a la distancia la silueta de mi mejor amiga, Chrona Makenshi, saludándome entre saltitos. Cuando llegué a su lado, hablo:

- ¿Preparada? – pregunto. No tuvo que decirme a qué se refería, era tan claro como el cristal.

- ¿La verdad? No – suspiré, pero la oportunidad no dejada de lucirme delante –. Pero confío en ustedes.

Ella rió cuando comenzamos a caminar hacia nuestra primera clase. Fue cuando dimos el segundo paso que la campana sonó dándonos a saber que el suplicio del Instituto había comenzado. Deseé que Chrona dejara el tema a un lado por unos momentos, y concentrarme mentalmente en los problemas que habríamos de resolver en matemáticas.

Pero, como supuse, seria un día de esos.

- Se han preparado bastante, ya sabes, vivo con dos de ellos – musito. También entendí a qué y a quiénes se refería ella.

- Solo espero ganar – susurré más para mí que para ella. Chrona me miraba con curiosidad en sus ojos azul opaco –. Y si perdemos, recuérdame golpear a Kim por obligarme a cerrar el trato.

Ella asintió, divertida.

Habíamos cruzado ya el umbral de la puerta del aula cuando seguíamos hablando. El salón estaba casi lleno y algunos ojos nos miraban con curiosidad. Percibí un guiño por parte de Hero, cuando pasé por su lado, sabia que era por simple sorna. Todo el equipo se veía infiltrado en el tema del reto de la tarde conocía las consecuencias del perdedor – yo o… él –.

Me senté con Chrona en nuestros respectivos lugares, dos mesas atrás de la de Hero y Kilik, su compañero de banco. Hero le susurro algo al otro chico, y ambos se rieron para luego mirarnos a mí y a mi amiga. Les fulminamos con la mirada. No seriamos signos de risas, no ésta tarde, nunca.

- Les ganaremos – dijo Chrona.

El profesor entro justo para interrumpirme cuando iba a gritarle algunos impropios a Hero por sus señales de muerte – el típico dedo índice por el cuello –; tuve que contenerme y contestarle en susurros a Chrona.

- Evans es hombre muerto.

Ella asintió y después suspiro, algo me dijo que tendría algunas cosas planeadas para cuando llegara a casa con sus hermanos, sobre todo uno de ellos.

La clase comenzó sin más bromas de Hero, y yo, mentalmente, me recordé de darle unos buenos Maka-chop en la cabeza antes de que comenzara el estupido partido que habíamos arreglado.


- ¡Kim, no ocuparé este uniforme!

Mi grito se escucho por todo el vestuario femenino, y más de un par de ojos se volteo a mirarme y a corroborar lo que había exclamado. Otras chicas asintieron en mi defensa, el resto se dedico a vestirse entre aquellas prendas tan ajustadas. Era una estupidez arreglarse tanto para la clase de gimnasia, más cuando ya era casi la hora de enfrentarnos a los chicos. Kim, a mi lado, puso sus manos, por detrás de mí, y suspiro pesadamente.

- Maka, te ves bien – dijo arrastrando las palabras.

Mi instinto me dijo que no lo decía en serio. Refunfuñé cuando Chrona también se acerco, dispuesta a apoyar a Kim.

- Es verdad, Maka, te queda muy bien – musito con una voz musical de soprano.

Me miré una vez más al espejo. Aquella camiseta blanca, algo transparente y demasiada ajustada a mi cuerpo, no dejaba espacio para la imaginación de mi ropa interior; incluso podría jurar que se traslucía la flor azulada de mi sostén, en mi pecho izquierdo. También el short negro. Era demasiado… corto. La verdad es que nunca me preocupé por mis piernas y demás partes de mi cuerpo, y ahora me arrepentía. ¿Por qué no podía tener piernas tan bonitas como las de Chrona, o Kim, o incluso Patty?

Y hablando de Patty…

- Kim, Maka tiene razón, te has excedido con esto - ¡Gracias a Kami-sama alguien con cordura!

- Por mi esta bien – dijo Chrona, con un encogimiento de hombros. Pero claro, a ella se le veía bien con su normal y bello cuerpo.

Me frustro un poco el hecho de que le haya dejado la responsabilidad de los uniformes a Kim. Por alguna razón que desconozco, fui seleccionada por las chicas para dirigir el equipo femenino deportivo de tercer grado. Nuca supe qué insecto las había picado o qué se traían entre manos; nunca fui muy dotada en el área deportiva, y eso me hizo perder algo de dinero y dignidad en algunas apuestas anteriores, pero… ¿capitana? No, no.

Pero lo hecho, hecho esta. ¡Y me arrepentía de que estuviera hecho! Iba a matar a Kim Diehl por segunda vez.

Chrona me descubrió mirándome al espejo, y se acerco a pasitos callados mientras Patty hablaba con Kim. Se apoyo en mi hombro y miro conmigo al espejo.

- Te ves bien, Maka, tú eres muy bonita.

- Claro – dije poniendo los ojos en blanco, no es que mi autoestima fuera demasiado alto…

- Y tampoco te preocupes por el partido, ganaremos. Tenemos a Liz y a Jacqueline de nuestro lado, y ya sabes que ellas juegan muy bien – me alentó mientras se ponía a hacerme un peinado.

Como si la hubieran invocado, la mayor de los hermanos Thompson apareció tras el pasillo de los casilleros. A diferencia de mi, el uniforme se le veía tan bien que me comió la envidia cochina, su esbelto cuerpo se lucia con la maravilla de la camisa y short ajustados. Su cabello rubio ceniza lo había amarrado con dos coletas bajas, una a cada lado de su cabello y perfecto rostro, dándole un toque dulce a su figura felina.

Supuse que el autoestima de las chicas, en general, había bajado a cero. Y yo no era la excepción.

- ¿Ya estamos listas? – pregunto con su bella voz.

- Si – respondió Jacqueline, recién llegada. El uniforme también lucia bien en ella, pero no tanto como en Liz.

- ¡Vamos! – animo Chrona cuando escucho el pitido del maestro, llamándonos a los dos equipos.

Por un minuto, solo un minuto, se me pego el optimismo de las chicas. Lastima que no duro demasiado. Apenas las puertas del vestidor se abrieron, me tope con un par de ojos rojos que, al principio, me miraron con burla, después… con algo de curiosidad, pero la sonrisa de los labios del dueño de aquel par de rubíes no desapareció en ningún momento, y solo se veía una emoción: confianza.

Él no me iba a poner las cosas fáciles. Y yo a él… tampoco.

Yo, obvio, jugaba a ganar.


Principios de Septiembre, 2007. Death City.

&.

Todos cuantos me conocen bien saben que tengo una característica que es muy impropia de una chica como yo: una supuesta estudiante normal, patosa y con excelentes calificaciones; detrás de esa mascara brilla un autentico espíritu competitivo, aunque lo guardo muy bien. Siempre me ah gustado apostar en cualquier ocasión que se me ha presentado la oportunidad, en secreto normalmente; aprovecho de ganar un poco de dinero, otro poquito de orgullo y el derecho de darle una patada en el trasero al perdedor. Pero, de todas maneras, es mejor guardar las apariencias y seguir aparentando que no me intereso en nada más que mis amigos y mis estudios…

… aunque a veces es divertido recibir dinero de Spirit, cuando ganan los Yankees.

Lastima que todo tiene un lado negativo, y a mi me ha tocado el peor de todos, al menos yo lo veía de ese modo. No había nada peor que…

- Maka, ¿aun no terminas con mi tarea de Biología? – pregunto una voz a la cual mandaría a freír monos al África.

Refunfuñé, y el lápiz entre mis manos se doblo levemente. Deseé tirar el libro por la ventana.

Si, no había nada peor que perder una apuesta con un premio tan grande. Y ahora me encontraba en la casa del doctor Makenshi, haciéndole la tarea al retoño menor, Soul Eater Evans, el ganador de la apuesta. ¿Adivinan quien fue la que perdió? La pregunta era tan obvia como el ganador es un patan.

Escuché su estupida y melodiosa risa proveniente desde la sala de estar, también la voz de Death the Kid Thompson, su mejor amigo, intentando decir algo sin reírse, y Ragnarok Makenshi, el hermanastro de Soul, riendo como si fuera un chiste buenísimo. Los tres veían un estupido partido de soccer por cable satelital que el sueldo de sheriff de mi padre jamás podría pagar. Chrona estaba a un lado mío haciendo sus deberes de lengua; me corroían las ganas de ir a ayudarla con mi materia favorita, pero el estupido trato no me permitía moverme hasta que terminara lo que Soul me ordeno. Maldije a Evans unas cuantas veces más en voz baja.

Chrona rió por lo bajito.

- Pudo ser peor – susurro mientras respondía una pregunta en su cuaderno.

- Lo se – le dije con una media sonrisa. Supuse que Chrona era lo poco que me quedaba de apoyo después de convertirme en la esclava personal de su hermanastro mayor. Al recordarlo una vez más, lo maldije.

Volví a mi maldita obligación mientras cargaba el lápiz lo más que me era posible. Después Soul tendría que traspasar todo con su "elegante y perfecta caligrafía" y su goma de borrar no le serviría mucho con los fuertes y oscuros trazados de mi lápiz. Quise reírme un poco al imaginar su libro lleno de garabatos y borrones mal hechos.

Mientras contestaba otra estupida pregunta de la tarea que el maestro nos había encargado, me reprochaba a mi misma por haber aceptado aquel reto, apuesta, como quieran llamarlo. Y también odié haber perdido.

Entre muchas cosas que no se me dan, los deportes es la peor. ¡Por culpa de Evans! Las pocas veces que perdí una apuesta fue por culpa de los deportes y mi pésimo estado físico, me ponía irritante y me fastidiaba con facilidad cuando las cosas no salían como lo había planeado, o cuando perdía mi mesada por un trato. Intentaba otra locura de apuesta para subirme un poco los ánimos y poner algo de presupuesto en mi bolsillo.

Pero, como dije, los deportes no son mi fuerte; y aun me pregunto por que aquella tarde acepte la propuesta de Evans de aquel pequeño partido de basket.

- Vamos, Albarn – me incito, y yo no pensaba aceptar hasta que el agrego –: ¿O es que tienes miedo de perder contra mi equipo? – aquello termino por hervirme el orgullo, Kim, a mi lado, me susurro palabras alentadoras y uno que otro insulto para el capitán del equipo contrario.

Mi pobre grupo femenino de basket, entre las cuales estaban Chrona y Liz, fue aplastado por el inmaduro equipo masculino. ¿Debo agregar que el estupido entrenador se puso del lado de aquellos portadores del cromosoma Y, por mucho que Liz le presumió lo mucho que se le apegaba su uniforme a su cuerpo? Lo peor fue que todos sabían del trato que teníamos Soul y yo…

… y no faltaron las risas diabólicas de los inútiles machos al conocer mi consecuencia. Ragnarok Makenshi se revolvía en el piso como cerdo en el lodo.

- El perdedor será esclavo del otro por… ¿Cuánto tiempo? – había propuesto el.

- Dos meses – agregue rápidamente en ese momento, pensando en lo mucho que me seria de utilidad Soul en mis problemas de trigonometría.

Él rio maliciosamente, para después tender su mano hacia mi. Yo la tome sin miedo. Puedo afirmar que una especie de corriente viajo por mi piel cuando se produjo el tacto. La verdad es que la presencia del misterioso hijo del doctor Makenshi me intimidaba un tanto, por razones que no le he confesado a nadie más que a mi diario. Y era que, ¿a quien no le produciría curiosidad un chico con su personalidad?

- Espero que no te quemes con tu propio fuego, Albarn – musito mientras me miraba a los ojos con aquellos orbes rubíes que brillaban con la excitación de una victoria asegurada, lastima que yo no lo pensaba igual que en aquél entonces.

- No te preocupes, Evans, hay suficiente calor para ti – sonreí de vuelta, apartando la mirada y poniendo mis manos en mis caderas. Era una rivalidad sana, una apuesta, un pequeño juego nada más.

Estupido Evans que anoto en el último momento, gracias a que la inútil de Kim Diehl estaba muy ocupada viendo sus uñas en vez de defender el aro como se lo había ordenado. ¡Argh! Si, me frustro demasiado cuando las cosas no salen como las he planeado.

Y, por supuesto, perder aquella apuesta era, en definitiva, algo que no había planeado.

- Maldición… - mascullé mientras presionaba con más fuerza el lápiz.

- Eres de aquellas a las que no le gusta perder, ¿eh? – pregunto Chrona, mientras tomaba sus cosas, estaba tan metida en mis desagradables recuerdos que no me había dado cuenta de que ella ya había acabado.

- Dudo que haya alguien a que le guste perder – susurré, con el ceño fruncido.

Pude escuchar su risita de soprano al pasar detrás de mí.

- Se puede decir que tu y mi hermano son iguales en eso.

Intente desviar lo que me dijo, odiaba que me compararan con Soul.

- ¿A Ragnarok no le gusta perder? – pregunté con la voz mas inocente que pude, pero Chrona no era una tarada como Diehl.

Puso los ojos en blanco y suspiro con pesadez. Acto seguido se recostó sobre el marco de la salida de la cocina, observándome, luego al libro, luego al lápiz, entre mis manos, y mi rostro una vez más. Negó lentamente mientras soltaba una carcajada seca.

- Volveré a ayudarte con eso – creo que mis ojos se iluminaron cuando dijo aquello, así terminaría más rápido y podría irme a casa a hacer propia tarea –; dejare esto y vuelvo.

- Chrona, eres la mejor – le dije antes de que se fuera, con una enorme sonrisa en mis labios.

La verdad, era muchísimo más rápido cuando alguien más te ayudaba. Terminé la tarea de Soul unos diez minutos después de que Chrona bajara a ayudarme, silenciosamente. Supuestamente debía de hacer todo yo sola, pero no soy tarada.

Suspiré pesadamente mientras me estiraba en la pequeña silla. Chrona soltó un bostezó por lo bajo. Miré el reloj de la pared de la cocina, recién eran las 6:43 pm. Aun tenía tiempo de llegar a mi casa. Fue cuando me levanté de la silla cuando la madre de los chicos, Medusa, entro por la puerta que daba al patio, con una cesta llena de ropa. Supuse que seria para planchar.

- ¿Otra vez aquí, Maka? – pregunto con una sonrisa, no le desagradaba mi presencia, para nada, pero ya mis visitas se hacían constantes con los caprichos de Evans – que yo debía cumplir –.

- Tenia que hacerle la tarea a Soul – suspiré, ella sabia del trato –, ya sabe.

Negó lentamente, mostrando su desacuerdo.

- Este niño…

Y hablando del Rey de Roma, ahí por la puerta se asoma.

- Medusa, deja eso ahí – hablo con su voz aterciopelada y mirada malévola, me preguntaba yo qué estaba planeando –, Maka se encargara de eso.

Se me cayo la mandíbula de la impresión, ¿Cuánto tiempo quería tenerme aquí este… tipo? Lo fulminé con la mirada, y él se encargo de devolverme una encantadora sonrisa que no me conmovió en lo más mínimo.

- Soul… - le amenazo Medusa.

- Perdón, mama, pero un trato es un trato – dijo con aquella sonrisa angelical, y encogiéndose de hombros –. Al menos mi ropa.

Medusa dejo el canasto en la mesa central de la cocina, puso sus níveas manos en su cadera y miro a Soul con ojos reprobatorios. Por un momento quería que sufriera la reprimenda que su madre le tenía planeada, por otra parte… él estaba en todo su derecho de pedirme cualquier cosa…

… incluso ordenar su ropa. Suspiré, cansada y enojada. Un trato es un trato, pensé y fruncí el ceño, y yo perdí.

- Tranquila, Medusa – le dije suavemente, dejándola con la boca abierta –. Él… tiene razón, un trato es un trato.

Una miradita triunfal se poso en el resplandeciente rostro de Soul Eater Evans cuando dije aquello. Pero ya vería… pronto me las pagaría.

- Bien – musito con una sonrisa de sorna en los labios –. Creo que mi ropa no se ordenara sola, esclava.

Estupido Soul, estupida apuesta, estupida ropa…

Me mordí la lengua para no gritarle algunos improperios. Tuve que acordarme a mi misma que la madre de él estaba dentro de aquellas cuatro paredes, y que miraba con reprobación la actitud de su hijo.

- Sí, amo – el esfuerzo por no distorsionar aquellas palabras fue infinito. No me imaginaba como iba a sobrevivir los siguientes meses.


Una vez mas, ¡gracias a Janelle por darme autorización para hacer esto! xD

Y bien, ¿les ha gustado el capitulo?, sin duda mi parte favorita fue cuando Maka pierde la apuesta xD, jeje, ¿quieren que la siga? ¡Manden review! Una advertencia, este fic sera muy OoC, ademas habra un cambio en algunas cosas, ejemplo, Liz y Patty no son hermanas pero Kid SI es hermano de Liz ¡Gracias por leer! ¡Nos leemos!

¡Bye!


¿Review?