Llevaba tres días sin tocarle un sólo cabello y estaba que me consumía lenta y tortuosamente. Sé que no me estaba evitando a propósito, pero tampoco es que ella hiciera el intento de buscarme. En los dos días que nos había tocado asistir a clases en el mismo salón, tan sólo había tenido el detalle de rozar fugazmente mi mano en una ocasión, siempre lo hacia yo, de allí todas las veces que acariciaba su espalda o vientre era tan rápido al pasar junto a ella, que parecía más tocar a un fantasma que un cuerpo cálido y pequeño que disparaba mis hormonas y las ponía a trabajar a cien.

Hacia exactamente tres días que habíamos tenido el más placentero sexo. Todo mi estómago se apretó al recordarlo. Había sido simplemente increíble, su cuerpo tibio y sudoroso había sido como tocar lo imposible, lo inalcanzable. El haber podido tocar cada centímetro de esa cálida piel y besado cada parte de su cuerpo, era una experiencia que claramente quería repetir una y otra vez. Estaba claro que sí era una adicción. Por más que me metiera en la cabeza y dijera que podría llevarme la fiesta en paz, no podía. Deseaba tocarla de nuevo, besarla por completo, hacerla gemir hasta que alcanzara el orgasmo. Quería que me besara todo lo que ella quisiera, que explorara mi cuerpo como lo había hecho y poder sentir aquel arrebato de calor.

Todo por separado eran placeres exquisitos; el escucharla gemir y su aire haciéndose a cada minuto más superficial y verla disfrutando; junto con el placer de mi propio cuerpo, todo en total era la más deliciosa sincronía de dos cuerpos ardiendo para el placer del otro. Aunque en realidad aun no me decidía que era más placentero, ya que la sola idea de que si ella se encontraba en ese pleno estado de disfrute y gozo, no era otro que por mi propio cuerpo. Yo era el único que le otorgaba tal placer.

Sé que estábamos con muchos trabajos y la entendía si no hacia el intento de buscar un rato libre para buscarme y tampoco la quería presionar, de tal forma que me hiciera parecer un loco obsesionado, pero es que era sólo la necesidad de sentirla, de hacerla mía una vez más. Mi cuerpo era el que hablaba por mí, ni siquiera estaba en mi cabeza esa lógica de que posiblemente me vería como un estúpido pidiéndole que se entregara una vez más. Ella había despertado en mí ese hombre que desde hacía tiempo estaba luchando por salir. Y en este momento me sentía hambriento de ella y mi cuerpo pedía a gritos sobrevivencia.

Miré a ambos lados por donde iba caminando y respiré aliviado, el bajo gemido que había soltado involuntariamente por los recuerdos vividos de su cuerpo presionando fuertemente con el mío, estaba haciendo estragos en mi cabeza repetidamente. Inhalé hondo y aguanté la respiración, casi parecía ridículo, pero su olor aún inundaba mi nariz, no por nada desde hace tres días antes de aventarme con Morfeo, aspiraba el olor de su cuerpo y cabello de las sábanas y almohada. Esta vez gruñí molesto y apreté fuertemente los puños En definitiva me estaba comportando como un verdadero estúpido. Un maldito estúpido y urgido.

Caminé lo más rápido que mi elegante caminar me lo permitía, faltaban casi diez minutos para que empezara pociones, lo cual significaba estar dos horas en el mismo lugar con la leona. Necesitaba interceptarla antes de que huyera de nuevo y besarla hasta que sus labios se sintieran hinchados de acariciarlos y morderlos.

Al dar la vuelta en el pasillo que me llevaría al aula los vi. Potter estaba recargado en la pared al lado de la puerta del salón y Hermione estaba recostado en él, con sus frentes juntas. Eso me molestó demasiado, aun a pesar de que Potter no la estaba tocando, pero ella sí lo hacia. Con sus manos sostenía de la forma que detestaba la cara del cicatrizado. Acariciándolo. Me dolieron los dientes de tanto que apreté la mandíbula.

Pasé a su lado y ni siquiera me notaron. El ansia de sentirla se redujo considerablemente por el enojo. Detestaba verlos juntos. Algo había entre ellos, de eso estaba seguro, no era sólo amistad lo que había allí. De ser así, también se comportaría de la misma forma con la comadreja, pero no, siempre era el imbécil ese. El brillo en la mirada de la castaña siempre era tan distinto cuando lo miraba a él, conmigo nunca había tenido el detalle de hacerlo, ni siquiera cuando habíamos estado juntos.

Me senté en la mesa más cercana a la puerta para escuchar lo que se decían.

- …. conmigo – escuché que le decía Potter en un tono extraño de voz.

- No lo olvides – susurró Hermione con desesperación. Giré discretamente para verlos, desde el lugar que me encontraba no me permitía observar bien, solamente un costado.

- Cómo hacerlo… – respondió Potter con ironía mientras deslizaba una de sus manos por la cintura de su amiga. Ese movimiento de mano lo odié tanto como al mismísimo cicatrizado.

Vi como se acercaba la bruja al cuerpo de su amigo para abrazarlo. Se separaron para entrar al salón.

- … yo también – murmuró con esa mirada especial que le tenía al parecer solamente a Potter. ¿A qué le respondía que ella también?

Me volteé enseguida con la rabia corriendo como veneno por mi cuerpo.

- Harry, ¿puedes poner mi mochila en la mesa de Neville? – dijo de pronto Hermione más alegre – El tocador me llama.

El mago tomó sus cosas y caminó como si nada hacia su lugar, donde la comadreja lo esperaba con mirada ansiosa. Al parecer también se preguntaba qué pasaba entre esos dos.

Era ahora o nunca.

Esperé dos minutos a que se alejara para seguirla y pudiera tener privacidad en el baño. Cuando entré al lugar, ella iba saliendo de un cubículo, pero no me vio al ir arreglando con la cabeza agachada su suéter. Se dirigió a lavarse las manos. Al parece iba tan metida en sus pensamientos que ni siquiera se había dado cuenta que estaba parado atrás de ella. Tan sólo un par de metros nos separaban. Cerré la puerta para que nadie nos interrumpiera. Caminé hasta colocarme detrás. Mojó sus manos y las deslizó suavemente sobre su cabello, estaba ligeramente alborotado. Y levantó la mirada.

El reflejo del espejo le avisó del intruso rubio. Sonreí de lado cuando brincó al asustarse. No me dijo nada, solamente se dedicó a verme mientras se secaba las manos. El silencio se hizo, al parecer esperaba a que dijera algo, pero yo no quería hablar, quería hacer.

- Malfoy, ¿qué haces aquí? – dijo con impaciencia volteándose hacia mi.

- Quería saludarte, Hermione – me acerqué un paso más a ella.

- Estamos, por si no te das cuenta aun, en el baño de niñas – me explicó como si fuera un niño de 5 años.

- Lo sé – respondí levantando mis hombros con indiferencia. Me acerqué otro paso.

Observó mi cara detenidamente sin decir nada, luego ella dio el último paso que nos separaba.

- Hola – musitó sonriendo. Levantó su mano y acarició mi cara, el frío toque de su mano se sintió arder en mi piel. Cerré mis ojos cuando sus dedos se dirigieron a mis labios.

- Bésame… por favor – murmuré al sentí el calor de su aliento sobre mi boca.

No pasó ni un segundo cuando sus labios se deslizaron sobre los míos. Enseguida busqué su lengua y al sentirla la atraje hacia mí rápidamente. Mordí poco su labio inferior y lo succioné. Escuché un suspiro de satisfacción. Apreté con fuerza mis dedos en su cintura, quería sentirla aun más. Se removió incomoda entre mis brazos, al parecer no estaba midiendo mi fuerza y la había lastimado.

- Lo siento – murmuré sobre sus labios y automáticamente la solté, dejando caer mis brazos a mis costados.

Cuando me separé de ella por aquel arranque, ella se volvió a acercar, pegando su cuerpo por completo y deslizando sus brazos alrededor de mi cuello. Al pararse un poco en puntitas en los pies, su vientre hizo presión en mí ya hombría despierta y gemí. Estaba tan excitado que dolía.

Levanté mis manos para acariciar sus brazos y busqué una de las suyas. La recorrí por mi pecho, la bajé por mi estómago y llegué a mi objetivo. La puse al inicio de mi miembro y alejé mi mano. Sentí cuando su respiración se agitó al bajar su mano.

- Hermione – susurré pegando mí frente a la suya. Su caricia en vez de ser placentera me provocaba dolor.

Acerqué mi mano a la suya e hice presión. Apreté fuertemente mi mandíbula.

- Así es como me tienes – gruñí bajito cuando movió suavemente su mano – Estos tres días sin besarte siquiera han sido agonizantes.

Su suave risa me molestó, pero en cuanto volvió a besarme, estaba vez más despacio, decidí relajarme un poco. Su mano deslizándose hacia el cinturón fue mensaje suficiente para mí.

Puse mis manos en su trasero y la levanté, haciendo que sus piernas rodearan mi cintura. Cuando chocamos en uno de los lavamos, la puse encima y levanté su falda. Estaba tan excitado que no me detendría a tener detalles y aunque quisiera acariciarla, mi único objetivo en este momento era estar dentro de ella. Embestirla hasta el cansancio y beber de sus labios durante los minutos que nos quedaban antes de entrar a clases.

La consciencia llegó a mi cerebro durante dos largos segundos, los mismos que me hicieron verla a la cara, pero al notar su respiración agitada y sus ojos brillando de deseo, toda lucidez se esfumó. Acaricié fugazmente sus piernas en el camino en busca de su ropa interior, al encontrarlas la deslicé velozmente y las dejé caer. Ella no tuvo la oportunidad de ayudarme con mi pantalón, ya que se sostenía de las orillas del lavabo. Desabroché mi cinturón y el botón, cuando estaba por bajar casi con desesperación el cierre, sus manos me detuvieron. Me acerqué a ella para que no se bajara. Apreté con fuerza la mandíbula cuando sus manos se internaron dentro del boxer y acariciaron mi miembro. Luego de un par de tortuosos segundos, los bajó. Cuando cayeron junto a mi pantalón, me acerqué a ella, me coloqué en medio de sus piernas y la penetré. Un suave gemido por parte de los dos hizo eco en el amplio baño. La recorrí más hacia mí y ella entonces recargó su espalda en el espejo y se sostuvo apoyando las manos en el lavamanos. Agarré con fuerza sus caderas y me moví con avidez. Había extrañado estar dentro de ella, esos tres días si habían sido en realidad una tortura, porque sentir el calor de su cuerpo era simplemente perfecto. Sus jadeos me hicieron observarla. Tenía los ojos cerrados, su boca abierta dejando escapar el escaso aire que llegaba a sus pulmones y su lengua de vez en cuando remojando sus labios. Abrí más sus piernas para sentirla más. Con cada segundo que pasaba la penetraba con más fuerza. Se sentía tan bien. Tan húmedo, calido y suave. Al no poder mover su cadera por la forma en que estaba, se dedicó a contraer sus músculos internos, haciendo cada penetración más satisfactoria. Gimió con más fuerza con una embestida que fue más lenta, pero mucho más profunda. Entonces, levanté la mirada y me vi en el reflejo del espejo. Era interesante verme en estas condiciones. Mi rostro se contraía con cada embestida, el placer llenaba no sólo mi cuerpo, mis ojos estaba claramente más oscuros, dilatados por la excitación. Mis labios estaban casi igual de rojos que los de Hermione por besarnos con fuerza y desesperación. Recorrí su rostro y me gustó lo que vi. Sabia que ella también lo había estado deseando, de no haberlo hecho, no habría aceptado tener este encuentro en un lugar demasiado público. No obstante, dudaba que me deseara tanto como yo lo hacia, ella no había ido a buscarme para tener sexo, una cosa era eso y otra que aceptara mi propuesta en silencio.

Me acerqué a besarla y emprendí un movimiento dentro de ella menos rápido, si bien, la profundidad era la misma. Sabía que el momento se acercaba. La sentí tensarse al mismo tiempo que yo cuando el calor invadió nuestros cuerpos y el orgasmo caía encima de nosotros. Un gemido bajo y ronco llegó desde mi pecho. Mi boca entreabierta pegada a la suya recibía su calor mientras nuestras respiraciones se sosegaban. Pasé mis labios por su mejilla hasta llegar a su cuello. Lo besé y recargué mi frente en su hombro. Sus manos se hundieron en mi cabello acariciándolo. Nos quedamos callados escuchando nuestras respiraciones un poco agitadas durante un par de minutos.

- No has estado ocupada a propósito, ¿verdad? – murmuré sobre su cuello.

- No.

- Ni tampoco has estado huyendo con intención, ¿cierto? – pasé mi lengua por el hueco de su oreja, antes de atrapar su lóbulo entre mis dientes.

- No.

- Así que… ¿por qué no has tenido un minuto para mí desde entonces? – susurré. La escuché suspirar al soplar delicadamente en su oído.

- Lo siento, Draco – murmuró e hizo mi cabeza hacia atrás para poderme ver y acarició mis labios. Su mirada a un brillaba, y de nuevo calor invadió mi cuerpo – No fue mi intención.

- Si me besas, te perdono – dije con voz ronca.

Se rió plácidamente y se acercó, pero no para besarme, sino que pasó sus brazos alrededor de mi cuello y me abrazó.

- Yo no busco tu perdón – dijo riéndose aun – Pero sí te extrañé.

- ¿De verdad?

- Si, Draco… - susurró con cierto tono de voz que no fui capaz de reconocer - …. te extrañé, víbora.

Y eso fue incluso más satisfactorio que el agradable sexo que acabamos de tener. Pero ella no tenia porque saberlo, ya bastante sabia de mis debilidades, una más seria el colmo.

- Es agradable oír eso – dije con petulancia, a lo cual me gané un golpe en la nuca.

Riéndome me agaché por su ropa interior, la única que le había quitado y la pasé por sus pies y le ayudé a levantarse para acomodársela, me encantaba darme el gusto de hacer esto. Esta ocasión sí acaricié sus piernas en el camino hacia arriba y aproveché para tocar esa parte de ella que me volvía más que loco y gimió. Pero no fue el típico de placer, sino que se escuchó un gemido lastimero, levanté la mirada para que me explicara aquello, no creía haberla lastimado por la fuerza.

- Si vuelves a hacer eso, estoy segura que no salimos dentro de un buen rato de aquí – dijo con resignación y terminó por acomodarse ella sola su ropa.

- Si quieres lo hago rápido – miré mi reloj. Era las 1:00 PM, estábamos a tiempo de llegar a clases – Un par de minutos no nos matará.

- Gracias, pero con Snape para mí esos dos minutos significarán castigo – dijo con delicadeza. Se acercó para ayudarme con el pantalón. La observé mientras hacia su trabajo, subió el cierre tranquilamente, cerró el botón despacio y por último abrochó el cinturón pasando sus dedos por mi estómago. Tocando a propósito.

Coloqué una mano bajo su mentón y lo levanté hacia mí. La besé apenas rozando nuestros labios. Suspiró cuando una de mis manos acarició su seno derecho sutilmente y con la otra la pegué por su cintura a mi cuerpo. Se presionó para hacer el contacto más profundo.

- Lamento no haberte acariciado – le dije sobre sus labios. Y la era la verdad – Pero quería estar dentro de ti, estaba tan deseoso de hacértelo…

La mano que tenia en su cintura la bajé para acariciar sus nalgas y la que tenía en su busto la apreté para sentirla más. Jadeó suavemente.

- Lo sé – murmuró. Y esta vez suspiró pero de resignación. Me dio un corto beso y se separó de mí.

- Prometo compensarte - le dije tomándola de la mano para acercarnos a la puerta. En el camino a la puerta, que eran cerca de 10 metros, nos fuimos en silencio.

- ¿Comemos juntos? – expresó al llegar a la puerta. La pregunta me llegó tan de sorpresa que por varios segundos enmudecí. No era propio de ella hacer ese tipo de propuestas.

Y al ver que no respondía, me soltó de la mano y se giró para abrir la puerta.

- ¿En mi… habitación?

- Es el único lugar donde podemos ir sin que nos vean – se encogió de hombros. Había algo más en su mirada.

- Te espero en tres horas aquí mismo – fue lo único que le dije antes de besarla de nuevo. La presioné contra la pared y moví mi pelvis, haciendo presión en su vientre bajo. Se rió divertida y me empujó.

- Vamos, mago calenturiento…

- Pero así te encanto – le dije con arrogancia mientras la empujaba con suavidad para que saliera antes de que no me pudiera controlar y se lo volviera a hacer.

- Lamentablemente – dijo más para sí misma que respondiéndome. Reí y ella bufó molesta.

Asomé mi cabeza para ver que no hubiera nadie en el pasillo y aprovechando que estaba solo el lugar le dije en voz alta:

- No te preocupes, Granger, tú también me encantas.

Caminé detrás de ella hasta que llegamos al salón, entramos detrás de Snape, nadie se dio cuenta cuando lo hicimos, de cualquier forma nadie sospecharía algo, era casi conocido por todo el colegio la supuesta aversión que teníamos el uno por el otro. Si supieran. No era aversión lo que sentíamos, era otra cosa y una bastante placentera a decir verdad.

Se sentó con el lento de Neville, el par de sus amigos estaba delante de ella. Cuando lo hizo, estiró un brazo para tocar el hombro de Potter, al parecer avisándoles que ya había llegado. ¿Era necesario que hiciera eso? ¿Tan controlada la tenían? Ambos voltearon hacia atrás, la comadreja el hizo una pregunta y ella negó. Después estiró un brazo y puso su mano en la frente de Granger, como si estuviera enferma. La bruja enseguida la dio un manotazo retirando la mano de su amigo al parecer molesta y entonces lo entendí. No pude evitar reírme a carcajada abierta, por muy estúpido que me viera. Levanté los hombros con indiferencia cuando Blaise me observó con incredulidad, tendría que inventar algo para explicárselos junto a Pansy, quien su mirada me decía que algo me pasaba, odiaba eso de ella; como toda buena mujer, siempre tenía un radar trabajando inconscientemente. Granger debía estar acalorada aun y aunque intentara controlarlo, su cuerpo la delata con el color de sus mejillas que debía teñirlas ligeramente, incluso sus labios rojos e hinchados. Cuando escuchó mi risa, debió de darse cuenta que ya lo sabia, su amigo siempre la atormentaba sin proponérselo, como la primera vez que había pasado e iniciado todo; hizo lo mismo pensando que estaba enferma, si bien esta ocasión su azoramiento estaba "justificado", al haber estado enferma hace unos días. Agachó la cabeza apenada cuando sus amigos le pusieron atención al profesor.

Volví a reírme, estaba vez discretamente. Esa mujer sí que era divertida. Sin temor a equivocarme, debía tener yo el mismo aspecto, la fuerza con la que nos habíamos besado había dejado marca. Y seguía excitado, su actitud de que quería que la tocara de nuevo antes de salir, había cargado nuevamente mi cuerpo de calor llevándolo a un lugar en específico.

...

..

- Creí que no llegarías – le solté un tanto molesto. Ya habían pasado 25 minutos desde la hora que habíamos quedado. Me separé de la pared donde me recargaba y caminé sin esperar a que me dijera algo.

- Lo…

- No es nada agradable estar parado como imbecil esperando, cuando la que quería estar conmigo eras tú.

- Yo…

- Sabes que detesto la impuntualidad, y más si me haces esperar mucho tiempo.

- Dra…

- Es la última vez que lo haces.

- Mal…

- Olvídalo, Granger. No quiero tus disculpas.

Me detuve cuando no escuché sus pasos detrás. Detestaba que me hiciera esperar de esa forma, lo sabia. Una cosa es que me encantara y otra que quisiera hacer lo que se le diera la gana y querer hacer de mí lo que quisiera. Estaba dispuesto a varias cosas, pero no a dejarla manipularme. Porque había actos en ella que me daban a entender eso y no lo iba a permitir. Mi orgullo no me lo permitía. Y además no se valía, eran cosas muy diferentes el desear y querer. Yo deseba estar con ella, pero no quería que hiciera de mí lo que quisiera.

Cuando di el primer paso hacia ella, ella se me dio la espalda con la intención de irse.

- Ah, no – la alcancé y la agarré del brazo girándola – No, Granger. Primero llegas tarde y ahora pretendes irte.

- Déjame – dijo molesta – No voy a permitirte que me hables así…

- Y todavía pretendes que no me enoje. Me muero de hambre y me tienes cual idiota esperándote como si merecieras todo el tiempo del mundo.

Alzó las cejas con incredulidad y sacudió el brazo con fuerza para soltarse. La agarré, pero sin lastimarla y caminé hacia la entrada de la Sala Común. Me alegraba que su tunica tuviera una capucha, la forma en que intentaba alejarse de mí, no me habría dado tiempo de quitarme la capa y ponérsela. Nos detuvimos frente a la puerta, le puse la capa y se abrió el cuadro. Cuando entramos, dejó de moverse y caminó a mi lado, había gente que volteó a vernos. Al entrar a mi habitación se soltó de mi agarre.

- Eres un imbecil.

- Espera aquí – le dije ignorando su insulto y salí. Era la persona más orgullosa que había conocido, bueno, en realidad todos los slytherin lo éramos, pero esa leona se ofendía de todo por cualquier cosa. Era una insufrible.

Fui al lugar donde teníamos nuestro catering y agarré una bandeja donde puse varias cosas, ya que no sabia de que tenía ganas y también puse dos vasos de zumo de calabaza. Cuando entré a la habitación desaparecí la puerta y puse la bandeja sobre la cama. Suponía que estaba en el baño, ya que no la tenía la vista. Me senté en la cama a esperarla, mientras me quité los zapatos para subirlos, me recargué en la cabecera y poniéndome encima la bandeja para empezar a comer. Tenia tanta hambre que el primer pan prácticamente no lo saboreé ni mastiqué. Lo engullí como una víbora a un ratón. Que ironía.

Cinco minutos en el baño empezaban a extrañarme, no es que quisiera presionarla, cada quien hacía sus necesidades con el tiempo deseado, pero lo que me extrañaba es que desde que había entrado, se escuchaba agua corriendo. Nadie tenía tantos litros guardados. Suspiré agotado y me levanté. Toqué la puerta, pero no me respondió. La ventaja de dormir solo es que no era necesario poner cerrojo a esa puerta, por lo que sólo era necesario empujarla para abrirla, pero por respeto anuncié mi llegada. Abrí con cuidado y la vi agachada en el lavabo, mojando su cara y sabia porqué.

Me detuve detrás de ella y esperé a que se levantara, pero siguió mirando hacia abajo. Deslicé mis manos por su cintura hasta que la rodeé por completo y la abracé pegándola a mi cuerpo. Subí mis manos por su vientre, haciendo figuras sin sentido.

- Venia con la intención de disculparme contigo por llegar tarde – su voz se escucho débil y entrecortada – Y tú lo único que haces es insultarme sin darme tiempo siquiera de decir una palabra…

Era un verdadero imbecil, la había hecho llorar. Estaba seguro que no lloraba por haberla lastimado, sino que su enojo por haberle hablado de ese modo debió ser tal que el llanto le ganó. Ambos éramos orgullosos hasta el cansancio.

- No debí hablarte de esa forma.

- Claro que no, víbora rastrera.

- No creo que estés tan ofendida como para que todavía tengas ánimos de insultarme.

Levantó su mirada y me observó a través del espejo.

- Siento haber sido un estúpido – murmuré cerca de su oído.

- Estoy acostumbrada – alzó los hombros – La dosis diaria te hace inmune.

- Tengo hambre, ¿qué quieres que haga? – gruñí molesto alejándome de ella, todavía que me disculpaba y tenía la desfachatez de insultarme.

Soltó una carcajada y me siguió a la habitación.

- Te perdono sólo por eso, sé lo que el hambre causa en las personas y más en los hombres. A decir verdad, creo que me hecho inmune también a esto, ya sabes, vivir con Ron y Harry ha sido toda una travesía.

La miré furibundo. Otra vez los imbeciles esos de sus amigos.

Se quitó los zapatos y se subió a la cama. Dobló sus piernas y se recargó a mi lado en la cabecera. Tomó un emparedado y masticó con lentitud. Tomé el otro y recargué mi cabeza para cerrar los ojos. Esto era muy extraño. Era la primera vez que compartíamos una comida y en mí habitación. Puse un vaso entre mis piernas para que no se cayera después de darle un largo sorbo. De cierta forma el silencio no era incómodo. Las discusiones que teníamos empezaban a ser más personales, como más intimas. Nos seguíamos insultado, pero sin ofendernos en realidad. Su mano acariciando mi entrepierna me sacó de mis pensamientos y abrí los ojos de golpe. La volteé a ver y ella sólo me sonrió. Entonces agarró el vaso que tenia entre las piernas y se lo llevó a la boca, le dio un largo sorbo y lo volvió a poner en el mismo lugar, pero de regreso acarició de nuevo mi entrepierna con toda la intención del mundo. Eso se había sentido muy bien. Luego recargó su cabeza en mi hombro y siguió comiendo su emparedado en silencio.

Después de quitárseme el cosquilleo que sentía allí donde tocó, y de darle varias vueltas al asunto, resolví que quería decírselo. No sé qué me ganaría con ello, simplemente quería hacerlo y ya. No obstante, sentía un poco de nervios por hablar.

- Mi padre quiere mandarme a Durmstrang – le solté sin más.

Un minuto en silencio y ella no se movió ni un sólo centímetro.

- ¿Por qué querría hacer algo como eso? – dijo en voz baja, aun en la misma posición.

- Dice que mi educación no estará completa si sigo aquí – expresé con los dientes apretados. Eso me molestaba demasiado.

- Después de lo que te hizo… ¿tiene el derecho de decir eso? – susurró indignada.

- Hermione, mis padres siguen juntos, si bien no viven en el mismo lugar – le expliqué lo más que pude sin meterme en detalles – Mi padre aun tiene derecho sobre mí al ser menor de edad.

Se volvió a quedar callada, entonces se enderezó y se sentó frente a mí. Su ceño estaba demasiado pronunciado. Acerqué mi mano para alisárselo, pero agarró mi mano y la bajó, sin embargo, la sostuvo entre las suyas.

- Tu madre…. ella tiene que hacer algo, no puede quedarse con los brazos cruzados.

Sin aguantar su mirada, bajé la mía y jugué distraídamente con sus dedos. Ahora entendía esa mirada que le daba a Potter y la cual estaba deseando recibir, con todo, no estaba preparado, había tanto en ella. Y también creía no merecerla. Había estado tanto tiempo buscándola, que ahora que la tenia, no la quería. Sentía que me exigía algo y no sabia que era lo que quería y mucho menos si se lo podría dar.

- Tanto mi madre como él tienen el dinero suficiente para pelear por mí y estaría difícil que ganara uno – manifesté incomodo, pero esta vez por mí situación – Además, la sociedad es un factor que influye mucho…

- ¿A qué te refieres?

- Que la apariencia es importante, así que en esta ocasión las cosas están en este momento muy tranquilas para no dar una mala imagen de los Malfoy.

- ¿Y qué piensas tú? – dijo en voz baja.

Se acercó más a mí e hizo mi cabeza hacia atrás. Me sentía tan avergonzado por mi situación familiar. Y mi orgullo como Malfoy ofendido, porque aun había esa sensación de rechazar a la gente cuando sentía que me tenían lastima.

- Es obvio, Granger – le solté con enojo evitando su mirada y soltando sus manos – No quiero ir allá, eso significaría que acepto que siga haciendo de mi vida lo que se le de la gana.

Escuché que suspiró.

- Entonces no lo hagas – expuso como si creyera que fuera así de simple.

- Es complicado, nunca lo entenderías.

- Complicado. No tiene porqué serlo – dijo de nuevo en ese tono de sabelotodo y esta vez se sentó a horcadas en mis piernas. Se levantó un poco para quitar el vaso y ponerlo encima de la bandeja.

- Así es como es, Granger - no podía evitar referirme de esa forma hacia ella. Era un tema que no había hablado con otra persona que no fuera mi madre y únicamente por cartas, el hacerlo con ella me ponía a la defensiva – El tener dos de los apellidos más conocidos y antiguos de la historia de los magos, sumándole además la innumerable cantidad de oro en Gringotts…

- ¿Eso qué tiene que ver? – me interrumpió casi ofendida mientras deshacía el nudo de la corbata.

- Ya te dije – inhalé enojado y cerré los ojos – No lo entenderías.

- ¿Me estás diciendo que por no ser rica como tú, soy una inepta que no entiende nada? – expresó ahora sí ofendida y cuando quiso levantarse de mis piernas, la sostuve por la cintura.

- No. Que la sociedad en la que crecí pone muchas trabas, y eso es precisamente lo que detiene a mi padre, de sus ganas ya lo hubiera hecho, pero sabe que en el primer paso en falso que haga, mi madre moverá cielo, mar y tierra para impedirlo, y eso incluye que la gente de nuestro linaje se entere y no le conviene, ha hecho cosas que lo dejarían mal parado.

Sacó la corbata y la dejó en la cama, luego desabrochó los primeros dos botones de la camisa. El ceño fruncido de nuevo indicaba que su cerebro estaba marchando a gran velocidad y empezó a morder su labio, indicando su concentración en el asunto. La interrumpí cuando vi que estaba presionando demasiado fuerte sin darse cuenta. Pasé un dedo por sus labios acariciándolos y levantó la mirada, que había posado por largo tiempo a la altura de mi cuello y soltó con lentitud su labio. Los seguí agasajando inclusive al empezar a hablar.

- En ese caso…creo que no tengo nada que decirte – dijo tranquila, casi con voz ausente, sin que le molestara que tuviera mis dedos recorriendo sus labios – Si la situación es como dices, no tengo nada que ofrecerte.

Me conmovió que sintiera la necesidad y casi obligación de decirme algo o de ayudarme.

- No tienes que verlo de esa forma.

- Pero si tú no quieres irte….

- No lo logrará – intenté aligerar el momento. Sabía que sentía pena por mi situación. Lamentaba que me pasara esto, después de todo lo que había pasado.

- Espero tengas razón – dijo resignada, como si a ella se la estuvieran llevando y no a mí. Agradecía su apoyo – Mereces decidir por ti…

- Lo sé – dije con indiferencia, ahora tenia la mente en otro lugar.

Las caricias distraídas de Hermione sobre mi abdomen mandaban pequeñas descargas a mi hombría que estaba siendo aprisionada por la parte más cálida de ella.

- Y en este preciso momento quiero decidir algo – mascullé con voz ronca.

- ¿Qué?

- Quiero sentirte de nuevo, quiero hacerte gemir hasta que quedes sin aliento y sentir tu cuerpo arder bajo mis manos…

- Hazlo – ordenó antes de besarme con fuerza.

Mientras nos besábamos, corrí mis manos sobre sus piernas y las lisonjeé haciendo presión. Adoraba aquella parte de ella, tan suave y perfecta. Sentí sus manos abriendo los botones del suéter avivadamente y luego continúo con los de la camisa. Dejó de besarme para posar su boca en mi pecho desnudo, pasó su lengua sobre mi piel y sopló un poco. Una fuerte energía se concentró en mi parte sur de mi cuerpo enseguida. Bajó tanto la camisa como el suéter al mismo tiempo por mis hombros y luchó un poco para sacarlos por mis manos, ambos reímos cuando en su desesperación por sacarlos se atoraron más.

- Permíteme – le ofrecí como buen caballero que me habían inculcado ser desde pequeño. Caballero que en este momento ardía en pasión.

Cuando lo logré, ya que también me había dado trabajo, debido a las curiosas manos de la bruja al desanudar al mismo tiempo el cinturón y mi pantalón. Sus movimientos estaban provocando estragos una vez más. Se estiró a un lado para retirar la bandeja y aprovechando que se había separado de mí, se acercó a mis pies y jaló mi pantalón para sacarlo. Levanté mi cadera para ayudarla en su objetivo y cuando terminó, volvió a sentarse ahorcadas.

Pasé mis manos por su cintura tanteando en busca del cierre de su falda, al abrirla la levanté para pasarla por arriba de sus brazos. Pasé mis manos por sus piernas, acariciando cada centímetro. Recorrí un dedo por encima de su ropa interior y enseguida arqueó su espalda suspirando. Con calma desanudé su suéter y lo saqué. Luego desabotoné su camisa, tocándola por encima todo el tiempo. Cuando estuvo solamente con las ultimas dos piezas, mis manos viajaron por todo su cuerpo. Ella había dejado de tocarme y besarme para sentir más agudas mis caricias, no me importaba, le había prometido recompensarla por lo de hace rato y además no es que fuera un sacrificio, el tocar su cuerpo era lo único que quería.

- Déjame hacerlo – le detuve cuando iba a quitarse la parte de arriba. Hice que descansara sus manos a sus costados.

Mis manos mimaron su vientre y subieron a sus senos. Los acaricié haciendo dibujos, provocándola. La acerqué para quitárselo.

- Me gusta este conjunto rojo, te ves más apetecible – dije con lascivia.

Su ropa interior siempre era discreta, nada que fuera en exceso sensual ni provocativo. Al contrario, siempre ponía mi imaginación a trabajar y eso me gustaba, no necesitaba dejar expuesta mucha piel para verse sexy. La forma en que ella la portaba la hacia demasiado deseable. La única ocasión que la había visto con una prenda demasiado sensual había sido la primera vez que me había dado placer al mismo tiempo que ella hacia uso de mi cuerpo.

No perdí ni un sólo segundo cuando su brassier cayó en la cama. Primero lamí el pezón derecho y luego el izquierdo. Soplé en ambos lugares para que se estremeciera. Jadeó. Volví a pasar la lengua, esta ocasión jugando con ella alrededor de él.

- Levántate – le pedí con suavidad. Se puso de rodillas, sin quitarse de donde estaba y bajé la última prenda, acariciando también en el camino. Jadeó con más fuerza al pasar mis dedos por su piel.

Automáticamente movió su pelvis hacia mi mano para sentirme más cerca. Pero la detuve, que esperara un poco no la iba a matar, aunque sí la haría sufrir. Primero le ayudé, con trabajo, a que saliera por una pierna y con la segunda fue mucho más fácil. Y se sentó de nuevo. Y me besó. Mordió un poco más fuerte mi labio inferior, por la pasión que sentía imaginaba yo, si bien me dolió, no fue tanto como suponía debía ser.

Y en el momento que menos imaginó, gimió al sentir mis dedos dentro de ella. Empecé a moverlos. Abrió más las piernas para darme acceso e introduje otro. Sus jadeos estaban excitándome más de lo que ya estaba, quería estar dentro de ella, pero también quería seguir satisfaciéndola. Moví más rápido mis dedos y entonces se me ocurrió otra cosa, estaba seguro que le encantaría. Me enderecé un poco para estar a la altura de uno de sus pechos y lo metí a mi boca y succioné. Cuando sentí la presión de una de sus manos en mi hombro y sus dedos encajarse en mi piel con fuerza, supe que la sensación de mis dedos trabajando dentro de ella y mi boca agasajando su seno, la estaban llevando al lugar donde quería. Y en aquel momento contrajo sus músculos internos mientras alcanzaba su orgasmo y gimió ahogadamente.

Busqué su boca y me respondió con gusto, si bien un poco distraída, al sentir aún los rezagos del orgasmo. Sus labios fluyeron calmados sobre los míos.

- Quiero sentirte dentro de mi, Draco – me pidió con voz ahogada sobre mis labios. Yo ni siquiera podía hablar, tenia la boca tan seca.

La giré rápido en un sólo movimiento y cayó de espaldas en la cama. Me levanté para quitarme el boxer y en cuanto lo hice me ubiqué entre sus piernas, no sin antes besar en el camino su vientre. La penetré despacio. Me deslicé dentro de ella poco a poco para que me sintiera mejor y para sentirla mucho más. Este tranquilo movimiento la hizo gemir. Inicié mis movimientos con el mismo ritmo, despacio y suave. Entonces levantó su cadera hacia mí y en esta embestida, la sentí más cerca. Jadeé fuerte. Había sido exquisito. Con cada movimiento me metía más, con ella ayudándome levando su pelvis. Moví un poco más rápido y profundo. Su entrecortada respiración golpeaba en mi cara, aferrando sus manos en mis brazos, como si sintiera que fuera a caer, aun a pesar de estar segura en la cama. Unas embestidas más y terminaríamos. Mi cuerpo se tensó por varios segundos mientras pasaba la arrolladora sensación de la culminación y me dejé caer en su cuerpo. Esta vez sin preocuparme por el peso, sabia que le gustaba sentirme así. Sus manos cayeron flácidas en la cama, pero sus piernas me sostuvieron dentro de ella. Nos quedamos quietos esperando sosegarnos.

A lo lejos escuchamos el sonido que indicaba que era hora de regresar a clases, el tiempo de la comida había terminado. Qué irónico podía sonar si nos referíamos a lo que acabamos de hacer.

- Arriba – demandé con suavidad junto a su oído.

- No – se quejó como una niña a quien le han quitado su tiempo de diversión.

- Yo tampoco quiero hacerlo – dije riéndome mientras me separaba de ella – Pero como dijiste hace rato, si sigo así, no saldremos en mucho tiempo de mi cama.

- ¿Y si no quiero? – refunfuñó haciendo un puchero acostada en la cama sin intención de moverse.

- ¿Te quedarías, sin que te importe? – levanté una ceja con incredulidad, aunque en el fondo esperanzado. Por mí nos podíamos quedar todo el día teniendo sexo.

- No – rió divertida y luego se levantó. Empezó a recolectar su ropa tirada mientras me vestía observándola todo el tiempo.

Observó la cama con detenimiento en busca de la última prenda y finalmente la encontró cubierta casi por completo por la bandeja de comida, que aun seguía prácticamente intacta. Se sentó en la cama aun desnuda, como si de verdad no quisiera salir de mi habitación, viéndome vestir. Al terminar puse mi corbata sin arreglar.

Me puse frente a ella, esperando a que me dijera algo. Se puso de pie frente a mí y aproveché para comérmela con la mirada, estaba tan apetecible. Tan deseable sin armas frente a mí.

- Sin temor a equivocarme, creo que no quieres llegar tarde a tu clase de Runas.

- Creí que tú lo harías – hizo de nuevo aquel infantil mohín como si se hubiese equivocado en algo.

- ¿Hacer qué? – respondí extrañado. Levantó su brassier para que lo tomara.

- Siempre lo haces – señaló en voz baja sonrojándose ligeramente.

Reí fascinado por su actitud, parecía casi una niña. Como si esperara la autorización de alguien para continuar, como si lo tuviese prohibido. Lo tomé entre mis manos y me aproximé para ponérselo.

.- Creí que te gustaba hacerlo – murmuró avergonzada levantando sus manos para colocarlo – Además, ya me acostumbré a que lo hagas…

- Ven acá, pequeña tonta – mientras le abrochaba el sujetador, tomé sus labios, aun encantado por como era.

Tomé su cara entre mis manos para hacer más profundo el beso.

- Me gusta hacerlo – musité sobre sus labios riendo un poco.

- Lo sé – dijo girando los ojos y me pasó la parte baja. Me incliné para colocársela, esta ocasión sin tocarla más de lo debido, estaba seguro de empujarla a la cama y tomarla de nuevo.

- Lo que me sorprende es que a ti te agrade – continúe poniéndole la camisa, ella agarró el suéter y se lo puso al mismo tiempo que yo abotonaba su camisa.

- A estas alturas deberías saberlo – cuando terminé, ella continuó cerrando los botones del suéter y agarré la falda, me agaché para pasarla por sus pies – De no ser así, desde un principio no lo hubiese permitido.

- Touché.

Cuando estuvimos vestidos, nos agachamos para ponernos los zapatos. Tomé dos emparedados, las mochilas y caminamos a la salida. Se puso la capucha. En la Sala no había nadie, era lógico, estarían en clases.

- Come esto – le pasé el emparedad y lo abrió sin rechistar. Eso era nuevo, no era natural que me hiciera caso a la primera. También empecé a comer el mío.

- Mañana ni pasado tenemos clase juntos – dije en un tono casual dándole otra mordida.

- Lo sé.

- ¿Esa es toda tu respuesta? – pregunté sarcástico.

- Si.

- Granger – gruñí enfadado y la detuve. Al parecer estaba más dispuesta a ponerle atención al emparedado que a mí.

- ¿Si? – dijo levantando la vista de la comida y me cuestionó con esa mirada que a veces podía ser de lo más inocente.

- No es necesario que lo repita – dije entre dientes.

Suspiró y emprendió el camino ignorándome.

- Si tenemos la oportunidad de vernos, lo haremos.

- Así que sin más decides lo que el tiempo nos ofrezca.

Le dio otra mordida al emparedado y asintió. Estiró su mano para que la tomara, el pasillo estaba por completo solo así que la tomé. Entrelazó nuestros dedos. Había algo en ese gesto que me agradaba.

- No es necesario vernos todos los días – dijo despacio viendo hacia el frente – Debemos darnos nuestro espacio.

- Yo te doy tu espacio. Es solo que tú me das demasiado espacio a mí.

Se rió divertida. Luego alzó los hombros con desgana.

- Si me quieres ver, sólo búscame.

- ¿Sin que me evites?

- Sin huir.

- Bien.

- Bien.

Llegamos al final del pasillo, el cual nos conectaría con uno de los principales y cada quien iría a su salón. Se detuvo, me jaló hacia la pared donde nadie nos vería y puso sus brazos alrededor de mi cuello.

Se acercó para besarme, pero antes delineó con su lengua mis labios. Atrapó entre sus dientes mi labio inferior y lo mordió con cuidado. La suavidad de sus labios, la textura de su lengua y el sabor de su boca era algo que me fascinaba. Después de un par de minutos en silencio, la escuché suspirar con pesar y se separó, pero volví a acercarme. Sonrió sobre nuestros labios cuando succionó mi labio y gruñí, sabia que me encantaba que hiciera eso.

- Disfruté mucho lo que hiciste – dijo separándose y solté su cintura. Observó mi rostro por un momento, se volvió a acercar y besó mi mejilla.

Acarició mis labios antes de darse la vuelta y caminar por el pasillo contrario al que yo iba.

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¡Hola gente hermosa!

Finalmente he traído un capitulo nuevo, perdón por la demora, ya lo tenía escrito, pero me fui una semana de vacaciones y no alcancé a subirlo el día estipulado. Cuando regreso a mi casa y prendo la computadora para subirlo no arranca debido a la falla de lectura del disco, lo cual significa que debe estar llena de virus. Mal de mi parte, lo sé, no tengo internet y no se actualiza el antivirus y mi memoria la meto en mil computadoras sin vacunarla. Mi suerte es que en mi memoria tengo los fics respaldados, ya me habría deprimido de no ser así, tengo material avanzado y sería cruel el destino de no haberlos guardado.

En fin, ustedes saben que no me gusta escribir mucho en cuanto a las notas, cansa leer lectura extra y aburre, además de que muchos no lo leen y seria escribirle a la nada. Espero lean esta nota de autor en específico:

1.- Este capítulo en realidad era más largo, debido a que salieron muchas hojas decidí dividirlo en dos, ya que es cansado para algunos lectores leer más de 15 páginas seguidas, a otras más les encanta mucha información, pero esta vez me fui por la división. Sin embargo, el capítulo 8 y 9 son prácticamente el mismo, es importante aclarar esto debido a que hay algo clave en cada uno de los acontecimientos. Este lleva por nombre "Quiero sentirte de nuevo" y el próximo "He creado un monstruo", que era el nombre original de todo el capítulo en su totalidad. Es un nombre clave y quiero que recuerden su relación cuando lean el nuevo.

2.- La historia va casi a la mitad, pero todavía falta mucho por descubrir. Sé que alguna veces va lento el trama, pero una vez ellos hayan aceptado ciertos asuntos los verdaderos problemas aparecen, ya verán porqué lo digo. El confiar en alguien no sólo trae cosas buenas, rompes barreras que no debes, una cosa lleva a otra, y no siempre es para bien o para mal.

3.- En relación a la historia, llevo escritos por adelantado casi cuatro capítulos más. La cuestión es que no van en orden, la inspiración llega en desorden, ese es mi problema. Me alegra que lleve coherencia sino sería un desastre. Y esto lo digo porque tengo una historia en proceso que me tiene casi al cien enfocada en ella, así que no deben preocuparse porque me atrase en subir un nuevo capítulo, pero a este punto quería llegar.

4.- Casi a la par cuando empecé a escribir ¿Y el premio?, otra historia apareció una noche en mis sueños y quedé fascinada con la trama, sin embargo, no pude concretar nada porque sólo sabía lo sucedido sin saber nada de la historia a desarrollar, pero me tenía intrigada, quería saber más, pero nada. Así que la dejé en un rincón de mi cabeza esperando a que viniera de nuevo por si sola y hace 20 días en otro sueño de nuevo vino y ¡taràn! la inspiración llegó sin avisar y desde ese día agarré libreta y lápiz para comenzar a escribir como poseída. No podía usar la computadora debido a que me había lastimado el cuello, y en mi cama secuestrada debido al dolor y casi con movimientos nulos he escrito sin parar, aunque eso fueron tres días, aún sigo con la libreta, cuando tenga tiempo transcribiré, será cansado, ni modo.

Hace una semana la inspiración llegó para ¿Y el premio? y escribí el capítulo final y epilogo, pero luego se me ocurrió otro epilogo, así que reacomodé la información. Aún no me decido si eliminar ese nuevo epilogo o dejarlo, ambos son buenos tanto como para capitulo como epilogo. Cuando se acerque el final espero haberme decidido. En fin, me alegra haber avanzado algo sin que se me vaya la inspiración, sería horrible cuando voy por la mitad.

5.- De la nueva historia llevo escrito varios capítulos. Los dos primeros no los respaldé, espero pueda rescatar los archivos que no guardé en mi memoria, estoy casi llorando, no puedo creerlo, y fueron los que más trabajo me dieron. Maldición. Y ese lo escribí hace una semana, diantres. Tengo mucha información sin orden alguno, que con el tiempo arreglaré. Estoy tan emocionada por empezar a publicar esta historia, es tan diferente de lo que he escrito. Sé que amarán la historia como yo lo hago, me siento orgullosa de esta. Tal vez lo haga cuando termine esta o cuando se acerque el final. Ustedes díganme si la quieren conocer y en caso de que sea así, cuándo les gustaría que iniciara. Les dejo una avance de lo que tratará, bueno, al menos el nombre y el summary:

"Alianza Irrevocable"

Cuando el fruto de caricias indeseadas se interpone ya no hay nada más que perder, sólo ganar. Una vez robada la inocencia ella se ve obligada a pedir y él a ceder.

6.- Noticia de última hora: Hoy en la mañana me levanté optimista y esperé que mi computadora prendiera. ¡Y lo hizo! Así que pude recuperar los otros capítulos. La suerte está conmigo. Gracias.

-.-

Un beso enorme a todas las adorables lectoras de esta loca historia que hasta ahora me han dejado fabulosos reviews y no me han abandonado, al menos no muchas:

*.sOniiTa., *betzacosta, *blakikabla, *silviota, *pekelittrell, *venus027, *vittoria's malfoy, *Karii Malfoy, *luna-maga, *parvaty32, *Awen Granger.

¿Dónde están las demás lectoras que antes me dejaban rr? ¿Es que ya no les está gustando la historia?

RECUERDEN:que tengo twitter ( DanGrint ) allí les estoy poniendo las noticias sobre actualizaciones y nuevas historias. Agréguenme.

Para dejar tu mensaje, ya sabes dónde ir.

A todos aquellos que no tienen cuenta aquí, me gustaría que me dejaran su correo para contestarles su reviews. Gracias. Pero recuerden separarlo porque se borra.