Disclaimer: Twilight no me pertenece, es totalmente de Stephenie Meyer


~Sueños rotos.

Epilogo: Esta es mi vida.

Primera parte: Luna de miel.

La oscuridad comenzaba a ser hartante, la estúpida venda oscura cubría mis ojos, gemí por decima vez desde que subí al auto...

–Ya casi Bella –dijo Edward.

– ¡Por favor! Déjame ver solo un poquito… –rogué.

–No lo hare.

Estábamos en el Volvo, había subido a él cuando desperté después de una perfecta noche de dormir (un poco) al lado de mi esposo… y ahora seguía nuestra maravillosa luna de miel.

Pero no tenía ni idea de a dónde íbamos en esos momentos por la tonta idea de Edward de cubrir mis ojos.

–Edward –gemí.

–No, amor, por favor…

Cruce las manos sobre mi pecho, estaba aburriéndome pero nada hacía que Edward flaqueara un poco y me dijera nuestro destino.

Entonces, nuestro bebe me dio una gran excusa.

– ¡Edward! –Grite– ¡Detente!

Cubrí mi boca con mis manos y Edward freno de pronto.

– ¡¿Qué sucede?!

Palpe la puerta buscando la manija, escuche la puerta de Edward cerrarse y la mía se abrió segundos después, salte hacia afuera y corrí, los brazos de Edward me detuvieron.

–Bella, detente, puedes vomitar aquí.

Gruñí.

–Se supone que tu deberías quedarte en el auto y yo podría echar un vistazo –gemí.

–No volveré a caer en tus trampas –gimió.

El piso se desvaneció y supe que Edward estaba cargándome.

– ¡Bájame! –grite.

–Sabía que tú no harías esto simple.

Sentí el asiento debajo de mí y el cinturón rodear mi pecho, Edward cerró la puerta y subió de nuevo al auto.

–Eres cruel –susurre.

Escuche a Edward reír y me recargue en el asiento refunfuñando.

Después de aplicarle un poco la ley del hielo a mi marido me decidí por descansar unos segundos, o minutos, y lo logre… pero luego sentí los brazos de Edward debajo de mi cuerpo, el caminaba y nos acercábamos a un lugar fresco…

No tenía ni idea de donde estábamos.

Edward se detuvo en un porche, saco unas llaves de su bolsillo y la metió en una cerradura, esta chasqueo y la puerta se abrió con un rechinido.

–Se que estas despierta –anuncio.

Apreté más los parpados y fingí roncar.

–Dios, creí que había despertado, sus ronquidos lo desmienten.

Trate de golpear su hombro y golpee el aire.

–Yo no ronco, Cullen.

–Si roncas a veces Cullen, pero si no fuera así me alarmaría tu sueño tan profundo.

Sonreí, ahora ambos éramos Cullen.

Cruzamos la puerta, totalmente al estilo novia.

– ¿La novia no tiene que ver cuando entran por la puerta? –pregunte.

–No lo sé, Bella, es mi primer boda.

–Ah, pues en mi anterior boda si pude ver cuando entre a la habitación –bromee.

–Lo lamento, esta boda no es como ninguna otra –casi escuche la sonrisa en su tono de voz.

Edward me bajo lentamente.

–Bien, ahora comienza nuestra luna de miel –dijo y comenzó a desatar la venda de mis ojos.

Mis ojos tardaron en enfocar el lugar mientras sus brazos rodeaban mi cintura y su mandíbula se recargaba en mi hombro.

Entonces logre ver la chimenea y el sofá oscuro en el centro de la sala, también la cocina, el pasillo, las habitaciones…

Sonreí, jamás creí que vendríamos aquí pero lo agradecía, amaba esta cabaña.

– ¿Sorprendida? –pregunto.

–Demasiado –reí y me gire para verlo a los ojos.

Edward me dio un pequeño beso en los labios y sonrió.

–Me gusta este lugar y rogué porque también te gustara a ti –explico.

– ¡Me encanta, Edward!

– ¿Mi recompensa? –susurro soltándome, sus ojos se cerraron y espero.

Reí y corrí hacia la habitación blanca, llegue hasta la cama con sabanas de seda y me subí a ella.

– ¡Edward, me encanta este lugar! –grite.

Comencé a saltar sobre la cama y Edward cruzo el umbral de la puerta, me miro con los ojos abiertos como platos.

– ¡¿Qué haces?! –pregunto.

– ¡Te amo! Eres el mejor solo tú podrías haberme traído aquí. Te amo, te amo –grite.

El corrió hacia mí, sus brazos rodearon mi cintura y él me acerco a su cuerpo.

–Puedes caer –me advirtió.

–Pero tú estarás ahí para sostenerme –le recordé.

–Siempre –aseguro.

Rodee su cuello con mis brazos y lo bese, Edward respondió el beso con intensidad.

–Te amo –susurre.

Edward sonrió antes de comenzar a desabrochar el vestido azul que Alice me había dado, la suave tela se deslizo por mis hombros dejándome solamente en ropa interior.

Sus brazos rodearon mi cintura acercándome a él de nuevo y mis manos comenzaron a desabrochar su camisa, la lance lejos y comencé a desabrochar su pantalón.

– ¿Así comenzaran nuestras vacaciones? –musito contra mis labios.

Reí.

–Aja, ¿Piensas en algo mejor?

–No creo que pueda haber algo mejor –susurro.

–Edward –gemí y mis brazos se envolvieron en su cuello, lo atraje a mí y lo bese de nuevo.

Edward respondió al beso con fuerza, el calor era apremiante y sus manos hacían formas por mi piel dejándome la piel de gallina.

Caímos sobre la cama, las frías sabanas tocaron mi espalda desnuda, me estremecí y sentí el cuerpo de Edward presionar el mío contra el colchón.

Y me prepare para comenzar a disfrutar mi luna de miel.

Segunda parte: Hogar, dulce hogar.

Abrí la enorme puerta sonriendo, Edward estaba detrás de mí con las maletas, asentí antes de tratar de dar un paso hacia el frente y que sus brazos me lo impidieran.

–Esta es oficialmente nuestra casa, no me impedirás ayudarte a entrar.

– ¡Edward! Te acercas y tratas de levantarme y romperás tu espalda.

Reí y Edward me abrazo, el bebe concordó conmigo removiéndose en mi vientre.

–Eddie dice que no te acerques.

– ¿Y qué dice mi pequeña pateadora? –pregunto.

Rodé los ojos.

–Nada, ahora Eddie es el pateador.

El piso se desvaneció debajo de mí, grite.

– ¡Edward, caerás!

–Claro que podre, Bella –sonrió.

Si, acabábamos de llegar a casa, nuestra casa en Forks… Edward había conseguido trabajar como doctor en el hospital de Forks y habíamos encontrado una casa decente, claro, Charlie, Esme y Carlisle no lo sabían aun.

Bien, nuestros padres (y familia) no sabían demasiadas cosas.

Después de cruzar la puerta y obligar a Edward a bajarme comencé a recorrer la casa tomando su mano.

La casa estaba en su mayoría vacía, era antigua y sus paredes eran de colores claros.

Hasta ahora no teníamos demasiados muebles, solo la sala, una mesa y la cama, pero… esos eran los que más me interesaban.

Dios, si, era una pervertida total.

Pero eso era parte de estar embarazada ¿No? Las hormonas y los cambios de humor y para mi felicidad ya no había más vómitos. Si, era feliz sin vomitar mi desayuno.

Y lo mejor sucedió el día que volvimos de nuestra maravillosa luna de miel y tuve mi primera ecografía.

Si, después de tener el extraño gel en mi vientre y de tener la pantalla frente a mí… pude escuchar los latidos de mí bebe, fue el momento más emocionante de mi vida.

Esperamos en la sala de espera, ambos completamente nerviosos, bueno, Edward al menos lo disimulaba.

Después de que la enfermera me llamara tuve que firmar un documento y minutos después ya estaba en la camilla.

Nerviosa, feliz, desesperada y alegre en exceso.

Si, era extraño pero comenzaba a acostumbrarme a las muchas emociones que mi cuerpo podía contener.

Quería saber que era lo que se veía, ¿Cómo era mi bebe? Tenía aproximadamente quince semanas de embarazo, si, mi vientre se veía un poco.

Después el doctor me puso el frio gel en el vientre y comenzó a presionar esa cosa extraña conectada al aparato.

Unas imágenes comenzaron a aparecer en la pantalla frente a nosotros, se movían con rapidez, me quede helada observando.

Ahí está el bebe –dijo el doctor.

Sonreí, Dios, era difícil distinguir algo pero el doctor comenzó a mostrarnos cuales eran las partes de su cuerpo.

Entonces escuche un ruido extraño y cadencioso, exhale todo el aire de mis pulmones.

¿Es su corazón? –pregunte.

En efecto. Son los latidos del corazón del bebe, Isabella.

Sonreí y Edward beso mi cabeza, el bebe estaba bien, estaba más que bien.

Bien, creo que eso es todo… wow –dijo el doctor.

¿Qué sucede? –pregunte.

Increíble –musito.

El doctor pasó el aparato por mi vientre, un poco más abajo y sonrió.

No es posible… –susurro Edward.

Comencé a preocuparme, no entendía nada y mi corazón se acelero.

¡¿Qué sucede?! –chille.

Una buena noticia Isabella, Edward.

Edward comenzó a reír y sus brazos rodearon mi cuerpo de nuevo.

Son dos bebes. Gemelos –sonrió Edward.

Gemelos. Gemelos, dos bebes.

Dos bebes.

Dos Edwards.

Según Edward dos niñas pero habíamos quedado en empate, claro, yo sabía que una niña no podía ser pateadora, no. Tenía un Edward y un Anthony conmigo.

Aun no había pensado demasiados nombres, pero que se llamara Edward era seguro.

Anthony era un hombre que me gustaba aunque también había pensado en William, Seth, Peter o tal vez Charlie…

Si, Charlie, porque mi padre había sido bueno y merecía un poco de reconocimiento.

Pero también había otras posibilidades, como que Alice y Edward no se equivocaran y yo… tuviera una niña en camino.

Una niña…

La imagen de una pequeña bebe en mis brazos apareció, mi imaginación estaba muy activa.

Había pensado en llamarla Renee… o Esme, o Renee Esme… aun no lo decidía, era solo por si acaso una niña llegaba.

Edward rio y parpadee, el estaba sentado en la mesa con unos sándwiches en ella.

– ¿Qué? –pregunte.

–Creo que he estado hablando solo, creí que te había puesto a pensar pero no es así, no me escuchaste.

Me ruborice y Edward rio de nuevo, camine hasta el tambaleándome y me senté en una de las sillas.

–Pues solo porque te burlaste de mi, te seguiré ignorando.

Edward se puso de pie y se acerco, me gire y comencé a comerme mi sándwich.

–Por favor amor… –rogo, sus manos rodearon mi vientre abultado y las dejo sobre este.

Si, ahora estaba más abultado y me encantaba y a veces molestaba.

A Edward le resultaba difícil abrazarme de frente, a veces era gracioso, otras no.

–Bien, te perdono.

El sonrió.

–Solamente porque tus sándwiches saben deliciosos.

–Gracias… supongo.

–De nada… supongo –conteste.

Su aliento golpeo mi cuello cuando comenzó a reír.

–Necesitamos un refrigerador –musite–, cuando vayas a trabajar querré mas de estos sándwiches.

–Te los dejare, Bella. Emmett dijo que nos regalara una televisión.

– ¿Por qué? –ya teníamos una.

–Dijo que solo quiere un sobrinito por ahora.

–Diablos, entonces no querrá a uno de los bebes.

–Claro que los querrá, y si no le partiré la cara –amenazó.

– ¿Ese es tu espíritu de papa-oso?

–Si, en parte, haría todo por mis niños.

Reí.

– ¡Lo admitiste! Son niños.

–No, dije niños: un niño y una niña.

–Dios, harás todo por tu niña ¿Cierto?

–Aja –asintió.

–Eso me lo confirma todo, eres hermano de Alice Cullen.

–Y ahora tú eres su hermana postiza, así que no te quejes.

Suspire.

–Hablando de hermanos postizas, ¿Cuándo iremos a verlos?

Edward se acerco un poco a mi cuello, sus labios acariciaron mi hombro y suspiro.

–Se supone que oficialmente llegamos mañana, ellos creerán que nos quedaremos en un hotel pero los traeremos aquí.

Asentí.

–Y luego les decimos que serán tíos y abuelos por dos –sonreí cuando Edward termino de hablar.

–Y después trataremos de revivir a todos, pues les dará un infarto si se los dices así como así –dije.

–Son fuertes, podrán superarlo.

–Menos mal que ahora tú no tienes que superar que Charlie te dispare.

–Claro que no, tu padre y yo nos comprendemos.

Recordé esa vez que Alice decidió dejarlos 'solos' para que se comenzaran a llevar un poco mejor. Edward estaba frente a Charlie cuando me fui junto a Alice y cuando volví ambos estaban en el mismo lugar, no se habían movido ni nada, me vieron y saltaron hacia mí, ansiosos.

–Claro que si –sonreí.

–Bien, entonces está decidido, pasaremos el fin de semana con la familia y luego comenzare a trabajar.

–Te extrañare –suspire.

–Lo sé, yo también te extrañare amor.

–Supongo que es lo mejor, si aun estuviéramos en Los Ángeles o en New Hampshire tu hospital estaría demasiado lejos, así que el hecho de que el hospital este cerca debe ser bueno, ¿No?

–Si, lo es.

Asentí, era bueno, tener cerca a Edward y a la familia, pero de verdad deseaba verlos.

– ¿Y que si les decimos que nuestro vuelo se adelanto? –pregunte.

–Nada, podemos ir ahora si tú quieres –aseguro.

Asentí mirándolo, pero luego me lo pensé mejor.

– ¿Y que si… nos quedamos aquí y disfrutamos del tiempo que nos queda a solas? –pregunte mirándolo con una sonrisa.

–Eso ni siquiera se pregunta –susurro antes de besarme.

Bueno, en parte todo eso de las hormonas me gustaba, la parte en la que Edward estaba conmigo y evitaba mis ataques de emociones, así que no lo dejaba alejarse nunca.

Al día siguiente, estaba sentada en uno de los sofás, esperando.

Me había duchado, cambiado y arreglado para ir a la casa de los Cullen, si, ahí estarían Alice, Esme y Carlisle, después de llamar a Emmett y a Rose ellos también estarían ahí, y estaba segura de que Charlie también.

Sí, porque Alice había conseguido que Charlie viajara a Forks… pues mi padre deseaba ver a Sue.

Sue Clearwater, una mujer de cabello oscuro y piel cobriza que mi padre conoció en la cabaña las vacaciones en que estuvimos en las cabañas.

Ella era linda y me agradaba un poco que Charlie se interesara por alguien después de tantos años, además Sue era agradable.

Así que solo faltábamos nosotros ahí.

Edward bajo las escaleras con un pantalón de mezclilla y una camisa negra, sonreí.

– ¿De verdad crees que vistiéndote así querré salir de este lugar? –lo regañe.

–No, pero sé que lo harás, porque de verdad quieres ver a Alice.

Gemí.

–Ah, eres cruel, ¿Por qué me haces esto? Quiero a Alice pero no es para tanto como para… –Edward se acerco, sonrió de lado y me miro por entre sus pestañas– ¡Ah! ¡Camina, camina!

Me puse de pie y camine hacia la puerta, Edward rio aun en la sala y salí a la calle, el vecindario era lindo, había pocas personas en algunas casas y otras vacías, el frio de Forks recorrió la piel de mis mejillas y apreté aun más el abrigo a mi alrededor.

Los arboles verdes se alzaban alrededor de nosotros, incluso el cielo azul parecía más brillante aun nublado, sus hojas y el oscuro cielo aun a pesar de ser temprano daban a todo un aspecto mítico y único, algo que no había en las ciudades.

Un planeta alienígena –recordé mi pensamiento del día que llegue a Forks.

– ¿Por qué alienígena? –pregunto Edward, cerrando la puerta de madera.

Me ruborice, si, pese a que hace tiempo llegue a pensar que algún día dejaría de hacerlo por el simple hecho de que Edward me mirara, pero al parecer no sería así.

–Ah, es demasiado verde, admítelo, cuando llegue de Los Ángeles me pareció extraño no ver alambradas y detectores de metales y patrullas por doquier, es demasiado extraño para una persona urbanizada.

–Supongo que te molestaba… –susurro.

–No, me fascinaba; era algo diferente, algo que nunca había conocido antes y que de una extraña manera me atraía… –mire sus ojos dorados un segundo y mi rubor aumento–, si, ese es Forks.

Me tambalee hasta el auto, pero al menos había respondido a una de las preguntas de mi mente.

No, nunca dejaría de ruborizarme cuando los ojos de Edward se toparan con los míos, era difícil aun acostumbrarse a esa… intensidad.

Edward entro al auto, aun viéndome… raro.

–Conduce, por favor –rogué.

–De acuerdo –asintió encendiendo el auto y comenzando a conducir.

– ¿Cuál es la explicación de que el Volvo este aquí? –pregunte.

El se tenso.

Mierda –susurro.

Reí.

– ¡Lo olvidaste!

–Si, lo olvide, pero no lo notaran, podemos… decir que lo trajeron.

– ¿Y que si nos preguntan por qué no lo trajimos nosotros?

–Porque te mareas por todo, Bella, tu estas embarazada –me recordó.

– ¡Oh, eso explica esta panza! –señale mi vientre abultado.

–Si, lamento decírtelo hasta ahora –bromeo.

–Ha, creo que ahora estas un poco… alegre.

–Iremos a casa –sonrió–, claro que estoy feliz. Además llevamos buenas noticias.

–Muy buenas –reí–, ah ¡Quiero verlos cuando se enteren!

–Creo que Alice se quedará sin dinero –musito.

– ¿Por qué? –pregunte.

Edward se tenso de nuevo, miro hacia el frente.

– ¿Recuerdas las apuestas de Alice…? –dejo la frase inconclusa.

¡Dios! ¡No!

–No te atrevas a decirme que aposto algo acerca de mis bebes, ¿De acuerdo?

–Conoces a Alice y a Emmett, si hay algo que apostar lo harán Bella.

– ¿Qué hizo tu hermana? –sisee.

–Aposto que será una niña, Emmett que será un niño.

Asentí, al menos Emmett me apoyaba.

–Luego… Carlisle y Esme se unieron.

Jadee.

–Y… Esme cree que tendrás un niño y Carlisle que una niña.

– ¿Y Rosalie?

–Que será una niña.

– ¿Y Jasper?

–Niño.

–Dios, ustedes exageran –gemí.

–Y tu padre cree que será una niña –sonrió.

– ¡Mi padre! –Chille– ¡Mi padre me traiciona por la espalda! –dramatice.

Edward rio.

–Lo sé, pero creo que ahora replantearan las apuestas –se encogió de hombros.

–Me las pagaran –gruñí.

–Bella, por favor amor, sabes que lo hacen para distraerse y, en el caso de Alice, para quitarle a Emmett su dinero.

Suspire y mire hacia el camino, debería enfadarme pero sabía que Alice había comenzado esto, y que era su culpa, pero así era Alice, no podía cambiarla porque así la quería.

De entre los arboles salió la enorme casa de los Cullen, sonreí.

–Si, bien, luego golpeare a Alice por eso y a Emmett por aceptar pero de verdad los he extrañado mucho.

Edward sonrió, estaciono el auto y me miro.

–Gracias –susurro–, ahora actuemos.

–Acción –sonreí.

Abrí la puerta del Volvo y baje de él torpemente, Edward llego hasta mí y me ayudo, la puerta de la casa se abrió y Alice corrió hacia nosotros.

– ¡Bells! ¡Ed!

–Alice –la salude, sus brazos rodearon mis hombros, luego mi cintura, después mi brazo y se dio por vencida.

–No podrás, Edward tampoco lo logra –reí.

El oído de Alice se pego a mi vientre, Edward rio y vi a Esme, Carlisle y Emmett salir de la casa.

–Claro, ahora sí que te escucha el bebe, Alice –murmure.

–Hola bebe, ah, ¿Cómo esta mi sobrinita? Aww, ¿On ta bebe? –sonrió.

Edward escondió sus carcajadas con una tos, yo solamente vi a Alice hablando raro.

–Oh, espera, escucho al bebe –dije–, dice: 'mamá, ¿Por qué mi tía Alice habla como retrasada?' No lo se bebe, así es Alice.

Alice me frunció el ceño.

–Pues no, mi sobrinita jamás me diría retrasada, así que no te creo Bella.

–Edward, Bella –sonrió Esme, abrazo a Edward y luego trato de abrazarme a mí también.

–Dios, Bella, que linda te ves, oh, ¿Cómo esta mi nieto?

Le sonreí.

–Bien, Esme, más pateador que nunca.

–Mi hija está bien mamá –dijo Edward, sonriendo.

Esme rodo los ojos, Jasper me sonrió y Carlisle me dio un abrazo pequeño, Rosalie me abrazo, fue extraño pero lo hizo.

–Rose –sonreí.

–Bella, ¿Cómo has estado?

–Bien, ¿Ustedes?

–Perfectos –sonrió y puso su mano sobre mi vientre.

– ¡Bella! –grito Emmett.

Sonreí y él se abalanzo para abrazarme, luego me miro de nuevo y movió los brazos, rodeo mi cuello despacio, como si pudiese romperme y beso mi cabeza.

–Bella y mini Edward –sonrió y abrazo a Rose, ella aun tocaba mi vientre, esperando.

– ¡Juguemos a buscar al bebe! –dijo Alice, entonces ella y Rose comenzaron a buscarlo por mi vientre, sonreí y toque el lugar en el que siempre se ponía mi pateador, al lado izquierdo, espere y el dio una patadita, sonreí y les dije donde debían hacerlo.

– ¡Ah! ¡Me pateo! –dijo Alice, sonriendo.

–Yo sé porque –dijo Emmett, Alice lo fulmino con la mirada y Esme y Carlisle sonrieron, estuvimos unos minutos afuera de la casa y después entramos, Charlie aun no estaba por ahí así que esperaríamos para darles las noticias.

Esme había preparado ensalada y comí un poco, si porque esa mañana solo había desayunado cereal, así que devore dos platos.

Ah, me sentí culpable pero en fin, comía por tres personas, era comprensible, ¿No?

Esme y Carlisle conversaron acerca del nacimiento del bebe, Edward sonrió y rodo los ojos, teníamos que haberlos corregido, nacimiento de los bebes, pero eso sería luego, si, escuche en partes y me avergoncé de estar durmiéndome en la mesa pero era… culpa de Edward, por no dejarme dormir.

Oh, sí, fue tan cruel…

Después nos movimos a la sala, para conversar, suspire sentada en el sofá blanco junto a Edward, el acariciaba mi hombro y yo los observaba conversar, a mi familia.

Si, una familia extraña; unos suegros demasiado jóvenes y guapos como para ser reales, pero esos eran Carlisle y Esme, tan únicos y cariñosos como mis padres reales. Una hermana hiperactiva con un novio tranquilo y agradable, si, Jasper si que sabia soportar a Alice.

También estaban el hermano mayor y la novia casi súper modelo del hermano mayor, ambos increíblemente intimidantes pero dulces y sencillos por dentro, Emmett y Rosalie eran únicos.

Y el mejor de todos, mi maravilloso esposo el increíble y perfecto Edward Cullen, el chico que rodeaba mis hombros y me acercaba a el más aun, sonreí aun mas, al fin parecía encajar en un lugar, al lado de Edward, entre su gran familia y con sus hijos en mi vientre.

Hijos, hijo y tal vez una hija… si, tal vez…

– ¿Un centavo por tus pensamientos? –dijo Edward, sonriendo.

Me perdí un segundo en sus ojos dorados y luego me ruborice, mire alrededor y… se habían ido.

– ¿Cómo…?

–Se fueron hace un segundo, pero volverán, te lo aseguro.

Sonreí.

Edward se acerco y recargue mi cabeza en su hombro, el comenzó a acariciar mi cabello con lentitud, si, lo hacía de modo que no me sintiera un perro, lo hacía más… cariñoso.

Sonreí y lo mire.

El me devolvió la sonrisa y se acerco un poco, mire sus suaves labios y me acerque.

–Ejem –mi padre carraspeo, mirándonos con el ceño fruncido.

–Por favor, es mi esposo –hice un puchero.

–Por favor, soy tu padre.

Le fruncí el ceño, el si podía ser cariñoso con Sue, pero claro que yo no.

No le pondría a ninguno de mis hijos Charlie, ha, toma eso papá.

Suspire.

–Si, hola a ti también papá, te extrañe.

Charlie se acerco y me puse de pie con ayuda de Edward, los brazos de Charlie tomaron mis hombros y de pronto se detuvo, se alejo de mi vientre con cuidado y me abrazo de lado.

–Y yo te extrañe a ti, niña.

Me aleje y su mirada se cruzo con la de Edward por sobre mi hombro.

–Edward –dijo.

–Charlie –contesto Edward.

Silencio, incomodo para ellos, pero para mí no.

–Ahora ya estamos todos, ¿Cierto? –le pregunte a Edward.

–Sí, amor.

Charlie carraspeo de nuevo, trate de no reír.

– ¿Podemos decirles ahora?

–Si, podemos.

– ¿Decir qué? –gruño Charlie.

Tome su mano entre la mía, mi padre me miro enarcando una ceja y le sonreí tratando de calmarlo.

–Papá, por favor, espera a que lleguen los demás –rogué.

–Los traeré –dijo Edward, se acerco un poco hacia mí y luego se alejo de nuevo, lo detuve.

–Papá… –mire a Charlie, el enarco una ceja y suspiro, miro hacia otro lado.

Sonreí y bese los labios de Edward un segundo, el me devolvió la sonrisa y se alejo hacia la cocina.

–Eh… te ves muy bien –sonrió mi padre.

–Gracias, me siento bien.

–Y… muy… ah… embarazada –musito.

–Uh, creo que sí, engorde demasiado, ¡Mira esto! –señale mi vientre prominente, era demasiado grande, reí.

–Te ves hermosa hija –mi padre tomo mi mano y la descansó sobre mi vientre, suspire.

Bien, tal vez me pensara mejor lo de llamar Charlie a mi hijo…

–Gracias papá, tú te ves genial.

Sonreí, Charlie tenía un brillo especial en los ojos, uno único…

Si, uno de amor.

Reí, mi padre se ruborizo un poco y miro hacia la puerta, por donde la familia Cullen entraba sonriente y algunos de ellos interrogantes.

Comenzaron a acomodarse por la sala, Emmett se sentó junto a Rosalie en el sofá mediano, Alice, Jasper y Esme se sentaron en el blanco y Carlisle se sentó en el brazo del sofá junto a Esme.

–Saben que tenemos que darles una noticia –dijo Edward, mirándome fijamente.

– ¿Qué noticia? –pregunto Alice, confundida.

– ¿Qué sucede? –dijo Esme.

– ¿Qué hiciste? –le gruño Emmett a Edward.

El rodo los ojos y se acerco a mí, Charlie retrocedió hasta sentarse en el sofá pequeño, los únicos de pie ahora éramos Edward y yo.

Los mire a todos, mientras notaba como el rubor ascendía por mis mejillas al notar que todos nos miraban, si, no me gustaba tener su atención si no era necesaria.

Aquí si era necesaria.

–No hice nada, Emmett –dijo Edward.

–Nada malo –asegure.

Edward me miro, sonreí.

–Gracias por la ayuda –dijo.

–De nada.

–Hablen ahora o callen para siempre –dijo Alice, desesperada por ahora no saber de que hablábamos, si, ella no tenía las respuestas a todo, quise bailar por eso… pero ni podría hacerlo.

–Bueno… se trata del bebe –suspire.

Ellos se alarmaron, tal vez tanto misterio sería malo después de todo.

– ¿Qué sucede con él? –dijo Emmett, escuche susurros alarmados y los vi tensarse rápidamente, apreté la mano de Edward.

–Nada malo –aseguro.

–Entonces, díganlo –sonrió Esme, ella conservaba la calma aun.

Mire a Edward, el sonrió y yo le devolví la sonrisa, Emmett carraspeo, impaciente, rodé los ojos, tratando de gastar un poco el tiempo, para enfadar a Emmett.

– ¡Dios, Bella, habla! –chillo Alice.

La mire frunciendo el ceño, ella enarco una ceja.

–Bella… –susurro Charlie.

– ¡Papá! –exclame.

Charlie rodo los ojos y miro a Edward, me tense.

– ¿Qué sucede, Edward?

Oh, esto era milagroso, mas de dos palabras de Charlie hacia Edward, trate de no dejar mi mandíbula colgando y parecer normal.

–Bella tuvo su ecografía hace unas semanas…

– ¿Es niña, cierto? –Chillo Alice– ¡Si! Cállense y paguen.

– ¡No! –Grite– nadie te pagara nada porque te asesinare ¿Cómo te atreves a apostar acerca de mis hijos?

Alice estaba a punto de gritar algo de regreso y se contuvo, claro, no debía gritarme a mí porque no tenía justificación, yo sí, estaba embarazada y me alteraba fácilmente y podía gritarle a todos, ella no.

Alice me miro, frunciendo el ceño.

– ¿Hijos? –contesto Rosalie, enarcando una ceja.

Recordé mis palabras y suspire.

– ¿Hijos? –repitió Emmett.

– ¿Hijos? –pregunto Esme.

– ¿Hijos? –dijo Charlie.

Me ruborice un poco y mire a Edward.

–Ah, si… son dos bebes –sonreí.

Todos guardaron silencio un segundo, asimilando la noticia, y luego Alice grito.

– ¡Dos niñas! ¡Oh por Dios!

– ¡Dos mini-Bellas! –sonrió Rosalie.

Esme sonrió y abrazo a Carlisle, Jasper enarco una ceja hacia nosotros y Charlie… solo se quedo en shock.

Después de decir algunas palabras entre ellos, se abalanzaron contra nosotros.

– ¡Bella! ¡Te quiero! –dijo Emmett antes de tratar de abrazarme con cuidado.

– ¡Yo! ¡Las! ¡Amo! ¡Mucho! –grito Alice, sollozando.

–Bella, felicidades –sonrió Esme.

–Felicidades hijos –dijo Carlisle.

–Enhorabuena –dijo Jasper, reí.

–Ustedes sí que tienen suerte –dijo Rose.

–Edward es el de la suerte –corrigió Emmett moviendo las cejas, me ruborice y Alice puso de nuevo su oído en mi vientre.

– ¡Ah! ¡Nenitas, las amo, soy su única y favorita tía en el mundo, salgan pronto bebes!

Emmett hizo lo mismo.

–Vamos chicos, un mensaje para su tío Emmett, ¡Golpeen chicos!

Reí.

– ¿De verdad? –pregunto Edward.

–Atrévete Cullen –lo reto.

–Es un reto McCarthy.

– ¡Pelea, pelea, pelea! –dijo Alice.

La mire, claro, Alice no trataba de detenerlos, apostaría que…

– ¡Alice!

– ¿Si, Bella?

–Tú apostaste que tendría una hija, y perdiste, serán dos niños.

Sonreí con superioridad, Edward me miro y rodo los ojos, reí.

–No, dije que sería una niña y tú no sabes el género de los bebes, por lo que se uno puede ser niño y la otra niña, a menos de que te digan el sexo de los bebes ahora mismo, no he perdido.

Fruncí el ceño.

– ¡Claro que perdiste!

Edward puso su mano sobre mi hombro, tratando de calmarme.

–Aun tenemos otra noticia para ellos –sonrió.

¡Ah! ¡Lo había olvidado!

– ¿Qué noticia? –pregunto Esme.

Le sonreí.

– ¿Les apetecería ir a dar un paseo ahora? –pregunto Edward.

Ellos se miraron entre sí, confundidos.

– ¿Ahora? –pregunto Carlisle.

–Aja –asentí.

–Claro que no –sonrió Alice.

– ¿Nosotros los seguimos? –la afirmación de Emmett sonó mas a pregunta.

–Los seguimos –asintió Alice.

Edward tomo mi mano y camine detrás de él, los demás siguieron mirándonos extrañados pero caminaron detrás de nosotros hacia la salida.

Entre al Volvo y Edward le dio unas indicaciones a Emmett, Jasper y Carlisle, mi padre iría con Alice, aun no se recuperaba del shock.

Edward entro y encendió el motor, sonrió y comenzó a conducir por las calles de Forks.

– ¿No fue tan malo, cierto? –pregunte.

–Se lo tomaron bien –asintió.

– ¿Cómo se tomaran esto?

El sonrió, su mano tomo la mía y le dio un apretón leve.

–Bien, los hará felices.

–Pero mi padre… estaba en shock.

Edward suspiro y asintió.

–Eso es mejor a que tratara de dispararme, es un avance, incluso me hablo…

–Ese avance acaba de desaparecer, Charlie no te volverá a ver a los ojos.

El bufo.

–Mi amor, gracias por tu optimismo.

Reí, mientras esa risa se transformaba en nervios al ver las casas conocidas comenzar a rodearnos.

–Se llama realismo, de nada, cariño.

Edward frunció el ceño.

–Bien, no te queda el llamarme con apodos.

– ¿Te molesta, cariño?

–No, no me molesta linda, solo es extraño.

–Oh, no lo volveré a hacer lindo, lo siento.

Edward bufo de nuevo.

–Suficiente.

–Lo siento, cielo.

Sacudió la cabeza y se estaciono frente a nuestra casa, respire profundo y él me ayudo a bajar del auto.

Los demás bajaron de sus autos, lentamente y confundidos, dios, esta familia amaba la confusión.

– ¿Qué sucede? –pregunto Carlisle.

– ¿Por qué se detienen? –grito Emmett aun sin bajar del Jeep.

–Eh, porque… no nos iremos de Forks –dije.

–Niña –dijo Esme–, nadie los está corriendo –tomo mis hombros con suavidad.

–No, mamá, es que nos quedaremos en Forks, esta es nuestra casa –dijo Edward.

Ellos miraron la casa, era grande y de color blanco, tenia enormes ventanas y un gran jardín al frente y atrás, me encantaba.

–Dios, es perfecta, ¿Podemos verla de adentro? –pregunto Alice.

–Si, pueden –sonreí.

Caminamos hasta la puerta, Alice y Rosalie eran las primeras, abrí y entre con ellas.

–Es hermosa –susurro Rose.

– ¿Cuántas habitaciones tiene? –pregunto Alice.

–Una abajo y tres arriba –conteste, si, me parecía que era demasiado grande, solo éramos Edward y yo…

– ¿Podemos verlas? –chillo.

Asentí y camine con ellas hacia allá, Alice revoloteaba por la casa, sonriendo y Rosalie la seguía, no sé cuando se nos unió Esme pero comenzaron a cuchichear entre ellas.

–Aun les faltan cosas –dijo Alice, por casualidad.

–Si, aun necesitamos arreglar algunas…

– ¡Puedo ayudarte! –Grito– Eh, digo ¿Puedo ayudarte? Por favor, por favor, por favor, por favor –rogo.

–Alice… –musite.

–Por favor, Bella, sabes que nosotras no haremos nada malo.

¿Nosotras?

–Si, Rose, mamá y yo, por favor, estas embarazada y no puedes hacer mucho, nosotras lo haremos, ¿Si?

No sabía si hacerlo, Alice siempre exageraba y con lo que sabía si las dejaba a las tres juntas esto sería peor…

–Alice…

– ¿Por favor? –agudizo su voz y mordió su labio inferior.

–De acuerdo ¡Basta! Puedes hacerlo.

Ella rio y comenzó a dar saltitos.

–Gracias Bella, no te arrepentirás.

–Lo dudo –susurre.

Esme y Rosalie entraron, Alice les sonrió.

–Manos a la obra –dijo.

Mordí mi labio mientras miraba la habitación vacía y suspire.

Edward entro por la puerta, le sonreí.

– ¿Cómo va todo? –pregunto.

–Creo que acabo de hacer un pacto con el diablo –fruncí los labios.

Edward rio.

–Bien, ¿Qué hizo Alice?

–Me pidió por favor, por favor, por favor que ella, Rosalie y Esme nos ayudaran con lo que faltaba de ordenar en la casa y acepte.

–No será tan malo, amor. Mamá está con ella y la calmara de algún modo.

Asentí, Edward rodeo mis hombros con su brazo y me acerco a él, ambos miramos por la ventana, Emmett saltaba en el césped del jardín y Jasper lo miraba desde la sombra del árbol.

Escuche a Esme, Rosalie y Alice cuchichear y vi a mi padre junto a Carlisle recargados en el Volvo.

La familia estaba completa.

Tercera parte: Exageraciones.

–'No será tan malo, amor. Mamá está con ella y la calmara de algún modo' –musite, enfadada.

–Bien, me equivoque –acepto Edward, tomo las bolsas de la comida y las dejo en la mesa de la entrada, si, esto era… increíblemente extraño.

El vestíbulo tenía la mesa en la que Edward dejo las bolsas, un enorme espejo y una alfombra con detalles dorados.

Avance y vi la cocina, bien, la había visto antes cuando Alice se fue, así que no fue tan extraño verla, la encimera era de color blanco y el refrigerador gris, la mesa era pequeña y la estufa también gris, todo de colores blanco y cromo.

–No quiero saber que mas hay ahí –musite, no quería pasar a la habitación.

–Bella, vamos.

Edward tomo mi mano y camino de nuevo, observe de reojo el imponente comedor antiguo y me estremecí.

– ¿Quieres ver la sala? –pregunto.

–Aun no –susurre.

–Bien, veamos nuestra habitación.

Asentí y subimos las escaleras con lentitud, no pude hacerlo con rapidez, pues mi estomago había crecido un poco más.

Bueno, había crecido más, tenia 37 semanas de embarazo y ya casi nacerían los bebes, sonreí.

Llegamos hasta arriba, el pasillo estaba a oscuras, Edward encendió la luz y suspire.

– ¿Por qué esa foto? –gemí al ver una foto de nuestra boda… donde yo le lanzaba pastel a Emmett y este caía en su cabello, fue culpa de Emmett, el se la paso hablando de lo mucho que me iba a aburrir en mi luna de miel, delante de Charlie.

Si, se lo merecía.

–Alice es así –sonrió.

Caminamos hasta nuestra habitación y Edward abrió la puerta, la blanca habitación brillo a la luz del atardecer, las cortinas estaban abiertas dejando que la luz me permitiera ver la blanca cama en mi habitación, si, era exactamente una copia a la habitación blanca de la cabaña.

Me encantaba.

–Oh, es perfecta –susurre.

–Lo es –Edward tomo mi mano en la suya–, para recordar viejos tiempos, ¿Ah?

Me ruborice.

–Lo sé, me encanta.

Edward beso mi mejilla con suavidad, dejando sus labios ahí y deslizándolos por mi mandíbula con lentitud.

–Deberíamos… agradecerles –susurre.

–Deberíamos –admitió.

–Se supone que iremos a cenar con ellos, ¿Cierto?

–Aja… –sus labios acariciaron los míos, suspire.

– ¿Iremos?

–Solo si quieres –sonrió–, podemos decir que te encuentras… indispuesta.

Me aleje de él, apreté sus hombros y lo mire con horror.

– ¿Qué? ¿Y qué Emmett se la pase hablando de lo caliente que esta mi cabeza como para indisponerme a verlos?

–Créeme, Emmett no sabe lo caliente que estabas como para no querer verlos –ronroneo.

Gemí.

–Dios, jamás te volveré a dejar sola con Emmett –dije, horrorizada.

–Si, te comprendo –musito, ocultando su sonrisa.

– ¡Vámonos de aquí! –ordene.

– ¿Ahora? Creí que ordenaríamos la comida en la cocina y luego estaríamos un rato juntos… –susurro.

–Ha. Claro, un rato, un momento, un minuto, un día… ¿Cuál es la diferencia? Ambos sabemos que si nos quedamos 'un rato juntos' no saldremos de aquí hasta dentro de unos días.

El sonrió de lado, sus ojos se oscurecieron un poco, apreté el pomo de la puerta con fuerza.

– ¿De verdad me crees capaz de eso, Bella? –ronroneo, mis rodillas se tensaron, listas para saltar hacia él, Dios ¿Acaso no podía pensar en otra cosa?

–Ah, parece que la embarazada aquí no soy yo –le gruñí.

–Amor… se me antoja algo –se acerco, acorralándome entre la puerta y su cuerpo.

Mis brazos me traicionaron, se acercaron a su cuerpo por voluntad propia. Gruñí al ver a mi propio cuerpo revelarse contra mí.

–Yo… –susurre.

Edward se acerco, presionando sus labios contra los míos, respondí a su beso antes de gruñir.

–No, no, no… Alice… gracias… ¡Ah!

–Bien, de acuerdo, te llevare con ellos ahora mismo –sonrió–, creí que caerías.

–Yo también –musite.

Edward sonrió y suspire, no sabía si de alivio o de decepción.

–Vamos –sonreí.

–Vamos –acordó, caminamos escaleras abajo, me sentía en una casa extraña pero sabía que era mi casa, mi casa con una gran marca que decía 'Alice', no me molestaba.

Mientras nos acercábamos a las escaleras me detuve en una puerta con un letrero de 'Bebes durmiendo', enarque una ceja hacia Edward, el sonrió.

Camine lentamente y tome el pomo de la puerta, lo gire y encendí la luz.

Un sollozo salió de mis labios, sonreí al ver la habitación de tonos claros, con dos cunas hermosas y muchos juguetes, había una linda mecedora de madera y una alfombra de caballos, fotografías nuestras y la luz entrando por una enorme ventana.

Edward me abrazo y recargo su barbilla en mi hombro, beso el lóbulo de mi oreja y me estremecí.

–No tienes idea de lo mucho que los amo –dijo, acariciando mi vientre.

–Nosotros también te amamos –sonreí.

Lo mire por sobre mi hombro y sus labios besaron los míos, suspire girándome hacia él.

–Debemos irnos –susurro entre nuestros labios.

–No…

El rio.

–Injusto. Yo quería quedarme pero tú insististe en que debíamos ir, así que vamos.

Bufe.

–Vamos cariño, no queremos hacer a la familia esperar.

Edward tomo mi mano y caminamos hasta el corredor, tome mi abrigo y Edward también, salimos de la casa directamente hacia el Volvo.

Mientras Edward conducía en dirección a la casa Cullen, cante algunas canciones de la radio riendo y obligando a Edward a cantar conmigo.

Se estaciono frente a la casa, el Jeep estaba ahí junto al Porshe y el Mercedes de Carlisle estaba detrás de este, mi padre no estaba aquí, estaba en Los Ángeles pero me llamaba cada noche.

Baje del Volvo con ayuda de Edward, caminamos sonriendo hasta la puerta, esta se abrió y Esme nos sonrió.

–Chicos, llegaron antes –sonrió, beso mi mejilla y abrazo a Edward.

–Si, Bella estaba impaciente por llegar –dijo Edward.

Me quite mi abrigo y sonreí a Esme.

–Si, lo estaba, de verdad les agradezco todo lo que hicieron en la casa, es… perfecta.

–Bella, no es nada cariño, sabes que eso fue nuestro… regalo de bodas para ustedes.

–Gracias, es lo mejor que pudieron regalarnos –sonreí, Edward beso mis labios.

–Buscare a Carlisle –musito.

Asentí y él se alejo en silencio.

– ¡Bella! –sonrió Alice, camino hasta mi y rodeo mi vientre para abrazarme.

–Alice, gracias, gracias, gracias, eres maravillosa, jamás podre compensarte por lo que hiciste en nuestra casa.

–Claro, sé que soy maravillosa, pero claro que me lo compensarás, haciendo que mi sobrinita nazca primero y gane la apuesta con Emmett.

–Dios, claro Alice, ¿Necesitas algo más? ¿La hora, fecha y lugar del parto?

– ¿Sabes? El sarcasmo no es necesario porque sé que me amas y harás todo por mí.

–Creo que en verdad vendí mi alma al demonio –musite.

Alice gimió, sorprendida.

– ¡Me llamaste demonio! –chillo.

–No es lo peor que te han dicho –sonrió Emmett acercándose, beso mi frente y despeino mi cabello.

– ¡Ah! ¡Cállate Emmont! –grito Alice.

– ¿Emmont? –pregunte.

–Lo dice Aloce –gruño Emmett.

–Dios, nunca los comprenderé –suspire.

–Idiota –le gruño Alice a Emmett.

– ¡Alice! –la reprendió Esme.

–Mamá –susurro Alice.

–No niña, no llames idiota a Emmett, el no es un idiota –acaricio la cabeza de Emmett.

–No, no lo soy Esme –dijo inclinándose como un perro para que Esme acariciara su cabeza.

–No lo eres, niño, ¿Quieres un poco de helado? –pregunto.

–Si, por favor.

Esme sonrió y camino junto a Emmett hacia la cocina, ah, yo también quería helado.

–Lame botas –gruño Alice.

–Si, Emmett es eso y más. Ahora adiós, quiero helado.

Alice me detuvo.

– ¿Quieres helado? –repitió.

–Aja –asentí.

–No, Bella vamos a mi cuarto.

– ¿Qué? ¿Y dejar que mis bebes tengan cara de helado? Te alcanzo luego.

Camine hacia la cocina, Esme tenía varias copas con helado en la mesa.

–Bella, ¿Quieres helado, linda?

–Eh, no Esme… no creo…

–Amo ela, ome elao –balbuceo Emmett con la cuchara en la boca, Esme golpeo su hombro.

–No hables con la boca llena –le reprendió.

–O iento.

Sonreí, tome un vaso y comencé a comer helado.

–Les llevare un poco a Edward y Carlisle, denle a Rose y a Alice.

Emmett y yo asentimos, Esme sonrió y se alejo hacia el despacho de Carlisle.

–No les daremos nada –dijo Emmett.

–Claro que no –sonreí.

Emmett trato de hacer una risa malvada, tomo otro vaso de helado y lo levanto al aire.

–Un brindis, Bella Cullen, por el helado robado.

–Salud –sonreí.

Comí el helado de Rosalie y el mío, lavamos los vasos sigilosamente, en ese momento ellas entraron a la cocina.

– ¿Qué traman ustedes? –pregunto Alice.

–Nada –contesto Emmett encogiéndose de hombros.

–Si, Emmett planea ayudarme a ir a la sala, ¿Verdad?

El asintió y pasó su brazo por el mío, camino junto a mí hasta la sala.

Me recosté lentamente en el sofá blanco, Emmett le sonrió a Rose y salió como un cobarde hacia la cocina.

–Oye Rose, ayer compre ropa nueva para Bella, tu sabes, para cuando acabe el embarazo ¿Quieres verla?

Claro, ¿Para qué pedir mi aceptación cuando Rosalie y Alice pueden aceptar por mí?

Rosalie acepto y camino detrás de Alice hacia su habitación, espere unos segundos y comencé a dormirme en el sofá.

Emmett entro y me vio, trato de caminar de puntillas hasta la televisión y tomo el control que estaba al lado de esta.

La encendió y el juego resonó con fuerza por la casa, reí cuando Emmett la apago rápidamente.

– ¡Hey! Creí que estabas dormida –se quejo.

–Lo estaba –le sonreí.

–Estafadora –gruño.

Se sentó en el sofá a mi lado y suspire recostándome de nuevo, sus brazos me movieron con suavidad y mi cabeza quedo en su regazo, si, Emmett era cómodo.

–Gracias Emm.

–De nada Bells, mis sobrinitos y tú tienen que estar cómodos.

Asentí y cerré los ojos de nuevo, dispuesta a dormir mientras esperaba que Edward volviera.

– ¡Eso! –grito Emmett, me sobresalte y sentí a los bebes moverse, gemí, estaban estirándose.

–Gracias por despertarlos –masculle.

–Lo siento –susurro.

Cerré los ojos de nuevo, alarmándome cuando uno de los bebes me pateo con fuerza.

Apreté mis manos contra el borde del sofá, Emmett se tenso.

– ¿Qué sucede? –pregunto.

Lo mire, horrorizada, sabía que esto podía ser una falsa alarma, debía calmarme.

– ¡Bella! –grito, eso no ayudaba a calmarme demasiado.

–Están por nacer –susurre -estaba en pánico total- antes de que otra contracción me hiciera apretar los dientes con fuerza.

Sentí un liquido tibio bajar por mi entrepierna y una contracción me hizo arquearme.

Si, mis bebes estaban por llegar.

– ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! –grito Emmett.

Respire profundamente y lo mire.

–Emmett, no entres… en pánico.

– ¡¿Cómo quieres que no entre en pánico?! ¡Mis sobrinos! ¡Mis sobrinos! –grito.

–Aja, tú entra en pánico, yo llamare a Edward, ¿De acuerdo? Yo solo soy la embarazada.

Emmett me miro, con los ojos abiertos como platos, recordando algo.

– ¡Oh Dios! ¡Oh Dios!

Me incorpore lentamente, sí, eso de que Emmett fuera el único conmigo era estúpido.

– ¡Ah! –Gemí– Deja de payasear, ¡Edward!

– ¡Edward! –Grito– ¡Edward! ¡Edward!

Mi esposo entro sonriente y despreocupado.

– ¿Qué sucede?

– ¡Bella! ¡Bella! ¡Bella! –grito Emmett.

Edward frunció el ceño y se acerco a mí.

– ¿Qué pasa? ¿Te duele algo? –me examino.

–Si, me duele haber manchado este lindo sillón –musite.

– ¿Por qué lo manchaste?

–Hum, solo porque ya van a nacer tus hijos.

Edward salto hacia atrás, tan alarmado como Emmett.

–Dios Bella, cálmate –ordeno.

–Estoy calmada –asentí.

– ¡Alice! –grito Edward.

Emmett corrió hacia las escaleras.

– ¡Alice! ¡Rosalie! ¡Edward! ¡Esme! ¡Carlisle! ¡Emmett! –grito, prendió algo de la pared y grito de nuevo, su grito resonó por toda la casa por bocinas.

– ¿Cuándo han puesto eso? –pregunto Edward.

–Lo puse yo –dijo orgulloso.

–Pues felicidades, ¿Quieres contarnos detenidamente como lo hiciste? –musite.

–Si, Bells, lo que desees, primero fui a ese lugar al que llaman el mercado negro y…

– ¡Emmett! –grite.

El se acerco y paso sus brazos por debajo de mi cuerpo, levantándome. Edward me puso los zapatos y Emmett me saco de la casa, hacia el Volvo.

– ¡Oh Dios, Oh Dios! –Grito Alice– ¡Esta pasando!

Ella y Rosalie salieron de la casa, tenían una enorme maleta gris con ellas.

– ¿Qué es? –pregunte.

–La maleta de emergencia, vamos Emmett –chillo Rose.

Entre al asiento del copiloto, Emmett comenzó a lanzar cosas a la cajuela y Edward entro al Volvo.

Sus ojos dorados me miraron, ansiosos.

– ¿Todo bien, amor?

– ¡No! No, no, aun no –susurre.

–Vayan, los alcanzamos ahora –dijo Alice.

Emmett entro al asiento trasero.

– ¡Arranca Eddie, arranca! –grito.

Edward condujo las pocas calles que distanciaban su casa del hospital. Emmett me ayudaba diciendo cosas como Respira Bella, respira… ¡Quítate idiota, está dando a luz!≫ ≪¡Frena, frena! ¡Le pateare el trasero a ese imbécil!≫ ≪Estaciónate Edward, ¡Estaciónate Edward! ¡No me importa que sea el lugar de discapacitados quiero un café!≫ Supe que trataba de hacerme reír.

O al menos eso creí.

Sin notarlo ya estaba en una camilla del hospital, corriendo por este y con Edward y Emmett prácticamente gritando del pánico, si las contracciones no hubieran sido tan fuertes habría reído.

Después de que Edward peleara con Emmett porque el también quería entrar, mi esposo y yo llegamos al quirófano (solo por si acaso) y los doctores y enfermeras se paseaban a mí alrededor.

Edward estaba junto a mí con un traje azul como el de los doctores y un tapabocas, sus ojos dorados brillaban con intensidad, se acerco mas, tomando mi mano.

–Es hora –susurro.

– ¡Lo… se! –grite un poco, me sentía feliz y quería ponerme a saltar… no podía hacerlo.

Edward beso mis labios levantando la cosa azul sobre su rostro, sonriente. El sudor cubría mi frente y apretaba la mano de Edward cuando una contracción llegaba, esperaba no lastimarlo pero él no se quejaba.

–Respira amor, respira.

– ¡No quiero! ¡No quiero! –grite.

Edward inspiro y soporto el aliento, hice lo mismo y solté el aire con rapidez, hiperventilando.

–Bella, cálmate amor.

– ¡Cálmate tú! Dios, Dios ¡Sáquenlos ahora!

–Te aplicaran una epidural para que te calmes un poco, Bella.

Asentí, las contracciones disminuyeron después de que me pincharan la espalda, suspire mientras sentía la mano de Edward apretando con cariño la mía.

–Está totalmente dilatada –dijo una enfermera tiempo después, parecía que el tiempo se había detenido, sentía haber pasado en esta cama toda mi vida.

Edward apretó mi mano un poco, sonriendo.

– ¿Estas muy feliz, cierto? ¡Estás muy feliz! –grite.

–Lo estoy.

– ¡Pues yo también!

Edward rio, unas enfermeras también lo hicieron.

–Te amo –sonrió.

– ¡Oh, mierda! –grite.

El doctor dijo algo antes de acercarse y colocarse entre mis piernas, le dio unas palabras a Edward y ordeno.

– ¡Puje!

Y lo hice, con todas mis fuerzas sin parar, cuando el doctor dijo que podía detenerme suspire, cansada.

Edward apretó mi mano con suavidad, trate de soltarlo, podía dejarle moretones por apretársela tanto pero no me lo permitió.

–Te amo –susurro, con sus ojos dorados brillando, felices.

El doctor recitaba palabras de aliento, respire con ritmo, tratando de calmarme.

– ¡Puje! Ya casi termina, ya casi termina –repitió el doctor.

Cerré los ojos con fuerza, el doctor decía palabras de aliento y Edward también, me aferre a la mano de Edward como si mi vida dependiera de ello.

Y puje, con todas mis fuerzas.

Entonces, un maravilloso sonido llego hasta mi, el llanto de mi bebe, mi corazón se hincho de felicidad y ternura.

Las lágrimas se deslizaron por mis ojos mientras veía a Edward, sonriendo como si no pudiera borrar esa sonrisa de su rostro.

–Es una niña –sonrió.

Y la vi, su cabello cobrizo era abundante, su pequeño y redondeado rostro era blanco como la porcelana y sus labios rosas estaban abiertos mientras jadeaba suavemente, era hermosa.

–Renesmee –susurre viéndola, en brazos de su padre, quien la miraba con adoración.

Las enfermeras se llevaron a la bebe, para limpiarla.

Edward se acerco con rapidez, se quito el estúpido tapabocas y beso mis labios con dulzura.

–Te amo.

–Y yo te amo a ti –sonreí.

El doctor llamo nuestra atención, Renesmee había parado de llorar y Edward no dejaba de verla, hipnotizado.

–Bien Isabella, comencemos de nuevo –dijo el doctor, asentí y me prepare.

–Listo, ahora, ¡Puje!

Cerré los ojos y apreté los dientes de nuevo, pujando, moría por ver a mi otro hijo, deseaba verlo, lo necesitaba ahora.

–Bella, amor, respira –recordó Edward.

Respire profundamente y volví a hacerlo, Edward susurro varios ≪vamos≫ en mi oído y suspire cuando de nuevo escuche un llanto, un precioso llanto agudo y angelical.

Estaba demasiado cansada, más incluso que si hubiera corrido un maratón, levante mi cabeza para verlo, necesitaba verlo.

–Mi hijo… –susurre.

Edward se alejo, la voz del doctor se había convertido en un sonido molesto, no podía escucharlo y mis ojos se cerraban.

El llanto del bebe aumento, abrí mis ojos preocupada y Edward se acerco a mí.

–Es un varón –dijo el doctor.

Sonreí con fuerza, los ojos de Edward estaban vidriosos, llorando de felicidad. El doctor le dio al bebe unos segundos, los suficientes para que lograra ver su abundante cabello oscuro y su piel pálida llena de sangre.

–An… Anthony –susurre.

Edward tomo a Renesmee en sus brazos, esta se acurruco contra su corazón, descansando.

Mire ansiosa a Anthony, quería verlo de nuevo.

Y lo hice, ahí estaba mi Anthony, en brazos de una enfermera que lo limpio y lo enredo en una sábana blanca y lo acerco a mi pecho.

Suspire mientras veía a mi hermoso bebe de cabellos cafés, un pequeño bostezo salió de su boquita perfecta.

Edward se acerco y beso mi cabeza, sonreí mientras veía a las tres personas más importantes de mi vida junto a mí.

Ahora la familia si estaba completa.

Cuarta parte: Y vivieron felices para siempre.

Siete años después.

–Mamá –dijo una suave voz de soprano, unas pequeñas manitas sacudieron mi hombro.

–Papi –dijo otra vocecita, lejana.

Unos brazos se enroscaron mas en mi cintura, acercándome al pecho de Edward y sentí su aliento en mi frente, sonreí.

–Tía Bella… –canturreo otra vocecita.

–Tío Eddie –sonreí, Edward bufo.

Edward se levanto y gruño, los cuatro niños presentes huyeron, gritando y riendo, a excepción de un niño grande, que tenía una pistola de agua que se disparo contra nosotros.

– ¡Maten al vampiro! –grito Emmett, mojándonos.

– ¡Emmett! –grite.

La puerta se abrió de nuevo, Rosalie apareció con una pequeña pijama que dejaba ver su enorme vientre, si, Rose estaba embarazada de nuevo. Después de su boda se habían puesto a trabajar para ganarnos a mí y a Edward, ahora tenían una niña idéntica a Rosalie y esperaban un niño.

– ¡Emmett McCarthy! –grito, Emmett se encogió ante la voz de Rose, si, Emmett era un miedoso cuando se trataba de su embarazada esposa.

–Rossie.

–Dime ahora mismo que haces aquí y donde están mis chocolates –ordeno Rose.

–Ah, Rose, bebe, mi linda princesa… olvide tus chocolates.

Rosalie se sorprendió, sus ojos se humedecieron y su cara enrojeció.

– ¿Te pusiste a jugar con los niños y empapaste a Edward y Bella pero olvidaste mis chocolates? –gimió.

–Amor, ya voy por ellos.

– ¡No! ¡No me vuelvas a dirigir la palabra oso irresponsable! –y se alejo, cerrando de un portazo.

Emmett gimió y dejo caer la pistola de agua, reí, eso era tan gracioso.

–A eso se le llama Karma –reí.

–No importa, mojar a Eddie valió la pena –rio y salió de nuestra habitación.

Me levante y me estire mientras bostezaba, Edward rodeo mi cintura con sus brazos y me recostó contra el de nuevo.

–Ah, estas mojado –reí.

–Eso no te ha importado antes –murmuro besando mi cuello, me ruborice al recordar y Edward rio.

–Vamos ahora Edward, estamos en casa de tus padres y Renesmee y Anthony están cerca.

Edward se levanto y sacudió su cabeza, el agua de su cabello salto hacia mí.

–Tonto –lo regañe.

–Yo también te amo –sonrió.

Caminamos juntos al baño, Edward comenzó a ducharse mientras yo lavaba mis dientes, luchando contra la tentación de ir a acompañarlo.

– ¿Quieres venir? –pregunto, sonreí y negué, Edward enarco una ceja, comenzando a salir de la ducha.

– ¡No! –grite, sonrió de lado caminando hacia mí, trate de huir pero Edward me detuvo, sus manos me acercaron a él y sus labios cubrieron los míos.

Entonces sentí el frio chorro de agua de la regadera sobre mi pijama.

– ¡Edward! –grite.

–Creí que tenías algo de calor –susurro.

–Si creíste que metiéndome aquí se esfumaría, te equivocaste.

– ¿Ah, no? –pregunto con inocencia.

Reí de nuevo, entonces alguien toco a la puerta.

–Se que ambos están ahí, no quiero saber que hacen –dijo Alice–, pero iremos al centro comercial en treinta minutos, apúrense ¿Ok? Si no lo hacen entrare y los sacare en las condiciones que se encuentren. Los quiero.

Los pasos de Alice se alejaron, mientras ella tarareaba.

–Creo que está de buen humor –musito Edward.

–Lo está, desde que es la señora Whitlock nadie borra la sonrisa de su cara.

Edward rodo los ojos y se acerco a mí de nuevo.

–Tú también sonreías así cuando te convertiste en la señora Cullen –dijo.

–Si, cuando te conocí, cuando me propusiste matrimonio, cuando me entere de que seriamos padres, cuando nos casamos, cuando fuimos realmente padres, cuando Renesmee dijo 'papá' y Anthony me llamo 'mamá', cuando fueron al kínder, cuando Anthony toco una canción en el piano, cuando Renesmee pinto un cuadro para Esme, cuando comenzaron a ir a primaria… cuando…

–Entendí, eres feliz, gracias por hacerme feliz –sonrió.

–Gracias por dejarme hacerte feliz –bese sus labios.

Me recargue contra la pared lentamente… hasta que escuche un grito.

– ¡Oh por Dios! ¡Renesmee, ese libro no!

Me aleje de Edward, espantada.

–No puede ser tan malo… –susurro.

– ¡No! ¡No! ¡El piano no! –grito Rosalie, el piano retumbo cuando alguien toco sus teclas con violencia y una risa infantil llego hasta nosotros.

Edward se tenso y salió corriendo de la ducha, tomo una toalla y la envolvió en su cintura.

– ¡El Volvo, el Volvo! –grito Alice, la alarma del auto sonó con fuerza y me asuste, ¿Qué pasaba?

Me quite mi pijama y salí hacia nuestra habitación, tome ropa interior y un pantalón negro, tome una camisa de Edward y corrí escaleras abajo.

– ¿Qué sucede? –pregunte, Edward llego detrás de mí, confundido y con la camisa desabrochada, las risas de Emmett llegaron hasta nosotros y un flash me cegó.

–Dios, ganaste –dijo Emmett.

– ¿Cuántas veces debo repetir? –pregunto Alice y los niños la interrumpieron.

–'Nunca apuestes…' –dijo Anthony, sonriendo mientras rodaba sus ojos dorados.

–'Contra mi' –completo Nessie mientras reía, Alice despeino su cabello cobrizo.

–A veces son tan molestos como Emmett –rio.

– ¿Qué? Yo no soy molesto, ¿Verdad Sasha?

La pequeña Sasha rodo los ojos, sus orbes azules vieron a su padre con paciencia, era tan idéntica a Rosalie.

–No, no eres molesto papi, eres perfecto.

Emmett sonrió y cargo a su pequeña hija en brazos, ella rio y su madre entro en ese momento, con una caja de chocolates con caramelo.

–Dios, mis amores que lindos –sonrió.

– ¿Me das uno, amor? –pregunto Emmett.

–No –sentencio.

–Hey –llame su atención– no es que trate de ser maleducada ni de echarlos pero ¿Qué hacen aquí? ¿Cómo entraron?

Emmett bajo a Sasha y ella corrió hasta Nessie. Después de que se dieran unas palabras ellas y Anthony salieron al jardín.

–Pues, fue simple, mi querida Bella, Alice tenia llaves, quisimos corromper en su casa y aquí estamos, Rose estaba aburrida y Alice desesperada sin Jasper, Peter quería venir a ver a sus primos y llegamos, lo de mojar a Edward fue idea de ellos, yo solamente me deje manejar por mis adorables sobrinos e hija.

Rodé los ojos y Rosalie golpeo el hombro de Emmett.

– ¿Por qué no vinieron Carlisle y Esme? –pregunto Edward.

– ¿Qué te hace creer que no venimos? –Dijo la voz de Esme detrás de nosotros, el pequeño Peter -hijo de Alice y Jasper de tres años- estaba con ella, en niño de cabello negro y ojos azules nos miro con cautela.

Si, para ser un niñito de casi cuatro años se parecía demasiado a su padre.

–Tía Bella –me saludo, me agache hasta su altura y bese su mejilla, era tan lindito, le sonreí.

–Hola Peter.

–Tío Edward –Edward despeino su cabello y el sonrió, era tan… Jasper.

– ¿Y Nessie y Tony? –pregunto.

–En el jardín –conteste.

–Bien, adiós –y corrió hacia afuera, suspire, era tan… Alice.

–Niños –saludo Esme, rodeándonos con sus brazos a ambos, sonreí y la abrace, luego ella sonrió–, hoy hare yo la comida, ¿De acuerdo? Quiero consentir a mi gran familia –sonrió.

–De ninguna manera, te ayudare –replique.

–Pero apuesto a que Edward no quiere dejarte ir, ¿Verdad hijo?

Edward hizo un puchero, ah, no…

– ¿Por favor? –pregunto.

Cerré los ojos, casi pude sentir la sonrisa de Esme al saberse victoriosa.

–Bien, descansen queridos.

Y ella se alejo, hacia la cocina. Le fruncí el ceño a Edward.

–Te quiero cerca antes de irme a trabajar mañana –explico.

Suspire y deje que me llevara hasta el sofá, se recostó sobre él y me recostó sobre su pecho, suspire de nuevo su aroma, extasiándome con él.

– ¿Dónde está Charlie? –pregunte.

–Con Sue, con su 'amada Sue' –dijo Emmett–, Dios, me alegro de que tu padre sea feliz con ella y ya no le dispare a Edward… esperen, ¿Quién demonios le presento a Sue? –mascullo.

–Ese Charlie no –replique–, mi Charlie.

–Querrás decir 'tu Carlisle' –dijo Edward, sonriendo.

Si, había sido mala idea llamarlo Charles Carlisle, pues cada padre lo llamaba con su nombre, así que Emmett, Jasper y Alice solo lo llamaban 'C'. Como también llamaban a mi Renesmee: Nessie -a veces en secreto la llamaba así- y a mi Anthony: Tony. Sus hijos no tenían apodos normales, Sash o Pete… así que cada que llamaban a mis hijos con apodo, los fulminaba con la mirada… pero en este punto ya me había acostumbrado.

–Ah, aun duerme –explico.

–Increíble –musite–, ¿Cómo no lo despertó ese escándalo?

–Es tu hijo, nada lo despierta –sonrió Emmett.

–Si los hijos serán como los padres, ¿El tuyo parecerá luchador? –pregunte.

–Ojala sea idéntico a su padre, derretirá a todas las nenas –dijo.

– ¿Qué? –gimió Rose– ¿Derretirá a todas las 'nenas?

–Si amor, pero tú serás su nena más importante –dijo abrazándola, Rose sonrió y se abrazo mas contra él.

¿Yo también era extraña cuando estaba embarazada? Si, lo era. Pepinillos con chocolate, ah, el embarazo era una etapa extrañamente satisfactoria, no me arrepentía.

– ¿Vamos a ver a Charlie? –pregunte.

–Si, vamos –dijo Edward, camine tomando su mano escaleras arriba, abrí la puerta y Charlie salía de ahí, su cabello rizado y café saltaba y sus ojos brillaban, acababa de despertar.

–Hola bebe –lo salude.

–Mami –me extendió sus brazos, lo cargue y Edward sonrió, acaricio el cabello del bebe con ternura y caminamos de nuevo hacia abajo.

– ¡C! –Lo saludaron los niños, rodé los ojos.

–Ven a jugar con nosotros –dijo Peter.

Charlie asintió y corrió detrás de ellos, sonreí y Edward me llevo hasta el jardín, me senté en el columpio de los niños, deseando no romperlo, Edward comenzó a mecerme en el.

–Son tan lindos –susurre, mientras veía a Renesmee jugar con Sasha, Peter y Anthony cuidaban a Charlie mientras corrían por el jardín, una nueva generación Cullen, sonreí.

–Lo son, son tus hijos –beso mi mejilla.

–Y tuyos también –dije.

–Si, son perfectos.

–Papá es orgulloso –cante.

–Lo soy, mis hijos son lo mejor de mi vida, junto a mi adorable esposa que llena de luz mis días.

Fruncí el ceño.

–Basta, me pondrás celosa.

–No tienes porque, mi esposa no tiene porque enterarse –golpee su hombro.

–Tonto –le mostre mi lengua.

Sus brazos envolvieron mi cintura, recargue mi cabeza en su hombro, Edward beso mi coronilla.

–Sabes que solo te amo a ti –sonrió.

–Lo sé –presumí.

Sus labios tocaron los míos con suavidad, Edward se alejo y camino hasta quedar frente a mí, su mano levanto la mía y Edward beso mi argolla de matrimonio.

–Mi esposa –susurro, me acerque y rodee su cuello con mis brazos.

–Mi marido –reí.

–Te amo –dijo, sus labios acariciaron los míos y sonreí como cada vez que esas dos palabras salían de sus labios.

–Y yo a ti –conteste.

–Lo sé –presumió.

Eche mi cabeza hacia atrás mientras reía, Edward también lo hizo.

–Para siempre –le recordé.

–Para siempre –juro, levantándome en el aire y comenzando a darme vueltas mientras ambos reíamos, caímos al césped y los niños se lanzaron contra nosotros, riendo también.

Observe su sonrisa ensancharse y sus ojos brillar con alegría y amor al toparse con los míos, lo bese escuchando algunos 'Ew' de parte de los niños, pero no me importo, lo amaba desde el momento en que salte sobre él en esa habitación de huéspedes, pese a todo lo que habíamos pasado y superado, lo amaba por ser como era y por quien era al estar con él, lo amaba.

Y siempre seria así.

Fin.


Oh Dios, Oh Dios, que prefacio más largo :) lo amo ^^, las amo! Gracias por apoyarme siempre, las quiero y les mando muchos Edwards a todas, sonrían! SONRIAN! :) yo lo hago...

Ahora para hacer esto mas largo aun: AGRADECIMIENTOS:

Gracias a todas (y tal vez un todos) por acompañarme mientras hacia esta historia, si, puse un cap de mas porque ya eran demasiadas palabras en el otro (:

Gracias por apoyarme y mandarme amenazas de muerte, siempre funcionan.

Gracias por sus Favoritos!

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Por sus Reviews ¡Por sus reviews Anónimos! ¡A los Lectores que sufren en silencio! ¡A los que aun no la leen! ¡A mi tortuga! ¡A Bob Esponja! ¡A mi tarea sin hacer!

Y muy también a Stephenie Meyer, por dejarme entrar a su mundo de fantasía, donde puedo ser yo… o ser alguien mas, donde Edward puede estar cerca y donde puedo acercarme sin que el huya, gracias gran Stephenie Meyer, gracias de verdad por llenar mis días de Edwards Cullen imaginarios y hablarles hasta que todos me crean loca, pero no me importa, Edward siempre me acompaña XDD

Que la luz este con ustedes! (odio cuando se va ¬¬)

Hahaha, ya, me largo.

Con mucho, mucho, mucho amor: Aimee.