Capítulo 4

Lily entró a la Sala Común con pesadez. Sus pies no querían responderle como ella anhelaba, con la rapidez con la que hubiera deseado atravesar la Sala Común y llegar a su dormitorio. Tampoco podía levantar la cabeza con orgullo. En esos momentos, muy poco le quedaba de él, desecho por arruinarle la relación con Potter. Con pasos lentos, cambió su ruta del dormitorio a la chimenea. Su ropa aún se encontraba mojada por su caída en la bañera, y el frío que últimamente hacía no era para nada normal. Su instinto le decía que debía de subir, darse un baño con agua caliente y evitar una pulmonía, pero su lado infantil (el cual hacía quince minutos había descubierto que tenía) se encontraba ahí, diciéndole que se acostara al lado del fuego en una butaca, donde iba a estar cómoda y calentita.

Y eso hizo. En cuanto sus pies se acercaron lo suficiente a las vacías butacas, se dejó caer en una, y acurrucándose, lloró más que nada de rabia.

-¡Maldita sea! – Gritó, y varios estudiantes se petrificaron al oírla. Rápidamente, los pocos que quedaban, recogieron sus cosas y se apresuraron a subir a sus dormitorios. No era bueno estar cerca de Lily cuando se encontraba en ese estado.

-¿Lily? – Aún así, una persona se atrevió a asomarse por las escaleras y bajar con cautela.

-Alice. – Suspiró la pelirroja, volteando a verla.

Alice notó que la pelirroja no quería apartarla, y por esto caminó hacia ella. En el momento en el que el fuego iluminó el rostro de Lily, Alice detalló los ojos hinchados y las mejillas enrojecidas de tanto llorar.

-¿Qué pasó? – Murmuró con preocupación. Lily no lloraba jamás por estupideces.

- ¿Qué mas podría pasar? La cita fue un total y completo…

-…asco – Remus despegó la mirada de su libro para observar la escena. – En serio, Peter, si vuelves a dejar tu ropa interior en mi cama, desearás no haberme conocido. – Sirius sostenía en sus manos un par de calzones con estampado de… ¿Jirafas?

-Déjalo tranquilo Pad, yo no me quejo por tus cochinadas.- Intervino Remus, divertido.

- Si, pero es que mis cochinadas no llegan a parar a tu cama. – Murmura entre dientes Sirius, arrojándole a Peter sus calzones. El muchacho iba a reclamar, pero un estruendo proveniente del baño lo interrumpe. – Joder, James, páralo con eso.

Remus le dirigió una mirada de advertencia a Sirius. Desde que había llegado, James se había encerrado en el baño, y lo único que se oía era al merodeador maldiciendo y rompiendo todo lo que se encontraba en esa habitación. Lo único que faltaba para empeorar la situación era que Sirius sacara a relucir su falta de consideración.

-Cállate Pad. Déjalo que se descargue. – Remus Lupin regresó su mirada al libro.

-¡Pero es que allí hay cosas mías! – Exclamó Sirius. – Además, hace tres horas me bebí todo el jugo de calabaza que pude… ¡Necesito ir al…

-…baño y secar esa ropa. Vas a agarrar una peste si te quedas así. – Susurró Alice, mientras consolaba a Lily acariciándole el cabello. – Es de niños el comportarte de ésta forma.

- No puedo, Alice. No quiero. – Dijo Lily entre sollozos. - ¡Qué tonta fui! ¿Cómo no me di cuenta antes?

Alice alzó las cejas, mientras una sonrisa cubría su rostro. - ¿No te diste cuenta de qué?

-No me hagas decirlo. – La mirada que la pelirroja le dirigió a Alice fue fulminante. Sin embargo, la muchacha soltó una carcajada.

-No tengo idea de lo que me estás hablando. – Dijo con inocencia.

- Claro que la tienes – Dijo Lily entre dientes.

- Siento que no estamos llegando a nada con esta conversación, ya que no quieres decirme de qué te diste cuenta, tendré que…

- Me gusta Potter. – Lily abrió exageradamente los ojos.

- ¿Qué dijiste? Disculpa, no te escuché bien. – Dijo Alice entre sonrisas. – Repítelo una vez más, por favor Lily.

- Joder, ¡Me gusta Potter! – Una mueca parecida a una sonrisa apareció en la cara de Lily. ¡Qué bien conocía Alice a Lily! – ¡ME GUSTA POTTER! – Y Alice estalló en carcajadas, mientras Lily disimulaba la felicidad que inundaba su rostro.

A veces Alice sabía cómo cambiarle el humor a Lily, así fuera con estupideces. Mientras reían, Lily pensaba en lo mucho que debía apreciar a su amiga, esa muchacha que la había ayudado a pasar por tanto. Por su parte, Alice sabía que no había persona en el mundo parecida a su amiga. Tan difícil pero tan interesante a la vez.

Alice supo desde el primer momento en el que James invitó a Lily a salir, que estaban destinados a estar juntos. ¿Cómo lo supo? Lily no miraba de la forma que lo miraba a él a cualquiera. Por mucha rabia que le tenga a una persona, Lily jamás se entusiasmaba en demostrarla. Con James Potter era todo lo contrario. Muchas veces, habían hablado sobre el buen físico de los merodeadores, asumiendo sus hormonas y el comportamiento que tenían con ellas al tratar ese tema. Supo de la libreta, y en varias ocasiones (a escondidas) leyó cosas que Lily jamás admitiría. No el que pensara que Potter estaba extremadamente bueno, no. Lo que ella no admitiría sería que sobre el único merodeador que hablaba (más mal que bien, pero ¿Qué se podía esperar de Lily?) era sobre Potter.

-Ay, Lily. Claro que te diste cuenta.- Dijo Alice, cuando pararon de reír. – Sin embargo, no querías admitirlo, y por eso ese constante rechazo hacia...

-¡JAMES POTTER! Joder, si no abres la puerta, ¡Te juro que orinaré en tu cama! – Gritó Sirius, dándole golpes a la puerta, mientras Remus se tapaba la cara con ambas manos y negaba con desaprobación. – ¡Me estoy bajando los pantalones!

- Deja el drama, Canuto – Dijo James, abriendo la puerta y entrando a la habitación. Arrastraba los pies al caminar, y sus ojos estaban rodeados por unas grandes ojeras.

- Oye, hermano, lo siento mucho. – Murmuro Sirius, palmeándole la espalda.

- Ya, ya, ve a orinar. – El merodeador de lentes se tapó la cara con ambas manos y se sentó en el borde de su cama. Sirius dejo escapar algo así como un "gracias" antes de entrar al baño corriendo y cerrar la puerta tras él.

-¿Qué pasó? – Preguntó Remus, levantando la vista del libro que yacía en sus manos.

- Nada – James se dejó caer sobre su cama, y cubrió su cara con una almohada.

- ¿Nada? – Remus alzó las cejas. – Si no hubiera ocurrido "nada", no estarías a punto de lanzarte por la ventana de la habitación.

- No estoy a punto de lanzarme por la ventana de la habitación. – Dijo James, apartando la almohada de su cara y frunciendo el ceño.

En parte, Remus tenía razón. Excusarse diciendo que no había ocurrido "nada" era perder el tiempo. Su amigo sólo lo había visto en ese estado un par de veces: Cuando perdió su primer partido de quidditch (¡Había sido trampa! Estaba seguro de que los slytherins le habían colocado un rastreador a la snitch) y cuando Remus le leyó una noche "El corazón peludo del brujo", de Beedle. Éste último le causo una grave depresión al darse cuenta de que no todos los cuentos tienen un final feliz, y Remus tomó la precaución de jamás hablarle de las obras de Shakespeare*.

James había vivido rodeado de atención y felicidad, por lo cual no estaba acostumbrado a los golpes de la vida que frecuentaban a muchos que no eran tan afortunados.

- No literalmente, pero veo que tienes intenciones de cometer una locura. – Dijo Remus. -¿Qué pasó en la cita?

- Nada. – Remus lo fulminó con la mirada. Estaba siendo muy difícil obtener algo del muchacho. – ¡Es en serio! No pasó absolutamente nada.

-Así que ese es el problema. – Remus soltó el aire contenido. Temía que Lily hubiera cometido una estupidez. – Te creaste unas expectativas que no se llevaron a cabo.

James frunció el ceño. A Remus lo único que le faltaba era tener lentes, para que en cualquier momento se los acomodara y lo mirara fijamente. ¡Si hasta complejo de psicólogo tenía su lunático amigo! Aunque no sería extraño que se hubiera leído un par de libros sobre el tema. Suspiró resignado.

-El problema, Remus, es que no pasó nada porque ella no quiso que pasara nada. No dejó que pasara nada. ¡Ni siquiera dejó que pasaran quince minutos de cita!

Remus abrió los ojos sorprendido.

-¿Discutieron?

- Ya me di cuenta de que no vale la pena discutir con esa niña malcriada, cabezota, obstinada, voluntariosa, incorregible…

-…arrogante, egocéntrico, imbécil, pesado. ¿Cómo es posible que me guste? – Culminó Lily, cruzando las piernas en el sofá y frunciendo el ceño.

- Cierto, cierto. – Alice fingió pensarlo por unos minutos, tan dramáticos que Lily no pudo evitar reírse. – No, no te gusta. Lo amas.

Lily enrojeció tanto, que su cabello difícilmente se distinguía. - ¿Segura que estás bien? Alice, ¡Por favor! El día que el amor toque mi puerta, no estaré en este colegio, y menos será con él.

-Lo que digas – Accedió Alice, no del todo convencida de la respuesta. ¡Bah! En algún momento su amiga se daría cuenta de lo testaruda que estaba siendo y abriría los ojos. - ¿Dices que te dejó una carta?

- Sí, bueno, nada más se lee la mitad. Estaba dentro de la libreta – Dijo, rebuscando en sus bolsillos la mojada y dañada libreta.

- Lily, por favor, una de las brujas más talentosas de mi clase y no se le ocurre un simple hechizo para remover los daños. – Lily sacó por fin la libreta de su bolsillo y la abrió, revelando la carta cuya tinta estaba regada. – O quizás no querías leerla. – Alzó las cejas, tomando la carta entre sus manos. Con un leve movimiento de su varita, las letras corridas por el agua empezaron a formarse de nuevo y a ubicarse en su sitio, y todo borrón negro que tapara antes las palabras, desapareció. Dicho esto, la alisó un poco con las manos y se aclaró la garganta.

-Alice, por favor. – Lily extendió la mano, y Alice le entregó la carta con una sonrisa de medio lado. Con manos temblorosas y con el corazón latiéndole a millón, Lily comenzó a leer: - "No sabes lo mucho que me cuesta escribir esto, pero con un poco de corazón, sé que saldrá. – Lily frunció el ceño – No tienes idea de todo lo que esperé éste momento, ese 'si' que salió de tus labios, dispuesta a aceptar salir conmigo. Pues bien princesa, espero que haya sido más que una cita para ambos. Espero que algo haya surgido y que se repita nuevamente, pues todo lo que anhelo es que esa pelirroja que quiero me sonría como lo hiciste esta tarde al decirme que sí…" Oh, ¡Vamos! ¡Es lo más falso que puede haber escrito! - Alice le mandó una mirada asesina. Lily decidió ignorarla y continuar leyendo - "…También espero que lo que yo siento por ti, en algún momento tú lo sientas por mí…- Alice suspiró, y Lily refunfuñó, para luego terminar de leer. – En fin, pelirroja, fue un placer tener ésta libreta en mis manos. Con amor…

-James, ¿Es que ya no sientes nada por ella? – La mirada preocupada de Remus hizo que James suspirara frustrado.

- Moony, claro que siento algo por ella. Siento que esto es puro amor no-correspondido. – James apretó los labios, decepcionado.

- Me huele a despecho. – Dijo Sirius, saliendo del baño con pasos ligeros y felices. -¿Qué? – Preguntó, ante la mirada asesina que ambos compañeros le enviaron. – Está bien, está bien. – Alzó ambas manos en defensa, tratando de calmarlos. – Me huele a depresión.

- Eso es lo más incoherente que puedes haber dicho, Pad. – Dijo James, esperando ser aprobado. Sin embargo, la risa nerviosa de Peter le demostró lo contrario. –Oh, vamos.

- Prongs, amigo, no entiendo por qué te frustras ahora, después de cinco años de rechazo. – Dijo Peter, negando con la cabeza. James, suspiró, y Remus volvió la mirada a su libro.

- Ah, ¿Y sus comentarios hirientes si son aprobados? – Dijo Sirius, señalando a Peter y cruzándose de brazos. Su pregunta fue respondida con tres miradas hoscas. – Está bien, joder, me callo.

- ¿Saben algo? Creo que simplemente me sentaré y volveré a mi vida. La pelirroja testaruda esa no volverá a ocupar mi mente. Ya me quedan tres semanas para terminar los exámenes e irme y olvidarme de ella. – Remus y Peter intercambiaron miradas preocupadas. Su amigo no estaba pensando bien, y ellos tendrían que lidiar con su mal humor esas tres semanas.

- ¿Desde cuándo dejó de ser "mi pelirroja" para pasar a ser "la pelirroja testaruda esa"? – Preguntó Sirius buscando algo dentro de su baúl.

- Sirius, es en serio. Cierra la boca. – Le reclamó Remus.

-¿Alguien sabe de quién es esto? – Cuestionó Sirius, haciendo caso omiso a la orden de Remus y levantando con una mano ropa interior femenina de encaje.

Fue esa pregunta la que aligeró la tensión e hizo que James estallara en carcajadas, seguido de Peter. Remus continuó enfocado en su libro, pero una pequeña sonrisa se asomaba de entre sus labios. Sirius se limitó a encogerse de hombros y lanzar la ropa interior femenina a algún rincón de la habitación, lejos de sus cosas.

-Está bien… - Después de un largo silencio, Lily susurró esas dos palabras como si de una respuesta de examen se tratara.

- ¿Está bien? – repitió Alice, frunciendo el ceño. – No, Lily, no está bien.

-Si, si lo está. Está…

- …bien jodido Jimmy. – Dijo Sirius largando una carcajada. - ¿Sabes que debes hacer? Echar esa depresión a un lado, confiar en mí y dejar que te lleve a Hogsmeade a emborracharte y tirarte a Rosmerta.

Peter dejó escapar una risilla y acotó con mofa: -Sirius, a veces tus comentarios están de más.

-No – Intervino James, para sorpresa de todos. – Canuto tiene razón. – Tanto Sirius como Remus abrieron los ojos, impactados ante el comentario del joven merodeador, aunque por motivos diferentes: Sirius emocionado y Remus aterrado.

- ¿Qué carajo tienes en la cabeza, Lily? – Alice observó anonadada como Lily se ponía de pie.

- Voy a olvidarme de ese imbécil, Alice. No me importa…

-… lo mucho que piense en mí, si para joder los momentos es para lo que sirve. – James se dirigió a su baúl a buscar algo. La sonrisa de Sirius se borró, e intercambió una mirada preocupada con Remus. – Si las pocas veces que ha admitido…

- …que me quiere. ¿Quién coño se traga eso? – Lily largó una carcajada que no alivió para nada a Alice. – Claro, ¡Yo! Totalmente ciega. Por una vez que me ilusiono y todo sale…

- …terrible. ¿Cómo no lo vi antes? Tanto rechazo, tanta mierda. Eso fue todo. – James sacó del baúl su capa invisible y el mapa. – Sirius. – El aludido volteó la cabeza con terror en la mirada. La había cagado y ahora James iba a estar insoportable. - ¿Por qué me dejaste tener tanta paciencia? Sí, eso fue. Tuve demasiada…

-…paciencia como para esperarme cinco años, ¿Cómo es que no supo tener paciencia en ésta cita? – Lily volvió a sentarse en la butaca frustrada. – Admito que me comporte terrible, pero siempre he sido así con él, ¿No? Es decir, es lo normal. No podía esperar que llegara como una imbécil y me lanzara a sus brazos, cuando yo no soy…

-…así, claro. ¿Qué esperaba? No puedo seguir pensando en esa pelirroja. – Remus miró a Sirius con cara de "Te lo dije, pero no te lo repito para que no te sientas peor… aunque ¡Te lo dije!" – Sígueme Sirius, vamos a olvidar toda mierda referente a ella. – James se dirigió a la puerta, y al ver que nadie le seguía, presionó a Sirius. – Vamos Canuto, necesito olvidarme de ella… Por favor. – La mirada de súplica de James logró que Sirius se pusiera de pie, y con una mirada de disculpa dirigida a Remus, lo siguiera.

-A final de cuentas - Continuó Lily - jamás dejará de ser ese arrogante…

-…Cabezota – James bajaba las escaleras que le llevarían a la Sala Común, ahora seguido por Remus y Peter también, angustiados. – Orgullosa…

-… Capullo – Lily se puso de pie de nuevo. – Egocéntrico…

-… Presuntuosa.

-…Fanfarrón.

-… Jactanciosa.

-¡Y todo esto…

-…por culpa de esa…

- …maldita libreta! – Gritaron Lily y James al mismo tiempo. Ese arrebato les hizo darse cuenta de que ambos se encontraban en el mismo sitio, maldiciendo a la misma libreta, alias, pensando lo mismo. Remus, Sirius y Peter se reunieron con Alice, quien había vuelto a sonreír con la llegada de ellos. Por fin veía una cercana solución al problema.

-¿Qué haces aquí, Evans? – James caminó con grandes zancadas para ponerse de frente a ella.

- Sala Común, Potter, de uso común. – Lily alzó la cabeza con orgullo. A pesar de ser una cabeza más baja que James, desprendía suficiente autoridad como para ponerse a su altura.

- Ya veo. – James escupió esas palabras con desprecio. – Aunque no debería de serlo.

- Claro, y volvemos con lo mismo. No superas que una mujer te rechace, ¿Eh, Potter? Y ahí vas, desprendiendo arrogancia como si nada hubiese pasado. - Lily lo observó de arriba para abajo, indignada.

- ¿Rechazo? ¿Llamas a tu estupidez "rechazo"? Que yo sepa, Evans, jamás en la historia se ha considerado "rechazo" el no saber llevar una cita como debe de ser.

- Ah, ¿Ahora fui yo la que se largó como si no le importará un carajo nada?

- ¿Complejo de culpa, Evans? Deberías.

Remus, Alice, Peter y Sirius observaban la escena, lejos de estar preocupados, divertidos. Ese par estaba destinado, todos lo sabían.

- Eres sencillamente… - Lily lo miró de arriba abajo, evaluándolo, buscando una palabra que lo envolviera a todo… él.

- ¿Encantador? – James sonrió con arrogancia.

- …despreciable.

- Vaya Evans, consideraré eso un cumplido de tu parte. – La sonrisa arrogante de James se entendió por su rostro.

- Ve borrando esa estúpida sonrisa, pues será el último cumplido que oirás de mí. – Lily avanzó hasta que su dedo índice, acusadoramente, presionó fuertemente el pecho de él.

- ¿Así que te dejarás de insultos y ahora vendrán palabras bonitas?

- Muy gracioso, Potter. – Dijo con mofa la pelirroja. La sonrisa de Lily estaba cargada de un total y completo sarcasmo. - Pero, no. No creo que vayas a oírme dirigirte de nuevo la palabra.

- Eres increíble, Evans, aplicando la famosa "Ley del Hielo". – Soltó una carcajada seca - Para unas cosas puedes ser la prefecta-perfecta, pero para otras puedes ser una niña que aún no cursa el preescolar.

- Serás… - Lily bajó la mano y alzó la cabeza con orgullo. – Claro, entiendo que me consideres perfecta como prefecta, pero a veces para tratar contigo debo rebajarme a tu nivel, ¿Sabes? – Las palabras de ella borraron por completo la sonrisa de James, cosa que la hizo sentir triunfante.

- No te considero perfecta como prefecta, y tampoco considero que mi nivel sea inferior al tuyo. – James murmuró estas palabras con desprecio en la cara de ella, que a duras penas alcanzaba a mirarlo con desafío.

-Y vamos de nuevo con el narcisismo. ¿Sabes Potter? Me estoy cansando de esto.

- Puedo decir lo mismo. ¿Por qué no te vas a ejercer tus labores de prefecta? Y así aprovechas y me dejas tranquilo. – Las caras de ambos estaban tan cerca, que a los cuatro individuos que observaban detrás les brillaban los ojos, esperando sólo a que alguno de los dos se dignara a acortar la distancia.

- Sería una buena idea, sólo que tengo que vigilar que no te largues tan tarde de la Sala Común. – La sonrisa de suficiencia de Lily era enorme. – Ejerzo bien, ¿No, Potter? – Y dicho esto se separó de él, haciendo que el pequeño público soltara un bufido de frustración. Lily frunció el ceño ante eso.

- Verás, Evans, estés o no estés, yo me largo de la Sala Común, sea la hora que sea. No podrás evitar nada. –Acotó James con furor. Alice hubiera jurado oír un "¡crack!" al ver destrozarse en mil pedazos la sonrisa de Lily.

- ¿Y qué pretendes hacer a éstas horas, eh? – Lo retó Lily.

- Eso, pequeña pelirroja, no es ni será de tu incumbencia. – James sonrió con suficiencia y dio un paso atrás, dispuesto a irse.

- No sé qué te traes entre manos, Potter, como para salir a estas horas de la Sala Común. – Lily arrastraba con desdén cada una de las palabras. Por su inocencia, jamás entendería las razones de James. Quizás querría ir a las cocinas, poco propio de el joven merodeador, o también podría ir a molestar a… La muchacha abrió desmesuradamente los ojos - Si te atreves a hacerle algo a Severus, yo…

James se detuvo como lo hizo el tiempo para Lily. - ¿Snivellus? – Dijo con burla. - ¿Estás hablando en serio? – Volteó a verla con el desengaño invadiendo sus ojos.

-Si. – Lily alzó la barbilla, desafiante.

- ¿Snape? – James poco a poco dejo a ver el dolor en sus ojos. - ¿Puedo hacerte una pregunta? - Lily arrugó el ceño y asintió extrañada. James volvió a acercarse a ella, ésta vez con la duda y el dolor en el rostro. - ¿Por qué él te importa tanto?

Remus alzó las cejas divertido, Peter abrió mucho los ojos y los rostros de Alice y Sirius brillaron de agitación, sabiendo lo que vendría a continuación.

La reacción de Lily ante esa pregunta fue de sorpresa. Sus ojos se abrieron mucho y, rendida, dejó caer sus brazos a ambos lados de su cuerpo. Podría decirle que porque Snape era su mejor amigo, aunque eso había quedado atrás desde el momento en el que la llamó "sangre sucia"… También podría soltarle una mentira, como que era su deber. O podría decirle la verdad, que él le importaba mucho y que quería que él le dejara de lastimar. Podría decir que lo ayudaba porque era él el que lo molestaba, porque sería otra oportunidad para escuchar sus confesiones y arrebatos locos y poco decididos, pero no lo haría. No lo haría porque en ese momento las piezas del rompecabezas se estaban uniendo en su mente y poco a poco se estaba dando cuenta de todo, y ese todo no era un juego, como ella pensaba.

-Tu… Yo… Eh… - Lily no salía de su impresión (Y, ¿Por qué negarlo? emoción) - ¿Estás celoso de Severus?

James perdió todo el orgullo que hacía un par de minutos irradiaba en él. Lo tenía.

-¿Yo? ¿Celoso de Quejicus? ¿De Snivellus? – No sabía qué responder… ¿Lo estaba? ¿Estaba celoso del pelograsiento?

- Joder Prongs, ¡Dile que SÍ de una buena vez! – Sirius no aguantó más e intervino. – Dile todo lo que nos dices diariamente, lo mucho que te gusta… no, lo mucho que la amas, todas esas veces en las que sueñas con ella y despiertas sudado y nervioso porque no sabes si ella te quiere, – La cara de Remus era de espanto. ¿Es que Sirius no sabía callarse? Por su parte, James no sabía simplemente como reaccionar.- y sobre todo, las jodidas ganas que tenemos todos de que la beses. Personalmente, diría que… - Sirius no pudo terminar, pues Remus tomó su varita y lo hizo callar.

Lily y James, anonadados, se dedicaron a analizar todo. A James de verdad le gustaba Lily. ¿En qué momento lo habían dudado? Pues en todo momento, desde que la condenada libreta había aparecido. Desde que la cita había acabado en un total y completo desastre, y desde que ambos habían decidido olvidarse mutuamente. Pero las dudas se habían aclarado en el momento en el que se encontraron en la Sala Común y se dieron cuenta de que era imposible olvidarse el uno del otro. Lily se dio cuenta de que para James, ella no era un juego más, otra aventura. Desde que había dejado a un lado las hormonas y había madurado, el decir "¿Quieres salir conmigo?" venía con seriedad por parte de James. No era un juego. No era un capricho más.

Ambos pensaron en la libreta, en los problemas y soluciones que había traído, y sobre todo, en el beso que se habían dado al principio. Ante este pensamiento, los dos se sonrojaron, y ése fue el momento que escogió James para tomar valor y terminar de acercarse a ella para susurrarle con ternura.

-¿Quieres besarme tanto como ellos quieren que nos besemos? – Ladeó el rostro con una sonrisa de medio lado, y Lily no pudo evitar reírse nerviosa.

-Sólo si tú lo deseas tanto como nosotros. – Murmuró ella, ante lo cual James terminó de acortar la distancia y posó delicadamente sus labios sobre los de ella.

No fue un beso como el primero, no, porque no rebosaba pasión, ni deseo. Éste beso estaba cargado de amor y ternura, y Lily, conmovida, se abrazó mas a James, no queriendo jamás perder el contacto.

Los cuatro muchachos, desde el fondo de la Sala Común, suspiraron alegres, observando al par besarse con ternura. ¡Al fin! Remus se encontraba totalmente aliviado, ya que su amigo al final, no había tomado la decisión incorrecta. Sirius estaba a rebosar de alegría, ya que James por fin había conseguido a Lily y porque su metida de pata no le iba a costar caro. Peter observaba la escena con ternura y ganas de abrazar a su amigo. Por último, Alice estaba que saltaba de la emoción. Su amiga al final, no había cometido el error de su vida al negar sus sentimientos de la forma en que minutos (Wow, nadie pensaría que habían pasado sólo minutos) antes había hecho.

James no podía creer que estuviera besando triunfalmente a Lily Evans, y Lily Evans no podía creer que estuviera besando al capullo de James Potter. Y es que éste era el primer beso de ambos, ya que el anterior fue un engaño, un juego y, sin que ninguno de los dos lo supiera, el inicio de esa difícil pero hermosa relación. James aventuró sus manos por la espalda de la pelirroja, y Lily enredaba las suyas en el desordenado cabello del muchacho.

Cuando el beso empezó a dejar la ternura a un lado y hacer paso a la pasión, Remus carraspeó, pero al parecer, la pareja no le oyó.

-¿Saben qué? – Preguntó Alice con ojos soñadores. – Creo que deberíamos dejarlos. –Alice dejó de mirar a la pareja para voltearse a ver a los merodeadores - ¿Remus? – Cuestionó.

- Tienes razón. – Suspiró el chico. – Vamos Colagusano, Canuto.

- Que pasen buenas noches. – Les deseó Alice, y enseguida subió por las escaleras que la conducirían al dormitorio de las chicas.

-¿Sirius? – Preguntó Peter, al ver que su amigo no tenía pensado moverse.

- Tranquilos, yo los alcanzo luego. – Murmuró él, con los ojos encendidos y una sonrisa nada normal en la cara. Lily y James habían encontrado incómodo el estar de pie y se hallaban ahora recostados en una butaca.

- Ah, no. Nada de eso. ¡Tú te vienes! – Remus tomó del brazo a Sirius, y con la ayuda de Peter, lo sacó de ahí.

Mientras los chicos se iban, Lily tropezó con la libreta, que se encontraba en alguna parte de la butaca. La tomó entre sus manos, y suspirando con frustración, la tiró al piso. "¡Maldita libreta!", murmuró, con lo cual James soltó una carcajada y se digno a continuar con lo que ya había empezado. ¡Qué bueno era tener por fin a Lily Evans entre sus brazos! "Bendita Libreta" Pensó.

FIN


*El caso de Remus contándole a James El corazón peludo del brujo. Ésta es una historia encontrada entre las runas originales de los textos de Beedle el Bardo. Se aleja totalmente de ser una historia sobre generosidad, tolerancia y amor. Dicho esto, «El corazón peludo del brujo» es el relato más truculento de Beedle, y muchos padres magos no lo com parten con sus hijos hasta que creen que éstos son lo bastante mayores para no tener pesadillas. Por esto, James queda traumado al escuchar de la boca de Remus éste cuento. Citando textualmente una parte que nos recuerda también a los trágicos finales de Shakespeare y por lo cual también se hace referencia a sus obras en la historia: "Y tras jurar que nunca se dejaría gobernar por su corazón, se lo sacó del pecho a cuchilladas. Entonces se quedó un momento arrodillado, triunfante, con un corazón en cada mano, y a continuación se desplomó sobre el cadáver de la doncella y murió." Ahí se los dejo.

N/A: ¡Soy una VAGA! Lo único que puedo decir a mi favor es que cada vez que me sentaba en frente de la computadora, no salía NADA. Por lo tanto, tardé un poco en conseguir exprimir de mi mente éste último capítulo. Si, el último. Voy a poner el fic como completo, pues yo siento que hasta aquí llegó. Aunque no se puede descartar que en un futuro suba un epílogo, que aún no se me ocurre.

Con respecto a la aclaración de los cuentos de Beedle, tengo entendido que algunos aún no se los han leído y por lo tanto me pareció necesario aclarar a qué me refería. (Si alguno quiere leérselos, pues me dejan su correo por un PM y yo con gusto se los envío.)

Debo de ser sincera, éste es mi primer fic terminado (que tenga más de dos capítulos) y me siento terriblemente orgullosa. Tengo un par de one-shots que subiré en cuento pueda, y me entró inspiración para escribir un longfic. Si lo llego a escribir, no subiré un solo capítulo hasta terminarlo, para ahorrarme las demoras y disculpas.

Por último, quiero agradecer a , Janahoria, Evasis, Ely-Barchu, faby08, Dark Princess, mapau inu-maniatica, Su Broderick, carloline, Criistiii206, kindofmiracle, PauEvans, Sorcieres de la Neige(Disculpa por no actualizar antes, como prometí), The London Black Rose, mandrea, Ginevra, RociRadcliffe, J0r, Alfredo (Jajaja, si hago epílogo lo lees antes de subirlo, lo prometo) y a Magenta por sus reviews… De verdad me animaron a continuar el one-shot que era al principio.

Muchísimos besos de caramelo de limón para todos y todas.

Anne.

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