Recuerdo que el Fic no es mio, pertenece a KC24JACK.

Capítulo 5: Rompiendo el hielo

-¿Qu-qué quieres decir?-gimoteó ella.

-No puedo sacarte hoy-murmuró John.

-¿Por qué no?

-Sólo vine aquí para encontrarte, para localizarte. Necesitaba conocer los alrededores del edificio.

-Pero ahora que me has encontrado, podemos irnos.

-No lo entiendes, mientras estamos hablando ahora mismo, ahí afuera hay al menos diez coches de policías aparcados, y doscientos treinta guardias. Pero te prometo que te sacaré de aquí. Te quiero.

Billie no dijo nada, simplemente se levantó y miró alrededor. Como siempre, John tenía razón. El único camino sería desaparecer de allí mágicamente. Sus ojos evitaron su cara. Ella no podía mirarlo, porque ella cedería ante aquellos ojos verdes. Sus rodillas temblarían, y solo podría sonreír. Se sentó, mirando al suelo.

Ver su sufrimiento mató a John hasta que se le ocurrió una idea. Apretó la mano de Billie para hacerla saber que nunca le mentiría. Ellos estaban hechos el uno para el otro, eran capaces de, con las manos entrelazadas, transmitirse los pensamientos. Eran almas gemelas. Cuando la soltó, la chica descubrió un guardapelo en la palma de su mano.

-¿Qué es esto?-inquirió.

-Iba a dártelo una vez que hubieras salido de Tumbleweed, hace ya unos meses.

-¿Por qué motivo?

-Por ninguno, ¿no puede un hombre hacerle un regalo a su chica?

Ella no pudo evitar esbozar una sonrisa, y se puso la cadena alrededor de su cuello.

-Esto es una promesa que nunca voy a dejarte ir. Volveré mañana, Purvis está al venir.-él dijo rápidamente.

-¿Por qué?

-Sabe que sigo vivo, y sabe que la primera persona a la que acudiré eres tú.-John le hizo un guiño y se dirigió hacia la puerta, dejando en la celda su abrigo para Billie.

Cuando John se hubo marchado, Billie abrió el medallón, en su interior había una foto de ella riéndose con los ojos cerrados y John besándola en la mejilla Recordaba aquella foto, había sido tomada justo después de la carrera de caballos, cuando Red hizo un manojo de fotografías. Esta era una de las que tomó, y ella pudo recordar lo que era ser feliz. Y añoró aquel cálido sentimiento.

Mientras tanto, John logró regresar a su coche e irse, mientras veía entrar más policías, creyendo que alguien había entrado en el edificio. Y la realidad era que alguien estaba saliendo.

15 minutos más tarde

-¡¿Dónde estaba?!-gritó Howard.

-¿Puedo llamarte Howie? Fui a verla, tenía que encontrarla-John estaba sentado en una silla, la cual se hallaba inclinada; una sonrisa estaba grabada en su rostro.

-Pensamos que la policía le capturó, ¿cómo es que no nos despertó?

-Era demasiado arriesgado, sobre todo si no salía bien. Ah y no podemos quedarnos en el hotel más tiempo.

-¿Por qué?

-Melvin Purvis viene mañana; él preguntará a todos los gerentes sobre mí. Y después de lo que pasó la otra vez, no voy a confiar en nadie.

La otra vez fue al terminar la carrera de caballos. Billie y John volvieron a su hotel bajo el nombre Sr. y Sra Frank Sullivan, pero tuvieron un encontronazo con dos hombres que entraron en la habitación sin permiso y golpearon a John. Lo que menos quería era que todo aquello se repitiese.

-¿Tiene Alvin algún amigo aquí?

-En Michigan, no lo creo. No es un buen lugar para el negocio.

-Comprendo. ¿Algún familiar?

-Alvin no tiene ninguno, pero yo sí.

-¿Quién?

-Mi tío Ray vive sólo a un par de millas. No quiero ponerlo en peligro, aunque sea un viejo amargado.

-No lo haremos, la policía no sospechará. Ellos me esperan en una ciudad bulliciosa, no piensan que vaya a estar en algún pedazo aislado de tierra.

-Bien, vámonos. Busca a Richie.

-De acuerdo-Howie parecía derrotado, no había réplicas una vez que a Johnny se le metía algo en la cabeza y se decidía a hacerlo.

John se dirigió abajo y robó un coche; la mayoría de la gente no solía cerralos. Quizás se creían seguros aquí, John no podía recordar la última vez que se sintió a salvo. Siempre estaba con prisas, corriendo de un lado para otro.

Richie y Howie llegaron un par de minutos más tarde, acabando de guardar los últimos restos de equipaje.

-Conduzco, usted habla.

Howie les indicó el camino, la casa de su tío Ray estaba bastante lejos, pero bien oculta. Literalmente estaba en medio del bosque, más de uno podría perderse.

Howie bajó del coche y corrió hacia la pequeña cabaña, llamando a la puerta.

Un anciano probablemente en sus primeros setenta, salió de la casa, y sus ojos se abrieron al ver a John. Entonces él miró Howie.

-Mejor que me cuentes lo que pasa antes de que llame a la policía.-gruñó.

-No pasa nada, Tío, es un amigo.

-¡Es el maldito John Dillinger, a quien todo el mundo daba por muerto! ¡No permitiré que ningún criminal entre en mi casa!

Estuvo a punto de cerrar la puerta cuándo John llamó.

-Déjeme explicárselo.

-¿Por qué? ¿Qué tiene que decirme, aparte de que me robó el dinero?

-No le quité dinero a usted; se lo quité a los hombres de negocios, hombres que sí le roban. Estoy dispuesto a pagarle por nuestro alojamiento.

El anciano se paró y giró. Suspiró y miró Howie; los ojos de este estaban grandes y brillantes; miraba a su Tío como un cachorrito pequeño. Realmente era un buen actor.

Ray suspiró y contestó:

-No cobraré nada; lo haría todo por mi familia.

-Gracias señor.

Entraron en la cabaña, arrastrando sus respectivos equipajes. Richie desempaquetó el de John mientras, este se sentó en un escritorio con un cuaderno, anotando el plan.

Richie miró a John, quiso decirle algo pero se sintió asustado. Finalmente, reunió todo su valor y dijo aquello que llevaba tiempo pensando:

-Sr. Dillinger, ¿está seguro de esto?

-¿Qué? ¿Seguro de qué?

-¡Usted trata de colarse en una prisión Federal! ¡Es una locura! ¿Y para qué? ¿Para una muchacha? Si está solo, alquílese a una, porque no pienso ir a la cárcel por nadie.

John se levantó de un salto y acorraló a Richie tan rápidamente contra la pared que ni siquiera tuvo tiempo para gritar.

John tenía una mano apretando su cuello y la otra sujetando un puntiagudo cuchillo cerca de su ojo derecho.

-No se atreva a repetirlo, o juro que le mataré. ¿Me entiende?

-Sí señor-luchó para tomar aire.

-Ahora vámonos.

Richie corrió hacia fuera en cuanto él dijo esto.

John se sentó se echan atrás, con una sacudida; una sacudida llena de cólera. La gente había perdido el sentido del amor uno de estos días. Mientras continuaba trazando el plan, Howard lo interrumpió:

-Creo que hay una manera mejor para sacarla de allí-dijo.