Por fin ! EL CAPÍTULO CINCO ! =D perdón por la espera pero empezaron mis clases y los universitarios, por lo general, estan muuy ocupados.

Ojala les guste, sino, fuck off xD

Reviews !!!!! sexto capitulo = rewiews !

La historia original ojala me perteneciera pero no, solo esta historia ficticia porque los personajes son de Meyer... esepto Sam xP

Provecho !

Capítulo 5

Así que los tenías tú – dije dándome cuenta en la trampa que había caído.

Juguemos a algo – me interrumpió. Aún sonreía – debes adivinar en que parte de esta sala están tus documentos, cada vez que te equivoques… debes responder una pregunta.

-Ok – me reí, era como un niño pequeño a veces- pero debo apurarme, Alice y Sam me están esperando…

-Nada de apuros – sonrió nuevamente. A veces su tranquilidad me ponía ansiosa.

-En esa mesa, al fondo a la derecha? – dije rendida.

-Entonces Bella, ¿Cómo es que un ángel como tú está en el grupo de las maquiavélicas populares? – ya había comenzado el interrogatorio y reí por lo bajo.

-Mmmm… es complicado.-

-No importa, tengo tiempo.- respondió resuelto.

-Antes era tímida y mi madre siempre me animó a relacionarme con los demás. Creo que al final lo hice por ella, para que no se preocupara porque ya era la 'reina de la escuela'. Y ahora que está Sam, no quiero decepcionarla.

-¿Por qué crees que la decepcionarías? Bella, deberías tener más confianza… - mi miró con ojos ingenuos.

-Hace un tiempo un exceso de confianza me jugó una mala pasada… - recordé de repente… aquel año que tanto quería olvidar. Recordé que estaba hablando con Edward; no quería que él supiese mi pasado, ni nadie, ni gossip girl tenía indicios de mi verdadero sufrimiento. Resolví evitar el tema tajantemente y lo miré con ojos firmes y la mentira salió de mi boca como única verdad – ya sabes, esto de ser popular me ha traído muchos problemas, sobre todo con Charlie, mi padre…

-¿Qué pasó con tu padre?- Pregunto preocupado. Sabía que caería en la trampa

-Cosas de populares, es un poco vergonzoso, ¿sabes? Hubo… una fiesta el año pasado y tuve problemas con los dueños del local, fue el gran chisme del año, bueno, suponiendo que todo el mundo me conoce- dije corriendo su mirada, gacha.

Cada vez que uno dice una mentira, por muy buena que sea la intención, debe decir otra mentira más para tapar sus errores, su pasado, su anterior mentira, cayendo en un pozo de falsedad que es totalmente opuesto a la realidad. Y aquí estaba yo, tapando mis errores, modificando mi propia realidad, mintiéndole a la persona que sabía que era la correcta para mi, a la que amaría, la q me apoyaría…

Se acercó a mi y sujetó mi cintura- pero eso es normal en este ambiente, no debería enloquecer por detalles, además no creo q tu quisieras meterte en problemas –

Eso crees? –pregunté con una sonrisa maliciosa – no me haz visto en acción

Sonrió – claro q eres traviesa- miro con ojos encendidos- no dudo en lo q eres capaz de hacer… pero no creo q te guste preocupar a tu padre – me puso un dedo en los labios - pero ahora las preguntas no las haces tú.-

Siguió con la ronda de preguntas dejando el tema delicado de lado y haciendo preguntas inocentes e infantiles. A lo más y me preguntó cuantos novios había tenido o con cuantos me había metido, cosa que era totalmente injusta al yo no poder formular ninguna pregunta a él respecto a ese tema. Siguió con las preguntas incluso al ya haber encontrado mi billetera y decidió acompañarme hasta la puerta del café en donde se encontraban Alice y Sam.

Por primera vez en mucho tiempo pude conversar con un chico sin incomodidad, sin la presión de tener que rechazarlo o devolverle el beso, simplemente conversar sobre nosotros. No nos besamos ni nada ya que estábamos en la calle y cualquier alumno –que se saltara las clases como nosotros- nos podría ver y era justamente lo que no queríamos; pero no hubo nada romántico entre nosotros, solo esa chispa de electricidad que recorría nuestros cuerpos cuando estábamos juntos. Nunca había sentido tal pasión por alguien, era algo tan nuevo… y aterrorizante.

Entré al café y en la mesita de al fondo estaban sentadas Alice y Sam. Me acerqué despreocupada hasta que ví la mirada penetrante de Sam.

-¿Qué pasa? – pregunté desconcertada, Sam nunca me miraba así al menos que hiciera algo realmente mal.

-¿Acaso buscaste la billetera de todos los de la escuela? ¡Te has demorado una hora! – se acercó a mi oído para que Alice no escuchara –¿no sabes lo difícil que es para mi consolar a la gente?

-Wow, ¿una hora? Lo siento chicas pero no la encontraba por ninguna parte –no sabía que se me pasara tan rápido el tiempo cuando estaba con Edward.

Pedí un café latte y nos pusimos a conversar sobre todo y sobre nada, sobre el problema de Alice, el popular grupo de amigas de Sam y mi novio enmascarado que Sam se moría por conocer o, por lo menos, saber quien era. Aquel día iba bastante bien, se estaba pasando rápido y el mal trago de los días anteriores iba desapareciendo pero empecé a sentir un pequeño ardor en mi garganta que comenzaba a preocuparme. Me negaba a mi situación rotundamente así que seguí conversando como si nada pero ahora el café me parecía más amargo y más seco que nunca.

Llegamos a casa y me recosté en mi cama agotada. Apenas era lunes y aun debía de soportar cuatro días más… y necesitaba hablar con Rene. Me dirigí al pequeño refrigerador que tenía al lado de mi cómoda y al abrirlo no vislumbré ninguno de mis refrescos. Maldición grité para mis adentros. Comenzaba a dolerme la cabeza y todo me daba vueltas. Sentí que Charlie llegaba a casa pero no quería que se preocupara por mi estado de salud, sobre todo porque odiaba a los médicos, todo lo que recordara a un hospital y el olor a sangre... definitivamente no era buena idea. Me acosté nuevamente a pesar de ser solo las 8 de la tarde y no recordé nada más hasta el día siguiente.

-Srta. Isabella, por favor, despierta- escuché una voz dulce que se alejaba a abrir las cortinas de mi habitación.

-Mmm… no, por favor, me siento terrible- dije con toda la energía que pude.

-Te ocurre algo srta.? –preguntó Leah, mi empleada favorita, dirigiéndose hasta mi cama y colocando una mano sobre mi frente.

-No, solo me duele la cabeza, y por favor Leah, deja de llamarme señorita o Isabella para despertarme. Sé que lo haces para torturarme- y traté de quitar su mano de mi frente.

-Por supuesto que no lo hago para torturarte, es para despertarte. Y tu temperatura está mucho más baja de lo normal, será mejor que te traiga un te- escuché el cerrar de la puerta ya que no quería abrir los ojos y traté de dormir un rato más.

Pero Leah llegó casi al instante con mi té y unas toallas calientes. Abrí los ojos para que no se derramara el té y vi la preocupada cara de mi sirvienta que esperaba a que tomara un sorbo.

Leah tenía una hermosa tez morena y unos ojos oscuros y profundos que generalmente denotaban amabilidad pero ahora me miraban con autoridad y preocupación, como si fuera una bomba de tiempo.

-Leah, te vas a arrugar de la cara de la preocupación que tienes. Relájate, es un simple dolor de cabeza- dejé mi té en el velador pero Leah lo volvió a coger.

-Por favor Bella, no quieres hacerme preocupar, ¿verdad? Solo este té y no te molesto más-

No sé porqué me preocupó la reacción de Leah, esta última semana había estado bastante insistente en todo lo concerniente a mi salud, como si supiera de antemano que mi dolor de cabeza vendría. Tomé el amargo té y rápidamente comencé a quedarme dormida.

Inexplicablemente me desperté a las 11 pm con el dolor aún partiéndome la cabeza. Sentí que un brazo me rodeaba y al voltearme vi que era Sam; definitivamente era la hermana que siempre quise. Tomé el celular del velador y dizque el botón automático al celular de Rene.

-¡Bella! Cariño, ¿Cómo estás? – Rene parecía muy contenta y expectante de escuchar mi voz. Y realmente no sabía por qué aún me sorprendía que no preguntara como una madre normal qué hacia a esa hora hablando por teléfono.

-Bien, creo… tu sabes, aún acostumbrándome- aún me dolía la cabeza y no quería dar más explicaciones.- mamá… está pasando, ya he aguantado demasiado, creí que soportaría pero…

-Claro cariño, ya me estaba preguntando cuando llamarías… ah!- se escuchó al otro lado del teléfono como se quebraba algo de vidrio- lo siento cariño, acabo de romper otra de tus botellas-

-¡Mamá! – traté de gritar lo más despacio que pude- ¡sabes que no puedes desperdiciar nada! Tanto trabajo te ha costado…

-No te preocupes tanto, tengo a Phil y a Jasper…- mi madre siempre sonaba TAN despreocupada.

-Deja de sumarle más trabajo a tus socios… mamá… para cuando llegan?-

-En unos dos días cielo – sonaba realmente apesadumbrada – tendrás que salir esta noche… cuanto lo siento hija-

-¡No! Ni hablar mamá, no lo haré, sabes que no puedo, no me atrevo…-

-¡Pero Sam te acompañará! No hay problema, no te sientas culpable-

-Por supuesto que te acompañaré- escuché la voz de mi media hermana a mi espalda- Bella ¿por qué no me lo habías dicho?

Me vestí con uno de mis vestidos casuales de fiesta a regañadientes, sentía que no debía salir esa noche por mi espantoso dolor de cabeza pero no podía seguir encerrada en mi habitación y Sam no me ayudaba a ser una persona más hogareña.

Me miré al espejo una vez más. En el reflejo me miraba una chica un poco más diferente que de costumbre. Con mi pelo suelto y desordenado y mi Little Black Dress aún quedaban pequeños vestijios de la antigua Bella de siempre, la fashion y popular Bella, un poco más atrevida que de costumbre pero la misma al fin y al cabo.

En general, la diferencia estaba en el rostro. Maquillé mis ojos de negro, con mucha sombra alrededor de ellos para camuflar las ojeras con el maquillaje. Mi piel estaba más pálida que de costumbre, producto del dolor de cabeza, me expliqué. No quise sobrecargar mi rostro con maquillaje y como entre mi palidez y mis ojeras, estas últimas se notaban más, decidí solo por ellos.

Los recuerdos volvían solos, aquellos que quería apartar pero sola, en aquella habitación, la humedad y el silencio retornaban insistentemente. Me apliqué un poco de gloss y salí al encuentro con mi hermana. Charlie ya estaba durmiendo pero ya no le sorprendía mis salidas de noche, estaba acostumbrado a ellas.

Subí a la limusina con Sam y nos dirigimos a un bar poco frecuentado por nuestro círculo social; no tendríamos problemas por nuestra edad, nuestro estatus social por lo general nos beneficiaba. A pesar de ser día miércoles, en NY había cientos de fiestas en cientos de bares pero lo que nosotras buscábamos no era precisamente entretención.

Entré sin ánimos de sociabilizar pero la música era perfecta así que me dirigí a la barra con Sam hasta que unos pocos minutos esperando se nos acercaron unos chicos pidiendo un baile. Tenía mala cara o tal vez era mucho para esos chicos pero se fueron con Sam y yo pedí un martini seco. Debía de entrar en calor para recuperar un poco los ánimos aunque el alcohol no me ayudara con mi cabeza. Lo único en lo que pensaba era en lo agradable que sería estar con Edward y en lo lejana que me parecía aquella noche tan perfecta en su casa.

El club en el que nos encontrábamos era famoso, entre los entendidos en el tema, de ser recurrente asiduo de ellos, así que me dispuse a buscar ciertos contactos que me facilitaran personas. No quería esforzarme en lo más mínimo en lo que siempre evitaba.

Los chicos que estaban disponibles estaban claramente drogados pero era justo lo que necesitaba, una presa fácil.

Bailamos largo rato, tanteando el terreno y vigilando quien miraba el espectáculo. A pesar de que llamaba bastante la atención, todos parecían desinteresados en los demás, o podía intuir que gran parte de la muchedumbre eran de mi especie.

Agarré el cuello de uno de los chicos y lo acerqué lentamente a mi boca, oliendo el olor a sangre que tanto añoraba y que tanto me prohibía. Mordí su cuello y pude sentir como su sangre fluía a través de mi boca, mi garganta… que sensación tan placentera.

Después de beber un rato decidí que era suficiente de aquel chico, podía matarlo si seguía. Lo aparte de mi cuerpo y sentí como una gota recorría la comisura de mis labios. Pero antes de poder limpiarla me dí cuenta que tenía un espectador.

Subí la mirada y ahí estaba. Aquella mirada que deseaba tanto como la sangre pero que apenas me permitía ver en esos momentos. Estaba Edward mirándome, atónito y con ojos de pánico y ya no podía hacer nada.

Chan chan chaaaaannnn...

la historia toma un vuelco inesperado.

Ojala les guste el prox cap (si hay rewiews, of course)

no se preocupen que la historia sigue el hilo original, solo quería agregarle algo emocionante.

Jazz