Advertencia: No poseo el Final Fantasy VII ni ninguno de sus derivados, así como tampoco sus personajes.

Esta história transcurre cerca de 550 años despues de los eventos del juego original. Me temo que si no os gustan los OC(Own Characters) no vais a disfrutarlo mucho. Desde luego Zack y Aerith serán mas o menos los mismos ya que... bueno si llego tan lejos ya lo vereis.
És mi primer fanfic, así que por favor: Te lo ruego, oh, lector, sé benevolente con este pobre...bueno, digamos que escritor, jeje.

¡Que lo disfrutes!


La chica estaba sola, Aerith Strife habia sido abandonada al desierto para morir; por su culpa, dijeron, por su própia culpa...

Todo empezó cuando tenía diez años; visitando a unos parientes en Mideel cayó por accidente en la Corriente Vital. Parecia que había salido indemne, pero ella recordaba: alguién la protegió, la habló, la enseño y la cambió. No supó quien había sido, al pensar en ella-sabía que era una mujer- solo recordaba con exactitud unos ojos verdes y una voz suave.

Así fue como la niña de la clase dominante de los Cetra pasó de ser una consentida pequeña dictadora hacia algo totalmente opuesto, incomprensible para su família: donde antes hacía su voluntad merced a su prestigioso apellido, que la identificaba como descendiente directa del gran héroe Strife, ahora no imponia sus caprichos ante los demás; si antes disfrutaba pisando y arrancando flores, ahora no toleraba que estas fueran maltratadas, llegando a llenar su habitación de macetas. Más adelante encontró otros que pensaban como ella, eran pocos y aunque hablaban mucho ninguno de ellos hacia tanto como Aerith. Ella no dudaba en decir en voz alta que los Cetra eran arrogantes, pues se habían atribuido el nombre de una raza desaparecida tiempo ha, en un intento por salvar el planeta; las leyendas decían que la última de ellos, una amiga del gran héroe Strife, lo había logrado, aunque había muerto para hacerlo.

Ese pensamiento la entristecía. Alguien capaz de hacer eso no deberia ver usurpado su nombre por un grupo de gente mezquina, cuyo mayor mérito para gobernar era haber nacido en la família adecuada. Su error había sido publicar esas ideas y pensamientos en una especie de panfleto, eso resultó ser demasiado para los demás, así que de pronto se encontró detenida, juzgada y condenada. En tres dias pasó de vivir confortablemente en Costa del Sol a encontrarse exiliada en mitad del desierto de Corel. La habían abandonado allí, con agua y comida para tres días, parecía una broma, ¿Como iba a escapar de semejante desierto?

La unica opción que tenía era confiar en tropezar con una caravana de nómadas, aunque el mero pensamiento hacía que se estremeciera. Nómadas... Los rumores hablaban de gentes incivilizadas que eran capaces de asesinar a sus semejantes por un poco de agua. No creia de verdad que dichos rumores fueran ciertos, pero aún así no podia evitar sentir un gran temor hacia lo desconocido. No podía evitar imaginar lo que podrian pensar al verla, una mujer joven, sola, suave cabello castaño claro, piel clara y ojos verdes...Temía convertirse en un mero objeto de deseo. La verdad fuera dicha preferiria morir antes que dejar que sucediera eso.

Tres días y medio más tarde Aerith vagaba sin rumbo, exhausta. Había empezado a ver espejismos y la deshidratación hacía presa en ella. No podía aguantar más y, desfallecida, cayó al suelo. Recuperó la conciencia un instante, y creyó ver una sombra ocultando el sol abrasador que atravesaba sus párpados. Se arriesgó a abrir los ojos y lo único que atinó a ver fue azul. Ojos azules, un azul tan intenso que parecia brillar. Agotada cerró los ojos y pensó "Me gusta ese azul". Despues de esó se sumió otra vez en la inconsciencia.


El hombre no podía salir de su asombro. Le había parecido ver a alguien atravesar el desierto, pero nunca hubiera podido imaginar que se tratara de una mujer. Moviendose con delicadeza la cogió por la muñeca y le tomó el pulso, aún vivia. En ese momento ella abrió los ojos. Zack contuvo la respiración, asombrado. El verde esmeralda de esos ojos era tan profundo como un pozo. De repente sintió la necesidad de ayudarla, de protegerla. Era un instinto que provenia de la parte más remota de su mente, un instinto que seguiría, como había hecho durante los últimos ocho años. En un momento los recuerdos acudieron a él...

Su padre había apagado el fuego, se hallaban acampados a alguna distancia de las ruinas de la gran ciudad. Era una tradición, cada primogénito o primogénita de su família debía adentrarse en esas ruinas, encontrar el antiguo templo, beber del agua bendecida y regresar. Zack acababa de hacerlo. Ayer mismo había regresado de su ordalía y ya podía ser considerado un hombre. Hoy celebrarian una fiesta y, ante la Espada del Héroe, Zack prometeria comportarse como se esperaba de él. Tenian una buena razón para mantener esa tradición. Muchos años antes, alguien habiá clavado la espada en la tierra. Las viejas leyendas decían que el gran héroe Strife la había dejado allí como recordatorio de su mejor amigo y mentor, cuyo nombre había sido olvidado hacía tiempo. Nadie sabía nada más de él, pero cerca de ese lugar uno podía percibir sensaciones extrañas, rumores de heroismo y alegria, de dolor y tristeza, de honor y sacrificio... Pero ahora no era momento para la tristeza, ¡Sino para la celebración! Y en eso estaban cuando fueron atacados, de repente un enorme enjambre de monstruos se abalanzó sobre ellos. Tras matar a tres la espada de Zack se rompió, desesperado, corrió hacia la Espada del Héroe y, sin saber lo que hacía ¡La arrancó del suelo! Imposible explicar lo que ocurrió a continuación, parecia que el mundo se moviera a cámara lenta, cayó sobre los monstruos, uno tras otro fueron cayendo ante la espada. Con una fuerza, habilidad, destreza y experiencia que sabía que no poseía, Zack luchó hasta acabar con el último monstruo. Entonces vió que nadie más había sobrevivido, sólo él permanecia en pie, erguido sobre una alfombra de cadáveres. El cansancio se apoderó de él y, sólo en el mundo, con la espada aún sujeta en la mano, se desplomó. Nunca supo cuanto tiempo transcurrió, pero al abrir los ojos observó la devastación. Aunando fuerzas de flaqueza dispuso tantas piedras como personas habían muerto y en cada una de ellas grabó un nombre. A continuación se colgó la Espada del Héroe a su espalda y se alejó de allí. Vagó sin rumbo, el pesar de no haber podido salvar a su família le atormentaba, y al fin llegó a un risco, al fondo se veía fluir la Corriente Vital, creyó que esa era la solución a su pesar y se arrojó si pensarlo, deseando morir.

No murió sin embargo, se encontró en un espacio blanco sin límites, y allí, esperándole, un hombre. Era algo más alto que él, su puntiagudo cabello negro tenia el brillo del azabache, una cicatriz en forma de x lucía ostentosa en su mejilla, salvo la cicatriz parecía una versión mayor del própio Zack. Vestia un extraño uniforme negro y la sonrisa en su cara inspiraba la más absoluta confianza. No obstante, lo más extraordinario eran sus ojos, de un azul violáceo y con un extraño brillo. Entonces el hombre habló:

-Tienes mi espada.

-¿Qué?

-Cargas con mi espada, lo que significa que el planeta te ha elegido. ¡Alegrate, hombre! Vas a ser un héroe.

-Héroe...-Zack soltó una risotada sarcástica- ¿Héroe dices? Cómo voy a ser un héroe si no he sido capaz ni de salvar a mi família. Cómo puedo ser un héroe si les he fallado.

Entonces Zack rompió a llorar. Lloró hasta que una mano se posó sobre su hombro. Miró hacia arriba y vió al hombre que le lanzaba una mirada llena de preocupación.

-Sé que nunca vas a perdonarte, pero piensa en esto: ¿tienes qué? ¿Dieciséis años? Y aún así has luchado con valor, has sido capaz de no darte por vencido, has estado dispuesto a dar tu vida por los tuyos. Tu padre y tu familia estarian orgullosos de tú. Has sobrevivido, y para ellos eso és lo más importante. Piensa que un héroe no deja de ser una persona normal, con virtudes y defectos. Lo que los convierte en héroes és el hecho que no se dan por vencidos, que no se derrumban ante la pérdida o la adversidad.

-¿Que debo hacer entonces?

-Recuerdales, no les olvides, pero no dejes que eso coarte tu futuro. Sigue adelante, sabiendo que has hecho todo lo que estaba en tu mano.

-¿Cómo sabes tanto sobre eso?

-Porque yo fui el propietario de la Espada Mortal. Me fue entregada por mi maestro cuando murió, y, al morir yo se la entregué a Cloud Strife.-El hombre cogió la espada, la levanto y apoyó la frente en ella.- Esta espada no és una simple arma. Representa el honor y los sueños de su propietario. Por mi honor y mis sueños di mi vida al salvar a Cloud, aunque eso significó perder no sólo mi vida. También mi amor...

-¿Cómo...

-¡Nah, dejalo! És una vieja história. En fin, regresarás a la superfície con mis conocimientos y habilidades, ¿Vale?

-¡¿Qué?! Pero...¿Qué significa "con mis conocimientos"?¿Dejaré de ser yo para ser tú, o qué?¡No quiero desaparecer!¡NO!¡Me niego a ello!

-¡Whoa! Eh, tranquilo chaval. Verás lo que quiero decir és que cuando regreses arriba seguirás siendo tú, aunque sabrás luchar tan bien como yo. Además tendrás mi fuerza, velocidad y resistencia.-El hombre le dirigió una mirada irónica y con una sonrisa dijo- ¡Y tus ojos serán irresistibles para las chicas!¿Te parece bien?- Zack solo pudo asentir- Bueno, pues entonces supongo que nos despedimos aquí. ¡Cuidate, chaval!

-¡Espera!- El hombre se detuvo y se dio la vuelta, dirigiéndole una mirada curiosa.- Oye, verás... Yo...Bueno...¿Como te llamas?

-¿Porqué quieres saberlo?

-Bueno, si tú eres el tipo al que el gran héroe Strife respetaba tanto... Digamos que siempre he sentido curiosidad por tu nombre.

-¡¿Gran héroe Strife?!-El hombre empezó a carcajearse- ¡Oh!¡Ese cabeza de chocobo no sabe la de bromas que se le vienen encima!¡Jajaja!¡Madre mia! Lo que me voy a reir cuando se lo diga.- De repente se percató de Zack y le dijo- Acabas de regalarnos a mi y a Cloud unos cuantos años de bromas y risas, así que te voy a decir mi nombre. Me llamo Zack. Zack Fair.


Bueno, ¿Qué os parece?