N.A: Otra de mis ideas locas… es un H/G por todos lados (desde el punto de vista de Ginny, cabe decir). Van a haber trazas de R/Hr y L/N además así que yo aviso. Aviso: quiero seguir en todo lo posible el canon pero voy a cambiar cosas (a veces serán detalles ínfimos o escenas que a mi juicio fueron olvidadas, pero otras serán cosas más notables: por ejemplo me niego a matar a Remus y a Tonks) Muchas gracias por leer la historia, y como siempre: cualquier cosa que me quieran comentar(especialmente en este fic porque lo estoy improvisando un poco, así que si tienen alguna idea que me quieran comentar) R&R

Disclaimer: Los personajes son de JK ROWLING, yo solo los uso un ratito por diversión.

De flores encantadas por caballeros sin armadura.

Desde mi esquinado asiento no puedo dejar de notar como la preocupación invade a todos y cada uno de los magos y brujas aquí presentes, mamá parece estar especialmente afectada y es que supongo que no es así como ella esperaba que terminara el día más feliz de uno de sus siete hijos. Después de todo, lleva todo el verano soñando con la boda por lo cual esto debe parecerle una broma cruel. Aunque de broma no tenga nada, ya que nadie se ríe ni siquiera Fred y George. Y eso que no dejaron de reírse ni cuando este último perdió su oreja.

Levanto la cabeza con lentitud intentando cambiar a otros pensamientos menos deprimentes que la mutilación de mi hermano mayor y lo primero que noto son los ojos de Remus mirándome fijamente con preocupación. Seguramente se dio cuenta de lo que pasaba entre Harry y yo. Bueno, la verdad es que no es que fuera demasiado difícil darse cuenta de ello, después de todo llevamos un verano esquivándonos de la forma más educada posible, pero desearía que no me mirara así. Hace que me sienta peor. Estoy tan sumergida en mis propios pensamientos que no me doy cuenta de que ahora no solo me está mirando Lupin sino toda la Orden al completo. ¡Genial! pienso para mí misma mientras intento parecer interesada en lo que mi madre está diciendo.

"…irse así sin decir nada no es propio de ellos. Hija, ¿a ti no te contaron nada?"-me pregunta mirándome fijamente a los ojos.

Y yo no sé qué decirle. Oficialmente yo no sé nada pero después de todo este tiempo compartido con ellos sé que Harry está intentando destruir a Voldemort y que no va a ceder hasta que eso ocurra, hasta que lo destruya. La otra posibilidad duele demasiado para siquiera tratar de imaginarla. Así que no vale la pena mencionarla. Harry va a volver, estoy segura. Y cuando eso ocurra, le echaré tantas maldiciones que deseará tener al cara-serpiente enfrente suyo. Y luego le besaré tanto que deseará que el resto del mundo desaparezca a nuestro alrededor mientras…

-¡Ginny!-exclama mi madre alarmada ante mi evidente evasión a otra realidad, mucho más bonita y mucho menos dolorosa que esta. Aunque claro está, eso ella no lo sabe.

¡Mierda! ¿Y ahora que le digo? Respiro y contestó con el mejor tono de inocencia que puedo improvisar que no sé nada, que ellos nunca me cuentan nada, que solo soy la hermanita pequeña de Ron. Es increíble lo que me acaba de doler decir eso, pero lo peor es que mi madre lo cree. Asiente con la cabeza como si esa última frase tuviera todo el sentido del mundo. Y no solo es ella, a lo largo de la mesa todos se muestran satisfechos con mi explicación. Miró a mi alrededor y observo que hay tres personas en esta sala que no se lo han tragado. Mi padre, Tonks y Lupin. Lo de los dos últimos me lo esperaba pero lo de papá es toda una sorpresa. Como diría Harry, los Weasleys siempre sorprendemos. No debería pensar en él ahora mismo, no con toda la Orden a mi alrededor mientras Lupin me mira como si fuera a echarme a llorar en cualquier momento, cosa que me niego a hacer.

La reunión se disuelve y yo intento escabullirme a mi habitación sin que nadie se dé cuenta pero Remus y Tonks me llaman desde el pie de la escalera. Sabiendo que esos dos no van a ceder hasta que no hayan hablado conmigo, opto por indicarles por señas que me sigan. Total, si esto va a acabar mal de todas formas, mejor que sea en privado y no delante de mis hermanos. Notó como me siguen en silencio y yo solo les miro al cerrar la puerta. Sin embargo, ninguno de nosotros llega a decir nada pues de repente suena un gran estruendo en la habitación. Al girarme veo las imágenes de Ron y Hermione proyectadas en la pared cantándome el cumpleaños feliz.

De repente, algo se enciende en mi mente y capto el verdadero significado de la expresión "brillar por su ausencia". En esa imagen solo hay dos personas cantando pero hay otra presencia, no física pero aun así perceptible… Harry no está ahí con sus amigos pero es el que destaca más. Con toda probabilidad la idea fue de él, y con toda probabilidad también, es él el que estuvo sosteniendo la cámara de diveo mientras los otros cantaban.

¡Muy bien, Potter! Si no te mata Voldy te mato yo. Al ver los rostros de Tonks y Remus mirándome como si duraran de mi salud mental caigo en la cuenta de que lo dije en voz alta. ¡Bien, Ginevra! Acaban de confirmar que estás pirada. A este ritmo, la próxima semana estarás en San Mungo, o peor aún, buscando torposoplos con Luna.

Leo la tarjeta que aparece encima de sus regalos. Es sencilla y colorida pero le falta un no sé qué. En ella, mi hermano y Hermione se disculpan por perderse mi cumpleaños, por tener que adelantarme sus regalos dos semanas y me instan a que disfrute de Hogwarts. Doy un largo suspiro al leerla, pues puedo ver los detalles que se esconden tras ella.

Sin duda alguna está escrita por Ron, con su caligrafía desordenada e inestable mientras que las palabras educadas y sentidas y la redacción casi perfecta son obra de Hermione, río al imaginar a Hermione dictándole a Ron el mensaje de la tarjeta, al igual que hace con los deberes. Sin embargo, una pequeña frase, casi al final de la tarjeta "Se muy feliz, te lo mereces" lleva mi mente hacia Harry nuevamente.

Intento distraerme abriendo los regalos de mis amigos. No puedo evitar reírme al compararlos. Sin quererlo, ambos me han regalado lo mismo que el otro me hubiera regalado cualquier otro año, y lo que es aún más gracioso, dos regalos completamente opuestos que Harry probablemente nunca ha llegado a mirar. Porque si lo hubiera hecho no me los habrían entregado.

De parte de Ron un libro de hechizos con el que alejar a pretendientes indeseados y de parte de Hermione un collage con fotos nuestras. Cuando digo nuestras, digo mías con Harry, pero disimuladas para que Ron no se diera cuenta. Pero mis dos invitados no son tan lentos como mi hermano así que probablemente sí que se hayan dado cuenta, y ahora me toca a mi enfrentarlos y decirles que todo está bien, que voy a seguir adelante. Cuando me dispongo finalmente a hacerlo, veo una enorme luz cegadora que inunda mi habitación. Doy un largo suspiro intentando no jalarme de los pelos mientras maldigo (tanto interior como exteriormente) al trío de oro.

Sin embargo, cuando me fijo veo que toda la luz se ha concentrado únicamente en un punto muy concreto de la habitación: junto a la ventana donde Harry y yo nos besamos ayer. Se me llenan los ojos de lágrimas al ver como se materializa exactamente a la altura de mis labios una flor, con apariencia muy exótica de un color verde esmeralda intenso, casi tanto como los ojos de Harry.

Oigo dos suspiros ahogados tras de mí, pero yo solo tengo ojos para la flor, que sigue flotando frente a mí como esperando a que me atreva a tocarla. Pero no sé si soy capaz de eso, pues es bastante probable que sea como Harry, un mero espejismo que desaparecerá de mi vista al menor descuido. Al final predomina mi alma de Gryffindor suicida y la toco con suavidad con miedo a destruirla con mi roce. Es suave, casi tanto como la piel de Harry pero al mismo tiempo resistente, como su alma.

Coloco la flor en mi escritorio y entonces lo veo, un simple trozo de pergamino que hace cuatro horas no estaba aquí. Solo hay dos palabras escritas en él.

Me giro hacia Lupin, quien debe saber lo que significan esas palabras porque las mira como si fueran sagradas, sin ver nada más y con una sonrisa muy leve en el rostro. A su lado, Tonks parece tan perdida como yo, lo cual no hace que me sienta mucho mejor.

Al final Remus traga saliva y contesta a la pregunta que ninguna de las dos hemos formulado con mucha calma, como si no supiera exactamente que decir.

-Se trata de… magia antigua, muy antigua y blanca. Es un hechizo espejo asombrosamente realizado, me atrevería a decir.

-¿Hechizo espejo?-preguntó en voz alta mientras intento imaginar que puede ser.

-Es un hechizo que permite… saber… cómo está una persona. En... cada momento.