Epílogo

Eward POV

Bella abrió lentamente los ojos y los enfocó en mi mirada con sorpresa, yo sonreí. Llevaba un buen rato mirándola dormir y podría pasarme el día entero admirándola. Ella me correspondió la sonrisa, se estiró y se incorporó.

-Buenos días, Edward.- dijo con voz dulce. Yo me acerqué a ella y le besé suavemente en los labios.

-Buenos días, princesa.

Bella y yo vivíamos en un pequeño piso en el paseo marítimo de Niza, en frente del intenso azul mar. Llevábamos apenas medio año viviendo ahí, después de estar casi cinco años enteros juntos. Y ahora, cuando veía a Bella desperezarse por la mañana, y mirarme con sorpresa como si fuera la primera vez que amanecía a mi lado sentía que jamás me acostumbraría a que lo primero que fuese a ver cada día fueran esos hermosos ojos chocolate.

Nos levantamos y desayunamos en la terraza, admirando la ciudad de Niza y al rato, llamaron al teléfono. Bella se levantó y lo cogió, resignada.

-¿Dígame?-dijo con voz neutral. Después sonrió y asintió.- Sí, sí. Por supuesto. Ahh, no te preocupes. Ya llevamos un rato despiertos. –la persona que estaba al otro lado de la línea dijo algo muy alto y Bella se quedó un minuto escuchando lo que decía. Entonces asintió de nuevo y dijo.- ¿En media hora? Perfecto. Hasta luego, un beso.

Bella me miró y yo le devolví la mirada desde la terraza.

-¿En media hora?- pregunté.

-Ajá. Vienen en media hora para tomar un café y charlar un rato.

Bufé, no me apetecía nada estar con la hiperactividad de Alice y con la empatía de Jasper. Quería disfrutar del tiempo a solas con mi Bella… Me acerqué al fregadero donde Bella estaba lavando la taza del desayuno y la agarré por la cintura.

-Bella…-le susurré al oído, haciéndole cosquillas.- Con Alice estuvimos ayer…

-¡Edward! Es tu hermana.-dijo ella riéndose.- Además, ha dicho que tiene una sorpresa y quiero estar con ella.

Yo la solté y me resigné.

-Estás bien, está bien. Voy a la ducha.

Bella me pellizcó el trasero y comentó:

-Te acompaño.

Media hora después…

¡Diiiiiiing-doooooong!

Bella se apresuró a abrocharse la camisa y yo hice lo propio. Nos habíamos entretenido demasiado en la ducha.

-Ya voy, Alice. –mi Bella corrió hacia la puerta y la abrió. Una pequeña y esbelta figura se lanzó sobre ella.

-¡Hola!- Alice se acercó a mí me dio un beso en la mejilla.- ¡Hey, Edward!

-Hola, pequeña.- dije revolviéndole el pelo. Le sacaba al menos dos cabezas. Alice hizo un mohín pero luego sonrió.

-Buenos días chicos. –oí una voz que no esperaba. Bella abrazó con fuerza a aquella conocida rubia.

-¡Rose! ¡Emmett!- gritó emocionada.- ¿Cuándo habéis vuelto?

Me acerqué a mis amigos y les di un abrazo. Hacía meses que no los veíamos. Al parecer, se fueron de verano sabático a Florida y no habían vuelto en cinco meses.

-Hace dos días. Pero no os dijimos nada. Queríamos que fuera una sorpresa.- sonrió Rose.

Nos sentamos en el sofá y yo fui a traer café y unas tazas. Charlábamos animadamente después de tanto tiempo sin vernos todos.

-¡Florida fue increíble! Hemos pasado todo el verano sin hacer nada, tomando el sol y en la playa.-dijo Emmett entusiasmado. Rose sonrió. La miré extrañado, había cambiado algo, no podría decir el qué pero la veía diferente. ¿Habría engordado? No, aunque ahora tuviera veinticuatro en vez de diecisiete, seguía manteniendo aquella esbelta figura.

-Me ha hecho tanta ilusión veros…-dijo Bella emocionada –Ha sido una sorpresa genial.

Rose se puso roja y agarró de la mano a Emmett, quien sonrió.

-En realidad…- comenzó Rosalie.- la sorpresa no era nuestra vuelta.

Me desconcerté, ¿qué sucedía? La joven rubia estaba roja como un tomate, pero sonreía ampliamente. La pareja se miró a los ojos y después nos miraron al resto, que estábamos expectantes.

-Estamos embarazados. –anunció Emmett con voz dulce.

Todos nos quedamos en silencio, pasmados. Pensamos en lo sucedido un momento, la verdad es que me costó asimilarlo. ¿Em y Rose padres? Se me hacía extraño. Pero entonces Alice gritó y se lanzó al sofá que compartían los futuros padres, Bella la imitó y Jasper y yo nos levantamos y nos acercamos a ellos sonrientes.

-¡Aaaah! ¡Rose, Emmett; eso es genial! ¡¡Voy a ser tía!! –chilló sumamente emocionada Alice. Estaba claro que Alice no había cambiado lo más mínimo en ese aspecto: siempre tan impulsiva e intensa.

-Me alegro mucho por vosotros, estoy deseando conocer al pequeño Emmy.-dije bromeando. Rose me miró frunciendo el ceño y dijo muy seria:

-¿Emmy? Va a ser niña.

Emmett la miró también serio pero no dijo nada. Vaya dos.

-Mis felicitaciones, pareja.- dijo Jasper abrazándolos. Bella estaba sentada en el suelo en frente del sofá, sonriendo.

-¡Esto sí que es una sorpresa increíble! Vais a ser padres…-dijo Bella, soñadora.

Por un momento pensé en si Bella y yo tendríamos hijos. Probablemente los tendríamos, al menos dos (o eso deseaba yo); nunca había valorado esa posibilidad pero no sonaba tan mal. Calma Edward, hay asuntos pendientes antes de eso. El nerviosismo inundó mi estómago, haciendo que miles de mariposas revolotearan en su interior. Habían pasado años, pero las reacciones que tenía respecto a Bella no habían cambiado lo más mínimo. Sonreí tontamente. Bella interrumpió mis pensamientos.

-Pues a decir verdad, yo también tengo una sorpresa.- dijo sonriendo.

-No me digas que tú también estás embarazada…-dijo Emmett. Todos nos quedamos en silencio y yo sentí un escalofrío.

-No.- río ella. Después se levantó y se perdió en la habitación de invitados, la cual usábamos de trastero, y volvió al minuto- Tengo algo que os gustará.

Traía una caja negra en la mano. La puso sobre su regazo, con cariño, y la abrió. Una agradable calidez me recorrió por dentro cuando reconocí el objeto.

-El álbum de fotos 2009-2010…- dijo Alice en un susurro.

Bella sacó el tomo negro, con letras plateadas y todos nos inclinamos sobre él.

-Es del curso en el que os conocí…- dijo con emoción contenida en la voz. Tragué saliva. Me acordaba a la perfección de aquel curso.

Comenzamos a ver las fotos: fotos en la piscina, en las habitaciones (tanto en la nuestra como en la de ellas, la 333), el día que Bella cumplió dieciocho años, mi foto con ella aquel día especial, Halloween…

Un millón de sensaciones me recorrían al ver todos esos recuerdos, recuerdos que quedarían en mi memoria grabados con fuego.

Bella POV

Me pasé toda la tarde sonriendo. La noticia de un futuro sobrino (porque obvio que iba a ser un sobrino para mí) me había dejado emocionada; y todos aquellos recuerdos del álbum de fotos… Mientras recogía las tazas de café y las fregaba, pensé en un hijo mío y de Edward. Sonreí más aún ante esa perspectiva. Todavía no tenía previsto tener hijos, pero la idea me disgustaba para un futuro. Sólo el pensar en Edward me puso la piel de gallina, lo amaba, lo amaba hasta la desesperación. Jamás había soñado con tener a alguien como él a mi lado, para siempre.

Me dispuse a hacer la cena y me acerqué a nuestra habitación, en busca de Edward. Cuando abrí la puerta lo vi sentado en la cama, de espaldas a mí e inclinado. Nada más abrir la puerta se dio la vuelta rápidamente y puso esa cara de no haber roto un plato en su vida. Alcé una ceja.

-¿Qué hacías, Edward?- pregunté escéptica.

-¿Yo? Nada.

-¿Estabas fumando? Ya sabes que no me gusta que fumes dentro de casa, si quieres en la ventana, o en la terraza…-dije comprendiendo.

-Sí, lo siento.-dijo bajando la cabeza. Yo di el tema por zanjado.

-Bueno, ¿qué quieres para cenar?- dije cambiando el tema. Él se levanto sonriente.

-He pensado que podríamos cenar fuera, para terminar bien el día, que de por sí ya ha sido perfecto. –comentó con voz aterciopelada.

-Me parece estupendo. Dame cinco minutos.

Me puse un vestido negro que llegaba a medio muslo con tirantes y escote de barco, y unos zapatos negros con tacón no demasiado alto, (tantos años al lado de Alice me habían inmunizado contra los zapatos de tacón). Por encima, me puse un precioso abrigo fino gris perla. Me maquillé, aunque muy poquito, no quería parecer demasiado arreglada. Cuando salí al salón vi a Edward apoyado en la encimera de la cocina americana; vestía una camisa blanca que dejaba entrever su níveo pecho, con unos pantalones grises oscuros y una americana colgada del brazo a juego. Estaba realmente atractivo.

-Estás preciosa.-dijo sonriéndome. Yo, para variar, me sonrojé.

Edward me ofreció su brazo y yo se lo cogí, subimos a su flamante Volvo y él condujo hasta el puerto. Caminamos un poco por las calles paralelas al paseo marítimo, hacía una noche muy agradable. Nos paramos frente a un local iluminado con luces tenues y con pinta de ser muy sofisticado. La Bella Italia.

-¿Un restaurante italiano?- le pregunté sonriendo. Amaba la cocina italiana.

-Siempre he conocido tu afición por la pasta.- dijo Edward devolviéndome la sonrisa.

Entramos en el local y una hermosa mujer que llevaba un delantal negro se acercó a nosotros y miró de arriba abajo a mi pareja. Después me miró a mí y soltó un suspiro airado. Será guarra…

-Buenas noches, ¿una mesa para dos?-preguntó cortésmente. No pasé por alto el hecho de que sólo se dirigió a él. Comenzó a hervirme la sangre.

-Sí, por favor.-contestó a Edward mirándome únicamente a mí. Me sentí genial.

Nos sentamos en una mesa apartada y pedimos la comida. La cena fue decididamente agradable, todo el tiempo que pasaba con Edward era agradable, era perfecto. Hablamos sobre el hijo de Emmett y Rosalie y nos reímos pensando en ellos como padres, aunque seguro que serían unos padres estupendos. Después de cenar, decidimos caminar por el puerto ya que la noche era estupenda, estrellada, seca y cálida. Como Niza en sí.

Caminamos en silencio unos minutos, admirando el agua, que brillaba bajo la luz de la luna. Unas escaleras de piedra bajaban hasta el agua, que ondeaba suavemente chocando con la pared, se veía el fondo con claridad. Amaba esta ciudad. Edward me agarró de la mano y tiró de ella girándome hacia él, estaba ruborizado, algo completamente inusual en él. Sentí un cosquilleo en la nuca. Edward clavó sus increíbles ojos esmeraldas en los míos.

-Bella, te quiero con locura. ¿Lo sabes, no?- dijo con voz seria.

-Claro que lo sé.- dije sonriendo.

Edward me sonrió de vuelta y me soltó la mano para metérsela en el bolsillo de la americana.

-Bien –añadió mirando hacia abajo- , porque quería...

Sacó algo del bolsillo y lo escondió en la mano. Pero entonces una pequeña cajita azul oscura se resbaló entre sus dedos, cayó al suelo, dio un bote, y ante los ojos horrorizados de Edward rodó hasta el borde del muro para caer al agua, al pie de las escaleritas de piedra. Edward soltó una maldición y antes de que pudiera preguntar nada me dejó su chaqueta entre los brazos, se descalzó y se tiró con un elegante salto al agua en medio de un sonoro chapoteo.

Me quedé estática, absolutamente sorprendida. Un minuto después Edward apareció a mi lado, con el pelo empapado y la camisa blanca pegándose al contorno de su figura de forma arrebatadora. La pequeña caja de terciopelo (ahora mojado) azul estaba entre sus manos. Mi corazón latió desbocado.

-En fin… esta no era la forma que tenía pensada, -dijo con su característica sonrisa torcida asomando en su rostro.- pero… ¿quieres casarte conmigo?

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Aquí termina, he hecho un epílogo porque me lo habéis pedido (y porque yo también quería hacerlo :P) pero no puedo continuarlo más. No os preocupéis porque tendréis más historias en breves. Espero que os hay gustado la historia tanto como a mí me ha gustado escribirla. Si el final ha dejado algo que desear lo siento, pero voy a dejarlo ahí :P

Y por último, muchas, muchísimas gracias por todos esos Reviews, esas alertas de favoritos, y por leerme.

PD: El poema del capítulo anterior es un poema de Carlos Salem, y uno de mis poemas favoritos (junto con Báilame el agua y el Poema XX de Pablo Neruda, recomendados ;) ). Que se me olvidó ponerlo.

Nora.