I

Era un día de verano, soleado, caluroso… Y tremendamente aburrido.

Ben se encontraba en la tartana de su abuelo junto con el y su prima llevaban ya dos meses recorriendo el país. Ahora mismo se encontraban en un desierto de Arizona, en el que se les había estropeado la caravana por enésima vez esta semana.

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Creo que ya lo tengo-dijo el abuelo Max mientras salía de debajo de la caravana-. Tratar de arrancarlo Ben.

Sí abuelo- respondió un joven castaño de doce años-. Como si fuera a funcionar esta vez.

El joven Ben Tennyson se puso a los mandos de la caravana, y accionó la llave de contacto. La caravana emitido una especie de pavor volteo, se sacudió o un poco … Y empezó a salir humo del motor.

¡Maldita sea!-Ben buscó a su prima con la mirada-¡Gwen!

Silencio aderezado con el rechinar del motor.

¡GWEEEEEEEEEENNN!

La caravana se sacudió ligeramente, mientras una furiosa y femenina voz bramaba.

¡¿Qué quieres pedazo de memo!? ¿¡Es que no ves que estoy en el lavabo?!

Ben se sorprendió ante la ira de su prima pero le respondió.

¡Pues que dejes de asfixiar el váter y que nos ayudes!

Se oyó la cadena de la cisterna y la pelirroja salido del váter. Se la veía realmente enfurecida, con la cara roja, la cual mostró perplejidad al ver el humo que salía del motor.

¿otra vez?-Dijo con una voz resignada. Miró a su primo y preguntó-¿Qué quieres que haga?

Ben levanto el brazo derecho mostrándole el extraño reloj alienígena.

Que salgas para la demostración de magia alienígena.

En diez minutos la caravana estaba arreglada y apunto de continuar su viaje.

Sigue sin gustarle estos apaños tuyos, Ben-el abuelo meneó la cabeza de un lado a otro mientras se sentaba en el asiento del piloto-. No puedes usar el reloj para solucionar problemas de este tipo.

Pero abuelo-protestó Ben mientras cambiaba de materia gris a si mismo-¿de qué te sirve ser un héroe alienígena si no puedes disfrutar lo un poco?

El abuelo Max se sentó en el asiento del conductor, introdujo la llave y arrancó. La caravana no dio ningún problema.

Del se dio por vencido mientras se sentaba en la mesa en que su prima leía a su libro de magia. Su prima levantó los ojos y le dirigió una enigmática mirada.

Tranquilo Ben, ya llegará tu momento.

Esas palabras con infundieron a Ben, pero al rato dejó de darles importancia " cosas de mujeres" se dijo.