Summary: "Padre, he pecado". La vida de la hermana Isabella nunca fue fácil, pero todo se pondrá de cabeza cuando una de sus alumnas enferme y se cruce con una mirada esmeralda…


Disclamer: Los nombres de los personajes de la saga Twilight© son propiedad de Stephenie Meyer, Alfaguara Juvenil, Little Brown Editions y Summint Entretainment. Cualquier similitud a algunas telenovelas… no es coincidencia- Alice es prácticamente la Tía Pelucas de Carita de Ángel… XD-, la historia le pertenece a su servilleta. NO INTENTEN PLAGIO.

N/A: Después de meses sin actualización, mi loca mente decidió ponerse en acción. ¿A qué ya me extrañaban? XD

Bueno, espero que este año –que ésta pasando de lo más rápido– lo hayan empezado bien. Con nuevas metas y retos que se estén realizando. Ya vamos a mitad de año y es… impresionante todo lo que se está viviendo, ¿a poco no?

Bueno, basta de hablar de reflexiones, aquí vinimos para una cosa…

Consejo: Para mayor disfrute del capítulo Aye436 les aconseja apagar toda fuente que sirva como distracción para la lectura del Fic, estos pueden ir desde celulares y teléfonos repiqueteando, en tono de llamada o mensaje recibido, hasta hermanas molestas que te pidan la computadora a cada rato porque "es su turno"…

Disfruten…


CADA VEZ QUE SALE EL SOL

Edward y sus hermanos arribaron alrededor de las once de la noche al que sería su departamento por los próximos años. Una vez que se hubieron acomodado, los tres llamaron a sus padres para avisarles que todo marchaba bien. Estuvieron media hora tratando de consolar a Esme, su madre los echaba mucho de menos.

¿A quién le voy a preparar el almuerzo todos los sábados? —preguntó a toda lágrima por milésima vez.

—A papá— susurró Jane, encogiéndose de hombros.

¿Qué?

Edward fulminó con la mirada a su hermana, que solo se encogió de hombros. Alec rodó los ojos, esto era típico de su gemela.

—Nada ma, también te extrañamos— se apresuró a corregir Alec.

¡Ay, mis niños!

Me alegra que hayan llegado bien chicos— los tres sonrieron al escuchar la voz de su padre.

—Te queremos pa— le dijo Jane.

Y yo a ustedes corazones. Pronto nos volveremos a ver…— Edward sonrió, esa era una parte del plan que sus hermanos no sabían.

En medio año, sus padres se les unirían nuevamente. Él era el encargado de ver que la casa que habían dejado hacía veintidós años atrás, siguiera estando. Si bien, la alquilaron durante todo este tiempo a distintas familias, la casa necesitaría mantenimiento. Ese era el trabajo que Carlisle le había dejado a Edward, quien gustoso aceptó de inmediato.

Esa casa era en la que había pasado parte de su niñez, la misma que seguro le traería esos recuerdos que tanto añoraba.

Los amamos— anunció Esme a modo de despedida.

—También nosotros a ustedes— les saludó Edward.

—Un beso— dijeron al unísono los gemelos.

El silencio se hizo presente después de la llamada a sus padres. Los tres sin duda extrañarían la presencia cálida que ambos les daban, ese aliento que a diario les compartían.

—¿Qué hay de cenar? —preguntó Alec rompiendo el silencio.

—Habrá que ir a comer algo por aquí, ya que no tenemos hecho el súper— le recordó Jane.

—¿Qué se les antoja? —preguntó Edward tomando la guía amarilla, buscando la zona de deliveries.

—¡Pizza!

—Después de tan horrible comida de avión, cualquier cosa se me antoja un manjar— le respondió Jane.

—Hay un Domino's Pizza.

—Que sea mitad de pepperoni y mitad hawaiana— dijo Alec con decisión.

—De acuerdo.

La primera noche en el departamento fue sin duda una de las mejores para los tres hermanos. Se podría casi decir que era la penúltima noche de descanso para ellos, ya que el lunes Jane y Alec iban a darse de alta en la Universidad de Seattle, donde Jane retomaría sus estudios para Enfermería y Alec iniciaría su carrera de Psicología. Por otro lado, Edward debería presentarse en revisión médica, ya que quería tomar cuanto antes el puesto en el Hospital de Forks.

Como el departamento se encontraba a tres horas de Seattle, los gemelos habían decidido tomar las clases de la tarde, por ello es que en la mañana del domingo se encontraron los tres tomando un café en una de las cafeterías más conocidas de Forks, mientras analizaban sus modos de transporte.

—El auto lo podremos comprar recién hasta el Miércoles— observó Edward mientras daba un sorbo a su cappuccino—, lo cual sólo les deja con la opción de que mañana vayan en autobús.

—Si— suspiró Alec—, no debe de ser muy…

Un ruido estrepitoso hizo callar al menor de los Cullen. Afuera la gente salía a la calle, algunos estaban en estado de shock, mientras la policía, una ambulancia e incluso un camión de bomberos intentaban abrirse paso ante la multitud que se estaba formando. Y por si fuera poco, la campana de la Iglesia parecía haberse vuelto loca.

—¡Válgame el cielo! —exclamó aterrorizada una señora mayor, que se encontraba sentada cerca de la mesa de los Cullen— ¿Qué ha pasado, Cora, querida? —le preguntó preocupada a la dependienta del lugar.

—Es lo que estoy tratando de averiguar— le dijo con la mayor tranquilidad la señora.

Jane miró a sus hermanos con una expresión de desconcierto y diversión.

—Y yo que creí que este pueblo era tranquilo— susurró lo suficientemente fuerte como para que sólo sus hermanos la escucharan.

Edward la miró con reproche.

—¿Qué? —dijo que la manera más inocente que pudo— ¡Es la verdad! —finalizó guiñándole el ojo.

Alec y Edward suspiraron, a veces su hermana no tenía remedio. Jane era la reina de la ironía y el sarcasmo.

La puerta de la cafetería se abrió de par en par, dejando paso a un policía.

—¡Waylon! —exclamó la mujer de nombre Cora— ¿Qué ha pasado?

—Emmett…

Todos los que estaban en el pequeño local miraron sin sorpresa al policía, excepto los tres hermanos.

—¿Qué hizo esta vez?

—Uno de sus nuevos experimentos salió mal— comenzó el policía—, y digamos que casi termina en una tragedia.

—¿Bella? —aquél nombre provocó que a Edward le diera un vuelco el corazón. En algún lado lo había escuchado.

—No, esta vez fue Nessie.

—¡Por todos los cielos!

—¿Esta bien? —preguntó el que parecía ser un padre de familia, pues se encontraba tomando el desayuno con una señora de su edad y dos pequeños que se les parecían.

—Gracias a Dios, sí, Mike— le respondió el policía.

Los niños suspiraron aliviados.

—¿Siempre pasará esto en este pueblo? —preguntó Jane, pero esta vez alguien la escuchó.

—Con personajes como los que tenemos… siempre— rió una muchacha de pelo negro, y ojos castaños enmarcados en gafas—. Por cierto, me llamo Ángela Weber.

—Un gusto, Jane Cullen— se presentó la chica—. Estos de aquí son mis hermanos Alec…

—Un placer— sonrió el aludido.

—… Y Edward— Ángela se ruborizó al ver al hermano mayor, acto que no pasó desapercibido por nadie en la mesa.

—Un gusto— anunció Edward.

—El gusto es mío— suspiró la chica.

Edward rodó los ojos internamente, eso mismo le había pasado con Giana en Londres. Jane se había hecho amiga de la rubia en la Facultad, un día en el que él había tenido el día libre de sus prácticas como médico y exámenes de la Facultad, se había reunido a tomar un café con su hermana, fue ahí donde conoció a Giana.

—Te has quedado pensativo y ni has saludado a Ángela— le regañó Jane.

—Jane…— le regañó Alec—, ¿recuerdas que prometiste no meterte en la vida amorosa de Edward?

Gracias hermano, pensó mentalmente Edward en agradecimiento. Su hermana podía llegar a ser incluso más pesada que su madre cuando se tocaba el tema.

—Pero…, no quiero verte solo— se excusó Jane—. Hace años que no te veo ni emocionado por una cita, y eso que aparentabas por el bien mental de Giana y tuyo.

—Lo sé Jane, es sólo que… parece que el amor no es mi cosa, ¿sabes?

—¿Estás diciendo que nunca podré ser tía?

—¡Ey, toda vía estoy yo! —se quejó Alec.

—Pero tú tienes mi edad, es distinto con Eddiekiens, aquí.

Edward bufó.

—En parte tiene razón, hermano— sonrió Alec—. A menos que alguno tenga un percance… tú debes darnos el ejemplo.

El mayor de los Cullen sólo se limitó a asentir, nunca le había gustado tocar el tema, él sabía que debía ser un ejemplo para sus hermanos, pero no podía entender como era que ellos no entendían que él estaba mejor como estaba… solo.

Siempre había sentido ese sentimiento, incluso estando con la mujer más bonita de su Facultad o Secundaria. Nunca sentía esa chispa, no había sentimiento, sólo algo frío que llenaba un poco un vacío inmenso. Sólo esperaba que con el cambio que empezaban a tener, las cosas funcionaran para mejor.

—¡Esto es inadmisible!

La madre superiora sin duda estaba enojada, muy enojada.

—Pero…

—¡Pero nada Emmett! —le regañó la mujer al sacerdote, el Padre Ildelbrando sólo asintió con la cabeza— Pusiste en peligro la vida de una niña.

Desde afuera la Hermana Isabella podía escuchar todo lo que su amigo estaba pasando. A veces, sus inventos se le iban de las manos, pero esta vez había sido muy peligroso.

Si los bomberos no hubieran llegado a tiempo…, no se atrevía ni a pensarlo. Jamás podría perdonar a su mejor amigo si algo le ocurría a esa criatura.

El sólo hecho de saber que la pequeña se encontraba descansando en su dormitorio –después de haber sido atendida por los paramédicos–, la dejaba más tranquila.

—Perdón— susurró Emmett, una vez que salió del despacho de los Superiores, encontrándose cara a cara con la persona a la que sabía que le debía más explicaciones que incluso sus propios superiores.

—Dios obra de maneras extrañas, ¿no? —un nudo se le formó en la garganta— Si tenía que pasar era porque…

—No quiero ser tu Simon Birch, Bella— le susurró Emmett a su amiga.

Simon Birch era una película de Disney que habían visto ellos cuando eran chicos, trataba sobre un niño con discapacidad que sin querer arrebataba la vida de la madre de su mejor amigo durante un juego de baseball, siguiendo con un desenlace igual de trágico que el principio. Esa película había marcado su amistad, pues ambos se sentían en cierto grado identificados con la amistad que los personajes compartían.

—¡Oh, Emm! —la hermana se hecho a los brazos de su amigo. Sabía la culpa que carcomía a éste por dentro, pero si algo había aprendido Isabella durante su vida era a perdonar.

Emmett era un hermano para Bella y pese a lo que casi podía haber ocurrido con Nessie en la mañana, ella lo perdonaba. Porque estaba en la naturaleza de Emmett meter la pata y sin darse cuenta dañar todo lo que se encontraba a su alrededor. Bien sabía Bella, que parte de la decisión de su amigo de volverse sacerdote había sido por un "experimento" fallido que le costó un corazón roto.

—¿Me perdonas? —susurró bajito el grandulón.

—Te repito, nunca debes pedirme a mí perdón. Lo que hiciste fue peligroso, pero tuvimos un ángel del señor que nos protegió a la pequeña.

—Siempre sabes decir las cosas correctas en el momento correcto, ¿no es así? —le dirigió Emmett una sonrisa triste.

Bella suspiró, mientras negaba con la cabeza.

—Uno de los dos tenía que ser el racional— le dijo a modo de broma.

—¡Oye, no soy tan tonto!

Los dos rieron. La calma se empezaba a apoderar de ellos.

—¿Cuál es el castigo esta vez? —quiso saber Bella.

La última vez lo habían hecho arrodillarse durante cuatro horas sobre semillas de sémola. Emmett aún tenía las marcas de esa penitencia.

—Nada grave, sólo no podré estar presente para recibir a la nueva Hermana, en otras palabras me quedaré sin cena por hoy y el resto de la semana— se encogió de hombros el grandote.

—Bueno, al menos no son las semillas.

—Eso mismo pensé cuando la Madre Superiora empezó a tener ese brillo diabólico al mencionar la palabra penitencia—aseguró el muchacho haciendo énfasis en la última palabra.

—Que no te escuche o sino ni la Divina Trinidad podrá salvarte de esa.

Los dos amigos emprendieron su marcha rumbo a las habitaciones de los niños. Emmett quería disculparse con Nessie por el miedo que le había hecho pasar, pero la pequeña les sorprendió a ambos diciéndoles que gracias a la experiencia de grande quería ser paracaidista o algo que estuviera relacionado al vuelo.

Las mentes pequeñas a veces trabajan de manera divertida y misteriosa, tal como la mano y obra de Dios.

Alice Brandon Swan había arribado el Sábado en Nueva York, dónde en cuestión de minutos no tardó en comenzar con su búsqueda. Para el final de ese mismo día, pese al cansancio supo que efectivamente, en ese lugar su tía no había estado.

El panorama de la historia de Reneé Ameliè Higgenbotham de Swan cada vez resultaba más oscuro e intrincado. Algo raro había en todo eso, y Alice una vez más se juró que iba a dar con lo que se encontrara detrás de ello. Cada vez más comenzaba a dudar de su propia familia, especialmente de su padre, que desde siempre parecía haber deseado poseer el Imperio Swan.

Así fue como guiada por su propio instinto, se dispuso a seguir las pistas que el detective, que ella misma había contratado, le había hecho llegar en el sobre que la había hecho llegar a tomar la decisión que la ponía en ese lugar.

Alice pronto se encontró embarcando un avión rumbo al Estado de Washington.

El vuelo se le antojó tranquilo, tal vez era la presencia de una monja que iba en el mismo, acompañada por el que parecía ser su hermano.

Y que no está para nada mal, sonrió internamente la chica. A pesar de encontrarse en un viaje de asuntos familiares, ella misma se dijo, podía aprovechar y darse un banquete al ojo.

—¿Quiere algo de tomar? —le preguntó la azafata.

—Una Coca, por favor— trató de que su acento no se notara pero parecía imposible.

—Aquí tiene.

—Gracias— respondió la morena tomando un sorbo de su bebida.

Había decidido viajar en clase económica para no levantar sospechas, pero lo que ella no sabía es que ella estaba por ser la "sospechosa" número uno de la lista del agente Jasper Withlock.

—No voltees— le susurró el rubio a Lillian—, pero creo que esa dama nos está siguiendo.

—¿Cómo sabes? —preguntó atemorizada la rubia.

—Ha viajado con nosotros en el mismo vuelo, y ahora también la encontramos en el transbordador rumbo a la Península de Olympic— el chico le miró con ironía—. Dime si eso no es sospechoso, Hermana Rosalie.

La rubia rodó los ojos.

—No la reconozco— dijo la chica en cuanto posó la mirada en la extraña jovencita—, pero por la ropa es una chica de clase alta.

—Exacto. Algo para sospechar si te das cuenta hacia qué clase de lugares vamos.

—Irá a visita familiares— Rosalie se encogió de hombros. La chica juraba que nunca se acostumbraría del todo a su nuevo nombre y mucho menos a su nueva personalidad.

—Más vale prevenir que lamentar— le susurró Jasper mientras sacaba sus lentes de sol, que sin que Rosalie supiera tenían una cámara con la que las fotos que sacara iban directo a una computadora en el FBI, para luego ser registradas por la asistente de Jasper, María, y así sacar la identidad de la persona en la fotografía.

Todo eso se hacía en cuestión de minutos, por ello no fue extraño que al poco rato su Blackberry vibrara. María le había mandado la información:

Nombre: Mary Alice Brandon Swan

Edad: 25 años

Nacionalidad: Francesa

Ocupación: Asistente en Jefe de la revista "Swan" del Mundo de la Moda

Nacida el 19 de Abril de 1984

Padres: Cayo Brandon y Tia Lauren Swan

Expediente: Sin Cargos Penales

Frunció el ceño. No entendía entonces, el por qué su actitud tan sospechosa.

—¿Algo extraño hermanito?

—Muy graciosa Rose, pero extrañamente todo está en orden.

—Entonces, ¿averiguaste quién es la extraña? —Jasper la miró sorprendido— No soy tan tonta como parece.

Jasper masculló entre dientes un "pero eres irritablemente metiche" que no llegó a los oídos de Lillian, mejor dicho Rosalie.

—Es la sobrina del dueño de la revista Swan.

—¿En serio? —Rosalie se puso emocionada— ¿Qué hace alguien como ella aquí?

—Eso es lo extraño…

Aunque sin duda no había nada extraño en la figura de Alice Brandon, era obvio que algo ocultaba y lo que fuera, Jasper se juró a sí mismo, lo iba a averiguar.

La llegada de la Hermana Rosalie Hale al Monasterio de Forks, fue sin duda…

Aburrida, pensaba Rosalie mientras la Madre Superiora, quien a su juicio se parecía mucho a la Profesora McGonagall de Harry Potter, le daba un recorrido por el recinto presentándola con todo religioso que se cruzaran.

—Bienvenida— le dijo oficialmente una vez que ella y Jasper se encontraban sentados en su despacho—. Espero que te sientas cómoda con nosotros, y que tu seguridad no se vea afectada. Por ello quisiera que pusiéramos un par de reglas, sólo para prevención.

Jasper asintió.

—Todas las religiosas tenemos tareas que hacer en el Monasterio o en la Escuela, además del Orfanato— le explicó la Madre Superiora—. Mañana veremos en qué tareas te desenvuelves mejor, para ello te levantarás al alba como todas las demás. Luego de un desayuno ligero, acompañarás a la Hermana Tanya a los jardines, si no me equivoco mañana toca la recolección de hortalizas.

Rosalie hizo una mueca.

—¿No puede ser algo que no tenga… tierra? —preguntó la rubia con cierto desagrado, nunca en su vida había tenido que trabajar para ganarse la vida, así que esto sin duda era como el infierno para ella.

—Lo siento, hermana— le sonrió la monja—. Pero aquí todas tenemos que servir, primero hay que encontrarte la vocación.

Jasper sonrió, sabía que la chica iba a odiar con creces todo lo que tendría que hacer.

—Al medio día tenemos oración seguida por el almuerzo, luego seguirás a la Hermana Isabella y al Padre Emmett en el Orfanato, básicamente para cuidar a los niños o ayudarles con sus deberes escolares. Dios sólo sabe que esos pequeños necesitan guías en esta vida— eso no está tan mal, se dijo Rosalie, a ella le gustaban los niños—. Como no es mucho trabajo, te presentarás a las cinco en las cocinas con la Madre Irina, y le ayudarás con la cena. Luego de la cena, nos presentamos en oración para que a las nueve en punto estemos en nuestras habitaciones. Las luces se apagan a esa hora.

—¿Tan temprano? —se quejó Rosalie— ¡Yo soy de dormirme hasta las once!

—Al que madruga, Dios lo ayuda. ¿No es así, Madre? —intervino Jasper, la monja le sonrió.

—Y por sobre todas las cosas, nunca intente abandonar el recinto. El agente Withlock protege su bienestar, pero yo debo proteger a mis religiosas y a los monjes.

La chica rodó los ojos.

—¡Ni que Forks fuera un centro de diversiones! —murmuró para sí misma.

Eso lo había podido comprobar gracias al viaje de llegada. El pueblo era bastante chico y parecía sacado de otro mundo.

—Bueno, entonces ya que quedaron claras las normas de convivencia…

Así dio inicio a la primera noche de Rosalie en el Monasterio. Ahora solo esperaba ver que le deparaba el siguiente día.


¿Qué les está pareciendo? A mí divertida. La trama cada vez más se pone complicada en mi mente y espero reflejarla bien en la escritura.

Bueno, espero leerlos pronto. Sin duda el siguiente capítulo habrá más locuras de Emmett, y por su puesto parte de la investigación de Alice, ¿podrá dar con su primo/a?

Nos seguimos leyendo, gracias por seguir del otro lado.

XOXOX

Aye436