Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, todos son propiedad de la grandiosa Stephenie Meyer.


Respirando tu aire,
soñando tus sueños
y quiero que sepas
que tú estás en ellos,
que eres la culpable
de todos mis desvelos,
quiero que comprendas
que tú eres mi anhelo…

Cuatro años exactamente habían pasado desde que Edward me había confesado su amor por mí. Ahora vivíamos en Chicago, ya que habíamos tenido que mudarnos al terminar la preparatoria. Edward estaba estudiando una ingeniería, y yo Literatura, tuvimos suerte de poder continuar juntos a pesar de seguir ideales distintos.

Después de muchas charlas con mi padre, por fin habíamos logrado persuadirlo para que nos dejara vivir juntos. No es que las amenazas de Charlie nos fueran a detener, pero yo quería estar bien con él, así que terminamos convenciéndolo, aunque no se mostró tan contento.

Mi madre nos visitaba siempre que podía, al igual que la familia de Edward; extrañaba mucho a Alice, pero hablábamos cada fin de semana, ella siempre me contaba de sus aventuras, ya que trabajaba como reportera para una revista. Por fin había cumplido su sueño de estar en todas las pasarelas de moda. De vez en cuando llegaba con unas cuantas prendas para mí.

En resumen, todo iba de maravilla, Edward y yo teníamos algunas discusiones de vez en cuando, pero eso era normal en cualquier pareja. La mayor parte del tiempo, él me trataba como a una reina, y me hacía sentir tan feliz que no podía evitar sonreír como tonta cada vez que lo miraba.

Cierto día, regresaba de la escuela más tarde de lo normal. Eran los últimos días, la graduación estaba a la vuelta de la esquina, así que estaba algo atareada estudiando para los exámenes y con un trabajo de medio tiempo que acababa de conseguir.

Abrí la puerta de la casa, Edward aún no llegaba. Me senté en el sillón para descansar un momento, estaba exhausta. Revisé unos recibos que estaban sobre la mesita.

Nos las arreglábamos bien para pagar los gastos que teníamos. Por lo general, nos repartíamos los pagos, y este mes era mi turno.

Tomé un papel y comencé a sumar el monto a pagar para saber cuánto dinero podía gastar. No quería despilfarrarlo todo y después verme en aprietos. Al terminar, las cantidades finales no correspondían con las iniciales. Le di vuelta al papel y comencé nuevamente.

Escuché la puerta abrirse lentamente y entró Edward con aspecto misterioso.

-Hola. ¿Qué tal te fue hoy?-dijo sentándose junto a mí.

-Bien, pero estoy algo cansada. Y además no me salen bien las cuentas.-dije con frustración y aventé el papel y el lápiz en la mesa.

Edward los tomó y comenzó a reírse.

-¿Qué sucede? ¿De qué te ríes?-pregunté algo molesta.

Él me abrazó y me recostó en su pecho. Puso el papel frente a mí.

-¿Cómo esperas que te salgan bien las cuentas, si ni siquiera acomodas bien los números al sumarlos? Pusiste las decenas debajo de las centenas, por eso te salió todo mal.

Yo me quedé muy seria. Tenía razón. La próxima vez mejor usaría una calculadora.

-¿Y ese es motivo de risa?

-No te enfades.- dijo y me dio un beso en la mejilla.- No importa el tiempo que pase, nunca serás buena con los números.

-De no ser así, no estaríamos juntos ahora.

-Tienes razón. –susurró mientras acariciaba mi cabello.

Me quedé muy quieta disfrutando de sus caricias. De pronto solté un bostezo.

-Creo que es hora de dormir, mañana me levantaré muy temprano.

-Espera, Bella.-dijo Edward deteniéndome.- Tengo algo que decirte.

-¿No puedes decírmelo mañana? En verdad estoy cansada. –repliqué.

-No, tiene que ser hoy.

-Edward, cualquier cosa puede esperar hasta mañana. Buenas noches. –susurré soltando otro bostezo y subí las escaleras rumbo a mi habitación.

Él me tomó del brazo y me jaló hacia abajo nuevamente. No estaba de muy buen humor para sus bromas.

-Edward…-comencé a replicar pero él ya me arrastraba hacia la sala de nuevo.

-No tardaré más que unos cuantos minutos, lo prometo. Después te podrás ir a dormir.

-Está bien.-dije finalmente, tirándome en el sillón. Esperaba que fuera algo que realmente valiera la pena. Mañana iría como zombi a la facultad y todo por culpa de él.

Edward subió hasta nuestra habitación y yo solté un suspiro mientras lo esperaba. Parecía que estaba buscando algo, por que escuché ruidos de cajones abriéndose y cerrándose.

Al fin bajó muy deprisa, tanto que hasta tropezó con la mesita que estaba frente al sillón. Su comportamiento me pareció sumamente extraño, pero no mencioné nada.

-¿Bella?-exclamó. Quería parecer serio, pero estaba emocionado. Con el tiempo había aprendido a identificar sus gestos.

-¿Si?

-Tú sabes lo que significas para mi, ¿cierto?

-Eso creo.-respondí, algo confundida. No veía por donde iba en asunto.

-Bella, quiero que sepas que tú eres mi vida entera; desde que estamos juntos, me paso los días enteros pensando en el amor que corre por mis venas. Tú iluminaste mis días, y le has dado una esperanza a mi vida. La sensación que recorre mi cuerpo cada vez que me miras… es como si el tiempo se congelara, y cada vez que me besas me robas el aliento. Tu eres la mujer más hermosa, te amo demasiado y quiero llevarte conmigo hasta las estrellas.-hizo una pausa para arrodillarse frente a mi.- ¿Quieres casarte conmigo?

Había escuchado cada una de las palabras que él había dicho, y me estaba costando un gran trabajo contener las lágrimas. Sabía que él me quería muchísimo, pero no me lo decía con frecuencia, y mucho menos de esa forma. Me quedé congelada sin saber que decir. Pasaron unos segundos y Edward me miró con preocupación. Tenía que decir algo ya, de lo contrario él pensaría que yo iba a rechazar su propuesta.

-¿Sabes? Pase un buen tiempo buscando a un chico que me quisiera y… al fin encontré a alguien que vale la pena.-exclamé regalándole una sonrisa.-Siempre me pregunté cómo podría saber cuándo decir "si". Creía que iba a ser una decisión difícil pero… justo ahora lo que más deseo es estar entre tus brazos, y me encantaría pasar el resto de mi vida contigo.

-¿Eso es un sí?-preguntó emocionado, al tiempo que pasaba un dedo por mi mejilla limpiando una lágrima que se me había escapado.

Yo sólo asentí y él deslizó el anillo en mi dedo. Era hermoso. No pude contener el llanto por más tiempo. Edward me tomó entre sus brazos nuevamente y me besó con ternura y amor por un buen rato, haciendo que mi cabeza diera vueltas.

Me sentía tan feliz que me dieron ganas de ponerme a saltar por toda la casa. No podía esperar a ver la cara de Alice cuando se lo contara, seguro se pondría como loca. En esos momentos, no cabía en mí de emoción. Una parte muy pequeña de mi mente aun se preguntaba si no estaría soñando. Me di un pellizco discretamente para asegurarme de que realmente estaba viviendo ese momento.

Comencé a reír de la nada cuando por fin me convencí de que estaba despierta. Edward me miró como preguntándose si no me habría vuelo loca.

-¿Cuánto tiempo estuviste planeando tu discurso?-pregunté con curiosidad.

-Casi tres meses. –confesó. Sus mejillas se sonrojaron levemente y no pude evitar acercar mis labios a los suyos de nuevo. Esta vez no fue un beso tierno, sino cargado de pasión. Las manos de Edward se deslizaron por mi cuerpo y sus labios se dirigieron hacia mi cuello. Sentí su mano acariciar mi pierna y solté un gemido. Tomé su cabeza entre mis manos para poder besarlo nuevamente. Luego de unos segundos me alejé un poco sólo para susurrarle:

-Me parece que es tiempo de ir a la cama.

-Estoy de acuerdo contigo.-murmuró.

Me tomó por la cintura y yo envolví su cadera con mis piernas. Besé su cuello mientras subía las escaleras llevándome hasta nuestra habitación. (N/A: Ya saben lo que sigue ¿verdad?)

De sobra está decir que al día siguiente me levanté tardísimo y, por supuesto, llegué con aspecto de zombi tanto a la escuela como al trabajo…


Hola chicas! ¿Qué tal estuvo? ¿No les gustaría un hombre así? Que suertuda es Bella ¿no?

Ojala les haya gustado y no se sientan decepcionadas. Ahora si es el final-final :( Espero que me dejen sus comentarios, que siempre logran sacarme una sonrisa! Gracias x leer, las quiero!