DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A J. K. ROWLING

* CAPITULO REEDITADO *

ONÍRICA

San Valentín

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—Prefiero no verte hoy… Tú a lo tuyo, yo a lo mío.

—Como quieras, por mi mejor.

—Bien.

—Bien.

—Perfecto.

—Más que perfecto.

—¡Ya vete!

—¡Vete tú!

—Yo no me voy a ir.

—Pues yo tampoco.

—¡Ok, quédate entonces!

—Ok.

—Me exasperas.

—Ignórame.

—¡¿Cómo quieres que te ignore?!

—No sé, has el intento.

—Bien...

—Bien.

—De acuerdo, me voy.

—Sabes que no va a funcionar...

—No me importa, al menos lo intentaré.

—Como gustes.

—Exactamente, adiós.

—Adiós.

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—De verdad Ginny, no hay ningún problema. Nos vemos más tarde en las Tres Escobas; ahora váyanse.

Hermione intentaba parecer animada cuando trataba de convencer a sus amigos para que se fueran a pasar el día en Hogsmade. A pesar de que en el fondo se sentía un poco mal por el hecho de estar sola en San Valentín, no quería que sus amigos dejaran sus planes de lado; a final de cuentas era sólo cualquier otro maldito día y ella podía perfectamente divertirse sola.

Ginny le dirigía una mirada melancólica a su amiga. No entendía porque, a pesar de las múltiples invitaciones que había recibido, se empecinaba en pasar el día sola. La conocía demasiado bien y sabía que algo le sucedía, pero no había logrado sonsacarle una sola palabra referente al tema. La chica era demasiado lista y evasiva.

—Bien Hermione, pero te veremos ahí a las cinco de la tarde, ¿de acuerdo? —preguntó Harry mientras tomaba la mano de su novia y se encaminaban a la puerta del castillo.

—Sí Harry, no te preocupes. Ahí estaré.

—Nos vemos más tarde Hermione...

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Un chico pelirrojo esperaba sentado en el último escalón de las escaleras situadas a la salida de las mazmorras. Observaba sus manos nervioso y dirigía escuetas miradas de vez en cuando al escuchar a alguien pasar. No era común ver a un león en territorio de serpientes, pero había quedado de esperarla ahí; y aunque contaba con que por el hecho de ser chica podía tardarse un poco, el tiempo se le estaba haciendo eterno.

Nunca había sido un genio en eso de conquistar chicas; en realidad, nunca había intentado hacerlo. Su primera novia prácticamente se le había declarado a él y Hermione… bueno, Hermione era otra historia.

Aún no podía creer que Pansy Parkinson, la chica más bella y popular de su generación, hubiera accedido a pasar el día de San Valentín con él, se le hacía un nudo en la garganta de sólo pensar en lo que harían ese día. No tenía idea de qué podría gustarle conversar, o a dónde le gustaría ir.

Unos pasos cortaron el silencio en el que el chico estaba inmerso, pasos de mujer a juzgar por el sonido de tacones. Sus manos comenzaron a sudar mientras levantaba la vista.

—Hola Ronald —susurró la chica mientras se acercaba al sito donde el pelirrojo la esperaba—. Disculpa si te hice esperar mucho.

Antes de poder contestar el chico tragó espeso, después respiró profundamente para controlar el acelerado latido de su corazón.

—Te-te ves muy linda —logró articular después de mucho esfuerzo.

—Gracias. ¿Nos vamos?

—Claro, adelante...

La chica tomó el brazo de Ron, cosa que hizo ruborizar al chico hasta volverse monocromático, y le sonrió abiertamente; entonces emprendieron su marcha rumbo al pueblo, logrando atraer más de un par de miradas impresionadas ante la inusual pareja.

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Draco Malfoy caminaba impaciente de un lado a otro, esperando en el pasillo mientras miraba cada dos pasos la puerta del cuarto de las chicas de séptimo, que permanecía cerrada.

—¿Estás lista Daphne?

—Ya casi, enseguida estoy contigo. —La voz de la chica llegaba amortiguada hasta él debido a la puerta cerrada.

—Apresúrate ¿quieres?

—Que impaciente te has vuelto Draco...

—Es sólo que odio esperar. —El rubio se detuvo al ver que la puerta se entreabría y por ella salía una rubia despampanantemente arreglada.

—Ya estoy lista —le dijo la chica mientras se acercaba seductoramente al joven.

—Excelente. —Sin esperar dio media vuelta y se encaminó hacia las escaleras, pero un carraspeo lo hizo detenerse y girar de nuevo para voltear a verla.

—¿No vas a decirme que tal luzco? —le preguntó coquetamente la rubia, mientras giraba de un lado y hacia otro para mostrar todos los ángulos posibles de su atuendo.

—Te ves bien. Vámonos ya...

Draco comenzaba a exasperarse de verdad, no sabía en que estúpido momento se le había ocurrido la brillante idea de desquitarse con Hermione invitando a Daphne a salir, pero era la peor maldita idea que había tenido en su vida. "Y el día apenas está comenzando, más vale que te armes de paciencia…"

—Relájate. No entiendo cuál es tu prisa —la chica acortó la distancia hasta quedar muy cerca del rubio, y levantó su cuello para intentar besarlo. Pero el chico fue más rápido y previendo sus intenciones la tomó del brazo y la giró para comenzar a andar.

—No tengo prisa. Pero quiero irme ya, llevo mucho tiempo esperando. —Jalándola ligeramente se dirigió a la Sala Común, pasando sin dirigir una sola mirada a la casi desierta habitación. Cruzó las puertas junto a su acompañante para encaminarse al pueblo y así acabar de una maldita vez con el estúpido día.

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La tarde había transcurrido, gracias a Merlín y todos los grandes magos, mucho más rápido de lo que había esperado. Hermione se paseaba entre los estantes de la única librería del pueblo leyendo y releyendo los mismos títulos que ya se sabía prácticamente de memoria. Por fortuna ya casi eran las cinco; faltaba muy poco tiempo para encontrarse con sus amigos en Las tres Escobas y pasar lo que restaba del día en compañía de alguien más que sus propios pensamientos, ya que éstos no estaban muy dispuestos a colaborar y se enfocaban cada dos o tres minutos en cierto rubio que la exasperaba.

Salió de la librería y se ajustó el abrigo, aún estaba muy frío el ambiente, aunque gradualmente iba calentándose al acercarse la primavera, y se encaminó presurosamente a la entrada del bar. Una vez dentro se estiró todo lo que su cuello le permitía para tratar de ubicar a sus amigos entre el tumulto de parejitas enamoradas que se congregaban en el lugar. Al fin pudo ver un par de manos que se alzaban al fondo del local y se abrió paso entre la gente para sentarse en la mesa que Harry y Ginny ocupaban.

—Tuvimos que esperar quince minutos para conseguir mesa —se quejaba la pelirroja mientras sonreía a su amiga— por fortuna ésto no está ni la mitad de lleno que el saloncito de té.

—Disculpen si me tardé... estaba en la librería y al final me detuve para comprar un par de libros.

—¿Has visto a Ron? Quedó de llegar aquí a las cinco, pero no lo he visto aún —comentó Harry mientras dirigía su vista hacia la entrada del local.

—No lo he visto, supongo que sigue "tomando el té" con Pansy —comentó la castaña burlonamente y después dirigió un par de sonrisas cómplices a su amigos.

—¡No se qué le vio a esa! ¡es una Slytherin! ¿Quién, en su sano juicio, podría fijarse en un Slytherin? —preguntó Ginny dirigiendo un discreto guiño a su amiga. La chica rodó los ojos y se hizo la desentendida. Sabía que la pelirroja no había olvidado su última plática sobre los sueños que tenía con Malfoy y prefería no darle cuerda.

—Pues pareciera que las serpientes han madurado, o algo así. Este año han estado muy tranquilos. Supongo que el ministerio tiene bien controladas a sus familias y por eso han decidido portarse adecuadamente—espetó la castaña mientras llamaba a Madame Rosmerta para ordenar una ronda de cervezas de mantequilla.

—Supongo que al menos debemos darle una oportunidad a Parkinson; hasta ahora se ha portado bien con Ron y es lo menos que podemos hacer por él —le dijo Harry a su novia mientras apretaba su mano, indicándole que debía ser considerada.

Las cervezas de mantequilla llegaron y los tres amigos se dispusieron a beberlas mientras charlaban animadamente. El lugar fue vaciándose poco a poco y no había rastros de Ron por ninguna parte.

Hermione se disculpó mientras se levantaba para ir al baño, volteó instintivamente hacia la entrada y vio como llegaba una nueva pareja al local. Draco Malfoy caminaba al lado de Daphne Greengrass y se dirigían a una mesa desocupada al otro extremo del lugar. Vio como el rubio recorría las mesas con la vista hasta topar con su mirada, misma que desvió inmediatamente para ofrecerle asiento a su acompañante.

Hermione sintió que su corazón se rompía en mil pedazos cuando vio como el rubio se acercaba al oído de la joven para susurrarle algo, y estuvo a punto de soltar una lágrima cuando ésta comenzó a reírse y delicadamente besó los labios del Slytherin.

No entendía por qué se sentía así, pero necesitaba salir del lugar inmediatamente, el hecho de ver a Malfoy con otra mujer en una actitud tan caballerosa y dulce la hacía sentir como escoria. Era un hecho, había llegado a un punto en el que sus sueños se mezclaron tanto con la realidad que era imposible diferenciarlos y ahora se encontraba con el pecho comprimido por un rubio que a penas le dirigía la palabra, pero que la hacía sentir entre nubes cuando lo soñaba.

Se volteó para recoger su bolsa y sin decir una sola palabra salió de Las Tres Escobas. Al cruzar la puerta comenzó a correr, sin siquiera dirigir una mirada hacia atrás, ni para saludar a la pareja que entraba al bar.

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La vio parada al lado de una mesa, en el otro extremo del lugar. El pobretón no se veía por ningún lado, pero supuso que estaba por ahí en algún lugar, ya que cara rajada y su novia estaban sentados a la mesa.

A pesar de que sintió cómo su corazón daba un vuelco al verla, intentó parecer indiferente y desvió sus ojos de la penetrante mirada color miel que lo observaba con reproche. Tomó una silla en la mesa más alejada de la castaña y la retiró para que Daphne se sentara, después tomó asiento a su lado y se inclinó para susurrarle al oído.

—Supongo que sigue en pie el festejo de más tarde…

Daphne rió alegremente y de manera sensual se acercó a él para depositar un suave y cálido beso en sus labios, beso que al chico no le causó ni cosquillas.

—Por su puesto que sigue en pie Draco, si gustas podemos ir en este mismo momento.

Draco volvió a desviar ligeramente la vista y pudo comprobar que la castaña salía precipitadamente del bar, y después observó la cara de perplejidad de sus amigos en la mesa."¿Dónde habrá dejado a la comadreja?"

Pero no tuvo que esperar mucho para conocer la respuesta, ya que en ese momento vio entrar a un chico con un cabello inconfundiblemente rojo ¿De la mano de Pansy?

Draco se levantó y se acercó a los chicos que miraban entre las mesas, y sin rodeos habló.

—¿Qué significa ésto?

—Draco, intenté hablar contigo ¿recuerdas? —le comentó la aludida con un poco de miedo en la voz, pero mirándolo desafiantemente mientras se aferraba al brazo de Wesley y lo acercaba más a ella—. Estoy saliendo con Ronald; quería decírtelo antes de que te enteraras de esta forma, pero no me dejaste.

Draco alternaba su vista entre Pansy y la comadreja confundido, "si éstos dos están saliendo, entonces… ¡Eres un imbécil Malfoy ¿Lo sabias?!

—¿Tienes algún problema con esto Malfoy? —le preguntó el pelirrojo mientras abrazaba a Pansy por la cintura y la acercaba a él protectoramente. A Malfoy no le tenía ni pizca de miedo, pero no le gustaba que Pansy se pusiera nerviosa ante la situación.

—Cállate Comadreja; siempre y cuando no le hagas alguna estupidez por mí pueden hacer lo que quieran. Pero pobre de tí si la lastimas.

Harry, que observaba la escena, se acercó a ellos seguido de cerca por Ginny.

—¿Qué ocurre aquí?

—¡Y San Potter llega a salvar el día! —gesticuló dramáticamente—. Nada que sea de tu incumbencia cuatro ojos.

—No te preocupes Harry, el Hurón sólo está sorprendido —le comentó con sorna a su amigo—. ¿Y Hermione? La vimos salir corriendo... ¿Pasó algo?

—Ni idea. Iba a ir al baño, pero de repente tomó sus cosas y salió, así sin más —Ginny dirigió una mirada de reproche y comprensión al lugar donde aún estaba sentada Daphne Greengrass, la rubia la miró desafiantemente y se levantó para acercarse a ellos.

Draco escuchó a medias el comentario de la pelirroja mientras sentía cómo una mano lo tomaba suavemente del brazo. No tenía ganas de seguir con la farsa de la cita de San Valentín ahora que sabía que Hermione no tenía novio. Se preguntaba si acaso la chica había salido del lugar debido a él, pero, eso solamente podía significar una cosa…

Zafándose bruscamente del abrazo de Daphne salió del local rumbo al castillo, dejando a un desorientado y dispar grupo confundido en medio del bar. Tenía que encontrar a Hermione, tenía que hablar con ella. Porque si lo que estaba pensando era verdad, si la chica se había puesto celosa al verlo con Greengrass… entonces esos sueños no eran cualquier idiotez inventada. Esos sueños, de alguna manera, eran reales. Y ya no podía aplazarlo más, tenía que saber la verdad ese mismo día.

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Corrió hasta cansarse, hasta que las piernas le fallaron. Se sentó en una roca cercana al borde del Bosque Prohibido y comenzó a llorar desconsoladamente.

Ya no podía tolerar más esa situación, la estaba rebasando. Hasta ese momento no se había dado cuenta de cuanto la estaba afectando soñar con Draco. Era imposible que sintiera algo por él, pero lo sentía… y no podía permitírselo.

"¿Por qué coños todo tiene que ser tan difícil? ¡¿Por qué no pudiste diferenciar, por todos los magos, lo que era la fantasía de la realidad? ¡No puedo sentir nada por Malfoy! Es algo estúpido… él jamás se fijaría en mí, para él siempre seré una maldita impura aunque ya no me lo restriegue en la cara a la menor oportunidad. ¿En que maldito mundo vives Hermione? ésto se va a acabar ya… hoy mismo. ¡Juro, por que mi nombre es Hermione Granger, que estos estúpidos sueños terminarán hoy! ¡Ya no lo soporto más! ¡Me rindo! Hoy desaparecerás de mis sueños, Draco Malfoy."

Y poniéndose de pie, con una resolución firmemente tomada, se dirigió al castillo. Ya sabía lo que tenía que hacer, y no dudaría en hacerlo si con eso conseguía paz mental al fin.

No soñaría con Draco Malfoy.

...Nunca más.