No las entretengo mucho, sólo para aclarar que hay un pequeño spoiler del capítulo 62 del manga, realmente no es gran cosa, sólo algunos detalles basados en los últimos capítulos del manga.

Advertencia: este NO es el lemon, más bien es como un teaser un tanto lemmonoso como disculpa para todas las que aún siguen el fic y en especial a Abineko21 u.u. En verdad lo siento, pero es el capítulo más largo e intenso que he escrito hasta ahora y puse todo mi esfuerzo en él.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-Vaya, al parecer el conde se encuentra muy excitado, ¿Acaso tenía pensamientos sucios mientras no me prestaba atención?-preguntó el peliplata para luego pasar su lengua por el cuello de Ciel. Aquello había sido suficiente para él.

Estaba a punto de llamar a Sebastian cuando una voz detrás de Wiltshire lo interrumpió.

-No creo que llamar a tu mayordomo sirva de mucho, después de todo, Ciel Phantomhive es demasiado orgulloso como para permitir que su sirviente lo vea en tal estado.

Gerard Gress, el sirviente de Wiltshire se encontraba detrás de su amo, sosteniendo una enorme caja entre sus brazos. Fuera lo que fuera que trajeran en esa caja (y a juzgar por las miradas y sonrisas de ambos) aquello no le traería nada bueno, y lo peor de todo era que tenían razón, en ese estado jamás llamaría a Sebastian.

Maldito orgullo Phantomhive.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Por otro lado, en un lugar no muy lejano de donde se encontraba el joven jefe de la familia Phantomhive, Sebastian se encontraba dando los últimos toques a la cena de esa noche, cerciorándose que la carne estuviera a buen término y los vegetales cocidos en su punto. Sin embargo, y aunque no estaba descuidando ningún detalle de la cena, había algo que le molestaba y no le dejaba trabajar en paz. Atribuyó esa sensación de desasosiego al hecho de que su amo se encontraba en la misma habitación que Adam Wiltshire; ese hombre tenía algo que le hacía desconfiar; más que eso, no le gustaba para nada la forma lasciva en que veía a su joven amo, sólo él podía verlo de tal forma, sólo él podría ver su cuerpo desnudo, perlado por el sudor, gimiendo, gritando su nombre y pidiendo por más, sólo él podría contemplar tal espectáculo, y lo guardaría exclusivamente para él, no permitiría que nadie, absolutamente nadie, ni en la tierra, el cielo o el infierno, contemplara a Ciel Phantomhive en tal estado.

No podía seguir con esa situación, había algo malo con su amo, podía sentirlo, así que, haciendo caso omiso a lo que Ciel una vez le había dicho, la cena estuvo lista en un abrir y cerrar de ojos; si era capaz de reconstruir una mansión en menos de un día y atender a su amo y a su fastidiosa prometida en todas sus necesidades, como no iba a poder tener una simple y sencilla cena, lista y deliciosa en menos de un segundo.

Habiendo terminado y dejando todo listo, Sebastian se encaminó hacia el despacho de su joven amo, dejando indicaciones a Mayleen para cuando los invitados bajaran. Algo no andaba bien y tenía que averiguar qué era.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Dentro del despacho, Ciel trataba a toda costa de deshacerse de Adam Wiltshire, lo cual era un tanto difícil, ya que el hombre lo superaba en tamaño y fuerza, pues aunque había crecido bastante en los últimos dos años, la esgrima no había sido suficiente para incrementar su fuerza, por lo que el peliplateado lo tenía a su merced, acorralado entre su cuerpo y el escritorio.

-Amo, desea usar "esto" ahora.

Gressil se acercó a su amo con aquella misteriosa caja. Había algo en esa caja que le daba escalofríos, pintada de rosa pastel y decorada con florecillas rosas y listones a rayas blancas y negras.

-Sí- fue la respuesta de Adam mientras ponía una sonrisa maliciosa en su rostro.

En un rápido movimiento, Adam tomó a Ciel de las muñecas, recostándolo sobre el escritorio, aprisionándolo con su cuerpo.

-Sácalo- le ordeno Adam a su sirviente mientras recorría con su lengua el níveo cuello de Ciel.

La sensación era desagradable, pero debido a los pensamientos que había tenido momentos atrás donde él y su mayordomo se encontraban haciendo cosas por demás indecorosas, su cuerpo se encontraba un tanto sensible; su cuerpo respondía a las sugerentes caricias que el peliplata le estaba proporcionando, muy a su pesar. Encontrándose en esa situación, no pensaba llamar a Sebastian, sólo conseguiría que el demonio se burlara de él, además, le saldría el tiro por la culata en cuanto a su venganza de esa mañana, así que debía apurarse si no quería terminar violado por aquel hombre.

-Ahhhh!

Ese gemido había salido de su boca. Mientras estaba reflexionando, Ciel no se había dado cuenta de todo lo que Adam Wiltshire estaba haciéndole. Su pecho estaba desnudo, expuesto ante aquel pervertido de ojos amatistas quien se regocijaba lamiendo sus tetillas, mientras que con una de sus manos, acariciaba su entrepierna. Aquella parte de su anatomía se había despertado minutos atrás, y ahora estaba siendo atendida por la persona que menos deseaba.

-Gnn

Esta vez, Ciel había tratado de reprimir un gemido cuando la mano de Wiltshire se coló sin reparo alguno dentro de su ropa, teniendo contacto directo con su erección.

-Veo que le gusta Conde-dijo susurrando al oído de Ciel.

-Eso desearías-escupió con odio el peliazul.

-Gress, encárgate.

Ciel no supo ni cuando, ni como, pero en un abrir y cerrar de ojos, se encontraba atado a la silla frente a su escritorio, pero lo más alarmante del asunto no era estar inmovilizado, era el estar vestido con la ropa interior de chica que alguna vez llegó a utilizar durante el caso de Jack el destripador; el corsé, las medias, ligero, todo, absolutamente todo estaba en él en esos momentos.

-Debería verse conde, su cara es un poema, y me permito decir que todo este atuendo le va a la perfección, nunca me imaginé que podría llegar a disfrutar de verle así, cuando Gress me contó que usted había utilizado un atuendo así hace varios años, nunca pensé que podía verse tan bien en un hombre.

Wiltshire se acercaba a él cada vez más, y una vez que estuvo frente a él se arrodillo para llevar a cabo algo que siempre soñó; comenzó deslizando con sumo cuidado los calzoncillos rosas de encaje con tremenda parsimonia, tratando de tener el mayor contacto posible con aquella piel de porcelana que llevaba tanto tiempo añorando, pasando sus manos por las piernas de Ciel, acariciando y masajeando la parte interna de sus muslos. Una vez que se deshizo de la prenda, comendo un camino de besos y succiones, empezando por sus tobillos, siguiendo por sus pantorrillas y deteniéndose en sus muslos, justo frente a su erección.

-¡Ya basta!-ordenó Ciel, sin embargo, el estado en el que se encontraba no le permitió sonar muy convincente, pues la voz había salido de su boca, era una combinación de placer y ruego.

-No lo creo querido Conde-dijo Adam, haciendo caso omiso a la demanda de Ciel y dirigiéndose hacia su erección, la cual planeaba engullir en su totalidad y hacer gritar al peliazul de placer.

-¡Amo!

El grito de su demonio los sobresaltó a ambos, sus ojos, originalmente verdes, se habían tornado amatistas, tal y como los de Sebastian cuando las cosas iban en serio.

-Dejémoslo por ahora conde- y depositando un beso en la punta de su erección, Adam se alejó de él.

En un nuevo abrir y cerrar de ojos, Ciel había vuelto a estar sentado en su sillón, esta vez sin ataduras y con sus ropas, como si nada hubiera pasado. Wiltshire estaba sentado frente a él, con el chico ojiverde a su lado, hablándole acerca de Dios sabía qué.

-¿Conde se encuentra bien? Se ve un poco pálido.-dijo el peliplata con inocencia fingida en la voz.

Adam se levantó de su asiento con intenciones de acercarse a Ciel para cerciorarse del estado del conde cuando tocaron a la puerta.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Sebastian iba de camino a la oficina de su joven amo con paso apresurado y una expresión nada propia del siempre estoico mayordomo de la casa Phantomhive en su rostro; algo no andaba bien y podía sentirlo. Jamás había sentido aquel desasosiego y opresión en el pecho. Se suponía que los demonios no podían experimentar esa clase de sensaciones, pero vamos, dados los recientes acontecimientos, la lógica demoniaca podía irse al carajo.

En un momento llegó a pensar que el contrato con su joven amo se encontraba amenazado, pero despejó esa duda al ver claramente la marca del contrato en su mano izquierda; aún sabiendo esto, había algo que no estaba bien, era como si alguien estuviera interfiriendo entre su joven amo y él, como si algo malo le estuviera pasando a su joven amo y el no pudiera escucharle pedir por ayuda ya que una barrera invisible se lo impedía, así que, si Ciel estaba en problemas o no, él iría a verificar el bienestar de su amo, a sabiendas de que esto podría enfurecer al joven Phantomhive.

Una vez en el pasillo que llevaba a la oficina de su contratista, Sebastian apresuró el paso y tocó a la puerta, más por cortesía y etiqueta que por otras cosas, pues de haber sido por él, hubiera tirado la puerta sin previo aviso sólo para ver que su joven amo no corriera peligro.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Ciel soltó un leve suspiro de alivio cuando vio a Sebastian entrar por la puerta y a Adam Wiltshire alejarse de él unos cuantos pasos. Su mayordomo tenía una ligera mueca de preocupación y hubiera sido casi imposible para cualquier otra persona que no fuera él notarla, no en vano había pasado más de cinco años a su lado como para no saber identificar cuando era que algo le molestaba a su perfecto mayordomo demoniaco.

-Joven amo la cena ya está lista, se servirá en cuanto bajen- su frase iba a terminar ahí, pero lo que vio en Ciel le hizo decir lo siguiente- Señor Wiltshire, si es tan amable de seguirme, le mostraré sus habitaciones para que puedan refrescarse antes de la cena.

El tono en el que había dicho aquello, aunque educado y cordial, no dejaba lugar a oposición, menos aún con la intensa mirada carmesí de Sebastian y su presencia impasible en la entrada de la habitación, esperando a ser seguido por aquel maldito bastardo y su sabandija.

Ya fuera porque la presencia de Sebastian realmente los había intimidado o simplemente no estaban de humor para buscar pelea, Adam Wiltshire caminó hacia la salida y siguió a Sebastian en silencia, haciendo una seña a Gerard para que lo acompañara, dejando a Ciel solo en su oficina, un poco confundido por lo último que acababa de vivir; no estaba seguro si el peliplata realmente trató de propasarse con él o fue todo una alucinación a causa del cansancio y los deseos reprimidos que cada noche experimentaba.

Mientras tanto, Sebastian guiaba a los invitados del joven amo por los pasillos de la mansión con el fin de dejarlos instalados lo más rápido posible y regresar al lado de su joven amo. Lo que había visto al cruzar la puerta de la oficina del joven Phantomhive lo había dejado descolocado, tanto que tuvo que usar todo su autocontrol para no hacer un baño de sangre en la habitación donde se encontraba el peliazul y los dos hombres que lo seguían; y es que la sola idea de que su amo hubiera sido tocado por otro que no fuera él, le hacía enfurecer de sobremanera; haberlo encontrado con la respiración un poco agitada, con un leve rubor en sus pálidas mejillas de alabastro y estaba seguro que una creciente erección se encontraba encerrada en los pantalones de su amo, y todo ocasionado por alguien que no era él.

-Esta es la habitación que hemos preparado para su estadía- dijo al abrir una de las puertas de la mansión, sobra decir que era una de las habitaciones más alejadas a la de su joven amo- espero sea de su agrado, la habitación contigua, de lado derecho, ha sido preparada para su acompañante, si necesitan algo, no duden en llamar a algún miembro de la servidumbre. La cena será servida en breve. Si me disculpan.

Y diciendo esto, Sebastian regresó sobre sus pasos, al principio con un caminar tranquilo, hasta que estuvo fuera de la vista de ambos hombres, para correr a velocidad demoniaca para llegar a donde su amo.

Para cuando llegó al despacho, encontró a su amo tras su escritorio, con una ligera expresión de desconcierto.

-Joven amo, se encuentra bien- dijo cerrando la puerta tras de sí y acercándose al joven ojiazul. Sus palabras parecían haber sacado a su joven amo de su ensoñación, pues de repente se sentó con una ligera coloración rojiza en su rostro.

- Si, estoy bien, no te preocupes ¿Todo está listo para la cena?- intentó cambiar de tema sin mucho éxito, pero al ver cómo su mayordomo seguía acercándose a él sin intenciones de parar, de inmediato se levantó de su asiento intentando escapar por el lado contrario al de Sebastian. Cuál no fue su sorpresa al encontrarse a su mayordomo frente a él, odiaba cuando utilizaba sus poderes demoniacos para sacarle provecho a alguna situación.

-Joven amo, no tiene que mentirme, sé…- dijo Sebastian acorralándolo entre su cuerpo y el escritorio, colando una de sus largas y perfectas piernas entre las de un acalorado conde-…perfectamente…-acercándose a su oreja, dejándolo percibir su pesada respiración- …cuando usted…-lamiendo el lóbulo de su oreja, introduciendo su lengua en un acto obsceno y pecaminoso a su cavidad auricular-…no se encuentra bien- colocando su mano enguantada sobre la atrapada erección de Ciel, quien en ese momento, no pudo atinar a hacer otra cosa más que suspirar. Si hasta ese momento quedaba algo de cordura en su cuerpo, ésta lo había abandonado en el mismo momento en que Sebastian le tocó.

-Tiene que estar presentable para la cena joven amo- Dicho eso, Sebastian bajó hasta quedar de rodillas frente a la erección de Ciel, que yacía atrapada entre la tela de sus pantalones, pidiendo ser liberada de su doloroso encierro y dar alivio a sus necesidades.

Retiró el guante de su mano derecha de la misma forma seductora en que lo había hecho en repetidas ocasiones, atrapando el borde de su guante entre los dientes y retirando la prenda, repitiendo la operación con el guante de la mano izquierda, todo ello sin dejar de mirar a su joven amo, dedicándole la más erótica de sus miradas. Sabía que a Ciel le excitaba, le excitaba de sobremanera que le viera de esa forma, y no iba a detenerse, no ahora que tenía una excusa para tocar a Ciel a su antojo, así tuviera que desobedecer una orden directa de su amo.

-Sebastian, espera, que estás hacie…

Antes de que Ciel pudiera emitir réplica alguna, Sebastian dirigió sus manos desnudas hasta el borde del pantalón del peliazul, liberando parcialmente aquella erección que clamaba por atención. Iba a torturar un poco a Ciel, pero iba a ser la tortura más exquisita y placentera que su amo jamás hubiera experimentado; por ello había dejado la erección de su amo atrapada en la ropa interior, asomando por el borde de sus calzoncillos, la punta del miembro de Ciel que palpitaba rogando en silencio por ser atendida.

Sebastian dirigió su boca al miembro de Ciel, dando ligeros mordiscos por sobre la tela de sus calzoncillos, para aumentar el placer de su amo y torturarle un poco más antes de tomarlo en su boca. Estuvo así por unos minutos, repartiendo mordidas por toda la extensión del miembro de su contratista, intercaladas con suaves besos en la punta de su pene y masajeando los testículos incrementando la necesidad del joven frente a él. Ciel por su parte no podía reaccionar; hacía tiempo que su mente se había puesto en blanco y lo que único en lo que podía pensar, era en aquellas maravillosas sensaciones que le causaba la boca de su mayordomo, y mientras Sebastian continuaba, él sólo podía atinar a aferrarse con una mano del escritorio y con la otra, tratar de mitigar los gemidos que insistían en salir de su garganta.

Considerando que aquel juego ya había durado lo suficiente, Sebastian tomó la tela de los calzoncillos de Ciel, para liberar la erección del más joven. No quiso torturar más a su joven amo, por lo que luego del último recorrido de su lengua por el miembro ya libre de Ciel, engulló de un solo bocado aquella parte tan necesitada en esos momentos del ojiazul, causando una oleada de placer en el más joven que se vio reflejada en los espasmos que sacudían su perfecto cuerpo y en el gemido que intentó reprimir en su garganta sin mucho éxito.

Las piernas de Ciel temblaban sin control y de no haber sido porque estaba apoyado contra el escritorio, estaba seguro que hubiera ido a dar al suelo. Pero no sólo eran sus piernas, todo su cuerpo se encontraba temblando a causa del infinito placer que le provocaba Sebastian y la mano sobre su boca apenas y lograba su cometido, el de mitigar los gemidos provocados por el placer que le provocaba la boca de Sebastian. Aquella húmeda y cálida cavidad le recibía gustosa, y casi sintió que tocaba el cielo cuando la lengua de su mayordomo comenzó a recorrerle. Podía ver como su miembro entraba y salía de la boca de Sebastian; podía sentir como los dientes del demonio rozaban la piel de su pene sin hacerle daño, pero causándole una de las sensaciones más placenteras que hubiera experimentado, sentía cómo, mientras utilizada su boca, atendía sus testículos, masajeándolos con sus manos desnudas y de vez en cuando, los atrapaba con la boca para succionarlos ligeramente, haciendo un sonido por demás obsceno, pero que siendo sincero, le excitaba de sobremanera.

El demonio por su parte, se deleitaba al saber cómo su amo temblaba y trataba de contener inútilmente los gemidos que eran provocados por su persona, y nada le alegró más que el momento en que Ciel dejó de aferrarse al escritorio, para llevar esa mano hacia su cabello.

-Yo…ah…me vo…ahh…me voy a…

Sebastian no necesitó más, Ciel estaba a punto de correrse y estaba decidido a que fuera la mejor experiencia que el menor tuviera en la vida, al menos por ahora, por lo que incrementó la velocidad de su felación, metiendo y sacando el miembro de su boca con maestría, chupando, succionando y dando ligeras mordidas, repartidas por toda la extensión de su joven amo. Supo que su amo estaba a punto de terminar pues sus gemidos comenzaron a subir de volumen, a esa altura, ya era imposible contenerlos.

Dejó que terminara en su boca, no iba a desperdiciar una parte de su amo, pero deliberadamente, también dejó que un poco de la semilla de su amo llegara a manchar su rostro, con el único propósito de descolocar a su amo.

El joven Phantomhive se encontraba tratando de regular su respiración, e intentando calmar el calor que se apoderaba de su cuerpo, pues con la vista que tenía frente a sí iba a ser difícil no tener una nueva erección: Sebastian Michaelis, su demoniaco y estoico mayordomo se encontraba de rodillas frente a su miembro cada vez más flácido, con el cabello y las ropas desordenadas, y con restos de su semen en el rostro, dedicándole una sonrisa y una mirada que en su vida había visto, o al menos no estando despierto.

-Ahora podría creerle si me dijera que se encuentra bien, o al menos un poco mejor que hace unos minutos- dijo levantándose y limpiando el semen de su cara con el dedo pulgar para luego llevarlo hasta su boca y limpiarlo como si fuera el manjar más delicioso del mundo, todo sin dejar de ver a su contratista a los ojos.- Será mejor que baje, estoy casi seguro que sus invitados le esperan a la mesa para cenar- dijo mientras lo arreglaba, poniendo en orden las ropas Ciel, quien intentaba imaginar a Grell en aquellos diminutos pantaloncillos que una vez llegó a usar, sólo para evitar una nueva erección.

-Vamos joven amo-dijo Sebastian al finalizar de arreglar su cabello- no queremos que los invitados piensen que estuvo haciendo algo obsceno en su oficina mientras ellos lo esperaban para cenar.

A veces Sebastian podía ser realmente insoportable.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Sé que no tengo perdón, más de un año, lo sé T_T, pero la escuela me ha atrapado más de lo que esperaba, y eso es porque realmente amo la profesión que elegí, y estoy dando todo de mí para algún día cumplir mi sueño, lo cual me deja poco tiempo para escribir, y a eso, restarle que no tengo mucho tiempo para inspirarme bueno, pero ahora si prometo actualizar más pronto, y quiero compensarles, pensaba dejar el lemon para varios capítulos más tarde, pero lo adelantaré porque ustedes se lo merecen.

Matta ne! Los quiere Anne :3