Ahora viene la misma historia pero desde el punto de vista de Orihime, claro que, no se queda en eso… la historia continua.

Espero que os agrade.

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Tercera Ley de Newton o Principio de Acción y Reacción

"Por cada fuerza que actúa sobre un cuerpo, éste realiza una fuerza igual pero de sentido opuesto sobre el cuerpo que la produjo".

Orihime era una chica sencilla de gustos sencillos, ella no le pedía demasiado a la vida, solo poder terminar cada día con una sonrisa. Por eso, cada cosa que recibía era bienvenida, por poco de fuera.

Cada día se apresuraba a coger el tren que la llevaba de vuelta a su casa, en realidad no tenía por qué hacerlo, podía ir tranquilamente y coger el siguiente, pero le gustaba coger precisamente ese. Lo hacía por que, cada día, invariablemente, al llegar a la estación encontraba a aquel chico sentado en el mismo banco.

Ese chico siempre estaba allí, con las manos metidas en los bolsillos y un gesto huraño en el rostro. Ella le miraba disimuladamente y respiraba satisfecha. Luego llegaba el tren y subía, sentía los pasos del chico siguiéndola, sentía su imponente figura detrás suya, casi podía olerle. Era un chico alto, de pelo largo y rojo recogido en una coleta alta, cuerpo musculoso y expresión de estar enfadado con el mundo, Orihime no sabía por qué pero le gustaba mirarle, tenía algo que la atraía pero ¿qué? No importaba, Orihime se sentaba y sacaba una de sus novelas, hacía que leía pero en realidad dirigía miradas de soslayo a aquel extraño.

Pero eso era antes, ahora, gracias a su despiste, podía disfrutar cada día de su compañía. El chico se llamaba Renji Abarai y había sido tan amable de recoger su bolso cuando ella se lo dejó en el tren y devolvérselo; ese día el cansancio hizo mella en su cuerpo y terminó dando cabezadas, al llegar a la estación él la despertó algo bruscamente y ella bajó corriendo del tren, dejando su bolso abandonado en el asiento que ocupaba, él fue tan considerado de bajar en la siguiente estación y regresar con su bolso, ella no sabía como agradecérselo y a pesar de que el chico la intimidaba un poco, se decidió a invitarle. Desde entonces, ya no tenía que disimular cuando llegaba a la estación, ahora podía acercarse directamente a él y saludarle, ahora subían juntos al tren y juntos hacían el trayecto.

Así pasaron los meses y poco a poco empezaron a conocerse. Orihime se dio cuenta de que, a pesar de la aparente dureza y frialdad que el chico se empeñaba en demostrar, en realidad era atento y bastante reservado.

Y como Orihime pensaba que la vida te da pocas oportunidades y hay que saber aprovecharlas, haciendo acopio de todo su valor, a la hora de despedirse se aventuró a darle un beso en la mejilla. Salió de allí todo lo deprisa que pudo, sin atreverse a girarse, sentía vergüenza de sí misma y tenía miedo de lo que Renji pensaría por haber sido tan osada, pero a la vez se sentía aliviada por haber hecho algo que llevaba tiempo deseando hacer. Por suerte, al día siguiente Renji estaba allí, en su banco y la recibió con una sonrisa, débil, pero sonrisa al fin y al cabo.

Y así siguieron pasando los días y ellos cada vez estaban más cerca el uno del otro aunque aún se habían percatado, porque las cosas a veces suceden de una manera lenta pero inexorable, pasito a pasito, cuando te quieres dar cuenta ya has recorrido un montón de camino.

Llovía, era un día triste y plomizo, el agua caía sin cesar desde primera hora de la mañana y parecía haber llenado el ambiente de cierta tristeza y melancolía. Orihime, en lugar de bajarse en su estación, permaneció sentada al lado de Renji.

- Es tu estación Inoue.

- Ya, pero no voy a bajar.

- ¿Tienes cosas que hacer en otro sitio?

- Si, acompañarte a ti a tu casa.

Renji la miró con gran asombro.

- ¿Vas a… acompañarme a mi casa?

- Claro, está lloviendo y no tienes paraguas, no puedo permitir que te mojes.

Renji no pudo evitar soltar una carcajada.

- ¡Mira que eres tonta! No soy un niño pequeño y no me va a pasar nada por un poco de agua.

- ¡Me da igual lo que digas, te voy a acompañar!

Orihime tenía tal determinación en la mirada que a Renji le sabía mal seguir discutiendo por algo así, si quería acompañarle, la dejaría.

Llovía copiosamente. Ellos caminaban lentamente bajo el paraguas de Orihime, permanecían callados, parecía que la melancolía del ambiente se les había contagiado.

- Oye Abarai ¿Nosotros somos amigos?

- ¿Qué quieres decir?

- Quiero decir que hace meses que todos los días nos encontramos en la estación, que cogemos el tren juntos, que hablamos de nuestras cosas, eso es algo que hacen los amigos pero ¿Realmente somos amigos?

- Su… supongo que si ¡Que tontería!

- Ya pero… nosotros nunca nos llamamos por teléfono, ni nos juntamos con tus amigos o los míos, nunca hemos ido al cine, ni a ninguna fiesta o salido a pasear… nada que suelen hacer los amigos.

Renji se detuvo y la obligó a ella a pararse y girarse para mirarle.

- No te entiendo ¿Qué me estás intentando decir?

- Que… que… yo…

Renji se sentía extraño, de pronto un gran ansiedad creció dentro de él, era algo totalmente nuevo, un sentimiento difícil de explicar.

- ¿Me estas pidiendo… salir?

- ¡No, no! No es nada de eso, solo me preguntaba si realmente somos amigos o solo conocidos, gente que casualmente coinciden en una estación cada día y simplemente comparten ese corto trayecto. Nos cruzamos con decenas de personas al día, algunos son como pasajeros de un tren que llegan, se suben y bajan al llegar a su destino, no sabemos nada de ellos, ni nos importa, otros, sin embargo, dejan una huella en nuestras vidas y… A lo mejor piensas que estoy loca por decir todas estas cosas… no me las tengas en cuenta… será el día que me hace ponerme melancólica… venga, sigamos.

Orihime volvió a caminar pero Renji no la siguió, se quedó allí, quieto, parado bajo la lluvia, tratando de asimilar las palabras que Orihime acababa de decir.

- ¿Pero que haces ahí? - Orihime rehizo sus pasos y volvió a taparle con el paraguas - Venga, vamos.

- Inoue… Orihime… yo…. ¿Puedo llamarte Orihime?

Abrió los ojos llena de asombro.

- Cla… claro.

- Orihime no se me da bien hablar, así que, por favor, no me hagas repetir lo que te voy a decir - Desvió la mirada del rostro de la chica, las palabras no eran lo suyo, él no servía para hablar, él no era una persona de sensiblerías ni frases bonitas - Yo no quiero que tu… que seas un pasajero eventual en el tren de mi vida… tu…

Orihime le miraba cada vez más asombrada y con los ojos más abiertos.

- ¿Qué me quieres decir, Abarai?

- ¡Que me gustas, leches! - gritó de forma atropellada, casi parecía enfadado.

Sin que Orihime tuviera tiempo de reaccionar, arrebató de sus manos el paraguas tirándolo contra el suelo y la atajo hacia él rodeándola con sus brazos.

Orihime tardó unos segundos en darse cuenta de lo que pasaba pero cuando lo hizo enterró su cara en el pecho del chico y las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos de forma descontrolada, juntándose con el agua de lluvia.

- ¿Por qué lloras? ¿Te he ofendido?

- No… es porque… soy muy feliz…

- Creo que estoy enamorado de ti, tonta - susurró mientras ponía sus manos en las mejillas de la chica y la separaba suavemente de él para mirarla, su aspecto, mojado y lloroso casi era lamentable y a él le pareció muy tierno.

- ¿De veras te gusto, Abarai? - repitió entre sollozos.

- Renji… llámame Renji.

Fue lo único que dijo antes de besar sus temblorosos labios suavemente.

Se miraron y sonrieron… sobraban las palabras.

"Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: o sea, las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en direcciones opuestas".

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Y esto ha sido todo. Como dije una historia simple y sencilla. Se me ocurrió leyendo la tercera ley de Newton y eso de la acción-reacción y me pareció que podía aplicarse a la vida en general.

Espero que a alguien le haya gustado, yo la hice con mucho cariño, es mi pequeño homenaje a Renji Abarai y Orihime Inoue, nunca había pensado en ellos como pareja pero siempre me gusta probar cosas nuevas.

Muchas gracias por leer.