Si, ya sé que prometí "FLORES DE TINTA", y lo haré, de eso no se preocupen...pero...ay, rayos, ¿para qué ocultarlo? Esta idea revoloteaba en mi loca cabeza y denle las gracias a Kristina y a Kaiosama por permitirme seguirla (si hay quejas pateen a Kristina y no a mi -/_|-).

DISCLAIMER: Los personajes originales son Propiedad de Masashi Kishimoto, Tokyo TV y Shonen Jump, mencionados sin fines de lucro.

(1) La lírica pertenece a la canción de "Little Lies" de Fleetwood Mac, propiedad de Capitol Records, 1987. Mencionada sin fines lucrativos.

Nuevamente Universo Alterno, NADA de ninjas ni cosas por el estilo. Hay situaciones más adultas, UNA ESCENA LEMON por ahi...ejem..

Bueno ubiquémonos...Konoha, 1987...bla bla bla... A LEER!!


El Vuelo de la Cigüeña

Dos Senderos, un encuentro…y un error.

Dime una mentira, una dulce mentira
Si yo pudiera girar la página a tiempo entonces reorganizaría solamente un día o dos
Se cierran mis ojos (Cierran, cierran mis ojos)
Pero yo no podía encontrar un camino
Entonces me conformaré con un día para creer en ti (
1)

Un verano cálido se cernía sobre el soleado cielo de aquella ciudad en el centro del País del Fuego, tranquila pero monopolizada e industrializada por lo menos al nivel de las otras importantes urbes del país. Brindando un futuro tan prometedor como lo ameritaba la época, libre de guerras, detonante de las novedades de occidente, la década de los noventa estaban en el cercano horizonte y Konoha era una ciudad en crecimiento y también con la oportunidad de desarrollo para los egresados.

Ése era uno de los planes que acaparaban la mente de Sakura Haruno, quizá antes de ésa mañana, cuando terminaba de empacar sus pertenencias y entregaba las llaves de su usual dormitorio en el campus. La idea –el plan, según las palabras recalcadas por Ino- recaía en solventar un negocio propio, junto con Ino Yamanaka, Hinata Hyuuga y Tenten Ama; compañeras de generación y casi el asiduo grupo habitual. Ésta última, se añadió al grupillo en el último semestre, en el curso de dos materias para créditos adicionales.

Un plan bastante coherente. Tenían veintitrés –Tenten veinticuatro- años, una carta de pasante en sus manos, una carrera que si bien no venía en demanda excesiva, por lo menos dejaba algo de "campo laboral" disponible.

Y todo un futuro por delante.

Al lejano cobijo de su hogar, pero con la seguridad de haber completado por lo menos una carrera, la allegada idea de alquilar uno de los amplios apartamentos de la zona centro no sonaba tan descabellada.

Libertad, emancipación personal o simple impulso y deseo por probar la autonomía de la que se podía ser capaz a dicha edad. Y las tres estuvieron de acuerdo, incluso la perniciosa Ino, a pesar de haberse hecho a la idea personal de conseguir un penthouse particular en los suburbios.

La renta del departamento alquilado era de mil doscientos ryo. Módico para tres habitaciones, una sala regular, un discreto patio de servicio y estaba justo en medio de la abarrotada área del este del centro. Nada mal, ya llevaban dos meses y nadie les había corrido en calidad de inquilinas escandalosas.

—Y lo que concierne al local…—Ino enunció dando pie a diálogo.—Pensaba en algo un poco más cerca del centro comercial…

—Si por ti fuera, todo estaría en el centro comercial, Ino-cerda –Sakura Haruno cortó el comentario, respondiendo desde el sofá.—…y no creo que un dispensario médico de más vaya a hacer mucha diferencia.

Una joven de cabellos castaños salió de la cocina, con una lata de zumo de naranja en una mano. Se sentó en una de las sillas del desayunador.

—Cierto, —dijo, mirando a Ino y a la chica de melena rosada—y la renta de uno de esos locales es mas elevada que la de aquí. Yo no quiero ahogarme en deudas tan pronto.

—¿Alguna alternativa entonces, Tenten?—Ino contestó el comentario, encogiéndose de hombros y tomando el control remoto del televisor—No solo es el local, los muebles, los distribuidores de medicinas…de que vamos a gastar, lo vamos a hacer…aunque me parezca impropio…

—Podríamos esperar una semana más…—quien habló, fue una chica de cabellera negro azulada y mirada tímida, sentada en el otro extremo del sofá, sujetando entre ambos brazos uno de los cojines de éste. Su nombre era Hinata Hyuuga—…o ver algunos en la zona…oeste.

—Nah, ahí parece un desierto…—Tenten bostezó, dejando la lata casi vacía en la mesa y echando amos brazos despreocupadamente detrás de la nuca—, tal vez un poco más al centro o…¡rayos lo olvidaba!—chasqueó los dedos de una mano, apremiando a la idea—Allí hay un buen bar; el "Rakuen". Lee me contó que sirven un excelente sake. ¿Y si vamos hoy?

Sakura se llevó una mano a la sien, a punto de decir algo, hasta que Ino se le adelantó a hablar, y no precisamente lo que Sakura pensaba decir.

—Pues si es otro agujero lleno de gente rara como el de la semana pasada, y tomando en cuenta los gustos que se carga tu amigo, olvídalo

—Tú y tus prejuicios –alegó Tenten

—No son prejuicios, simplemente no me rebajo a ir a lugarejos que ni al caso.

—Ajá—Tenten sonrió a modo de sorna.—¡princesita Yamanaka!

—Chicas…—Hinata hablaba bajo y su voz casi desaparecía entre el sonido del televisor, proyectando las notas poco calmadas de uno de tantos grupos alternativos.

Sakura le dirigió una mirada de complicidad.

—¿Y lo del negocio?—preguntó sin más.

—Oh vamos, Sakura-chan...—Tenten le dirigió una mirada de malicia—No hace ni un mes que salimos de la escuela. Vive un poco, mujer. Si precipitamos esto estoy segura que la cosa se va por el caño. Algo de diversión no viene a mal de vez en cuando.

Ésta sería la segunda vez…en la semana. Sakura no externó el comentario.

Tal vez un poco de brío no sentase tan mal después de todo, ¿o si? Aun restaba mucho en el horizonte, tenía un certificado de asistente médico a nivel técnico. Era competente, joven y…con toda una vida aun por experimentar.

Aplazar un poco más los planes a vista de un trabajo estable no estaría de más. Una semana más al fin y al cabo.

Vivir y experimentar.

Claro que no siempre se obtiene nada bueno de eso, aunque con sus veintitrés años de edad, Sakura Haruno aun no lo constataba del todo.

—0—

¿Y cómo demonios había ido a parar allí?

Peor aun…

¿Cómo permitió ser convencido de semejante cosa?

Nadie en la faz de la tierra tenía la entereza suficiente como para motivar la atención de Itachi Uchiha, a pesar de una estresante jornada de trabajo. Claro, si es que podía llamarse así al escuchar los renuentes comentarios de Pein hacia su persona durante las primeras dos horas de la mañana.

Aquella misma mañana en que se debatía la supervivencia de la maltrecha organización en medio de las renuentes cuentas y facturas de pago que caían como gotas de lluvia. A unos kilómetros de distancia el casi derruido edificio de oficinas independientes se encontraba en uno de tantos días de escueta clientela. Solitario casi en toda su totalidad, a excepción de una de las plantas superiores, cerca del solicitado piso tres, dirección de una discreta agencia. Sobreviviendo a los males de la crisis que afectaba a Konoha en los últimos meses y en el interior de una descascarada oficinita que daba al poniente de la ciudad, se hallaba un escueto letrero garabateado a mano con el nombre de Akatsuki.

Una nube roja, con contorno blanco y remarcado a modo descuidado por la punta de un pincel. Mera improvisación al fin y al cabo, pero el interior era lo que contaba, ¿no?

Ya ni siquiera el mismo Pein estaba seguro de eso. La crisis caía y al igual que en los burdos dominios de la naturaleza, sólo sobrevivían los fuertes.

Y el mundo amplio de los negocios de Konoha era una selva cruel e impía. Pero habían conseguido mantener el bote a flote. Exportaciones, acuerdos y unas cuantas "mañas" solventaban el seguir siendo uno de los precursores de medios de manufacturación impresa por lo menos más comunes. Abaratar precios y luego aumentarlos estratégicamente era un arma certera, propuesto por alguno de los otros asiduos empleados.

¿Qué más daba? Después de todo, siempre se endosaba el cheque y quisieran o no, el pago se hacía. Ah, no hay mundo más corrompido que el de la publicidad y habiendo maneras como el aliarse a otros "acarreados" –subcontratación, como decía arteramente Kakuzu- siempre quedaba algo con que subsistir.

¿Qué más daba? Se repetía de nuevo.

De escueto carácter, duras facciones y mirada astuta enmarcada con el sombreado de unas profundas ojeras, Itachi Uchiha era uno de los pocos que habían aceptado la vacante de práctica laboral en aquella mullida y derruida oficina. No era diestro para los gráficos, pero tenía una buena cabeza sobre los hombros y eso le había permitido a llegar aunque sea a un año sin ser despedido. Había accedido al informal contrato hacía más de año y medio; y simple y llanamente porque no tenía interés absoluto en deparar como el resto de la familia, tras el escritorio de las burocráticas oficinas del estado. Pérdida de tiempo, vista y energía mental que no eran de su absoluto interés. Él había pagado su carrera –después de que a su padre le dio un infarto- y él se había mudado al noroeste de Konoha sin pedir ni rendir cuenta a nadie más que a él mismo.

¿Y qué le había llevado a permanecer tan voluntariamente sentado bajo aquel bullicio y frente a aquella barra?

Sasuke…no, ya en realidad ni siquiera infería por eso. Las costumbres se hacen ley tarde o temprano e Itachi se había hecho a la idea esa tarde de octubre, cuando abrió renuente la puerta y se encontró con su hermano menor…y un par de maletas. Una carga más, no…dos. Ah, porque claro, el condenado muchacho había llegado con acompañante; una escandalosa chica de cabellos rojizos y gafas.

Como sea, ésa no era excusa.

Le habían empujado hasta allí y él había accedido. Jueves por la noche y tras una semana de pesadilla; soportar los desesperantes gritos de Deidara desde su despacho, las inferencias de Sasori –cuando el muy maldito se las daba por cambiar los bocetos- o hasta los molestos comentarios de Tobi gritando de un lado a otro "Itachi –sempai ¿ya esta el trabajo?…¡Itachi-sempai, quieren una muestra preliminar!…¡Itachi-sempai no encuentro las facturas!...¡Itachi-sempaaai!". Todo un caos y no es que ahora estuviese un poco mejor. El motivo tal vez tuviese que ver con que Pein había conseguido el redituable respaldo de una de las recientes empresillas de Kumogakure. Más trabajo, más tiempo invertido y un bono extra al salario. Y vaya manera de aprovechar el ingreso como el despilfarrar un poco en una de las añoradas rondas entre compañeros.

Conocidos y nada más, para Itachi Uchiha, pero ahí estaba desde hacía ya más de veinte minutos.

"Jueves por la noche…y vamos, que sólo se vive una vez. Un poco de agitación, como en los viejos tiempos. uhn", había dicho Deidara y el resto secundado la emoción, aun Kisame, quien no tenía ni la menor simpatía por tugurios de ése tipo, a menos de que hubiese licor lo suficientemente decente como para cualquier garganta humana.

La música sonaba con el estrépito necesario. El volumen alto y sin distorsionar de un grupo occidental remarcaba la letra de sus estrofas bajo el ritmo de los sonidos bajos. "Little Lies" sonaba al acorde bajo las luces fluctuantes.

—Y por mí que lo que resta de los ochenta se fueran directo al caño—dijo resueltamente para sí mismo, mientras empinaba el penúltimo trago de su primer cerveza Sapporo.

—Por ti todo el jodido mundo podría irse al maldito caño —espetó con un gruñido ahogado un muchacho de cabello blanco platinado, peinado hacia atrás y con suficiente fijador como para hacerlo relucir—Ya pareces un anciano amargado, Itachi…¿qué, aun no te deshaces de la plaga familiar?

—Hmp, da lo mismo —Itachi miró hacia su izquierda, distraídamente y sin encontrar ni mirar a nadie en particular.—Sasuke sólo se quedará hasta abril, por lo menos mientras terminaba el maldito curso ése. Después será su problema.

—Pues si yo fuera tú, ya le hubiera cobrado la renta y al doble —respingó un sujeto de facciones ocultas tras el sombreado proyectado por el cuello alto y desdoblado de su camisa. Volvió si atención a una de las áreas más abarrotadas—Rayos…¿ésa es la condenada fila para las bebidas?

—Hum…sip—masculló Hidan, el joven de cabello blanco, esbozando una sonrisa pérfida—Y ahora que recuerdo, Deidara fue por un par de cervezas, creo que le perdimos en las trincheras.

Señaló hacia la lejanía con la mirada, hacia un extremo donde un joven de lacia y rubia cabellera charlaba resueltamente con un par de chicas.

—Ya vuelvo —El Uchiha se levantó, dejando el envase ya vacío sobre la mesa y yendo sin miramientos hacia la saturada zona.

Bien, había accedido a la improvisada juerga simplemente porque no tenía nada más que hacer, y podría soportar el estruendo siempre y cuando tuviese la garganta hidratada.

Una vez al año, supongo que no hace daño…aun entre semana.

A unos cuantos metros y un mundo de distancia un grupo de muchachas se debatía en la búsqueda de una mesa.

—Sigo pensando que esto es una locura –Dijo Sakura Haruno, reacomodándose el tirante de su blusa—Y yo estoy mas loca que tu, al aceptar venir a semejante tugurio.

—Bah, un respiro antes de meternos en los problemas de un trabajo de ocho horas me parece apropiado, ni que fuera todos los días, "frentona"—argumentó Ino, arrastrándola a ésta y a una ruborizada Hinata hacia una mesa asidua a la barra del bar. Miró hacia su izquierda y luego a la derecha, hasta encontrar a la faltante—Jo…por lo visto Tenten demorará un poco…

Sakura entendió el contexto indirecto de la frase.

—Ey, Hinata ¿No se suponía que tu primo Neji salía con Tenten?—murmuró Sakura hacia la chica de ojos perlados que nerviosa observaba a la aludida platicar con un desconocido de melena rubia, con la normalidad del mundo.

—A eso, queridas, se le llama socializar…—la rubia Yamanaka trazó una sonrisa altiva.

—De hecho creo que a eso se le llama de otro modo, Ino-cerda…—una mueca tenuemente incómoda apareció en el semblante de Sakura.

La música seguía impregnando el ambiente. Los murmullos de más de un centenar de almas añadido al barullo provocaban una acústica casi extinta para los propios comentarios. Tal vez no era el entorno propicio para continuar con una conversación, de eso estaba consciente…aun.

No es que fuese una completa mojigata, pero había que reconocerlo, el estruendoso ambiente era un tanto desesperante y no estaba del mejor humor que podría decirse. Sakura ya-había estado en un antro aun más escandaloso cuando Naruto le llevó a celebrar después de la graduación. Tiempo pasado, e internamente se repetía el hecho de que aquel chico no le hubiese acompañado en esta ocasión.

No salían, al menos no formalmente, pero podía decirse que se había hecho al desmañado modo de éste desde la preparatoria. Ahora con una edad alejada de los escándalos de la adolescencia y a las puertas de la madurez, quizá era momento de comenzar a pensar en algo un poco más serio.

Después, se dijo internamente mientras acompañaba a Ino en medio de la multitud hacia la barra… Podríamos venir aquí sólo él y yo…claro, trayéndolo con el estómago lleno, de lo contrario dudo que pueda pensar en otra cosa que no fuese su odioso ramen.

A los quince minutos Tenten se había reunido con ellas y en tanto ésta se quedaba con Hinata en la mesa, la rubia y la chica de cabellos rosados trataban de hacerse lugar en la fila frente a la barra.

Un atareado mesero, irónicamente el único de la específica área, atendía al extremo izquierdo de ésta.

—Atascado…—murmuró para ella misma, sin notar que lo había hecho en voz alta.—…y el tipejo ése esta ignorando a la mitad de la barra…

—Hmp…ya me di cuenta.

Ella se giró, contrariada por el comentario que usualmente había dirigido a Ino y tal fue su sorpresa que su amiga había desaparecido de su campo visual.

Toda frase o palabra de disculpa hacia el anterior arrebato desapareció de sus labios. Sus verdes orbes, ahora distando de un brillo más intenso debido a la fluctuante iluminación, quedaron prendados de la escueta y parca mirada de un hombre de una postura y naturalidad que indicaban una edad mas avanzada. Usaba zapatos casuales, un impecable pantalón de mezclilla negro y una camisa tipo polo, también en negro. Largo cabello ébano, amarrado en una apretada cola de caballo y su semblante lucía inexpresivo.

Y el tiempo se detuvo, casi en el instante en que apenas pudo sentir su mano hacer contando ton la de ella. Cálida, suavemente y decir…

—Con permiso.

Y entonces Sakura despertó. Aquel sujeto ni siquiera le había devuelto la mirada, tomó su mano, si, pero en el instante en que tras un insistente "hmp" hacia el remedo de cantinero le atendieron, dejando tres botellas delante d éste.

—Vaya mediocre…—musitó él. Sakura notó la gravedad casi tan inexpresiva de su voz como de su rostro—.había dicho sólo dos.

Desinteresadamente –y así lo sentía Itachi— se volvió hacia la muchacha que estaba a lado suyo. Esa misma, de cabellos rosados y estridente voz que le había hecho cimbrar levemente el tímpano hacía ya un rato.

—Si no quieres seguir haciendo fila de más…—dijo, tendiéndole la botella en las manos.

Ella apenas u había logrado exhalar un entrecortado "gracias", sintiéndose como una imitación burda de su amiga Hinata. Diez segundos, diez preciados segundos en los que Sakura memorizó al detalle los rasgos del joven.

Kami…

—¿Y esa cara?—Ino reapareció a su izquierda y la miraba como quien ve uno de esos cuadros surrealistas y sin forma.

—´¿Eh?...ah…¡Nada!—Sakura volvió a establecer el aliento, volteando a ver hacia otro lado. Deshaciéndose de la evidencia que había provocado su sonrojo.

Pero al ojo avizor e intuitivo de la Ino Yamanaka, nada estaba oculto.

—Aja…—miró hacia la etiqueta de la botella—¿Sapporo? No creí que estabas acostumbrada a algo tan fuerte. La mitad de ésa cosa te pondría fuera de combate, "frentesota"—sin darle oportunidad de defensa a su amiga, dirigió su atención al hombre que se perdía entre la multitud—hum…lindo detalle, aunque esta algo mayorcito, ¿no crees?

—Ey, yo no…—la acusación se frenó abruptamente, dando paso a una contrariedad reflejada en las marfileñas facciones en cuanto se percató de una risilla superflua en su amiga—¡Ino Yamanaka, ni se te ocurra siquiera pensarlo!..Yo…

—Te atrapé…bueno, no se veía tan mal por detrás, tal vez no sea tan aburrido como parecía— Murmuró bastante divertida.

La joven Haruno negó rotundamente la cabeza.

—Olvídalo, además, Naruto y yo…

—Naruto no cuenta. Si fuese por lo menos la mitad de serio de lo que aparentaba el sujeto ése, otra cosa sería—Ino se permitió una discreta mirada de seriedad. Alzó una ceja ante el impulso de una de ésas espontáneas ideas—eh, pero qué descortés eres, sabes, te acompaño hasta donde está.

El reclamo murió en sus labios y su garganta, cuando Sakura apremió distraídamente al primer sorbo. Definitivamente el trago era amargo y tan árido que despertó un sopor en sus fosas nasales.

Bien, por lo menos te servirá para despabilarte, resolló aquella renuente y necia vocecilla interior que siempre parecía emerger de en medio de la nada de su mente, sólo para provocar un caos de ideas inconexas en los momentos menos apropiados. ¿De verdad crees que estaba interesado en tí?

Quizá no. No era momento de ilusionarse estúpidamente. Ya no tenía ni quince años ni diecinueve. Las cosas habían cambiado y mucho, y en cuanto al suceso anterior, obviamente no había sido nada más allá de simple…

—0—

Cortesía. Simple y llana cortesía.

Y el que el mundo y su entorno fuese un completo desastre, no significaba que el de los demás también. No solía ser específicamente amable, pero tampoco un tipejo de amargos y toscos comentarios. Esa era la rutina de Kisame Hoshigaki, o la de Kakuzu.

Itachi siempre se mantenía al margen de lo corto y lo conciso. Si no había nada más que decir, ¿para que abrir la boca?

Estando desde uno de los extremos de los espacios individuales aledaños a la barra derecha, miraba de reojo la mesa en la que había estado anteriormente. Hidan iba por una ronda más, veía ocasionalmente a Tobi ir de un lado hacia otro y Deidara continuaba con el estruendo de su exagerada conversación; a veces parecía que éste hablaba hasta por los codos.

Personalmente, le quedaban pocas ganas de volver a ocupar aquella silla. Y ahora…

Cortesía. Únicamente cortesía, ¿verdad?

Así lo suponía, mientras hacía un esfuerzo por escuchar la voz de aquella joven…relativamente un poco más joven que él. ¿Cuántas diferencia podría haber, dos, cuatro…cinco años?

Sakura…recordó mentalmente mientras su garganta, ahora amortiguando un tono aguardentoso en su voz, se ocupaba de los rezagos de la cuarta botella. Sakura, como el término de los cerezos en flor.

Atinado.

Analizaba con discreta solvencia la tonalidad de su cabello, el contraste del rosa de sus hebras sobre la clara piel y el verde jade -¿Jade o esmeralda?, Itachi siempre había sido hábil para diferir tonalidades y ahora no podía esclarecerlo del todo—en sus ojos.

¿Y a qué venían ésas ideas? Usualmente él no pasaba demasiado rato escrutando la fisionomía de las personas. No era adepto a eso, no él, no…

—Itachi…—se presentó casi distraídamente y rompiendo el contacto visual, dando un sorbo más. Conciencia, un poco de conciencia aun presente bajo el bramido de un inusual calor en su nuca—Uchiha Itachi.

Y ella devolvió la mirada. Por un momento le pareció que el barullo había aminorado un poco, a pesar de que el lugar continuaba estando lleno a tope. Por lo menos había perdido a Ino hacía ya unos minutos, y Sakura agradecía profundamente eso; la desenvoltura verbal de la Yamanaka siempre era un arma de dos filos. Y en la mayoría de las veces más contraproducente que nada.

Estruendo o no, las palabras se turbaban un poco.

—¿…seguido?

—¿Qué?—inquirió Sakura, acercándose un poco más.

—Si vienes seguido por aquí.

Itachi repitió la pregunta ahora en un tono más permisible de lo que solía ser tratándose de él. No era una interrogante personal, solamente un intento fugaz de conversación. Odiaba quedarse simplemente mirando con aire distante.

Sakura se sentía aturdida. Esbozó una sonrisa para nada forzada.

—No, de hecho pensaba quedarme en casa—rió cortadamente. Sus dedos se posaron con una extraña torpeza sobre el envase de la…¿segunda? ¿tercera?...mitad de la tercera botella, haciendo la seña de mirar de reojo a una de las medas de la derecha—pero, bueno…mis amigas…

—Hmp…igual –completó él.

Y un silencio sumido en una contemplación mutua afloró en ambos. Esa difusa sensación se le había subido hasta la cabeza. ¿Sabría Sakura lo bien que se le veía el cabello así desordenado?

Itachi agitó un poco la cabeza para librarse de ideas 'raras'. No es que eso fuera de mucha ayuda. Simplemente porque no quería que eso se convirtiera en algo fuera de su alcance.

El dialogo previo a la pauta no fue tampoco lo más fluido, pero por lo menos había sido un intercambio de palabras. Ella recién había salido de la universidad…

Escuela técnica, recapituló Itachi con certeza. Y el negocio que regía la vida de él era la publicidad. Hubo más detalles, lugares, nombres de amigos y conocidos, todo escuchado y grabado con el sopor de un recuerdo distante ahora, bajo el renacido rumor de la gente, la música y el calmante del licor.

Itachi sabía su nombre y Sakura el de él. ¿Importaba algo más?

El calor en su nuca se pronunció pasando hasta su frente. Mientras hablaban –porque habían hablado, ¿no?- estuvieron un rato de pie. Luego sentados y ahora que ella apremiaba a un intento torpe por levantarse, sintió el trastabillar de sus pies y sus rodillas.

Reflejo condicionado…debió ser un reflejo condicionado, caviló Itachi en el momento en que sujetó la mano de la joven. Se deslizó hasta éste, con la facilidad de quien empuja un cesto vacío. Ella no objetó nada…nada ni siquiera cuando su cuerpo quedó exactamente frente al de Itachi. Milímetros, escasos y diminutos separaban sus fisionomías. Una barrera apenas existente.

El negro de la noche, reflejado en las pupilas de Itachi. Y a Sakura le pareció ver reflejado su rostro en el brillo expectante de éstos.

El Uchiha estaba de pie, sintiendo que el peso del líquido recaía a fondo en sus tobillos, estómago y cabeza. ¿Cuánto había bebido ya? ¿Cinco? ¿Seis?...su límite eran cinco, y tratándose de una Sapporo regular, cinco era una osadía.

Siete…ésa última y a medio tomar era la séptima…

La mente estaba nublada. Turbia. Y su mano no había dejado de tomar la de Sakura, de hecho el contacto se había pronunciado aun más. Ella le contemplaba levemente alterada. Dio un paso hacia delante, inseguro y con el objeto de ir hacia otra dirección. Trastabilló y la barrera de distancia se rompió, en el instante en que sus caderas chocaran.

—Disculpa, creí que…

Tal vez las palabras habrían sonado más convincentes si no fuera por ese hormiguear en sus labios y el palpitar incesante de su corazón que resonaba en sus oídos perturbándolo.

El suspiro que escapó de los labios de la joven fue un puente permisivo, propicio e indómito. El detonante de un contacto, imperioso y espontáneo, provocado cuando las manos de Itachi –y no era un reflejo…lo sabía en el fondo, ya sin poder hacer nada- le rodearon la cintura y ella…simplemente aprestó a aquel roce.

Un tacto e impulso tosco, un beso torpe casi un golpe, suerte para ambos que el impulso no fuera tan fuerte como para hacer chocar los labios contra dientes. Sakura separó sus labios apenas y dándose cuenta de todo. Espacio de menos de dos segundos. El fuego, tibieza y escozor adictivo de los tersos labios de Sakura fueron aun más intensos que el sabor del licor en su lengua. Adictivo, maldita y mesuradamente adictivo.

Apenas podía mantenerse en pie, pero estaba completamente consciente de aquella sensación. ¿Él sentía lo mismo? ¿Así nada más?

Si no había nada, ¿por qué no le soltaba? ¿Era tan malo el sabor y la sensación? No, ella tampoco deseaba soltarle.

Sakura apoyó las manos en las caderas, ya no importaba que pudiera verle el rostro, bien podía culpar a la cerveza de ese estado de ensueño en el que se sentía. Si, era el alcohol lo que hacía que su mente se sintiera suspendida en el aire, era el alcohol el que había despertado esas mariposas en su estómago.

¿Y el responsable de aquel beso inicial?

Itachi la tomó de los hombros y la atrajo hacia si, y realizando un movimiento mas torpe aún que el que Sakura había hecho previamente, le estampó los labios. Sakura se sintió invadida, abrumada y trató de poner distancia por instinto, pero algo la detuvo y aquellas extrañas sensaciones 'producto de la cerveza' se incrementaron y, sin haberlo deseado inicialmente, respondió al beso, torpemente al principio, obviamente, luego acompasándose más y más, acompañando la unión de sus labios con breves roces, con suaves movimientos que hicieron eco en su 'contraparte' quien respondió de la misma forma, sólo se detuvieron al quedarse sin aire, y se separaron tratando de recobrar el aliento, muy cerca uno del otro.

Una palabra…seca, entrecortada y desvanecida en el estertor del antro, marcó la pauta de todo. Una sola y única palabra, ¿podía aquello haber delimitado una diferencia en el futuro, de haberla evitado?

Itachi exhaló, y la cabeza seguía dándole vueltas. El calor apoderado de su cuerpo y su mente respondiendo a preguntas olvidadas.

—¿...Mi…apartamento?

0—

La puerta de la entrada se abrió, con el mismo escándalo de siempre. Los goznes rechinaron, aun después de las incontables reparaciones y aceitadas.

Consciente, según él. Lo suficiente como para haber conducido hasta casa, sin estrellarse contra ningún peatón-pared-o auto. No ahondó en eso. Su mente, su cuerpo y el restante de su concentración estaban puestas en Sakura. En aquella chica que sin atisbos ni precedentes había llevado hasta allí.

Tropezó contra el cesto de basura del pasillo y éste se volcó con ahogado estrépito sobre el suelo. La casa estaba a oscuras y en mullido silencio. Propicio a no ser por…

Sasuke.

Al diablo si turbaba el sueño de su entrometido hermano menor. Al fin y al cabo, Itachi también tenía una vida y el hecho de tenerle obligadamente de "arrimado" no era motivo para mermar sus planes, cuando los tenía.

El envolvente y asfixiante contacto con Sakura no había menguado. Ésta solo se estremeció cuando Itachi la sujetó de la nuca, profundizando el beso. Sakura abrió la boca un poco, permitiendo que la lengua del muchacho entrara. Se acariciaron con prisa y sus cuerpos se juntaron aun mas, meciéndose, llevando un ritmo que ya nada tenía que ver con la música de aquel lugar de donde habían estado.

Estaba abrazada de Itachi, literalmente colgando de el, con las piernas apretadas en su cintura. Lo besaba y con las manos jalaba su coleta.

El Uchiha le había subido el vestido hasta la cintura y acariciaba la piel desnuda de su trasero mientras la sostenía. Dio otro paso, golpeándose el talón contra el refile de la cama. La espalda de la joven recayó sobre la superficie del mullido colchón y sin soltarle, apremió a que Itachi se tumbase sobre ella.

Sus movimientos eran toscos, vacilantes y torpes. Sus labios necios a establecer una tregua con los de Sakura mientras hacía un esfuerzo por acomodarse con cuidado entre sus piernas, al tiempo que trataba de desabotonarse el pantalón.

Los mesurados pliegues de la ropa de la joven desaparecieron e Itachi sintió la calidez de su cuerpo cuando él también se deshizo de sus prendas. Expectante y casi tan impaciente como el suyo propio.

¿En qué estaba pensando?

Un completo desconocido, en un lugar más desconocido para ella…

No. No pensaba. Sentía. Necesitaba…

Sin miramientos, sin palabras ni jugueteos, sólo la mera necesidad de aquellos labios que ella le había dejado probar. ¿Porqué?

No podía explicarlo, y no tenía el interés del momento para hacerlo. En ese momento el deseo invadía cada poro de su piel, nublando cualquier otra idea o sentimiento.

Mas certero el movimiento, más inductivo y preciso. Podía sentir el empuje de su erección cerca de la hirviente entrada de ella.

Quería…

Se detuvo. Sakura le detuvo.

—Espera..t…tienes…un…

El asintió, separándose con cautela de ella.

—Un…condón…—asintió él, completando la frase.—…si…

El cajón del buró cayó al halarlo de más, mientras Itachi hurgaba en medio de papeles, tarjetas, y demás trivialidades, hasta dar con la caja semi abierta de preservativos, comprados hacía unos meses atrás y cuyo uso relegaba a casos de éste tipo. Parejas y visitas conyugales no constituían ni un ápice primordial o considerable de su existencia, de hecho, el haber encontrado la caja era un alivio, según el, la había tirado hacia tiempo o por lo menos dejado al olvido.

Abrió el primero. El calor sofocaba más y sus dedos sujetaron el lubricado látex con pulso trémulo.

—Date…prisa…—ella jadeaba con arrebato, sujetándole por la espalda y sin soltarle el lóbulo de la oreja.

La tibieza de su lengua era difícil de ignorar. Y las manos seguían temblándole estúpidamente. Tomó la punta, colocándola con atinado cuidado sobre su miembro y deslizándolo hacia abajo, como debía ser.

Los dedos se movían atravesándose inoportunamente. El forro cayó.

—Itachi…

—V…voy…

Exhaló ahogando un suspiro de frustración. Tomó el segundo empaque.

Segundo intento. Y el pulso, la temperatura y la cordura no ayudaron en nada. El condenado hule se resbalaba. Sujetó el borde, tirando hacia abajo.

—Itachi….hummm…¿ya?

Haló, deslizando los enrollados pliegues y…

—hmp…casi…

Nada.

La ductilidad del preservativo apremiaba a enrollarse de nuevo. La erección bajaba. Sus dedos sujetaron la base de su miembro, moviéndose hacia arriba y hacia abajo, en un intento por no perder el brío y la excitación. Reacomodó por cuarta vez el lado diestro del látex…y éste cedió por completo, rasgándose en un extremo.

¡Mierda!

—I..Itachi…estoy…lista…

Y él simplemente arrojó el desgastado hule a un extremo, reacomodándose al instante de nuevo sobre ella. Notó que estaba a punto de hablar, y sus labios se sellaron con los de él. Abrió las piernas, deslizando una sobre la cadera de Itachi y éste, a un punto álgido, la penetró sin miramientos. Sakura alzó las caderas, provocando un contacto más profundo. Él lanzó un largo gemido de placer mientras le sujetaba las muñecas y comenzaba a moverse dentro de ella. Tosco y sin ritmo, sus manos perdieron el control, buscando tocar más, buscando sentir más…

Acciones ininterrumpidas. Jadeos, murmullos incoherentes y el sopor ardiente en sus mejillas. Los muelles de la cama crujieron sin sincronía alguna.

Absurdo e insensato. Ninguno conocía en absoluto al otro. Todo una completa y absoluta equivocación, ahora borrada, desvanecida y disipada por la fuerza irrevocable que inundaban a las caricias y roces, que pese a no tener una concordancia consciente se sentían bien, demasiado bien. Sus cuerpos respondiendo de un modo extraño, sus mentes en medio de un torbellino.

Y no habría marcha atrás. No ya no, ni siquiera en el instante en que, acometido por un calambre involuntario en su baja espalda se adentró a plomo lo más que pudo en Sakura. Los músculos le dolían, pesaban, la sangre se precipitaba a lo largo de sus venas y la espalda se tensaba como cuerda de arpa. Consciente o no, se percataba de sus propios latidos cardiacos, en un punto aun más álgido en el momento en que cedió por completo a la tormenta.

Ella gimió. Él aun más, sintiendo que los dedos de Sakura le oprimían la espalda, sus caderas detuvieron el ritmo abruptamente. Exhalando. Desvaneciendo su aliento con el de Itachi, mientras éste se estremecía, derramándose dentro de ella.

No hubo ni existiría vuelta de hoja. De un modo u otro, el destino apremiaba. Hacer lo correcto o la estupidez más grande en toda su vida…sólo el tiempo lo diría.

Sólo el tiempo…

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CONTINUARÁ


NOTAS DE LA AUTORA:

Bien, aqui lo tienen. Ya se, ya sé...trama cliché...el mismo pairing... y una nueva perspectiva. Si, puede tomarse inicialmente ( OJO, inicialmente) como adaptación, sin embargo el concepto y lo que pienso agregar después va más allá.

Digamos que este es mi primer intento formal por secundar a mi adorado maridito Kaiosama en el versado arte de la comedia romántica. ¿Dificil?, bueno, ya veremos conforme avance este enredo de escalas "Paochánicas". Y bueno, también he de admitir que este fic fue para responder al reto de la autora "retirada" de CRECER, CORRER Y TROPEZARSE...Kristanza Ubriacco (yap, ya sabes ke me gusta hacer revoltijos con tu nombre), también porque me quedé con el "gusanito" de sacar un lado un poco más consistente de Sakura (gracias por el beteo del capitulo piloto, Kusubana-san y a Tsukisaku).

Confíen en el summary...el resto...ya lo leerán. :3

Como siempre, SE AGRADECE TODO PUNTO DE VISTA, BUENO, MALO, SINCERO, ETC.

NOS LEEMOS EN LA SIGUIENTE ENTREGA (ahora no esperen una Naru-novela...sino una NARU-AMERICAN-MOVIE...con capítulo nuevo cada viernes)