Hola a todos! Bueno, como veis no he tardado mucho en empezar una nueva traducción… es que estoy enganchadísima; no puedo parar! Esta vez la historia que he elegido se titula "A marriage of convenience" y su autora es Boogum.

La historia me ha parecido bastante interesante; en ella, Ginny recibe una invitación para asistir a una fiesta de la alta sociedad que, además, sirve para que los asistentes se comprometan. Sin embargo, las brujas no pueden rechazar el compromiso y, como os habréis imaginado, será súper Draco Malfoy quien se le proponga. Qué ocurrirá? Además ya está terminada y tiene nada más y nada menos que… 1000 reviews! Ya sólo por eso creo que ha merecido la pena escogerla. Espero que os guste mucho. Un beso!

Capítulo 1: La carta

Ginny clavaba la vista en la carta que sostenía entre las manos, al tiempo que sus almendrados ojos se abrían como platos y abría la seca boca, tragando saliva. Entonces arrugó el pergamino que acababa de leer, cuyas elegantes letras parecían bailar y corrió hacia la entrada de la casa. Una vez allí salió de la casa hasta el jardín, donde Molly Weasley regaba las plantas.

- ¡¡Mamá!!

- No me chilles al oído, Ginny- contestó la mujer, girándose hacia su hija y sorprendiéndose por su excitación y el rubor de sus mejillas- ¿Qué pasa?

Ginny le tendió el pergamino en silencio. Se trataba de la carta que llevaba esperando desde que había cumplido los diecinueve años hacía apenas tres días; aquélla que su madrina había prometido enviarle cuando cumpliera dicha edad.

- ¡Vaya, te la manda Celia!- dijo Molly, con una amplia sonrisa.

Celia Anderson era la mejor amiga de Molly y la madrina de Ginny, además de la persona que siempre le hacía los mejores regalos, como ropa nueva o varitas, siempre y cuando las necesitara. También se había comprometido a presentar a Ginny en sociedad, tal y como todas las pura-sangre hacían cuando alcanzaban la edad de diecinueve años, puesto que lso Weasley no podían permitírselo.

Sin embargo, a diferencia de las demás chicas, que prestarían más atención a encontrar un buen marido allí, Ginny estaba mucho más excitada pensando en el baile, el precioso vestido que llevaría o la cantidad de comida que tomaría. También podría quedarse en Londres en la increíble casa de Celia, tal y como la carta indicaba. Todo aquello la estaba volviendo prácticamente loca.

- Quiere que pases unos días con ella en Londres, hasta que tenga lugar la fiesta- continuó Molly, sonriendo, con una mano en el corazón y mirando a su hija- ¡Oh, Ginny, es maravilloso! ¡Podrás conocer a un montón de chicos interesantes e ir a un montón de bailes y fiestas!- su sonrisa se amplió un poco más, mientras sus ojos se humedecían- Aún recuerdo mi primer baile; Arthur se me presentó y empezamos a salir en secreto. Por supuesto, mis padres estaban muy disgustados con mi elección pero, aún así…

- Mamá, por favor- la interrumpió Ginny súbitamente- Entonces, ¿le digo que iré?

- ¡Por supuesto!- exclamó Molly felizmente- De hecho, tenemos que empezar a hacer ya las maletas; Celia quiere venir a buscarte mañana- de pronto, su sonrisa se debilitó y sus arrugas se enfatizaron- Estoy tan emocionada; tenía tantas ganas de que Celia hiciera esto contigo… Puede que los chicos sean un poco infantiles, pero no me perdonaría que te perdieses el acontecimiento más importante para una pura-sangre. Sin embargo, hay una cosa que tengo que decirte al respecto, Ginny.

- ¿De qué se trata?- preguntó Ginny, con mucha curiosidad.

- Si un mago te pide en matrimonio deberás aceptarlo. Esta fiesta se conoce precisamente como "El Baile del matrimonio" porque, en un momento dado, los magos pueden elegir a las brujas que se convertirán en sus esposas. Aún así, no creo que haya suerte en ese aspecto…

Ginny asintió, sabiendo de antemano que su pobreza y su escasa reputación impedían que se convirtiera en una de las favoritas.

- De todas formas, se trata de una tradición antiquísima que no puedes romper, porque estarás unida mágicamente al mago que te elija desde el momento en que lo haga. La costumbre nació hace mucho tiempo, cuando los pura-sangre se estaban extinguiendo y, para evitarlo, los padres decidieron crear un conjuro para que sus hijos se casaran pronto. Los magos tienen muy en cuenta esta tradición, así que ten cuidado. Bueno, de todas formas los chicos ya saben a quién elegirán, así que no creo que haya ningún problema…

Ginny asintió con seriedad, aunque le hizo gracia que su madre pensara que algún mago se fijara en ella; era una Weasley, por Dios…

- Bueno, será mejor que la conteste cuanto antes- dijo Ginny con una sonrisa, antes de salir disparada hacia su habitación. Allí cogió un pergamino y tinta y, después de pasarse unos instantes pensando y mordiéndose el labio, escribió.

Querida Señora Anderson:

Muchas gracias por haberme invitado a pasar estos días en Londres. Mamá me ha dado permiso para ir, así que estaré lista para mañana. Estoy muy contenta por verla de nuevo, aunque espero no estorbarla demasiado.

Con amor, Ginny.

A continuación, la pelirroja cogió más pergamino para escribir a todos sus amigos, incluyendo a Harry y Hermione, contándoles que iría a Londres para quedarse con su madrina. Estaba tan emocionada que la tinta salpicaba por todo el papel, haciendo la escritura casi ilegible, aunque confiaba que se entendiera.

Al acabar, Ginny bajó las escaleras y se sentó en la mesa, deseando que el tiempo pasara lo más rápido posible para ir a Londres. Estaba volviéndose loca, pensando en que, en poco tiempo, estaría bailando, bebiendo champaña y comportándose como una auténtica dama. ¡Sería tan maravilloso! Al menos, eso pensaba…

- ¿Por qué estás tan contenta?- preguntó Ron con curiosidad, nada más aparecer por la puerta. Acababa de mudarse a un piso compartido con Harry y ambos se estaban preparando para convertirse en aurores.

- La Señora Anderson me ha invitado a pasar unos días con ella en Londres para ir al Baile. ¡Voy a ir a Londres, Ron!- exclamó Ginny, saltando de alegría.

- Tranquilízate un poco- contestó Ron, haciendo que su hermana se sonrojara.

- No puedo; estoy muy nerviosa. Es que nunca me había pasado algo así y ahora, de pronto, voy a ser presentada en sociedad. ¡Es el sueño de cualquier chica!

- Pues yo no veo qué tiene de increíble; vas a vestirte como una idiota, rodearte de chicas idiotas y tendrás que hablar con idiotas prepotentes como Draco Malfoy. Vas a estar rodeada de cretinos presuntuosos que presumirán de lo que no tienen y lo sabes.

- Bueno, tal vez yo también sea una presuntuosa- refunfuñó Ginny- No voy a dejar que me estropees este momento, Ron. Además, dudo que Draco Malfoy me dirija la palabra especialmente a mí; seguramente tendrá mil chicas más con las que hablar…

- ¿Y si son todos como él, qué?- preguntó Ron, levantando una ceja y sentándose.

- Eso no pasará- dijo Ginny firmemente. Al menos, eso esperaba. Siempre había soñado con asistir a una de aquellas grandiosas fiestas y conocer a un apuesto joven que se la llevara en brazos. Por supuesto, también sería rico y encantador…

- Bueno, si tú lo dices…- replicó Ron, llevándose un trozo de pan a la boca- Entonces, ¿cuándo te marchas?

- Mañana, aunque aún no sé la hora exacta. Me ha prometido llevarme de compras- añadió Ginny, con una sonrisa infantil- Por fin podré llevar todos esos vestidos que veíamos en las revistas.

- Vas a encajar completamente entre esa gente- dijo Ron, riéndose- Pero bueno, si eso es lo que quieres…

- Pues sí- repuso Ginny, firmemente- Y pienso disfrutarlo al completo.

OOOO

La cena de aquella noche resultó ser bastante extraña. Ron siguió molestando a Ginny con el baile de Londres, diciéndole que algún mago viejo y decrépito le pediría en matrimonio, mientras Molly lo corregía recordando su propio baile. Arthur era el único a quien parecía darle igual la noticia, mientras comía la cena en silencio. Ginny se preguntaba qué ocurría con él y, al terminar la cena, sintió una cierta desconfianza cuando Arthur la invitó al salón.

- Cierra la puerta al entrar, Ginny- ordenó Arthur con seriedad, alertando aún más a la chica aunque obedeciera.

Al girarse, observó que su padre se encontraba sentado en un ajado sillón, mirándola con ojos enternecedores. Era la primera vez que la miraba así.

- Ven, siéntate junto a tu viejo padre- sugirió Arthur, indicándole a Ginny mediante un gesto que se sentara. Los grandes ojos de la chica lo miraron a la cara, mientras sus labios se tensaban.

- ¿De qué quieres hablar conmigo, papá?

Arthur se le acercó un poco más y le acarició el rostro, mirándola fijamente a los ojos.

- Ginny, tú eres mi única hija. Siempre has sido una buena chica; a veces un poco traviesa, pero muy sensata y obediente también.

Ginny lo miraba fijamente, preguntándose a qué venía aquello. ¿No estaría tratando de evitar que fuera a Londres? La chica se paralizó. Aquél había sido su sueño desde siempre y, ahora, ¿pensaba arrebatárselo?

- Nunca has estado en un ambiente como el del Baile y no sabes cómo es, así que tan sólo prométeme que serás tú misma sin importar las circunstancias y que tendrás cuidado con…

- Lo sé- lo interrumpió Ginny con una sonrisa- "Ten cuidado con los magos que te propongan matrimonio". Papá, no creo que nadie lo haga; soy Ginny Weasley.

Era la chica que llevaba ropa heredada de sus hermanos; el "cajón desastre", como Draco Malfoy le había llamado alguna vez. Su cuerpo no tenía nada de especial, igual que su cara, aunque la gente solía decir que era muy guapa. No tenía ninguna cualidad física destacada, aunque llamaba la atención por el fiero espíritu que parecían reflejar sus ojos almendrados, convirtiéndola en una chica radiante y cautivadora. Sin embargo, en el fondo Ginny Weasley no era más que una chica corriente, pelirroja y con pecas, herencia de los genes Weasley.

- Los magos son impredecibles- añadió Arthur, con un suspiro- y sólo quiero que te cases con la persona a la que verdaderamente quieras. Desearía que no tuvieras que correr este riesgo…

- No tienes de qué preocuparte- contestó una sonriente Ginny- Estaré bien y estoy segura de que la señora Anderson cuidará muy bien de mí.

- Espero que tengas razón.

Ginny sonrió y abrazó a su padre.

- Muchas gracias por preocuparte, papá, pero estaré bien. De verdad.

- Lo sé, lo sé- dijo Arthur, con una débil sonrisa- Pero es deber de un padre preocuparse por su hija.

- Bueno, entonces también es deber de una hija decirle a su padre que no se preocupe más por ella- contestó Ginny, antes de besarlo en la mejilla- Te quiero mucho, papá, pero también quiero hacer esto. Siempre he soñado con ir a los bailes y fiestas con los que siempre he soñado y eran inalcanzables para mí. Lo entiendes, ¿verdad?

Arthur asintió.

- Lo entiendo, Ginny, pero aún no puedo creerme que mi pequeña haya crecido tanto y que vaya a debutar como pura-sangre.

Ginny sonrió.

- Pues espero que te lo creas y que te alegres por mí. No me lo pasaría bien sabiendo que mi padre está disgustado.

- Estoy muy feliz por ti, pero recuerda lo que te he dicho; sé fiel a ti misma, Ginny, pase lo que pase…

OOOO

Ginny yacía en su cama, observando la tenue luz de la luna traspasando las claras cortinas de la habitación y desprendiendo una luz plateada. Sus ojos se paseaban por su cuarto, fijándose en la sombra de sus cosas y sabiendo que, al día siguiente, se habría ido.

Había estado dándole vueltas a la conversación que había mantenido con su padre. Seguí igual de nerviosa, pero empezaba a preocuparse por cómo podrían desarrollarse las cosas. ¿Por qué estaba tan preocupado por que cambiara? ¿Por qué creía que algo así ocurriría? No eran más que unos simples bailes y fiestas, nada que pudiera tentarla a convertirse en alguien que no era. Debería saber que aquello no ocurriría; siempre había sido fiel a sí misma y siempre lo sería.

- No voy a cambiar… Seguiré siendo yo misma…

Pronunció aquellas palabras con decisión, pero seguía estando preocupada. Además, pensar que algún mago pudiera elegirla realmente la alteraba bastante. Molly había descartado aquella posibilidad, pero Arthur realmente creía que pudiera ocurrir. Bueno, seguramente volviera a estar haciendo una montaña de un grano de arena.

Ginny suspiró y se dio media vuelta, concluyendo que no tenía sentido preocuparse por nada. Iría a la fiesta y se divertiría, tal y como había planeado, demostrando así a Arthur y a Ron que no había nada de lo que preocuparse. Volvería bien y soltera, a no ser que conociera al apuesto, rico y encantador caballero que se la llevaría en brazos…

Con una sonrisa dibujada en su rostro, Ginny cerró los ojos y abandonó todas las absurdas ideas que corrían por su mente, dejando pasa a pensamientos más agradables, hasta que se quedó dormida. Entonces, soñó con vestidos espectaculares y guapos caballeros que se enamorarían de ella a primera vista…

Próximo capítulo: Como un cuento de hadas

¡Hola! Bueno, qué os ha parecido? La verdad es que me parece que la historia promete y éste, para ser un capítulo introductorio, ha resumido bastante bien lo que va a pasar después (vamos, que será Draco quien le pida en matrimonio). En fin, espero vuestras opiniones con impaciencia. Un beso!