–¡Oh, por Dios!– grité, rápidamente corriendo hacia mi mejor amiga, quien estaba tirada en el suelo frío del baño, medio consciente. –¡Rose! ¡Rose!

Tenía una navaja en una mano, y en la otra, había cortadas grandes en su muñeca. La sangre salía de ellas asquerosamente, la piel estaba raspada y cortada rudamente y sin cuidado. Intenté no mirar las heridas, pero ya me estaba mareando. Su cabello rubio estaba alrededor de ella, y sus ojos estaban entrecerrados e hinchados, sus labios medio abiertos mientras estaba en el suelo flojamente.

–Rosalie,– jadeé, tomando su mano sudorosa entre mis manos y tratando de mantenerla despierta y conmigo.

Ella sólo lloriqueó, sus ojos moviéndose alrededor inseguros.

–Las cortadas no son profundas,– Edward murmuró suavemente, y me di la vuelta, momentáneamente olvidando la difícil situación. Estaba sosteniendo su muñeca cortada en la mano, y con la otra, sacó su teléfono celular. –Tenemos que llamar a los paramédicos.

–¿Qué?– Dije, respirando profundo por la nariz mientras el olor mohoso y salado se arremolinaba alrededor de mí. –¿P-Por qué estás haciendo e-eso?– Las paredes color menta verde del cuarto de baño parecían rebotar y multiplicarse.

–Bella, trató de suicidarse. Tenemos que conseguir ayuda –, dijo con desesperación, sus ojos suplicando hasta que finalmente asentí. Entonces miró de reojo a la puerta de la ducha de cristal, y yo vertiginosamente seguí su mirada. Mis ojos se posaron en la sangre vaga, pero presente mancha en la esquina de la manija de metal.

Me volví a Rosalie, finalmente, dándome cuenta de la mancha de sangre en el suelo al lado de su cabeza. Sus párpados se abrieron, y luego se cerraron, escondiendo los ojos azules debajo de ellos. Se llenaron de lágrimas y cayeron por sus mejillas, que se habían vuelto anormalmente pálidas.

–¡Rose!–, grité, presa del pánico al mirar hacia atrás y hacia adelante entre la cara y la muñeca. Se veía tan muerta y sin vida. –Rose, oh, Dios…

–Bella–, dijo Alice en su voz de soprano. Pero fue una que no conocía… sin esperanza.

–Alice–, dije en voz baja, arrancando mi mirada de Rosalie para concentrarme en la chica que parecía hada.

Alice entró en el cuarto de baño, caminando ágilmente alrededor de Edward y arrodillándose junto a Rosalie. Jasper esperó en silencio en un rincón, con los ojos inyectados de sangre y su frente arrugada por la preocupación.

Alice tomó por la fuerza la navaja de la mano de Rosalie, lanzándola en el fregadero y manchando la porcelana con más sangre. Sus ojos estaban hinchados, y ahora, más lágrimas caían por sus mejillas.

–Rose–, susurró con ansiedad, ayudándome a acariciarle el pelo. Ambas ignoramos las salpicaduras rojas que pintaban el suelo. –¿Qué pasó?

Rosalie soltó un jadepo, y en lugar de responder, dio un fuerte y triste llanto y se volcó sobre su lado, llorando en sus manos.

–Rose, vamos a quitarnos del piso,– Alice murmuró entre sollozos.

Pero Rosalie sacudió la cabeza, temblaba mientras sacaba su brazo hacia atrás.

Alice lloraba junto con ella, y miré a Edward a través de mis lágrimas, esperando que estuviera mirando a Rosalie. En cambio, estaba mirando a Alice. Una expresión extraña y confusa estaba en su rostro mientras miraba a mi mejor amiga, haciendo que pareciera como si estuviera a de millas de distancia en lugar de a tres pies frente a él.

Cuando se dio cuenta de mi mirada, se acercó y sin decir palabra me llevó a su regazo, metiendo mi cabeza debajo de su barbilla. Él simplemente me abrazó, pasando los dedos por mi pelo y nos balanceaba adelante y atrás.

Las próximas horas eran manchas de luz, gritos y sollozos. Rosalie fue llevada al hospital más cercano (el hospital al que fui por mi fractura de muñeca) y Alice, Jasper, y yo la seguimos en otro coche. Mientras tanto, Edward fue a recoger mi camioneta. Me dijo que había cancelado su turno para esta noche, diciendo que en realidad no era un problema y que Victoria había entendido. Yo estaba agradecido, pero culpable al mismo tiempo.

Rosalie fue llevada a una habitación de hospital, donde un doctor la esperaba pacientemente, una expresión solemne en su rostro joven.

–¿Está todo bien?– Edward murmuró, media hora más tarde.

Levanté mi mirada para ver su cara, mi garganta irritada y seca, mis ojos rojos. Alice estaba dormida en el pecho de Jasper, y me di cuenta de que Edward tomó otro vistazo rápido hacia ella. Frunció el ceño, pero tan pronto como apareció, desapareció.

Se sentó a mi lado, sosteniendo una botella llena de agua. –Pensé que podrías necesitar esto.

Le sonreí débilmente, tomándola agradecidamente de él y bebiendo la mitad de la botella en tres segundos. El líquido fresco fluía por mi garganta, haciéndome sentir fresca y un poco mejor.

–Gracias–, murmuré.

Edward asintió con la cabeza, mirando a su alrededor en el hospital con tristeza, como si se sintiera abrumado por el medio ambiente. Sus ojos miraban de la enfermera al doctor, del doctor a la enfermera, un aspecto peculiar pintando su rostro hermoso y perfecto. Suspiró, apoyando los codos en las rodillas y bajando la cabeza entre sus manos. De repente, parecía como si él fuera un hombre de unos cuarenta y tantos años, en lugar de un joven músico de veintidós años. Cautelosos y cansado. Estresado.

–Hola, he llegado hasta aquí tan pronto como fue posible–, dijo una voz profunda y ronca.

Jasper, Edward y yo levantamos la vista al mismo tiempo, y sentí una sonrisa de gratitud formarse en mi cara cuando me levanté y abracé a Jacob.

–Hola–, murmuré en su hombro voluminoso. –Gracias por venir.

–No fue nada, Bells–, respondió, acariciando mi pelo. –Lo siento, no podía ser antes. Hubo un…

–Está bien,– le interrumpí, sólo estando en deuda por tenerloo aquí. Jacob siempre fue un consuelo con quien estar. Dio un paso atrás, sonriendo hacia mi nuevo mejor amigo. Sus ojos color negro carbón se encontraron con los míos, y sonrió para tranquilizarme.

–Ella estará bien–, prometió, frotando círculos en los lados de mis brazos. –Rosalie es una chica fuerte.

–Si fuera fuerte, no habría tratado de suicidarse–,dije en voz baja, pasando a sentarme junto a Edward. Jacob se sentó frente a mí, mirando a su alrededor con nerviosismo.

Nos sentamos alrededor de diez minutos, sólo esperando ansiosamente. Jasper estaba en silencio, su mirada perdida en el espacio, como de costumbre. Pero sus ojos estaban preocupantes y arrepentido, y era inquietante.

Jasper era la persona más tranquila e integrada que jamás había conocido en toda mi vida. Él era sofisticado y fresco de todo, sólo una sonrisa de vez en cuando y no decía mucho. Si bien con sus amigos, era más abierto y hablador. Cuando Jasper estaba preocupado por algo - o cualquier cosa, para ese caso - a menudo significaba, "Mierda. Estamos jodidos."Pero tal vez yo estaba malinterpretándolo - tal vez, era sólo porque era su hermana la que había intentado suicidarse.

Y mi mejor amiga. Y la amante de James.

De pronto, salté de mi asiento, sorprendiendo a los tres muchachos que estaban sentados, inmóviles en su lugar.

–¿Bella?–Dijo Jacob, poniéndose de pie también. Miró a Edward, que había tomado la libertad de ponerse de pie junto a mí.

Ambos me estaban mirando fijamente, y me encogí en sus miradas. –No está aquí–, murmuré en voz baja, mirando a mi alrededor con aprensión. Realmente no había señal. ¿No sabía? ¿Pasó algo?

–¿Quién?– Edward murmuró en voz baja, dando un pequeño paso hacia mí. Me di cuenta que Jacob se inmutó y entrecerró los ojos, pero él no hizo nada para estar más cerca.

–¿Quién no está aquí?– Preguntó Edward.

–James.

-T-w-i-l-i-g-h-t-

PdV de Edward

Me quedé mirando a Alice Brandon. Estaba dormida, con la cabeza metida en el hueco entre el cuello y el hombro de Jasper. Era extraño que yo acababa de conocer a estas personas, y sin embargo sentía que los conocía de todo el tiempo. Especialmente a Alice.

¿Me conocía? ¿Mi nombre? ¿Quién era yo?

Porque, por extraño que parezca, yo sabía exactamente quién era. Bueno. Más o menos.

El hecho de que la reconocía provocaba un nuevo interés. ¿Quién era esta chica, y por qué me parecía tan familiar? ... ¿Dónde la había visto antes?

Miré a Bella, que se mordía el labio rosa cereza y miraba con nerviosismo la zona de espera del hospital. El chico que se llamaba Jacob tuvo que irse unos diez minutos, alegando que iba tarde para algo. A pesar de sus protestas, Bella le dijo que fuera. Que acaba de demostrar cuán amoroso y generoso era.

Impacientemente pasé los dedos por mi cabello. El médico todavía no había llegado a decirnos los resultados.

Como si fuera el momento justo, un médico se presentó ante Bella, y ella lo miró ansiosamente, sus ojos color chocolate anchos e inocentes. –¿Está bien?–Preguntó con una voz suave y sedosa.

El hombre sonrió, ajustándose los anteojos y mirando fijamente el portapapeles en la mano. –Rosalie está muy bien. Ella está descansando ahora. Su muñeca está vendada, así como su cabeza. Ella podrá volver a casa mañana por la tarde, suponiendo que todo vaya bien con el psiquiatra.

Bella abrió los ojos, y se levantó violentamente, golpeando la silla en la pared por su prisa. Instintivamente me levanté con ella, mi mano de alguna manera haciendo su camino a su brazo. Me miró brevemente, y luego volvió a mirar al médico.

–¿Psiquiatra?

El médico asintió, con expresión impasible. –Tenemos que hacerle un par de preguntas, pero eso será todo.

–¿Qué tan graves son las lesiones?– Jasper preguntó de repente, hablando por primera vez en dos horas. Todavía estaba sentado en la silla de espera con Alice desparramada en su regazo, pero sus ojos estaban muertos mientras miraba al hombre.

La cara de póquer del médico se tambaleaba, una expresión sombría lo sustituía. –Además de las cortadas en su muñeca, tiene una lesión menor en la cabeza. Tal vez por una caída.

Miré a Bella, y su pelo marrón chocolate caía en ondas por encima de su hombro, ocultando su rostro de mí. Sacudió su hombro, así que sabía que estaba llorando. Sin pensarlo dos veces, envolví mi brazo alrededor de ella y la jalé a mi pecho. Tenía que sacar todo.

–No es grave–, continuó el doctor solemnemente, hablando con Jasper ahora. –Pero tendrá dolores de cabeza de vez en cuando durante la próxima semana o dos. Ella está durmiendo ahora, y bajo gran cuidado. No tienen nada de qué preocuparse.

Después de intercambiar un par de palabras más, el médico nos dejó a nosotros mismos. Nos quedamos en la sala de espera por las próximas horas, para Bella se negó a irse, así como Jasper (Alice estaba dormida).

–¿Quieres que me vaya?– Le había preguntado a Bella en un punto en el silencio.

Ella me miró, sus ojos inyectados de sangre preocupados y temerosos. Entonces ella me sorprendió sacudiendo la cabeza y poniéndola sobre mi hombro. Me tensé por un momento, antes de que reajustara mi cuerpo para que fuera más cómodo para ella. Hubo demasiada indecisión.

Al atardecer, el médico se acercó a nosotros con una tablilla en la mano.

–¿Les gustaría visitar Rosalie?–, nos preguntó amablemente, ofreciéndonos una pequeña sonrisa. –Ella está despierta. Están permitidos dos visitantes a la vez.

Miré a Bella, metiendo un mechón de pelo castaño y sedoso detrás de su oreja. –Bella?– Murmuré. Ella me miró, frotándose los ojos con furia. –¿Quieres ver a Rosalie?

Bella miró a Alice y luego a mí. Vaciló, y luego asintió, limpiándose los ojos otra vez antes ponerse de pie y sonreírme suavemente. Ella era hermosa.

–¿Jasper?, Dijo, cruzando los brazos sobre si pecho, como si tratara de mantener la compostura.

Jasper asintió solemnemente, volviendo su mirada hacia mí. –¿Puedes cuidar a Alice?

Como si su nombre fuera una especie de alarma, la joven se movió en la pierna de Jasper, y luego dos pequeños brazos pálidos se empezaron a estirar. Alice abrió sus ojos diminutos perezosamente, una pequeña sonrisa tirando de los rincones de sus labios. Entonces, sus ojos se abrieron al recordar lo que había sucedido.

De repente, se puso de pie en un movimiento demasiado rápido para un humano. –¡Aydiosmío!– Alice gritó, llevándose las manos a la boca mientras los otros la miraban, alarmados. Jasper y Bella rápidamente la hicieron callar, apresurándose a darle un resumen de toda la noche.

La miré de un lado mientras Alice asentía con la cabeza, su cabello corto y negro como la tinta rebotando junto con sus movimientos. Miró hacia atrás y hacia adelante entre Jasper y Bella, como si sus caras tuvieran las respuestas a todos sus problemas.

–Jasper, ve primero,– Bella le susurró, dándole un suave empujón. –Tú y Alice vayan a visitar a Rose primero.

Alicia abrió la boca para protestar, pero Bella valientemente sostuvo su mano hacia arriba, meneando la cabeza con una expresión triste. –Vayan–, murmuró, mirando al médico, que esperaba pacientemente con una sonrisa contenta en su rostro. Yo quería hacer que desapareciera- en realidad, yo quería hacer que todo esto desapareciera, porque sabía que le estaba haciendo daño a Bella.

Cuando Alice y Jasper desaparecieron de la habitación, miré a Bella, que clavaba los ojos en el suelo.

–¿Bella?–, Le pregunté.

Saltó, me miró, y luego el más hermoso y adorable rubor se formó en sus mejillas.

No pude evitar una sonrisa. –Vamos a sentarnos.

Ella asintió en silencio, y tomé su pequeña mano suavemente, haciendo caso omiso de la chispa que sentí cuando nos tocamos.

La llevé a un área más vacía, más aislada de la sala de espera. –¿Quieres comer algo?– Le pregunté mientras me senté a su lado.

Bella jugó con la manga de la sudadera de esta mañana, y movió la cabeza, con la mirada fija con firmeza en el suelo de baldosas. Rápidamente miré el reloj… las ocho de la noche. La cena fue hace dos horas, y no había comido una sola cosa.

–¿Estás segura?– Le pregunté en voz baja, para que ella no tuviera hambre. Cuando me daba hambre, pasaba mi tiempo maldiciendo a las personas que se atrevieran a hablar conmigo. –Sé que la comida del hospital no es buena ... pero no hay restaurantes cer…

–Dime una cosa,– me interrumpió, volteando su mirada para encontrarse con la mía.

Me asomé a sus ojos marrones líquidos y tibios, sintiendo una extraña sensación de déjà vu. Asentí con la cabeza de todos modos, tratando de averiguar lo que quería de mí.

Bella sollozó, limpiándose los ojos rojos con la manga, trajo de vuelta su mirada determinada a la mía. Era tan fuerte e intensa que no podía apartar la mirada.

–¿Quién eres?

Esta pregunta me tomó por sorpresa, y me reí. Sin embargo, al ver la mirada feroz en su rostro, rápidamente me puse serio. –Soy Edward Cullen.– Mis labios temblaban en un esfuerzo por ocultar una sonrisa.

Bella resopló con rabia, cruzando los brazos y se mordió el labio mientras miraba pensativamente a su alrededor. Se veía absolutamente adorable.

–Ya sé–, murmuró. –Pero ... eres diferente–, concluyó. Abrí la boca para decir algo, pero levantó un dedo. Tragó saliva, mirando a su alrededor con incertidumbre, y luego suspiró, regresando su mirada hacia mí. –Hay algo raro contigo.

–¿Gracias?

Sacudió la cabeza. –¿Por qué eres amable conmigo?

–¿Por qué no habría de serlo?

Entrecerró sus ojos. –Si no me equivoco, hace un mes me dijiste que yo no era tu amiga.

Fruncí el ceño. –¿Así que los conocidos no pueden ayudar a sus compañeros conocidos?– Le pregunté, sonriendo.

Bella sopló de nuevo, metiendo un mechón de pelo castaño detrás de su oreja. –Eres imposible.

–Lo sé.

Ella gimió. –Ahí está. Otra vez –. Sacudió la cabeza, murmurando algo en voz baja. –Eres sarcástico, estás de mal humor, eres misterioso, y eres amable. Eres todas esas cosas. Quiero que elijas una.

–De mal humor.

–¿De mal humor?– Se burló.

–Ahh ... sarcástico es major.

Ella frunció el ceño. –¿Sarcástico es ...?

–Quiero ser misterioso–, le dije, sonriendo ante la mirada confusa en su rostro.

–Edward Cullen…

–Bella Swan…

Gimió, pero me pareció ver brevemente su sonrisa. Entonces ella me miró, una pequeña sonrisa, definitivamente adornando sus labios. –Quiero saber más sobre ti.

La mire fijamente, mi boca formando una línea delgada. –No.

–¿Qué?– Me sonrió. –¿Los conocidos no pueden aprender más acerca de sus compañeros conocidos?

–Eso los hace amigos–, murmuré.

Ella sonrió con aire de suficiencia. –¡Todo el mundo gana!

En la mirada de felicidad en su rostro, me eché a reír. Esto era lo más feliz que había estado todo el día, desde que su mejor amiga - Rosalie - fue llevada al hospital. Y yo no podía decir que me quejaba - Bella era un ángel cuando se reía o sonreía.

Suspiré, apoyando la espalda en la silla y mirando al frente. Dos enfermeras pasaron junto a nosotros en sus batas azules, hablando animadamente sobre algo en el periódico.

Frente a mí, a mi izquierda, había una mujer que parecía estar en sus treintas, leyendo la revista People de la mesa en el centro de la habitación. Estaba mirando fijamente la página, un pequeño gesto en su rostro. A su izquierda había un niño pequeño que parecía tener cerca de cuatro años, chupándose el dedo pulgar mientras miraba alrededor de la habitación. Sus pequeños pies colgaban unos centímetros sobre el suelo, ya que oscilaba en un ritmo que sólo el niño podría inventar.

Aparte de la charla cerca, no parecía haber nadie nos escuchara.

Miré a Bella, que me observaba con una mirada curiosa en sus ojos. Su expresión era tan inocente que las palabras salieron de mi boca antes de que lo supiera. –Bueno, me fui a Columbia College Chicago,– le dije. Vi sus ojos abrirse en reconocimiento, pero rápidamente se ocultó con una cara de póker. Sonreí - tanto como yo. –Me salí primer año ...– dije, pensando en cuándo había hablado de esto - estos oscuros años - en voz alta. –De hecho, me quedé sin dinero–, añadí tímidamente.

Nos sentamos en silencio, y Bella miraba al suelo, golpeando sus dedos contra el reposabrazos de la silla. Entonces me miró con curiosidad.

–¿Por qué?– Su voz sedosa murmuró, realmente curiosa. –Si no te importa que te pregunte–, añadió un segundo después, ruborizándose.

Me mordí el labio para ocultar la sonrisa que amenazaba con formarse en mi cara. Edward Cullen nunca sonríe. Bueno, eso intenta.

Suspirando, acurruqué mis dedos alrededor de mi pelo, recordando tres años atrás, cuando metí la pata en todo. Me di cuenta que no podía detenerme. Ella estaba totalmente enrredada.

–Carlisle y Esme, mis padres, querían que fuera medico–, le dije. No era como si estuviera orgulloso de mí mismo por lo que hice, pero al mismo tiempo, había una diferencia entre lo que yo quería, y lo que otros querían. La gente necesita entender eso. –Lo teníamos todo planeado desde el momento en puse un pie en la escuela secundaria. Volaría desde Alaska, donde yo vivía en ese momento, a California para asistir a Stanford. Entonces iba a volar a Nueva York para Cornell… una escuela de medicina. De tal palo, tal astilla.

Yo la miraba con curiosidad, y miró de vuelta, una hermosa expresión de inocencia en su rostro.

Miré sus ojos marrón cálido, de repente sintiendo que esto no era tan malo en absoluto. La manera en que permaneció en silencio, pero atenta, sin juzgar, parecía hacer que la atmósfera fuera muy cómoda. Me gustó. Tal vez Emmett tenía razón, tal vez tenía que abrirme.

Con ese pensamiento vagamente flotando en la parte trasera de mi mente, continue, –Pero eso era el problema–. Suspiré, rascándome el lado de mi cabeza, nervioso. Tal vez yo estaba malinterpretando su mirada de póker. Tal vez estaba interesada internamente o disgustada con lo que realmente era.

Me di cuenta que estaba mirando al suelo con vergüenza, así que traje mi mirada hacia arriba para ver la suya. Sus ojos marrón chocolate eran muy dulces y comprensivos, y por lo tanto me puse valiente y terminé mi historia.

–Yo no quería ser médico,– dije. –Sin embargo, Carlisle y Esme no lo sabían. Verás la cosa era que pasé todos mis años de escuela secundaria haciendo a todo el mundo feliz. Yo era el mejor de biología y química, y cada verano trabajaba como voluntario en hospitales y otros lugares. Cuanto más hacía esas cosas, más me daba cuenta de lo mucho que lo despreciaba. Yo no era como Carlisle,– Confesé a regañadientes. –Cuando llegamos al aeropuerto, lo dejé a él y a Esme en la línea de seguridad. No me iba a ver a bordo de un avión diferente … que fue a Chicago, en lugar de California .

Bella asintió con la cabeza, sus dedos doblados cuidadosamente en su regazo. –Así que ... ¿llegaste a Chicago, entonces? ¿Para la escuela de música?– Supuso.

Sonreí y asentí. –Fui capaz de convencer a Carlisle que yo podía pagarlo por mi cuenta, aunque yo nunca estaba seguro de mí mismo. Y el resultado fue que no lo pude hacer.– Fruncí el ceño, tratando de recordar lo que pasó. –Me pillaron unos dos años más tarde… cuando yo debía estar en mi segundo año. Carlisle empezó a sospechar, y por lo general yo evitaba todas las preguntas acerca de Stanford. "¿Te gusta la gente?" Y "¿Cuál es el nombre de tu profesor?" Me acuerdo haber mentido acerca de todo.– Me reí de repente.– Una vez, me hizo una pregunta médica en medio de la cena, sólo para ver si me sabía la respuesta.

–No te la sabías, ¿verdad?– Bella dijo, sonriendo con suficiencia.

Yo me reí. –No. Lo mire sin comprender y le pedí que me pasara la sal.

Nos reímos los dos, pero la risa de Bella fue la risa más Hermosa y extravagante que había escuchado en toda mi vida.

–¿Pero, cómo te pillan?–, Preguntó. –Pareces haber tenido todo planeado perfectamente.

Sonreí. –Lo tenía. Yo no creía que Carlisle estaría tan orgulloso. Me estaba comiendo por dentro, la forma en que dijo a todos sus colaboradores y amigos: "Sí, mi hijo se está convirtiendo en un médico." Pero realmente lo destruyó cuando él y Esme volaron a California para una visita sorpresa.– Bella tenía la boca abierta, pero rápidamente la cerró, con las mejillas volviéndose levemente rosadas. Pretendí no notarlo. –Es fácil imaginarse sus caras cuando se enteraron de que las autoridades nunca me había visto antes.

–Eso debe haber sido malo,– Bella murmuró.

Asentí. –Volaron a Chicago después de que confesé todo, y mientras lloraba Esme, Carlisle iba y venía. Tuvimos una gran discussion, la más grande que jamás hayamos tenido. Carlisle estaba decepcionado de mí, y Esme comenzó a culparse a sí misma por presionarme. Fue una situación muy retorcida y mal interpretada.

Vi, hipnotizado enfermizamente, mientras Bella metía en el labio inferior para morderlo, una mirada reflexiva en su rostro. Se veía tan adorable. ¿Cuántas veces había pensado eso esta noche?

Luego me sonrió tristemente, su mano pequeña y pálida llegando a la ligera a recostarse en mi mano desnuda, que estaba enroscada en un puño en mi rodilla. Su toque fue tan suave que apenas lo sentí, pero sabía que estaba allí. Era el toque más bellos que me habían dado.

–Lo siento–, susurró con timidez, pero su voz estaba mezclada con sincera disculpa.

Antes de que pudiera decir nada más, Alice y Jasper aparecieron, y los dos estaban más pálidos que antes. Bella saltó de su asiento, su mano de inmediato desapareció de la mía.

–¿Está todo bien?–, Preguntó, preocupada, mirando hacia atrás y adelante entre Alice y Jasper.

Yo estaba detrás de ella, viendo el hecho de que ambos parecían mucho más aliviadso, aunque todavía cansados y fatigados.

La chica de pelo corto y negro, Alice, sonrió con tristeza y asintió con la cabeza, secándose los ojos.

–Ella está despierta–, fue todo lo que Jasper dijo.

Entonces, tanto él como Alice salieron del hospital, y me dejaron a mí y Bella solos en la sala de espera.

–Ve–, le dije. "–Voy a esperar aquí–. O puedo ir a casa. Lo que prefieras.

Bella se mordió el labio, mirando hacia atrás y adelante entre yo y el pasillo que llevaba a la habitación de Rosalie. Luego, sacudió la cabeza. –Ven conmigo.

Di un respingo, desesperadamente no queriendo ir más allá de la sala de espera. Hay muchas razones por qué odiaba los hospitales, y excluyendo el tiempo cuando Bella se fracturó la muñeca, yo no quería estar aquí.

La culpa estaba royendo en el interior de mi estómago, pero asentí con la cabeza de todos modos, sin palabras siguiéndola por del pasillo.

-E-c-l-i-p-s-e-

BELLA POV

–¿Rose?– Dije en voz baja, sentándome en una silla al lado de su cama.

La observé, esforzándome por no llorar, mientras sus párpados pálidos revoloteaban y se abrían. –¿Bella?– Rosalie preguntó con voz ronca. No pude dejar de notar el hecho de que todavía se veía hermosa, acostada en una cama de hospital después de casi suicidarse. Miró alrededor de la habitación del hospital confusamente, frunciendo el ceño mientras trataba de recordar lo que pasó. De repente, su grito de asombro llenó la sala, y ella me miró con pánico.

–¡Oh, B, lo siento!–, Se disculpó, y noté que su ritmo cardíaco se aceleraba.

Mis ojos se abrieron mientras trataba de calmarla. –¡Rose, Rose! Está bien. Te amo–, le dije.

Ella asintió frenéticamente, respirando profundamente y mirando frenéticamente la sala. Edward… que estaba en la esquina trasera de la sala con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta …y yo mirábamos el monitor del corazón mientras se redujo a un ritmo constante.

Luego miré a Rosalie, metiendo un mechón de su pelo detrás de su oreja.

–Hola–, murmuré. –Por favor. No me vuelvas a hacer eso.

Ella sollozó y asintió con la cabeza, suspirando en respuesta mientras contemplaba el techo.

–¿Me lo prometes?–, Le pregunté con firmeza, apretando su mano con fuerza en la mía.

Rosalie se mordió los labios y asintió con la cabeza, volviéndose hacia mí. –Lo prometo.

Respiré un profundo suspiro de alivio, tratando de bloquear la imagen de ella tendida en el suelo ... sangre por todas partes ... su cuerpo pálido y sin vida, muerto ...

–¿Está todo bien?… Le pregunté a la fuerza, mirándola.

Rosalía cerró los ojos, y lo siguiente que supe fue que estaba llorando otra vez.

Antes de que pudiera protestar o incluso consolarla, ella exclamó: –¡Soy una puta!

–¡No!–, Le respondí, jadeando. –Rosalie Hale, tu no eres una…

–Sí, lo soy–, murmuró, mirando hacia mí con lágrimas en los ojos. Ella sollozó, suspirando con tristeza a la aguja en su mano. –¿Cómo llamas a una chica que engaña a su novio?

–Una chica que engaña a su novio…, le contesté con aire de suficiencia.

Rosalie gimió, pero esbozó una pequeña sonrisa. De repente, desapareció, y suspiró con cansancio, murmurando algo en voz baja. –Es todo culpa mía, B.

Le sonreí con tristeza, sacudiendo la cabeza. –No, no lo es.

–¿Cómo lo sabes? Ni siquiera has oído lo que hice.

–No necesito hacerlo,– le aseguré. –Eres Rosalie. Eres perfecta.

–Perfecta'–, citó en voz baja, poniendo los ojos en mí. –No.

–Sí–, contestó. –Rose, tú…

–Engañé a James–, dijo sin rodeos, observando mi expresión. Tuve cuidado de mantener mi rostro estoico para que no llorara de nuevo. –Fui a una discoteca con las chicas nuevas de la agencia de modelos–, explicó rápidamente, como si supusiera que pensaba mal de ella. –Me emborraché, y me encontré con este chico, y tuvimos una relación de una noche. ¡Fue el mejor sexo de toda mi vida! Me refiero a la forma en que… olvídalo. Pero resulta que, él era el mismo hombre de la noche de tu cumpleaños, Bella.

Jadeé, mirando hacia atrás y hacia adelante entre Edward y Rosalie, una sensación de malestar en mi estómago. –¿Te refieres a Edward?– Chillé.

Me di cuenta que Edward giró la cabeza en mi dirección a la mención de su nombre, pero lo ignore, mirando fijamente a mi mejor amiga.

Rosalie puso los ojos en blanco, burlándose. –No, tonta. Emmett.

–¿Emmett?– Dijo Edward, apareciendo de repente detrás de mí.

Tanto Rosalie y yo saltamos por su repentina aparición. Abrí la boca para reprenderlo por ser tan grosero, pero Rosalie intervino.

–Sí,– dijo en voz baja, mirándolo con una expresión perpleja.

–¿Emmett Cullen?– Edward preguntó, entrecerrando los ojos a los pies de la cama de Rosalie.

Rosalie asintió en silencio, y Edward dio un gruñido, y levantó su mano para apretar el puente de su nariz con el pulgar y el índice.

Me puse de pie, dando un paso más cerca de él con cautela y apoyando una mano en su hombro. No había necesidad de más problemas.

–¿Lo conoces?– Rosalie preguntó mientras Edward murmuró palabrotas en voz baja. Cogí, "el maldito bastardo" y que "pinchazo", mucho, así que dejé de escuchar. Entonces Rosalie con voz entrecortada. "¿Están relacionados?"

Era mi turno de aliento. Cullen, Cullen.

Sin responder, Edward salió de la habitación del hospital, sacando su teléfono celular sin decir palabra.

Vimos, consternados, como la puerta se cerró.

–Bueno, eso fue amable,– dije sarcásticamente, voltéandome para encontrar a Rosalie derrumbada sobre su almohada, un brazo sobre sus ojos. Gimió exasperadamente. –Estoy tan jodida.

–¿Le dijiste a James?

El brazo de Rosalie voló sobre su cara, y me miró con el ceño fruncido. –¡Por supuesto que no!

–¡Está bien! ¡Lo siento, lo siento!– Le dije, levantando las manos. –¿Qué vas a hacer?

Rosalie suspiró, elevando el brazo hacia atrás sobre sus ojos. –No lo sé. Sólo quería acabar con todo. Me sentí tan culpable, y yo no estaba pensando.

Guardé silencio, mirando con una expresión de poker, aunque en el fondo, la simpatía y el dolor se revolvían en mi estómago.

–Bella–, susurró Rosalie. –No le digas a nuestros padres. A los de Alice, ni a los tuyos, ni a los míos. Por favor.

Abrí la boca para protestar, pero Rosalie me miró, sus ojos suplicantes y la rógandome. Cerré la boca y asentí. Esto fue para ella.

-N-e-w-M-o-o-n -

PdV de Edward

–Eres el más idiota de este planeta–, dije, dando vueltas a la entrada del hospital.

Me podía imaginar a Emmett sonriendo. –¿Yo?

–Sí, tú.

–Oh, gracias.

–Maldita sea, Em– le susurré, tirando de mi pelo por la frustración. –¿Siquiera quieres saber lo que hiciste?

Emmett rió entre dientes, pero antes de que pudiera decir nada, le dije: –Bueno, no me importa si no quieres saber. Te digo de todos modos.

Emmett se rió de todo corazón. –Creo que estoy bien con eso.

Me reí con él, aunque la mía fue amarga y enfadada. –¡Noticias! Una de las chicas con las que estuviste acaba de intentar suicidarse.

La risa de Emmett murió casi al instante, y me encontré con un silencio absoluto y total.

Sentí una sonrisa satisfecha formarse en mis labios.

El silencio siguió, y yo estaba a punto de colgar cuando su voz baja y ronca me interrumpió.

–¿Qué chica?–, Preguntó con cautela.

–¿Te suena Rosalie Hale?

Me respondió otro largo silencio, sin fin. Y luego colgó.

–¿Emmett?– Pregunté, un tanto alarmado. No hubo respuesta.

Miré a mi teléfono con incredulidad, preguntándome cómo alguien podría bromear acerca de herir a una persona - una mujer inocente, como Rosalie - tan fácilmente, y que luego simplemente cuelgue. Supongo que acaba de agregar otra razón a la lista de razones por las que odiaba a Emmett. Ese mujeriego / idiota / bastardo.

–¿Está todo bien?– La suave voz de Bella murmuró, alejándome de mi diatriba interna a mi hermano.

Me di vuelta, y ella estaba de pie detrás de mí con los brazos cruzados, una mirada suave e inquisitiva en su hermoso rostro. Ella parecía brillar en la oscuridad de la noche, la forma en que las farolas se reflejaba en su piel perfectamente clara. La forma en que soplaba el viento, la brisa moviendo mechones de pelo en su cara. La intensidad en sus ojos.

–Sí–, dije finalmente, mirando a mi teléfono celular antes de empujarlo de nuevo en mi bolsillo.

Un viento áspero volvió a subir, y Bella se encogió de hombros con los brazos aún más apretados en torno a su pecho, trasladando el peso de un pie al otro. –Bien.

Me quedé mirando el suelo por un momento, preguntándome qué debía hacer a continuación. Nunca fui el tipo de hombre romántico y mi relación con Tanya no cuenta. Nunca me había sentido así - o había estado más confuso - en toda mi vida. Y ahora que yo estaba en la situación, no podia saber si era arriba o abajo.

Después de un momento de vacilación, di varios pasos más cerca de ella. –¿Tienes frío?– Me di cuenta de que su nariz y sus mejillas a su vez se volvieron un poco más rosas, muy probablemente por viento amargo, pero sacudió la cabeza. Era demasiado poco sensible para su propio bien.

–No. Estoy a punto de volver a casa–, dijo.

Sonreí. –Está bien. ¿Así que todo está bien entonces?– Le pregunté cuando empezamos a caminar a través del lote a su camioneta Chevrolet. Personalmente, yo la odiaba. Yo sabía que si y cuando llegara el momento, yo le compraría algo mejor. Tal vez un Mercedes Benz o un Ferrari o algo así. Otra cosa que lo que tenía. En el camino de regreso al hospital, casi se me salgo del vehículo para empujarla yo mismo.

Al darme cuenta de que estaba pensando sobre coches, me centré en los bellos ojos de Bella, escuchando mientras hablaba.

–Rosalie podría volver a casa mañana por la noche, como dijo el doctor,– Bella murmuró, y nos paramore en el lado del conductor de su camioneta. –Ella me dijo que estaba bien, así que creo que voy a creerle. Por una noche.

Sentí una sonrisa formarse en mi cara. –Es bueno saber eso. Me alegro de que ella esté mejor.

Bella se rió y asintió. –Ni siquiera ha sido un día todavía–, dijo, sonriendo. –Ella está durmiendo. Así que ... sí.

La miré fijamente, recordando de pronto que no había cenado.

–Oye, ¿tienes hambre?–, Le pregunté preocupado.

Bella sonrió y movió la cabeza. –Estoy bien. Pero creo que sólo voy a volver a casa y tomar un bocadillo o algo así. No quiero morir de hambre–, admitió, sonriéndome tímidamente.

Le sonreí una sonrisa torcida, y un pequeño rubor se deslizó en sus mejillas.

–Bueno, supongo que me voy a casa ahora–, dijo, ya entrando en su camioneta. –Yo ... eh ... gracias, Edward. Hemos tenido un buen día.

Yo asentí. –Lo tuvimos.

Bella sonrió, cerrando la puerta y encendiendo el motor. Para mi sorpresa, ella bajó la ventanilla, y su rostro hermoso quedó a la vista .

–Luego nos vemos... amigo.– Con una sonrisa linda, ella salió rápido del estacionamiento.