Summary: "Padre, he pecado". La vida de la hermana Isabella nunca fue fácil, pero todo se pondrá de cabeza cuando una de sus alumnas enferme y se cruce con una mirada esmeralda…

Disclamer: Los nombres de los personajes de la saga Twilight© son propiedad de Stephenie Meyer, Alfaguara Juvenil, Little Brown Editions y Summint Entretainment. Cualquier similitud a algunas telenovelas… no es coincidencia- Alice es prácticamente la Tía Pelucas de Carita de Ángel… XD-, la historia le pertenece a su servilleta. NO INTENTEN PLAGIO.

NA: Bueno… espero que les guste esta nueva historia, es lo que vendrá en lugar de The Pincess Swan, la cual lamentablemente ya está por llegar a su fin. Este capítulo es la Introducción a esta nueva historia XD Así que…

¡Disfruten!

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Take heed, dear heart
Once apart, she can touch nor me nor you
Dressed as one
A wolf will betray a lamb
I do envy the sinners

Lead astray the gazers
The razors on your seducing skin
In the meadow of sinful thoughts
Every flower's perfect

To paradise with pleasure haunted by fear

A sin for him
Desire within
A burning veil
For the bride too dear for him
A sin for him
Desire within
Fall in love with your deep dark sin

I am the Fallen
You are what my sins enclose
Lust is not as creative
As its discovery

To paradise with pleasure haunted by fear

A sin for him...

Bless me, undress me
Pick your prey in a wicked way
God I must confess...

"She is my sin" by Nightwish

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INTRODUCCIÓN

Nunca se sabe lo que puede llegar a ocurrir en medio de una tormenta. Ese fue el primer pensamiento que tuvo el Padre Ildelbrando aquél domingo, antes de iniciar con el laúdes, como todas las mañanas.

Era un día triste para la comunidad. Ese día el Doctor Cullen y su familia se marcharían del pueblo rumbo a Inglaterra. Sentía como si una parte de él se fuera con esa familia.

Había visto crecer a Carlisle y a Esme, por lo que los quería como a dos hijos, eran las personas más bondadosas que jamás había conocido. Recordó como ambos le daban un tremendo dolor de cabeza en sus años como profesor de la escuela. Él mismo les había dicho tantas veces la vieja frase "los que se pelean se casan", recordándoselos cuándo bendijo a ambos con el sagrado sacramento.

Los Cullen sin duda dejarían un hueco grande en la comunidad. Ambos eran esposos y padres ejemplares. Sonrió al recordar el bautizo del pequeño Edward. Ese niño era un pequeño diablillo, las clases de coro no serían lo mismo sin el pequeño Cullen brincando de un lado al otro o haciéndole preguntas sin cesar al Padre José Juan, encargado del órgano, acerca de cómo se leía una partitura.

Carlisle Cullen sería transferido al Hospital de Londres, una gran oportunidad para su desarrollo laboral, junto con Esme habían decidido que lo mejor era marcharse en esas épocas, así el pequeño Edward comenzaría su segundo año de kinder en el extranjero sin sentirse fuera de lugar.

El Padre Ildelbrando estaba seguro de que el que iba a sentir más la pérdida del niño iba a ser el pequeño Emmett, ambos eran los mejores amigos desde que tenían dos años, cuando sus padres los presentaron en aquella reunión de beneficencia para el orfanato del que estaba encargada la Iglesia.

Cuando aquella tarde el Padre se dispuso a iniciar la última Misa del día, nunca se hubiera imaginado lo que iba a pasar.

Como todos los domingos los Cullen llegaron puntuales. Edward corrió a sentarse junto a Emmett en los asientos reservados para los niños del coro. Y así, minutos más tarde, dio comienzo la Misa.

Kyrie eleison, eleison. Eleison, eleison. Kyrie, eleison…— comenzó a cantar el coro— Christe, eleison. Christe, eleison. Eleison. Kyrie eleison, eleison. Eleison, eleison. Kyrie, eleison…

Las últimas notas del "Señor, ten piedad" inundaron la Iglesia, al mismo tiempo que comenzaba a llover en el exterior.

Nadie le dio importancia a la lluvia. Era algo normal que lloviera, en el pueblo de Forks muy raras veces no llovía.

El pequeño Edward volteó hacia la puerta cuando un relámpago resonó en el exterior. Para su mente de cuatro años, los truenos eran como los sonidos de una guerra, pero lo que le extrañó fue ver a una desconocida entrando en la Iglesia. Nunca había visto a esa mujer, que por lo que pudo ver estaba embarazada. Sonrió al pensar cómo la noche anterior les había pedido a sus padres un hermanito, lo que le molestó fue que ambos intentaron por todos los medios que dejara el tema. Esta noche lo volvería a sacar sin duda alguna, se merecía tener un hermano ahora que no tendría a Emmett para jugar.

La Misa precedió sin ningún acontecimiento extraño a parte de la presencia de la extraña mujer.

—¿Dónde está su esposo?— le susurró Emmett a Edward cuando la mujer pasaba a tomar la comunión.

Tenía un aspecto algo pálido, algo que no pasó desapercibido para los ojos del Doctor Cullen, quien esperaría el final de la Misa para preguntarle a la mujer por su salud.

—No lo sé…— le respondió Edward a su amigo encogiéndose de hombros.

—Mamá dice que cuando una mujer embarazada no está con su esposo, entonces es una madre soltera— les interrumpió James, otro de los niños del coro, que les caía mal a ambos, debido a que siempre intentaba meterse en sus juegos.

—Puede qué…

Como siempre al finalizar la ceremonia, la salida estaba llena de gente. Por lo que Edward esperó por sus padres en su asiento. No quería moverse todavía. Era el último día que pasaría en Forks, por lo que se le hizo un nudo en el estómago al despedirse de Emmett. Extrañaría a su primer mejor amigo, pero sabía que no podían quedarse, su papá tenía que cumplir con su trabajo.

Miró con tristeza al Padre Ildelbrando, el sacerdote a sus ojos era como un abuelo, tenía esa misma mirada que el abuelo Edward, al cual no veía desde Navidad. Los papás de su mamá vivían en el mismo lugar en dónde iban a vivir ahora, por lo que los vería más seguido. En parte la decisión de mudarse a otro país había sido porque su mamá extrañaba a sus padres que se fueron a vivir allá cuando él todavía no había nacido, por lo qué desde hacía años que su papá había estado "peleando"- así decía su mamá- por el puesto que ahora le ofrecían en el Hospital de Londres.

Los pensamientos del pequeño Edward fueron silenciados por un jadeo precedente de uno de los asientos detrás de él. Todo sucedió rápidamente. Su padre, que había estado hablando con los papás de un desconsolado Emmett, corrió en la dirección del ruido. La escena que presenció Edward no sería de agrado para un niño de su edad, pero en vez de alarmarse una sensación de paz lo inundó, por lo que sin pensarlo dos veces corrió al lado de su padre, sin inmutarse por lo que parecía estar ocurriéndole a la mujer. En otra circunstancia seguramente se hubiera reído, parecía que se había hecho pipí encima, pero por algún extraño motivo se mantuvo serio, viendo como su padre auxiliaba a aquella desconocida. No tenía que ser adulto para adivinar que estaba a punto de nacerle el bebé, no sabía como lo sabía, pero lo sabía.

Pronto se vieron rodeados de gente, entre ellos el Padre Ildelbrando, quien aconsejó que Carlisle acomodará a la mujer en el cuartito que tenían detrás del altar, allí por lo menos estaría más cómoda la mujer hasta que llegara la ambulancia que Esme estaba tratando de pedir desde su celular, un aparato grandioso en esas épocas- aunque del tamaño de un ladrillo- que siempre llevaban consigo por cualquier emergencia.

Carlisle no necesitó de un estetoscopio para saber que la mujer estaba teniendo dificultades a nivel cardíaco, no podía respirar y su pulso estaba demasiado alto. Cómo todo médico, temió por la vida de sus dos pacientes.

Una vez que acomodaron a la mujer, Carlisle le pidió que tratará de calmarse, que respirara profundo y pujara cuándo le dijera, ya que al parecer estaba bastante dilatada. Lo que llevó a Carlisle a pensar que no había roto aguas en la Iglesia.

—No… no puedo…— chillaba la mujer.

Esme estaba desesperada, al parecer las ambulancias no tenían paso, la tormenta había provocado una gran inundación en el camino, y tardarían bastante en llegar.

—Tiene que intentarlo— la alentó Carlisle—, hágalo por su bebé.

Los ojos azules de la mujer brillaron con determinación.

Edward contemplaba la escena desde el umbral de la puerta. Ver a su papá ayudando a los demás era algo que siempre le gustaba observar, se prometió a sí mismo que sería así cuando fuera grande. Aunque la cara de la mujer denotaba mucho dolor.

—Carlisle… no hay ambulancias— le anunció Esme a su marido.

El doctor se levantó de su posición y tomó el celular que su mujer llevaba en la mano. Esme le siguió hasta la puerta, dónde éste empezó a hablar con alguien de forma acalorada. Edward para no estorbar avanzó hasta dónde estaba la mujer que apretaba la mano del Padre Ildelbrando.

—Todo saldrá bien, hija. Ya lo verás— le decía el sacerdote.

—¿Cómo te llamas?— le preguntó Edward de manera inocente.

La mujer lo miró con ternura.

—Renée…— le respondió entre jadeos.

—Soy Edward— le sonrió el niño.

—Mucho… gusto…— Renée se quejó de dolor.

Carlisle volvió a su lado en ese instante. La situación era preocupante.

—El cordón umbilical se ha enroscado en el cuello del bebé— anunció preocupado—, ¿Por qué no traje conmigo mi maletín?

—Hijo, tranquilízate— le pidió el sacerdote a Carlisle que se había puesto algo frenético, pues el panorama ahora iba de mal en peor, era horrible ver cómo la vida de alguien se te escapaba de las manos cuando podrías tener los elementos para hacerlo…

—Necesito unas pinzas o algo que sea pequeño— dijo de pronto.

—No tengo nada semejante aquí— le respondió amablemente el Padre Ildelbrando.

—Iré a preguntar si alguien afuera tiene algo…— anunció Esme.

Carlisle se pasó la mano por el cabello desesperado.

—Papi, todo va a salir bien— le aseguró Edward poniéndole una mano en el brazo.

Carlisle lo miró con orgullo, su hijo era un ángel… un pequeño ángel. Miró la manito de Edward en su brazo…

—Ed, campeón…— le llamó.

—¿Si papá?

—¿Quieres ayudar?

—Si— respondió el pequeño sin dudarlo.

—Lávate las manos con agua y jabón. Nos ayudarás a que nazca el bebé…— Renée miró con preocupación al doctor.

No conocía a nadie de ahí, estaba de pasada por ese pueblo, de hecho nadie sabía que estaba por ahí…

Edward regresó al lado de su padre dispuesto a ayudar.

—Ahora escúchame bien, hijo— le dijo serio—. Quiero que metas tu mano por aquí…— Edward se sintió raro al ver lo que haría… pero ya no había vuelta atrás, quería ayudar aunque lo que tenía enfrente le pareciese asqueroso—, ¿Ves la cabecita del bebé?— él asintió al ver una cosa redonda chiquitita asomándose por ese lugar—. Bien, quiero que le encuentres el cuello…

Edward hizo lo que su padre le pidió. Pero sentía que algo agarraba el cuellito del bebé.

—Seguro estás tocando ahora algo que está en el cuello— le dijo su padre, él asintió—, mete dos dedos a través de eso, es el cordón umbilical, eso está impidiendo que el bebé nazca. Una vez que lo hagas… ¿recuerdas la vez que Emmett te ató las manos con una soga y tú lograste desatarte?— Edward asintió con una sonrisa en el rostro, ese había sido una de sus mejores aventuras con su amigo— Bien, pues intenta liberar el cuellito del bebé del cordón.

Con facilidad Edward logró su cometido. Así Carlisle pudo pedirle a Renée que pujara y el bebé no tardó en salir.

La primera reacción de Edward fue de asco, el bebé estaba bañado en algo viscoso y parecía sangre, pero una vez que le dieron el bebé a Renée para que lo viera, le dieron ganas de cargar al bebé él mismo. Al fin y al cabo él también había ayudado.

—Es una niña— sonrió con alivió Carlisle.

—Mi Isabella…— suspiró Renée con dificultad, estaba más pálida que antes, lo que le preocupó a Carlisle. La mujer se volteó hacia Edward— ¿Quieres verla?

El niño no dudó ni un segundo. El bebé, que había estado llorando desde que había salido a la luz del cuarto, paró de llorar. Para asombró de Carlisle, la pequeña abrió los ojos. Edward jamás olvidaría esos ojitos castaños, que parecían reconocerle.

—Hola, bebé— le saludó— ¿Puedo llamarla Bella? Isabella me suena a abuela…

Los presentes rieron ante el comentario del pequeño, que miraba con ternura a la recién nacida

Justo en ese instante entró Esme, algo preocupada. Su rostro se iluminó un poco al ver la escena ante sus ojos. Nunca había visto tan alegre a su hijo. Pero aún así, eso no impidió que anunciara que debían marcharse.

Carlisle apoyó a su mujer. Los llevaría a su casa, así recogería lo necesario para atender propiamente a Renée.

El Padre Ildelbrando apoyó a los padres de Edward, que pronto entristeció. No quería irse, porque sabía que si se iba ya no vería a Emmett y no volvería a ver a Bella. Sonrió al pensar en una idea que le haría quedarse.

—No me puedo ir— anunció de pronto.

—¿Qué tonterías dices, corazón?— le regañó Esme con dulzura— Mañana no te levantarás y el avión sale tempranito. Además afuera las calles están inundadas… será un poco difícil salir.

—Tu madre tiene razón, campeón.

—Pero… no puedo irme. Me voy a casar con Bella— anunció con orgullo.

Los cuatro adultos no sabían si reírse o qué hacer.

—Lo siento, Edward— le dijo su padre—. Nos tenemos que ir. Además Renée necesita descansar. Te prometo que te diré como está cuando regrese a casa.

—No quiero irme.

A pesar de insistir mucho, Edward no ganó la batalla y pronto se encontró sentado en el asiento trasero del Mercedes de su padre. Se iría a Inglaterra, ellos habían ganado… se prometió a sí mismo que algún día intentaría volver. Cumpliría con su palabra. Cuando fuese mayor- cómo le había convencido Renée- podría casarse con Bella. Se casaría con ella.

Poco sabría él que la pobre Renée no había resistido. Un ataque al corazón le había quitado la vida, dejando así huérfana a Isabella, al menos hasta dónde sabían Carlisle y el Padre Ildelbrando. La mujer no llevaba documentación consigo. Así Isabella, pasó a ser una más dentro del orfanato "El Milagro".

Edward se mudó a Inglaterra, pese al berrinche que armó en el aeropuerto la mañana siguiente, del cuál se avergonzó luego.

Ambos crecieron en lugares distintos. Él rodeado de todo lo que pudiese pedir, con el calor de la familia. Mientras que ella, creció en un lugar humilde, y pese a no tener padres, siempre se sintió parte de una gran familia…

Aunque ambos siempre sentían cómo si algo les faltara… Lo que nunca se imaginarían sería que veintidós años después aquella pieza volvería a su lugar. Cambiando todo lo que conocían.

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¿Y? ¿Qué tal? ¿Me lucí? Jajaja

Antes que nada aclaro que la canción que canta el coro se llama "Kyrie, eleison" en su traducción sería "Señor, Ten Piedad", pertenece al repertorio de la Misa de Santa Teresita del Niño Jesús, está en Latín, y a lo largo del fic leeran algunas más de esta misa.

Dejen sus RR, a ver que les parece. Si tiene buena acogida prometo incluirla en mis actualizaciones "prontas" como son La Nana y The Princess, pese a que tomaría el lugar de la última una vez que se acabe.

Les aviso que PRONTO mi Best Robsteniana (aka. Mee) y yo les traeremos unas sorpresas.

Estén al pendiente.

XOXOX

Aye436