Hola a todos! Bueno, he vuelto a subir los primeros capítulos de ERES MÍA, ya que, como era nueva en este pequeño-gran mundillo, los guiones y otros signos de puntualización no estaban bien impresos.

Ahora que ya controlo más el tema subiré aquellos capítulos que considere que no están adecuadamente escritos.

Disfrutad y dejad reviews pleasee!

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ERES MÍA

by: Pandora Lover

Primer día del sexto curso de magia y hechicería en Hogwarts, Hermione era incapaz de prestar atención a las explicaciones de la profesora McGonagall. Aquel comportamiento era inusitado para ella que, desde que colocó por primera vez el pie sobre el firme y sólido asfalto de Hogwarts, había estado atenta a todo cuanto la rodeaba.

No obstante, no le preocupaba no escuchar las palabras de su profesora de transformaciones, de todo cuanto la profesora McGonagall estaba haciendo mención, ella lo sabía: dos meses con sus padres muggles la habían dejado incomunicada de las novedades y noticias que recorrían el mundo mágico, El Profeta no había sido suficiente para saciar sus necesidades, de modo que había empleado todo su tiempo en leer y releer todos y cada uno de los libros correspondientes a aquel curso.

El hecho de haber podido compartir su último mes de verano en el cuartel general de la Orden del Fénix junto a sus mejores amigos la había levantado un poco el ánimo. Sin embargo, no lo suficiente como para prestar atención, ya que todas las novedades que había recibido de Harry y Ron no habían sido muy esperanzadoras: la guerra entre los Mortífagos y la Orden del Fénix comenzaría de un momento a otro, por no hablar del retorno de Voldemort.

Harry, al igual que Hermione, no prestaba atención a las palabras que su profesora pronunciaba con tanto empeño. Sin embargo, las razones eran distintas a las de su amiga. Era cierto que le angustiaba la inevitable guerra y la aparición de Voldemort, lo que lo condenaba a él a un destino que no había podido elegir, no obstante, aquel verano había hecho especial mella en Harry.

Había transcurrido dos meses encerrado en el cuartel general de la Orden del Fénix con la única compañía de Ron y los Weasly, no es que al muchacho le disgustara la familia, de hecho, la adoraba como si fuera un miembro más. Pero aquel aislamiento lo había llevado a comprender muchos de sus sentimientos, sobretodo cuando Hermione apareció en la casa de su difunto padrino para pasar con ellos el último mes de aquella maravillosa estación.

Sintió tal alivio y alegría al verla que en un primer momento quiso convencerse a sí mismo de que únicamente había extrañado a su inteligente amiga, no obstante, las semanas transcurrían y aquella sensación de júbilo y felicidad no lo abandonaba. De hecho, en aquel preciso momento, no podía dejar de observar el bello rostro distraído de Hermione.

Aquel verano le había servido para tratar de asimilar la muerte de Sirius pero también para darse cuenta de que no podía engañarse a sí mismo y fingir que no sentía una fuerte atracción por la más perspicaz de sus amigas.

Tampoco Draco escuchaba con atención las palabras de McGonagall, su mente estaba en un lugar lejos de allí, fuera del aula, fuera de Hogwarts incluso. Sus pensamientos se hallaban en la estación que habían dejado atrás, unos meses en los que había descubierto un par de cosas sorprendentes.

La más sorprendente de ellas tal vez fuera Lucius, había averiguado que su padre maltrataba a Narcissa cuando le venía en gana, sin razón aparente. Descubrir las graves heridas en la espalda de su madre había provocado un interrogatorio que ojalá no hubiera ejecutado, gracias a las lágrimas desprendidas de los ojos de Narcissa tras él, Draco había confirmado lo que ya llevaba sospechando años

Por otro lado, estaba el hecho de ser Mortífago. Claro que le entusiasmaba la idea de acabar con todos aquellos sangre sucia que poblaban el mundo mágico, no obstante, la sola idea de pensar que convertirse en aliado del Señor Oscuro era más un deseo de su asqueroso e inmundo padre que suyo propio le revolvía el estómago. No estaba dispuesto a complacer los deseos de Lucius de ninguna manera.

Había otro tema más, un tema en el que ni siquiera había profundizado. Durante el verano había advertido que no sentía nada por Pansy. Para Malfoy, aquel era un tema carente de importancia pero en lo más profundo de su ser se preguntaba por qué, después de meses de relación, no sentía nada. Estaba claro que su novia, por hablar claro, lo excitaba. Era una de las alumnas con mejor cuerpo y sangre de todo Hogwarts, tal vez por eso la había elegido, sin embargo, volvió a recordar lo contento que estaba su padre de que fuera Pansy con quien supuestamente ansiaba compartir su vida.

- ¿No es así, Malfoy? – inquirió la profesora McGonagall, a sabiendas de que su más retorcido y engreído alumno de Slytherin hacia caso omiso a sus explicaciones.

Aquella pregunta dirigida a un alumno concreto provocó que todos los alumnos, la gran mayoría inmersos en sus propios pensamientos, volvieran a la realidad. Incluyendo al sorprendido de Draco.

- ¿Eh… qué? – se limitó a preguntar.

Minerva sacudió la cabeza con decepción.

- Potter, ¿podrías recordarle a Malfoy lo que acabo de explicar?

- Eh… bueno… el caso es que… - repuso Harry.

McGonagall suspiró. Por lo visto debía recurrir a la única alumna de la que estaba segura que le estaría prestando atención.

- ¿Y usted, señorita Granger?

- Disculpe –, respondió la muchacha – yo…

Ni los alumnos ni la profesora pudieron dar crédito a lo que escuchaban sus oídos. Era la primera vez que habían presenciado la distracción en Hermione, la alumna más brillante y astuta que habían conocido jamás.

- Podía esperar esa respuesta de Malfoy, incluso hasta de Potter – la interrumpió Minerva –. Pero de usted, Granger, sí que no me lo esperaba.

Hermione agachó la cabeza.

- No sé que les ha ocurrido este verano a todos ustedes – continuó dirigiéndose a todos sus alumnos –. De igual forma eso no importa, ahora están en Hogwarts y les advierto que como vuelva a presenciar tal falta de interés y concentración en mis clases, serán duramente castigados, por no decir que a sus respectivas casas se les restarán puntos. La clase ha finalizado, espero que mañana hayan regresado a la realidad.

La mayoría de los alumnos salieron a toda velocidad de la clase, entre ellos y por primera vez, Hermione, que se encontraba totalmente ruborizada por su comportamiento.

Harry y Ron la siguieron con rapidez.

- Todos nos distraemos alguna vez – se limitó a decir este último encogiéndose de hombros.

Así era Ron Weasly, simple y sencillo. No se molestaba en buscarle mayor explicación a las cosas de la que necesitaba a pesar de haberse sorprendido también de la distracción de su amiga.

- Todos menos yo – apuntó Hermione decepcionada consigo misma.

- Nadie es perfecto – la animó Harry rodeando los hombros de la muchacha con los sus brazos, gesto que para su amiga sólo significo apoyo pero que para él supuso el roce estremecedor de sus cuerpos -. Incluso tú puedes distraerte.

- Tienes razón – concluyó Hermione con una sonrisa.

Tan pronto como los tres amigos cruzaron la esquina del pasillo, entraron en colisión con otro trío que caminaba en dirección a ellos.

- ¿Es que no puedes mirar por donde…? - comenzó Draco antes de levantar la vista – Vaya, vaya, vaya, las tres mellizas. El marcado, el pelirrojo y la sangre sucia, ¡vaya combinación!

Crabbe y Goyle, sus secuaces, seguidores y amigos íntimos desde la infancia rieron la gracia de Draco, infundándole mayor ego.

- Cállate, Malfoy – rugió Hermione aún rodeada por los brazos de Harry, gesto que no paso desapercibido para el Slytherin.

- Veo que has tenido que buscar consuelo en Potter para que te mienta repitiéndote una y otra vez lo perfecta que eres, a pesar de que McGonagall te haya dejado en evidencia frente a toda la case recordándote que eres como yo y todos los demás – se burló, confiado con las risas de sus amigos.

- No pensarás compararme contigo, ¿verdad, Malfoy? – inquirió Hermione con una sonrisa en el rostro -. Mi cociente intelectual y mi madurez están muy por encima de ti y tus tonterías.

- Del mismo modo que mi sangre está muy por encima de la tuya – puntualizó Draco con maldad.

Aquella respuesta provocó la incapacidad de la muchacha para contestar y el adelantamiento agresivo de Harry y Ron, a lo que se le sumo los de Crabbe y Goyle.

Draco y Hermione permanecían observándose desde la parte trasera de las posturas defensivas de sus respectivos amigos. Había odio en aquella mirada, todas sus diferencias se hallaban allí, suspendidas en el aire en el recorrido de unos ojos a otros. El aborrecimiento que sentían el uno hacia el otro era la única semejanza que podía haber entre ellos.

No obstante, había algo más en aquellas miradas asesinas que se dirigían, algo que ninguno de los dos pudo adivinar qué era.

- Marchémonos – se apresuró a decir Hermione rompiendo el contacto visual que la ataba a Draco.

Lentamente, Ron y Harry dejaron de encararse con Crabbe y Goyle y se dejaron arrastrar por los brazos de su amiga, que los hacía retroceder por el pasillo.

- No hagas caso a las tonterías de Malfoy – dijo Harry en cuanto se hubieron alejado y hubo logrado calmarse -. No sabe lo que dice.

Hermione no hizo otra cosa que asentir. Se sentía incapaz de pronunciar palabra, había visto algo distinto en los ojos de Draco, algo diferente al odio pero mucho más intenso. Algo que ella desconocía y, sin duda, no había cosa que más temor le provocara que no conocer.

Temor que tampoco pasó desapercibido para Harry.

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- Si hubiéramos estado un rato más habría zumbado a Weasly – comentó Crabbe con orgullo mientras caminaba junto a Goyle y Draco hasta las mazmorras para su clase de pociones.

- Apuesto a que Potter no hubiera podido esquivar mi puño – añadía Goyle con entusiasmo.

Draco caminaba en silencio junto a sus aliados, ansiaba comentar el encontronazo con los Gryffindor y burlarse del rostro de la sangre sucia cuando le había recordado lo impura que era su descendencia. Sin embargo, no podía y le enfurecía no saber por qué.

Cuando había mirado a Granger había descubierto en ella una hermosura discreta y etérea, debía reconocer que el verano le había sentado bastante bien, su cuerpo se mostraba más esbelto y curvilíneo que la última vez que se había fijado en ella, su pelo recientemente cortado y su rostro infantil e inocente había despertado en Draco un peligroso sentimiento.

Un sentimiento que no reconocía y que probablemente no querría conocer.

La mirada que había compartido con la Gryffindor había sido algo desconocido para él, podría aventurarse incluso a decir que había visto un cierto interés por parte de ella.

Un extraño interés respecto al que estaba acostumbrado a ver del resto de las alumnas de Hogwarts.

- ¿Draco? – lo llamó por quinta vez Goyle.

- ¿Qué? – repuso éste, malhumorado.

- Si has traído el libro de pociones – repitió Goyle con cuidado.

- No.

- No importa – se apresuró a decir Crabbe -, seguro que Snape no te dice nada. Todos sabemos que eres su alumno predilecto.

Draco asintió.

La intervención de Goyle lo había devuelto a la realidad de forma brusca, no podía creerse que hubiera estado pensando en la posible belleza de una sangre sucia, aquello era tan impropio de su comportamiento que sacudió la cabeza y alejó todos aquellos pensamientos de su mente.

"Es imposible que Granger sienta interés por mi, y si lo siente (que no la culpo), lástima por ella. La odio" se repetía tratando de convencerse a sí mismo.

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La luna lucía su máximo esplendor aquella primera noche en Hogwarts, sin embargo no era el motivo por el cual ningún alumno no pudiera conciliar el sueño en sus respectivas casas, todos estaban deseosos de contarse experiencias y aventuras del verano con los compañeros con los que a penas habían logrado hablar aquellos meses.

Ni Hermione ni Draco volvieron a dirigirse la mirada en todo el día, ambos temerosos de volver a encontrar aquella sensación que los habían embriagado la primera vez.

El Slytherin llegó a su casa con el rostro bañado en cansancio por el duro día que había trascurrido con aquel cúmulo de pensamientos negativos. Penetró en su dormitorio individual sin a penas observar a los alumnos que se encontraban en la sala común, aquella estancia era una prueba más del interés de su padre porque Draco tuviera una mayor intimidad dentro de la escuela de magia y hechicería, otro gesto de Lucius que le produjo nauseas.

No obstante, encontrarse a Pansy sentada en el regazo de la cama lo avivó de esperanza, supo que podría descargar toda su ira y desesperación en aquel magnífico cuerpo.

- Hola, amor – lo saludó ella.

Sin embargo, Draco se saltó los saludos y se lanzó directamente a sus labios, aplastándola con su cuerpo con ferocidad y decisión y empotrándola contra el cómodo colchón que se situaba bajo ellos.

Aquella era una de las razones por las que estaba con Pansy, ella jamás se negaba a una sesión intensa de sexo cada vez que él lo necesitaba.

Draco se sumergió desesperado en el cuerpo de la Slytherin, confiando ciegamente en que su excitación lo sacara de toda duda.

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Harry continuaba observando a Hermione con rostro interrogante. Suponía que el temor que había percibido en su amiga se debía a las palabras de Malfoy y no a su mirada. La angustia de la muchacha lo angustiaba a él también, provocando que no pudiera concentrarse al cien por cien en la conversación que mantenían Lavender, Ron, Ginny, Neville y Hermione.

Los seis Gryffindor charlaban con aparente normalidad en la sala común de su casa, comentando el verano desde una perspectiva diferente en el caso de cada alumno.

Hermione tampoco seguía del todo la conversación, su mente la ocupaba aquella mirada que habían compartido Malfoy y ella. Huir del encuentro de Draco no había bastado para escapar también de los pensamientos que ésta conllevaba, había pasado todo el día sin poder evitar darle vueltas a los sentimientos que había encontrado en los ojos grises del Slytherin. Había caído en la cuenta de que no era del todo desconocedora de ellos, haciendo un esfuerzo por tratar de ubicar aquella sensación había recordado a Viktor Krum.

En cuarto curso había podido comprobar el interés que mostraba el estudiante búlgaro por ella. Un interés que jamás había llegado a comprender del todo ya que Hermione lo último que se sentía era una persona atractiva. No podía entender como alguien tan fornido y hermoso como Viktor se hubiera podido fijar en ella.

De todas maneras, no podía negar que había encontrado esa mirada de interés en Draco, no obstante, aquellos ojos transmitían un sentimiento mucho más diabólico, más malvado que un simple interés. Aunque Hermione no supo si se debía a los grises y fríos ojos de Malfoy.

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- Dios mío… - exclamó Pansy tras media hora de sexo intenso – Jamás lo habíamos hecho así, sea lo que sea lo que te ha ocurrido, deseo que te ocurra con más frecuencia…

Draco encendió un cigarrillo que escondía bajo la cama e inhaló el humo satisfecho. No le agradaba que Pansy utilizara el término "hacerlo" cuando se refería al hecho que haber mantenido relaciones sexuales con él. Para Draco, aquello no era más que sexo, pura necesidad, puro entretenimiento. Una vía de escape para sus problemas, no encontraba ningún sentimiento en ello. Recordó que una vez regañó a Pansy por asegurar que habían "hecho el amor".

Amor era una palabra que no entraba en su vocabulario.

- Ha sido brutal – continuaba comentando Pansy.

Draco sonrió. Sí, realmente había sido algo nuevo para él. La desesperación y necesidad habían sido las principales razones por las cuales se había abalanzado tan bruscamente sobre la Slytherin.

Necesitaba calmar todos los pensamientos que se agolpaban en su mente y lo había logrado.

No es que Malfoy fuera romántico en sus relaciones íntimas con Pansy, jamás había logrado incorporar ternura o suavidad a sus encuentros. Pero jamás había tenido sexo con ella de aquella manera tan violenta, arrancándole literalmente la ropa y penetrándola sin ni siquiera mirarla.

- Voy a irme ya, ¿vale? – anunció Pansy mientras recogía la ropa del suelo y se vestía.

- Está bien – repuso Draco.

Sonrió mientras daba otra calada al cigarro que tenía entre los dedos. Con el tiempo, Pansy había comprendido que no podía quedarse a dormir, para Draco compartir su lado más infantil e inocente como lo era el estar dormido era algo totalmente imposible. No le gustaba que nadie le observara en aquel momento de debilidad, ni siquiera la persona con la que llevaba saliendo más de ocho meses.

Recordó cómo los primeras semanas que había estado saliendo con Pansy había insistido en quedarse a dormir con él tras mantener sexo, las disputas entre ambos habían llegado hasta tal punto que la muchacha había comprendido que debía obedecer las órdenes de Draco si no quería que pelearan.

Cuando Pansy se hubo vestido se acercó al muchacho y éste la besó fugazmente en los labios. La Slytherin salió entusiasmada del dormitorio, como cada vez que se encontraba junto a Malfoy, enamorada hasta la saciedad e ilusionada por un futuro como Mortifaga junto a él, mientras él la besaba únicamente por costumbre, sin sentimiento, sin deseo ni dulzura. Para Draco tanto los besos como el sexo con Pansy no significaban nada más que pura rutina, algo cotidiano como puede serlo el lavarse los dientes o cenar.

Apuró su cigarrillo con una última calada y lo apagó en el cenicero que se hallaba sobre la mesa justo antes de cubrirse con la sábana y dejar que el sueño acudiera en su busca.

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Neville, Hermione y Harry eran los únicos que permanecían en la sala común. Continuaban charlando sobre las clases y las vacaciones, aunque en realidad era Neville el único que lo hacía con verdadero interés. Los tres amigos rieron al darse cuenta de que acababan de llegar a Hogwarts y ya ansiaban una excursión a Hogsmeade.

- Bueno chicos, yo me voy a ir ya – anunció Neville justo antes de bostezar -. Mañana va a ser un día duro.

- Ni que lo digas – coincidió Harry.

- Hasta mañana – se despidió el muchacho mientras subía torpemente las escaleras de caracol hasta los dormitorios de los varones.

Para Hermione no suponía ningún problema estar a solas con Harry. Llevaban seis años siendo íntimos amigos, no obstante, al muchacho le intimidaba hallarse a solas con su amiga, lo embriagaban deseos que no había llegado a conocer jamás. La tristeza de Hermione le hacía sentirse protector, deseaba golpear a Malfoy hasta descubrir una sonrisa en el rostro de su amiga.

A veces, incluso Harry se sorprendía de sus propios sentimientos. Hermione había sido su amiga durante muchos años, la había querido como a una hermana y había compartido con ella momentos y confidencias mucho más allá de los sueños. No llegaba a comprender del todo por qué de pronto se sentía tan atraído por ella. Tal vez fueran sus perfectos tirabuzones cayendo como cascadas desde su raíz, sus sonrosados labios, sus inocentes pero astutos ojos, su cuerpo de mujer o su mirada intensa.

Por primera vez Harry se dio cuenta de que tal vez no fuera algo nuevo, tal vez siempre hubiera amado a Hermione pero no había querido advertirlo. De todas formas, estaba dispuesto a frenar aquel sentimiento como fuera, prefería conservarla como amiga que perderla para siempre si conocía sus sentimientos.

- Voy a dormir, Harry – anunció la muchacha -. Estoy muerta.

- Sí, yo también.

Los dos amigos se levantaron al mismo tiempo y caminaron hasta las escaleras. Hermione tenía certeza de que no podría dormir pero permanecer en silencio con Harry la ponía nerviosa, no llegaba a comprender cómo dos verdaderos amigos podían pasar más de cinco minutos en silencio.

Supuso que Harry también tendría en qué pensar. Al fin y al cabo, la guerra no estaba lejos.

- Hasta mañana – se despidió Hermione cuando hubieron llegado al punto en el que debían separarse.

Entonces, la muchacha se acercó con absoluta normalidad a Harry y besó su mejilla dulcemente. No lo hizo por nada en concreto, sino simplemente como algo cotidiano, como un amigo besa a otro cuando se despide. Sin embargo, aquel gesto pilló a un Harry totalmente desprevenido que observaba cómo Hermione se adentraba al dormitorio individual de los prefectos.

El muchacho continuó allí plantado con una mano en la mejilla, repitiéndose a sí mismo que no debía seguirla, que debía cortar de raíz aquel sentimiento. No obstante, Hermione se lo estaba poniendo muy difícil.