Mis pequeños demonios

Capitulo 1: El regalo de Aro.

Ring, ring…

Ni medio segundo después de que el teléfono sonara la receptora descolgó el auricular.

-Dime –dijo una voz muy femenina un poco enfadada.

-Bella, ¿dónde estás? Te estamos esperando todos. ¡No te puedes perder el cumpleaños de Esme!

-Lo sé Edward, créeme que lo sé. Pero esa hija tuya no se dónde demonios está…

Reneesme habia salido con sus amigos del instituto y no habia vuelto a tiempo para el cumpleaños de su abuela. Su madre se habia puesto extremadamente nerviosa, habia cogido el coche y habia salido a buscarla por los locales de moda de Port Angeles, pero Reneesme no estaba allí. No estaba en ninguna parte, es como si hubiera desaparecido.

Bella llamó en varias ocasiones al teléfono móbil de su hija pero no le contestaba, igual que Jacob, cosa que indicaba que estaban juntos y no con sus amigos. La joven vampira no entendia qué necesidad tenia su hija de mentirle. ¡Toda la familia Cullen sabia que acabaria con Jacob desde el dia que nació!

-Voy a matar a Jacob –dijo Bella a su marido por el manos libres conduciendo a más de 120km/h por una autopista poblada de automóbiles.

-Conserva la calma –le pidió Edward preocupado aunque confiaba ciegamente en que no le pasaria nada. Sin embargo, temia que Bella fuera muy dura con Reneesme. Tampoco podia culparla, su hija estaba atravesando unos años muy difíciles, la adolescencia, y siendo medio vampira, estaba más revolucionada que cualquier humano a los 16 años.

-Cogeré la carretera de La Push porque sospecho que está con Jacob. Ninguno de los dos me coge el teléfono. Tardaré bastante Edward, hay un atasco terrible- anunció Bella. Sonaba muy fastidiada. Edward sabía que ella odiaba las fiestas, pero las de Esme eran siempre muy íntimas y Alice no se sobrepasaba con los preparativos. Realmente a Bella le sabria mal perderse el cumpleaños de Esme, pero ya no podian esperar más ya que Carlisle empezaba a trabajar dentro de una hora.

-Lo siento muchísimo, díselo a Esme ¿vale? –dijo Bella tocando el cláxon desesperada.

-Te quiero –le recordó Edward- Conduce con cuidado.

-Y yo a ti- le contestó su esposa y colgó el teléfono.

Edward también colgó y se dirigió a su familia. Esme estaba abriendo los regalos con emoción pero se fijó en la cara de Edward caundo este llegó junto su hermana Alice. Esme no dijo nada sobre la ausencia de Bella y Reneesme y alabó el regalo de Alice, pero Edward estaba tan preocupado por su mujer que ni siquiera se dio cuenta de qué era.

-Vamos a ser un poco humanos –dijo Carlisle bajando la música de fondo y sacando una caja de madera muy antigua- brindemos por Esme y por… bueno, porque cumpla muchos más.

Alice y Emmett rieron de las palabras de Carlisle. Era evidente que Esme cumpliria muchos más sin que nada le ocurriera a su magnífico aspecto.

-¿Qué tienes ahí, Carlisle? -preguntó Alice con curiosidad.

-Como si no lo supieras –bromeó Jasper.- ¿Qué es? Parece muy antiguo.

Carlisle, sintiéndose el centro de atención fue poco a poco a abrir la caja y aún más a rebelar su contenido. Suspiró un poco triste.

-Queria hacer esto cuando estuvieramos todos –dijo apenado. Edward se sintió bastante mal y se disculpó por la ausencia de su hija ante su familia.

-Lo siento –dijo mirando a Esme- Siento que Reneesme no esté aquí. Es ese perro que la confunde.

-No te preocupes, cielo –contestó Esme, tan comprensiva y cariñosa como siempre- todos hemos pasado la adolescencia. Además, Reneesme está bien acompañada y no le va a pasar nada. Es una chica fuerte.

Edward sonrió melancólico. Como siempre, Carlisle intervino para romper el ambiente tenso que habia en la habitación.

-El caso es que esta botella de champan –la sacó con mucho cuidado de la caja- me la regaló Aro cuando estuve con ellos en Italia. Os podeis imaginar que es muy antigua, ya en esos tiempos lo era. Imaginaos ahora.

-Perfecto, ¡brindemos! –dijo Emmett emocionado, y riendo añadió- A lo mejor tiene tanto sabor que lo notamos un poco.

Rosalie puso cara de especticismo.

-Queria brindar porque me parece un buen dia para hacerlo –dijo Carlisle- Es igual que no sintamos el gusto que tiene esta reliquia embotellada. Simplemente me apetece celebrar que somos una familia grande y feliz. Alice, acércame unas copas.

Alice fue con su habitual caminar de bailarina a buscar las copas. Jasper miraba la botella ensimismado y Esme parecia muy feliz. El único que estaba nervioso y no conseguia disimularlo era Edward.

Carlisle llenó las copas hasta arriba y las repartió a los presentes. Alzó su copa con una gran alegria en el rostro.

-Por Esme –miró a su mujer con los ojos chispeantes de emoción- por los siglos que he pasado a su lado y los muchos que quiero pasar.

Todos brindaron con emoción, menos Carlisle a quien en ese momento le sonó el teléfono. Puso cara de circunstancias, se disculpó y dejó su copa sin tomar encima de la mesa. Esme, también sin beber, salió detrás de él dejándo a sus hijos adoptivos en la sala.

-Mejor –dijo Emmett- más champan para nosotros.

Y dicho esto se tomó de un sorbo la copa de Esme y le pasó a Jasper la copa llena de Carlisle.

-Sabe a algo… como a agua –dijo Edward- o como recuerdo que sabía el agua. Debe ser por la antigüedad.

-A mi me da igual –dijo Emmett contento- es una ocasión especial ¿no? Pues brindemos por Esme y por nuestra familia. Bomboncito bebe un poco –dijo dirigiéndose a Rosalie que cogió la copa y bebió un poco con mala cara.

Un poco más tarde, Esme volvió.

-Carlisle se ha ido un poco antes, ha habido un incendio y hay un par de heridos –anunció Esme -¿Os lo habéis bebido todo?

Emmett rió divertido.

-Os va a sentar mal –dijo Esme recogiendo el papel de regalo que ella antes habia tirado al suelo.

-Me gustaria verlo –le contestó Emmett divertido. Vació su copa con un estrépito innecesario y dijo- Me voy a cazar ¿Quién se apunta?

Jasper dio un paso adelante y chocó la mano de Emmett que sonó como dos coches en colisión.

-¿Te vienes corazón? –le pidió Emmett a su Rosalie mientras la rodeaba por la cintura y le ofrecia un tierno beso en la mejilla. Ella le contestó que preferia quedarse en casa para esperar a Reneesme, su sobrinita del alma.

Alice también se quedó ayudando a Esme a recoger las cosas. Edward, que estaba muy angustiado decidió ir con sus hermanos para ver si se despejaba un poco. Esperaba que Bella no tardara mucho en volver con su hija. Su querida hija que se hacia mayor tan deprisa… Ojala hubiera sido cien por cien humana y hubiera podido disfrutar más de su infancia. Pero no, ya era una adolescente hermosa y despreocupada.

Edward saltó por la ventana detrás de Jasper.

-¡Vaya tres! –exclamó Esme divertida- en fin, ya he cumplido otro año más. ¿Quién es la próxima?

El próximo cumpleaños era el de Alice, pero debido a su don a ella no se le podian preparar sorpresas. Una vez lo intentaron. Le regalaron a ella y a Jasper un billete a la antípodas mientras ellos lo organizaban todo en casa y decidian qué le gustaria más a Alice. Pero no sirvió de nada, ella siempre lo adivina todo.

Cuando estuvo todo recogido, Esme se sentó delante de la televisión. Así esperaba cada dia a que su Carlisle volviera de trabajar. Alice estaba en su dormitorio ordenando la ropa, esta vez por colores y Rosalie estaba en el baño.

Esme se acurrucó en el sofá, bastante cómoda. Si se hubiera podido quedar dormida, en ese momento lo hubiera hecho, sin duda.

-¡Voy yo! –gritó Alice –Es Bella.

Se plantó delante del teléfono esperando a que sonara. En seguida sonó el primer timbrazo y Alice respondió con una gran rapidez.

-Dime Bella. […]Si, ya lo sabía. […] Edward está cazando. Cuando regreses ya estará aquí. […] Saluda a Jacob. […] Esme está aquí, ¿te la paso? […] Vale, se lo diré. Hasta ahora.

Alice colgó y se dirigió a Esme que la miraba tumbada sobre el elegante sofá del salón sin prestar atención a las noticias.

-Reneesme estaba en La Push, en la playa con Jacob. Ya sabes –dijo Alice despreocupada- habia perdido la noción del tiempo. Ahora Bella la trae, se la veia más tranquila.

Esme sonrió y cambió de canal. De repente, ambas miraron hacia arriba.

-¿Rosalie? –preguntó Esme -¿Qué haces?

No hubo respuesta alguna. Se escuchó un grito ahogado. Esme subió corriendo y abrió la puerta del baño. Rosalie estaba allí, en el suelo tumbada. Habia un gran bote de maquillaje tirado en el suelo. Esme se quedó perpleja… no podia encontrarse mal. Los vampiros no tenian enfermedades, ni gripes, ni dolores agudos de varriga… Ni palidecían.

Pero Rosalie estaba pálida, demasiado pálida para un vampiro. Estaba casi transparente. Esme se arrodilló a su lado.

-¡¡¡ROSE!!! –gritó asustada. Le cogió la mano muy fuertemente- No te asustes cariño, no es nada, yo estoy contigo.

Pero Rosalie estaba muy pálida y temblaba descontroladamente. Esme le cogió la mano más fuertemente. Y, horrorizada, vió ante sus ojos como su mano se encogia.

Miró a la bella muchacha que respiraba entrecortadamente en el suelo y gritaba. ¡No era su Rosalie! Estaba encogiendo.

Esto no podia estar pasando. Si fuera humana seria una pesadilla, sin duda, pero Esme no podia soñar. No podia soñar de la misma manera que el cuerpo de Rosalie no podia cambiar de ninguna de las maneras. Rosalie se congeló a los dieciocho, y seguiria teniendo dieciocho siempre.

Pero sus ojos no le decian lo mismo. Allí estaba Rose, en el suelo, respirando con mayor normalidad y con el aspecto de una chica de unos catorce años. Hermosa, la belleza personificada, pero más joven. Mucho más joven. Aquello no podia estar pasando.

Rosalie estaba asustada, y eso que todavia no se habia visto.

-¡ALICE! –gritó Esme- Alice traéme el teléfono. Carlisle sabrá qué hacer.

-¿Qué pasa, Esme? –dijo Rose levantándose y resbalando dentro de unos zapatos de tacón dos o tres tallas grandes. Rose observó sus ropas que le venian tan grandes. -¿Qué es esto?

Alice entonces apareció. O como mínino parecia Alice. Una chica de catorce años, morena y muy delgada, con una gran sonrisa que miraba aterrorizada a Rosalie. Alice le tendió el teléfono a Esme.

Esme lo cogió y se puso de pie mientras marcaba el telefono de su esposo. Se equivocó. Volvió a marcar y se volvió a equivocar.

-Tranquila Esme –se dijo a si misma- no pasa nada. Debe ser… ¡Vale! ¡Lo admito! No tengo ni idea de que es. Pero Carlisle lo sabrá y en seguida me dirá que tengo que hacer.

Oyó un gran grito de Rosalie. Seguramente acababa de verse en el espejo y gritaba como una loca cosas como "¿Qué pasa?", "¡Alice no te rias!" y "Esto no me puede estar pasando a mi."

En ese momento llamaron a la puerta. Esme corrió a abrir. Serian Bella y Reneesme. Pero no.

Un Emmett de ocho años con un corte en el labio estaba allí sonriente con las ropas muy grandes. Solo con los pantalones del Emmett adulto se podrian hacer tres vestidos para este nuevo Emmett. Parecia mucho más pequeño que Rose y Alice. Con él habia un chico de aspecto tenso que era Jasper, sin duda. Un pequeñín lleno de cicatrices y con expresión seria.

A su lado estaba Edward, que parecia tener unos años más que Emmett y Jasper. Era como si Emmett y Jasper tuvieran cerca de los ocho, Edward unos doce y Alice y Rose unos catorce. A Esme le dio un vuelco la cabeza, una cosa parecida al mareo.

Esme se sorprendió tanto que se olvidó de que estaba llamando a su esposo.

-¿¿ESME?? –gritó el auricular.

-Carlisle… ven pronto a casa. Tenemos un problema. Y grave…

Continuará…