Bien, ahora viene la parte dedicada a Temari, esta parte es un poco más "intensa". La ha clasificado para mayores de 16 años por el lime, pero vamos, más que nada para no ofender a nadie porque la verdad, es bastante ligero, aunque no deja de ser un lime.

Espero que os guste.

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No sabes besar

Los días pasaban sin mayor novedad.

El mes de agosto era tranquilo. A pesar de llevar dos oficinas y ocuparse un poco del trabajo de cinco secretarias y algún jefe, Temari pasaba un mes muy relajada. Solo de vez en cuando se le acumulaba el trabajo y esto solía pasar porque todo el mundo pedía las cosas a la vez.

- Temari, para los libros.

- Temari, necesito fotocopias.

- Temari quiero pagar.

- Temari el avión se ha estropeado, avisa a los alumnos programados.

A Temari le daba la impresión de que el mundo no sabía girar sin ella ¿Es que nadie sabía hacer nada? Si, si sabían, lo que pasaba es que no querían.

En esos momentos se enfadaba bastante y solía estallar con el primero que apareciese.

Curiosamente la mayoría de las veces era Shuhei Hisagi.

- ¿Qué quieres ahora? Los aviones los he pasado esta mañana y no volveré a pasarlos hasta mañana ¿Por qué miras tanto la pizarra?

- Quiero asegurarme.

Bien sabía Temari que Hisagi no tenía la culpa de todo, pero daba igual, con alguien tenía que explotar su mal humor.

- Vaya carácter que nos gastamos por la mañana...

- Y por la tarde, Hisagi, yo soy un ogro todo el día ¿Algún problema?

- Tú lo que necesitas es un novio, alguien que te ayude a "relajarte"

- O pegarle una paliza a algún listillo, eso también serviría.

- Me equivoco o estas algo "reprimida"

-¿Y tu padre que tal mea?

- Vale, vale... ya me callo... que carácter.

Shuhei se marchaba sonriendo para sí mismo, en realidad le encantaba ese carácter endemoniado de su compañera.

Lo que Temari ignoraba es que si Shuhei entraba tanto en la oficina y pretextaba ver como iban los aviones de horas, no era porque no lo supiese, o no estuviese al tanto, era para verla a ella.

Desde aquel beso que le dio el día de su cumpleaños, Shuhei andaba como tonto, más de lo habitual, y cada vez que la veía un montón de mariposas parecían alterarse dentro de su estómago.

- Cada tía me tiene más enganchado – le comentaba a Renji, su ayudante – Estoy empezando a comportarme como un adolescente.

- Estás enchochaito perdido. Tendrás que hablar con ella.

- Si, es lo que debería hacer, pero cada vez que me ve me grita y así no hay forma de invitarla a tomar algo.

- ¿A qué no sabes que mañana es su cumpleaños?

- ¿Mañana? ¿Y tú como lo sabes?

- Porque lo sé.

- ¿Seguro?

- Seguro. La oí decírselo a alguien por teléfono. Y la conozco desde hace unos años, ya verás como mañana aparece con una bandeja de pasteles, siempre lo hace.

- Quizás si tengo algún detalle con ella consiga que baje la guardia.

Temari terminó el trabajo de la oficina del hangar, recogió sus cosas y se dispuso a dirigirse a la oficina principal.

- Me voy a la otra oficina – le dijo a Renji – Tengo trabajo allí, aquí ya he terminado, dile al pesado del jefe de instructores que estoy allí si me necesita.

- De acuerdo.

No era cierto que tuviera trabajo en la otra oficina, bueno si tenía, pero no pensaba trabajar demasiado, poner un poco de orden pero relajadamente, que no pensaba estresarse y a lo mejor hasta le daba tiempo de leer un poco. Era la ventaja de no tener jefes.

"¡Ah, bendita tranquilidad!" Se dijo a sí misma al entrar en la solitaria oficina. Puso el aire acondicionado y se sentó, casi recostándose, en la silla del jefe de personal, que, curiosamente era más cómoda que la de las secretarias, menudo morro se gastaba ese panoli.

Se incorporó y encendió el ordenador, daría un vistazo al correo.

Estaba distraída ordenando los correos recibidos cuando oyó unos pasos acercándose por la entrada del edificio, alguien venía a traerle trabajo, seguro.

Levantó la vista y vio a Shuhei plantado en la puerta, en la mano llevaba varios folios.

- ¿Se puede?

- Se tendrá que poder ¿Qué quieres?

- Fotocopias.

- Pues ahí está la fotocopiadora.

- ¿No me las vas a hacer tú?

- ¿No sabes hacerla?

- Creía que tu jefecillo no quería que nadie tocase la fotocopiadora.

- Mi jefecillo es tonto – dijo levantándose con verdadera desgana – Anda, trae.

Shuhei le pasó los folios.

- Hazme 10 de cada...por favor.

Mientras Temari colocaba los folios en la fotocopiadora, Shuhei se acercó a la puerta, la cerró y aprovechó para echar el pestillo.

- ¿Por qué cierras la puerta?

- No quiero que nos molesten.

- Nos molestarán igual... ale, ya está haciéndolas, dentro de un rato estarán.

- ¿Ya? Pero son varias cosas.

- Esta máquina es muy lista, tú la programas y ella lo hace todo, mira, hasta las ordena... ¿Qué haces?

Shuhei se había acercado bastante a Temari y pasado una mano por su cintura.

- Tu y yo tenemos algo pendiente.

- ¿De que hablas, idiota? - Temari trató de empujarle pero Shuhei no se movió lo más mínimo, aquello empezaba a mosquearla – Si te refieres a las dietas, ya te dije que me traigas los recibos.

- No, es algo más... personal.

- ¿Personal? Oye, yo a ti no te debo nada.

- No, soy yo quien te lo debe a ti.

Temari le miraba intrigada, era el momento, había bajado la guardia, Shuhei se acercó aún más, recorrió los pocos centímetros que le separaban de sus labios y la besó.

Con las manos apoyadas en el pecho del hombre, Temari intentó empujarle, pero aquel intento de rechazo era más bien mínimo.

Cuando se separó de ella, Temari le miró con la cara roja de indignación. Si, le había gustado el beso pero ¿Por qué tenía que habérselo robado?

- ¿A que viene esto, estúpido?

- Te lo debía, ya estamos en paz.

- Besas fatal, que lo sepas.

- ¿Beso mal?

- No me extraña que no supieras lo que es un beso... anda y suéltame.

Pero Shuhei la estrechó con más fuerza.

- ¿Así que no se besar? - Y con un gesto rápido volvió a juntar sus labios a los de ella.

- No – contestó Temari casi sin respiración al terminar aquel apasionado beso – Besas como un crío.

- ¿Cómo un crío? Yo seré un crío pero tú eres una reprimida y no quieres reconocer lo que te ha gustado.

- ¿Que me ha gustado? No te lo tengas tan creído, yo no soy una reprimida y tu no sabes besar.

- En ese caso, deberías enseñarme ¿no, sabelotodo?

- Anda y suéltame, payaso.

- A ver, señorita reprimida ¿Qué es lo que hago mal?

Shuhei volvió a besar a Temari, esta vez, puso una de sus manos en la nuca de la mujer, obligándola a hacer más íntimo y profundo el beso, cosa a la que ella no se opuso.

- Eres muy brusco – habló entrecortada Temari, la verdad es que aquel beso le había encantado, como los anteriores, haciendo que un gran acaloramiento creciera dentro de ella.

- Entonces dime como tengo que hacerlo – susurró en su oído, haciendo crecer ese acaloramiento.

- No... no pones suficiente... - Shuhei la calló con otro beso.

- ¿Suficiente, qué?

Esta vez fue Temari la que calló las palabras de Shuhei, enredó sus dedos entre su cabello y la que le besó de una forma casi desesperada, descargando las ganas de hacerlo que sentía desde hace mucho tiempo.

- Vaya – sonrió Shuhei a milímetros de sus labios, cuando tuvieron que separarse debido a la falta de oxígeno – Creo que tienes razón... tengo mucho que aprender.

- Si, yo también lo creo, necesitas mucha práctica.

Se unieron de nuevo en un beso posesivo. Temari no era una mujer paciente ni que se andaba con delicadezas. Llevaba tiempo deseando devorar los labios de aquel hombre y no iba a desaprovechar esa oportunidad.

Las manos de ambos comenzaron a recorrer el cuerpo del contrario primero con delicadeza, casi pidiendo permiso, luego con prisas… necesitaban urgentemente sentir cada vez más piel tanto con las manos como con los labios.

Acababan de unir de nuevo sus labios cuando unos golpes en la puerta les sobresaltaron.

- ¡Temari! ¿Estás ahí? ¿Hay alguien? - se oyó una voz masculina por detrás de la puerta.

Temari y Shuhei se separaron rápidamente y trataron de componer su aspecto, como si no hubiese pasado nada.

- Ya voy – se acercó a abrir la puerta - ¿Qué quieres?

- ¡Menos mal que te he encontrado! - dijo alegremente un alumno – Es que necesito un certificado.

- Bueno Temari – dijo Shuhei – Me marcho, seguro que Renji me está maldiciendo.

Dedicó una última sonrisa a Temari que le vió marcharse bastante deprisa.

- ¿Estás bien? - preguntó el alumno – Se te ve como acalorada.

- Es que hace mucho calor. Bueno, a ver que hay que hacerte... ¡Ah! - exclamó de pronto - ¡Las fotocopias! ¡Pues no se ha dejado las fotocopias el muy...!

Al día siguiente, cuando Temari entró en la oficina del hangar, encontró encima de su mesa un ramo de flores, un osito de peluche y una nota.

"Creo que soy bastante torpe y tendré que hacer un examen de recuperación ¿Querrás darme clases particulares?"

¡Felicidades Temari!

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Bueno, y éste ha sido mi pequeño homenaje a estos dos personajes. A mi me parecía que juntos resultan muy "hot" y… bueno era algo distinto, no quería que se pareciera a tantas historias que Temari tendrá y que serán fantásticas, seguro, y yo leeré pero tenía que intentarlo.

Como se que es algo poco visto con una persona que lo lea estaré contenta. Si eres tú esa persona ¡Muchas gracias por leer!