Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K. Rowling. La historia le pertenece a NeverAPrefect. Yo soy sólo una humilde servidora traduciendo (LL).

Muchas gracias por sus reviews, Londony y Melrose Cullen! :D:D:D!

Disfruten nuevamente (LL) Y MIL GRACIAS! ^^

* * *

Capítulo cinco: patrullar

Irrumpí en Pociones después del almuerzo y lacé mi mochila y libros junto a Emily y Bridget, quienes ya habían llegado.

- ¿Dónde estaban ustedes dos a la hora de la comida? ¡Me dejaron comiendo sola con Potter! ¡Sola! – Silbé sacando mi copia de Elaboración de Pociones Avanzadas.

Emily me miró como si estuviera loca – Te lo dije después de Encantamientos. Estaría haciendo un horario de estudio con colores codificados para Remus y para mí.

Rodé los ojos – Hablando sobre eso, Em. ¿No te estás excediendo un poco? Quiero decir, tampoco es que Remus sea un imbécil rematado.

Los colores se le subieron a la cara a Emily y se dio vuelta rápidamente hacia su caldero, enojada. Aparentemente se había olvidado que Slughorn todavía no estaba en el aula y que su caldero estaba vacío.

- Yo fui a la Lechucería para mandarle una carta a Sean… Oh, no te preocupes, se la mandé a mamá para que se la mande a él. Así que no recibirá una lechuza, sólo una carta muggle – agregó Bridget precipitadamente al ver la expresión de horror en el rostro de Emily.

Gruñí. Había sido abandonada por un horario de estudios y una carta. Qué asco de gente.

Los Merodeadores entraron de golpe en la mazmorra, hablando entre ellos. Potter alzó la vista, me divisó (ser pelirroja es como ser el centro de atención) y, desafortunadamente, se encaminó hacia el asiento libre más cercano, el cual se encontraba justo a mi lado: junto a otros dos asientos vacíos. Renuncié completamente a cualquier otra posibilidad que hubiera tenido en ese momento. Se sentaron cómodamente y Black nos lanzó una mirada atónita, tan atónita que parecía que le hubiesen clavado unos petardos en el trasero.

- ¡Lily! ¡Emily! ¡Bridget! ¡No tenía ni idea de que estaban en esta clase! Cornamenta, ¿tú acaso tenías alguna sospecha de si se unirían a nosotros en esta increíble sala educativa? – Dijo Black con una sonrisa maliciosa.

Potter lo dio un puñetazo en el hombro. Remus rodó los ojos.

- Oh – murmuró Black mientras se frotaba el hombro.

Remus resopló – Te lo dije.

El profesor Slughorn entró con sus andares al aula, regalándonos una sonrisa.

- ¡Bienvenidos, bienvenidos! Espero que hayan tenido unas preciosas vacaciones. Hoy vamos a empezar con algo un poco más divertido, para darles la bienvenida a Hogwarts. ¡Amortentia! Justamente porque el otro día tuve una interesante charla con una estudiante mía que ha puesto al día su receta, Aethereda Kennsworth, ya la conocen. Bueno, ¿quién puede decirnos qué es la Amortentia?

Levanté mi mano.

- ¿Sí, señorita Evans? – Dijo Slughorn, volviendo su rostro hacia mí.

- La poción de amor más poderosa conocida – respondí simplemente.

- ¡Sí! Bastante impresionante, señorita Evans, pero, claro, esa es la razón por la que forma parte del Club Slug – dijo Slughorn, riéndose, satisfecho.

- Una poción de amor, ¿eh? – Murmuró Potter.

Volví mi rostro hacia él tan rápido que escuché crujir mi cuello – Que no se te ocurra ni una idea divertida – Potter me contestó con una media sonrisa. Mi estómago crujió. Tendría que asesinarlo más tarde. No era mi culpa que Potter se viera algo atractivo cuando hacía eso. No era mi culpa para nada. Estúpido estómago que no tendría que crujir de esa manera.

Después de clase, Slughorn se aseguró de que dejamos cada gota de Amortentia en su aula. Vimos cómo desvanecía nuestras pociones justo después de puntuarlas.

- Maldición – murmuró Black.

- Anímate, Canuto. La próxima vez habrá más suerte – dijo Potter, golpeando la espalda de Black –. Tampoco es que la necesites – murmuró con una sonrisa ancha.

Salimos del aula rápidamente, todo el mundo intentando salir al mismo tiempo: el ambiente de la mazmorra estaba cargado y acalorado por los vapores de las pociones y era bastante incómodo. Mientras salía del aula, choqué con un Slytherin. Me di vuelta para disculparme (lo había empujado bastante fuerte) cuando me encontré a mí misma mirando una nariz ganchuda y unos ojos negros.

Me paralicé. Severus y yo solíamos ser amigos pero por algunas vueltas del destino (relacionadas con sus nuevos ‹amigos›, como Avery, Mullciber, Rodolphus Lestrange y su nueva mujer Bellatrix y Lucius y Narcissa Malfoy), nos distanciamos notablemente.

Se me quedó mirando – Lo siento – dejó ir, con el sarcasmo perfilado en su voz.

Me quedé sin aliento por un momento. A veces todavía dolía el hecho de que ya no éramos amigos – No te preocupes, Snivellus – repliqué, usando el apodo de los Merodeadores para mi viejo amigo.

- ¡Aw! ¡Snivelly! ¡Miren! – Lo llamó Potter, súbitamente detrás de mí – Deja a Evans en paz.

Snape le dirigió una mirada de asco antes de marcharse.

Me giré hacia Potter – Muchísimas gracias, Potter, pero creo que puedo manejar estas cosas sola.

Potter parecía sorprendido ante mi reacción – Entonces disculpa, Evans.

Casi volví a paralizarme y sentí la sorpresa en mi rostro. Eso junto a un par de cositas más que habían sucedido últimamente, no era usual en el comportamiento de Potter. Normalmente era algo así como un ‹Oh, Evans, admítelo. Soy tu salvador›: esta vez, ¿se disculpaba? ¿Sinceramente? ¿Acaso la tierra estaba por explotar? Porque esto era definitivamente un signo del Apocalipsis. Era una cosa de la cual no iba a quejarme. Incliné mi cabeza hacia un costado y le lancé a Potter una mirada desconcertada antes de apurar el paso para alcanzar a mis amigas, que estaban esperándome a unos pasos cuando Potter me llamó:

- ¡Hey, Evans!

Me volví - ¿Qué, Potter?

- ¿Tenemos patrulla esta noche?

- ¿Tú qué crees, Head Boy?

Me sonrió – Creo que voy a tomar eso como un sí. ¿A las ocho?

- Bueno, esa es la hora que nos dijo McGonagall que empezáramos – respondí, mirándolo como si fuera lerdo. Cosa que era.

Sonrió ampliamente – Es una cita entonces.

- Potter, preferiría bastante más golpearme en la cabeza con un palo antes de salir contigo – dije y me volví hacia mis amigas.

Mientras nos marchábamos, escuché a Black decir: - Oh, sí, amigo. No hay duda de que le gustas.

Después de la cena, me encontré con Potter en la Sala Común. Estaba parado junto al fuego. Parecía un poco nervioso. Reí mientras me acercaba a él.

- Relájate, Potter. Sólo es patrullar – dije.

Él se volteó y sonrió tristemente – Sí, es cierto. Lo siento.

Al principio, se instauró un silencio extremadamente incómodo. Quizás se pensaran que encontraríamos algo de lo que hablar, pero aparentemente no. Era un asco. Nos conocíamos el uno al otro desde hacía años, ¿y ahora no teníamos de qué hablar? ¿Pero qué era esto? Caminamos en completo silencio. Finalmente decidí decir algo. Estaba desesperada por romper el silencio. Ese silencio era ensordecedor.

- Bueno, erm, ¿quién es tu compañero para el proyecto de McGonagall, Potter? – Pregunté, mirándolo.

Estaba siendo como si estuviéramos en nuestra primera cita.

Suspiré, enfadada - ¡Esto es ridículo!

Potter exhaló un suspiró y sonrió – Sí, lo es. Odio las conversaciones aburridas – se me quedó mirando, con sus ojos centelleando maliciosamente. Todo había vuelto a la normalidad, el pequeño lapsus de cordura desapareció en un pestañeo - ¿Entonces a dónde deberíamos ir en esta pequeña excursión de Heads?

- Bueno, Alice y Frank tienen el corredor de Encantamientos, Lotus y Chuck tienen las mazmorras – empecé a decir.

- ¿Es inteligente eso? ¿Mandar a los Ravenclaws a las mazmorras? – Me interrumpió Potter.

Me lo quedé mirando – No me interrumpas. Pero son mejores que los Hufflepuffs. Ya sabes que los Slytherins no respetarían más a los Hufflepuffs de lo que ya lo harían si estuviéramos ahí. Y Emma y Robbie son demasiado simpáticos como para castigar a alguien.

Descarté los lugares donde sabía que estaban los prefectos, con Potter interrumpiéndome cada dos por tres sólo porque eso me exasperaba.

Cuando terminé, Potter me miró y sonrió, con sus ojos color avellana brillando – Entonces creo que nos deja a nosotros la Torre de Astronomía.

Lo contemplé él cautelosamente – Eso creo.

Sonrió de oreja a oreja como lo hacía casualmente – Entonces, hey, Evans, vayamos a la Torre de Astronomía y…

- ¿Te largas? – chasqueé, sabiendo muy bien por dónde iba a ir la cosa.

- Evans, eso duele – dijo, negando con la cabeza, todavía sonriendo -. Sólo estaba proponiendo formar parte de una actividad de la que se ocupan muchas personas cuando están allá arriba. Pasaríamos por desapercibidos. Nadie dudaría nunca de nosotros.

Me lo quedé mirando – Entonces, ¿entonces tendríamos que ir clandestinamente para mezclarnos con los demás?

- Exactamente.

- ¿Metiéndonos mano?

- Pues claro.

- Potter, preferiría mil veces meterle mano al calamar gigante.

- Retorcida – dijo, agachando la cabeza, como si hubiera intentando darle vuelta la cara de un manotazo.

Todos en todo Hogwarts sabían que la Torre de Astronomía era el lugar por excelencia para estar a solas con alguien. Por esa misma razón cada esquina de la torre estaba llena de gente muy despeinada practicando sus habilidades para meter mano. No algo muy bonito a la vista. Una vez, escuché que alguien encontró a los ya casados Lestranges allá. Nadie sabe exactamente quién fue: a Bellatrix nunca la habían agarrado con las manos en la masa. Se había rumoreado que a quien sea que los hubiese encontrado lo habían llevado al Armario Desvanecedor después de ser embrujado con una maldición para el resto de su vida. No lo dudaría. Sirius no era el único Black sin modales.

Potter y yo caminamos hasta las escaleras de la torre, Potter tarareando exasperantes cancioncitas de amor, incluso después de que yo le hubiese pegado una patada en la espinilla. Encontramos un total de cinco parejas, incluyendo a la prefecta de Ravenclaw que yo sabía que tendría que estar abajo en las mazmorras, y cierto buscador de Ravenclaw. Le saqué veinte puntos a Ravenclaw y le di una detención a Lotus, mientras que Potter se burlaba eufóricamente de Yao por su… Preocupación, y por cómo Potter esperaba que no inhibiera sus habilidades en Quidditch, porque él odiaba vencer a alguien soñaba despierto con su novia. Tuve que golpearlo para hacer que cerrara el pico.

Después de eso nos encaminamos de vuelta hacia la Torre de Gryffindor.

- ¿Entonces eso es patrullar? – Preguntó Potter.

- ¿Qué esperabas, Potter? ¿Deambular por ahí en largas y oscuras cloacas, escondidos en las sombras y gritando ‹¡TE ENCONTRÉ!› cada vez que encontramos a alguien? – Pregunté, mirándolo con una ceja alzada.

Potter alborotó su cabello negro y frunció un poco el ceño – No lo sé. Pero creo que esperaba algo un poco más emocionante que fastidiar a parejas que están metiéndose mano. Personalmente, nunca tuve la necesidad de ver a Laurence Macmillan y a Trixie Fawcett en esa posición – tuvo un escalofrío.

Me reí – Sé a lo que te refieres – dejé de reír y lo miré - ¿Decepcionado, entonces?

Potter se encogió de hombros – Nah. Encontrar a Tao y a Lotus me hizo sentir satisfecho. ¿Los viste bien cuando los encontramos? ¡Lotus parecía que había intentado maquillarse con los ojos cerrados y la camisa de Yao estaba realmente hecha jirones!

Lo miré con algo de asco mientras él echaba unas carcajadas y continuaba riéndose de Lotus y Yao. Dijo algunas cosas verdaderamente repugnantes, de las cuales yo no quería pensar demasiado sólo para evitar las arcadas.

- Bueno – dijo Potter, bostezando mientras entrábamos por el agujero del retrato – Eso fue entretenido. Gracias por esta preciosa noche, Evans.

- Potter, cuando dices eso parece como si esto fuera una cita en vez de hacer PATRULLA – chasqueé – Y si tú piensas eso…

Él puso su mano sobre mi boca y me miró directamente, intentando ser serio a pesar de que sus ojos bailaban de la risa – Shh, Evans. Hay gente que está durmiendo.

Dejó mi rostro y se alejó guiñándome un ojo, dejándome allí, sonrojada y mirando en dirección a él. Se quedó quieto al pie de las escaleras que llevaban a los dormitorios de los chicos y me llamó por encima de su hombro:

- Buenas noches, Evans.

Resistí la tentación de sacar la lengua como una niña de cinco años y me marché enfurecida hacia mi dormitorio.

Los chicos eran innegablemente irritables.