Disclaimer: Los personajes pertenecen a Meyer, pero la trama de esto sí es mía.

Summary: TH. Él la vio nacer, crecer… la amó desde el principio; y ella solía tener sueños con un ángel de ojos verdes y cabello cobrizo. Bella es una adolescente que está muriendo, y Edward, su ángel guardián que la llevará al cielo. Mini-fic; Edward/Bella.

Notas: Este fic tiene menciones sobre la creencia de un ser Todopodersoso (Dios), así que les pido ser abiertas de mente y centrarse, simplemente, en la historia. ¡Gracias!


Tu Ángel Guardián

«Nunca te dejaré caer, me levantaré contigo siempre.
Estaré ahí por ti a pesar de todo, aún cuando salvarte me mande al cielo.»

(Your Guardian Angel — The Red Jumpsuit Apparatus.)


Recomendación musical: Kiss the Rain — Yiruma.

(Del álbum: From the Yellow Room.)


Capítulo I:
«La niña de tus ojos».

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La ve ahora, pálida y ojerosa, con ojos cerrados y un cardenal en la mejilla izquierda, el cabello pajoso y lágrimas secas bajo los ojos; los labios casi morados con una cortadura en el inferior. Y aún así él piensa que es la más hermosa de todas, la más bella.

Se acerca suavemente, ella sabe que él está ahí, porque lo siente, a pesar de que no puede verlo. Es como su amor, y el viento. Le toma la mano con delicadeza, como la muñeca que siempre pensó que fue. La respiración de la chica se acelera, lo ha sentido. Y él se enfurece, ¿por qué no puede leerle el pensamiento? ¿Por qué?

Cuando el ritmo cardíaco de su niña (sí, porque eso es, a pesar de tener ya diecisiete años, es una niña para él) vuelve a ser normal, él no puede evitar recordarlo todo. Y sonríe, porque los largos años de espera han valido la pena. Él le ha dicho que es tiempo de que ella esté a su lado, al lado de su ángel, y, a pesar de que a él se le vaya la vida junto con la de ella, no puede estar más feliz al pensar que al fin podrá tocarla y ella lo sentiría.

Y recuerda, el inicio, el génesis. Estaba amaneciendo cuando ocurrió.

Y nunca se arrepentirá de haber pasado por ese hospital aquél 13 de Septiembre de 1987. Porque, definitivamente, fue lo mejor que le pudo haber pasado en la existencia.

* * *

El médico había sido llamado hacía minutos, y una mujer de cabellos castaños y rizados se retorcía de dolor sobre una camilla de hospital, apretaba la mano de su marido con fuerza cada vez que la criatura dentro de su abultado vientre clamaba por salir. Charlie Swan tenía una mueca de dolor en su rostro, las uñas de Renée Swan, su esposa, estaban incrustadas en la palma de su mano.

Ni bien ambos sabían si gozar de la alegría de la llegada de su hija, o someterse al dolor que Renée parecía transmitirle a todo el mundo dentro del cuarto.

«Nadie dijo que parir fuera fácil, no, nadie lo dijo, Renée.»

Él estaba observándolo todo, por supuesto. Aguardando, esperando… Todo parecía estar pasando como Él le había dicho que pasaría, ¡por supuesto!, nunca se equivocaba, por eso los mortales le llamaban «Dios». El ángel, con las manos en los bolsillos de su sotana blanca, estaba sentado en el asiento libre del cuarto de partos (obviamente nadie lo veía).

Se había abierto la puerta, y todos —incluido el ángel— se habían volteado a ver para observar al doctor entrar. Venía a paso rápido, con la bata abierta y unos guantes en sus manos. Las enfermeras lo prepararon con lo que faltaba, mientras Renée Swan seguía gimiendo por el dolor.

«Eres tan joven, Renée, tan joven. Pero vas a traer a una niña, ¡una niña! Pobre Charlie, él quería un varón, es algo típico. Él dice que le pondrás Isabella Marie. Marie, por la madre de Charlie, ¿a que sí? Él nunca se equivoca, Renée, nunca.»

Los cabellos cobrizos del ángel brillan celestialmente cuando la luz se enciende para comenzar con el parto. Renée grita, llama a Charlie, llama a su hijo (hija). El doctor la hace pujar unas cuantas veces. Y duele, sí, vale, duele. «Parir no es fácil, Renée, no lo es.»

Pronto, tal vez demasiado, los llantos de una pequeña creatura se escuchan por todos lados.

—Es una niña —anuncia el doctor.

«Te lo dije, Renée. ¿Estás feliz? Yo sí.»

Su llanto es como un canto para el ángel, pues esa pequeña ha sido enviada especialmente para él, ahora lo sabía. No había sido casualidad su paso por ahí, no.

No cabe en su gozo cuando se acerca a verla. Está más preciosa de lo que nunca podrá estar, a pesar de la sangre que le ensucia la piel, al ángel le parece lo más espectacular que ha visto en su existencia. Tiene las mejillas sonrosadas, y el pelo castaño se le adhiere a su cabecita, mueve los pequeños puños arriba y abajo, sus piececitos parecen no agregarse a su llanto, ya que se mantienen inmóviles. Y llora, por supuesto.

El médico la sostiene en brazos, con delicadeza, y la deposita suavemente sobre una mesita, para que las enfermeras la limpien y aseen. Renée no cabe en su dicha, y a Charlie se le han escapado unas lágrimas. Mi bebé, mi niña. Oh, mi pequeña, mi pequeña Isabella, piensan ambos padres entre un hervidero en sus mentes.

Los pasos inaudibles del ángel siguen a la pequeña a donde vaya, a donde la lleven, no la puede —quiere— perder de vista. Es hermosa, es hermosa, se repite una y otra vez; y es de él, es de él, y de nadie más.

Han vuelto a entregarla a su madre, mientras ésta solloza de alegría. Las lágrimas le mojan las mejillas, y el pelo se le posa sobre los ojos. Los jadeos se mezclan entre la felicidad. Renée está exhausta, ha dado a luz, le ha dado la vida a su bebé.

—¿Isabella? —pregunta suavemente Charlie, cuando la enfermera solicita el nombre de la recién nacida.

—Isabella Marie Swan —asiente Renée, besándole la cabecita a su hija—, mi niña, mi hija. ¡Nuestra hija, Charlie! Mírala, es tan hermosa, Charlie.

Entonces Isabella abre los ojos, de a poco, oh, muy despacio. Son castaños, claros, como el té sin cargar, como las cortezas desteñidas de los árboles, como el cinturón que Charlie anda llevando. Y pestañea, llevándose un puño a la boca de improviso.

«Tiene hambre, Renée, tu hija tiene hambre, mi niña tiene hambre».

—¿Tienes hambre, Isabella? —pregunta Renée, acercando a su hija a su pecho para que pueda amantar.

Charlie casi no puede decir ni una palabra. El ángel puede ver en su mente mientras la imagina crecer, jugar, estar con él. La imagina corriendo de un lado para otro, tomando sus juguetes. Se imagina a él y a Renée dándole de comer, contándole un cuento para dormir. La imagina alejándola de los chicos, cuando fuera adolescente. Se ve a él tomado del brazo de ella, mientras la lleva al altar del matrimonio. La imagina con un bebé en los brazos. Le imagina la vida, y la ata a su alma. Tengo una hija, Dios, tengo una hija.

Y el ángel se acerca, está al lado de Charlie, y le sonríe a su niña de manera torcida. Ella, entonces, le mira, fijamente. Él puede verse reflejado sobre esos ojos que sabe que amará, él sabe que ella le ve, que no piensa nada, que tiene hambre y que le gusta el sabor de la leche.

«Hola, Isabella. Soy Edward, tu ángel guardián. Estaré contigo por siempre y para siempre, lo prometo. No dejaré que nada malo te pase, te protegeré siempre, te limpiaré las lágrimas cuando llores, vigilaré tus sueños y alejaré las pesadillas. Y te hablaré de Él, Isabella. Él es bueno, muy bueno; te ha entregado a mí… eres mía, Isabella.

Y te amo, con todo mi corazón y mi alma.»

Y el ángel sigue viéndose en los ojos castaños de su niña, que le ve, él lo sabe.

Como también sabe que, algún día, ella le olvidará.


Continuará.


N/A: Oh Dios, oh Dios, oh Dios. ¡Hiperventilo! OMG, sí. Amo, amo, amo esta historia. ¡Y se me ocurrió hoy! Y... no pude contenerme, tuve que escribirla (tengo hasta el capítulo tres) y... y... ¡ah! Me imagino a Edward como ángel y muero. (Para la gente que vio City of Angels —o "Un Ángel Enamorado"—, imagínenlo como Seth, ¡o-m-C!

Sí, sé lo que algunas pensarán «¿Una historia más mientras escribe otras?». Soy débil, niñas, muy débil, más con esta clase de historias tan awesome como el Angst/Romance, srsly. Además esta historia no tiene más de cinco capítulos (como Cemetery Drive), y estos mismos son muy cortos (no pasan las dos mil palabras). Así que creo que dentro de dos semanas este fic ya estará listo. Y no, no dejaré de lado «Sí, amo», ni ningún otro fic, lo prometo.

¡Espero que les haya gustado! Y también espero sus comentarios al respecto.

Saludos.

~ Meli.