Los personajes son propiedad de la señora Meyer.

El turno esta vez es de Kahia-chan. Confieso que fue difícil pensar en una idea para utilizar la palabra que sugirió, pero aquí está mi ocurrencia.



Cuando Edward la vio en la cama del hospital, herida y de aspecto indefenso y vulnerable, la furia y la rabia fluían libremente en su interior. No podía creer que alguien hubiera dañado, que le hubiera casi arrebatado la vida a un ángel inocente como ella, su Bella.

Él estuvo a punto de hacerlo, es cierto, pero se detuvo a tiempo, y lo más importante: se enamoró perdidamente de ella. Él había pensado en tomar su sangre, aunque sin hacerla sufrir. Sin embargo, James no sólo quería su sangre, también su sufrimiento.

Otra ola de rabia emergió en su interior y tuvo que poner su mayor esfuerzo en controlarse para no destruir algo. Ciertamente su objetivo no era un sofá, la barandilla de la camilla… ni siquiera la máquina de golosinas del pasillo. Su objetivo era ese maldito ser de ojos borgoña que había lastimado a la razón de su existir. Pero no había nada por hacer. No había podido calmar la ser de su venganza, matar con sus propias manos a ese maldito.

Eso ya no podría ser; no era posible revivirlo para deshacerse de nuevo de él. Así que desde ese día y por siempre, haría todo lo posible por cuidar y proteger a Bella, aunque tuviera que dar la vida por la suya.


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