Regresamos al cuarto para resguardarnos de la lluvia, nuestras ropas estaban completamente mojadas, Serena y yo entramos tomados de la mano, como si ahora nunca quisiéramos separarnos. Nos miramos en la penumbra, aun no lograba realizar lo que sucedía, pero Serena realmente estaba ahí, conmigo, por un momento me odié por haber huido, me odié por haberla dejado ir, pero nada de eso importaba ya, por que ahora la tenía conmigo, y nunca, nunca la dejaría ir de nuevo.

Deslice mis dedos por sus mejillas, tan perfectas y suaves, note como se sonrojaba, acorte la distancia que nos separaba, tome su rostro entre mis manos y la bese.

Serena rodeo mi cuello con sus brazos, sus labios eran algo adictivo, el sabor de sus besos parecía nunca acabar, la tome por la cintura y la atraje mas hacía mi, sentí su ropa mojada contra su cuerpo, quise despojarla de ella.

Nos separamos por algunos instantes, me miro de una manera que nunca lo había hecho, su mirada me lo dijo, y yo no pude evitarlo.

De nuevo pase mis manos por su cintura, tome su blusa mojada y la despoje de ella, dejándola solo en sostén, sentí como Serena se acercaba a mi y desabotonaba mi camisa lentamente, como si estuviera nerviosa. Sus manos recorrieron mi abdomen, ya no aguantaba mas, deseaba tenerla entre mis brazos.

La tome entre mis brazos y la lleve a la cama, en donde la recosté lentamente, con cuidado de no lastimarla, nuestros labios no se detuvieron, siguieron el ritmo con que nuestros corazones latían. Estuvimos completamente desnudos, recorrí su cuerpo con mi mirada, sentí su piel suave y mojada sobre la mía, por fin Serena era completa y únicamente mía.


Llegamos a Tokio temprano, el sol estaba por ocultarse, bajamos del avión tomados de la mano, no soportaba separarme de ella ni por un segundo, la mira sutilmente y se encontraba mirando a su alrededor, había un brillo en su rostro diferente, radiante.

Nos bajamos del taxi y la acompañe hasta la puerta de su casa, la mirada de Serena me rogó por un beso mientras esperábamos a que la puerta se abriera.

Acerque mi rostro al de ella y presione mis labios contra los suyos, como si el cielo estuviera en ellos.

Escuche que la puerta se abrió y como la señora Tsukino gritaba emocionada.

-¡Serena y Diamante!-gritó, abrazándonos.

-¡Mamá!-dijo Serena lanzándose a sus brazos.

-Diamante, que bueno que has regresado, sabía que mi hija te traería de vuelta.

-Creo que esta vez tiene razón, señora Tsukino, me alegra haber vuelto y…

-¿Y que ahora ustedes dos van a estar juntos al fin?-dijo sonriendo la señora Tsukino.

Asentí fervientemente con una sonrisa en el rostro, no podía evitarlo, me sentía muy bien.

-Es hora de irme, debo ir a ver a Zafiro, las veré luego, ¿de acuerdo?

Me despedí de Serena y su madre y volví al taxi, y me dirigí hacía donde Zafiro.

Al llegar al departamento descubrí que Zafiro estaba dormido en el sofá, por lo que me acerque con cuidado para no hacer ruido y le hable al oído.

-Zafiro…

Zafiro se removió unos segundos y luego abrió lentamente los ojos, se tallo los ojos como no creyendo lo que veía y luego dibujo una sonrisa en su rostro.

-¡Diamante!

-Zafiro…me alegra verte.-le dije abrazándolo.

-¡Eres un idiota!, pero también me alegra verte.-rió.

-Solo vine para avisarte de mi regreso, pero…tengo un asunto pendiente.

-Esta bien, te veo mas tarde, seguiré durmiendo.

Tome las llaves de mi carro y salí del departamento, me subí al carro y maneje rápidamente por la ciudad hasta llegar a mi destino. Estacione el carro y me baje, caminando lentamente por la acera. Entre al restaurante y lo vi sentado, tomando su café.

-Darien.-dije en voz baja.

-Diamante.-dijo haciendo una mueca.

Me senté frente a el y nos miramos en silencio durante un largo rato.

-Nunca quise que esto pasara, nunca me dijiste tus sentimientos.

-Lo sé perfectamente, nunca se lo dije a nadie más que a Zafiro, todo fue una confusión, fue mi culpa…

-No fue tu culpa, Diamante, creo que fuimos los tres, fui yo por no haberte escuchado, por haber sido egoísta, fue Serena por haberse dejado llevar y fuiste tú por haberlo callado.

-Tienes razón, creo que fuimos los tres…pero…debo disculparme por haber interferido en tu relación con Serena.

-Realmente no lo hiciste, siempre tuve esa sensación de que Serena no me quería de la misma manera, pero mi ego no me permitió dejarla ir, pero no pude más cuando la vi llorar desesperadamente al enterarse de que te habías ido.

-Darien…eres mi mejor amigo y no quisiera que…

-Yo tampoco lo quiero, Diamante, es por eso que nos hemos visto hoy, ¿no?, somos mejores amigos desde siempre, no podemos permitir que esto nos destruya, yo realmente no quiero a Serena como tu la amas, puedo olvidarlo fácilmente, puedo encontrar a alguien mas, pero se que tu no podrías vivir sin Serena.

Sonreí al escuchar las palabras de Darien, me alegraba saber que era maduro y que me entendía.

-¿Amigos siempre?-le pregunté.

-Amigos siempre.-respondió.

Salí del restaurante y maneje escuchando mi cd favorito hasta casa de Serena, la había visto hacía algunas horas y ya no aguantaba por volver a verla.


Toque su puerta y se abrió inmediatamente, y ahí la tenía de nuevo frente a mi, con su deslumbrante sonrisa, con sus brillantes ojos azules.

Todos esos años espere por sentirla, por besarla, por amarla, tantas veces la tuve cerca de mi y tantas veces calle, pero ahora no era así, ahora sabía que ella también me amaba, y yo la amaba a ella como si fuera la única mujer sobre la tierra, la más perfecta, y al fin estabamos juntos.


Hola, lo siento por tardarme tanto en atualizar, he tenido tanto trabajo en la escuela que aproveche que es sábado y que no tengo nada que hacer, gracias a los que siguieron este fic, se que estuvo corto pero espero les haya gustado y espero que sigan mi otro fic "Separados Por El Tiempo", ¡gracias a todos!