Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

'Londres' murmuraba para sí. '¿Por qué Londres?'

Edward caminaba por la calle con la cabeza gacha y pensando. Pensando en lo que le acababan de decir. Suspiró frustrado y supo que no tenía alternativa.

'Dios mío, dame una señal'. Pensó de forma sarcástica. Cuando levantó la mirada, vio algo que le llamó la atención.

Asociación contra el cáncer. No. de cuenta: 09349293 Tel: 24312332

Porque todos merecemos una segunda oportunidad.

Asamblea informativa hoy último día.

Aproveche su tiempo y dinero en algo de provecho.

Información con Isabella Swan. Tel: 23401923 (Confirmar asistencia)

Eso fue suficiente para que Edward lo tomara como señal. Apuntó ambos teléfonos, así como el número de cuenta. Tomó su móvil y marcó el teléfono indicado para apartar un lugar en la asamblea.

-¿Hola? –contestó una dulce voz femenina.

-Hola, habla…Anthony McCarthy, me gustaría apuntarme para la asamblea de este día, -dijo casualmente.

-Claro Sr. McCarthy. Será en el centro de convenciones a las tres en punto. Gracias por su apoyo e interés, esperamos verlo por allá. Su asiento será en la tercera fila.

-Gracias Srta. Swan.

-Llámeme Bella, hasta pronto Sr…

-Ed…Anthony, -cerró los ojos maldiciendo. Por poco y lo arruina.

-Claro, Anthony. Gusto en hablar con usted.

-Igual Bella.

Cerró su teléfono y siguió caminando. Había hecho algo bien, eso era seguro. Pero el problema es que aun no sabía qué. Fue a su hogar rápidamente y se dio una ducha. Cambió su caro e importado traje italiano por unos jeans y camisa. Se sentía libre con ese tipo de ropa, se sentía él mismo. Su reloj apenas marcaba la una. Fue a la cocina para preparar un sándwich rápido. Mantequilla de maní y mermelada, nada más rápido y delicioso.

Cuando terminó de limpiar faltaba solamente media hora. Como no pensaba llevar su auto, se fue caminando. Era un día nublado en Seattle, nada raro. Edward amaba la lluvia, su vida en Seattle era grandiosa. Aunque hace 10 años no le pasara por la cabeza. Pero aun así Seattle se había metido en su sangre. Aun conservaba su acento británico, el cual era más notable cuando estaba nervioso. Sus amigos se lo recordaban cada vez que hablaba con una mujer hermosa. Torció la boca al recordarlo. No había conseguido nada serio desde Tanya, ella había arruinado su confianza en él mismo.

Llegó a la entrada del centro de convenciones justo a tiempo. Buscó la tercera fila y encontró un lugar con una hoja de máquina que decía 'Sr. McCarthy'. Se rió por su gran mentira. Fue a sentarse ahí y después miró alrededor. El salón era elegante, muy espacioso. Es escenario era enorme con piso de madera. Había poca gente. No vio a nadie conocido, y por eso pudo respirar tranquilo.

A las 3 con quince se escucharon ruidos de micrófono. Edward levantó la vista del boletín que estaba leyendo sobre el cáncer y vio a una mujer de aproximadamente su edad, 24 años. Tenía su cabello suelto, café y ondulado. Su vestimenta era casual pero con un toque misterioso sensual, sin mencionar el extraño color de sus ojos. Un color chocolate. Era hermosa, supo reconocer Edward. Genial, seguro que se pondría a balbucear como idiota. Miró por tanto tiempo a la que él suponía sería Isabella, que no se dio cuenta que el salón se había llenado.

-Buenas tardes damas y caballeros, mi nombre es Isabella Swan, pueden llamarme Bella, -sí, era ella. –Organicé esta pequeña asamblea informativa para explicarles el por qué de la asociación contra el cáncer.

Las siguientes dos horas, Bella se la pasó hablando del cáncer en infantes. Qué tan común era, las consecuencias de esa enfermedad en edades tan tempranas. La causa, el tratamiento, los efectos secundarios. Mostró en una presentación de Power Point, fotografías de niños enfermos. A Edward se le hizo un nudo al ver que había niños desde dos años que sufrían esa horrible enfermedad. Había una en especial que llamó la atención de Edward.

Era una pequeña niña con ojos cafés como los de Bella, no tenía cabello a causa de la quimioterapia. Pero eso no fue lo que llamó su atención, sino la chica a su lado. Era una versión joven de Bella. Su rostro era el mismo pero con rasgos de niña. Su ropa era holgada y no combinaba muy bien.

-Vanessa, -dijo Bella de pronto. –Mi hermana pequeña padeció de leucemia infantil. No vivió mucho, -su voz se cortó. Bella giró el rostro a la fotografía y por el micrófono se escuchó como sorbía por la nariz. –Es por ella que comencé esta asociación en cuanto terminé la universidad.

Edward no pudo evitar bajar la vista y lamentarse por la mujer que estaba arriba. Él no sería tan fuerte. Bella siguió hablando un poco más antes de pasar a la parte importante.

-La cuenta bancaria, como sabrán, es del banco de América (en inglés es 'Bank of America', es un banco conocido en EUA). Pueden dar donativos desde 10 hasta 1000 dólares. Lo que den será una esperanza más para otro niño. Piensen en padres que sufren al ver como su hijo se deteriora por falta de fondos, es una de las experiencias más horribles en la vida. Solo les pedimos de corazón que participen en esta campaña. Que aconsejen a sus amigos, compañeros o familiares de dar 10, 20, dólares. No es nada para ustedes, pero para un niño con la esperanza de vivir lo es todo.

Por un momento Edward consideró que quizá esto había sido un error. Solo lo habían hecho sentir mal. Se puso de pie cuando toda la gente comenzó a moverse. Al parecer ofrecían comida y bocadillos. Edward siguió a la multitud. En el segundo salón había una mesa llena de bocadillos y bebidas. Bella estaba en la entrada saludando a los invitados. Agradeciéndoles por su participación.

Edward se acercó a ella poco a poco. Bella lo miró y le sonrió. Quedó deslumbrado, sin poder pensar y mucho menos decir algo coherente.

-Hola, soy Bella, -dijo ella estirando su brazo. Edward parpadeó y miró su mano. Era delicada y femenina. La estrechó y Bella sonrió más.

-Soy Anthony, -era difícil mentirle a la cara, todo era más sencillo por teléfono.

-Ah, claro. Anthony McCarthy, ¿cierto?

-Ese soy yo, -dijo Edward sonriendo.

-¿Qué te pareció la asamblea? –dijo Bella, de pronto interesada en el punto de vista de este hombre apuesto como un dios griego. Nunca había visto ojos más verdes y profundos que los suyos. La hacían desear conocerlo, poder quitar esa inseguridad que lo hacía resguardado y tímido.

-Para serte sincero, fue muy deprimente, -dijo en tono serio. Él comprendía que para Bella nada de esto era un juego. –Me hizo darme cuenta de muchas cosas, principalmente de lo corta que es la vida. Lo siento mucho por tu hermana, -Bella sonrió tristemente y lo miró.

-Gracias, pasó hace cuatro años, cuando estaba por entrar a la universidad.

-¿Qué estudiaste? Si no es mucha indiscreción.

-No, para nada. Estudié Filosofía.

Después de eso fue muy fácil entablar una conversación. Edward nunca se había sentido tan desenvuelto con ninguna otra mujer desde Tanya. Con Bella todo era tan sencillo. Cuando salió de ahí, con su teléfono guardado claro, se propuso a ayudar a esa hermosa mujer de gran corazón.

-

Bella llegó muy agotada a su casa. Todo había ido bien, dentro de dos días registraría la cuenta bancaria y esperaba tener lo suficiente para al menos dos niños. 'David, David'. El niño vino a su mente y la hizo sentir mal. Sin poder evitarlo comenzó a llorar. Como desearía poder ayudarlo. Carlisle y Esme. Sus padres adoptivos vinieron a su mente, pero no sería capaz, les debía tanto. Suspiró profundamente antes de quedar dormida.

Sus sueños fueron variados como siempre. Pero ahora en cada uno había un joven de cabellos cobrizos y ojos verdes. No estaba nada mal soñar con un ángel, el problema era que pronto despertaría, dejándolo atrás.

Cuando despertó se sentía un poco desorientada. Nessie perseguía sus sueños constantemente, atormentándola por no haber hecho algo a tiempo. Pero ahora no había estado ella, sino Anthony. Suspiró frustrada, sabiendo que no volvería a verlo.

El teléfono sonó, sorprendiéndola un poco.

-¿Sí?

-Srta. Swan, le hablo del banco de América. El motivo de mi llamada es informarle que ayer por la tarde se realizó un depósito de 25 mil dólares a su cuenta. Que pase buen día señorita.

Antes de permitirle decir nada colgaron. Bella no podía creer lo que había escuchado. ¿25 mil dólares? Su cabeza estaba dando vueltas. Suspiró con fuerza y se sentó antes de desmayarse. El teléfono volvió a sonar.

-¿Hola? –dijo sin aire.

-¿Bella? ¿Te encuentras bien? –la voz le parecía conocida, pero con la sorpresa aun no pensaba con coherencia.

-Sí, solo… ¿Quién habla? –dijo tranquilizándose. Se oyó una risa musical del otro lado.

-Soy Anthony.

-Ah, lo siento Anthony, estaba algo mareada.

-¿Estás bien? ¿Quieres que llame a un doctor?

-No, claro que no.

-Bueno, te llamaba para saber si querías ir a comer conmigo esta tarde.

Vaya, pensó Bella, este chico es rápido y directo. Sin rodeos.

-Me encantaría, ¿A dónde iremos?

-Pensé en algo sencillo, quizá comida italiana, pasaré por ti. ¿Dónde vives?

Quedaron de verse a la una y eran las 9 de la mañana. Bella le dio los datos de su casa y cómo llegar. Corrió al baño para darse una ducha. Estaba tan emocionada por salir con el hombre de sus sueños, literalmente, que se olvidó del asunto de los 25 mil dólares. Hacía mucho tiempo que no se arreglaba con esmero. Se peinó de forma elegante y conservadora, utilizó un vestido que hacía años no se ponía. Le quedaba un poco corto porque al parecer había crecido. Pero no tenía nada más, así que simplemente se lo dejó. Bajó para limpiar un poco y al quince para la una el timbre sonó.

Corrió a la puerta con el corazón en la garganta. Nunca había estado tan nerviosa frente a un chico. Cuando abrió se quedó sin aliento. Se veía realmente bello. Traía pantalón negro y camisa azul, que combinaba con su vestido.

Edward la miró y sonrió. –Vamos combinados, -se acercó y saludó a Bella con un dulce y casto beso en la mejilla. Ese pequeño detalle la dejó sin palabras. –Te ves realmente encantadora.

-Gracias, -susurró conteniéndose para no poner la mano sobre la mejilla que él había besado. Se sentía como una adolecente tonta, hacía mucho que no tenía una verdadera cita y mucho menos con alguien como Edward, o Anthony, como lo conocía ella.

Edward la llevó al auto y abrió su puerta, no esperaba menos de él, parecía un caballero sin armadura. Fueron a un restaurante italiano cerca de la casa de Bella. Hubo una charla fluida en la que conocieron sus gustos y diferencias. Ambos amaban la lectura y la música. Diferían en algunas cosas, muy pocas en realidad.

-¿Cómo te fue en la colecta? –dijo con una sonrisa ladina, adivinando la respuesta. Pero no fue lo que él esperó. Bella se puso rígida y después enterró el rostro en las manos.

-Fue horrible, alguien donó una alarmante cantidad de dinero y no sé cómo se lo voy a devolver si no sé quién es.

-¿Cómo que devolver? –dijo frunciendo el ceño.

-No puedo aceptar 25 mil dólares de un extraño Anthony, es una exagerada suma de dinero.

-Pero quizá esa persona quiso que la tuvieras, fuiste muy convincente en tu plática, -dijo sonriendo de nuevo. Había algo más que admirar en Bella, era humilde.

-Aun así trataré de adivinar quién es, no me puedo quedar así.

-Eso es muy fácil, fui yo quien lo donó, -en ese momento Bella estaba dando un sorbo a su bebida. Se atragantó y comenzó a toser estrepitosamente. Edward se puso de pie para asistirla, pero Bella lo detuvo.

-¡¿Qué?!

-Yo doné ese dinero, tengo de sobra y puedo hacer lo que se me dé la gana. Quería dártelo. Me siento excelente al haberlo hecho.

-Pero… ¿de dónde lo sacaste? –Edward suspiró, el momento de la verdad era ahora.

-Mi nombre es Anthony, aunque me conocen por Edward y mi apellido no es McCarthy, es Masen, -Bella estuvo a punto de desmayarse.

-¿De la empresa multimillonaria Masen Inc? –preguntó, deseando que dijera que no. Él solo asintió. Bella se tuvo que sostener de la mesa para no caer. -¿Por qué mentiste? –dijo en un jadeo. Si algo odiaba Bella eran las mentiras, más que a nada en el mundo.

-Lo siento Bella, quería que supieras quién soy por dentro, no lo que mi dinero me hace parecer, -Edward podía notar el disgusto de Bella. Sus inseguridades lo carcomían, pero no la quería dejar ir. –Escucha, haremos algo. Si tanto deseas devolverme el dinero, organiza otra asamblea para recolectar dinero. Pero ahora irán mis contactos, verán tu presentación y donarán. Toma el dinero que tienes ahora de presupuesto, verás que lo recuperarás todo y mucho más. Inténtalo Bella, solo quería ayudar. No pensé que te alterara tanto. ¿Ahora comprendes por qué no dije mi nombre? –quería rogarle que le hablara por ser él, no por ser hijo de Edward Masen.

Bella lo meditó por un tiempo, tenía razón. Si le hubiera dicho su nombre desde el principio, probablemente no le hubiera dado un lugar. Odiaba a la gente con dinero que se regodeaba de lo que tenía, pero parecía que Edward no era así. Él en realidad quería ayudar.

-Está bien, -dijo tranquilizándose un poco. Edward volvió a su lugar, un poco triste al pensar que quizá había perdido a Bella. Era su amiga, incluso pensó que podrían llegar a ser algo más. La conocía desde hace muy poco tiempo, pero le encantaba la persona en la que se transformaba al estar con ella. –Te devolveré tu dinero.

-Muy bien, pero no sin antes organizar una colecta, tomando como recursos el dinero que te di. No va a haber un no por respuesta, ¿de acuerdo? –Bella no sabía qué hacer. Quería el dinero, cierto, pero no lo quería de una sola persona, y menos esa cantidad exorbitante.

-De acuerdo, pero la gente no dona tanto como para juntar la cantidad que me das, -Edward sonrió.

-Con mis amigos sí, y los voy a invitar a todos. Con 2500 dólares por persona o pareja será más que suficiente. Podríamos poner como entretenimiento una obra hecha por los mismos niños. Debo suponer que conoces hospitales llenos de niños con cáncer. Todos participarán y recibirán una ayuda. ¿Qué te parece? –él parecía muy emocionado y Bella se contagió. Tendría que hablar con mucha gente y con muchos padres de familia.

-Tomará mucho tiempo, -dijo pensativa.

-No tengo prisa. Y de hecho, si me permites, me gustaría pasar mucho tiempo contigo. Quisiera conocerte más, me gustas. Sé que apenas es el segundo día que te veo, pero lo supe desde que te vi ayer. Desde que noté la pasión con la que hablabas y hacías tú trabajo. Desde que comencé a hablar contigo con tanta confianza. No soy así normalmente, me gustas por como soy cuando estoy contigo. Por favor no me quites el privilegio y dame una oportunidad, no volveré a mentirte, lo prometo.

-Odio las mentiras más que nada. Pero supongo que tenías una razón. Te perdono, pero si vuelves a mentirme no hablaré más contigo. La gente miente todo el tiempo, y yo odio que lo hagan. Siempre que seas sincero conmigo puedes estar conmigo el tiempo que quieras. No tengo amigos por eso, todos terminan por mentirme y dejarme, o yo los dejo a ellos.

-No volverás a escuchar una mentira de mis labios. Cuando preguntes lo que sea, te contestaré sinceramente, -Bella sonrió y asintió.

La comida terminó y ambos estaban completamente felices el uno con el otro. Edward llevó a Bella a su casa y la encaminó a la entrada. Cuando estaba parado frente a ella supo que aun no quería irse.

-No me quiero ir, -Bella lo miró con el ceño fruncido pero sonriendo. –Querías que fuera sincero, pues te digo que no me quiero ir.

-Entonces entra, no tienes por qué irte, -dijo sonriendo y tomando su mano. Edward se alteró un poco al contacto, hacía tiempo que no experimentaba ese tipo de cosas con una mujer. Había hablado con muchas, incluso tocado, pero no sentía por ninguna ni la milésima parte de lo que sentía por Bella.

Pasaron una tarde agradable con café y galletas. Bella le contó que si familia se había destruido después de la muerte de Nessie y que odiaba las mentiras porque le habían mentido sus padres en todo. No le dijeron que Nessie estaba enferma porque no querían que volviera de la universidad y mucho menos que la dejara. No le dijeron que se separarían hasta que los papeles estaban firmados. Quizá no mintieron, pero se lo ocultaron, que para ella era lo mismo.

Edward le contó que sus padres seguían juntos, pero más por compromiso e imagen que por amor. Le contó que había vivido en Londres y que se había mudado a los 14 para América. Le encantaba Forks. No quería decirle que se mudaría de vuelta a Londres dentro de una año para seguir con el negocio de su padre, pero aun así se lo dijo. No quería mentiras ni nada que pudiera arruinar su confianza.

¿Qué les parece? ¿Prometedor? Solo son 3 capítulos, dejes reviews y háganme feliz. :D