CAPÍTULO XII

Enemigo

¿Qué demonios me pasaba? ¿Por qué rayos Edward Cullen me afectaba tanto? ¿Qué más daba que me odiara, si para mí él era una persona odiosa y que se creía mejor que los demás? Debía dejar de comportarme tan patéticamente y madurar un poco. Después de todo yo ya no era aquella chiquilla salida de Forks, aquella idiota que creía en los demás, y a la que los demás le afectaban. No yo ya no era aquella y no debía serlo más. Debía ser alguien fuerte y valiente, no sólo por ser día a día molestada por él, si no por todo lo que me rodeaba.

En aquél tiempo pensé que cambiar era simplemente ser lo contrario a lo que había sido, mis actitudes y pensamientos estaban en un pasado al cuál no pretendía volver; pero el destino siempre ha hecho lo que la ha venido en gana conmigo, un cambio mucho más radical se avecinaba y yo no era consciente de ello.

Esa semana fue abrumante, me sentía completamente fuera de lugar, comencé a preguntarme si realmente había sido una buena idea ir a New Hampshire, si no había actuado por puro resentimiento y por cobardía. Ir a las clases fue un completo suplicio, sobre todo, por que en aquellos momento mi estado de ánimo no era el mejor.

En esa semana fue mi debut como actriz, puesto que no deseaba hablar de nada personal con mis amigas, así que fingía felicidad y emoción por la bienvenida y los preparativos; también era propio de mí fingir delante de Edward, que no me afectaba, que lo odiaba, que no me importaban sus certeros comentarios, incluso en su intención abierta de humillarme delante de los compañeros del comité, jamás me doblegué. Pero eso sólo era prueba de que volvía al estado catatónico en el que no era consciente de la realidad.

Había quedado todo perfecto para la bienvenida, nuestro equipo había organizado lo de la música y ya no había nada más que hacer. Faltaban unos cuantos minutos para la clase de música, me senté en el jardín delantero, en una de las bancas donde había charlado alguna vez con Jasper, sin esperarlo mi teléfono móvil comenzó a vibrar, leí en la tapa Casa Forks, y sin más contesté esperando escuchar la voz de alguno de los miembros de mi amada familia.

-Bells… Isabella, sé que eres tú…- la fuerza de su voz me golpeó con intensidad- Bells tenemos que hablar, por favor, no me cuelgues, sé que no me creerás, pero yo te he amado siempre… lo que pasó fue un malentendido y un plan para molestarte, yo no tengo nada que ver con Jessica, si tan sólo pudiera verte… Bells debemos hablar de verdad, dime dónde estás… te buscaré en el mismo infierno si es necesario, pero dame una oportunidad, aclaremos esto. Te amo.- Unos dedos deslizaron el teléfono de mis manos, aquella voz a lo lejos seguía diciendo palabras sin sentido, yo miraba el horizonte, hacia la nada.

-Bien, no creo que sea necesario que esperes a Isabella en navidad, ella no irá a Forks… ¿Quién soy yo? Jajaja no veo por qué tendría que darte explicaciones- Un silencio sepulcral nos invadió, aquél joven devolvió el teléfono a mis manos y se quedó junto a mí, parado cerca de un viejo roble. Mis manos estaban apoyadas en mis rodillas, no sé ni en qué momento habían parado en aquél lugar, pero su dorso estaba lleno de mis lágrimas, lágrimas que borbotaban inconscientes de mis ojos.

Mi mente estaba en blanco, no me enteraba de qué sucedía a mi alrededor. Sin saber cómo dejé que me guiara caminando como autómata, por fin dejé que mi mente volviera a pensar y me sorprendí al descubrir que me encontraba en un lugar al que jamás había ido, era uno de los muchos jardines de la escuela, pero en el centro además de bancas había un pequeño kiosco de piedra.

-Basta ya… ¿estás bien?- dijo esa voz, mi mente de pronto fue saturada de mucha información, había vuelto a escuchar la voz de Jacob Black, el que había sido mi gran amor, el que me había traicionado, y sin entender cómo ni por qué Edward Cullen estaba ahí, mirándome. No, no había atisbo alguno de odio en su mirada, incluso en aquél momento tampoco había lástima. Era más bien una mirada de entendimiento y comprensión.- Vamos, sea lo que sea, déjalo…- y entonces un mar de lágrimas salió, no eran las lágrimas estilo catatónico, eran profundas, dolorosas y fuertes, él se acercó a mí y me abrazó, mientras yo lloraba desde el fondo de mi corazón.

-¿Por qué… por qué sigue afectándome de esta manera? ¿Qué lo motiva a lastimarme? ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué demonios estoy aquí.. Para qué si no sirvo para nada…?

-Eres una idiota…- De pronto se separó de mí, la fuerza de su mirada me lastimaba, parecía que estaba logrando su objetivo: dar la estocada final- eres una completa idiota después de todo… los motivos para que ése individuo te lastime los desconozco, pero si sigues pensando que no sirves para nada, te los mereces.

- ¿Pero qué demonios estoy haciendo, aquí… tan lejos de casa, tan lejos de papá, de mis hermanos.

-Si eso piensas, lo que deberías hacer en este momento es irte a casa, volver de una vez por todas, y continuar por el resto de tu vida huyendo de tus temores- De pronto me di cuenta de algo que estaba pasando por alto, en aquél kiosco, con las palabras de Edward, entendí que lo que me dolía era precisamente huir, por eso Jacob continuaba lastimándome, porque aún lo amaba, incluso a pesar de continuar negándolo y como Leah decía "Dejar las cosas inconclusas hiere el alma"- ¿Sabes?, aún me sigo preguntando, dónde quedó la Isabella Swan de la solicitud de beca, aquella que quería venir para cumplir su sueño y ser una gran escritora…- Y me dejó ahí, sola.

Esa noche lloré como jamás había llorado, por primera vez mis lágrimas eran por mí, no por Jacob, mi familia o mis amigos, lloré por que no sabía dónde había quedado yo en todo este tiempo, Edward había tenido razón de decirme aquello, mis sueños habían quedado en un lugar inaccesible, un lugar del que no conocía paradero. Mi vida de pronto se tornó un ridículo absurdo y ya era tiempo de que se convirtiera en algo diferente, ya no quería seguir dependiendo de los demás, dejando mis sentimientos y mi propia vida a merced de otros cuando yo misma debía tener el control.

Desperté al día siguiente más temprano de lo normal, mis ojos hinchados y enrojecidos de tanto llorar, pero al ver el sol del amanecer sonreí, sentí algo parecido a mi llegada a New Hampshire, pero mucho más profundo. De pronto tocaron la puerta de mi cuarto, se trataba de Alice, ella no habló, simplemente me abrazó y yo no hice más que sonreír en su hombro. Por primera vez en todo este tiempo me sinceré totalmente con alguien, le conté lo sucedido con Jacob y mis sentimientos. Ella sólo me observaba con cautela como esperando algo, una vez terminé lo que debía decir ella me preguntó:

-¿Y cuándo volverás a Forks?- sus ojos intentando esconder algo.

-¿Volver a Forks? ¿Quién dijo que iba a volver?- la miré sospechosa

-Bueno… este… nadie… simplemente… yo… bueno… creí que tal vez querrías volver- dijo nerviosamente.

-¿Qué sucede Alice? ¿Por qué estás tan nerviosa?

-Bella… contéstame, ¿volverás a Forks?- negué con la cara.

-No… por que aunque después me arrepienta de lo que voy a decir… Edward tiene razón- un atisbo de entendimiento rondó por mi mente- si continúo huyendo será así para siempre, debo quedarme y enfrentar mis decisiones- Probablemente lo que pensaba era un delirio, una locura… pero tal vez era posible y yo lo averiguaría- Ahora debo ir a un lugar…- Y salí corriendo de mi dormitorio con el rumbo fijo mientras Alice gritaba "Bella pero vas en pijama"

Me encontraba en el edificio N, en los dormitorios de chicos, probablemente estaba rompiendo una regla, pero no me importaba, debía saber cuánto antes si lo que pensaba era cierto. Pero ahora que estaba ahí ¿Cómo rayos iba a saber cuál era su habitación? Mi determinación estaba cayendo y justo cuando volteé para regresar a casa él venía con sus pants, una gorra y audífonos. Me miró fugazmente pero aún así con superioridad y desprecio, pero daba igual, la adrenalina en mi cuerpo me motivaba.

-Cullen, debo hablar contigo…- le dije mirándolo a los ojos mientras sucumbía al poder de su mirada.

-Pues yo no Swan… compermiso- dijo mientras pasaba a mi lado, sin saber cómo fue a dar a ese lugar, mi mano izquierda se movió en arco reflejo sujetando su antebrazo, el me miró primero sorprendido y después volvió a su mirada habitual.

-No he dicho si quieres hacerlo, dije que "debo" hablar contigo- mis palabras salieron de mi boca sin temor alguno, su mirada llena de cólera y odio, pero aún así me sentí segura.

-Habla pues…

-Gracias, gracias por lo de ayer, y también por la beca- por un momento su mirada se notó dudosa

-De nada sirve de todos modos, creo que ha sido una mala decisión después de todo mi dinero no sirvió de nada después de todo te irás- Sí, lo sabía, era yo a quién él había financiado, lo supe luego de que mi mente estuviera en blanco y entendiera sus palabras del día anterior.

-También debo agradecerte que enviaras a Alice hoy por la mañana

-Espera un momento, no te sientas tan importante, yo no la mandé, además ¿Qué me puedes importar tú?

-Tú mismo lo dijiste hace un momento, probablemente estés velando por tu inversión. Da igual, probablemente le comentaste o algo así, pero estoy segura de que tú tienes algo que ver con que ella fuera y no lo niegues- hizo un gesto de querer contradecirme, pero yo no se lo permití continuando con mi monólogo- También creo que debo informarte que Isabella Marie Swan acaba de ingresar al colegio y prometo que no decepcionaré la confianza que me brindaste, me convertiré en una gran escritora y te igualaré en respeto con los demás compañeros.

-¿A eso has venido tan temprano en esas fachas? ¡Qué insensatez!- Sí, me puse roja como un tomate y probablemente si hubiera continuado viéndolo a los ojos no hubiera podido terminar lo que le había ido a decir.

-Llámalo estupidez si así lo prefieres, me da igual…

-Tienes razón, ya di por perdido ese dinero así que no pierdas el tiempo y vuelve a casa- dijo con toda la determinación.

-Piensa lo que desees no me importa, pero vengo a advertirte que me convertiré en una alumna estrella, te igualaré tanto que tu trono en la presidencia estará en peligro, a partir de hoy serás mi enemigo, así que da tu mayor esfuerzo- por un momento sentí que su mirada era amable, pero igual era un reflejo de algo que me hubiera gustado ver.

-Apuesto lo que quieras a que no lo lograrás, tu determinación es tan débil como el sol en el invierno y toma en cuenta que nunca pierdo- sonrió muy pagado de sí mismo.

-Eventualmente será así, pero en esta ocasión estás equivocado y experimentarás lo que es perder, Hasta luego Cullen- le dije y salí corriendo.

¡Dios! ¿Qué era lo que acababa de hacer? ¿Le había declarado la guerra a Edward Cullen? Bueno, pero se lo debía después de todo, él había confiado en que encontraría a una chica brillante y llena de sueños y cuando vine aquí solo lo hice huyendo, siendo un costal de papas bueno para nada. Mi corazón latiendo a mil por hora, llena de adrenalina por el miedo, pero a la vez llena de vida, llena de vida de nuevo.

Me arreglé pero a pesar de eso no pude evitar que Alice y Rose metieran las manos, no porque en un rato más era la gran bienvenida y además quería hacerlo aunque claro no lo iba aceptar delante de ellas si no, no podría contenerlas. Milagrosamente pude evitar que Alice me pusiera una minifalda, pero no así el hecho de usar un vestido. Rose me obligó a usar unos tacones de unos siete cm pero eso no les quitaba lo peligroso al traerlos puestos yo. Debía reconocer que la imagen del espejo no era mi yo habitual, pero también debía aceptar el hecho de que me gustaba lo que veía. Mi rostro con un maquillaje sutil y que resaltaba mis ojos chocolate y mi pequeños labios, el vestido a la rodilla color azul, de esos que suelen ser entallados en la parte superior y sueltos de la cintura para abajo que me hacía ver tierna, mi cabello lacio con ondas al final, amarrado en una media cola con un broche de un lirio, y esos tacones cerrados que eran del mismo color que el vestido, me preguntaba ¿cómo una chica compraba zapatos que probablemente no se pudiera poner más que con ese vestido? Pero debo reconocer que se me veían bien.

Las chicas se despidieron de mí, me hubiera gustado ver qué era lo que traían puesto, pero eso pasaría hasta más tarde. Además no les había querido decir con quién iría al baile, supongo que creyeron que iría con Ángela y que allá me reuniría con ellas. Esa misma mañana, con aquella llamarada de adrenalina, había buscado a James para informarle que iría al baile, me sorprendí al notar que no estaba dispuesto a evitar que fuera ya que había quedado de salir con él, al contrario dijo que era una buena idea, así que iríamos juntos; por eso ahora estaba en mi dormitorio esperándolo. Mi teléfono móvil comenzó a sonar y leí que se trataba de él, así que bajé las escaleras, el me esperaba en la entrada. Llevaba unos jeans oscuros, tenis y su chamarra de cuero, probablemente no iba de gala, pero debo reconocer que se veía sumamente guapo. Al verme lo noté sorprendido, yo me sonrojé.

-Wow… Tienes el potencial de ser mi víctima esta noche ¿sabes?- Sonrió sensualmente y yo me sonrojé, tomó mi mano y nos subimos a su camioneta, que era una lobo negra. Su camioneta era enorme, pero desde luego combinaba a la perfección con su personalidad.

Llegamos al club vampiro, todo estaba hermoso, yo jamás había asistido a un lugar así, ya que en Forks los pocos bailes del año no eran divertidos ya que había poca gente, pero ahora el lugar estaba atiborrado. Encontré inmediatamente a Alice, Rose y Emmett, incluso a Ángela quien me dedicó una mirada de complicidad, inmediatamente supe que era por James; pero las miradas de los demás me sorprendieron, ya que eran de incomodidad, además Alice estaba nerviosa. De pronto volteé a la puerta sintiendo la tensión de todos, Jasper con pantalón oscuro y una camisa azul, y de su lado el ángel alado vistiendo un pantalón negro y una camisa verde que combinaba perfectamente con sus ojos, sin duda alguna mi enemigo era un hombre muy guapo.

Todos contuvieron la respiración, no entendía que sucedía en aquél momento, Jasper me miraba como incrédulo y Edward con odio, desaprobación y furia, ¿Qué demonios ocurría? El club vampiro de pronto me pareció el lugar más encerrado del mundo, deseaba huir de ahí de inmediato, huir de la tensión de todos, y en especial de dos pares de ojos llenos de odio que intentaban lastimarme

-Bella, ¿puedes decirle a tu novio que se retire del lugar?, me perturba su presencia y no es bienvenido- desde luego que no lo haría, no porque no quisiera, si no porque su mirada me había paralizado.

-Señorito Cullen, por qué no me lo dices tú mismo ¿acaso tienes miedo?- sus mordaces palabras apretaron mi corazón, comenzaba a hiperventilar y marearme.

-¿Miedo por ti? En tu vida lo verás...- Edward sonrió mientras se acercaba a aquél joven rebelde de cabellos rubios.


Muchas gracias por haberte tomado el tiempo de leer esta publicación,´sé que probablemente los he tenido abandonadísimos, lo siento de vdd, pero pues saben ke en la vida hay compromisos ke me impidieron tenerlos al tanto, el sábado habrá nuevo capítulos, los siguientes les prometo ke serán más grandes vale? saben ke el único tesoro anhelado por nosotros son sus puntos de vista, por eso a todos aquellos que tengan tiempo dejen su Review, los tomo muy en cuenta, gracias .

Julie Rocas