Sol, mar y nuevos vecinos.

Bella POV

Miré por la ventanilla del avión resignada, y pude ver el increíblemente azul mar y el brillante sol reflejado en él: Niza.

La razón por la que estaba en esta glamurosa ciudad era tan inverosímil que me costaba creérmela. Mi padre, Charlie Swan, había sido siempre un empresario sin mucho éxito que de repente, como de la nada, consiguió muchísima fama y prestigio; consiguiendo así entre otras cosas una gran fortuna. Todo eso pasó hace apenas un año, y ahora él era propietario de una de las empresas más importantes de los EEUU. Antes de eso yo, Bella Swan, una chica normal, de 17 años y sin demasiada vida social, vivía con mi madre, Reneé, y mi padre en un pequeño pueblo, probablemente el más lluvioso y verde del mundo: Forks. Pero este acontecimiento cambió por completo mi vida, y de pronto me vi envuelta en una locura de cuentas de banco, especulaciones, ajetreo y al fin, un nuevo hogar. He de admitir que Niza no me disgustaba demasiado, porque odiaba la lluvia, y Niza era una ciudad muy cálida, y para complacer a mi madre, excitante; pero no me agradaban los cambios, y dudaba mucho que me consiguiera adaptar aquí, todo era tan cool… y yo una paliducha y delgada chica de pueblo.

Así que recogí mis maletas y las metí dentro de mi nuevo coche que ya me esperaba en el aeropuerto. Odiaba haber dejado atrás mi vieja camioneta, pero el nuevo Audi a3 negro no estaba nada mal. Haciendo caso al GPS comencé a ascender por una estrecha carretera que llevaba a un monte el cual separaba Niza de Montecarlo. Me quedé asombrada al ver las enormes casas que había por allí. ¿Yo voy a vivir en una de estas? Las vistas eran increíbles; el aparato me indicó que había llegado al destino y vi una enooooorme casa color crema, con grandes ventanales y de tres pisos. En la puerta estaban aparcados el Jaguar de mi padre y el Aston Martin amarillo de mi madre (siempre tan llamativa).

Y mientras maniobraba para entrar en el patio apareció un imbécil conduciendo un flamante Volvo a una velocidad alarmante y pasó rozando mi Audi y mi brazo. Furiosa, salí del coche y comencé a gritarle a pleno pulmón.

-¿Pero tú eres normal? ¡Casi me destrozas, imbécil! Anda con un poquito más de cuidado. Será pijo… -lo último lo susurré.

Y con repentino terror observé que el Volvo aparcaba en la casita que estaba al lado (a unos 20 m) de la mía y del coche salía un chico. Puede que con el enfado y con la timidez después de haberle gritado todo eso no me diese cuenta del todo, pero lo que bajó de aquel coche no era un simple chico; era un verdadero Adonis. Alto, musculoso pero en su justa medida, con una arrebatadora palidez que marcaba más el contorno de su largo y apetecible cuello y de su torneada y ancha espalda. Lucía un suéter gris perla y unos pantalones de cadera baja blancos. Cuando se dio la vuelta pude apreciar mejor lo increíblemente perfecto que era. Su cabello era color cobrizo, brillante y atractivamente despeinado. Sus ojos eran del color más verde que había visto jamás y unas largas y negras pestañas los adornaban. Su nariz, muy masculina hacía juego con su barbilla y sus facciones marcadas. Y su boca… Dios, ¿qué es esto?

Al principio el dios griego que tenía en frente me miró con asombro mientras se quitaba las gafas de sol, pero luego recompuso su expresión para mirarme con picardía y formar una sonrisa torcida que me dejó deslumbrada.

-Vaya, veo que tengo como nueva vecina a una linda histérica.

Engreído. Estuve segura de que no me iba a caer del todo bien.

-Vaya, a mi me ha tocado el pijo egocéntrico, ¿o me equivoco?- él se río sin que le hubiera hecho ninguna gracia.

Se acercó a mi con una gracia sobrehumana hasta que se quedo a apenas 30 cm de mi cuerpo y me miró fijamente.

-Va a ser un placer tenerte tan cerca de mí.- comentó con una seductora y ensayada voz.

-Me gustaría poder decir lo mismo- dije en un tono frío. Y sin perder más tiempo, me metí en el coche y entré en el patio. Cuando salí del coche para cerrar la verja vi que mi nuevo vecino estaba apoyado contra su coche, cruzado de brazos y mirándome mientras una sonrisa de suficiencia adornaba su rostro.

Edward POV

Subía hacia mi casa después de haber visitado a Laura, ¿o a Lucía? No recordaba su nombre, no era necesario. Como de costumbre, subía a toda velocidad en mi Volvo plateado, me encantaba la velocidad mezclada con las curvas de la estrecha carretera. Cuando giré en una curva y pude ver mi casa, vi que en la casa de al lado (la cual hace poco habían estado llenando de muebles y demás cosas, y desde hace dos días una pareja ocupaba) un Audi negro estaba intentando meterse. Sin que el velocímetro descendiera pasé al lado suyo, rozándolo y paré en seco enfrente de la puerta de mi casa. Entonces oí como una dulce, dulcísima voz femenina me gritaba incoherencias por haber pasado tan cerca de su coche. Me giré a la vez que me quitaba las gafas y pude ver al ángel más hermoso que había visto nunca. A pesar de tener cara de enfado, o de miedo, su rostro era perfecto. Tenía la nariz pequeña y respingona, el rostro con forma de corazón, los labios de un lindo color rosa y un adorable rubor en las mejillas. Su cuerpo era escultural, o así lo pensaba yo. Moldeado, pero sin pasarse con las curvas, pálido y suave. Vestía un ligero vestido de un color azul oscuro que resaltaba su palidez y su belleza; y a la vez resaltaba sus largas, largas piernas. Su pelo estaba suelto y le llegaba hasta casi media espalda, en las puntas se le formaban bucles y expuesto a la luz del sol adquiría tonos rojizos. Pero lo más impresionante era su mirada, color chocolate, tan dulce, tan atractiva que por un momento… Sorprendido, me encontré a mi mismo encandilado con aquella chica que me seguía mirando fijamente. Aparté esos pensamientos de mi cabeza y compuse mi mejor sonrisa pícara.

-Vaya, veo que tengo como nueva vecina a una linda histérica.

Su expresión cambió, y me lanzo una mirada despectiva. Murmuró algo que no llegué a comprender.

-Vaya, a mi me ha tocado el pijo egocéntrico, ¿o me equivoco?

Me reí secamente. Iba a ser divertido conseguir su "aprecio", porque estaba convencido de que lo conseguiría, siempre lo hacía. Además vivía a veinte metros de mi propia casa.

-Va a ser un placer tenerte tan cerca de mí.

-Me gustaría poder decir lo mismo.

Se dio la vuelta y entró en su coche para aparcar en el patio después de mirarme de arriba abajo una vez más. Yo en cambio, me apoyé en mi coche mientras observaba como se movía de forma arrebatadora. Esto va a estar genial, le doy como mucho un par de semanas. Y sonreí muy pagado de mí mismo sin saber lo equivocado que estaba.

Bella POV

Desde el día que llegué a Niza hasta el principio de las clases apenas pasaron dos semanas. En ese tiempo estuve tan ocupada haciendo mudanzas, colocando muebles, y complaciendo a mi madre con sus compras (acto que a mi no me entusiasmaba demasiado, nunca había sido muy amante de la moda) no tuve casi tiempo ni de visitar la ciudad. Y no se si para mi descontento o para mi beneficio no volví a ver a mi vecino ególatra. Cuanto más pensaba en él más perfecto lo imaginaba en mi mente, y más extraña me sentía.

Y por fin, sin pena ni gloria y sin que ni siquiera conociese a una sola persona, comenzaron las clases en la universidad. Cuando yo llegué al campus, hecha un manojo de nervios, me quedé asombradísima. ¡Era increíble! Amplios campos verdes, con árboles, banquitos y fuentes formaban el exterior, junto con algún campo de fútbol, tenis y así. Los edificios eran preciosos, coloniales con grandes ventanas. Tenía siete y cada uno tenía tres pisos, excepto el del centro que tenía cinco. A pesar de haber llegado bastante pronto, estaba abarrotado de gente, y lo peor de todo es que no conocía a nadie y todo el mundo me parecía exquisitamente elegante comparándolo conmigo, la chica de pueblo. Al menos el francés lo controlaba a la perfección, cuánto agradecía en este momento las clases a las que me apuntó mi madre desde muy pequeña.

Cuando llegó la hora, entré al gran hall junto con mucha gente y esperé a que dijeran mi nombre para adentrarme a una de las ramas, que luego se repartiría en clases. Por fin me nombraron y me dirigí a la rama de ingeniería y arquitectura, oí como detrás de mí venía alguien, con paso ligero y grácil, pero muy excitado, pues no paraba de dar saltitos y le susurraba algo con alegría a otra persona. Justo en el momento en el que la persona que estaba con ella habló, me quedé sin respiración y paré de golpe. Pero ellos no me vieron y chocaron conmigo, haciendo que me tambalease y perdiera el equilibrio. Y cuando ya pensaba que mi trasero tocaría el frío suelo, dejándome en ridículo una vez más, una mano fría y firme me agarró por la cintura y me estabilizó de nuevo. Un estremecimiento recorrió mi columna y me di la vuelta, temiendo lo peor.

-¡Hola!- me saludo una chica pequeña y estilizada, con el pelo negro como el azabache, corto y apuntando en todas direcciones. Sus ojos, verdes como la esmeralda me trajeron recuerdos agridulces. No pude reaccionar a tiempo porque la muchacha, tan alegre, se tiró encima de mí y me abrazó con fuerza. Entonces se separó y me tendió una mano.- Soy Alice Cullen, encantada :)

-Ho..hola. Mi nombre es Isabella Swan, pero por favor llámame Bella.

Entonces, cuando habló, reparé en el chico que tenía Alice a su lado. Me quedé sin aliento y lo peor era que no entendía el por qué.

-Por fin sé tu nombre. Quince días observándote desde la ventana y ni siquiera sabía como te llamabas.- me guiñó un ojo y esa sonrisa torcida apareció en su rostro, pero el tono no dejó de ser insinuante y obsceno.

Le miré casi sin entender lo que decía y él habló de nuevo. Alice al parecer no sabía de qué me estaba hablando.

-Puesto que te he dejado boquiabierta te voy a decir yo mi nombre: Soy Edward Cullen, la hermana del duendecillo. Llámame Edward.

Se inclinó sobre mí y me dio un beso cerca de la comisura de los labios. Pude ver como Alice lo miraba con reprobación y hacía una mueca. Y hasta entonces no entendí sus palabras.

-¿Me has espiado?- el enfado estaba empezando a hacerse notar en mí.

-No, no. Sólo te miraba con curiosidad.

La forma en la que sonrió no hizo otra cosa más que enfurecerme más. ¡Y yo que había estado esperando volver a verle! Estúpida niña de pueblo. Intenté obsequiarle con mi mirada más envenenada pero él no estaba mirándome a la cara precisamente. La gota que colmó el vaso.

-Sabía que no iba a estar orgullosa de conocerte, pero no sabía hasta que punto.

Por segunda vez, me di la vuelta para perderle de vista cuanto antes y caminé hacia fuera del campus, al fin y al cabo, ya me habían dado mi horario y el plano del lugar. Mañana tendría que venir a que me asignaran mi habitación. No lo pienses, no lo pienses Bella…

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Sólo quiero saber si ha gustado, lo continuaré o no en función de esooo... (yn)