Disclaimer: Jules no me pertenece, la cita tampoco. Si fuese mio ahora mismo sería rico.

"El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la injusticia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos."

Comenzaba a recitar las mismas palabras de siempre, esas palabras tras las cuales siempre moría alguien. Ezequiel, capítulo veinticinco, versículo diecisiete. De la línea original, yo lo había modificado en un pequeño discurso, a modo de epitafio, que me ayudaba a sentirme menos cabrón. Que hijo de puta era.

"Bendito sea aquel pastor que en nombre de la caridad y de la buena voluntad saque a los débiles del valle de la oscuridad, porque él es el auténtico guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos."

Otra frase más. Mientras miraba a los ojos a la siguiente víctima de mi arma, meditaba si era yo el pastor o uno de los tiranos. Si arrebataba vidas para salvar a los débiles o por puro placer. Ser un bendito capullo o un maldito hijo de puta, esa era la cuestión.

"Y les aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos."

Era ahora cuando a mi víctima se le revelaba su destino. El cañón de mi arma lo apuntaba al entrecejo, mientras yo me reía por dentro. En ese momento yo sabía que no era un pastor, sino uno de los injustos egoístas, uno de los hombres malos que tiranizaban el mundo.

"Y tú sabrás que mi nombre es Yahvé, cuando caiga mi venganza sobre ti."

Y descargué el cargador sobre mi víctima, sin piedad. El dejó de gritar, sólo se escuchaban los disparos. El cañón estaba caliente. Lo guardé y me di la vuelta. Sí, era un jodido capullo, pero no me sentía mal. Me alejé riendo, aceptando lo que ya sabía.

Soy Jules Winnfield, un capullo hijo de puta.